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viernes, 14 de agosto de 2020

El detalle que faltaba



Por Carolina Vásquez Araya:

Acabar con todo resto de institucionalidad, el objetivo final de las mafias.

El tema de la cooptación de las Cortes del sistema de justicia en Guatemala no es objeto de gran atención por parte de la ciudadanía de ese país. De hecho, en estos meses, cuando la población se encuentra sumergida en el mundo surrealista de una amenaza viral de dimensiones planetarias con la perspectiva de perder el empleo, ver reducidos sus ingresos y temerosa del contagio, pocos son los temas que alcanzan a penetrar en su pensamiento y adquirir cierta preponderancia.



Por ello, lo que se negocia actualmente en el Congreso de Guatemala con relación a la elección de las Cortes y los intentos de cooptar, neutralizar y finalmente eliminar a la Corte de Constitucionalidad -cuyo desempeño aún se mantiene dentro de los parámetros del orden legal- son hechos que fácilmente escapan a la atención de la ciudadanía, lo cual aun siendo comprensible es altamente peligroso.

Guatemala ha sufrido una violencia extrema –física y psicológica- de larga duración; el conflicto armado marcó con sello indeleble a más de una generación y creó una atmósfera espesa de miedo y desconfianza cuya presencia incide, aún después de tantos años de intentos de democracia, en la actitud apática y poco proclive a la participación política dentro de la sociedad civil. Los abusos de poder y los vínculos entre los cárteles del narcotráfico y las esferas empresariales, políticas y castrenses, han dado como resultado la consolidación de las mafias en las instituciones del Estado, con especial énfasis en el aparato de justicia, del cual dependen las garantías de impunidad para quienes cometen toda clase de delitos bajo la salvaguarda del poder.

Una de las razones por las cuales existe esa apatía en relación con el desempeño de las instituciones del Estado es, precisamente, el absurdamente elevado índice de impunidad en el sistema de administración de justicia, en donde quienes se animan a denunciar delitos en su contra suelen ser objeto de represalias y de pérdidas económicas producto de un desempeño pobre del aparato de justicia. Este ha sido históricamente marcado por el soborno, las presiones desde centros de poder y de las mafias en la elección de jueces y magistrados. Ante este escenario, la población está indefensa y sobre todo impotente frente a un aparato poderoso cuyos entresijos le resultan incomprensibles. Una de las causas de esta falta de comprensión respecto de uno de los pilares del sistema democrático ha sido el bloqueo sistemático de los grupos de poder hacia la educación de calidad –una de las herramientas fundamentales para el empoderamiento ciudadano- y las restricciones al derecho de acceso a la información.

Estas limitaciones a la formación ciudadana y a la información han sido cruciales para mantener a la población ajena a las maniobras de sus legisladores quienes, además, han sido electos de acuerdo con una ley diseñada ad hoc para impedir la participación plena de la ciudadanía y, por lo tanto, aun cuando su presencia en la asamblea sea legal, en el fondo es ilegítima.

Todo esto se traduce en una dinámica de círculos concéntricos por medio de la cual los grupos cuyos nexos y acuerdos han logrado capturar todos los hilos del poder, pretenden consolidar el secuestro total de las más importantes instituciones del Estado y así neutralizar, de modo definitivo, todo intento de reforzar la incipiente democracia actual. Por si faltaba algún detalle en este cuadro escabroso sobre la elección de las Cortes, es importante añadir que algunos de los personajes más influyentes en ese proceso se encuentran actualmente guardando prisión preventiva por gravísimos actos de corrupción.

La cooptación del sistema de justicia es el primer paso hacia la dictadura.

elquintopatio@gmail.com


viernes, 8 de mayo de 2020

Pompeo lo dice, pero Trump lo niega



 Por Oscar Bravo:
Las derrotas son huérfanas y a los triunfos le sobran los padres…
Alrededor de la aventura política, intentada los días 3 y 4 de mayo, por un pequeño grupo de fanáticos ultra derechistas y furibundos anticomunistas, que ingresan a Venezuela desde “la hermana” República de Colombia, para crear el caos y un conflicto armado, que les permitiese obtener el poder a punta de “sangre y plomo” …conformado por ex militares venezolanos, paramilitares colombianos y mercenarios estadounidenses, quienes entran por vía marítima, a las playas guaireñas

