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sábado, 5 de octubre de 2019

Cambios profundos en la correlación de fuerzas en el Medio Oriente



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
El contundente golpe asestado por el ejército yemení en alianza con el movimiento popular Ansarolá en la profundidad del territorio saudí, específicamente en la provincia de Najrán que junto a las de Asir y Jizán configuran el borde fronterizo entre Yemen y Arabia Saudí, viene a configurar un septiembre victorioso para las fuerzas hutíes que defienden su país de la invasión.

Más allá del esfuerzo de los medios transnacionales de desinformación y las altas autoridades estadounidenses y europeas que -sin mostrar pruebas- han acusado a Irán de ser el autor del ataque a la mayor refinería de petróleo del mundo, la monarquía saudí, sus aliados y el gobierno de Estados Unidos saben que la reciente operación denominada “Victoria de Dios” marca un punto de inflexión en el devenir de este conflicto, sobre todo en la perspectiva del fin de la agresión a partir de la derrota militar de Arabia Saudí y el ejército mercenario que ha contratado para llevarla a cabo.


Después de una brillante planificación militar en la que indudablemente el trabajo de inteligencia jugó un papel fundamental, dada la certeza de los golpes propinados, la operación concluyó con el aniquilamiento total de tres brigadas de infantería motorizada conformadas por 12 mil efectivos y la captura de parte importante de su armamento y equipos incluyendo vehículos de trasporte de tropas, logística y blindados. Así mismo, fueron detenidos miles de soldados, oficiales y altos mandos militares de origen saudí además de sudaneses y mercenarios de varios países.

Vale decir que la provincia de Najrán es habitada en su mayoría por la tribu Banu Yam que profesa la corriente chií del islam, la misma de los hutíes, de ahí la fuerte identificación religiosa entre ambos que supera una posible contradicción nacional que en este caso -como se sabe- tiene carácter artificial, pues fue creada por la fuerza por la familia Saúd al no haber podido derrotar y dominar a los Banu Yam a pesar de los grandes esfuerzos realizados al efecto, creando por el contrario una oposición contra la dinastía saudí que explica su acercamiento a los hutíes. En esta ocasión, eso se manifestó a través del aporte de información sobre lo que consideran el enemigo común y el apoyo a las fuerzas armadas yemeníes que incursionaron hasta 150 km. en la profundidad del territorio saudí.

No obstante, las implicaciones directas que estas últimas dos acciones de los hutíes en Arabia Saudí han tenido para la monarquía, ellas se deben insertar en un análisis más amplio que explique por qué ahora y no antes fueron realizadas tales operaciones, toda vez que los analistas que se especializan en el estudio de la región afirman que el ejército yemení y el movimiento popular Ansarolá tenían estas capacidades desde mucho antes.

En realidad, el plan estratégico de las fuerzas yemeníes se ha estructurado en dos fases, la primera ya cumplida se basó en el ataque a aeropuertos, bases militares y aéreas en el territorio saudí. Ahora, se ha pasado a una segunda fase caracterizada por operaciones de mayor envergadura encaminadas a golpear el corazón de la estructura económica, financiera y militar del reino.

En ese contexto (aunque verificado unos días antes), la monarquía destituyó al ministro de energía, nombrando en su lugar a Abdulaziz Bin Salmán Bin Abdulaziz al Saud miembro de la familia reinante (en este caso un hijo del rey) en esa responsabilidad por primera vez en la historia, con el evidente designio por parte de la casa real de tomar control directo de la industria energética del país. Sólo unos días antes, el ex ministro también había sido depuesto como presidente de la compañía estatal petrolera Aramco, en lo que se ha interpretado como un paso hacia la privatización de la empresa y su salida a la bolsa.

Así mismo, con este paso, la monarquía intenta tomar medidas para elevar nuevamente los precios del petróleo a fin de hacer más atractivo el proceso de privatización de Aramco que en un primer momento podría significar el ingreso inmediato de hasta 100 mil millones de dólares a las arcas reales, bastante agobiadas precisamente por el despilfarro que ha significado la invasión a Yemen. Queda por ver como se vinculará el nuevo ministro con el sucesor designado con quien tiene una relación distante y una diferencia de 25 años de edad. En este contexto, los ataques yemeníes a la infraestructura energética saudí pueden hacer caer los precios de las acciones de la empresa, causándole un golpe inesperado para las finanzas reales.

Toda esta debacle en Arabia Saudí contrasta con los avances del bloque de la resistencia en las últimas semanas: por una parte Líbano se pronunció a favor de  sostener esta alianza; Hezbollah ha dicho que ante cualquier agresión a Irán, el bloque va a responder; así mismo, esta organización derribó dos drones israelíes que violaron el espacio aéreo de El Líbano y destruyó un vehículo militar israelí en territorio de este país, causándole graves bajas; las fuerzas armadas iraquíes y la presidencia de ese país por su parte, anunciaron que cualquier avión que viole su espacio aéreo será derribado, incluyendo los de Estados Unidos apoyando de esa manera a las brigadas populares Hashd al-Shaabi que habían sido amenazadas por Israel; igualmente Siria anunció que está negociando el sistema de defensa antiaéreo iraní Bavar 373, equivalente al S-300 ruso. En el mismo contexto tanto desde Gaza como desde Siria se han producido ataques con misiles contra las fuerzas militares israelíes en Palestina y en el territorio ocupado del Golán, todo lo cual es expresión de un cambio en la correlación de fuerzas militares en la región a favor del eje de la resistencia.

En una mirada más amplia, esta situación tiene incidencia directa en Estados Unidos y en su panorama electoral. En Afganistán, el acercamiento de Rusia e Irán al conflicto en la búsqueda de una salida negociada, obligó en primera instancia a Estados Unidos a seguir el mismo camino, pero la exigencia del destituido consejero de Seguridad Nacional John Bolton en sentido contrario llevó al presidente Trump a abandonar la mesa de negociaciones con el Talibán.

