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sábado, 11 de julio de 2020

Las dudas elementales



Por Carolina Vásquez Araya:

Durante estos meses se ha perdido hasta el disimulo en las trampas del juego político.

A los gobiernos latinoamericanos se les ha caído la careta y muestran el cinismo abierto de su codicia desmedida y un afán evidente de engañar a los pueblos. Ninguno se salva; están en plena competencia ocultando ante la comunidad internacional –extra continental- los resultados de la catástrofe social, económica y sanitaria provocada por décadas de saqueo, privatizaciones espurias y explotación de la clase trabajadora. Esta pandemia ha dejado a la vista el esqueleto del sistema y ya resulta imposible disimular las intenciones detrás de las supuestas medidas para hacer frente a la crisis. Lo más triste del caso es ver cómo algunos profesionales, conocidos por su impecable reputación, caen en esos juegos de malabar político y terminan apoyando a los gobernantes más corruptos.



A nuestras sociedades las han callado con el fantasma del contagio que, aun siendo real, ha terminado por convertirse en un parapeto tras el cual se perpetra toda clase de delitos. Es posible imaginar la alegría de los gobernantes al constatar cómo el pueblo vive callado y temeroso, sin haber tenido necesidad de mover un dedo. O, para más claridad, sin necesidad de mover a sus esbirros antichoque. Hoy, se divierten viendo cómo los ciudadanos más corajudos vierten su frustración en las redes sociales, lo cual al final del día es una catarsis inocua para sus planes de dominación de las estructuras del Estado, las cuales de todos modos ya están cooptadas desde hace tiempo.

Sin embargo, un pueblo sumiso y callado ya no puede ni debe ser parte de este juego, dado que se está rifando la vida y la de su familia y, de no reaccionar ante los abusos de sus gobiernos, será parte del proceso de destrucción de esa democracia que durante décadas le costó sangre y pérdidas humanas. El proceso de convertir a nuestros países en dictaduras setenteras ya está en marcha y las protestas tibias e ineficaces por medio de las redes no tendrán el menor efecto. Por ello, es imperativo comenzar a exigir claridad sobre algunas dudas elementales para ir trazando el mapa actual y obtener alguna claridad respecto –por lo menos- de las medidas contra la pandemia. 

Entre las dudas elementales que asaltan a la población y sobre las cuales no se logra respuesta alguna de las autoridades, los gobernantes están en la obligación de responder sobre cuáles son sus planes para controlar la pandemia; el pueblo tiene derecho a conocer los detalles puntuales sobre la ejecución de los abultados presupuestos destinados a tal fin; los encargados de las comisiones específicas para enfrentar la pandemia están en la obligación de explicar por qué en los decesos no se incluye a los contagiados por Covid 19 fallecidos en su domicilio; también es imperativo transparentar cuánto presupuesto han destinado a cubrir las regiones más alejadas de las capitales, en donde la infraestructura sanitaria es prácticamente inexistente.

Por otro lado, tienen la obligación de explicarle a la ciudadanía cómo intentan frenar los contagios cuando los sectores económicos siguen presionando para realizar una apertura tan inoportuna como peligrosa, cuando entidades de la sociedad civil ya han demostrado el incremento del riesgo a pesar de las medidas actuales y cuando cada día es más evidente la falta de pertinencia de las normas impuestas a los sectores más afectados. El pueblo tiene derecho a saber y las autoridades tienen la absoluta e indiscutible obligación de rendir cuentas claras. La participación virtual puede ser un apoyo, pero la verdadera palanca está en demostrar de manera rotunda que con la vida humana no se especula.

Los gobernantes deben explicar lo que los pueblos quieren saber.

elquintopatio@gmail.com

miércoles, 17 de abril de 2019

La traición tiene nuevo nombre Lenín Moreno



Por Manuel Holzapfel G.
Una nueva página se ha escrito en la extensa y vergonzosa historia de traiciones en América Latina, tras la detención de Julian Assange, cofundador de Wikileaks, luego que el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, le retirara el asilo diplomático. Con la detención de Assange - quien permaneció en la embajada de Ecuador en Londres, desde junio de 2012, gracias al asilo humanitario otorgado por el ex presidente, Rafael Correa, Moreno, ha complacido al gobierno norteamericano, que por años ha intentado sin éxito extraditarlo a Estados Unidos.