Pero algo les pasó, que no se vio por ningún lado, los posibles apoyos y aparente respaldo, como igualmente les ocurrió el 30 de abril de 2019, con un minúsculo grupito que son los que ponen los presos y los muertos…y el pueblo aparece en todo esto como un “espectador pasivo”, que mira con desprecio a estas intentonas armadas, por las terribles consecuencias negativas para la paz nacional…

Ahora ocurren unos contradictorios eventos, que son importantísimos destacar, cuando la semana pasada “el humilde y bien ponderado”,  secretario de estado del gobierno estadounidense, Mike Pompeo, declaró a los medios de comunicación, que en los próximos días habrían noticias sobre Venezuela y Maduro, y que en la Embajada que tienen en Caracas, iban a izar la bandera norteamericana, y esas palabras para “un buen entendedor”, significaban la llegada al país de una intervención militar, respaldada directa o indirectamente, por un poderoso imperio, que no se ha cansado de amenazar a un país pequeño…pero ¿que pasó el lunes 3 de mayo?...le preguntan al Presidente Donald Trump, si reconoce la presencia de su gobierno en el intento de golpe de Estado en Venezuela, y lo negó todo!...

La explicación es muy simple, sobre el supuesto desconocimiento presidencial, sobre estos actos terroristas, para asaltar el poder por vías violentas e ilegales, y es que no van a reconocer la derrota política de un personaje que repite y repite, que no descarta ninguna opción y que tiene todas las cartas  sobre la mesa…pero ¿que hubiese dicho Trump, si triunfaban militarmente?...que el pueblo venezolano debería darle las gracias por su decidido y espontáneo apoyo, para liberarnos de la oprobiosa dictadura madurista
Politólogo.
bravisimo929@gmail.com

viernes, 31 de agosto de 2018

Que significa el Plan Colombia para América Latina

Por Germán Saltrón Negretti:
Es un acuerdo entre Colombia y  los EE.UU. Se concibió en 1999, durante la presidencia de Andrés Pastrana y Bill Clinton con el “objetivos de terminar el conflicto armado en Colombia y combatir el narcotráfico”. EE.UU tienen 7 bases militares en Colombia. La de Malambo, Atlántico; Palanquero,   Magdalena Medio; Apiay, en el Meta; las bases navales de Cartagena y el Pacífico; y ahora, el centro de entrenamiento de Tolemaida y la de Larandia, en el Caquetá. Esto provocó la protesta venezolana, por considerar una amenaza. 

El gobierno argentino ha permitido también instalación de bases militares de EE.UU para apoyar "tareas científicas". Se trata de dos proyectos: uno en la provincia de Tierra del Fuego y otro en la llamada "triple frontera" entre Argentina, Paraguay y Brasil. Las excusas de EE.UU para desplegar más de un centenar de bases militares en Latinoamérica, que van desde Guatemala y el Caribe hasta la Patagonia, son siempre altruistas. "ayuda humanitaria, apoyo ante catástrofes, combate al narcotráfico y la investigación científica".

Pero todas estas bases encubiertas siempre las instalan casualmente, en zonas donde hay recursos naturales estratégicos: agua, tierra fértil para producción de alimentos, minerales, hidrocarburos y biodiversidad. “Buscan apoderarse de todos los recursos de nuestra América" ha instalado en Centroamérica y el Caribe, sumadas a las que tienen en Colombia, Perú, Chile, Paraguay, junto a la base militar de la OTAN en Malvinas cierran el cerco sobre todos nuestros recursos naturales y reafirman su presencia en la Antártida”. Cabe destacar que más allá del Canal de Panamá, existe solo otro paso entre el océano Atlántico y el Pacífico que es el llamado Estrecho de Magallanes ubicado, justamente, en Tierra del Fuego. Además es el territorio continental más cercano a la Antártida, que aún hoy está en disputa.

