Mostrando entradas con la etiqueta cultural. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cultural. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de noviembre de 2020

La otredad nuestraamericana

Por Homar Garcés:  

La especificidad de nuestra América, de lo que ésta es y ha sido como el amplio ámbito geográfico, cultural, sociológico, económico y político situado entre el sur del río Bravo y la Patagonia, donde se ha gestado una tradición ininterrumpida de luchas populares desde el instante que los europeos decidieron adueñarse de ella hasta la época actual, es una especificidad que ha ocupado a una gran porción de intelectuales tratando de explicarla y de darle alguna orientación que haga posible aflorar sus potencialidades como territorio de la emancipación integral humana. 

El Libertador Simón Bolívar al dirigirse a los diputados del Congreso de Angostura en 1819, destaca que se debe tener «presente que nuestro pueblo no es el europeo, ni el americano del Norte, que más bien es un compuesto de África y de América, que una emanación de la Europa; pues que hasta la España misma deja de ser europea por su sangre africana, 

por sus instituciones y por su carácter. Es imposible asignar con propiedad a qué familia humana pertenecemos. La mayor parte del indígena se ha aniquilado; el europeo se ha mezclado con el indio y con el africano. Nacidos todos del seno de una misma madre, nuestros padres, diferentes en origen y en sangre, son extranjeros, y todos difieren visiblemente en la epidermis; esta desemejanza trae un reato de la mayor trascendencia». 

Esta conclusión de Bolívar será compartida, de uno u otro modo, por una amplia gama de pensadores, algunos bajo la influencia ideológica del eurocentrismo y otros guiados por la dialéctica y el materialismo histórico, lo que le convierte en un tema de discusión que no cesa, a pesar de los siglos transcurridos. Ahora muy especialmente cuando, desde las más recientes décadas, muchos acogen la propuesta de emprender y asentar un proceso de descolonialidad del pensamiento; lo que implica entender y aceptar la realidad de otros universos culturales, tan válidos o más que el representado por el eurocentrismo. 

En su ensayo «Nuestra América», el Apóstol de la independencia cubana, José Martí, recomienda que «la historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria». 

Tiempo antes, el Maestro revolucionario Simón Rodríguez, con su singular estilo, hizo una acotación similar al señalar: «¿Dónde iremos a buscar modelos? La América Española es original. Original han de ser sus instituciones y su Gobierno. Y originales los medios de fundar unas y otro. O inventamos o erramos». 

Es decir, la otredad americana es una preocupación constante entre nosotros, los hijos y las hijas de nuestra América, presente en los llamados a la unidad e integración de nuestros países, especialmente frente a lo que éstos han sido bajo la hegemonía imperialista de Estados Unidos. Pero también es la comprensión (poco compartida con las clases dominantes) de cuáles podrían ser sus potencialidades en el campo económico, de forma totalmente independiente, sin aceptar tácita y sumisamente el papel de réplicas o sucursales de las metrópolis del sistema capitalista, convertidas -desde un primer momento- en simples proveedoras de materia prima y consumidoras de lo que produzcan las grandes corporaciones transnacionales. 

Hace falta entender, junto con Karl Marx, que «el descubrimiento de las comarcas auríferas y argentíferas en América, el exterminio, esclavización y soterramiento en las minas de la población aborigen, la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la transformación de África en un coto reservado para la caza comercial de pieles-negras, caracterizan los albores de la era de producción capitalista. 

Estos procesos idílicos constituyen factores fundamentales de la acumulación originaria». Gracias a ello, la Europa y los Estados Unidos alcanzaron los niveles de desarrollo que, ilusamente, algunos esperan que algunos de nuestros países puedan tener en el futuro, sin detenerse a pensar que a aquellos no les conviene que esto ocurra, por muchas reformas legislativas y económicas que se hagan, ajustándose a los esquemas neoliberales. 

La sumisión pasiva a la ley capitalista ha representado un escollo formidable contra el cual se han estrellado muchos de los objetivos de emancipación trazados por teóricos y movimientos populares, impidiendo que pueda así concretarse una verdadera revolución democrática y soberana, conducida y sustentada en toda circunstancia por los pueblos de nuestra América. 

En este caso, la multiplicidad y la unicidad de nuestra América representan la fortaleza y el espíritu con que nuestros pueblos puedan romper el estado de explotación y de dependencia en que aún se les desea mantener indefinidamente. Esto entraña, por otra parte, una ruptura radical con la concepción del Estado-nación a la cual nos habituamos y defendemos desde 1810, basándose más en los valores que preservan la vida en un sentido generalizado que aquellos que privilegian, por encima de todo, el lucro y el interés privado. -

mandingarebelde@gmail.com

miércoles, 2 de septiembre de 2020

El papel de Job no cuadra con el de un revolucionario



Por Homar Garcés:
Entre los dogmas revolucionarios heredados del pensamiento euro centrista se halla el creer, casi como un acto ciego de fe, que la historia fluye de un modo determinado y, además, autónomo de la voluntad de las personas. Esto hizo que muchos cuestionaran las iniciativas y los aportes teóricos de quienes, como José Carlos Mariátegui, Antonio Gramsci o Ernesto Che Guevara, se apartaran de la ortodoxia soviética y renovaran (o recuperaran) los conceptos primordiales expuestos por Carlos Marx y Federico Engels; consiguiendo una fisonomía propia, en algunos casos, como ocurriera en el amplio territorio de nuestra América.


 Con el añadido de elementos provenientes de la historia de luchas y de la cosmogonía ancestral de nuestros pueblos mestizos. Gracias a ello, la noción de revolución adquirió de este lado del Atlántico una cualidad más integral que aquella gestada o percibida en Europa; sin negar la variedad característica de los movimientos populares (o sociales) adheridos a ella, con el protagonismo de un sujeto histórico diversificado, más complejo y distinto al postulado desde siempre por los marxistas-leninistas. 

Como bien lo señalara la Segunda Declaración de La Habana, en febrero de 1962: "El deber de todo revolucionario es hacer la Revolución. Se sabe que en América y en el mundo la revolución vencerá, pero no es de revolucionarios sentarse a la puerta de su casa para ver pasar el cadáver del imperialismo.

El papel de Job no cuadra con el de un revolucionario". Basados en esta categórica afirmación, no cabría imaginar que un revolucionario sencillamente se pondría a esperar a que las condiciones subjetivas y objetivas maduraran en un cien por ciento para producir, en consecuencia, la revolución política, social, cultural y económica que se requiere para transformar radicalmente el actual modelo de sociedad regido por la lógica capitalista. Tampoco sería admisible que, en nombre de tal revolución, quienes accedan al poder constituido se limiten a autocomplacerse con los privilegios que éste les otorga mientras la población espera compartir un destino mejor que el del presente, sin contribuir efectivamente al logro de los cambios estructurales prometidos.             

Para muchos, todavía es una fantasía suponer que bajo el socialismo revolucionario pueda producirse, eventualmente, la desaparición de las relaciones de poder, de las relaciones mercantiles y, principalmente, del dinero. Sobre todo, a la luz de lo acontecido en las últimas décadas en lo que fuera la Unión Soviética, así como en China y Vietnam. Esto refuerza, de una forma u otra, la sempiterna tesis capitalista que postula el derecho a la propiedad privada de los grandes medios de producción como intrínseco al sostenimiento de la democracia y, subsiguientemente, como única garantía de su vigencia. 

Bajo su influjo, no pocos de los autodenominados revolucionarios de la actualidad proclaman la necesidad de concederle vida al capitalismo, recurriendo a las viejas fórmulas reformistas de una redistribución algo más equilibrada de las riquezas generadas entre todos (empresarios, trabajadores y consumidores), pero sin mucho ánimo para emprender su total transformación, lo que equivaldría a desprenderse definitivamente del estatus de vida disfrutado.

Lo que comúnmente se pasa por alto es el hecho que una revolución -si busca o pretende ser radical y verdadera- puede perderse y negarse a sí misma a través del ejercicio del poder; fundamentalmente, al excluirse la participación y el protagonismo de los sectores populares revolucionarios organizados. “Una revolución en marcha -como lo determinara Rodolfo González Pacheco a mediados del siglo pasado- no puede ser juzgada desde la inmovilidad de una teoría política”.

Bajo esta premisa, habría que tomar en cuenta que la reacción de los sectores populares en contra de una realidad considerada injusta, no responde, generalmente, a un programa revolucionario preestablecido. Son las circunstancias las que marcan la necesidad de definir y explicar lo que está aconteciendo y hacia dónde podría encauzarse finalmente, a fin de consolidar y desarrollar la revolución; lo que no significa que a ésta se le coloque una camisa de fuerza, forzándola a marchar del mismo modo que lo escrito por los ideólogos.

En el caso de nuestra América, esta situación se repite constantemente desde 1810 cuando las antiguas colonias españolas proclamaran su independencia política, envolviéndose en debates y guerras civiles muchas veces estériles que dejaban al margen las aspiraciones primordiales del pueblo y se concentraban en la satisfacción de los intereses de las clases dominantes. Esto no impide que los revolucionarios deban esperar pacientemente que todo les caiga del cielo y no se afanen por crear las condiciones objetivas y subjetivas que abran paso, definitivamente, a la revolución que impulsan, ejerciendo constantemente la crítica y la autocrítica, de modo que el pluralismo sea uno de sus elementos constitutivos.
mandingarebelde@gmail.com

miércoles, 20 de mayo de 2020

El Gigante asiático



Por Julio Sergio Alcorta Fernández:
Estoy consciente de que evocar parte de la historia de China limitándonos a unas pocas cuartillas, es algo absurdo.