La humanidad le debe mucho a hombres como Julian Assange y Edward Snowden. Gracias a la filtración de documentos secretos del Departamento de Estado norteamericano, en el caso de Assange, y de documentos clasificados de la CIA, por Snowden, el mundo pudo conocer las atrocidades cometidas por el imperialismo en Afganistán e Irak y la maquinaria de espionaje planetaria montada por Estados Unidos para obtener información de los gobiernos del mundo. La valentía de ambos, permitió confirmar de manera concreta el accionar cruel e inmoral del imperio, que a la hora de asegurar su estrategia de dominación, recurre a la mentira, la delincuencia, el terrorismo y el genocidio.

La indignación por la actitud cobarde y servil de Lenín Moreno, la resumió de manera clara Rafael Correa, al catalogarlo como “el traidor más grande de la historia ecuatoriana y latinoamericana. Moreno es un corrupto, y lo que ha hecho es un crimen que la humanidad jamás olvidará”, sentenció.
Pero la decisión de Moreno, no sólo tiene como objetivo congraciarse con la administración Trump, para lo cual no ha escatimado esfuerzos en el último tiempo, uniéndose a la conjura contra Venezuela. La entrega de Assange, constituye un acto desesperado de venganza de Moreno, por la filtración de Wikileaks de documentos que lo involucran a él y a su familia en delitos de corrupción, perjurio y lavado de activos, en el denominado caso “INA Papers”.

De hecho, ante las amenazas previas contra Assange, Wikileaks había señalado que “si el presidente Moreno quiere terminar ilegalmente el asilo de un editor refugiado para encubrir un escándalo sobre empresas offshore, la historia lo condenará”.

Para vergüenza y desgracia de nuestro continente, abundan engendros como Gabriel González Videla, Luis Almagro, Roberto Ampuero y Lenín Moreno, entre otros traidores y rastreros al servicio del imperialismo norteamericano y las oligarquías locales.

El caso de Moreno es muy similar al de González Videla en Chile, que llegó a la presidencia en 1946 apoyado por el Partido Comunista. Una vez en el gobierno, se “dio vuelta la chaqueta” y persiguió y encarceló a los comunistas. En aquel entonces, la ofensiva del imperialismo era contra el comunismo, en el inicio de la guerra fría. En la actualidad, el ataque del imperio es contra las fuerzas progresistas. Pablo Neruda, quien tuvo que pasar a la clandestinidad para no ser apresado, le dedicó un poema para la posteridad, que en una de sus partes retrata de cuerpo entero a este tipo de personajes lamentables:  

Todo lo ha traicionado. Subió como una rata a los hombros del pueblo y desde allí, royendo la bandera sagrada de mi país, ondula su cola roedora diciendo al hacendado, al extranjero, dueño del subsuelo de Chile: «Bebed toda la sangre de este pueblo, yo soy el mayordomo de los suplicios.»
Y luego Neruda remata:

Triste clown, miserable mezcla de mono y rata, cuyo rabo peinan en Wall Street con pomada de oro, ¡no pasarán los días sin que caigas del árbol y seas el montón de inmundicia evidente que el transeúnte evita pisar en las esquinas!
Que así sea.

domingo, 17 de febrero de 2019

Nada nuevo bajo el sol


Por Carolina Vásquez Araya:

El abuso de las potencias no es nada nuevo, han actuado así desde hace mucho.

El estudio de la Historia de la Humanidad debería ser una asignatura de importancia capital en los planes académicos. No porque el relato de las guerras y los descubrimientos posea un valor más o menos anecdótico sino porque constituye un capital de base, fundamental en el análisis de nuestra trayectoria como seres humanos. A partir de una revisión crítica de los textos podríamos comprender hasta dónde ha llevado a las naciones la manipulación de quienes anteponen los intereses hegemónicos a los de los pueblos y hasta qué punto ello incide en nuestra realidad actual.


