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viernes, 25 de septiembre de 2020

Salud pública y religión

Por Carolina Vásquez Araya: 

La separación entre Iglesia y Estado representa una garantía de corrección política. 

Las agresiones sexuales contra niñas, adolescentes y mujeres han sido la manera como se manifiesta con toda su fuerza un sistema de dominación patriarcal y, por lo tanto, la existencia de normas opuestas al ejercicio pleno del derecho sobre su cuerpo, constituye una abierta violación a su integridad. De ahí que las limitaciones legales a una interrupción segura del embarazo, en lugar de proteger la vida de niñas, adolescentes y mujeres, las coloca en alto riesgo con el agravante de imponerles castigos extremos aun cuando el aborto se haya producido de manera natural y espontánea. Es importante señalar, entonces, que la decisión de dictar leyes para criminalizar e impedir esa intervención quirúrgica -muchas veces en un contexto de riesgo vital- no ha reducido en nada la práctica clandestina de interrupir un embarazo, la cual por lo general se produce en pésimas condiciones poniendo en peligro la vida de quienes se someten a ella.

De acuerdo con estudios realizados en el marco del Día de Acción Global para el Acceso al Aborto Seguro y Legal, celebrado cada 28 de septiembre, expertos indican que anualmente más de 47 mil mujeres mueren por complicaciones debidas a la práctica insegura de la interrupción del embarazo, procedimiento que alcanza la cifra de 22 millones de abortos inseguros en el mundo, cada año. Especialistas en derechos humanos también son enfáticos al señalar que esta denegación de servicios dentro del marco legal y penalización del procedimiento, constituye una de las formas más perjudiciales de instrumentalización del cuerpo de las mujeres y claramente es una expresión de la discriminación por género.

Es un hecho que en estas leyes han intervenido con exclusividad instituciones de estructura vertical no democrática regidas por hombres, en las cuales el papel de la mujer es secundario y marginal, cuando no inexistente. En este tema, las doctrinas religiosas han jugado un papel predominante y su enorme influencia sobre los Estados –sobre todo en países tercermundistas- se ha enfocado básicamente en la restricción de libertades; sin embargo, estas limitaciones no responden tanto a una postura moral como a la necesidad de consolidar su fuerza política con el propósito de mantener su hegemonía entre los grupos de poder. Por lo tanto la voz de las mujeres, en un asunto que les compete de manera directa, ha sido silenciada e ignorada con la complicidad de las principales instituciones de estos Estados.

De los 194 países reconocidos por la ONU solo 5 tienen restricción absoluta contra la práctica del aborto, no importando la circunstancia. Eso refleja un avance, pero no suficiente para asegurar el pleno respeto por el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Pero también refleja otra realidad, y es que las leyes jamás deberían ser condicionadas por instituciones ajenas a los intereses de las mayorías y mucho menos cuando no responden a las convenciones y tratados creados para proteger y garantizar el respeto por los derechos humanos.

El tema de la interrupción voluntaria del embarazo, por lo tanto, merece una discusión amplia en todos los sectores, principalmente entre quienes son directamente afectados: las mujeres y los profesionales de la salud. Para ello, es preciso abordarlo con inteligencia, empatía y un alto grado de apertura. Las decisiones impuestas por influencia de algunos sectores o por criterios personales nunca podrán encajar sin provocar escisiones en sociedades democráticas e inclusivas, como deben ser las del presente siglo.               

Las leyes deben ser una garantía de orden, no de discriminación. 

elquintopatio@gmail.com


sábado, 6 de julio de 2019

Rosa María y muchas más



Por Carolina Vásquez Araya:

Ser niña en Guatemala puede ser la peor de las desgracias: te puede costar la vida.

He visto desfilar nombres de niñas y adolescentes violadas, embarazadas, muertas durante el parto, desaparecidas o víctimas inocentes de una orgía de alcohol y sangre protagonizada por hombres de su entorno, su comunidad, su hogar; esos ámbitos en donde se supone deberían ser protegidas y amadas. Muchas niñas de Guatemala vienen sin garantía de supervivencia; ellas, las más vulnerables de la cadena humana, están sujetas a la voluntad de quienes las rodean y no se les reconoce derecho alguno. Casadas a la fuerza, violadas por quienes están supuestos a ser sus aliados y protectores; y destinadas desde la niñez a los más duros trabajos domésticos y del campo, millones de niñas enfrentan un destino en cuya ruta pierden incluso su identidad.