 Sin embargo, si lo reducimos únicamente a sus relaciones con los Estados Unidos, seguramente me permitiría lo que hace tiempo estoy tratando de concebir, tomando en cuenta lo impresionante que resultan las evidencias de unos pérfidos y farisaicos vínculos del imperio norteamericano con el pueblo de China.
Desde muy temprano se fueron revelando estas maquinaciones, y es así como siendo presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, a principios del siglo XX (1903), junto al concepto que los estadounidenses tenían de los chinos, que estaba impregnado de matices de superioridad étnica y cultural, manifestó: “son racialmente inmorales, depravados e indignos”.


Veamos cómo fueron procediendo de forma solapada y, a la vez, con astucia, habilidad y felonía, desde el inicio del siglo XX.

Primeramente, es necesario puntualizar que los gobiernos de los Estados Unidos casi siempre han estado involucrados en los hechos que se han producido en ese gigantesco país, sobre todo a partir de su engreimiento excepcionalista de que se le reconociera como un baluarte indispensable, sobre todo a partir del inicio del siglo XX, EN QUE YA EL ENGENDRO IMPERIAL ESTABA DANDO SUS PRIMEROS PASOS

En esos momentos Estados Unidos tenía acantonadas tropas en Shanghai y sus cañoneras hacían de las suyas para “velar” por sus intereses.
En junio de 1900, no resistiendo más las hambrunas y los desafueros que estaba sufriendo la población, una multitud harapienta se apoderó de Pekín, sitiando junto con los guardias imperiales, las delegaciones extranjeras.

Tropas norteamericanas marcharon entre las filas de un cuerpo internacional de rescate. El 14 de agosto esa tropa entró en Pekín convirtiendo a esa antigua ciudad, en un infierno de asesinatos, pillajes, incendios y violaciones.
Después de la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos mantuvo su extra-territoriedad en China. Sus ciudadanos actuaban como amos extranjeros, sus cañoneras también patrullaban el rio Yantzé y ayudaron a frustrar la Revolución de 1926-1927.

Las inversiones de los Estados Unidos aumentaron, si bien permanecieron por debajo de las de Inglaterra y Japón. Sin embargo, durante la 2ª. Guerra Mundial, proporcionó a los Estados Unidos una absoluta superioridad militar sobre las empresas británicas y japonesas.
Por otro lado, al fundarse el Partido Comunista Chino, en un Congreso que tuvo lugar entre el 23 de julio y el 15 de agosto de 1921, uno de sus principales objetivos fue dedicarse a la reunificación del país, y entre sus fundadores se encontraba el joven Mao Zedong.

Asimismo, en los años 1923 y 1924, se conformó el Frente Unido Antimperialista entre el Partido Comunista Chino y el Kuomingtan (Partido Nacionalista del Pueblo), que dirigía la corriente nacionalista del intelectual Sun Yat-Sen, que al morir, en 1925, un tal Chiang Kai-Shek, lo sustituyó.
Este último personaje era un furibundo enemigo de las ideas comunistas, traicionando alevosamente el proceso de unidad e iniciando una actividad represiva militar de fondo contra las fuerzas patrióticas comunistas en una campaña de cerco y exterminio en que pudo vencerlas, con el franco entendimiento y apoyo de los Estados Unidos.

Con los que lograron escapar de esa traición, se encontraba Mao Zedong que se estableció en un amplio territorio con un fuerte núcleo de comunistas.
En este sentido, el gobierno norteamericano comprendió la necesidad de emprender una obstinada campaña con el fin de afirmar el dominio en China, pues consideraba que las condiciones estaban creadas para lograrlo. Es así como se pudo conocer que ya el Dpto. de Estado había decidido poner en práctica la siguiente estrategia:

             Destruir el Movimiento de Liberación Nacional.
             Aislar a la Unión Soviética.
             Adelantarse a los otros adversarios, especialmente Japón.
             Enarbolar la antigua consigna de “Puertas Abiertas”.
Aprovechando las circunstancias, como buenos comerciantes, para 1930 los Estados Unidos se habían adueñado de las redes telefónicas, el transporte, centrales eléctricas, radioemisoras, y los banqueros de Wall Street se esmeraban por dirigir las finanzas.

Pero sin imaginárselo, el 18 de septiembre de 1931, sorpresivamente Japón se lanzó a la conquista de China. La Liga de las Naciones no tomó ninguna decisión.
En un memo del presidente norteamericano Hoover, resumió el punto de vista de su gobierno: “Japón –decía- tiene sus razones…hace años tenemos relaciones cordiales con ese país y, por lo tanto, debemos prestar atención a sus planes”.

Esta artimaña perseguía lo que estratégicamente los Estados Unidos pretendían con el fin de poner al Japón contra la Unión Soviética.
La embestida bélica de Japón alcanzó su culminación en julio de 1937, cuando Tokio lanzó sus ejércitos para conquistar el grueso de China.

Mientras tanto, los Estados Unidos clamaban de qué no querían un holocausto en China, pero si aplaudían por considerar al Japón, como expresaron anteriormente, un buen elemento para lanzarlo contra la Unión Soviética. Y como era de suponer, el Ministro de Relaciones Exteriores de Japón, se mostró complacido: “La actitud de los Estados Unidos en el incidente Chino es justa y ecuánime”.

Siendo consecuentes con sus socios, y nada menos que a solo 2 años del bombardeo “sorpresivo” de la aviación japonesa a la Base Naval Norteamericana de Pearl Harbor, los Estados Unidos enviaron a Japón: materiales estratégicos, artículos industriales, cobre, camiones, petróleo, equipos y maquinarias, hierro, etc. etc.

El 6 de diciembre de 1937, el New York Times, publicó un comunicado del Comité Norteamericano para la No Participación en la Agresión Japonesa, señalando: “Japón contribuyó con sus pilotos y los Estados Unidos con sus aviones, nafta y bombas, para atacar a las indefensas ciudades chinas.

A pesar de toda esta desvergüenza, los infantes de marina de los Estados Unidos, continuaron en el Shanghai ocupado por los japoneses, confraternizando con el invasor, hasta casi fines de 1941
Después del ataque japonés a Pearl Harbor en diciembre de 1941, Estados Unidos entró en la 2da Guerra Mundial. Chiang Kai Sek, el hombre fuerte de los Estados Unidos, reanudó la guerra anticomunista en China, pero no pudieron liquidar a la ola incontenible del Ejército Popular de China, dirigido por Mao

Al pasar el tiempo, los imperialistas norteamericanos exigieron de nuevo a Chiang Kai Sek que adoptase medidas decisivas contra las regiones en China, y, a ese efecto, llevó a cabo, con el apoyo material de los Estados Unidos, durante los meses de junio y julio de 1945, apenas dos meses de ocupar el poder Harry S. Truman, otra gran ofensiva contra los ejércitos populares de liberación, la cual fue también rechazada.
Chiang Kai Sek y los restos de su ejército huyeron a Formosa (Taiwan), en los transportes militares de la marina de los Estados Unidos.

En relación a la supuesta mediación de los Estados Unidos en el problema chino, ya Mao, en entrevista de prensa de septiembre 1946, había denunciado la misma, declarando que la política del gobierno de los Estados Unidos consistía en servirse de la pretendida mediación como cortina de humo para fortalecer en todos los sentidos la posición de Chiang Kai Sek, a fin de convertir virtualmente a China en una colonia de los Estados Unidos.

Definitivamente, la proclamación de la República Popular China se llevó a cabo el 1ro. de octubre de 1949, pero no fue hasta después de dos décadas que la nación se reconoció internacionalmente y pudo formar parte de la ONU, por la negativa intencional de los Estados Unidos en aquella época.
La derrota de Chiank Kai Sek, líder del Kuomingtan, representaba un duro golpe para la política de los círculos más derechistas y belicosos de los Estados Unidos, pasando a responsabilizar al gobierno por la pérdida de China.

Fue tal la discordia, que el senador J. R. Mc Carthy, del Partido Republicano atribuyó a supuestos comunistas infiltrados en el Departamento de Estado, la culpa por los reveses de la política exterior de la nación.
Estos hechos fomentaron la paranoia anti-comunista y, durante la guerra de Corea, hubo realmente fuertes presiones, inclusive del general Douglas Mc Arthur, para que los Estados Unidos recurriera a la bomba atómica contra China.

Para los Estados Unidos, significó no solo la pérdida de un lucrativo mercado, sino del surgimiento en Asia de una hoguera que estimularía próximos incendios.

Comenzaba con hábil intuición la sutil propaganda, concibiendo a los chinos de SABIOS Y ESTOICOS ALIADOS DURANTE LA 2DA.GUERRA MUNDIAL, A LA DEL “PELIGRO AMARILLO”; UNA HORDA BÁRBARA Y CRUEL, dispuestos a devorarse el planeta.

La nueva nación comunista se convirtió para los Estados Unidos en una especie de inmensa ciudad prohibida inaccesible. No existió comercio directo, ni servicios telefónicos o intercambios de ningún tipo; ni siquiera de información meteorológica; y una generación de estadounidenses creció pensando que los peligrosos chinos habitaban una galaxia distinta, marginada de la civilización y, por lo tanto, consideraron que no tenían aún la mayoría de edad para ingresar en la ONU.