Nos han enseñado a venerar a supuestos héroes y nos han creado íconos falsos desde una elaboración interesada de la historia, pero la verdadera razón tras esos fenómenos se encuentra revestida de la negación del goce de derechos y de la explotación indiscriminada del poder de unos por encima de otros. Los seres humanos, cuando alcanzan cierto nivel de dominio, no ponen límite alguno a su avidez y acumulan riquezas hasta no saber qué hacer con ellas. El espectáculo de su inmensa capacidad de dominación les impide darse cuenta de cómo el agotamiento de esos recursos adquiridos por la fuerza terminará por ocasionar su propia ruina.

Estamos en el siglo de la tecnología, de la comunicación, de los acuerdos globales y de una nueva conciencia sobre los derechos humanos; sin embargo, los pueblos se hunden cada vez más en la miseria debido al inmenso poder depredador de corporaciones anónimas protegidas por las potencias mundiales, cuya riqueza ha sido adquirida y acrecentada sobre la sangre de millones de víctimas, vistas estas como daños colaterales en la ruta del desarrollo de los grandes capitales. Algo que suele pasar inadvertido es cómo estos grupos hegemónicos nos han colocado en el papel de cómplices al convencernos de la bondad de sus sistemas de enriquecimiento ilícito y al machacar en nuestra conciencia sus campañas de terror.

La ignorancia sobre el pasado y la manera como se nos inculca una escala valórica retorcida e interesada inciden en nuestra limitada y obtusa visión del mundo. Las estrategias geopolíticas de la mayor potencia mundial inclinan la balanza de la opinión pública a su favor gracias a una bien diseñada invasión mediática cuya incidencia en amplios sectores de la ciudadanía reside en el eficaz ocultamiento de sus verdaderas intenciones y en la captura de alianzas oscuras con líderes influyentes y corruptos.
Esto que hoy tiene el nombre de Estados Unidos y sus incondicionales aliados, en pasados siglos tuvo el de Inglaterra, Bélgica, España, Francia, Alemania, Portugal… Potencias cuya riqueza se originó en la miseria de naciones asiáticas, africanas y latinoamericanas independientes y ricas en recursos, pero incapaces de defenderse de sangrientas invasiones, tanto armadas como políticas.

Hoy, las potencias quieren el petróleo y los minerales. Pronto querrán el agua y entonces los pueblos perecerán de sed en nombre del desarrollo y el bienestar de quienes se consideran a sí mismos superiores y dueños de la verdad.  El falso discurso sobre la construcción de un mundo mejor y la defensa de los oprimidos no es más que una bella retórica para disimular su ansiedad por apoderarse del patrimonio de quienes no pueden defenderse y así consolidar un poder que ya es inconmensurable y por tanto ilegítimo, al originarse en la apropiación de la riqueza ajena y, más grave aún, en la sumisión absoluta de quienes han sido designados por el pueblo para administrarla y protegerla.

elquintopatio@gmail.com

martes, 11 de septiembre de 2018

La noción de imperialismo: vigencia y debates

Por Manuel Laguarda:
A propósito del imperialismo y de los imperialismos

El concepto de imperialismo es central para los principios, valores y definiciones de la izquierda. Movimientos y partidos de izquierda en distintas partes del mundo, entre ellos el Frente Amplio, se definen como “antiimperialistas”. ¿Cuál es la vigencia y pertinencia de esta definición? ¿Qué aspectos del concepto se mantienen y cuáles han cambiado en las últimas décadas? Esta será la discusión de Dínamo este mes.
La definición antiimperialista es parte de la identidad de la izquierda. Esto es así porque la categoría imperialismo sigue siendo válida para comprender muchos de los dramas e injusticias del mundo contemporáneo, así como algunas de las restricciones que pesan para limitar la capacidad de construir democráticamente el futuro por parte de la comunidad nacional o de la región latinoamericana.