Cuando leí con horror lo sucedido con Rosa María Saquic Lares, una niña de apenas 12 años secuestrada por 4 hombres adultos de su comunidad durante una fiesta de la aldea, torturada hasta la muerte y abandonada en pedazos en un paraje cercano, vi hasta dónde es capaz de llegar la crueldad y el sadismo cuando en un país se ha perdido la decencia y la humanidad. Este, lamentablemente, no es un caso excepcional. Muchas niñas han sido violadas y sometidas a ritos de sangre con la finalidad de enviar un mensaje de poder entre grupos criminales, o quemadas –como las niñas del Hogar Seguro Virgen de la Asunción- para acallar sus protestas y evitar sus denuncias de maltrato dentro de esa institución del Estado.

Pienso en mi hija cuando tenía 12 años y me cuesta creer cómo, a un ser que recién empieza a asomarse a la vida, le pueden arrebatar los sueños con ese salvajismo. Rosa María estaba en la fiesta de su pueblo, una de entre las pocas ocasiones festivas a las cuales acuden las familias. Acompañada por su padre y su hermana de 14 años, se negó a bailar con los hombres que las acosaron y ese gesto de libertad le costó la vida. Cinco días tardaron en encontrar sus restos, desperdigados por el campo.

Guatemala ha llegado al límite y este es tan solo un ejemplo de la pérdida de valores y de sensibilidad humana, herencia de una historia de terror que no termina. Los niveles de femicidio, desnutrición y pobreza extrema son apenas una muestra de la violencia indetenible en la cual se desarrolla la vida de sus habitantes, regidos por una cúpula de poder corrupta cuya fortaleza se basa en sus vínculos con el crimen organizado y la influencia de un sector ultra poderoso de empresarios cuyo único objetivo es continuar al mando del quehacer político.

El asesinato con saña de Rosa María quizá sea investigado, quizá no. Las instituciones encargadas de seguridad y justicia se encuentran más enfocadas en los enredos políticos de un pacto de corruptos, cuyos intereses predominan sobre el escenario nacional, que de los innumerables hechos delictivos cuya abundancia e impunidad garantizada constituyen una pesadilla permanente para la población guatemalteca.

El tan mentado estado de Derecho, las supuestas garantías constitucionales, los constantemente trasgredidos derechos humanos y el sistema jurídico -cuya flexibilidad parece amparar únicamente a quienes lo violan- se han convertido en el sello de identidad de un país a la deriva, timoneado por un mandatario inepto quien, rodeado de un círculo de confianza indiferente al mandato constitucional, ha llevado a Guatemala a convertirse en un paradigma mundial de lo que un Estado no debe ser. En semejante escenario, la pequeña Rosa María Saquic Larios pasará a integrar la ominosa lista de los numerosos crímenes contra la niñez guatemalteca, esos que por supuesto no figuran en la agenda nacional.

elquintopatio@gmail.com

sábado, 20 de abril de 2019

Evaporada en el aire…



Por Carolina Vásquez Araya:

¿Quién sabe en dónde se encuentra, cómo se siente, cuál será su destino?

Camila terminó de peinarse. Se colgó la mochila a la espalda y se preparó para salir a la escuela. Su madre le alcanzó la lonchera con el almuerzo y la despidió con la recomendación de todos los días: “Con cuidado, nena”. Camila nunca regresó. Su imagen en una de las múltiples alertas Alba Keneth sigue circulando por las redes sociales con la esperanza de que alguien la identifique en algún lugar del país; aunque han transcurrido más de seis meses desde que salió de su hogar, sus padres mantienen viva la esperanza de encontrarla.