En Israel, el primer ministro Benjamín Netanyahu no logró la mayoría en las elecciones y tiene enormes dificultades para formar gobierno, creando una suerte de parálisis interna que afecta la cotidianidad del Estado sionista, lo cual indirectamente también perturba a Trump en sus ambiciones reeleccionistas.
El presidente de Estados Unidos se ha manifestado en disposición de negociar con Irán, sin embargo, tanto su colega persa Hasán Rohani, como el máximo líder del país el ayatollah Alí Jamenei han dicho con mucha vehemencia que su país no va a dialogar mientras esté sujeto a las sanciones de Estados Unidos. Hoy, la fortaleza de Irán le permite ir a una negociación sin condiciones con Estados Unidos, sobre todo tras la salida de Bolton y la debilidad política interna de Netanyahu.

Estas circunstancias hacen prever que en una virtual negociación entre Irán y Estados Unidos no se va a hablar solo del retorno del primero al grupo 5+1, lo cual además  tendrá que hacerse de forma paulatina dada la baja credibilidad de Estados Unidos en el cumplimiento de los compromisos adquiridos, la potencia norteamericana también se verá obligada a tratar con el país persa la situación de Afganistán, Yemen y Siria, dándole a Irán el espacio que se ha ganado como potencia protagónica en la región.

El cuadro general es de superior acercamiento en el bloque de la resistencia y mayores contradicciones en el bloque pro estadounidense, sobre todo después de los ataques hutíes en las refinerías y en Najrán que además han significado un quiebre de la alianza de Arabia Saudí con los Emiratos Árabes que temen que estas acciones se comiencen a realizar en su territorio.
sergioro07@hotmail.com

lunes, 3 de diciembre de 2018

Un príncipe con las manos ensangrentadas se pasea por Buenos Aires

Por Leandro Albani: 

Mohammed Bin Salman, el príncipe con mayor poder en Arabia Saudí, arribó a Argentina para participar en la Cumbre del G20. La ONG Human Right Watch (HRW) presentó una dura denuncia en su contra por los crímenes cometidos por las fuerzas armadas saudíes en Yemen.
El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed Bin Salman (MBS), ya se encuentra transitando plácidamente las calles de Buenos Aires, en espera de que comience la Cumbre del G20 que se realizará el viernes y el sábado próximos.

Recibido en el aeropuerto de Ezeiza por el canciller Jorge Faurie, el joven MBS arribó a Argentina –que tiene a Arabia Saudí como principal socio comercial entre los países del mundo árabe- con una dura denuncia en su contra, presentada por Human Right Watch (HRW). La ONG lo acusó ante la justicia del país por los crímenes cometidos por las fuerzas armadas saudíes en Yemen, país invadido en marzo de 2015 y que ya cuenta con un saldo de más de diez mil civiles asesinados por los bombardeos ordenados por la Casa de Saud. HRW, además, lo acusó por su complicidad en el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, ocurrido en el consulado saudí de la ciudad turca de Estambul.

Acompañado por una comitiva de 400 personas, MBS se trasladó desde Ezeiza hacia la sede diplomática saudí en Buenos Aires. Unas horas atrás, el príncipe había visitado Túnez, donde fue recibido con una masiva movilización en su contra. En la fachada del edificio del sindicato de periodistas tunecinos, se pudo ver un cartel de varios metros con la figura del príncipe sosteniendo una motosierra. Una imagen que retrata la faceta que más preocupa e intenta esconder el príncipe heredero. MBS también estuvo en Emiratos Árabes Unidos, Barhein y Egipto, en una renovada cruzada por limpiar su imagen y la de su reino.

MBS llegó al poder saudí tejiendo oscuras alianzas, arropado por su padre, el rey Salman Bin Abdulaziz, y desplazando al, por entonces, príncipe heredero, su primo, Muhammad Bin Naif Bin Abdulaziz Al Saud. Detrás de este juego de tronos que estremeció a Medio Oriente, MSB se consagró ganador, acaparando la toma de decisiones económicas y militares de la principal monarquía del Golfo Pérsico.

La llegada de MBS a la cúspide del poder saudí se convirtió en un hecho mediático que resonó en todos los rincones del mundo. El príncipe heredero, nacido en 1985, estructuró un discurso modernizador, al mismo tiempo que, en pocos meses, inició una persecución encarnizada contra miembros de la familia real, muchos de los cuales fueron apresados y encerrados en el lujoso hotel Ritz-Carlton de Riad. La purga de MSB se presentó como una “nueva” lucha anticorrupción, pero el objetivo fue ralear a opositores potenciales y acaparar los hilos que mueven las finanzas saudíes, sostenida por la producción de crudo, que ubica a la nación como la primera potencia petrolera mundial.

Los últimos meses de MBS se convirtieron en un cúmulo de críticas en su contra. A las múltiples denuncias por la invasión a Yemen –ordenada por el príncipe, que todavía se desempeña como ministro de Defensa del reino-, se suman las del asesinato de Khashoggi, un hombre del riñón de la monarquía, pero con posturas “díscolas” frente a MBS. El periodista saudí fue descuartizado y desaparecido por órdenes directas del príncipe heredero, según lo difundido por los medios internacionales. A esto, se suma el creciente rechazo por el bloqueo que impuso Arabia Saudí a Qatar -otra monarquía del Golfo enfrentada con la Casa de Saud- y las cada vez más aceitadas relaciones del régimen saudí con Estados Unidos e Israel.

Ante la denuncia presentada por HRW, el juez Ariel Lijo dio curso ayer al pedido del fiscal federal Ramiro González de librar exhortos a Arabia Saudí y Yemen para saber si existen procesos en trámite por los hechos denunciados contra MBS por violaciones a los derechos humanos. Según medios locales, en el dictamen presentado ante el magistrado, se evalúa que podría ser competencia originaria de la Corte Suprema la denuncia presentada por HRW. Por su parte, Lijo emitió pedidos de información para Turquía y la Corte Penal Internacional sobre las denuncias presentadas.

“Las autoridades judiciales deberían evaluar el papel de Mohammed Bin Salman en posibles crímenes de guerra cometidos por la coalición liderada por Arabia Saudita en Yemen desde 2015”, afirmó Kenneth Roth, director ejecutivo de HRW. “La participación del príncipe heredero en la Cumbre G-20 en Buenos Aires podría permitir que las víctimas de abusos que no lograron que se haga justicia en Yemen o Arabia Saudita puedan obtenerla en los tribunales argentinos”, apuntó.