Un Libro Blanco oficial del Departamento de Estado que se hizo sobre China, admitió que la derrota de Chiang Kai Sek era el resultado de la expresión de la voluntad del pueblo chino, sobre la cual los Estados Unidos trató de influir, pero no pudo.

He tratado de resumir lo más posible esta gesta del pueblo heroico de China y sus relaciones con los Estados Unidos, en un periodo de aproximadamente medio siglo, lo que no descarta que pueda haber sido más cuidadoso y exigente en conformar una reseña más ordenada.

Pero como expreso al inicio de este escrito, preferí realizarlo con esas limitaciones, con la convicción de rememorarlo precisamente AHORA, cuando estamos en presencia de una vorágine de engaños y patrañas que el gobierno de los Estados Unidos y su farsante mandatario Donald Trump ha estado propagando cínicamente.
De estas notas en adelante, es OTRA HISTORIA, que comenzó con la aprobación de la élite gobernante norteamericana de la sorprendente visita del presidente Richard Nixon a China en febrero de 1972.

LO QUE SÍ ES EVIDENTE QUE, PARA LOS GOBERNANTES DEL IMPERIO NORTEAMERICANO, CHINA SERÁ SIEMPRE EL “PELIGRO AMARILLO”; EL QUE HACE PELIGRAR SU HEGEMONÍA; AL QUE HAY QUE PONERLE FRENO, POR SU ATREVIMIENTO EN LLEGAR HASTA ESTOS TIEMPOS EN QUE SU SOLA EXISTENCIA LOS LLENA DE TEMORES.
jalcorta@nauta.cu

domingo, 16 de febrero de 2020

Nuestra América y la descolonización del pensamiento



Por Homar Garcés:
Gracias a la influencia ideológica-cultural de la Ilustración, en nuestra América se dio por sentado que la historia y el progreso humanos seguían un curso ineludible, una línea recta que desembocaría en el establecimiento de un modelo de sociedad universal, por supuesto, bajo la tutela civilizatoria de Europa, al que era preciso incorporar (de ser preciso, a la fuerza) al resto de los continentes que se hallaban, según la óptica euro centrista, en estado salvaje. Así, América vino a ser descubierta y «sumada» a la historia, a pesar de los miles de años transcurridos del poblamiento de su ancho territorio.


No se hizo lo mismo con África y Asia, dados los antecedentes de contactos -en uno u otro sentido- con sus habitantes, especialmente de índole comercial. Abya Yala (nuestra América) vendría a conjugar la fantasía y las ambiciones de los aventureros europeos, a tal grado que su búsqueda incesante de El Dorado marcaría el objetivo cardinal de sus incursiones en el territorio desconocido que reclamaron como propio, en nombre de su dios y de sus majestades católicas. Desde entonces, el suelo de nuestra América se convirtió en escenario propicio para hacer realidad el Paraíso en la Tierra.

Tomás Moro habría de hablar respecto a Utopía, un lugar sin ubicación precisa en este continente donde sus moradores vivían según el ideal cristiano, aún sin tener estos conocimientos alguno de la doctrina religiosa que tiene como su base las enseñanzas de un humilde carpintero de Galilea. No escasean quienes, antes y luego de la lucha inicial por la independencia, siempre han planteado la necesidad de alcanzar plenamente la independencia intelectual de las naciones de nuestra América. Pensadores de índole diversa, como Simón Rodríguez, José Martí o José Carlos Mariátegui, cada uno en su momento y desde perspectivas particulares, juzgaron harto necesaria esta independencia, especialmente cuando en el horizonte comenzó a perfilarse en el norte un nuevo tipo de dominación imperial, distinto en métodos y doctrina, pero igual en intereses, racismo y codicia al representado en su momento por España.

Ahora que se ha impuesto la necesidad histórica de la descolonización del pensamiento en nuestra América se podría responder», tal como lo expone Bonaventura de Sousa Santos en su libro «Renovar la teoría crítica y reinventar la emancipación social (encuentros en Buenos Aires)», que “no es simplemente un conocimiento nuevo lo que necesitamos; necesitamos un nuevo modo de producción de conocimiento. No necesitamos alternativas, necesitamos un pensamiento alternativo”. Nuestros pueblos tendrían que emprender nuevos caminos para el logro definitivo de su emancipación integral, prescindiendo en la medida de lo posible del cúmulo filosófico heredado del eurocentrismo, habida cuenta de lo que éste ha representado en la historia un cúmulo de represiones, explotación y fascismo social a manos del Estado burgués liberal que los domina. Esto nos lleva a citar del mismo autor lo que él denomina monocultura del tiempo lineal, esto es, «la idea de que la historia tiene un sentido, una dirección, y de que los países desarrollados van adelante. Y como van adelante, todo lo que existe en los países desarrollados es, por definición, más progresista que lo que existe en los países subdesarrollados: sus instituciones, sus formas de sociabilidad, sus maneras de estar en el mundo. Este concepto de monocultural del tiempo lineal incluye el concepto de progreso, modernización, desarrollo, y, ahora, globalización. Son términos que dan idea de un tiempo lineal, donde los más avanzados siempre van adelante, y todos los países que son asimétricos con la realidad de los países más desarrollados son considerados retrasados o residuales».

Hará falta, por consiguiente, emprender una ruptura teórica, política y académica contra toda forma de poder que tenga por base la colonialidad del pensamiento en nuestra América. Es un reto azaroso, ciertamente, que demanda constancia y compromiso, pero que cuenta con una diversidad de puntos de partida iniciados por un conjunto importante de teóricos sociales de nuestros países que bien servirían de base para su total concreción, siendo autónomos y originales en sus planteamientos. -   
mandingarebelde@gmail.com

sábado, 23 de noviembre de 2019

Sin ética revolucionaria ninguna revolucionaria florece



Por Homar Garcés:

Comúnmente, se define a la ética como la rama de la filosofía que estudia los contenidos de la moral. Bajo esta orientación, bien se puede compartir lo concluido por el Colectivo Gramsci, Pensamiento y Acción, respecto a que ésta “nace del impulso creador interno, que proviene de la formación moral del sujeto que decide regir su vida por principios, actuar correctamente, basado en un código de valores que se resume en la honestidad. La ética nace de la moral -que es interna- y se realiza en las relaciones del sujeto con su mundo circundante, en el que lo interno coincide con lo general y lo abstracto”. Configura, por tanto, un proceso de retroalimentación que va de lo particular (o individual) a lo general (o colectivo) y viceversa, por lo que tratar de limitarlo o de impedirlo en atención a la preservación de los paradigmas existentes hará de ésta una cuestión accesoria, solo convenientemente citada cuando las circunstancias exijan algún tipo de control y/o censura social.



Aplicada al ámbito político (y muy especialmente a lo que debiera representar y accionar una revolución que se imponga como meta estratégica la transformación integral del modelo civilizatorio en que comienza a desarrollarse), la ética tendría que manifestarse -aunque no se quiera- a favor del bien colectivo, haciendo caso omiso del interés personal y de la solidaridad partidista que suele emerger, por ejemplo, cuando se conocen delitos de corrupción, aun el más difuso de todos. Pero ello no se obtendrá simplemente con el cumplimiento de las leyes vigentes. Ni con una postura retórica. Hará falta ocuparse en la construcción sincronizada de conciencias y de amplios espacios de solidaridad y de compromiso social, lo que hará imprescindible activar mecanismos colectivos suficientemente democráticos, de manera que ésta se haga algo natural y permanente; en especial cuando se trate de satisfacer las justas reivindicaciones de los marginados, oprimidos y explotados.

Como quiera que se vea, sin ética ninguna revolución florecerá. Al plantearse la necesidad de cimentarla, no cabe suponer que la misma contenga los mismos paradigmas de intolerancia del modelo de sociedad a transformar, repitiendo, de alguna forma, algunas experiencias del pasado. La comprensión de tal necesidad debe incluir el hecho de vivir en un tipo de civilización que le concede una excesiva importancia a las riquezas y al estatus social, cuestión que, muchas veces, marca el comportamiento de no pocas personas; haciendo difícil, por ende, concretar los cambios revolucionarios enunciados. Citando a John Holloway, “vivimos en una sociedad antagónica y estos antagonismos nos atraviesan a nosotros. Nos declaramos anticapitalistas, pero tenemos la cabeza llena de ideas generadas por el capitalismo. Nos declaramos precapitalistas, pero en la práctica cotidiana luchamos de mil maneras contra la agresión del dinero y por hacer las cosas de otra forma. Nuestra existencia es una existencia contradictoria y en la lucha contra el capitalismo tenemos que reconocer y manejar estas contradicciones, no buscar una pureza revolucionaria que no puede existir. La búsqueda de la pureza nos lleva muy fácilmente a descalificar a todos los que no comparten nuestra perspectiva precisa. El reto revolucionario es más bien promover la confluencia de las rebeldías que existen dentro de todos nosotros”.