Camila es una de los miles de niños, niñas, adolescentes y mujeres que desaparecen en Guatemala y cuyo destino se desconoce. Los sistemas de alerta Alba Keneth e Isabel Claudina (creado el primero para localizar a menores de ambos sexos y el segundo para mujeres mayores de 18 años) ambos dependientes de la Procuraduría General de la Nación, lanzan a diario decenas de notificaciones de desaparición en uno de los países más vulnerables del continente frente a las redes de tráfico de personas; un negocio transformado en una más de las siniestras amenazas que persiguen a niños, niñas y mujeres en el mundo entero. Consideradas por las organizaciones criminales como un elemento susceptible de generar grandes beneficios económicos, las niñas y mujeres atrapadas en estas redes terminan en situación de esclavitud con escasas posibilidades de escapar.

En países como Guatemala, Honduras y El Salvador, en donde los grandes consorcios de la droga afincaron sus raíces muy firmemente, la diversificación del “negocio” no fue más que una derivación natural de las actividades delictivas de estas redes, amparadas por políticos corruptos y confiadas en el ambiente de impunidad debido a la baja capacidad de los sistemas de investigación de denuncias y de administración de justicia. Los elevados niveles de corrupción y los ríos de dinero sucio -imposible de detectar desde las instancias estatales de control- pavimentan fácilmente las rutas del tráfico sin que las fuerzas de seguridad ni los familiares de las víctimas puedan hacer nada por evitarlo, consolidándose así una de las más espeluznantes tragedias que puede experimentar una sociedad.

En países cuyo sistema patriarcal ha marginado históricamente al segmento femenino de la población y expone a niñas y mujeres a los mayores riesgos en todos los aspectos de su vida, el negocio de la trata ha encontrado un sustrato idóneo para desarrollarse. Quienes sufren el flagelo con mayor crudeza se encuentran por lo general en las áreas rurales y en los sectores de menores ingresos, en donde la violencia contra las niñas y mujeres es parte de la cotidianidad. Es fácil imaginar las enormes dificultades enfrentadas por los familiares que habitan en caseríos o aldeas alejadas de los centros urbanos y, por ende, sin capacidad alguna para presentar denuncias y obtener apoyo de las autoridades.

Esta situación hace presumir que de los datos compartidos por algunas instituciones y organizaciones dedicadas a investigar las actividades de estos grupos criminales existe un fuerte sub registro. Si se calcula en aproximadamente medio millar al año las víctimas de trata –de acuerdo con el informe del PDH en 2017- destinadas a la prostitución, al trabajo forzado y a otras formas de esclavitud, es imposible no sospechar de la complicidad de algunas autoridades, dado que muchas de las víctimas son trasladadas a través de las fronteras sin dejar registro alguno; como si se hubieran desvanecido en el aire, como si nunca hubieran existido.

elquintopatio@gmail.com

miércoles, 20 de febrero de 2019

“La Nación” de Argentina alimenta el golpismo en Venezuela

Por Sergio Ortiz:


El diario dirigido por Bartolomé Mitre se anota en todas. Reniega de los derechos humanos, apoya al FMI y las privatizaciones y alimenta el golpismo en Venezuela.

 El penúltimo escándalo que originó el diario ocurrió el 1 de febrero con el editorial “Niñas madres con mayúsculas”. Había situaciones muy tristes, como el caso de la niña de 12 años embarazada violada y cuya madre había pedido en Jujuy la interrupción legal del embarazo, previsto por ley desde 1921. En vez de eso fue sometida a una cesárea para obligarla a ser madre (a propósito, la bebé murió días más tarde).

En vez de atender a la problemática de miles de niñas y adolescentes violadas y embarazadas, el diario nacido en 1870 hizo una apología del procedimiento de Jujuy, con Gerardo Morales como piloto. El editorial mostró “admiración hacia las niñas madres, madrazas por cierto. Tristeza para las ‘abuelas abortistas’ que felizmente no lograron su criminal propósito.

Bienvenida a los felices niños de ambas mamás y un mensaje claro y esperanzador a la sociedad para que haga lo que tiene que hacer sobre educación sexual, primero, y sobre apoyo a las mamás, después, tanto si sus embarazos fueron deseados como si fueron causados por una violación, por ignorancia o estado de necesidad”.