HRW recordó que la Constitución de Argentina reconoce la jurisdicción universal por crímenes de guerra y torturas, lo que implica que las autoridades judiciales están facultadas a investigar y juzgar estos delitos, con independencia de dónde se cometan y de la nacionalidad de sus autores o las víctimas. Reed Brody, abogado de HRW, declaró a medios nacionales que no pueden denunciar a MBS en su país porque “tiene todo bajo control” y que Argentina, al ser una nación que incorporó los tratados de derechos humanos, está obligada “a abrir una investigación”.

Por su parte, la Federación de Entidades Islámicas de la República Argentina (FEIRA) expresó “su más enérgico repudio” ante la presencia de MBS. En un comunicado, firmado por el titular de la institución, Daniel Hosain, se remarcó que MBS “es el principal responsable de la invasión a la República del Yemen, ocasionando una crisis humanitaria de inmensa proporción, dejando en riesgo de muerte por hambruna a más de 80.000 niños y jóvenes yemeníes, de los que han fallecido ya un importante porcentaje, que se suman a la destrucción y muerte perpetradas con armamento estadounidense”.

La FEIRA también apuntó contra el príncipe por ser el responsable de invadir Bahrein (pequeño emirato del Golfo) para reprimir las protestas de 2011, asesinar a ciudadanos de ese emirato y financiar a las organizaciones terroristas que intervienen en Siria, “proveyendo de armas químicas y otras letales, que ayudaron a devastar el país del Creciente Fértil desde hace siete años”.
Para la Federación de Entidades Islámicas, MBS es un “criminal” y una “ofensa” para Argentina, “como lo fue, en su momento, la presencia de (Benjamín) Netanyahu. Ambos son, sin duda alguna, criminales de lesa humanidad”. Al final del comunicado, la FEIRA expresó que es “penoso saber que hoy la humanidad se cuenta en billetes o barriles de petróleo, y no por la vida misma”.

Sobre la participación de MBS en la Cumbre del G-20, se conoce poco. Se especula que pueda mantener una reunión bilateral con el presidente Recep Tayyip Erdogan, su nuevo contrincante por el poder en Medio Oriente. En las últimas semanas, el mandatario turco, también acusado por diferentes organismos internacionales por violaciones a los derechos humanos, se transformó en un fuerte crítico del príncipe y es el encargado de difundir, de forma casi diaria, nuevas informaciones sobre el asesinato de Khashoggi.

Durante la Cumbre, es probable que MBS se abrace con Donald Trump, su socio predilecto y el encargado de sellar contratos millonarios para la venta de armamentos al reino. Si este abrazo se concreta, seguramente será acompañado por la sonrisa insulsa y complaciente a la que nos tiene acostumbrados el presidente argentino Mauricio Macri. No es para menos, después de que el vicecanciller Daniel Raimondi afirmara que MBS goza de “inmunidad por el rol que está ejerciendo”.
leandroalbani@gmail.com

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Yemen, el país más olvidado del mundo

Por Leandro Albani:

Desde marzo de 2015, el reino de Arabia Saudí sostiene una invasión militar permanente contra Yemen, el país más pobre de Medio Oriente. La Casa de Saud argumenta que el ataque por tierra y aire se debe al avance del movimiento Ansarolá, nacido en el seno de la tribu houthis, que profesa el Islam zaidí chiíta.
La salida del poder de Ali Abdullah Saleh, jaqueado por las protestas surgidas en el marco de la denominada Primavera Árabe en 2012, abrió una situación de profundo desgobierno en el país. La represión ordenada por Saleh no pudo detener la ola de protestas que explotaba en una nación de fuerte concepción tribal.



Con el avance político y militar de Ansarolá, la monarquía saudí encontró una razón no sólo para combatir a este movimiento, sino también poder atacar a Irán, su principal enemigo en la región. Desde la Casa de Saud, automáticamente vincularon a Ansarolá con el gobierno de Teheran, más allá de la falta de pruebas reales sobre esta supuesta alianza. Pero si algo fue desencadenante para la invasión a Yemen (algo que no se “recuerda” demasiado en los grandes medios de comunicación), es la importancia estratégica del Estrecho de Bab el-Mandeb, por el cual fluían, antes de la invasión, casi cuatro millones de barriles de petróleo y productos refinados diarios.

Con 527.000 kilómetros cuadrados, Yemen limita con Omán y con Arabia Saudí. Aunque el país sea productor de crudo y posea grandes reservas de gas natural, sus 24 millones de habitantes en la actualidad viven azotados por una profunda crisis humanitaria generada por la invasión militar de la Casa de Saud.
Algunos datos recientes demuestran el caos en el que se encuentra sumida esta nación.

-A principios de noviembre, la Organización de Naciones Unidas (ONU) reveló que el número de muertos por el brote de cólera en Yemen asciende a 2.200. En todo el país ya fueron detectados otros 895.000 casos. La Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) publicó un informe en el que alertó los niños y las niñas suponen más de la mitad de los casos sospechosos de la enfermedad. “El brote afecta a más del 90 por ciento de los distritos de 21 de las 22 provincias del país”, advirtió el organismo internacional.

-En el mismo informe, la OCHA aseguró que Yemen “hace frente a la mayor emergencia alimentaria del mundo” y a “un desplazamiento generalizado de población”. Según la ONU, 21 millones las personas necesitan ayuda humanitaria urgente. El coordinador Asuntos Humanitarios de la ONU, Mark Lowcock, afirmó que Yemen atraviesa “la peor crisis alimentaria del mundo”, por lo cual se necesita una respuesta humanitaria inmediata.

-Los últimos datos conocidos cifran en 8.500 los muertos por la invasión militar y en 50.000 los heridos. Desde Naciones Unidas reconocen que esas cifras pueden ser mucho mayores, ya que existen “víctimas silenciosas”, que no aparecen en los balances oficiales porque no llegan a los centros de salud o porque ni siquiera disponen de centros de salud a los que acudir.

-Del total de yemeníes, 17 millones de personas sufren inseguridad alimentaria. De ese total, siete millones atraviesan una inseguridad alimentaria severa, que significa que diariamente no saben si van a disponer al menos una comida. A esto se debe sumar que se calcula que un millón y medio de personas dejaron de tener acceso a la salud y a la educación, como también a suministros básicos como agua y electricidad. Los pocos centros de atención que todavía se mantienen en pie son blanco recurrente de los bombardeos saudíes.