En América Latina la referencia al imperialismo y al antiimperialismo apunta indiscutiblemente a Estados Unidos, la potencia hegemónica en la región desde que sustituyó en ese lugar a Gran Bretaña, por lo menos después de la Segunda Guerra Mundial. Y las tropelías y agresiones imperialistas jalonan la historia de nuestra región hasta el presente.
¿El imperialismo es uno solo? Si la respuesta es afirmativa, ¿se trata del imperialismo norteamericano o del imperialismo global? ¿O, por el contrario, son varios los imperialismos, y en ese caso igual se podría hablar de un imperialismo global que los abarca o enmarca?

El término “imperialismo” puede emplearse por lo menos con dos acepciones. En un sentido muy amplio, aplicable a cualquier época histórica o contexto, se utiliza como hegemonismo o dominación de un poder internacional sobre otro, al cual condiciona o limita. En un sentido más restringido, como lo teorizaron Hobson, Lenin, Hilferding y Luxemburgo hace más de un siglo, el imperialismo es una etapa de desarrollo y expansión del capitalismo, el cual para sobrevivir necesita de la expansión permanente.

Dentro de la teoría marxista, otros aportes deben ser tenidos en cuenta. Robert Cox (1983) ha aplicado los conceptos gramscianos de hegemonía a las relaciones internacionales para explicar el actual fenómeno del imperialismo. David Harvey, en El nuevo imperialismo (2003), retoma los desarrollos de Rosa Luxemburgo para plantear lo que él llama “solución espacial”, la cual, junto con la acumulación por desposesión (privatizaciones, reestructuraciones de las sociedades, guerras y reconstrucciones posteriores), marca la expansión y la dinámica mundial del imperialismo, que no se limita así a actuar subordinando a las clásicas periferias.

Leo Panitch (2004) critica a la teoría marxista clásica del imperialismo por haber sobrestimado lo económico y subestimar lo político. La globalización ha disuelto la coherencia de las burguesías nacionales y ha creado una clase dominante transnacional. En esta última perspectiva podría hablarse del imperialismo en singular, si nos ubicamos a nivel del modo de producción capitalista en su conjunto actuando a escala mundial, y también podría hablarse de múltiples imperialismos y de la competencia y lucha entre ellos como rasgo justamente de la época que define al fenómeno imperialista.

Hay autores que plantean que a partir de la tercera revolución industrial y del fuerte empuje de la globalización de los 80 y 90, el capitalismo habría entrado en una tercera fase, o una segunda fase del imperialismo. Es lo que describimos como hegemonía del capital financiero transnacional, cuyo resultado es la crisis civilizatoria actual que abarca a todo el planeta.

Asumir la globalización del capitalismo como fenómeno incuestionable –por encima de países y de fronteras– no nos lleva al extremo de negar el papel de los centros de poder nacionales que se disputan la hegemonía mundial y que dan lugar a una suerte de lucha interimperialista, que recuerda a la que precedió a la Primera Guerra Mundial. Y ahí entran en juego –por lo menos– los imperialismos de Estados Unidos, de Rusia y de China.

En el mundo unipolar de la década de los 90 era indiscutible la hegemonía del imperialismo de Estados Unidos, contestada en el multipolarismo de los años más recientes. Hoy asistimos a procesos de reestructuración del capitalismo que podrían llevar a una rehegemonizacion de Estados Unidos. Pero pueden darse contradicciones a múltiples niveles, entre las potencias imperialistas y, a su vez, entre ellas o cada una de ellas y el capital transnacional. Por ejemplo, algunas de las líneas que representa Trump y que le permitieron triunfar van en esa última dirección.

¿Cómo nos paramos ante esa realidad? Afirmando la soberanía nacional, buscando la integración regional, apostando al multipolarismo y al derecho internacional, enfrentando y denunciando a todos los imperialismos. Un mundo equilibrado, con múltiples centros de poder, es preferible a un mundo unipolar, cualquiera sea el polo.