No se puede, ni se debe, por consiguiente, desconocer la influencia o el papel preponderante que la ética y la moral cumplen en lo que debiera ser una verdadera revolución. Basarla única o casi exclusivamente en logros de inclusión social, cultural, política y económica no será suficiente si las estructuras que los impedían se mantienen intactos, ya que -al no profundizarse, ni consolidarse, basados en una nueva ideología y conciencia social- podrían anularse a través del tiempo. La revolución sería, en ese caso, una pretensión fantasiosa y no la utopía de lo posible.

 mandingarebelde@gmail.com

martes, 12 de noviembre de 2019

A propósito de la consumación del Golpe de Estado en Bolivia: No hay lugar para la derrota: ¡A prepararse! Pues vienen duros tiempos de combate



Por Juan Martorano:
El 10 de noviembre de 2019 será recordado como una de las fechas más nefastas de nuestra historia latinoamericana y caribeña. Como es un hecho público, notorio y comunicacional, se ha consumado una nueva felonía con la dimisión (a punta de fusiles y bayonetas, que no se nos olvide esto) del Presidente Constitucional del Estado Plurinacional de Bolivia, Juan Evo Morales Ayma, del vicepresidente Álvaro García Linera, del gabinete ejecutivo en pleno, de Adriana Salvatierra, presidenta del Senado del parlamento boliviano.


Importante es de recordar en estas líneas, que Bolivia ostenta el récord nada agradable de ser el país con más Golpes de Estado en su historia republicana. En sus 194 años casi, han ocurrido no menos de 150 asonadas, prácticamente una por año.

Indudablemente, Evo representó y representa lo mejor de Bolivia. Deja el gobierno con logros y conquistas sociales, políticas, económicas, y de diversos órdenes. Eso nadie se lo podrá quitar jamás.

No le perdonaron como no perdonan las oligarquías de nuestro continente, el hecho de ser indígena, dirigente sindical (de los cocaleros para ser más específico) y haber llegado al parlamento y a ejercer el poder político en una de las naciones que otrora era una de las más desiguales del continente. Hoy Bolivia es el país con el mayor crecimiento económico de toda la América del Sur, además de la estabilidad política que el mismo Evo y su Revolución Democrática y Cultural le ha otorgado a Bolivia durante un poco más de 14 años de gobierno y de su permanencia en el Palacio de Quemado (sede de la Presidencia del Estado Plurinacional de Bolivia).

Algunas causas del derrocamiento de Evo ya las señalábamos en el artículo que habíamos escrito respecto a la posibilidad de la segunda vuelta en Bolivia, donde formulamos algunas observaciones al respecto. Ese artículo fue escrito el 21 de octubre de 2019, es decir, exactamente hace tres semanas de la ocurrencia de todos estos eventos que han devenido en este fatal desenlace. Los que quieran leer, acá les dejamos el enlace del mismo: https://www.aporrea.org/internacionales/a283585.html

Creo también que durante la ocurrencia de ese evento lamentable, dejamos sólo al compañero Evo y a los hermanos y hermanas del MAS. Pienso que casi al finalizar el mandato de Venezuela frente al MNOAL, desde su Secretaría se pudo haber hecho y adoptado un papel más activo para tratar de detener estos hechos. Es lo menos que hubiese hecho el Comandante Inolvidable ante una coyuntura como ésta.

Evo y el proceso político que él encarna no son más que las nuevas víctimas del plan de recolonización del continente por parte del imperialismo yanqui. Por ello, a veces nuestras apreciaciones pecaban de demasiado objetivas, porque estamos conscientes que jugamos con una corriente fascista muy reaccionaria y violenta, que no sólo juega duro sino muy sucio, y no le importa herir y asesinar por el solo hecho de ser afrodescendiente o indígena, y en aras de lograr sus perversos propósitos.

Evo renuncia presionado por las bayonetas y los fusiles. La revolución de Evo era pacífica, pero desarmada, pues no contaba con apoyos suficientes dentro de las fuerzas armadas bolivianas y cuerpos policiales. Además de posturas ambiguas de algunos dirigentes sindicales que hacían presumir que no se contaba con suficiente apoyo popular y social para resistir el Golpe en proceso en el país del altiplano. De militares y policías traidores y que sus botas rondan por el cono sur.  Hay mucha plata y recursos para gastar por parte del imperialismo, y por eso para los gringos, no pueden existir gobiernos progresistas.

En Uruguay también se ve el avance de la derecha y el fascismo, con el nucleamiento y la mayoría de derecha del parlamento que quedó electo el pasado 27 de octubre, además de que todas las encuestas dan como triunfador en esta segunda vuelta al candidato de la extrema derecha, Luis Lacalle Pou, a poco menos de dos semanas de la realización de los comicios, bajo el argumento maniqueo y falaz de la “alternabilidad democrática” y el “ejercicio prolongado del poder”. ¿Por qué no se aplica este mismo planteamiento a Jefes de Gobierno en Europa, que tienen más de 20 años en el ejercicio del poder?

Indudablemente la lamentable noticias del derrocamiento de Evo Morales opaca un tanto la buena nueva sobre la liberación de Lula Da Silva, el pasado viernes 8 de noviembre, y que al respecto, el actual mandatario brasilero, el fascista Jair Bolsonaro, quien además de tildar a Lula de “canalla”, también señaló que está “momentáneamente libre”, ya que la decisión del Tribunal Supremo Federal de Brasil, que revocó la prisión de Lula, se hizo a través de una resolución que pudiera ser revocada por el Congreso brasilero (de mayoría de derecha) y que es una advertencia que aprovecho para hacer a través de estas líneas.

Pero, es importante también señalar que la trama del Golpe de Estado en Bolivia aún no ha culminado. Y al respecto debemos señalar lo que establece la propia Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia, en la forma como cubrir la falta absoluta del presidente o presidenta del Estado Plurinacional de Bolivia.

En detalle, el artículo 169 de la Constitución de Bolivia estipula que, en caso de "impedimento o ausencia definitiva" del jefe de Estado, este será reemplazado por el vicepresidente. Sin embargo, ante la falta de este, la Carta Magna establece la opción de relevarlo por el presidente del Senado.

En última instancia, la jefatura de Estado podría ser asumida por el presidente de la Cámara de Diputados, y, en ese caso "se convocarán nuevas elecciones en el plazo máximo de noventa días". Sin embargo, el titular de ese cargo, Víctor Borda, también presentó su renuncia como diputado.

El primer vicepresidente del Senado, Rubén Medinacelli, de las filas del oficialismo también renunció, de manera que Añez cree que le corresponde asumir el puesto dejado por renuncia de Morales.
De ahí, que La legisladora opositora Jeanine Añez, segunda vicepresidenta de la Cámara de Senadores, reivindicó este domingo su derecho a asumir la presidencia de Bolivia, tras existir un vacío de poder por las renuncias de Evo Morales y otras autoridades de la cadena de sucesión constitucional.

Esto porque el parlamento debe reunirse para evaluar y aceptar las renuncias de los actuales mandatarios y los funcionarios antes señalados. Importante es de recordar que el parlamento es de mayoría de afectos a Evo Morales, del MAS, y esto determina que el “juego pudiera estar trancado” para la salida política que debe tener Bolivia, y que la coloca, a mi juicio, a las puertas de una guerra civil.

Y estas acciones, indudablemente alebrestarán al fascismo que encarna Guaidó de cara a su convocatoria a una nueva oleada terrorista y fascista a partir del próximo sábado 16 de noviembre. En varios artículos lo hemos venido advirtiendo, de acuerdo a las informaciones, datos y análisis realizados en artículos anteriores.
Pero, nos sumamos a las declaraciones realizadas ayer por el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, en la que advirtió a esta derecha fascista y violenta lo siguiente: “No se equivoquen ni saquen mal sus cuentas. Si vienen con la violencia, serán sometidos en estricto apego a los Derechos Humanos y a los preceptos establecidos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela”.

Nos sumamos al llamado realizado por el presidente Maduro y el Alto Mando Político y Militar de la Revolución de decretar la movilización permanente, internacionalista y solidaria para la hija predilecta del Libertador, Bolivia, y en aras de salvaguardar y garantizar la vida del compañero Evo Morales Ayma, la cual corre peligro en estos momentos.

Y el llamado a los compañeros y compañeras de Venezuela, y el resto de movimientos sociales de Suramérica, el Caribe, Europa, otras partes del mundo, incluso dentro del propio EEUU. Aquí no hay lugar para la tristeza ni para la derrota. Cuando la marcha se pone dura, los duros nos ponemos en marcha.
Y a prepararse, pues se avecinan duros y complejos tiempos de combate.
Y que por más que corten las flores, no podrán detener la primavera

¡Alerta, Alerta! ¡Alerta que camina! ¡La Espada de Bolívar por América Latina!
¡Leales Siempre! ¡Traidores Nunca!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!
jmartoranoster@gmail.com

sábado, 29 de junio de 2019

¿Hacia donde va China? (Parte II y final)



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
En 1991 durante una visita a China, la primera ministra británica Margaret Thatcher  le dijo al presidente Jiang Zemin que era imposible establecer un sistema con las características que se proponía China, es decir que combinara la sociedad socialista con algunas reglas del mercado. Según Thatcher, el socialismo era incompatible con la economía de mercado. Los dirigentes chinos, por el contrario, preconizaban que tal propósito si era posible en los marcos de la teoría marxista del materialismo histórico y dialéctico y la idea de “buscar la verdad en los hechos” que propugnaba Mao Zedong.


En este sentido, Deng Xiaoping expuso que un país como China que había vivido tantas adversidades a través de su historia, solo había podido levantarse tras hacer suyo el marxismo como instrumento de liberación, que le permitió construir un nuevo país de orientación socialista, lo cual habría sido imposible si hubiera elegido el camino capitalista, según él, la prueba fueron los más de treinta años de gobierno del Kuomintang tras proclamar la república.