Esta línea del movimiento anti derechos provocó repudios de entidades feministas, organizaciones de derechos humanos, profesionales, académicas, etc.
Al director Bartolomé Mitre eso no le importó. Quizás estuviera en Punta del Este o en otros destinos más acordes a su función como secretario de la máxima autoridad de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), de Miami, que nuclea a los medios alineados incondicionalmente con el Departamento de Estado.

ortizserg@gmail.com

sábado, 24 de marzo de 2018

El límite de la tolerancia


Por Carolina Vásquez Araya:  
Cuando la tensión excede los límites, la cuerda se rompe y todo regresa a cero

Nada hay más perverso que el sistema en el cual se desarrolla la vida de los pueblos menos desarrollados. Las reglas, diseñadas por las potencias capitalistas para su propio beneficio, consisten en anular la voluntad popular, instalar gobiernos afines a sus planes y crear el ambiente propicio para mantener el poder mediante el temor y la sumisión. Curioso paralelo con las tácticas de dominio patriarcal y la aplicación de la violencia en el contexto social y familiar como mecanismo de control.



De acuerdo con las leyes de la dialéctica, la lucha de opuestos genera una crisis cuyo resultado es un nuevo estadio de la situación, para resolver el conflicto antes de iniciarse –como en cadena- otro estado de contradicción, otra crisis y otro paso hacia delante. Lo contrario sucede en nuestros pueblos: las crisis devienen en un clima de supresión de libertades y, por ende, se genera una reversión de las fuerzas, de modo que después de un estallido de protesta social lo usual es un silencio oprobioso y un estado insano de tolerancia al abuso de poder.

En la estructura social de nuestros países las clases tienden a diferenciarse con mayor énfasis; los sectores de mayores ingresos constituyen el fiel de la balanza y de ellos depende en gran medida hasta qué punto se aplicará presión sobre quienes controlan la política y la economía. Es decir, si la población urbana acomodada lo decide, se puede posponer de manera indefinida todo acto capaz de remecer el estatus. Las manifestaciones desde los estratos populares serán criminalizadas, anuladas y desvirtuadas por medio de la manipulación mediática y el recurso de la fuerza pública.

Países en donde un sector minoritario posee el control casi absoluto de la economía y la gestión legislativa no tienen oportunidades de desarrollo, porque en ellos no existe el recurso del diálogo ciudadano, la transparencia en la gestión pública ni una administración de justicia equitativa. Menos aún el respeto por los derechos humanos de las “minorías mayoritarias” como los sectores de mujeres; de niñas, niños, adolescentes y adultos jóvenes. Tampoco se da la apertura necesaria para gestar una fuerza de participación y oposición efectivas para la defensa de esos derechos, porque estos se oponen a los intereses de las élites.

Entonces no se puede decir que la tolerancia tiene un límite, sino más bien es preciso reconocer que la tolerancia tiene un punto de retroceso. Es en este punto en donde se produce el eterno retorno de los ideales y, como resultado de ello, la agonía de las democracias. Naciones divididas y confrontadas entre ricos y pobres, pueblos originarios y ladinos, rurales y urbanos, tienen pocas esperanzas de superar sus conflictos en un marco dialéctico saludable y propositivo. En cambio, son tragados por un vórtice de mayor pobreza y cada vez menores perspectivas de progreso.

Este escenario se repite una y otra vez, generando un ambiente insano de escepticismo ciudadano y empoderando más y más a quienes aprovechan la coyuntura para enriquecerse, para crear leyes clientelares, para consolidar sus redes de influencia y apoderarse de los Estados ante la mirada impotente de la sociedad. Para evitarlo solo existe el camino de la participación a costa de esa sensación de seguridad tan importante para las personas. Una seguridad ficticia, dependiente de la voluntad de otros y tan frágil como para tambalear ante cualquier golpe de timón. Una sensación de seguridad cuyos pilares se diluyen en el aire ante la sola amenaza de las dictaduras. Una seguridad falsa como falsa es la esperanza de cambio si no se está dispuesto a contribuir para generarlo.