Pero nuestra perspectiva es más radical que la de, por ejemplo, el Foro de San Pablo (FSP), que plantea el dilema como una oposición entre Estados Unidos y los BRICS (Rusia o China). El capitalismo global es una totalidad. El camino no pasa por sustituir a Estados Unidos por Rusia o China. La opción es socialismo o barbarie, y hay que plantearse una gobernanza mundial democrática: globalizar la democracia para que ella prime sobre los mercados.

Visiones como las del FSP niegan la realidad de que Rusia y China son potencias capitalistas e imperialistas, tanto se entienda al imperialismo en la clásica acepción marxista, o como la necesidad del capitalismo, que ha llegado a cierto nivel de desarrollo de expansión y actuación a una escala mayor, entendida como dominación y hegemonismo.

En el caso de la ex Unión Soviética, sus específicas contradicciones trabaron en su momento el tránsito al socialismo y hoy Rusia asume un desarrollo abiertamente capitalista, con fuerte peso del Estado y rasgos autoritarios y mafiosos. En su pretensión de hegemonizar Eurasia, el gobierno de Putin desarrolla una política imperialista en esa parte del mundo en continuidad con los intereses y metas geopolíticas de la época zarista y comunista. Y financia y sostiene a la extrema derecha europea, además de cruzar elogios con Trump, exaltar los valores más tradicionales y conservadores de la iglesia ortodoxa y la Santa Rusia y apoyarse en ideólogos neofascistas como Alexander Duguin.

Y China es socialista sólo de nombre. Es una formación económico-social sui géneris sin democracia, con sindicatos controlados por el Estado: el paraíso ideal de los capitalistas. Es el lugar donde se extrae la mayor plusvalía de los trabajadores en el mundo. Y sus grandes empresas, que campean por el mundo China es el paradigma exitoso de la globalización, son asociaciones entre el Estado (o sea, el Partido Comunista) y la burguesía china (muchos de sus miembros integran dicho partido), con participación de las multinacionales en algunos casos.
Todo lo anterior no implica negar u olvidar todos los crímenes del imperialismo occidental, ni exculpar a Estados Unidos de sus antecedentes.

En el caso de los BRICS, no son una alianza estructurada o estable. Tienen potencialidades, tienen proyectos (como fondos de financiamiento y bancos comunes), tienen contradicciones e intereses contrapuestos entre ellos mismos. Pero la sola presencia de Rusia y China en el mundo actual es positiva, porque equilibra el mundo en el sentido del multilateralismo y contrabalancea el poder de Estados Unidos.
Una real perspectiva antiimperialista pasa por denunciar a todos los imperialismos y por defender y promover la paz, el diálogo, la democracia y el derecho internacional.
Manuel Laguarda integra el Comité Ejecutivo del Partido Socialista.

domingo, 11 de febrero de 2018

Rex Tillerson desecha a la oposición venezolana y la democracia continental.


Por Felipe Marcano:

¡Vine, dije y murieron!─ “Rex Tillerson”. Al carajo las democracias, los gobiernos latinoamericanos, la oposición venezolana; vividora, como ninguna otra, de sustanciales recursos económicos estadounidenses!



Internamente; la democracia estadounidense y la institucionalidad que la sustenta muestra signos evidentes, muy evidentes y profundos, de un inevitable, irreversible, resquebrajamiento. El desconocimiento de derechos sociales, políticos, económicos, humanos, culturales, civiles, constitucionales, la coloca al borde del abismo, de la implosión; irrupción social tan coordinada, promovida, dirigida y financiada contra otros Estados-Naciones.

