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miércoles, 1 de abril de 2020

Mientras el mundo está en estado de aislamiento Cuba aislada sale al rescate del mundo



Por Rolando Prudencio Briancon:

Son tiempos de paradojas los que vivimos en un mundo que hasta hace poco se sentía orgulloso de estar globalizado, a diferencia de hoy cuando cada uno de los habitantes del planeta vive encerrado en su casa.

Claro que Cuba que por siempre estuvo aislada del mundo, encerrada -si prefieren- tenía que hacer la diferencia, como lo ha hecho desde que triunfó la Revolución; pero además por su innata condición INTERNACIONALISTA, es que no podía ser contradictoria esa su concepción con la convicción que tiene de darse al mundo, a la humanidad, compartiendo lo que tiene, y no lo que le sobra.


Esta convicción fue también asumida por parte de quienes; sin ser cubanos sentían que existen ataduras que no se pueden romper como los nombramientos, y que son de otra naturaleza las que unen como fueron las que unieron a ella y al Che, quien sin ser cubano la sentía y llevaba en lo más hondo de su ser, de un pueblo que sentía que también era suyo.

Son estas convicciones las que han inspirado a la Revolución cubana, como a quienes la defendieron, la forjaron y la consagraron como Fidel y Raúl; y hoy Miguel Diaz, que en esta ecuménica emergencia sanitaria han ratificado que nunca Cuba estuvo aislada, sino que la aislaron.

Pero por más que así la mantuvieron, otra de las enseñanzas del internacionalismo que practican los cubanos, es también la generosa actitud de no guardar resentimientos alguno contra ningún país; es más ni siquiera contra los mismos EE.UU., que es el más desesperado en derrumbar la Revolución.
Claro que ¡ojo!, no son los ciudadanos norteamericanos quienes mantienen esa actitud agreste contra Cuba; sino los gobiernos de cada uno de los inquilinos de la Casa Blanca -exceptuando de algún modo a Obama- que cada vez en la ONU votan, junto a Israel porque se mantenga en embargo.

Es en ese sentido que hoy Cuba no sólo que le regalado una vacuna a la humanidad para esta pandemia, como es el Interferón alfa b2, sino que aparte de haber recibido al crucero MS Braemar con 1073 pasajeros, varado en altamar por la amenaza del COVID-19 hace días atrás, hoy ha decidido romper por mutuo propio el bloqueo, asistiendo a una casi una veintena de países, para atender y asesorar a países que han solicitado su cooperación.

¿Cuál es entonces la enseñanza que quedará, en medio de este desconcierto mundial de no saber que le deparará de aquí en adelante el porvenir por esta pandemia? La enseñanza que siempre trasmitió Cuba, y que el mundo tengo la seguridad que asumirá, que es con su ejemplo, que sólo la solidaridad es lo que nunca quedará infectada por un virus más indestructible como es el egoísmo.
prudenprusiano@gmail.com

martes, 29 de mayo de 2018

El internacionalismo del Che y el sacudón de solidaridad con Palestina


Por Rolando Prudencio Briancon:
¿Por qué el Che es inmortal? Más allá de todas sus dotes personales de revolucionario nato, como su integridad personal y moral de “actuar como pensaba”, ha sido por su el ejemplo de su poner en práctica el internacionalismo, que él no morirá nunca. Vale decir, que como en su carta de despedida a sus hijos les trasmitió: “Tengan la capacidad de sentir en lo más hondo cualquier injusticia que se cometa contra cualquiera en cualquier parte del mundo…”.


Esa fue la razón por la que combatió en el Congo belga, en la Sierra Maestra, en Bolivia; donde con honor ofrendó su vida para luchar contra las injusticias; que es lo que; no sólo más debemos admirar  de él sino tratar en algo de practicar, en vez de sólo admirar al inerte ícono y no a su trascendente y revolucionario ejemplo.

Es desde esa perspectiva del pensamiento y la acción del Che, que quienes compartimos el ideario revolucionario de izquierda de él que no podemos dejar de sentir la barbarie e injusticias que se ha cometido, y ojo ¡no es la primera vez!, que Israel arremete genocidamente contra Palestina; país que irónicamente además es quien recibió a su población después del éxodo judío en 1948.

Claro que nuestra solidaridad no sólo puede ser de una decorativa declaración de condena contra el genocida Estado de Israel, y el de su asesino aliado, los EE.UU.; sino que existen acciones concretas que debemos llevar adelante, incluso en el plano local, donde no sólo debemos dejar de consumir productos israelís, que en el código de barras, los tres primeros números que identifican la procedencia de los productos israelís son: 729; sino que además otras acciones que incluso son un imperativo para salir por los fueros de nuestra dignidad como nación.

Éste es el caso en el que; por ejemplo en Cochabamba, ciudad donde vivo, existe toda una zona en Pucara, distrito 8, en el que existe la ¡Villa ISRAEL! La verdad es que no sé en base a qué criterios; ni en qué gestión municipal se ha denominado así a ésta zona. Podría presumir que es por el nivel de penetración y alienación religiosa que sectas “filo sionistas”, que con algún propósito electoral se denominó así a toda esa Villa. Es más, si no estoy equivocado, fue durante la gestión municipal de Manfred Reyes Villa que se dictó alguna ordenanza para denominar así esa zona.

Es más existen colegios que llevan el denominativo de esos despreciables genocidas, que también habría que revisar: porque llevan ese nombre; y que no creo que sea sólo en Cochabamba, sino en todo el país.

Fue el presidente Evo quien el 2008 expulsó al embajador de Israel, en solidaridad por la masacre en Gaza, durante la Operación “Plomo Fundido”, que cobró la vida de más de 1000 palestinos; por lo que como pueblo boliviano también deberíamos por lo menos exigir que se suprima esas denominaciones.