-El trabajo humanitario en Yemen es una odisea. Una consecuencia directa de la invasión es que Arabia Saudí dispuso, junto a sus aliados regionales, un bloqueo sobre el territorio yemení. Samir Elhawary, oficial superior de la OCHA, explicó en una entrevista con Europa Press que Yemen era un país excesivamente dependiente de las importaciones y, ahora que la economía se ha contraído un 35 por ciento, los productos de primera necesidad escasean y sus precios se han disparado. Elhawary también reveló “la desgarradora estadística de que un niño muere cada diez minutos por enfermedades prevenibles, como la diarrea o infecciones respiratorias”, y unos 400.000 sufren desnutrición aguda, que se ha disparado un 200 por ciento desde 2014 en Yemen.

-Otra consecuencia de la invasión saudí, fue el crecimiento de Al Qaeda y la aparición del Estado Islámico (ISIS). El domingo pasado, ISIS reivindicó un ataque con coche bomba en la ciudad de Adén, en el distrito de Jor Maksar, ubicado en el suroeste del país. Durante el ataque, los terroristas tomaron rehenes; el saldo de la acción dejó 29 policías y seis civiles muertos. Adén y el sur de Yemen son regiones en donde se implantó Al Qaeda luego de la invasión saudí.

Si bien el pueblo yemení sufre las consecuencias más duras de esta invasión, la Casa de Saud no es ajena a su propia aventura militar. Los ataques de Arabia Saudí le cuestan al reino 200 millones de dólares diarios, algo que en los últimos meses resintió la economía interna de la principal monarquía del Golfo Pérsico. Un informe elaborado por la propia Asamblea Consultiva de Arabia Saudí (Shura), reconoció que alrededor del 22 por ciento de la población saudí vive por debajo del umbral de la pobreza. Además, el Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció que Arabia Saudí puede quedarse, dentro de cinco años, sin reservas petroleras si continúa con su actual política financiera. Las propuestas impulsadas por el príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salman, se muestran como una respuesta “liberal” a un sistema comercial y político arcaico que, sin dudas, necesita modernizarse, pero sin perder su andamiaje ideológico en el que se unen los preceptos más conservadores del Islam y un pensamiento profundamente neoliberal.

Pese a este panorama, la respuesta militar yemení no es menor. En los últimos días, Ansarolá, junto a sectores del Ejército, lanzaron un misil balístico que estalló contra el aeropuerto internacional de Riad, capital del reino.‎ También se conoció que la semana pasada, Ansarolá destruyó tres vehículos blindados saudíes cerca de la frontera. La cadena HispanTV informó que más de 180 mercenarios saudíes resultaron muertos y heridos en enfrentamientos con las milicias populares en el este de Saná, la capital del país.

Aunque la situación interna en Yemen se agrava con el correr de las horas, a nivel mundial el silencio es una constante ante los sufrimientos del pueblo yemení. Las masacres que sigue cometiendo Riad son cometidas bajo un férreo manto de impunidad. Mientras tanto, en Yemen se convierte en realidad la idea de que un Medio Oriente dividido siempre será beneficioso solamente para los más poderosos.
leandroalbani@gmail.com 

miércoles, 23 de agosto de 2017

Gaza y Barcelona: mismos atentados, diferentes reacciones

Por Leandro Albani:

El jueves a la mañana un atentado suicida sacudió a la Franja de Gaza, esa frágil porción de territorio que todavía les pertenece a las palestinas y a los palestinos. Un joven que intentaba cruzar hacia Egipto se hizo estallar en un paso fronterizo, terminando con su vida y con la de un efectivo de seguridad del Movimiento de Resistencia Islámica Hamas, que gobierna la Franja desde 2007. El estallido también provocó cinco heridos. Según los medios de comunicación, el joven suicida podría tener vinculaciones con el Estado Islámico (ISIS o Daesh).


Hasta la tarde del jueves, cuando ocurrió el atentado en la ciudad de Barcelona, ningún canal de televisión ni alguno de los “importantes” gobernantes de este mundo dijeron algo sobre lo sucedido en Gaza. Es más, hasta ahora parece que nadie  conmoverse por lo que sucede en la Franja. Tal vez porque en Gaza murió una sola persona. O, quizás, porque a los grandes medios y a los poderosos gobernantes del mundo no les importa qué sucede en Gaza, esos 360 kilómetros cuadrados sobre el mar Mediterráneo, una región bloqueada y castigada por el Estado de Israel; un territorio que apenas tiene algunas horas de electricidad por día, en el cual los hospitales no reciben insumos, donde la desocupación es del 60%; donde sus habitantes se despiertan para sobrevivir y con la esperanza de que la aviación israelí no los bombardee. Gaza, como alguna vez afirmó el intelectual y lingüista estadounidense Noam Chomsky, es la cárcel a cielo abierto más grande del mundo.

Quienes cometieron los atentados en España son, en muchos casos, consecuencia de lo que la propia Europa genera en Medio Oriente: muerte, hambre, pobreza, saqueos. La responsabilidad de la Unión Europea en la actual guerra de agresión contra Siria está por demás de probada: apoyaron a cientos de personas que viajaron a ese país para sumarse a las filas de grupos irregulares, el Estado Islámico inclusive; financiaron y armaron a los mercenarios que, delicadamente, todavía denominan como “oposición moderada” al gobierno de Bashar Al Assad; los servicios de inteligencia europeos fueron por demás de flexibles para que sus propios ciudadanos viajaran a combatir contra el Ejército sirio. Y esas personas, muchas de ellas jóvenes (musulmanes o no), comenzaron a volver a sus países en Europa. La desocupación que vive el viejo continente, la falta de esperanza de vida y de expectativas hacia el futuro, la pobreza y la derechización de la sociedad europea son el caldo de cultivo para entender los por qué de un atentado como el de Barcelona. A esto hay que sumarle que el Daesh se encuentra casi derrotado en Siria e Irak. Y, como lo dejó en claro el propio ISIS, ahora su campo de batalla es el mundo, teniendo a Europa como blanco principal.

