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sábado, 4 de julio de 2020

Quédate en casa (si puedes) …



Por Carolina Vásquez Araya:

La clase trabajadora, la más castigada en estos meses de pandemia.

Te exigen quedarte en casa y no puedes evitar echar una mirada a tu alrededor con una creciente sensación de inseguridad; estás consciente de que ese mandato tiene muchas aristas y abandonar tus actividades no es una posibilidad real. Para empezar, si tu familia tiene la inveterada costumbre de comer todos los días, para abastecerse de alimentos es preciso salir de casa. Si tu jefe (o tú mismo) está ansioso y angustiado por sostener su negocio a pesar de las restricciones, es preciso salir de casa. También debes hacerlo cuando laboras en una institución fundamental, como los servicios de salud, en donde tu trabajo es vital. Salir de casa, cuando no hay otra opción, es lo que al final del día permite a otros mantener su reclusión sin mayores problemas.



Esto, porque existe un intrincado engranaje de actividades esenciales de las cuales dependemos todos y sin cuya dinámica enfrentaríamos serios obstáculos para sobrevivir. Es un hecho indiscutible nuestra dependencia del trabajo de los demás, sobre todo si ese trabajo nos provee de alimentos, de energía para procesarlos, de una rutina para eliminar los desechos producidos a diario en los hogares, de la entrega a domicilio cuando podemos gozar de esos servicios, de todos y cada uno de los aspectos que garantizan una cierta estabilidad en el orden de la vida cotidiana.

Por eso el mandato de quedarte en casa tiene sus bemoles, dado que no cualquiera puede atender a tan sabia precaución. Sin embargo, ese confinamiento semi voluntario ha comprobado ser el único mecanismo posible para alcanzar los objetivos -tan abstractos como incomprendidos- de “aplanar la curva”, reducir los contagios y así romper la secuencia ascendente que se cierne sobre la población como una amenaza ubicua y perversa. La pandemia ha demostrado en estos meses su inmenso poder sobre todo lo que hemos considerado más o menos inamovible: ha destrozado nuestra capacidad de confiar y nos obliga a evaluar hasta qué punto somos capaces de sobreponernos a una realidad diferente, a un cambio de rutinas, a un encierro forzoso, a una transformación sutil y progresiva en nuestra manera de ver el mundo.

Durante el transcurso de este fenómeno, no solo nuevo sino también difícil de comprender, hemos sido dirigidos por mandatos no siempre basados en el sentido común, muchas veces contradictorios, en numerosas ocasiones orientados a favorecer a ciertos sectores en desmedro de la salud de la población y con un manejo muy deficiente de la información. Esto ha provocado un ambiente de rebeldía, especialmente entre los segmentos más jóvenes y otros cuyos intereses específicos –políticos o económicos- terminan por desembocar en una abierta actitud de rechazo hacia las normas de contención de la epidemia.

Aun cuando las consecuencias no han tardado en manifestarse en repuntes de contagios y pérdida de vidas humanas, la restricción contra libertades personales empieza a verse como un sacrificio que sobrepasa la capacidad de tolerancia. En este proceso, la falta de confianza en las autoridades ha jugado un papel fundamental; sobre todo, en desmedro de un tejido social que empieza a mostrar sus debilidades y de sistemas de gobierno poco acostumbrados a enfrentar la realidad de sus profundas fallas. Aquello que nos golpea hoy es, más que un virus, una enfermedad social endémica evidenciada en la pérdida de sentido de nación y de todo lo que eso implica. Quedarse en casa no es más que un recurso de protección eventual. Lo más importante vendrá cuando salgamos de ella.

Difícil contener los deseos de salir, de regresar a la normalidad.

elquintopatio@gmail.com

miércoles, 1 de mayo de 2019

Venezuela: Como el 13 de abril del 2002 pueblos y FANB hicieron fracasar asonada golpista



Por Carlos Aznárez
Querían que fuera un golpe para derrocar al gobierno legítimo de Nicolás Maduro y terminaron en una pequeña asonada. Otra vez han fracasado ya que no tienen pueblo ni tampoco logran el objetivo de máxima que se proponen: el quiebre de las Fuerzas Armadas Nacional Bolivarianas. De todos modos, ya es hora de que se asuma la guerra declarada por el imperio con toda la fuerza que da el estado de derecho y se ponga entre rejas al títere de Trump Juan Guaidó. Sin dudas, su facilidad de moverse libremente, de poder anunciar hace varios días este falso “operativo Libertad” provoca estos intentos frustrados pero peligrosos. Ver las fotos y vídeos de Guaidó con el fascista Leopoldo López (condenado a 14 años de prisión) posando como “mariscales” de un golpe que no fue, enerva a quien las mire, pero más aún a ese heroico pueblo que está pidiendo desde hace rato que a los enemigos de la Revolución no hay que cederles “ni un tantito así”, como diría e Che de los yanquis que asediaban a Cuba.


Las consecuencias inmediatas de esta patética asonada, en que a los “levantados en armas” se los corrió en las cercanías de la Base de La Carlota con gases lacrimógenos, es nuevamente festejar que el heroico y consciente pueblo de Venezuela salió a la calle y rodea el Palacio Miraflores. Como ocurriera aquel 13 de abril de 2002, son los hombres y mujeres agradecidos por todo lo que significa la Revolución para ellos y ellas, los que junto a los militares patriotas están dispuestos a poner el cuerpo pera defender la Revolución hasta las últimas consecuencias.

Párrafo aparte, es la conjura internacional pro yanqui, que todos a una, empezaron a emitir comunicados de adhesión, encabezados por el derechista presidente de Colombia Iván Duque y por el tenebroso secretario de la OEA, Luis Almagro. Ellos y no otros son los que pugnan por ponerse a la cabeza del apoyo de la asonada y detrás de sus llamamientos, se pusieron en fila el canciller argentino, y todos los secuaces del Cartel de Lima. Ni qué hablar del gobierno español (ese al que algunos siguen considerando de “izquierda”), que mantiene esa postura ambigua de declararse en contra del golpe, pero seguir apoyando a Guaidó y llamar a convocar a “elecciones libres”.

O sea, más de lo mismo entre los aliados de Trump. Pero como bien señalara la economista Pascualina Curcio en una entrevista que le hizo quien esto escribe: “Trump y sus secuaces no entienden lo que significa la resistencia del pueblo bolivariano”. Es así nomás, nunca podrán comprender por qué, a pesar de una brutal guerra económica y de una campaña mediática criminal en contra del presidente Maduro, el pueblo cada vez más se empodera en su lealtad a quienes son fieles al legado de Hugo Chávez.

Frente a lo que hoy está ocurriendo en Venezuela, es fundamental redoblar la solidaridad internacional con Nicolás Maduro y el bravo pueblo, dar la batalla mediática para contraponer a la desinformación que motorizan los enemigos de la paz y la libertad, rodear de apoyo en cada uno de nuestros países a los representantes legítimos de la Revolución, imitar el ejemplo de Bolivia y Cuba, que apenas producida la intentona no dudaron en ponerse a la cabeza de nuestros pueblos del continente para respaldar a la Revolución.

Son horas decisivas para demostrar que en la Patria Grande somos muchos y muchas que estamos hartos de los manejos y la ofensiva derechista imperialista, y en ese sentido declararnos bolivarianos es señal de resistencia, rebeldía y dignidad.
Todos y todas con Maduro.
Castigo a los culpables de la asonada que ya, felizmente, ha fracasado.
Fuera el imperialismo yanqui de nuestros países!
Cortesía de Resumen Latinoamericano