Deng pensaba que la integración del marxismo con la realidad china para crear un camino propio, permitió la liberación del país en 1949, esto no sólo proporcionó la independencia, también la unidad del país que es el bien más preciado tras milenios de separación, conflicto y guerras intestinas. El marxismo contribuyó no sólo como teoría necesaria para vencer en la guerra de liberación, también después de la victoria aportó elementos valiosos para terminar con el caos, controlar la inflación, comenzar a combatir la miseria y el atraso secular y empezar la transformación de la industria y la base material necesaria para la evolución del país, todo esto obligaba a persistir en el marxismo y el socialismo de forma creadora.

Para ello, se hacía imprescindible desarrollar las fuerzas productivas a fin de forjar una abundancia de bienes materiales, lo que hizo deducir que ésta sería la tarea fundamental que debía emprender el sistema político socialista a fin de lograr una superioridad sin la cual era imposible construir la nueva sociedad. El no haber entendido esto desde el principio fue el mayor error de la dirección del país tras el año 1949. Sin el desarrollo superior de las fuerzas productivas, no hay mejoramiento de las condiciones materiales y culturales de vida del pueblo, y sin esto, no hay socialismo. ¿Cómo hacerlo?, fue la pregunta más importante que tuvieron que formularse los dirigentes chinos tras superar la Revolución Cultural y las desviaciones propugnadas por la “Banda de los Cuatro”. Nuevamente, la respuesta estaba en permanecer en la ruta del socialismo, como única manera de resolver el problema del desarrollo en un país tan extenso, tan poblado y tan complejo culturalmente como China. La aplicación del principio socialista de distribución “a cada cual según su trabajo”, permitiría superar las diferencias en un período de entre 20 y 30 años. Tales aseveraciones obligaban a un gran debate contra aquellos que defendían ideas liberalizadoras, por un lado, y la copia del modelo soviético, cuando éste comenzaba a “hacer aguas”, por el otro.

La liberalización que proponía tomar un camino capitalista después de la derrota de la “Banda de los Cuatro” en 1980, llevó a la dirección del Partido Comunista de China (PCCh) a luchar contra tal corriente, incluso en el seno de la Asamblea Nacional a fin de combatir tal propuesta considerada una idea burguesa. A ello, el PCCh opuso las “cuatro modernizaciones socialistas” en la agricultura, la industria, la defensa y la ciencia y teconología.. Así mismo, los dirigentes chinos dejabron claro que a pesar que la estructura política del país después de 1949, se había edificado a partir del modelo soviético, éste no pudo ajustarse a las condiciones de China porque su realidad era distinta, además en ese momento estaba en una crisis, que posteriormente la llevó a su colpaso 

En estas condiciones, en el XIII Congreso Nacional del PCCh,  celebrado en octubre de 1987, se propuso que la economía china sería planificada y establecida como pública para los productos básicos, mientras se definía que el Estado debería guiar al mercado y el mercado a las empresas, combinando de esa manera las funciones de planificación y de mercado en la sociedad. Ante las crecientes críticas internas e internacionales sobre tal supuesto, Deng volvió a insisitir en la necesidad de “buscar la verdad en los hechos” como forma de comprobar la factibilidad de llevar adelante la política de reforma y apertura, y a  ello se abocaron.

Los procesos de reforma en la Unión Soviética y en China se produjeron casi al mismo tiempo, con menos de diez años de distancia, pero la diferencia fundamental para el fracaso de uno y el éxito del otro, es que mientras los soviéticos desarrollaron simultáneamente los aspectos económicos y políticos del proceso, en China comenzaron con la transformación de la  economía, desatando una fase de mejoramiento de la situación social, mientras que la agenda política se desarrollaba paulatinamente pero a un ritmo mucho más pausado a fin de ir midiendo los impactos que iban causando las medidas tomadas y prestando especial atención a que se mantuviera una dialéctica adecuada entre reforma, desarrollo y estabilidad. El PCCh y el gobierno la llamaron una estrategia de “avance paso a paso de manera ordenada”.  Es decir, la estabilidad política interna era condición sine qua non y una granatía para la reforma y la apertura, por ello, los dirigentes chinos plantearon que los dos puntos más importantes eran, desarrollar la democracia en lo político y la reforma en lo económico.

La historia china y la experiencia del último siglo mostraban con creces cuán dolorosa era la pérdida de la estabilidad política y la unidad, las cuales son las dos condiciones de mayor interés para el desarrollo de los procesos vividos en el país en los últimos 2200 años. En esas condiciones, la aplicación de la política de reforma y apertura, no tuvo el correlato en la situación política que mostró en la Unión Soviética como Occidente esperaba. Las consideraciones acerca de la necesidad de la estabilidad política como soporte de la metamorfosis de la sociedad y el Estado en China, pronto tuvieron su prueba de fuego cuando en 1989 estallaron disturbios políticos que tuvieron su epicentro en la Plaza Tiananmen en Beijing y otras ciudades, buscando una inserción en el país de reformas de corte occidental, las que pusieron en juego la posibilidad de desarrollo y avance de las medidas tomadas a partir de 1978.

La respuesta contundente del gobierno chino hizo alusión a la necesidad de mantener la estabilidad interna so riesgo de quiebre de la unidad política del país. Así lo hizo saber Deng Xiaoping en dos ocasiones, tanto al presidente de Estados Unidos George H.W. Bush en febrero de 1989 y en octubre del mismo año, cuando conversó con el ex presidente Richard Nixon, a ambos le dijo lo mismo “La estabilidad es más importante que cualquier otra cosa”. De esta manera, se desestimaba de forma definitiva la posibilidad de mutaciones políticas similares a las que estaban ocurriendo en la Unión Soviética y Europa Oriental que fueron consideradas el preludio del fin de la guerra fría.

Este contexto fue el que permitió el avance económico de China. Al llegar al XVIII Congreso del PCCh en 2012, las mayores aspiraciones eran conservar los fundamentos que dieron origen a ese partido y no olvidar su misión principal que era la construcción del socialismo con peculiaridades chinas, luchando “incansablemente por materializar el sueño chino de la gran revitalización de la nación”, que culminaría con la creación integral de una sociedad modestamente acomodada.

Desde que el marxismo fue introducido en China, los primeros militantes y fundadores del PCCh se propusieron utilizar su teoría científica para buscar soluciones a los problemas del país. A partir de entonces y a través de los casi 100 últimos años, han hecho denodados esfuerzos para encontrar respuestas a cada reto que se ha planteado.

Hoy, el PCCh entiende que la construcción socialista pasa por lo que han denominado el “gran sueño chino”. En esa medida, todo el Partido se ha volcado a fortalecer más conscientemente su convicción en el camino, la teoría, el sistema y la cultura lo que han llamado las cuatro convicciones y no seguir ni el viejo camino del enclaustramiento y el anquilosamiento, ni el mal camino de cambiar su bandera por otra, sino mantener su firmeza en lo político, perseverar en un trabajo sólido para vigorizar el país, persistir y desarrollar el socialismo con peculiaridades chinas.

En torno a este importante tema, empeñándose en la guía del marxismo-leninismo, el pensamiento de Mao Zedong, la teoría de Deng Xiaoping, el importante pensamiento de la triple representatividad y la concepción científica del desarrollo, manteniendo la idea de buscar la verdad en los hechos, adoptando una actitud realista y práctica, y perseverando en el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, el PCCh con una visión completamente nueva en estrecha combinación con las condiciones del tiempo actual y las nuevas exigencias de la práctica, ha profundizado en la comprensión de la ley del ejercicio del gobierno por parte de los partidos comunistas, la ley de la construcción socialista y la ley del desarrollo de la sociedad humana, y ha llevado adelante una ardua exploración teórica al respecto, obteniendo importantes logros en la innovación teórica, creando así el pensamiento sobre el socialismo con peculiaridades chinas de la nueva época que es la forma como entienden su sociedad y la manera de transformarla a corto, mediano y largo plazo.

El pensamiento sobre el socialismo con peculiaridades chinas da continuidad y hace un aporte en el desarrolla del marxismo-leninismo a través de las contribuciones que se han ido haciendo a lo largo de la historia, no sin cometer errores, algunos de ellos, generadores de graves consecuencias.

En la actualidad, ese proceso ha cobrado renovada fuerza y se expresa como la “chinización” del marxismo, que es expresión de la cristalización de las experiencias prácticas y de la sabiduría colectiva del pueblo, constituyéndose en un importante componente del sistema teórico del socialismo con peculiaridades chinas, por lo que no hay dudas que mantendrán este pensamiento durante largo tiempo y lo seguirán desarrollando sin cesar, no obstante las incomprensiones y el menosprecio de Occidente.

La práctica no tiene límites, como tampoco los tiene la innovación teórica. El mundo está cambiando a cada instante, como también lo hace China. En este marco, el PCCh se ha propuesto seguir los pasos de este tiempo en lo referente a las teorías, dominar progresivamente las leyes objetivas e impulsar constantemente la innovación teórica, práctica, institucional y cultural.

