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viernes, 28 de julio de 2017

Crónica del paro que no fue

Por Marco Teruggi

Caracas iba a amanecer como ciudad sublevada. Eso se podía imaginar al leer las declaraciones de los dirigentes de la derecha. Era el día uno del paro de 48 horas, una medida destinada a escalar la presión de calle para impedir las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente del próximo domingo 30 de julio. La realidad fue otra: Caracas se pareció a un día feriado en algunas zonas.


Al menos así lo fue en horas de la mañana. El este de Caracas, donde reside la mayor parte de la base social de la derecha, hubo poco movimiento. Negocios cerrados, autobuses a cuenta gotas, y una multiplicidad de trancas, tanto en urbanizaciones, como Boleíta, como en autopistas, como Prados del Este. Con un detalle: eran más escombros, basura, troncos, alambres, que gente. En algunas eran dos o tres personas, otras estaban desiertas. La sublevación prometida era en la práctica un juego de calles cerradas sin nadie.

El oeste de la ciudad presentó otra cara desde el inicio del día. Con menos actividad que de costumbre, lejos de parecer una ciudad en paro. Transportes, negocios, en su mayoría abiertos, circulación de gente, de una normalidad caraqueña en esta situación de conflicto prolongado.
Eran como dos ciudades, de espaldas una a la otra. El corte, como es habitual, era de clases.

Así transcurrió la mañana y el mediodía, en una calma que antecede la tormenta. Fue en horas de la tarde donde el escenario cambió, y entraron en escena los dos niveles de violencia que tiene organizada la derecha. El primero se desarrolló en Bello Campo, donde grupos de choque -“escuderos” bendecidos por curas y dirigentes como Freddy Guevara- fueron a buscar el enfrentamiento con las fuerzas de seguridad. El objetivo era generar el hecho mediático, la imagen que luego sus medios se encargarían de invertir y de presentar como una “arremetida del gobierno” contra ellos. En los hechos las líneas de choque organizadas actuaron con piedras, bombas molotov, morteros, y -lo que nunca reconocerá la derecha- como gente armada que disparó desde el techo de un edificio.

El otro nivel se activó en otros puntos de la ciudad, como en Petare y Macaracuay. Sin cámaras, ni construcción épica en torno a los “escuderos”. Se trató de la activación de grupos que atacaron armas de fuego a las fuerzas de seguridad del Estado. En uno de los casos de Petare, las células atacaron primero desde barricadas entre los edificios, para luego meterse barrio adentro y disparar desde escaleras, techos. Todo ante el paso de vecinos de la zona, niños, trabajadores de regreso a sus casas.

Algo similar ocurrió también en otros puntos del país. En el estado Lara, por ejemplo, grupos de la derecha atacaron e incendiaron la alcaldía de Duaca. Fue presentado como una arremetida de las fuerzas de seguridad del Estado. Siempre, suceda lo que suceda, aunque la evidencia sea innegable, el esquema es el mismo: poner como víctimas a quienes atacan, disparan, queman.

La derecha anunció el éxito total de su medida. Así como la había hecho la semana anterior, así como la hará en cada acción. Si se mide con respecto al paro del pasado jueves, el resultado no fue bueno. Ya se había visto aquel día que la medida no había contado con el respaldo de los trabajadores -únicos en poder paralizar un país- ni con la totalidad de los empresarios. Esto último lo había subrayado el mismo J.J Rendón desde Miami en una entrevista el domingo: una parte del empresariado no había acatado la medida, en particular las grandes industrias. Lo mismo sucedió este miércoles. El paro se sintió aún menos.

Si se lo piensa en términos de consenso en la población, la respuesta tampoco es positiva. Una de las imágenes que más se vio en el este fue la de gente esquivando barricadas -sin nadie- y caminando para ir a sus lugares de trabajo. El paro no sumó, las trancas no sumaron. Fueron los mismos, incluso menos, y sin respaldo de la mayoría de quienes viven de su trabajo.