"La Antártida es la mayor reserva de agua dulce congelada en el mundo. En ese sector se disputan la soberanía Argentina, Chile y Gran Bretaña".  Además, en Antártica se encuentran "los mayores yacimientos de hidrocarburos y hay minerales altamente estratégicos que son indispensables para la industria militar y  aeroespacial".  Allí se ubica parte del Acuífero Guaraní, "el mayor manantial subterráneo de agua dulce del mundo, con un total de 1.200.000 km²". 

Para complemento la selva  Amazónica  el pulmón vegetal del planeta.  Conclusión, el objetivo de EE.UU "es recuperar y aumentar la presencia militar en América del Sur es apoderarse de todos los recursos naturales. Además "el petróleo va a desaparecer y la humanidad va seguir su curso. Pero si no hay agua se acaba la especie humana.  Ese mismo objetivo los EE.UU lo busca en todo el planeta, por eso tiene miles de bases militares alrededor del planeta tierra.

El analista subrayó que las estimaciones "van del 42% al 45% según como se midan los acuíferos subterráneos. Con el 7% de población mundial se tiene casi el 50% del agua dulce del mundo y ellos tienen un problema grave de desertificación".  Estas son las razones importantes, por la cuales los Estados Unidos tiene más de mil bases militares diseminadas en todo el mundo para dominar todo el planeta tierra.
 www.todosobrederechoshumanosblogspot.com

germansaltronpersonal@gmail.com    

sábado, 25 de agosto de 2018

USNS Comfort, instrumento de guerra de la armada de Estados Unidos.


Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
La guerra es un fenómeno sumamente complejo en el que en sus aspectos estratégicos, tiene estrecha vinculación con la política y la economía, es a partir de estas que se puede explicar el origen, desarrollo y las consecuencias que se derivan de los resultados obtenidos. Pero, las complicaciones que la misma entraña, también vienen dadas por sus aspectos operativos y tácticos, que se revelan en el mismo proceso del combate, o dicho de otra manera en la manifestación bélica del conflicto armado.

Se suele suponer que las tropas que participan directamente en las hostilidades, juegan el papel principal en el desarrollo de las mismas, y tal vez esa aseveración sea indiscutible, pero no es menos cierto que sin los aseguramientos que permiten la realización exitosa de los combates, la victoria difícilmente será conseguida.

Existen aseguramientos de dos tipos: por una parte los de carácter combativo, que van a facilitar la toma de la decisión del jefe y la ejecución del mando durante las operaciones, aunque son varios, los más importantes son la información y la inteligencia además de las comunicaciones y la ingeniería. En el otro plano, a veces muy subestimadas, porque en muchas ocasiones se realizan alejadas del borde delantero del combate, se encuentran los aseguramientos logísticos: médicos, víveres, vestuarios, combustibles, armamento y otros, sin los cuales tampoco se podría garantizar el éxito en la batalla.

Toda esta reflexión, surge después de conocer la noticia de que el barco hospital de la armada de Estados Unidos USNS Comfort se va a trasladar a Colombia a fines de desarrollar “labores humanitarias” a favor de los emigrantes venezolanos. Hay que ser demasiado inocente o demasiado imbécil para creer eso. Visto lo anterior expresado, el Comfort como cualquier barco de la armada de Estados Unidos, cumple misiones en la lógica bélica de garantizar los aseguramientos médicos para las operaciones ofensivas de la Armada de Estados Unidos, cuya función -según sus reglamentos- es: “Mantener, entrenar y equipar para el combate a las fuerzas navales, capaces de conseguir la victoria de la guerra, disuadir agresiones y mantener la libertad en los mares”. Podríamos aceptar las dos primeras, pero la última es una auto atribución que Estados Unidos se ha dado y que debe entenderse como la posibilidad de intervenir militarmente en cualquier rincón del planeta donde el gobierno de Estados Unidos por decisión propia, decida que debe hacerlo.

Se habla de “operaciones ofensivas” porque la última vez que la armada de Estados Unidos realizó operaciones defensivas fue en diciembre de 1941, en Pearl Harbor, de manera bastante desastrosa, toda vez que su flota del pacífico fue neutralizada tras el ataque japonés sin poder dar respuesta, salvo en las películas de Hollywood.