Las razones de los últimos atentados en Europa se deben  buscar en la historia de injerencia que los gobiernos de ese continente tienen en Medio Oriente. La invasión de Estados Unidos y sus aliados a Irak en 2003, justificada por las invisibles armas de destrucción masiva que tenía el gobierno de Sadam Husein, fue tal vez el punto más crítico, del cual derivaron decenas de grupos terroristas. Destruido el Estado, asesinadas miles de personas, profundizadas las diferencias sectarias, Estados Unidos dejó a Irak fragmentado y saqueado. En esa tierra arrasada, los grupos terroristas fueron, por un largo tiempo, la única opción para cientos de civiles que sufrían a diario la represión de las tropas norteamericanas y de sus aliados, donde Gran Bretaña y España tuvieron un rol estelar.

Tanto Daesh como Al Qaeda tienen un origen claro: Arabia Saudí. Desde la década de 1970, la monarquía de la familia Al Saud financia a grupos irregulares que, en los últimos años, tuvieron su esplendor en Siria e Irak. Formados en una ideología reaccionaria como el wahabismo, con millones de dólares a disposición, moviéndose con soltura entre las fronteras y apostando a un fuerte impacto mediático, los grupos armados por Arabia Saudí seguirán teniendo buena salud si la difusa “comunidad internacional” no ataca la raíz de esta problemática. Y esa raíz se hunde profundamente en el territorio saudí.

Después de 24 horas de atentados varios y mediáticos pienso en Gaza, en la gente que vive en la Franja, en los niños y las niñas de Palestina que están presos en cárceles israelíes y en el silencio de gobernantes, periodistas y analistas que dicen muchas cosas sin decir nada.

Las vidas inocentes que se perdieron en España duelen. Pero pensar que los atentados en Europa son hechos aislados, cometidos por personas desequilibradas y que no tienen una historia de fondo, es negar la realidad. El terrorismo se vive a diario en Siria e Irak, y son pocos los que se conmueven por las muertes en esos países.

La voracidad de Estados Unidos y las potencias europeas, golpeando a los pueblos de Medio Oriente desde hace décadas, genera desesperación, acorrala a muchas personas y las lleva a aferrarse a esperanzas mínimas, muchas de esas esperanzas representadas en grupos armados que profesan una ideología conservadora y retrógrada, criticada por la mayoría de la comunidad islámica del mundo. Esos grupos, que en la actualidad tienen a Daesh como la expresión más radical y cruel, son los mismos que Estados Unidos armó y apoyó para combatir al Ejército soviético en Afganistán. Y son los mismos que Arabia Saudí, principal aliado de Washington en Medio Oriente, financia todos los días. Cortar ese flujo de dinero y respaldo es fundamental para que atentados como los de Barcelona o Gaza no ocurran más.
leandroalbani@gmail.com

miércoles, 14 de junio de 2017

Arabia Saudí Intenta frenar el ascenso de Qatar como potencia a escala global

Por Leandro Albani

Si en Medio Oriente faltaba una nueva crisis, el lunes pasado se esparció un nuevo cimbronazo por la región. El epicentro es Qatar, monarquía del Golfo Pérsico a la cual sus vecinos apuntaron con toda la fuerza, hasta el punto de romper las relaciones diplomáticas con Doha.



Encabezados por Arabia Saudí, siete países árabes (Emiratos Árabes Unidos, Barhein, Libia, Yemen, Jordania y Egipto) acusaron a la monarquía qatarí de apoyar a grupos terroristas. Aunque las tensiones entre Qatar y sus vecinos se remontan a varios años atrás -sobre todo luego de 2011 y el comienzo de la Primavera Árabe-, en los últimos días el fuego cruzado no dejó de escalar peligrosamente.

La semana pasada, la agencia de noticias qatarí (QNA) publicó unas declaraciones del emir Hamad bin Jalifa al-Thani en las que criticaba a las naciones del Golfo Pérsico por sus posturas contra Irán y alertaba sobre las “tensiones” con Estados Unidos. El mismo día que aparecieron las declaraciones, desde QNA denunciaron que la agencia había sufrido un ataque cibernético y negaron la veracidad de las palabras del emir de Qatar. Igualmente, Arabia Saudí y sus aliados en la región criticaron a la monarquía de Doha y la acusaron de respaldar al terrorismo.

Para desentrañar un conflicto que parece lejano para América Latina, pero que ya tiene fuertes repercusiones internacionales, dialogamos como Rafael Robles Gil Cozzi, Maestro en Estudios Islámicos por la Universidad Hamad Bin Khalifa de Qatar y Politólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Gil Cozzi, que en la actualidad se encuentra en Qatar realizando una investigación sobre sectarismo y política en los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), se encarga en esta entrevista de deshilvanar las razones concretas detrás de la crisis en la Península Arábiga y analiza  la influencia de Estados Unidos, teniendo en cuenta la reciente visita de Donald Trump a Riad, en la cual apuntó contra Irán y sentenció una nueva alianza política, económica y militar con la Casa Saud.

-¿Cuáles son las principales razones para que cuatro países árabes hayan cortado las relaciones con Qatar?
-Los motivos que discursivamente han esgrimido es que Qatar apoya y financia grupos terroristas y que es una amenaza para la región. Las razones reales distan mucho de esa conjetura. Una de las más poderosas razones es la urgencia de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Arabia Saudí por frenar el imparable ascenso de Qatar como potencia mediana a escala global y obstaculizar su creciente influencia geopolítica regional. Desde hace una década, Qatar se ha convertido en el centro de mediación por excelencia en la región más volátil del mundo: en Doha se han resuelto diferendos entre Hezbolá y el gobierno libanés, disputas entre el Talibán y el gobierno afgano –de hecho el Talibán tiene una oficina diplomática ahí-; también se han exiliado muchos de los líderes del Hamás palestino y decenas de miles de egipcios que son militantes y líderes de la Hermandad Musulmana. Qatar es además líder MICE (Meetings, Investments, Conferencing and Exhibitions) en todo el Medio Oriente y sus soft powers educativo (Education City) y deportivo (ser sede de cada vez más eventos deportivos de talla mundial) no tienen parangón entre los países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG).

Esto va ligado a una segunda razón: la política exterior qatarí, que es muy independiente de los lineamientos del CCG, astutamente pragmática  y, sobre todo, altamente efectiva. Esto le ha permitido a Qatar tener un picaporte con docenas de grupos políticos y sociales en buena parte del mundo islámico. Evidentemente esto implica que no siempre se sujeta a los lineamientos que dicta Riad. Qatar ve en el CCG más bien un mal necesario, pero muchas veces actúa y opera a pesar de él. Pertenecer a dicho organismo en ocasiones termina por limitar más que posibilitar el desarrollo qatarí.