En cuanto a pensar el paro como una medida en escalada hacia el domingo 30, el balance tampoco es favorable. Se esperaba una ciudad sublevada y fue un paro solo en algunas zonas de Caracas. Quedan tres días antes del domingo. ¿Tienen una carta escondida que jugarán de imprevisto? Lo que es seguro es no lograron avanzar en el movimiento de acumular fuerza movilizada para presionar al gobierno y forzarlo a cambiar de rumbo.

La única forma de pensar la medida como no-negativa, es si se proyecta el conflicto de manera prolongada -con la estrategia del doble gobierno- donde el 30 será el inicio de una nueva fase de la escalada. En ese sentido el paro se proyectó hacia el frente internacional, y mantuvo una actividad para su base social, para los comerciantes y transportistas descontentos con el gobierno -aunque no todos los que cerraron y pararon lo hicieron por voluntad propia: muchos fueron amenazados, como lo muestran los carteles- Así entonces se puede pensar que el paro resultó relativamente.

La derecha mantiene una proporción que casi nunca falla: apela a la violencia y el frente internacional cuando desciende su capacidad de convocatoria. Pasó nuevamente este miércoles, y nuevamente los números no resultaron: la Organización de Estados Americanos no tuvo el respaldo buscado por los Estados Unidos para escalar la presión diplomática sobre Venezuela.

Por su parte el chavismo está ante un desafío central: lograr una alta participación en las elecciones del domingo, un hecho que daría una legitimidad necesaria a la ANC. Este jueves, mientras se desarrolle el segundo día del paro, tendrá lugar el cierre de campaña en Caracas. El cuadro de violencia impuesto por la derecha podría resultar beneficioso para el chavismo: agudiza la confrontación política y, como se sabe, el chavismo se hace fuerte en el debate, la polarización, y, sobre todo apuesta -como la mayoría de la sociedad venezolana- a la resolución democrática de los conflictos.
El escenario golpista, planteado por la derecha con el plan del gobierno paralelo y la violencia, parece a todo o nada. Cada día, entonces, es clave.
apierantoni.alba@gmail.com


sábado, 1 de julio de 2017

La derecha acelera el tiempo del Golpe de Estado en Venezuela

Por Marco Teruggi
La derecha acelera el tiempo aprieta cada una de las variables, intenta el quiebre de la correlación de fuerzas, el Golpe de Estado. Lo anunciaron: tienen el mes de junio y julio para lograr el objetivo. Han declarado que, amparados en el artículo 350 de la Constitución, desconocen al Gobierno, no reconocen el llamado a la Asamblea Nacional Constituyente y se organizarán para impedir que tengan lugares las elecciones de los constituyentes el 30 de julio.


La traducción de estas palabras ha sido un aumento del choque de poderes estatales a través de la Fiscal General y la Asamblea Nacional, intentos sin demasiado éxito desde la Organización de Estados Americanos (OEA), la presión comunicacional, la agudización de los ataques sobre la economía, y una profundización de la violencia, el terror callejero y el ataque sobre los cuerpos de seguridad del Estado, en particular la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).

Ese escenario violento es el que ha cobrado elementos novedosos en las últimas semanas. Tiene como características el ataque sistemático a la base militar de La Carlota en Caracas, con el fin de desmoralizar y quebrar la FANB, la cercanía al Palacio de Miraflores de algunos focos de violencia y el regreso de los escenarios de destrozos de ciudades, como ocurrió en este inicio de semana en Maracay y localidades cercanas, donde fueron destrozados más de 40 establecimientos, desde comercios privados hasta instituciones públicas. Un esquema similar al que ya se había desplegado en más de diez localidades del país durante las semanas anteriores.

El nuevo punto de inflexión llegó el día martes: el ataque desde un helicóptero, robado en la base aérea de La Carlota, al Ministerio de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, con quince disparos, y al Tribunal Supremo de Justicia, con cuatro granadas -de origen colombiano y fabricación israelí- de las cuales una no estalló. Tan solo a unas cuadras de Miraflores, en el centro político de Venezuela.