La tolerancia y sus límites dependen de cuán importante sea la sensación de seguridad personal.

elquintopatio@gmail.com

sábado, 25 de noviembre de 2017

Una carga muy pesada

Por Carolina Vásquez Araya: 
No te quejes si te violan, si te acosan, si te matan. La culpa siempre es tuya…

Cuando un líder de la Iglesia Católica adjudica a las mujeres la culpa por la violencia ejercida en su contra lanza un poderoso mensaje a la sociedad. Lo dicho por el cardenal Juan Sandoval Iñiguez al afirmar durante una entrevista en Canal 44 de México que los feminicidios perpetrados en ese país se deben a la “imprudencia de las mujeres” es un peligroso aval favorable a quienes cometen esa clase de crímenes. Este comentario podría parangonarse al manejo noticioso de ciertos medios de comunicación que insisten en calificar el feminicidio como crimen pasional.



El cardenal debería conocer la patológica anormalidad de la situación de violencia contra la mujer mexicana y de cualquier otra latitud. El prelado tiene la obligación de reflexionar desde una perspectiva humana y espiritual, si es que su mentalidad patriarcal se lo permite, con el objetivo de comprender que ese afán por convertir a la mujer en la única responsable de la violencia a la cual se enfrenta no es natural ni aceptable en las relaciones entre personas de distinto sexo.

Cuando el representante de una institución tan poderosa e influyente en nuestros países como la Iglesia Católica se permite emitir opinión sobre algo tan complejo y trágico como la violencia criminal contra niñas, adolescentes y mujeres, compromete de hecho la legitimidad de su investidura. El cardenal Sandoval Iñiguez emite una sentencia de culpabilidad contra todo un sector mayoritario de la sociedad al mezclar conceptos atávicos y consignas moralistas,  con lo cual termina por justificar a los perpetradores como si su comportamiento fuera parte de una masculinidad normal y permitida en la sociedad y, de paso, poniendo el dedo sobre sus víctimas subrayando así los parámetros sociales de discriminación.

El papel de las instituciones religiosas debería experimentar una revisión y actualización urgentes para ponerse a la par de otras instancias enfocadas en la promoción de la igualdad, el respeto por los derechos humanos de la población más afectada por la violencia, la injusticia y la pobreza. Dejar de predicar desde las alturas de sus privilegiadas posiciones para bajar al terreno llano y ponerse a la par de sus seguidores. Comprender, por fin, cuáles son los motivos profundos de la violencia de género y contribuir a erradicarlos, porque entre sus feligreses también hay hombres convencidos de su derecho para ejercer la violencia en casa contra su familia, hay violadores, pederastas, acosadores sexuales y asesinos.

Como líderes espirituales, deberían ser los primeros en exigir la implementación de programas completos y bien diseñados para extender en todos los sectores de la sociedad la educación sexual desde la infancia, garantizar a la población femenina el acceso a una educación de calidad y romper los paradigmas de exclusión y discriminación de género que suelen marcar las relaciones dentro de los ámbitos familiar, laboral y social. Desde sus púlpitos, un mensaje de solidaridad, empatía y justicia sin sesgos sexistas representaría un golpe de timón de gran impacto para nuestras sociedades tocadas por la tragedia feminicida.

Para las mujeres, la condena implícita en el comentario del cardenal es una carga muy pesada sobre sus hombros. Es tan injusta como irresponsable, sobre todo cuando este prelado ejerce su misión en uno de los países con los mayores índices de feminicidio del mundo. Un país, además, en donde la mayoría de la población es profundamente creyente y necesita una guía graníticamente comprometida con los derechos humanos.

El papel de los líderes espirituales es ponerse a la par de sus feligreses, no en su contra.

elquintopatio@gmail.com 

viernes, 3 de noviembre de 2017

Estados Unidos: De la arrogancia a la impotencia.