Así, el Comfort es un instrumento de agresión de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, toda vez que su subordinación al Pentágono, -no a la Secretaría de Transporte ni a la de Salud de ese país- ubica su misión en términos militares, siendo su objetivo dar soporte a las acciones bélicas que ese país en su carácter imperialista desata en múltiples latitudes y longitudes del planeta de forma permanente y como parte de su política exterior. En este contexto, es evidente que la decisión tomada por el secretario de Guerra de Estados Unidos James Mattis, acatada con la sumisión tradicional de los gobiernos colombianos, no puede entenderse sino como otro eslabón en la preparación de acciones militares ofensivas contra Venezuela.

En el contexto actual, en que el ex presidente Uribe -quien siente una repulsión enfermiza hacia Venezuela-  ha regresado a la supremacía del Estado en Colombia, colocando a su pupilo Duque en el palacio de Nariño, pero controlando a distancia los hilos del poder, existen sobradas razones para temer cualquier acción desde territorio colombiano.

Es sabido que la visita de este barco a otros lugares, aparte de la atención médica que además podría ser provista por cualquier organización civil, hace manifiesto el acoso a la población civil, el incremento de la prostitución y una ostensible presencia de los marinos en los bares de los puertos que visitan, como se atestiguó en Puerto Rico donde el citado barco hizo presencia en octubre del año pasado.

En el trasfondo, estas operaciones se insertan en la necesidad del entrenamiento regular que deben realizar las fuerzas armadas de cualquier país para la realización de la guerra, los aseguramientos y los servicios médicos como parte de ellos, no están ajenos a este proceso de preparación combativa.
Ya en diciembre de 1999, tras el desastre natural producido por las enormes inundaciones que se suscitaron en el estado Vargas, las fuerzas armadas de Estados Unidos ofrecieron su “generosa” ayuda a Venezuela. El presidente Chávez no titubeó en rechazar tal propuesta. En ese caso no ocurría la “crisis de refugiados más grande la historia”, sino “el desastre natural más grande de la historia”, así mismo fue la “intervención cubana más grande de la historia” en Granada en 1983 y la búsqueda del “mayor narcotraficante de la historia” en Panamá en 1989. Como buitres necesitados de carne muerte para saciar su apetito intervencionista, Estados Unidos siempre anda indagando formas que justifiquen su despreciable presencia, el resultado siempre es el mismo: muerte y destrucción.

En 1999, se demostró que las Fuerzas Armadas de Venezuela, el pueblo y el gobierno bastaron para derramar apoyo y solidaridad a fin de salir de la terrible situación por la que pasó el país, sin necesidad de la intervención militar “humanitaria” de las fuerzas armadas imperiales.

Si Estados Unidos tuviera el más mínimo sentimiento humanitario no habría intervenido militarmente al menos 48 veces en América Latina y el Caribe en los dos últimos siglos; ni hubiera apoyado a Stroessner, Pinochet, Videla, Banzer, Trujillo, Batista, Somoza y cuánto sátrapa se haya encumbrado en el poder en los países de nuestra región; no le hubiera robado a México un tercio de territorio; tampoco hubiera financiado al mercenario William Walker para intentar apoderarse de Centroamérica; no se hubiera apoderado de Puerto Rico ni de Guantánamo en Cuba, ni le hubiera impuesto la Enmienda Platt a este país; tampoco hubiera estimulado la segregación de Panamá de Colombia para apoderarse por casi un siglo de un territorio de ese hermano país reprimiendo a sangre y fuego a los valientes panameños que se opusieron a ello; no hubiera intervenido militarmente en República Dominicana en 1904, 1916 y 1965, en Cuba en 1906, en Panamá en 1908, 1918, 1925 y 1989, en Nicaragua en 1910, 1912 y 1927, en México en 1911 y 1914, en Haití en 1915, en Honduras  en 1924, en Guatemala, en 1954 y 1966 ni en Granada en 1983 provocando miles de muertos, no precisamente de forma humanitaria en esos países; no hubiera financiado los escuadrones de la muerte que asesinaron a Monseñor Romero, a los seis sacerdotes jesuitas en la Universidad Centroamericana y a las cuatro monjas maryknoll en El Salvador en 1980, por un partido político al que siguen apoyando hasta hoy; no hubieran apoyado militar, logística y financieramente la guerra de los contras en Nicaragua ni hubiera minado los puertos de ese país a partir de 1981; no hubiera ordenado el asesinato del general Torrijos en Panamá en 1981; tampoco hubiera lanzado el Plan Colombia para asegurar los envíos de cocaína a Estados Unidos mediante vías controladas por la DEA, a fin de hacerse de los multimillonarios ingreso que produce la droga en ese país y que van a parar a su sistema financiero y que sirve como base importante del funcionamiento de su economía, sin importarle para nada la vida y el futuro de los jóvenes de su propio país; no hubieran organizado los golpes de Estado contra Chávez en 2002 y Correa en 2010 ni la secesión de Bolivia en 2008; tampoco hubieran secuestrado al presidente Jean Bertrand Aristide en Haití en 2004, para posteriormente invadir ese país y permitir que Bill Clinton y su esposa hicieran multimillonarios negocios a costa del sufrimiento de ese pueblo; no hubieran apoyado los golpes de Estado en Honduras, 2009, Paraguay, 2012 y Brasil, 2016; ni los descarados fraudes electorales en Honduras 2017 y Paraguay, 2018. No parece, en definitiva, que estados Unidos tenga un expediente humanitario que mostrar, sin hablar de los desmanes que ha cometido a través de la historia por todo el mundo, incluyendo las “humanitarias” bombas atómicas que lanzó en Hiroshima y Nagasaki contra la inerme población civil de esas ciudades.