El Che, de quien anteayer fue su natalicio; es un ser que revolucionariamente renace cada vez, cuando no sólo existen injusticias; sino y sobre todo cuando se tiene la capacidad de rebelarse contra las mismas; sea donde sea que las cometan.

prudenprusiano@gmail.com

martes, 31 de octubre de 2017

El encanto del Che

Por Ilka Oliva Corado:

Estados Unidos es un país con una diversidad de culturas, impresionante. En la parada de un semáforo, esperando cruzar la avenida, puede haber cincuenta personas y todas son de distinto país y todas tienen una historia, un pasado, una raíz. La cantidad de religiones y pensamiento político es también así de variada. En una reunión social, en un restaurante, en un simple supermercado o en el parque se puede encontrar una variedad de culturas e idiomas que es imposible identificar.



Y me he encontrado con personas de países que yo no sabía que existían y que me han tenido que enseñar en el mapa, que al entablar conversación conmigo me preguntan por el Che, Allende, Chávez y Fidel. Como esperando a que yo les cuente historias de esos mitos, que dan por sentado que me sé de memoria. Y ahí están como niños esperando a que les cuenten un cuento.

Y ahí estoy yo frente a ellos, una guatemalteca emigrada, crecida en la época de la desmemoria, sin mucho qué contar porque sé muy poco, uno no se pone al día en tres lecturas de todo lo que le ocultaron toda la vida, en un sistema previamente estructurado para el éxito de la ignorancia colectiva. Y lo preguntan con el asombro por el alcance internacional de estas figuras. Y uno se siente pequeñito, casi una nada, ante esa enorme responsabilidad.

Y sucede algo muy curioso, la gente da por sentado que porque uno es de Latinoamérica se sabe de pe a pa la historia del continente (y deberíamos) entonces preguntan por el Che, como si fuera un amigo de la cuadra, o por Allende como si fuéramos del mismo pueblo, o por Cuba como si allí hubiéramos nacido en la misma parcela que Fidel. ¡Chávez, Chávez!, dicen emocionados como si uno hubiera crecido vendiendo dulces de araña con el niño en Sabaneta de Barinas.

Entonces hablan de Suramérica como si allí quedara a la vuelta del bulevar principal del barrio donde crecí. O dicen México como si quedara a la par de Brasil o dicen Panamá como si colindara con Chile. Y así con la misma emoción esperan que yo conteste y les hable de la cultura, de la política y de la historia del continente.

Y es una enorme responsabilidad el solo hecho de mencionar el nombre de estos mitos. Porque siempre lo he dicho, uno puede admirar a personas revolucionarias que cambiaron la historia del mundo, pero jamás decir que es una de ellas, porque una cosa es admirar y otra hacer. Ahí radica la diferencia porque lo que está de por medio son las agallas y la entereza para pasar del pensamiento a la acción. Estamos a años luz de los verdaderos revolucionarios que descansan en la grandeza de la inmortalidad. No fue poco lo que sacrificaron.

Entonces les cuento lo poco que sé, con la misma emoción de niños jugando rondas en la calle del barrio. Y me encanta poder compartirles a otras personas sobre los mitos mundiales que ha parido la Patria Grande. En lo que les hablo del Che los llevo a México a conocer a las Adelita, y en cuanto les cuento de Fidel, les narro la historia de Pancho Villa y Emiliano Zapata. Juana Azurduy, les digo, como si ahí hubiéramos crecido en la misma manzana de tierra.

Y les pinto colores mostaza y color tierra, verde esperanza y rojo fuego, azul mar bravío y cielo desnudo en día de verano, y ven el verde sierra de Las Minas y el blanco algodonado de los Andes Nevados. La tierra roja de Salamá y el amarillo encendido de las piñas de Misiones. Y van y vienen recorriendo por el río Magdalena, el Amazonas   y la sierra Tarahumara la Latinoamérica milenaria: con sus dolores, su cultura, sus mitos y sus colores.

Y les brillan los ojos cuando les hablo del Che, con solo ver los zapatos que llevaba puestos el día de su captura, uno comprende la grandeza inmortal de un ser humano que fue avanzado a la época que le tocó vivir y, que dejó todo por ir en busca de la libertad de los pueblos, no solo de Latinoamérica, del mundo.

Y todo comienza con él, cuando digo que soy latinoamericana inmediatamente lo nombran, el Che es el imán y quien en lo político a nivel internacional es la carta de presentación de la América Latina herida pero en resistencia. Che, Che Guevara, me dicen como con sed, como con hambre, como esperando encontrar la sombra de un árbol en el sol abrasador del desierto.

Y soy yo la encargada, en ese instante de alcanzarles un vaso de agua, y les cuento que el Che nació en Argentina y no en Cuba, se les viran los ojos por el asombro, pero les digo que es de todos: que el Che es asiático, africano, europeo, negro, blanco, porque su naturaleza es esencial de los seres que aman la tierra como aman la vida.

Y me siento privilegiada por que él me da la oportunidad de mencionar su nombre y contar su historia, a mí que en total ignorancia trato de conocer la historia de la Patria Grande que él tanto amó. Latinoamérica se ve distinto dentro y fuera de las fronteras, estar del otro lado, siempre trae consigo una responsabilidad que viene de la mano de la Memoria Histórica.

Y aunque parezca todo lo contrario, no soy conocedora en absoluto, apenas hace 3 o 4 años que comencé a despertar de la modorra colectiva, apenas sabía mi nombre, más nada, y sigo asombrándome todos los días, cuando descubro emocionada la raíz de la Latinoamérica ancestral que los mitos han honrado.

¿Y nosotros, simples mortales, para cuándo?

ilka@cronicasdeunainquilina.com