En este marco, el presidente Xi Jinping ha insistido en la necesidad de lograr el firme desarrollo de la labor ideológica entendiendo que ésta determina el rumbo de avance y el camino de desarrollo de la cultura, en esto le da prioritaria importancia a continuar haciendo una adaptación coherente y creativa del marxismo a las condiciones de China, construyendo una ideología socialista dotada de una poderosa fuerza conductora para incorporar y cohesionar estrechamente al pueblo en torno  a los ideales y las convicciones, a su propia concepción de valores y conceptos morales.

En la etapa que ha seguido al XIX Congreso del PCCh realizado en octubre de 2017, Xi ha insistido en la necesidad del apertrechamiento teórico para hacer que el pensamiento sobre el socialismo con peculiaridades chinas eche hondas raíces en el pueblo, para lo cual se han planteado profundizar en la investigación y la construcción teórica del marxismo, acelerando la creación de unas ciencias sociales y una filosofía con peculiaridades chinas y fortaleciendo la construcción de laboratorios de ideas que deben ser dotados de dichos conocimientos.

En su informe a este Congreso, Xi hizo un llamado  a:  “Que todo el Partido y el pueblo de todas las etnias del país se unan estrechamente en torno al Comité Central del Partido, enarbolen la gran bandera del socialismo con peculiaridades chinas, avancen con un espíritu pujante y se entreguen completamente a su cometido, continúen luchando por cumplir las tres tareas históricas: el impulso de la modernización, la culminación de la reunificación de la patria y la salvaguardia de la paz mundial y la promoción del desarrollo conjunto, hasta lograr el triunfo definitivo en la culminación de la construcción integral de una sociedad modestamente acomodada, conquistar la gran victoria del socialismo con peculiaridades chinas de la nueva época, materializar el sueño chino de la gran revitalización de la nación china y hacer realidad la aspiración del pueblo a una vida mejor”.

He ahí el proyecto chino para la construcción del socialismo, que como se observa ha tenido continuidad en el tiempo, lo cual hace prever que China perseverará en la lucha por su consecución. Nuestro problema es entender esta tarea estratégica en términos de la temporalidad del mismo. Sus tiempos no son los nuestros, he ahí -desde mi perspectiva- la principal dificultad para comprenderlo. La finitud del tiempo occidental –hablando en términos filosóficos- no tiene correspondencia en China donde el carácter infinito del tiempo permite pensar en la realización de obras materiales y sociales en muy largos plazos. He ahí la explicación de la construcción de todos los tramos de la gran muralla china durante 22 siglos de labor continua.

Si la perspectiva socialista en China no fuera realidad, sería difícil comprender que Donald Trump dedicara parte de sus últimos dos discursos en las más recientes asambleas generales de la ONU a desprestigiar su ejecutoria. El 20 de septiembre de 2017 expuso que: “…el socialismo ha sido implementado fielmente. Desde la Unión Soviética hasta Cuba y Venezuela, donde quiera que se haya adoptado el verdadero socialismo o comunismo, se ha generado angustia, devastación y fracaso. Aquellos que predican los principios de estas ideologías desacreditadas solo contribuyen al sufrimiento continuo de las personas que viven bajo estos crueles sistemas”.

Y el 25 de septiembre de 2018: “Prácticamente en todas partes donde se ha intentado el socialismo o el comunismo, ha producido sufrimiento, corrupción y decadencia. La sed de poder del socialismo conduce a la expansión, la incursión y la opresión. Todas las naciones del mundo deberían resistir el socialismo y la miseria que trae a todos”.

¿Por qué preocuparse tanto por una ideología “desacreditada” y “fracasada”?. ¿Sigue creyendo usted amigo lector o lectora que la confrontación que desató Estados Unidos contra China es solo comercial? Saque sus propias conclusiones.

sergioro07@hotmail.com

domingo, 16 de junio de 2019

Vida, pasión y… pronta muerte del Grupo de Lima



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
En 1945, al finalizar la segunda guerra mundial, se constituyó un nuevo sistema internacional que daba cuenta aproximada de la correlación política de fuerzas en el planeta, pero que en gran medida respondió a la imposición de Estados Unidos, el gran vencedor en la conflagración, sobre todo porque su territorio no fue tocado por el conflicto y su aparato industrial estaba intacto. También concurrieron a la creación de esta situación la mínima cantidad de bajas que sufrió ese país en comparación con Europa y China y su participación de última hora (menos de un año) en la verdadera guerra que fue la que se desarrolló en Europa, a pesar que ha querido magnificar hasta hoy el carácter de las acciones bélicas contra Japón en el Pacífico y Asia.


Así, Estados Unidos modeló el mundo a su medida sin poder evitar que la Unión Soviética y China jugaran un papel protagónico, la primera por su gran potencial económico y su participación decisiva en la guerra, y China, que a pesar de haber quedado devastada tras 14 años de ocupación japonesa, hizo valer sus 540 millones de habitantes (más del 20% de la población mundial) para incorporarse a la nueva instancia de poder global: el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Estados Unidos añadió a sus dos aliados europeos: Gran Bretaña y Francia. De esa manera quedó configurado el verdadero poder mundial que vino a ser complementado en 1949 con la creación de la Organización del Atlántico Norte (OTAN), brazo militar de Estados Unidos en el mundo, en alianza con países militarmente subordinados

Pronto, tal estructura tuvo su correlato en América Latina, solo que en su área de influencia directa, Estados Unidos no tuvo cortapisas para diseñar un “traje a su medida”, que se hizo efectivo tras el surgimiento del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en 1947 y la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1948, lo cual concretó el ancestral sueño panamericano basado en la Doctrina Monroe.

Así como la Organización de Naciones Unidas (ONU) fue creada por 51 Estados, la OEA lo fue por 21, pero al ser expulsada Cuba en 1962 redujo su membrecía a 20 países. Los procesos de descolonización y desmembramiento produjeron una explosión de crecimiento que llevó a que hoy la ONU tenga 193 integrantes y la OEA, 34, tras la salida de Venezuela en abril pasado.

En el caso de la OEA, estos países a los que se agregó Canadá en 1989 acompañaron a Estados Unidos en casi todas sus acciones intervencionistas y violatorias del derecho internacional a lo largo de cinco décadas. México, tuvo la gloria de haber sido el único país en no haberse plegado a la decisión del organismo de romper relaciones con Cuba.

La OEA sirvió durante décadas para justificar, dar soporte, apoyar y coordinar acciones que sirvieron para que Estados Unidos cometiera todas sus satrapías en la región. Ningún país que tenga un gobierno decente puede dar argumento alguno que explique las razones de su permanencia en esa instancia del gobierno de Estados Unidos que tiene forma de organización internacional.

Sin embargo, el proceso de descolonización que vivió el planeta a partir de la década de los años 60 del siglo pasado también llegó al Caribe, países pequeños pero con una clase política que salvo contadas excepciones, posee una alta formación política, cultural y educativa, un fuerte orgullo nacional y una honra y dignidad a toda prueba, produjeron una transformación en la correlación de fuerzas regional en favor de la democracia, la solidaridad, la humanidad y el respeto al derecho internacional y a la buena convivencia entre naciones. Los países grandes de América del Sur se dieron cuenta que existían cuando fue necesario recurrir a ellos para conseguir votos que necesitaba alguno de sus personeros, a fin llegar a la máxima jerarquía dentro de la OEA o a otro cargo de elección en un organismo internacional.

Antes que la OEA, el TIAR feneció cuando quedó expuesta la falsedad de sus sustentos durante la guerra de las Malvinas en 1982 en la que a Estados Unidos convenientemente se le olvidó la Doctrina Monroe poniéndose del lado de la potencia extra continental agresora, solo que en este caso se trataba de su principal aliado, criterio suficiente para dar aval a la embestida británica.

Posteriormente, la OEA también comenzó a desmoronarse, los países del Caribe y otras naciones que en ese momento tenían gobiernos independientes en la región, presionaron hace exactamente diez años, en junio de 2009, hasta que la OEA tuvo que aceptar la reintegración de Cuba al organismo de donde -como se dijo antes- fue expulsada ignominiosamente en 1962. Pero la isla de Martí y de Fidel, poseedora de una política exterior independiente y soberana, no le interesó volver a formar parte de ese engendro imperial. Su cancillería comunicó que: “Cuba no ha pedido ni quiere regresar a la OEA, llena de una historia tenebrosa y entreguista, pero reconoce el valor político, el simbolismo y la rebeldía que entraña esta decisión impulsada por los gobiernos populares de América Latina”.
Estados Unidos se dio a la tarea de buscar un secretario general que viniera de las filas de quienes aparentemente no eran sus aliados para darle un barniz progresista a la institución. Lo encontró de la mano de la superficialidad y banalidad habitual de José Mujica quien propuso a su ministro de relaciones exteriores. Como es habitual, los renegados y traidores suelen actuar con más saña y alevosía que los abiertos enemigos. Parafraseando a Silvio Rodríguez, este tipo de alimañas necesitan “…buscarse un rinconcito en sus altares”, es decir, en los altares imperiales.
Almagro se plegó rápidamente al ideario de la administración Trump que se ha propuesto violentar el derecho intencional y la propia estructura del sistema global y americano. En su alienada ambición de destruir a Venezuela, Almagro, ni siquiera escatimó en atropellar la propia Carta de la organización que dirige en el objetivo de lograr una expulsión que justificara legalmente la invasión armada a la República Bolivariana. Después de intentarlo todo sin éxito, se vio obligado a aceptar que el objetivo no había podido ser cumplido y acató sin inconvenientes que Estados Unidos creara una nueva instancia que se encargara de hacer lo que la OEA no pudo. Así nació el Grupo de Lima bajo la idea de la inminente caída del gobierno de Venezuela.

