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sábado, 3 de agosto de 2019

Los jóvenes viejos



 Por Manuel Holzapfel G.:

“Hay jóvenes viejos y viejos jóvenes, y en éstos me ubico yo”, dijo el presidente Salvador Allende a los estudiantes de la Universidad de Guadalajara el 2 de diciembre de 1972. “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica; pero ir avanzando en los caminos de la vida y mantenerse como revolucionario, en una sociedad burguesa, es difícil”, sentenció de manera preclara ante centenares de jóvenes mexicanos que escucharon absortos, uno de los mejores discursos que se hayan hecho, sobre la relación entre juventud y revolución.


El encuentro, fue parte de la gira internacional que incluyó su memorable intervención ante la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, y las visitas posteriores a Argelia, Unión Soviética y Cuba.  A sólo nueve meses del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, la situación del gobierno popular era muy compleja, debido a la intervención directa del imperialismo norteamericano, que no escatimó esfuerzos de toda índole para detener la vía chilena hacia el socialismo y recuperar el cobre nacionalizado por Allende.

47 años después, Venezuela enfrenta los embates del imperio, que ha repetido la estrategia desestabilizadora aplicada en Chile para conseguir lo mismo: apoderarse de las mayores reservas de petróleo del planeta y destruir la Revolución Bolivariana del comandante Hugo Chávez, hoy liderada por el presidente Nicolás Maduro. Los hechos son evidentes, pero en Chile algunos oportunistas que un día fueron parten de la Unidad Popular e incluso del gobierno, niegan los profundos lazos que unen los procesos de Allende y Chávez. Peor aún, desconocen la huella criminal de Estados Unidos, en la crisis venezolana y se han unido a la campaña de desprestigio, que busca generar las condiciones para una intervención militar del imperio.

El informe espurio de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, es el mejor ejemplo de la traición de la izquierda concertacionista al legado de Allende. Es el propio compañero presidente, quien les habla y desenmascara en su ruindad, desde aquel 2 de diciembre en Guadalajara, cuando agradeció a los estudiantes mexicanos “por comprender el drama de mi patria, que es como dijera Pablo Neruda, un Vietnam silencioso; no hay tropas de ocupación, ni poderosos aviones nublan los cielos limpios de mi tierra, pero estamos bloqueados económicamente, pero no tenemos créditos, pero no podemos comprar repuestos, pero no tenemos cómo comprar alimentos y nos faltan medicamentos, y para derrotar a los que así proceden, sólo cabe que los pueblos entiendan quiénes son sus amigos y quiénes son sus enemigos”.

Ya sabemos, a qué poderoso “amigo” se arrimaron aquellos que tienen el descaro de autoproclamarse allendistas y aplauden el informe sobre derechos humanos de Venezuela digitado por funcionarios de Trump, que lleva la rúbrica de la ex presidenta chilena.   

Pero no sólo de la Concertación le han “prestado ropa” al informe de Bachelet. La crítica certera que hizo al documento el alcalde comunista de Recoleta, Daniel Jadue, generó polémica al interior del Partido Comunista de Chile, y oh paradoja, fue una joven ex dirigenta estudiantil la que lo validó. “No voy a desconocer el informe de la Alta Comisionada de DDHH, me parece que es lapidario. Efectivamente arroja situaciones sumamente graves”, señaló la diputada Camila Vallejo. Con ello, se desmarcó de la posición oficial de su partido, que criticó el informe porque "no se expresa ninguna condena a los intentos de golpes de Estado y a las amenazas permanentes de intervención militar en Venezuela".

Finalmente, Jadue en una actitud lamentable, pidió disculpas a Bachelet y la prensa mercurial festinó con la denominada polémica generacional al interior del PC. La joven diputada Karol Cariola lo explicó así: “no somos una máquina ni un robot. El partido debe experimentar un proceso de transformación donde se encuentren las nuevas y las viejas generaciones para fomentar nuevos y diversos liderazgos y revitalizar nuestras ideas”.