Una tercera razón obedece a las relaciones que Doha mantiene con Teherán, a pesar de los deseos de Arabia Saudí de que estos lazos se rompan. No podemos olvidar que Qatar comparte más de 200 kilómetros de frontera marítima con Irán y justo ahí yacen enormes reservas de gas que ambas naciones comparten.

Una cuarta razón, pero no menos importante, es el apoyo mediático que Qatar brindó a la llamada Primavera Árabe y la amplia cobertura a los esfuerzos insurgentes y revolucionarios, los mismos que tuvieron réplicas en Bahrein y Arabia Saudí y amenazaron con desestabilizar esos regímenes.

En otras palabras, podemos leer la ofensiva diplomática como una movida contrarrevolucionaria, un castigo a la no sujeción, una decapitación a un ascendente liderazgo regional y un deseo de complacer –y someterse- a la brevedad a la retórica de Donald Trump luego de su visita el mes pasado a la capital saudí.
-¿Qué consecuencias tiene para el Golfo Pérsico la actual crisis diplomática?

-En la presente coyuntura se evidencia el carácter neurálgico del Golfo Pérsico, que si bien no es la zona de guerra y confrontación bélica que acapara las noticias sobre el Medio Oriente, sí es el lugar desde donde se diseñan, financian, resuelven, apoyan o contienen gran parte de los conflictos actuales de la región. La actual crisis diplomática pone en riesgo la unidad del CCG y erosiona su imagen al exterior como espacio de estabilidad para las inversiones. Una de las consecuencias más delicadas es que la seguridad que presumen muchos de estos países en medio de una zona volátil está en riesgo y ahora el Golfo se vuelve, una vez más, un blanco atractivo para atentados que lo desestabilicen. La crisis actual afecta a millones de ciudadanos y residentes que tienen una movilidad habitual entre los países miembros del CCG y que ahora se ven atrapados en el cierre de fronteras. Por otro lado, hay un reajuste de gran calado en el volumen y origen de las importaciones que abastecen a Qatar, que depende casi al 100 por ciento de alimentos producidos en el exterior, entre otros bienes. Lo anterior sugiere que, aún si la crisis se resuelve, las relaciones entre los países árabes del Golfo no regresarán a su salud previa y Qatar explorará nuevas y más intensas relaciones con países musulmanes no árabes como Turquía, Pakistán e incluso Irán.
-¿El gobierno de Teherán será afectado con esta crisis?

-En el caso de Irán, que domina el lado este del Golfo, podemos decir que es el gran ganador de esta crisis, pues se evidencia que el odio del CCG hacia él no es unánime y que las relaciones con Teherán definen en buena medida el ajedrez de adversarios del Oriente Medio, además de que la fragmentación y debilitamiento del organismo árabe será siempre un juego de suma positiva para Irán.
-¿Cuánto influenció la visita de Donald Trump a Arabia Saudí para que este país rompa sus relaciones con Qatar?

-La visita de Trump a Riad, y sobre todo su discurso en el que enlistó a los “enemigos” a vencer, cayó como anillo al dedo a los monarcas saudíes, emiratíes y bahreiníes, quienes esperaban con ansia la luz verde para emprender la ofensiva contrarrevolucionaria tan esperada, con nombres y apellidos. Concretamente, el castigo a Qatar por el papel que desempeñó en la Primavera Árabe y su política de puertas abiertas a los exiliados de la Hermandad Musulmana y de Hamás. Los monarcas que aislaron a Qatar buscaron demostrarle a Trump una inmediata forma de alineación, y creyeron que con eso estaban comprando una especie de seguro político con Washington y que al mismo tiempo soslayara las pugnas internas que existen en los palacios reales de Riad y Abu Dhabi.
-Las tensiones entre Qatar y Arabia Saudí y EAU se conocen desde hace bastante tiempo. ¿Esta nueva situación cómo influirá en Medio Oriente?

-La nueva situación seguramente afectará las líneas financieras de apoyo a varios de los grupos políticos activos en países como Irak, Siria, Yemen, Libia y Egipto. Al mismo tiempo, afectará los modelos de contención militar implementados a manera de coalición en frentes estratégicos en los mencionados países. Por otro lado, el liderazgo regional de Qatar se verá afectado y su condición como refugio de diferentes exiliados se verá mermado. El caso de Yemen, tan frecuentemente silenciado e ignorado por la prensa occidental, se trastocará porque los reajustes de los grupos combatientes apoyados por algunas monarquías no estarán libres de sangre. Finalmente, y de lo que poco se habla, esto también afectará la situación en Gaza, pues el golpe a Qatar es también producto de las negociaciones de los emiratíes en Washington con uno de los más importantes think tanks israelíes que buscan asfixiar a Hamás y con ello seguir ahorcando a la Franja de Gaza.

-¿Las tensiones entre Qatar y Arabia Saudí pueden desembocar en conflicto bélico?
-No entre ellos ni con ningún otro miembro del CCG. Difícilmente habrá derramamiento de sangre en Qatar o Arabia Saudí. Posiblemente habrá despliegues militares en las fronteras como medida de presión, pero nunca una operación militar ofensiva. El conflicto bélico producto de estas tensiones se puede dar, en todo caso, de manera indirecta y lejos del Golfo. A coordinar guerras “proxy” parecen ya estar acostumbrados los reyes y príncipes de la península arábiga. Lo que sí puede ocurrir es que luego del ostracismo contra Qatar, Arabia Saudí y los Emiratos coordinen nuevos y más agresivos esfuerzos de apoyo a Egipto en la aniquilación de la Hermandad Musulmana y quizá de Hezbolá, además de que incrementarán la retórica contra Irán con la esperanza de que eventualmente Trump les haga el favor de intervenir en ese terreno.
-Ante esta crisis, ¿cómo piensa que van a reaccionar Rusia, Estados Unidos y Europa?