Diecisiete países a través de diferentes modalidades se subordinaron a Estados Unidos después que éste les ofreció participar de la rapiña que sobrevendría a la caída del gobierno de Venezuela. Poco a poco algunos se fueron retirando al observar que la realidad marchaba en dirección contraria a lo que Estados Unidos les había prometido. Los caribeños que participaron de este inédito método de cartelizar la política, propia de organizaciones mafiosas y de delincuentes dieron progresiva marcha atrás.

Solo quedaron los 12 apóstoles que a diferencia de los que estaban con Cristo, se trataba de 12 Judas escuchando a su redentor que en este caso era el Dios del mal, de la muerte, del envilecimiento, de la agresión, del avasallamiento y del dolor para la mayoría de los pueblos de la humanidad.

Resulta interesante, observar que ha pasado con ellos. Entre los creadores del engendro estaban los mexicanos Enrique Peña Nieto y su canciller Luis Videgaray, de este nadie se acuerda, Peña Nieto solo sale en los medios por el rompimiento de su acuerdo matrimonial con Televisa, que lo obligó a casarse con una actriz de esa empresa a cambio de hacerlo presidente. Andrés Manuel López Obrador hizo retornar la política exterior de su país a su accionar jurídico tradicional de respeto al “derecho ajeno” para construir la paz, alejándose en los hechos del Grupo de Lima.

El anfitrión del evento en agosto de 2017, Pedro Pablo Kuczynski no pudo cumplir su cometido, ni siquiera a pesar que se inventará una Cumbre de las Américas contra la corrupción a fin de ocultar sus propias acciones delincuenciales que hoy, después de menos de dos años en el cargo, lo tiene preso preventivamente para investigar sus actos al margen de la ley.

Santos, el ex presidente colombiano, hoy está más preocupado de su enfrentamiento con su mentor Uribe que de otra cosa. De su canciller María Ángela Holguín, quien usó el cargo más para satisfacer anhelos personales que otra cosa, desapareció de la memoria de la mayoría. Tal vez sus “virtudes” no sirven al margen de la responsabilidad gubernamental.

A Bachelet, por servicios prestados, Estados Unidos le regaló un cargo en la ONU donde sigue sirviendo a su amo. Su canciller y principal activista del grupo de Lima, dirige un partiducho cuya ideología está basada en el oportunismo político para obtener cargos públicos. Tras intentar transformarse en adalid de la guerra contra Venezuela y del libre comercio por órdenes de sus mentores en Washington, pulula sin éxito por los pasillos que transita la putrefacta clase política de su país
.
Es cierto que Bachelet y Santos fueron sustituidos por satrapías similares en sus respectivos países, los nuevos cancilleres dan pena. El colombiano Carlos Holmes Trujillo, llegó al ridículo de pedir apoyo a Rusia, China y Cuba para derrocar a Maduro, lo cual, como ha reconocido públicamente el propio presidente Duque es una obsesión personal que lo persigue. Holmes Trujillo llegó hasta el extremo de viajar a Moscú para convencer a su colega Serguei Lavrov de la necesidad de cambiar al gobierno de Venezuela por vías distintas a las electorales. La respuesta negativa de Rusia fue contundente. El presidente Putin no perdió el tiempo y no recibió al uribista.

Por su parte, Roberto Ampuero, que tanto empeño puso en poner a Chile en la vanguardia de la conspiración anti venezolana fue amargamente expulsado del gabinete del presidente Piñera y de su puesto como canciller. Ampuero junto a otros cinco ministros ha tenido que cargar con la responsabilidad por la abrupta caída del apoyo popular a Piñera que en la última encuesta llega solo a 26%, 15 puntos menos que en la anterior medición. El presidente le atribuye a Ampuero el fracaso de la operación Cúcuta el 23 de febrero cuando le aseguró que tras la entrada de la ayuda humanitaria a Venezuela, las fuerzas armadas se iban a quebrar y se podría instalar a Guaidó en el gobierno del país.

Piñera se empeñó personalmente en tal despropósito y no ha podido superar el ridículo que le hizo pasar su canciller. La cara de circunstancia que mostró junto a Duque y Guaidó al día siguiente de la fallida invasión a Venezuela, fue clara expresión de su convicción de que Ampuero era un incapaz que debía ser removido, solo había que esperar el mejor momento para que pasara inadvertido. Y ese momento llegó esta semana. Ampuero se fue con más pena que gloria.
Mientras tanto, como dijo un importante dirigente de la oposición venezolana: “…si alguien llama por teléfono a Miraflores, el que contesta es Maduro”.

sergioro07@hotmail.com

miércoles, 22 de mayo de 2019

AMLO y el sistema político de México



 Por: Jorge Antonio Hernández:

A vista de pájaro pereciera verse que las propuestas del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, van viento en popa, cumpliendo con todos los compromisos que ofreció en la campaña electoral. En efecto, ya gran parte de los abuelos están recibiendo su pensión y la misma se ha hecho universal, lo que significa que todos los mexicanos la tendrán independientemente de si en su vida han tenido la suerte de tener un trabajo o, en su defecto, se han ganado la vida chiripiando, con cualquier tipo de negocito o simplemente, como el caso de las mujeres, trabajando en sus casas. Todos, merecen una pensión, ya que lo que hacen es trabajo digno.



Lo mismo podría explayarme hablando de las bondades de otros programas de corte social, como los de los apoyos a los campesinos; a las micro empresas; los integrales de bienestar; los de créditos ganaderos a la palabra; tandas para el bienestar; programas sembrando vida; la construcción de plantas de generar electricidad; tren Maya; el internet para todo México y un largo etcétera. Todos ellos van a tocar las fibras más sensibles y que impactan en la población que por décadas ha sido relejada en ese país, principalmente durante los gobiernos neoliberales a ser simples espectadores de como unos cuantos se enriquecen a costa del trabajo de los de a pie.

Abordar el México actual en lo social, lo económico, lo político, lo cultural, inversiones como las del aeropuerto y otros ámbitos, requiere de la fortaleza y entereza de un titán, con respaldo arraigado en lo más profundo de ese país y esas cualidades le sobran a López Obrador. Tiene la convicción, los conceptos y detrás de él todo un pueblo que lo respalda, por lo tanto, debemos suponer que realizará en el sexenio que le toca gobernar, las obras y los cambios que demanda la 4T, para encarrilar a México por senderos de paz, seguridad, confiabilidad, justicia social, escolaridad total, etc.

Ahora bien, para tener certeza de que esos programas se van a cumplir tenemos que plantearnos este esquema de razonamiento y es que los mismos se asume que se harán efectivo dentro del Estado capitalista que hay actualmente en México. Para analizar el tema vamos a hacer un repaso por nuestra América para constatar qué ha sucedido con aquellos gobiernos que intentaron algo parecido:

Abordemos primero el caso de Argentina. Después de la dictadura de Videla (de 1976 a 1981), gobernaron a ese país gobiernos neoliberales, como el de Raúl Alfonsín; Carlos Menen; Fernando de la Rúa y otros que siguieron hundiendo más la vida de las grandes mayorías argentinas y es en ese contexto que llegan a la presidencia de la República Argentina los gobiernos encabezados, el primero por Néstor Kirchner y a la muerte de éste, los de su esposa, Cristina Fernández.

Los Kirchner hicieron algo que se asemeja a lo que AMLO ahora hace en México, llevaron bienestar social, sacaron a millones de personas de la pobrera, privilegiaron la educación, la salud, la alimentación y al final la mal llamada clase media terminó votando por un neoliberal que raya en el fascismo. ¿Por qué sucedió esto? Por una razón sencilla: como se ha creado esa mal llamada clase media, ésta busca imitar a la burguesía en todos sus ámbitos y resulta que ya los gobiernos incluyentes de los Kirchner, se convirtieron en un estorbo para esos fines, los de ser burgueses y, en consecuencia, terminaron siendo la diferencia en votos para que se instaura el macrismo.

La verdad que hoy es otra la realidad que se cuenta en la patria de José de San Martín y Domingo Faustino Sarmiento, pues ha sucedido lo contrario a las ilusiones de esa mal llamada pequeña burguesía y es que han vuelto a empobrecerse producto de las políticas que aplican los gobiernos neoliberales del FMI y de las demás instituciones crediticias de los grandes capitales.

En este hilo incluimos a Brasil donde los gobiernos incluyentes de Lula Da Silva y Dilma Russel, fueron sustituidos por un gobierno neoliberal en elecciones celebradas el 1 de enero de 2019, cuyo nombre es Jair Bolsonaro; lo mismo pasó con Ecuador que después de elegir a Rafael Correa en la presidencia, éste, en su último período escogió a un candidato oscuro, llamado Lenin Moreno Garcés, quien una vez obtuvo el triunfo, viró la economía de ese país, a una economía neoliberal; en términos de menos impacto fue el caso de Fernando Lugo en Paraguay, a quien le dieron un golpe “constitucional” y lo destituyeron, lo mismo que el gobierno de Manuel Zelaya en Honduras, defenestrado por un golpe militar por el solo hecho de proponer hacer una consulta al pueblo hondureño y, el caso de Don Pepe Mujica, en Uruguay, que no encaja exactamente en los ya tratado, pero que siendo un gobierno de inclusión, Paraguay, luego de su mandato siguió la senda del neoliberalismo.