Por Tony López R.:

Cuando 191 de los 193  países miembros de las Naciones Unidas, votaron a favor del proyecto de   resolución A/ 72/L30 presentado por el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, que solicita la “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial, y financiero impuesto por Estados Unidos de América contra Cuba” es considerada la más aplastante derrota política y diplomática  recibida por el gobierno estadounidense, a escasos nueve meses, desde que asumió la presidencia Donald Trump.



El arrogante, injerencista y prepotente discurso de la embajadora Nikki Haley, no solo fue agresivo, y desprovisto de ética profesional, basados en mentiras y añejos argumentos macartistas y calificativos ofensivos, no solo contra el pueblo y gobierno cubano, también contra 191 Estados, gobiernos y pueblos, representados en la Asamblea General de las Naciones Unidas, al acusarlos de participar en un farsa.  (O sea que de acuerdo a la lengua española, estos gobiernos son farsantes, payasos, tramposos, entre otros sinónimos de farsa).

Su impotencia  llevó a la embajadora Haley, como hacen todos los que no tienen  razón,  huir del plenario y dejar que una subalterna repitiera en la sala,  las acusaciones y el mismo discurso que durante años ha difundido Estados Unidos, la minoritaria extrema derecha de Miami, amplificada por los medios hegemónicos subordinado a la política imperial de que en Cuba se violan los derechos humanos, la libertad de expresión y la falta de democracia en la isla.

Estados Unidos y el gobierno de Trump no tiene ninguna moral para  hablar de tales derechos, que le pregunten a las minorías afrodescendientes, hispanas e islámicas en Estados Unidos sobre las acciones que cometen contra ellos. La alevosa practica hoy  contra los niños, adolescentes y jóvenes nacidos en territorio estadounidense hijos de migrantes indocumentados que les deportan a sus padres, es una criminal y dolorosa violación de los derechos humanos.

La paranoica política de Trump contra sus vecinos de Méjico, el mundo islámico y en general contra la migración, salvo aquellas excepciones cuando se trata de personal altamente calificado, es una política  discriminatoria y  atenta  contra la reunificación familiar  como se ha venido denunciando, atenta y viola los derechos universales del hombre..

La firme y clara denuncia del canciller cubano, cuando plantea que el “bloqueo es contrario al Derecho Internacional y su aplicación extraterritorial daña la soberanía no solo de Cuba sino de todos los Estados, así como en el caso cubano es una flagrante masiva y sistemática violación de los derechos humanos al pueblo cubano.  Y califica como un acto de genocidio”.

Es aún más grave, cuando esta política de bloqueo, fue determinada por Washington desde el mismo triunfo de la Revolución por intereses económicos y políticos. Así lo reseñaba el entonces subsecretario de Estado Lester Mallory el 6 de abril de 1960, cuando en memorándum proponía a la Casa Blanca: “negarle a Cuba dinero y suministros, apoyo económico y reducir salarios, con el objetivo de provocar el hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno revolucionario”. Es un claro mensaje de que había que por medio del bloqueo derrotar la revolución triunfante y evitar que su ejemplo se propagara por nuestra región.
La digna, valiente y brillante conducción del  comandante Fidel Castro, con el firme apoyo del pueblo, logró durante aquellos azarosos años, evitar que aquellos malévolos planes y objetivos se cumplieran, proyectos que no solo se limitaron al bloqueo, también a las agresiones armadas, los sabotajes, el aislamiento diplomático apoyados por la desprestigiada OEA y cientos de planes de asesinatos contra Fidel y contra otros líderes de la Revolución cubana.

La trascendental  victoria de Cuba  tiene en esta ocasión una importante lectura, no solo tuvo el alto valor individual de la votación de cada país, sino también la explicación de condena al bloqueo de las organizaciones multilaterales como lo fueron los Países No Alineados, la Celac, la Unión Africana, la Asean y el Grupo de los 77 + China, entre otros,  que envía un fuerte mensaje a Estados Unidos  y al presidente Trump por su obsesiva política de mantener y  recrudecer, el bloqueo económico, comercial y financiero contra la isla caribeña, cuando Cuba, como expresó el presidente cubano Raúl Castro,  “ha estado abierta a mantener una relación con los Estados Unidos y la voluntad de continuar negociando los asuntos bilaterales, sobre la base de la igualdad y el respeto a la soberanía y la independencia de nuestro país, y de proseguir el diálogo respetuoso y la cooperación en temas de interés común con el gobierno norteamericano”.