A lo externo; la Unión Europea de Mogherini, Merkel, Rajoy, Macron…, sumisa e incondicional aliada contra Rusia, China, Irán, Siria, Venezuela y cuanta campaña recolonizadora se emprendiera, con espectacular, firme y publicitado discurso amenaza al gobierno estadounidense. ¡Sí amenaza!, ¡hipócritamente, lo desnuda! Apabullado, tras su decidida y belicosa elocuencia contra Corea, Rusia, China, Irán, Siria, Venezuela…, el gobierno estadounidense muestra su debilidad, su pérdida de decisión e influencia global, estratégica y geopolítica. ¡Está arrinconado, acorralado entre ser o no la potencia y modelo dominante, como en ningún otro momento de la historia! ¡Peligrosamente obsesionado, decadente! ¡Requiere, necesita, con urgencia, mucha, pero mucha urgencia y efectividad propagandística, sangre derramada! ¡Sangre inocente que lo posesione, según su visión y capricho, como paladín de la libertad, la justicia, el progreso, la mejor y más fructífera de las opciones!

¡La democracia de las democracias!

Desde las sombras, profundas, tenebrosas, malignas sombras imperiales, viene un emisario. Rex Tillerson; Secretario de Estado. ¡Viene a América Latina!, antes vino Joe Biden [1] durante el gobierno de Obama. Tillerson viene a Argentina, Perú, Colombia, México y Jamaica, trae la encomienda de imposición y sometimiento; desconocimiento de la institucionalidad democrática de los Estados Naciones y sus gobiernos, ¡viene a imponer su ley de dominación y sometimiento neocolonial! ¡Viene a desconocer nuestras democracias y autodeterminación! ¡Viene a sentenciar cómo y con quién debemos asociarnos y hacer intercambios económicos, sociales, culturales, políticos…! ¡Viene a someter a los gobiernos de América Latina y el Caribe imponiendo no asociarse ni establecer relaciones amistosas, cordiales, culturales, pacificas ni comerciales con Rusia y China, sólo con y en beneficio del poder imperial estadounidense!

¿Qué  harán los gobiernos de Argentina, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, Paraguay, México, Ecuador, Brasil…, se someterán? Ante la confiscación de su libertad, independencia, soberanía, autodeterminación…,¿qué harán sus pueblos, sus fuerzas armadas, sus sociedades?

¡Jamaica, oh Jamaica! Acción imperial sobre el Caribe, contra el discurso libertario y emancipador de Simón Bolívar! A 202 años de la Carta de Jamaica.

Venezuela, la guinda en la venida y encomienda neo colonizadora; la oposición venezolana, ¿qué hará ante las pretensiones y declaraciones de Rex Tillerson? En palabras de Tillerson, y el momento actual de perdida global de influencia estadounidense, la oposición “democrática” venezolana, no es necesaria, es desechable, su poca efectividad y ausencia de logros en la toma del poder político en Venezuela la hacen prescindible. ¡Ya no más oposición democrática e ineficiente! ¡Es momento de asaltar y tomar todo lo ofrecido e invertido!

Dentro del marco de dominación y control, sobre el considerado patio trasero estadounidense, Rex Tillerson, tiene como objetivo promover, a la brevedad y a toda costa, la intervención militar en Venezuela; derrocamiento del gobierno, la institucionalidad y la Constitución Bolivariana. ¡Instaurar un gobierno militar! ¡Férrea, aleccionadora y ejemplarizante dictadura militar para Venezuela y el resto del continente que ose contradecir sus disposiciones!

¿Cómo queda, qué hará la llamada oposición democrática venezolana? Sus seguidores, tan dados al señalamiento y cuestionamiento de la Democracia Bolivariana, ¿qué pensaran, qué harán…? ¿Los dejaran protestar o de igual manera los someterán?...

El gobierno estadounidense, en “boca y pensamiento” de Rex Tillerson, Secretario de Estado, viene a poner orden, disciplina, barrer y ocultar bajo la alfombra, donde se echan los sumisos y agraciados perritos latinoamericanos ─en palabras de Pedro Pablo Kuczynsky presidente peruano ante auditorio académico estadounidense─, el estercolero en el que su  presidente, Donald Trump, está sumergiendo a la sociedad estadounidense y mundial.

¡Extrañamente todas estas declaraciones y deseos de ir, decir, conquistar, matar, destruir, devastar, colonizar, sumisión…, se dan en y desde auditorios académicos, relevantes, estadounidenses! ¿Qué hay detrás?