-Me parece que Rusia seguirá buscando el eje del gas, un sistema geoestratégico Moscú-Teherán-Doha, y que denunciará la ofensiva diplomática contra Qatar, que es más bien su aliado energético y un potencial socio en esa materia. Estados Unidos está mandando mensajes equívocos, mientras el Pentágono asegura que sus operaciones militares en el Golfo Pérsico permanecerán intactas ante la crisis. El presidente Trump ha expresado que Qatar debe modificar severamente su política exterior si quiere continuar como un actor en la escena internacional. Por su parte, los Emiratos Árabes están en un cabildeo intenso en Washington para promover que la base militar estadounidense de Qatar sea trasladada a territorio emiratí. Finalmente, Europa está jugando al papel de mediador distante, aunque los intereses del Reino Unido como ex patrón colonial no son los mismos que los de Alemania o Francia. Tanto británicos como estadounidenses tienen muchos negocios en territorio qatarí, así que posiblemente la crisis del Golfo sólo sea una ocasión perfecta para un río revuelto y ganancia de pescadores. Lo cierto es que Qatar en su agresiva campaña de marca-país puede utilizar este ruido y este foco a su entero favor. Es cuestión de esperar, porque el balón mundial ya está casi en su cancha.
leandroalbani@gmail.com

miércoles, 24 de mayo de 2017

Los últimos estertores del Estado Islámico

Por Leandro Albani

Rodeado de un halo de misterio y secretismo, dado por muerto en varias ocasiones, pero sabiendo que la organización que comanda se encuentra en las postrimerías de su derrota militar en Siria e Irak, Abu Bakr Al Baghdadi -el hombre que desde 2014 conmociona al mundo cuando hizo su aparición pública en la gran mezquita de Mosul, hace meses ordenó la retirada de los milicianos del Estado Islámico (ISIS o Daesh). Sin un norte preciso, los seguidores del autodenominado Califa Ibrahim caen en combates cada vez más cruentos, apelan a los civiles como escudos humanos, riegan de minas las pequeñas zonas que todavía controlan y redoblan los atentados, modalidad que ISIS mantendrá cuando, seguramente este año, caiga derrotado en Siria e Irak.



El 13 de mayo pasado se conocieron las declaraciones del general Maan Al Saadi, de las Fuerzas Especiales antiterroristas de Irak, quien afirmó que Al Baghadadi huyó a un lugar desconocido, “dejando morir” a sus fuerzas en Mosul, ciudad del norte de Irak en la cual ISIS mantiene uno de sus principales bastiones.

“Daesh ha sido derrotado en gran parte de Irak y están en vías de recuperar la que Daesh proclamara su capital, es decir, Mosul. Actualmente sólo restan algunos reductos y distritos por liberar”, señaló el general, según la cadena de televisión Al Arabiya. “Los terroristas ya no piensan que Mosul sea un refugio”, aseveró Al Saadi.

En Mosul, donde los combates se recrudecieron desde finales de 2016, luchan las Fuerzas Armadas iraquíes junto a las tropas conocidas como Al Hashad Al Shab (Movilización Popular). Según el gobierno de Bagdad, Daesh sólo controla un dos por ciento de Mosul, segunda ciudad en importancia en Irak y su capital petrolera.

En apenas 12 kilómetros cuadrados, los seguidores de Al Baghdadi se encuentran acorralados y en la desesperación por sobrevivir recurren a lo que tienen a su alcance. Y las armas químicas son uno de los fuertes de ISIS a la hora de golpear. El 18 de mayo, el diario The National, de Emiratos Árabes, informó que Daesh nuevamente utilizó sustancias tóxicas, que podría ser gas cloro o gas mostaza, contra las tropas iraquíes. Según testimonios de autoridades y soldados en Mosul, los terroristas lanzan los ataques sobre zonas densamente pobladas de Mosul.

El último gran revés para el Estado Islámico en Irak se produjo a mediados de mayo, cuando se confirmó la muerte del “emir” de Al Qaeda en la ciudad de Al Jales, señalado como “mano derecha” del Califa Ibrahim, según anunció Udai Al Khadran, alcalde de la localidad.

La avalancha de derrotas de Daesh también se trasladó a Siria. En el norte del país, las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS, conformadas por milicias kurdas, árabes y de otras nacionalidades), despejaron casi toda la región de la presencia del grupo terroristas. En los últimos días, las FDS tomaron el control de la ciudad de Taqba, a solo cincuenta kilómetros de Al Raqqa, la tercera localidad en importancia en Siria y que ISIS controla desde 2014. Las FDS, respaldadas por la Coalición Internacional, no sólo derrotan al Estado Islámico en el plano militar, sino que dan duros golpes a la moral de los terroristas y, a su vez, asisten a los cientos de desplazados por los combates, trasladándolos a zonas seguras.

Al mismo tiempo, con la consolidación de la Federación del Norte de Siria (FNS), encabezada por los pueblos kurdo y árabe, el ISIS queda sin una de sus armas ideológicas: el llamado a conformar un Estado regido por el wahabismo, la versión más conservadora del Islam, discurso que en un principio le sirvió para aglutinar a clanes y tribus sunitas desencantadas con el gobierno de Al Assad. La igualdad de derechos, étnicos y religiosos que se respeta en la FNS, además de la inclusión, la democracia, el destacado rol de las mujeres y la participación popular como ejes de la construcción de una nueva sociedad, dejan al Estado Islámico casi sin sustento, sobre todo luego de que las poblaciones que estuvieron bajo su control vivieron en carne propia un sistema represivo y excluyente que negaba la propia vida.

En el resto de Siria, la férrea alianza entre Damasco, Moscú, Teherán y el Hezbolá libanés tampoco dan tregua a ISIS y a otros grupos terroristas. Después de la liberación de Alepo, capital financiera del país, las derrotas de los terroristas se acumulan, mientras en el plano diplomático se disputa el control del futuro sirio.
A mediados de mayo, las Fuerzas Tigre, unidad del Ejército sirio, asaltaron varios pueblos en la llanura estratégica de Maskana, en la parte oriental de Alepo y que conecta con Al Raqqa, para seguir limpiando la zona de terroristas.