(*)  Periodista, politólogo y analista internacional.

jorgarcia726@gmail.com

miércoles, 16 de agosto de 2017

Guerras, narcotráfico, armas y genocidio imperialista

Por Diego Olivera Evia
La sociedad humana sumida en la violencia del capitalismo

Muchas veces nos preguntamos hacia dónde va la humanidad, la crisis de valores ha creado divisiones en las mismas familias, cuales son los objetivos de la acciones de EEUU y su Complejo Militar Industrial (CMI), de intervenir en los países del Continente, bajo la concepción neocolonialista de divides y reinaras, se ha logrado dividir a los países del Mundo. Solo la conquista de los mercados y de la riquezas, son las presas de los grupos de poder, como los planes de la Central de Inteligencia Americana (CIA), como los mecanismos intervencionismos de la USAID, con hipotéticos planes de apoyar el desarrollo, como los hicieron los EEUU con el ALCA, para dominar a los países de América Latina y el Caribe, derrotados en la reunión de Buenos Aires Argentina, en la fatídica e imperialista acciones belicistas del ex presidente George W Bus.


La búsqueda de ampliar el capital y la disminuidas reservas de petróleo en EEUU, apuntan a la agresión de los países petroleros, como es el ataque intervencionista y las amenazas contra Venezuela, por ser el tercer proveedor de  Estados Unidos y la facilidad de traslado en 3 días del crudo a las refinerías de Citigo, inversión de Venezuela con varias gasolineras, esta realidad ha sido tema de debate y preocupación de un Congreso estadounidense, con alianza de Republicanos y Demócratas, han advertido al presidente Bipolar Donald Trump, de no generar sanciones a PDVSA, la cual podría ampliar sus ventas de crudo a otras naciones del mundo, como China, Rusia, India.

Estos hechos con la guerra anunciada, por el mismo presidente, que ha creado varios frentes de Guerra, contra Corea del Norte, Rusia acusándolo de intervencionismo en las elecciones de EEUU, desmentida por Trump, pero con sanciones del Congreso de Estados Unidos, esto ha determinado una mayoría en las cámaras legislativa, para controlar las incoherencias del mandatario estadounidense, que arremete contra variados países, México al cual controla con la CIA, a Venezuela, a Bolivia, Nicaragua, como amenazas a los países del Caricom en el Caribe Anglo, Franco, de estas islas que han defendido la soberanía de Venezuela y Latinoamérica, contra las injustas sanciones económicas y políticas de EEUU, como las amenazas intervencionistas.

La muerte y la guerra supervivencia gringa
Pero no solo el imperio ha crecido en el monopolio de la guerra, ha buscado la venta de armas, como la exportación de bases militares, en una guerra fratricida, contra el planeta para sustraer los recursos de los Continentes, desde América Latina, África, Asia, Oceanía, Europa, la venta de armas ha sido la base de la economía de EEUU, auspiciada por el CMI, ante la crisis de la economía de Estados Unidos, el mismo Trump, visito a Arabia Saudita para venderles armas, para agredir a Yemen, a Siria, a Iraq y ahora a Irán, siendo la base de estas agresiones, el control del petróleo del Medio Oriente, como la balcanización de Siria, para crear una salida de petróleo a través de un oleoducto, para crear una vía más rápida del crudo a América del Norte y sus socio Canadá.

Los millones de muertos en las guerras del Medio Oriente, han sido solo efectos colaterales, para controlar el Mediterráneo, el Golfo Pérsico, queriendo controlar a las naciones del área, el apoyo a Siria de Rusia, permitió una campaña militar del ejército Sirio, provistos de armas y con el apoyo de la aviación, como helicópteros, de esa manera, revertir la penetración de los grupos yihadistas, y bandas de sirios opositores, el fracaso en Iraq de los terroristas, ha golpeado al ´poderío de EEUU, que sigue bombardeando a ciudades y matando civiles.

