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miércoles, 12 de julio de 2017

Destruir Efrîn, el nuevo objetivo de Erdogan

Por Leandro Albani

En estos últimos años un axioma no ha fallado a nivel de política internacional: cuando el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, se encuentra acorralado, su respuesta es la profundización de la represión interna o de las acciones militares más allá de las fronteras de su país. Los peligros que el mandatario ve por todos lados son, simplemente, las resistencias, tanto en Turquía como en el exterior, a una serie de políticas oficiales que intentan a toda costa desestabilizar Medio Oriente.



Ahora, arropado por complicidades múltiples, Erdogan ordenó la invasión abierta del cantón Efrîn y de la región de Shehba, en el norte de Siria y territorio histórico de Kurdistán. Desde hace varios días, el fuego de artillería y los bombardeos de aviones de combaten llueven sobre Efrîn, una región con más de 400 mil habitantes, conformada por 366 pueblos y aldeas, y con tierras fértiles para la agricultura, siendo las plantaciones de olivos su principal producto.

La “creación fructífera”, ese el significado del nombre Efrîn. Y esa definición no es un capricho. Desde que el Kurdistán sirio (Rojava), que comparte una frontera de 900 kilómetros con el Kurdistán turco (Bakur), tomó como propio el camino de la revolución, declarando su autonomía y conformando fuerzas de autodefensa para combatir a los grupos terroristas y liberar el territorio, Efrîn se transformó en una región solidaria con los cantones de Kobane y Yazira, enviado alimentos y acogiendo a miles de refugiados no sólo kurdos, sino también árabes, turcomanos y asirios, entre otros.

A las calles
La invasión militar turca sobre el Kurdistán sirio venían siendo denunciada desde hace bastante. Tanto las organizaciones políticas como militares kurdas declararon en varias ocasiones que el gobierno de Erdogan preparaba a su ejército y pertrechaba a grupos como el Ejército Libre Sirio (ELS) y Jabhat Al Nusra para iniciar una operación a gran escala contra Rojava.

Esas denuncias, poco escuchadas por las potencias occidentales, hoy son una realidad.
El miércoles pasado, miles de personas se movilizaron por las calles de Efrîn bajo una sola premisa: “Defender el territorio con sangre y resistir hasta el final”. Al mismo tiempo, los principales partidos políticos del Kurdistán sirio emitieron un comunicado conjunto en el que denunciaron que el Estado turco “está violando los principios de los derechos humanos y las leyes internacionales y las posiciones de las fuerzas militares en la región”. En la declaración, recordaron que “miles de inmigrantes de todas partes de Siria se han asentado” en Efrîn, por lo que esa región “se ha convertido en un símbolo de una vida en común, de hermandad de los pueblos y en símbolo de la paz en la revolución siria”.

Pero a Turquía no le importa nada de esto. Hace meses, el ejército turco ocupó tierras en el norte de Siria, desde Jarablus hasta Azaz, en el marco de la operación “Escudo del Éufrates” que, según el gobierno de Erdogan, es su “aporte” al combate contra el Estado Islámico (ISIS).

Erdogan y su gobierno observan con terror el desarrollo de autonomía democrática en Rojava. Una sociedad multiétnica, donde se respetan todas las religiones, en la cual la mujer es el centro de la vida y de la revolución, choca de frente con el derechismo (que se acerca cada vez más al fascismo) de su administración, obsesionada en islamizar Turquía, despedir trabajadoras y trabajadores, y silenciar a fuego y plomo cualquier expresión opositora.

“Si el Estado turco entra a Efrîn, no va a poder salir”, expresó Sozdar Avesta, comandante del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) e integrante del Consejo General de la Unión de Comunidades del Kurdistán (KCK). En declaraciones a Çıra TV, advirtió que al ser Efrîn “una provincia rica, especialmente en términos de la naturaleza”, el “fuego de artillería provoca incendios” en los campos.
“Al igual que nuestros patriotas se reunieron alrededor de Kobanê cuando la ciudad fue atacada (por ISIS), debemos una vez más reunirnos alrededor de Efrîn”, convocó Avesta.

Los aliados del terror
Hasta ahora, los ataques de Turquía y sus aliados devastaron las aldeas Malkiyê y Merenaz del distrito de Shera, en Efrîn; se cobraron víctimas en el pueblo de Kefranton, de la región de Shehba, y entre los civiles asesinados se encuentran una madre y dos de sus hijos.
Para cometer estos crímenes, el gobierno de Erdogan no sólo emplea tropas regulares, sino que sigue inyectando armamento y dinero a grupos irregulares, calificados como terroristas por el Ejecutivo sirio, Rusia, Irán y hasta por el propio Estados Unidos.

Pero también construye un andamiaje legal, teniendo en cuenta que en Turquía los poderes del Estado se encuentran casi disueltos, luego de que el mandatario aprobó un estado de emergencia permanente después del intento de golpe militar a mediados de 2016.

A finales de junio, la agencia Firat News reveló que el gobierno emitió el Decreto Legislativo Nº 691, referido al servicio militar, que permite el ingreso de terroristas a las fuerzas armadas. Según la normativa, “personas vinculadas o miembros de organizaciones terroristas responsables y aptas para el servicio militar serán reclutadas de acuerdo con el proyecto y los principios de conscripción a ser determinados por el Ministerio de Defensa Nacional si son incapaces de proporcionar una excusa legítima reconocida por la ley”.
El decreto permite, de forma abierta, la conformación de formaciones paramilitares, además de “reciclar” a mercenarios que hasta hace poco servían en las filas de ISIS, Jabhat Al Nusra, el ELS, Ahrar Al Sham y tantos otros grupos terroristas que operan en Siria.