Muchas de estas acciones fueron realizadas por la marina de Estados Unidos y han contado con apoyo logístico de barcos como el Comfort u otros similares, varias de ellas se han disfrazado de operaciones humanitarias, no hay que ser demasiado inteligente para entender que esta orden emanada de forma directa del ministro de la guerra de Trump y emitida desde Colombia se inscribe en los preparativos de invasión a Venezuela para lo cual han visitado la región -solo durante este año- el vicepresidente Mike Pence dos veces, el ex secretario de Estado Rex Tillerson, le embajadora ante la ONU, Nikki Haley, el actual secretario de Estado Mike Pompeo y el jefe del Comando Sur almirante Kurt Tidd, además del ministro de guerra James Mattis. Entonces, resulta válido o no preguntarse, ¿Cuándo antes en la historia había ocurrido este despliegue?  y ¿Para qué lo realizan? Todos, absolutamente todos, han manifestado en las declaraciones públicas que sus viajes persiguen el derrocamiento del presidente de Venezuela, por tanto, no hay nada oculto.

El despliegue del USNS Comfort en las costas cercanas a Venezuela solo se puede interpretar como una medida logística que se inscribe en los preparativos de invasión a Venezuela de un ejército paramilitar colombiano con el apoyo de su gobierno. Al pueblo venezolano, le queda estar preparado y movilizado y organizarse para que si Estados Unidos, utilizando a Colombia desata tan insensata medida, repeler la agresión y hacer morder el polvo de la derrota a los invasores. Recordar que Sun Tzu, el filósofo y teórico chino de la guerra decía que “En el ámbito castrense existe la premisa de no suponer que el adversario no atacará, sino contar con la propia presteza en presentar batalla; de no confiar en que no atacará, sino hacerse uno mismo inderrotable”
sergioro07@gmail.com

jueves, 22 de febrero de 2018

Colombia: A diez años de la masacre de Sucumbió, Ecuador y el conflicto con Venezuela.


Por Tony  López  R. :

El próximo  1 de marzo se cumplirán 10 años de la masacre de Sucumbió en Ecuador, cuando aviones de la  Fuerza Aérea de Estados Unidos al servicio de la CIA, y fuerzas combinadas del ejército y la policía colombiana, dejaron caer a las 12.20 de la madrugada de ese día,  su mortífera carga de horror y muerte sobre el campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, (FARC),  donde pernoctaban unos 40 guerrilleros y varios extranjeros entre ellos tres ciudadanos mexicanos, un australiano, un ecuatoriano y dos italianos, que se encontraban de visita y cuyo objetivo sostener un encuentro con el comandante Raúl Reyes,  miembro del Secretariado de dicha organización guerrillera a cargo de las Relaciones Internacionales, y recibir una propuesta de Paz   que las FARC proponía y  que la  llevarían a un Foro Internacional de la Coordinadora Bolivariana de los Pueblos que se desarrollaba en Quito,  Ecuador,  en esa semana y hacerla llegar al gobierno de Colombia.