El robo de petróleo por los terroristas del Dahes, ha sido parte de la estrategia del pentágono, para adquirir el oro negro, ahora de la misma manera roban los pozos petrolíferos, en una guerra de rapiña no convencional, el aislamiento de Qatar, acusado de terrorismo por Arabia Saudita, es la otra mentira, al socio de EEUU y de Israel para apoyar a los del Estado Islámico (ISIS), además de atacar a Siria y amenazar a Irán.

Esta es una guerra no convencional, la destrucción de Libia por OTAN, bajo el auspicio del Pentágono y el Nobel de la muerte Obama, abrió la puerta al holocausto del mediterráneo, con miles de inmigrantes, huyendo de las guerras de Siria, Yemen, países de África, huyendo de la muerte y el hambre, para morir en manos de piratas con barcos inflables y lanchas de poco calado, ha teñido de sangre las aguas, pero no solo la travesía, el racismo y la intolerancia de Europa a estos refugiados, ha creado una crisis similar a una guerra mundial.
Los mercaderes de la muerte, han creado una peligrosa crisis en Europa, ataques en Francia, Bélgica, España, Italia, han sido parte de la guerra y ahora pagan con los atentados, porque el Eli no son musulmanes creyentes, desconocen el Corán y muchos de ellos son mercenarios de Europa, de los países orientales derivados de la desaparición de la URSS, que luego de guerras étnicas, han vendido su alma al diablo (si la tienen), esta es la realidad de un capitalismo neoliberal, que solo valora el poder de los ricos y ahora con Trump llego la Oligarquía de los millonarios, con miles de inmigrantes expulsados y con millones de norteamericanos en la pobreza.

La sociedad humana sumida en la violencia del capitalismo
Esta realidad de un mundo capitalista destructivo, surge la realidad de una pérdida de valores, de familias disueltas por crisis de  violencia, guerras fratricidas crearon valores de odio, la misma crisis en Venezuela es el espejo, de una oposición que ha llevado a los ciudadanos, a crímenes de lesa humanidad al quemar a ciudadanos de esta nación, al matar con armas caseras y ahora atacar cuarteles, para obtener un poder de sangre y muerte.

La misma sociedad latinoamericana ha crecido en la violencia, en países como México, con miles de desaparecidos, de niños asesinados y vendidos sus órganos, mostrando el mayor desprecio del PRI y su presidente inmoral Pérez Nieto. De la misma manera en Colombia, hoy enemigo declarado por Manuel Santos, muestra la cara de la muerte, habla de paz y mantiene más de 1.500 ex guerrilleros en las cárceles, niega el paramilitarismo, y mueren diariamente dirigentes campesinos, derechos humanos, ex guerrilleros amnistiados, socio del criminal expresidente Uribe, en miles de asesinados cuando era su Ministro.

Otros países de América Latina se han sumado al violencia imperialista, la guerras de los ricos, se han ampliado en Argentina, Brasil y lo más subdesarrollados como Perú y Paraguay, apoyan las migajas del Departamento de Estado, lamiendo las botas de los militares yankees, que ahora violan niñas y generan asesinatos, con el consumo de drogas, esta realidad muestra, los niveles más bajos de los valores humanos.

La sociedad humana tiene que buscar caminos de entendimiento, no seguir sumisos a los poderos, que nunca le darán a los pueblos una vida digna, que lleva a los menores a delinquir, a disociarse de sus familias, a ser explotados por la fabricas, minas, como a niñas adolescentes a prostituirse, para morir en manos de un psicópata o su proxeneta. Miles de mujeres inmigran a Europa, ante oferta de trabajo y son llevadas a burdeles, para pagar su pasaje y estadía, estas son realidades que demuestran que el capitalismo, destruye la sociedad, la cultura, la diversidad de religiones, es una plaga dispuesta a crear una guerra mundial, sin preocuparse de las bajas, solo la humanidad y la búsqueda de acuerdos entre naciones, podrá equilibrar la realidad de la sociedad y volver al humanismo ante la muerte.

diegojolivera@gmail.com