El hecho generó impacto simbólico tanto para las filas de la derecha como para el chavismo: en el primer caso, acompañado de oleadas de rumores en redes sociales, para generar la sensación de cercanía con el objetivo final, de poder propio, de que finalmente la FANB se sumó al llamado al Golpe de Estado. En el caso del chavismo impactó tanto por la frontalidad del acto, como por la certeza definitiva -si alguno dudaba todavía- de que se está ante un intento de Golpe que se encuentra en horas decisivas.

La derecha posee fuerza suficiente para someter al terror a localidades durante varios días seguidos, asaltar cuarteles militares y policiales, desatar un odio político y de clase que hace del linchamiento a chavistas una práctica recurrente, mantener movilizaciones casi diarias con un número relativamente estable, generar escenarios que pueden transformarse en destrozos y saqueos casi-generales, incursionar a través de grupos delictivos en barrios populares para armar barricadas, atacar con granadas desde un helicóptero instituciones del Estado, quebrar algunos cuadros del chavismo -como la fiscal general- para pasarlos a su lado, asesinar personas y lograr hacer creer a una parte de la población que fueron matados por el gobierno.
Todo eso puede y, en el transcurso de los días, veremos qué más. No tiene sin embargo los dos elementos sin los cuales no parece en condiciones de lograr el Golpe: las barriadas populares movilizadas tras su llamado y la fractura de la FANB. La apuesta central, sobre la cual trabajan con más fuerza hoy, es la de lograr esa fractura, tanto en la FANB como en otros sectores del gobierno. Lo necesitan para romper el empate violento que se vive desde hace meses. Por eso suben el nivel de violencia, la focalización de los ataques a los cuerpos de seguridad, el terror como método de control social.

En cuanto al apoyo norteamericano ya está en marcha a través de la presión internacional, el financiamiento a la derecha, directamente a los partidos o indirectamente a través de ONG que encauzan ese dinero para mantener la presión callejera, el entrenamiento de las células paramilitares. La intervención ya existe por debajo de la mesa. ¿Tomará otra forma?

La derecha acelera el tiempo y tiene a su vez una desesperación evidente. Destroza, mata, impacta y no logra su objetivo final. Accede a objetivos intermedios, como es someter a localidades enteras a la violencia, descomponer vínculos sociales, legitimar la persecución -que tiene planificada en su proyecto de ser gobierno- contra el chavismo en todos sus niveles. Con el paso de estos meses el país cambia, asimila de manera invisible los golpes, el odio, el miedo, la desconfianza, elementos que necesita la derecha para intentar su plan de reseteo violento del país.

Por último, es necesario rescatar el otro factor, omnipresente e invisible, que permea debates y preocupaciones del día a día, las posibilidades de resistencia o quiebre: la economía. En estas semanas la situación ha empeorado con la subida de los precios, del dólar ilegal -que es el que marca los precios- de la dificultad siempre igual de acceder a productos vitales como son los fármacos. Este ataque no es casual, es parte de la presión que busca asfixiar, no dejar punto de escape a la población.

La realidad popular venezolana retrocede en varios avances que había logrado. Eso genera condiciones propicias para el plan de saqueos y despolitización que impulsa la derecha. Revertir esa tendencia es el desafío que no logra resolver la dirección del chavismo. Ahí está su nudo más crítico, el debate irresuelto.

Son días y semanas definitorias. Lo sucedido esta semana son pasos en la escalada de violencia opositora, de acciones armadas encabezadas por paramilitares, bandas delictivas asociadas a dirigentes de derecha, zonas oscuras de cuerpos de seguridad. Habrá más, y más muertos, porque ese es su plan, el ahora o nunca que empuja al país a su desencuentro, su violencia psíquica y física, su presión para que cedan y se abran las puertas de la revancha histórica que tanto desean las clases dominantes venezolanas, latinoamericanas y estadounidenses. Venezuela está ante su hora crítica. Cada día es clave.

coordinadora@solidaridadvenezuela.org