Lo lógico, es que, en ese proceso de transformación, dado que como dijera Allende, ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica, los jóvenes del partido radicalicen su lucha contra el capitalismo y el imperialismo. Lamentablemente, la posición de Camila Vallejo, al validar un informe vergonzante redactado en Estados Unidos, como parte de su estrategia de intervención en Venezuela, va en sentido contrario. Su lealtad y la de otros militantes comunistas con Michelle Bachelet es inaceptable por su complicidad directa con la estructura dominante y el imperialismo norteamericano.

Como planteó Salvador Allende, “hay que entender que la lucha es solidaria en escala mundial, que frente a la insolencia imperialista sólo cabe la respuesta agresiva de los países explotados”. Si no lo entienden claramente los jóvenes, estamos en presencia de una casta de jóvenes viejos, que en el mejor de los casos serán bien intencionados, pero siempre sumisos y útiles al poder imperial.   

holzburu@vtr.net

miércoles, 17 de abril de 2019

La traición tiene nuevo nombre Lenín Moreno



Por Manuel Holzapfel G.
Una nueva página se ha escrito en la extensa y vergonzosa historia de traiciones en América Latina, tras la detención de Julian Assange, cofundador de Wikileaks, luego que el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, le retirara el asilo diplomático. Con la detención de Assange - quien permaneció en la embajada de Ecuador en Londres, desde junio de 2012, gracias al asilo humanitario otorgado por el ex presidente, Rafael Correa, Moreno, ha complacido al gobierno norteamericano, que por años ha intentado sin éxito extraditarlo a Estados Unidos.


La humanidad le debe mucho a hombres como Julian Assange y Edward Snowden. Gracias a la filtración de documentos secretos del Departamento de Estado norteamericano, en el caso de Assange, y de documentos clasificados de la CIA, por Snowden, el mundo pudo conocer las atrocidades cometidas por el imperialismo en Afganistán e Irak y la maquinaria de espionaje planetaria montada por Estados Unidos para obtener información de los gobiernos del mundo. La valentía de ambos, permitió confirmar de manera concreta el accionar cruel e inmoral del imperio, que a la hora de asegurar su estrategia de dominación, recurre a la mentira, la delincuencia, el terrorismo y el genocidio.

La indignación por la actitud cobarde y servil de Lenín Moreno, la resumió de manera clara Rafael Correa, al catalogarlo como “el traidor más grande de la historia ecuatoriana y latinoamericana. Moreno es un corrupto, y lo que ha hecho es un crimen que la humanidad jamás olvidará”, sentenció.
Pero la decisión de Moreno, no sólo tiene como objetivo congraciarse con la administración Trump, para lo cual no ha escatimado esfuerzos en el último tiempo, uniéndose a la conjura contra Venezuela. La entrega de Assange, constituye un acto desesperado de venganza de Moreno, por la filtración de Wikileaks de documentos que lo involucran a él y a su familia en delitos de corrupción, perjurio y lavado de activos, en el denominado caso “INA Papers”.

De hecho, ante las amenazas previas contra Assange, Wikileaks había señalado que “si el presidente Moreno quiere terminar ilegalmente el asilo de un editor refugiado para encubrir un escándalo sobre empresas offshore, la historia lo condenará”.

Para vergüenza y desgracia de nuestro continente, abundan engendros como Gabriel González Videla, Luis Almagro, Roberto Ampuero y Lenín Moreno, entre otros traidores y rastreros al servicio del imperialismo norteamericano y las oligarquías locales.

El caso de Moreno es muy similar al de González Videla en Chile, que llegó a la presidencia en 1946 apoyado por el Partido Comunista. Una vez en el gobierno, se “dio vuelta la chaqueta” y persiguió y encarceló a los comunistas. En aquel entonces, la ofensiva del imperialismo era contra el comunismo, en el inicio de la guerra fría. En la actualidad, el ataque del imperio es contra las fuerzas progresistas. Pablo Neruda, quien tuvo que pasar a la clandestinidad para no ser apresado, le dedicó un poema para la posteridad, que en una de sus partes retrata de cuerpo entero a este tipo de personajes lamentables:  

Todo lo ha traicionado. Subió como una rata a los hombros del pueblo y desde allí, royendo la bandera sagrada de mi país, ondula su cola roedora diciendo al hacendado, al extranjero, dueño del subsuelo de Chile: «Bebed toda la sangre de este pueblo, yo soy el mayordomo de los suplicios.»
Y luego Neruda remata:

Triste clown, miserable mezcla de mono y rata, cuyo rabo peinan en Wall Street con pomada de oro, ¡no pasarán los días sin que caigas del árbol y seas el montón de inmundicia evidente que el transeúnte evita pisar en las esquinas!
Que así sea.

miércoles, 3 de abril de 2019

Fuera Yankies de Venezuela y América Latina



Por Manuel Holzapfel G.:

Recuerdo la mañana del miércoles 12 de septiembre de 1973 en Temuco, junto a mi abuela, escuchando las noticias en la radio. De fondo marchas militares y el locutor exaltando el golpe ejecutado el día anterior por las fuerzas armadas. Sus palabras me quedaron grabadas para siempre: “saludamos la gesta libertaria del glorioso ejército de Chile, que ha salvado al país de la dictadura marxista”, clamaba eufórico. “Nos informan, que avanzan camiones por la Avenida Caupolicán cargados con gas, azúcar, harina y toda clase de alimentos. Ha terminado la escasez y el hambre en la que nos tenía sumidos el gobierno de la Unidad Popular”, exclamaba jubiloso. Parecía un milagro que en menos de 24 horas, el comercio de la ciudad estuviera abarrotado de mercadería. El mismo prodigio ocurrió en todo el país.   


Con 12 años recién cumplidos, sabía muy bien que no había tal milagro. Vi muchas veces que en las casas de amigos de familias de derecha tenían de todo. Me asqueaba verlos colmar de azúcar sus tazas de té y engullir el pan con mantequilla, queso y jamón, mientras vociferaban que “estos upelientos nos tienen muertos de hambre”.

Después vino lo peor: asesinatos masivos, cárcel, tortura, desapariciones, exilio y la implantación de un modelo de acumulación capitalista, que convirtió a Chile en uno de los países más desiguales del mundo. El genocidio fue el precio que el pueblo chileno pagó para que el imperialismo norteamericano, autor intelectual y financista del golpe militar, recuperara el cobre que Salvador Allende había nacionalizado, destruyera el proceso de la vía chilena al socialismo, y la minoría oligárquica del país, recuperara sus granjerías y privilegios de clase. En sus últimas palabras Allende apuntó claramente al imperialismo, al capital foráneo y a la reacción como los instigadores de la desestabilización del gobierno de la Unidad Popular y del golpe.

Hoy, 46 años después, somos testigos de la misma infamia del imperio en Venezuela. El libreto es el mismo utilizado en Chile, y con algunas diferencias menores, en Irak, Libia y Siria, país donde gracias a la intervención de Rusia, han debido salir con la cola entre las piernas. En Venezuela, el botín es infinitamente más suculento que en Chile. Por ello, no escatiman esfuerzos para destruir la Revolución Bolivariana y lograr apoderarse de las mayores reservas de petróleo del planeta, del oro (segundas mayores reservas del mundo), diamantes, hierro, bauxita, cobre y coltán, entre otros muchos recursos.

La voracidad de Estados Unidos es directamente proporcional con su deuda de casi 20 billones de dólares, que representa la tercera parte de la deuda global de 63 billones de dólares. Con una deuda impagable y el avance inexorable de China para constituirse en primera potencia mundial, al imperialismo sólo le queda como alternativa la guerra para apoderarse de los recursos naturales de otros países. China está superando en todos los terrenos a Estados Unidos, que trata inútilmente de apuntalar un capitalismo que enfrenta la peor crisis de su historia.

El presidente de China, Xi Jinping, ha señalado que “la historia ha probado y continuará demostrando que solo el socialismo puede salvar a China” y que el Partido Comunista constituye el supremo liderazgo político del país. Lo anterior demuestra, que a diferencia de lo que muchos piensan, la contradicción entre Estados Unidos y China, no es de carácter Inter capitalista. La contradicción sigue siendo entre capitalismo y socialismo, y es importante tener claro, que la asonada imperialista en Venezuela, forma parte de esa contradicción principal. Las recientes declaraciones del secretario de Defensa de Estados Unidos, Patrick Shanahan son elocuentes, en este sentido, cuando señaló que el objetivo fundamental del presupuesto 2020 de las fuerzas armadas norteamericanas es “China, China, China”. Lo repitió tres veces para que no quedara duda alguna. 