Por estos días se conoció que los últimos contingentes “rebeldes” fueron evacuados de la ciudad de Homs, según lo anunció el gobernador de esa provincia, Talal Barazi. Por primera vez desde 2011, ahora la localidad se encuentra bajo el control de las fuerzas gubernamentales. Por otra parte, el Ejército sirio reforzó su presencia en la provincia de Deir Ezzor, una de las zonas donde ISIS replegó a sus combatientes.
En las últimas semanas, la frontera entre Siria y Jordania, en el sur del país, se convirtió en una zona caliente, debido a los bombardeos estadounidenses. A principios de este mes, la monarquía Hachemita rechazó el acuerdo firmado en Astana, Kazajistan, en el cual se establecieron cuatro “zonas de distención” dentro de Siria, con el objetivo de atacar con más dureza a los grupos terroristas y contener las incursiones áreas estadounidenses.

Las provincias sirias de Daraa y Al Sweida ahora son el campo de disputas militares. Durante mayo, en territorio jordano se realizó el ejercicio militar anual “Eager Lion”, bajo la supervisión de Estados Unidos, situación que puso en alerta a Damasco y a sus aliados. En las operaciones, que duraron diez días, participaron unos 7.400 soldados de 20 países del mundo.

Aunque Jordania se posiciona como un país “neutral” ante el conflicto sirio, la monarquía es acusada de entregar ayuda financiera, logística y militar a los grupos terroristas. Ante esta situación, el Ejército sirio envió tropas a la frontera entre ambos países. En los últimos días, el gobierno sirio denunció que soldados occidentales habían ingresado al sur del país por la frontera jordana con el objetivo de respaldar al Ejército Libre Sirio (ELS), otra de las organizaciones terroristas que operan dentro del país. El jueves pasado, Estados Unidos bombardeó a las tropas sirias apostadas en la zona fronteriza, hecho que fue calificado como “terrorismo de Estado” por Bashar Al Yafari, embajador de Siria ante Naciones Unidas (ONU).
Por último, la agencia Al Manar informó el fin de semana que el Ejército sirio, junto con Hezbolá y las Fuerzas de Defensa Nacional, avanzaron sobre zonas controladas por el ELS en el este de Damasco, en las fronteras de las provincias de Raqqa y Alepo.

¿Qué busca Estados Unidos con el Estado Islámico? El anuncio del jefe del Departamento de Defensa, James Mattis, realizado este fin de semana muestra la nueva variante. “Donald Trump ordenó cambiar la táctica basada en obligar a Daesh a huir de los lugares seguros por otra consistente en cercar al enemigo en sus bastiones para aniquilarlo in situ”. Mattis, mejor conocido por su apodo “Perro Loco”, agregó que “ya no vamos a aplazar la toma de decisiones porque Washington tiene que autorizar los movimientos tácticos sobre el terreno”. O en otras palabras: la Casa Blanca autorizó al Pentágono a atacar Siria e Irak sin depender de órdenes superiores. Si la aviación estadounidense realmente tendría como objetivo principal derrotar al Daesh, este anuncio presagiaría una “campaña acelerada” contra los terroristas, como lo afirmó el propio Mattis.

Aunque Estados Unidos sostiene una alianza con los kurdos de Siria en la lucha contra el ISIS, que se basa en el equipamiento de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG/YPJ) y la coordinación de los bombardeos de la Coalición Internacional en el norte del país, también es verdad que la aviación estadounidense lanza sus ataques en otra zonas de Siria y el anuncio del Pentágono podría desencadenar un profundización de ataques. Aunque Trump ordenó el envío de armas a los kurdos, también debe rendir cuentas a Turquía y Arabia Saudí, sus principales socios –junto a Israel- en Medio Oriente. Ankara, Riad y Tel Aviv no han modificado demasiado su postura sobre la necesidad urgente de derrocar al presidente Al Assad, destruir al Estado sirio tal cual se lo conoce e implantar una administración afín o, también, desmembrar al país para ejercer el control en una región rica en agua dulce, hidrocarburos y tierra fértil.

El gobierno de Damasco denunció en varias ocasiones que los ataques de la Coalición Internacional tienen como objetivo al Ejército sirio –hecho que se comprobó en reiteradas oportunidades-, al mismo tiempo que permite el reagrupamiento de los grupos terroristas para que avancen sobre pueblos y ciudades. Pese a que Washington diariamente fustiga contra el Daesh, es bueno recordar que a varias organizaciones irregulares armadas la califica como parte de la “oposición moderada”, con la cual tiene relaciones diplomáticas y económicas fluidas.

Cuando hace tres días Trump  visitó Arabia Saudí dejó en claro que la alianza entre Washington y Riad debe ser revitalizada. Por eso, firmó un acuerdo con el rey Salman bin Abdulaziz por 350 mil millones de dólares para que, en diez años, Estados Unidos le entregue armamento a la monarquía saudí. El 20 de mayo, la agencia de noticias Al Masdar informó que las fuerzas iraquíes “incautaron una gran cantidad de armas de un depósito del grupo terrorista Estado Islámico en el oeste de Mosul”, donde “varias cajas de armas de Arabia Saudí fueron descubiertas”. Aunque Trump y el rey Salman también acordaron coordinar una lucha descarnada contra el terrorismo, parece que ese discurso sólo quedará en las páginas de los diarios.

A principios de marzo, en una entrevista con Fox News el ex presidente de Afganistán, Hamid Karzai, aseveró que “el Estado Islámico es un producto de Estados Unidos”. El ex mandatario, que llegó al Ejecutivo afgano caminando en una alfombra roja desplegada por Washington, agregó que el Estado Islámico es una “herramienta” de la Casa Blanca.

El 1 de marzo pasado, los grandes medios de comunicación divulgaron que Al Baghdadi había reconocido la derrota de ISIS y se despidió de sus seguidores. La veracidad de la noticia genera dudas, pero lo real es que el Daesh camina por una pendiente que lo lleva a su desaparición. Aunque derrotado militarmente, el grupo terrorista comandado por el silencioso y oscuro Al Baghdadi seguirá operando en otros puntos de Asia, África y Europa. Los atentados, al mejor estilo Al Qaeda, son ahora el arma más eficaz de ISIS. Y, por supuesto, sus grandes cuentas bancarias -infladas por el dinero de Arabia Saudí, Turquía y el robo sistemático del petróleo en Irak y Siria- que son invertidas, sobre todo, en la propagación del wahabismo, ideología oficial de la monarquía saudí que Riad exporta sistemáticamente desde la década de 1970 con el objetivo de oscurecer al mundo.
leandroalbani@gmail.com