¿Se someterán, permanecerán silentes, sumisos, los pueblos y ejércitos de América Latica y el Caribe ante las pretensiones y declaraciones de confiscación neocolonial?

¡En Venezuela el Sol sale por el Esequibo!

[1] Joe Biden trae la guerra, destrucción y muerte, a América Latina y el Caribe

felmar138@gmail.com

martes, 21 de noviembre de 2017

Palabras de Ernesto Guevara sobre su visita a Corea en 1960

Por Jorge Aniceto Molinari:
Después de la Guerra de Corea 

Cuando veo o escucho noticias sobre Corea del Norte me queda como un sabor amargo, porque se informa condenando lo que allí sucede y sin ninguna explicación de porqué sucede, quedando la conclusión entonces de que la culpa es de los comunistas y de que comunistas. 


Entonces nada mejor que recurrir a una opinión acreditada y luego si nuestro comentario:
  
“De los países socialistas que visitamos personalmente, Corea es uno de los más extraordinarios. Quizás es el que nos impresionara más de todos ellos. Tiene solamente diez millones de habitantes y tiene el tamaño de Cuba, poquito menos, unos ciento diez mil kilómetros cuadrados. La misma extensión territorial que la parte sur de Corea, pero la mitad de habitantes, fue asolado por una guerra tan fantásticamente destructiva que de sus ciudades no quedó nada, y cuando uno dice nada, es nada. Es como los pequeños poblados de guano que Merob Sosa y Sánchez Mosquera y esa gente quemaba aquí, y de los cuales no quedaban nada más que cenizas. Así quedó, por ejemplo, Pyonyang, que es una ciudad de un millón de habitantes. Hoy no se ve un solo resto de toda aquella destrucción, todo es nuevo. El único recuerdo que queda es, en todos los caminos, en todas las carreteras, y en todas las vías férreas, los huecos de las bombas que caían unas al lado de otras.

Ellos me mostraron muchas de las fábricas, todas ellas reconstruidas y otras hechas nuevas, y cada fábrica de esas había soportado entre 30 y 50 mil bombas. Si nosotros nos hacemos una idea de lo que eran 10 ó 12 bombas tiradas alrededor nuestro en la Sierra, que significaba un bombardeo terrible, y había que tener su dosis de valor para aguantar esas bombas, ¡lo que significaban 30 mil bombas tiradas en un espacio de tierra, a veces menor que una caballería!

Corea del Norte salió de la guerra sin una industria en pie, sin una casa en pie, hasta sin animales. En una época en que la superioridad aérea de los norteamericanos era tan grande, y ya no tenía qué cosa destruir, los aviadores se divertían matando bueyes, matando lo que encontraban. Era, pues, una verdadera orgía de muerte lo que se cernió sobre Corea del Norte durante dos años solamente. En el tercer año aparecieron los Mig-15 y ya la cosa cambió. Pero esos dos años de guerra significaron, quizás, la destrucción sistemática más bárbara que se ha hecho.

Todo lo que se pueda contar de Corea parece mentira. Por ejemplo, en las fotografías se ven gentes con el odio, ese odio de los pueblos cuando llega a la parte más profunda del ser, que se ve en las fotos de cuevas donde se meten 200, 300 y 400 niños, de una edad de 3 ó 4 años, se asesinan allí con fuego y otras veces con gas. Los descuartizamientos de las gentes, matar a mujeres embarazadas a bayonetazos para hacerle salir el hijo de las entrañas, quemar heridos con lanzallamas… Las cosas más inhumanas que pueda imaginar la mente fueron realizadas por el ejército norteamericano de ocupación. Y llegó casi hasta el confín de Corea con China, y ocupó, en un momento dado, casi todo el país. Sumado a eso que en la retirada lo destruían todo, podemos decir que Corea del Norte es un país que se hizo de muertes. Naturalmente, recibió la ayuda de los países socialistas, sobre todo la ayuda de la Unión Soviética, en una forma generosa y amplísima.