Para lograr concretar su campaña de rapiña en Venezuela, Estados Unidos cuenta con el apoyo incondicional de la banda de corruptos y rastreros del Grupo de Lima, entre los cuales destaca el magnate y presidente de Chile, Sebastián Piñera. A ello se suma una campaña mediática planetaria de desinformación y mentira que en Chile ha sido constante y perniciosa. Desde los matinales, programas de farándula a los noticieros, la operación contra Venezuela no permite descanso. Periodistas y conductores radiales y de televisión, por ignorancia o simple oportunismo, repiten como papagayos el libreto informativo impuesto por el imperio. Atacar a Venezuela, se ha convertido en algo de buen tono, en credencial de buena conducta, en una especie de deporte nacional, que practican obedientemente, políticos, periodistas, rostros televisivos y cantantes de cuarta categoría.

Los mismos hipócritas callan frente a la represión sistemática del Estado chileno contra el pueblo mapuche y la crisis humanitaria en Yemen donde 14 millones de yemeníes sufren hambre y 85 mil niños menores de cinco años han muerto de desnutrición. Una guerra civil de casi cuatro años, que tiene como protagonista a Estados Unidos apoyando a la coalición militar liderada por Arabia Saudita. Nada dicen Almagro, Piñera, Duque, Macri, Moreno y Bolsonaro de los 160 dirigentes sociales asesinados en menos de un año en Colombia ni de los más de 200 mil asesinatos y 40 mil desaparecidos en México desde que comenzó en 2006 el genocidio disfrazado de guerra contra el narcotráfico, promovido por Washington. Sólo en enero de 2019 hubo 2.853 asesinatos y los “artistas” del imperio Bosé, Sanz, Juanes, Guerra, Montaner y demás mequetrefes, callan servilmente.

Sin asco, se han puesto al servicio de Estados Unidos, que más que un estado, es la mayor organización criminal del planeta, que pretende convencer al mundo de su rol de gendarme de la democracia y la libertad. Estas “blancas palomas de la paz”, cuentan con 6.800 ojivas nucleares y más de 700 bases militares en 70 países. Lanzaron bombas atómicas en Hirochima y Nagasaki y han invadido e intervenido militarmente en México, Puerto Rico, Nicaragua, Cuba, Haití, República Dominicana, Guatemala, Honduras, Grenada, Panamá, Corea, Vietnam, Somalia, Afganistán, Irak (dos veces), Yugoeslavia, Pakistán, Yemen y Libia.
El prontuario de estos “campeones de la democracia” parece no tener fin, porque también financiaron y participaron directamente en los golpes militares de Venezuela (1948 y 2002), Paraguay, Guatemala, República Dominicana, Brasil, Argentina (1966 y 1976), Bolivia, Uruguay, Chile, El Salvador, Panamá, Perú, Haití y Honduras.

Ése es el doble rasero del imperio que montó el show de Cúcuta para entregar una supuesta “ayuda humanitaria” de 20 millones de dólares a Venezuela, en circunstancias que las pérdidas producto de las sanciones que le ha impuesto a ese país, ascienden a 20 mil millones de dólares anuales. El objetivo real era crear las condiciones para invadir, y la intentona criminal contó con la complicidad directa de los nuevos guaripolas de Donald Trump: los presidentes de Colombia y Chile, Iván Duque y Sebastián Piñera. Es el accionar gansteril, de los ejecutores del boicot eléctrico; de los patrones de los mercenarios que asesinan a diestra y siniestra sembrando el caos y destruyendo los estados que Washington considera un peligro para sus intereses. Así lo han hecho en Irak, Libia, Ucrania, Siria, Yemen y también en Venezuela.

La realidad objetiva demuestra que Estados Unidos, es la mayor amenaza para el planeta y la humanidad. Lamentablemente, en Chile los representantes del Frente Amplio, Boric, Jackson, Sánchez y la ex Concertación devenida en Nueva Mayoría, hacen la vista gorda y se suman por acción u omisión a la campaña del imperialismo contra Venezuela. La historia juzgará su cobardía y oportunismo.

coigue2@hotmail.com