El campamento, situado a más de dos kilómetros en profundidad del territorio ecuatoriano, era conocido como el Salón de Protocolo de  las FARC, cuyo objetivo era sostener  encuentros con delegados de fuerzas políticas latinoamericanas y europeas con las cuales las FARC  mantenía relaciones políticas y escogido ese lugar, con el propósito de no someterlos al peligro,  de penetrar en territorio colombiano.

Los resultados arrojaron la muerte de 25 personas entre ellos, 2 mexicanos y un ecuatoriano, masacrados por los misiles que impactaron directamente en dicho campamento y luego de la macabra obra la continuó desarrollando con el desembarco en territorio ecuatoriano de  fuerzas combinadas del ejército y policía, pues algunos heridos como el caso de Raúl Reyes, fue capturado vivo y luego rematado, prueba de ese crimen lo tienen los dirigentes de las FARC y testigo las  guerrilleras y visitantes  que sobrevivieron a la masacre.

La grave violación del derecho internacional, el ataque alevoso, con nocturnidad e indefensión de las víctimas,  lo tipifica como un delito de crimen de guerra  y  de lesa humanidad,  así como la violación de la frontera y bombardeo en territorio de un país limítrofe, sin la debida coordinación e información al país agredido, se agrava como es conocido públicamente con él engaño del presidente Álvaro Uribe Vélez,  al Jefe  de Estado Rafael Correa, este hecho  provocó una grave y tensa situación entre ambas naciones y la ruptura diplomática con Colombia  de Ecuador, Venezuela y Nicaragua.

Los gobiernos de  Estados Unidos y Colombia, al violar la Carta de las Naciones Unidas, y los tratados internacionales sobre hechos de guerra, deben rendir cuenta por este horroroso y vandálico episodio, que aún mantiene   heridas abiertas,  sin que la Justicia Internacional y sobre todo la ecuatoriana, exija juzgamiento, reparación a las víctimas y perdón de los culpables por la humillación a que fue sometido el estado y pueblo ecuatoriano.

Mirado en este espejo y con gran preocupación observamos cómo el gobierno de Estado Unidos, con el apoyo del llamado Grupo de Lima, y el empleado del Departamento de Estado, a cargo de la OEA  Luis Almagro, han preparado la nueva aventura guerrerista y en ejecución del plan intervencionista en la República Bolivariana de Venezuela, a cuyo servicio utiliza el arsenal mediático de Estado Unidos y América Latina y en Europa  especialmente   el diario El País de España, el que publica en el día de hoy 19 de febrero,  una noticia, que nos motivó a recordar en los párrafo arriba mencionado  la masacre de Sucumbió.

En su edición de hoy, el diario El País, caracterizado enemigo del gobierno venezolano, señala que Colombia redobló la lucha contra el Ejército de Liberación Nacional, luego que el “grupo insurgente volvió en enero al conflicto armado” y que por lo tanto  “el Gobierno de Juan Manuel Santos, decidió suspender la mesa de diálogo instalada en Quito Ecuador” dicho en está forma obviamente la insurgencia es la culpable y son los que vuelven al conflicto armado, el Gobierno la víctima y no le queda otra que suspender los diálogos. Para el lector el ELN son los malos. Pero luego de grandes especulaciones sin mostrar ninguna prueba y solo fuentes de las poco creíbles Fuerzas Militares colombianas, abundan las acciones armadas supuestamente del ELN y como dato curioso una de ellas contra una unidad de policía en Barranquilla,  acciones más bien ejecutadas por elementos altamente profesionales y no de una organización cuya práctica de guerra es en la zona rural y no en zonas urbanas.

Pero lo peligroso de este artículo está en la referencia siguiente “el país andino ha intensificado su ofensiva, pero un factor lo complica: Venezuela. Los cabecillas de la guerrilla no solo se refugian al otro lado de la frontera, sobre todo las de los departamentos de Norte de Santander y Arauca, sino que desde allí planean y ordenan ataques en territorio colombiano, según el Gobierno, dificultando así su localización y persecución”.  Refiere el artículo de El País, que hubo llamadas entre los dos Ministros de Defensa de ambos países y que se reunirán en breve para discutir el tema fronterizo y las acusaciones de ambas partes sobre las violaciones a sus territorios.