Por qué ha sucedido todos estos casos expuestos, por la sencilla razón de que no aglutinaron a sus pueblos en torno a una ideología distinta a la del capitalismo, vale decir la de la burguesía y dejaron a sus miembros sin preparar, sin concientizar para que defendieran sus intereses antes los embates que debían venir de esa burguesía apátrida, atacando sin piedad las conquistas obtenidas bajo los gobiernos patriotas. Fueron tímidos en atacar las causas por la que existe tanta miseria en el capitalismo que no son más que las que los tratadistas del tema llaman LAS SUPER ESTRUCTURAS, o lo que es lo mismo, las bases en que se sustenta el sistema capitalista y por tanto burgués. Al no hacerlo dejaron las condiciones objetivas y subjetivas intactas para que la clase dominante se recompusiera y les arrebataran el poder, tal como ha sucedido en los pueblos hermanos mencionado.

Cuando escribo estas reflexiones no me queda más que pensar en lo que Andrés Manuel López Obrador, está haciendo con la instauración en México de la 4ta transformación, después de haber ganado a los neoliberales, con unos 36 años destruyendo a México, unas elecciones con más de 30 millones de votos, dándole una tremenda pela de falda alzada (como decimos en mi país).

Qué temo, que por no incluir en sus decisiones transformar también a México en lo ideológico, a través del partido MORENA, dejando a éste a su libre albedrío, sucedan los acontecimientos que acabo de narrar en esos distintos países que he referenciado y la burguesía, con los medios hegemónicos del poder, en la comunicación, en lo económico y su dependencia del imperio, vuelva a asaltar al país de los charros y luego las lamentaciones sean peores, debido a que AMLO no aspirará a un segundo periodo presidencial.

No soy un agorero, un pitoniso, ni mucho menos adivino el futuro, pero la historia dice algo que es aterrador y es que esa clase dominante una vez se aglutine y actúe en defensa de sus intereses, posiblemente, si no se prepara al pueblo y se fortalece el papel que debe jugar MORENA en la arena política, las consecuencias futuras serán muy lamentables para el pueblo mexicano y la portentosa obra de López Obrador, quedará truncada para una próxima oportunidad. Espero que nada de lo que explico aquí ocurra y México a partir del 1 de diciembre del 2018, se eleve y trascienda, como lo está haciendo volviendo polvo cósmico a todos los partidos neoliberales que tantos daños le han hecho al México lindo y bonito que todos conocemos.

jorgehernandez4508@gmail.com

domingo, 19 de mayo de 2019

Imperialismo


Por Jorge Aniceto Molinari:

El mundo cambió, el avance tecnológico parece transformarlo todo, sin embargo, hay compañeros y organizaciones políticas a las que pertenecen esos compañeros que cuando tienen que definir una situación cualquiera, comienzan definiendo a un enemigo: el imperialismo y quién no lo haga corre el riesgo de considerársele, que pasa a revistar filas en ese enemigo.

No se puede negar las relaciones asimétricas que existe entre las naciones y tampoco que mucho del desarrollo industrial de alguna de ellas tiene mucho que ver con su accionar fuera de fronteras, y con recursos naturales de ese origen, eso no tiene otra definición que la de imperialismo, pero lo que cambió es el gobierno del mundo. Lo cual entorpece la búsqueda del enemigo sino comprendemos el cambio y seguimos aplicando anteriores esquemas.


Ejemplos como el del imperialismo inglés y toda su red de influencia, económica, cultural, etc. etc., es innegable.

Ahora la vida es un poco más compleja, y así como es por lo menos irracional no comprobar la intervención criminal de los servicios de EE.UU. en Venezuela, también lo es resumir la realidad en solo la denuncia del hecho y no ver lo que objetivamente está pasando y las dificultades de esa sociedad no solo para repeler la injerencia yanqui sino para organizarse socialmente.
Es cierto Cuba pudo hacerlo y con mil sacrificios, que aún perduran, hoy es vanguardia en el mundo en muchos aspectos de la vida humana, pero existía la Unión Soviética y el capitalismo de Estado aún no conocía el derrumbe que luego sobrevendría.

Existía todo un desarrollo que explicaba a contrapelo de lo que su momento habían analizado Marx, Engels, Lenin, los más destacados, y que hablaban de esa experiencia como la del socialismo realmente existente. Si existían análisis profundamente críticos que advertían que eso no era socialismo sino una construcción que pretendía ser alternativa y competir con el capitalismo “realmente” existente.

Ahora pretender ignorar lo que ello significaba y que muchos avances sociales se dieron en el marco de esa confrontación, no es correcto. Es ignorar las alternativas de la propia lucha de clases que no se desplazan en línea recta sino sinuosa.

Otra cosa hubiera sido teorizar que ese sistema estatista podía superar al propio sistema capitalista expandido a todo el planeta, con esta realidad actual de EE.UU. y China.
Lo nuevo que hay que comprender y es una lección para los venezolanos, es que los cambios en el mundo son de tal magnitud que hoy el centro del capitalismo mundial está pasando a ser China gobernada por un Partido Comunista, liderando además el libre comercio en el mundo, mientras EE.UU. amuralla su economía.

Sin embargo, el cambio no es fácilmente asimilable. ¿Cuántos partidos Comunistas en el mundo, y cuantos partidos que se reclaman de izquierda, siguen elaborando propuestas donde el centro es el aparato productivo estatizado o la idea de líneas de producción propios o de agregados de valor libremente determinados? Y que cuando tienen dificultades sin resolver acuden a la imagen de que el obstáculo viene por el lado de la existencia del Imperialismo. Pero una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. La diferencia en el potencial económico de los países existe, no se puede ignorar. EE.UU. hoy puede amurallar su economía y crecer un 3,5% en su PBI, incluso Trump puede pensar en su reelección. Y a la vez dar alce a la industria de guerra, para el respiro de esa economía, comandando agresiones de todo tipo en el mundo. Pero no lo puede hacer Uruguay, no lo puede hacer Venezuela, pero tampoco España, y ni siquiera ya Inglaterra.

Tampoco lo puede hacer Argentina, aunque la Dra. Cristina Fernández hable en la presentación de su libro de que el gobierno argentino debería tomar como ejemplo la política proteccionista de EE.UU.
Trump puede pensar hoy lo importante que es que a los demás países no se les ocurra utilizar al dólar como su moneda porque ello haría imposible a EE.UU. cerrar sus fronteras. Y hoy especula con una producción propia sin la competencia del mercado mundial, pero cuánto puede durar esto.

Este es además un debate a dar fundamental, el de la moneda, -es una materia pendiente en los cursos de economía- pues incluso se habla de la vuelta al patrón oro, como si fuera posible retrotraerse en el tiempo y volver a convertir el oro en una mercancía privilegiada para el intercambio de las otras mercancías. Es claro que lo que en última instancia marca el valor monetario es el valor real de la producción que es el que pueden determinar los que están en el centro de su realización y que hoy especulan con los paraísos fiscales y la acumulación trágica de millones y millones de valores en distintas monedas, aún las digitales, que no pueden ser aplicadas con rendimiento y rentabilidad en la organización de la producción actual. ¿Es que alguien ha podido descubrir otro árbitro para determinar los valores de la moneda?

Hemos oído hablar en distintas ocasiones en que se reivindica la producción en un determinado país del valor de una matriz productiva nacional, de agregar valor a las distintas líneas de la producción. Todo ello es loable pero debe tener en cuenta el desarrollo productivo a nivel mundial que barre con todas las barreras nacionales que lo puedan obstaculizar.

Una realidad económica a observar para comprobar esto que estamos exponiendo es la actual de EE.UU. y las presiones que comienzan a señalarse en el plano interno.
El problema es que no barra con las necesidades de la gente y precisamente para eso que debemos darnos un programa que transforme esta realidad donde las inversiones productivas son tales solo sin son rentables y redituables dentro de la predominancia del marco capitalista.

A eso es que debe apuntar el programa que reivindique medir los hechos económicos de igual manera en todo el planeta: una sola medida monetaria universal. Que los recursos que la sociedad en su conjunto necesita para la salud, la enseñanza, la vivienda, también para organizar el trabajo –nadie debería no aportar su esfuerzo a las necesidades propias y de la sociedad- deben provenir de un sistema impositivo basado en la circulación del dinero dando muerte a los paraísos fiscales, y a los impuestos al consumo, al trabajo y a las jubilaciones y pensiones. Ninguna operación con dinero puede ser legal sin estar debidamente registrada donde la sociedad lo determine.

Establecer entonces los organismos universales que puedan planificar en el marco de la mayor expresión democrática los planes para que todo el mundo tenga trabajo y aporte su esfuerzo a la sociedad en el marco de planes de construcción de ciudades autosustentables y extendidas en jardines terrenales. ¿Es solo un sueño? No, hoy ya es posible, hay que construir la voluntad política para hacerlo.

O es que hoy por ejemplo se deja contaminar a la naturaleza porque es un problema de dejadez de los seres humanos: ¡¡¡no!!!, se deja contaminar porque las inversiones en ese plano no le son rentables al capitalismo. No es un problema del ser humano en sí, es un problema por la existencia de la predominancia de un modo de producción que necesita morir en paz e iniciar el tránsito a uno superior.

sipagola@adinet.com.uy