Pero lo que más impresiona es el espíritu de ese pueblo. Es un pueblo que salió de todo esto tras una dominación japonesa de treinta años, de una lucha violenta contra la dominación japonesa, sin tener siquiera un alfabeto. Es decir, que era de los pueblos más atrasados del mundo en ese sentido. Hoy tiene una literatura y una cultura nacionales, y un orden nacional y un desarrollo ilimitado, prácticamente, de la cultura. Tienen enseñanza secundaria, que allá es hasta el noveno grado, obligatoria para todo el mundo.

Tiene en toda la industria el problema que ojalá nosotros tuviéramos hoy -que tendremos dentro de 2 o 3 años-, que es el problema de la falta de mano de obra. Corea está mecanizando aceleradamente toda la agricultura para lograr mano de obra y poder realizar sus planes, y también está preparándose para llevar a los hermanos de Corea del Sur el producto de fábricas de tejidos y otras, para ayudarlos a sobrellevar el peso de la dominación colonial norteamericana.

Es, realmente, el ejemplo de un país que gracias a un sistema y a dirigentes extraordinarios, como es el mariscal Kim II Sung, ha podido salir de las desgracias más grandes para ser hoy un país industrializado. Corea del Norte podría ser para cualquiera aquí en Cuba, el símbolo de uno de los tantos países atrasados del Asia. Sin embargo, nosotros le vendemos un azúcar semielaborado como es el azúcar crudo, y otros productos aún sin elaborar, como es el henequén, y ellos nos venden tornos fresadores, toda clase de maquinaria, maquinaria de minas, es decir, productos que necesitan una alta capacidad técnica para producirlos. Por eso es uno de los países que nos entusiasma más“.

Nuestro comentario:
Corea del Norte es el resultado de una de las tantas derrotas puntuales del Imperialismo Yanqui, cuando aún lo era, hoy ya no es más que el principal Estado gendarme al servicio del accionar de los complejos empresariales multinacionales y no por eso menos peligroso para la paz mundial.
Ese accionar destructivo, canallesco aplicado en la guerra, originó como reacción la acción heroica de un pueblo, y la construcción que observaba El Che.

Que la reacción ha llevado a la construcción de un Estado al estilo stalinista, también está de alguna manera explicado en la nota que comentamos.
Era lo que el capitalismo provocaba y a la vez estimulaba cuando aún se sentía seguro en el desarrollo de sus propias fuerzas territoriales.
Se sentía a gusto en el desarrollo de la llamada “guerra fría”.
Pero así como en los siglos 18 y 19 necesitó construir un nuevo centro desplazándolo del Reino Unido (el principal) a EE.UU., el inexorable agostamiento de la tasa general de ganancia lo lleva a crear un nuevo centro, lo que actualmente comienza a generarse en China, en la China gobernada por un Partido Comunista (por aquello de las paradojas, que lo son en tanto no tienen una explicación).-
¿Ahora por qué Corea del Norte parecería ser la única que no se asocia a esta perspectiva, hoy comandada por China?

Para nosotros la explicación que los medios informativos que están al servicio de las multinacionales expresan, de que es la responsabilidad de su gobierno, es una verdad a medias.
La existencia de este conflicto y su permanencia es una necesidad de la industria de guerra, una vorágine hacia el vacio que debe preocupar a todos.

Lo que más preocupa es la falta de este tipo de análisis, que como excepción intentó insinuar Mujica (*) en la ONU en setiembre del 2013.- ¿Es que todos estamos embarcados en una nave sin piloto y sin control remoto?: que es la distancia entre la consciencia y la inconsciencia.

 (*) He insistido en que más allá de los errores y horrores que han acompañado su gestión, lo que dijo en la ONU es el camino correcto, también en algún momento daremos una opinión más, de porqué las cosas son así, donde hay una generalidad de opiniones sobre este hecho, unánimes en ignorarlo.-


sipagola@adinet.com.uy