Lo que es cierto que en la frontera colombo venezolana operan desde hace más de 30 años fuerzas insurgentes del ELN, de las FARC y del EPL en el Perijá, Catatumbo, o sea desde Arauca hasta Cúcuta, pero en los últimos 15 o 20 años las Fuerzas Militares Colombianas, desplegaron en esa frontera, más de 40,000 mil efectivos, para combatir a unos 20 frente guerrilleros de FARC, ELN y EPL, sin mayores resultados, el tema estaba centrado y el objetivo fundamental era y ha sido siempre Venezuela. La prueba está que cuando en entre el 2003 al 2008 se desarrolló la Operación Patriota y el Plan Consolidación, las Fuerzas Militares con el pleno asesoramiento y participación del Comando Sur, desplegaron solamente a 18 mil efectivos, desde los departamento de Guaviare,  Caquetá,  Meta, Putumayo y Nariño  donde se sabía la existencia de los poderosos bloques Oriental y Sur con   unos  45 frentes guerrillero y el establecimiento del Estado Mayor Central y su jefe el comandante Manuel Marulanda Vélez.

Desde aquella época el objetivo era Venezuela, solo la coyuntura política y diplomática en la región  de ese momento no les favorecía, ahora  tampoco resultaría exitosa una aventura, hay una importante  división en los países latinoamericanos y caribeños y no es seguro que tampoco tengan el apoyo de todos los que integran el Grupo de Lima,  Estados Unidos atiza la guerra, pero sabe que una intervención directa puede tener consecuencias muy graves en el plano internacional y económico  con China, Rusia y otros países en Europa. La Casa Blanca  apunta más a desestabilizar internamente al gobierno de Maduro y usar a Colombia para su juego de guerra, pero ojo, puede salirle muy mal al gobierno de Santos Calderón, la crisis económica y  social  interna y el accionar militar de la guerrilla del ELN y los frentes de las FARC que no aceptaron desmovilizare  puede llevarlos a perder el juego. 

Lo que no dice el diario español, es que en esa frontera colombo venezolana, y en buena parte de ella, quienes pelearon y desalojaron algunos frentes del ELN, fue la acción de los paramilitares dirigidos  entre otros por los narco-paramilitares Salvatore Mancuso y Jorge 40, quienes  no solo controlaban  la ruta de la cocaína en la zona,  también el cartel de la Gasolina, el contrabando en La Guajira, que aún se mantiene. Tampoco dicen  que  los paramilitares colombianos formaron grupos de paramilitares venezolanos financiados por grandes terratenientes y ganaderos del Táchira y el Zulia y que hoy están operando actualmente en Venezuela.

Como se sabe en mayo del  2004 fueron detenidos y encarcelados en Venezuela  más de 130 paramilitares colombiano y  la generosa actitud de Chávez a pedido de Uribe los deportó a Colombia donde fueron perdonados.  Estos sujetos tenían un plan,  apoyado por  la oposición venezolana y la mafia cubana de Miami,  se proponían atacar el Palacio de Miraflores y dar muerte al presidente Chávez.

Hoy el ministro de Defensa  colombiano Luis Carlos  Villegas, niega la existencia del accionar paramilitar en Colombia y atribuye el asesinato de más de 50 ex guerrillero y 220 líderes comunales y de izquierda al poco serio argumento de que son  problemas de faldas.

La acusación que públicamente hace hoy el diario El País, en contra del ELN y sugerida sutileza contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro, sin mayores aportes ni pruebas de lo que publica, es un campanazo para que  el ELN no se tome como chivo expiatorio para reeditar una nueva masacre como la de Sucumbió.  Los pueblos y líderes sociales y políticos en nuestra región deben denunciar la traicionera conspiración contra el gobierno y pueblo venezolano y un llamado a que reine la paz como aprobó la II cumbre de la CELAC.
(*)  Periodista, politólogo y analista internacional.
jorgarcia726@gmail.com