Esta política impulsada por Erdogan no es nueva. En la historia de la República de Turquía la utilización de grupos paramilitares es por demás de conocida. JITEM y Hezbola son sólo algunos de los “ejércitos reclutadores” de ultraderecha que participaron en las masacres de los pueblos armenio y kurdo, y con nombres diferentes llegaron a su apogeo durante la década de 1990.
Firat News estimó que el Estado turco, en muy poco tiempo, tiene la capacidad para formar un ejército paramilitar con 20 mil miembros.

El tablero internacional
No es novedad para nadie que el territorio sirio es un punto neurálgico de disputa de los poderes hegemónicos, tanto regionales como mundiales. Estados Unidos, Rusia, Turquía, Irán, las monarquías del Golfo Pérsico, la Unión Europea y el propio gobierno del presidente Bashar Al Assad pujan desde hace seis años por el control de una región rica en recursos naturales y con una posición estratégica para el devenir de Medio Oriente.
Turquía -financista de ISIS, actor regional de relevancia, miembro privilegiado de la OTAN y con un gobierno que sintetiza, en un mismo cuerpo, neoliberalismo e islamismo conservador-, es un alfil que todos quieren tener en sus filas. Y los pueblos de Rojava parece que en estos últimos dos meses se convirtieron en la ficha de cambio y negociación para quienes buscan el control de Siria.
La dirigencia del autogobierno de Rojava advirtió semanas atrás que Washington y Moscú iban a dar vía libre a Turquía para una invasión que ya está en marcha. Con una política de “contener” a Ankara, ambas potencias negociaron (y lo siguen haciendo) que el gobierno de Erdogan frene su influencia sobre los grupos terrorista en Siria a cambio de conseguir control territorial en el norte del país y neutralizar a los kurdos, además de desestabilizar la autonomía de Rojava, algo visto con preocupación por Moscú, Washington y Damasco, ya que escapa de los diferentes planes que tienen para ese territorio.

Metin Gurcan, ex asesor militar de Turquía y oficial retirado del Ejército, publicó días atrás un interesante titulado “La oferta de Turquía a Moscú: Efrîn a cambio de Idlib” (1) en el que plantea una hipótesis que, en medio del profundo pragmatismo que cruza a Medio Oriente, no parece descabellada. Gurcan analiza que “el objetivo prioritario de Ankara en el norte de Siria son las YPG (Unidades de Protección del Pueblo). Turquía trata de impedir que se cree un corredor kurdo o del PKK, que empezaría en los bastiones del PKK en las montañas Qandil y se extendería hasta el cantón de Efrîn en el oeste, a través de Shengal (Kurdistán iraquí), y a los cantones de Yazira y Kobane”.

Para el autor, “Ankara y Moscú se necesitan unos a otros, de ahí su inevitable cooperación” y agrega que Rusia necesita “la zona que Turquía está preparando en el triángulo Yarablus/Al Bab/Al-Rai” para que los grupos armados “moderados” que se encuentran en Idlib se trasladen al lugar, ante el inminente avance del Ejército sirio en la zona.

“Rusia –explica Gurcan- necesita también un mediador fiable en sus relaciones con los grupos en Idlib. Ankara puede serle indudablemente de gran ayuda en esa tarea”. Seguido a esto, argumenta que existe “la posibilidad de que a cambio de la ayuda de Ankara en Idlib, Moscú apoye la expansión turca, si bien no por la totalidad de Efrîn, entonces desde Kilis-Azaz hacia el suroeste, hasta llegar a Tel Rifaat”.

Observar el panorama del territorio sirio puede convertirse en un ejercicio desolador. Aunque si afinamos la vista, seguramente veamos flamear las banderas de múltiples colores que inundaron las calles de Efrîn, y a los pobladores de Rojava que, aunque caigan bombas y todavía lloren a sus muertos queridos, tomaron la decisión de cambiar la sociedad y defender un revolución extraña para muchos, pero profundamente liberadora para ellos.

Notas:(1) Para leer el artículo: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=228762&titular=la-oferta-de-turqu%EDa-a-mosc%FA:-afrin-a-cambio-de-idlib-
leandroalbani@gmail.com


martes, 27 de junio de 2017

Beijing avanza con su estratégica propuesta de Ruta de la Seda

Por Emilio Marín 
Un proyecto chino de envergadura internacional

Hace cuatro años el presidente chino lanzó la propuesta de la Franja y Ruta de la Seda. Supone obras, inversiones y más comercio con el resto de Asia, Europa, África y el resto del mundo. Ahora viene precisando y avanzando con ese plan.


En 2013 Xi Jinping lanzó sucesivamente las propuestas de crear la Franja de la Seda y la Red marítima de la Seda en el siglo XXI, que daría más conexión terrestre y marítima a su país con 60 países de al menos tres continentes. Aclaró que era una iniciativa abierta a otras naciones del mundo ubicadas en otros continentes, verbigracia América Latina.

La idea del gobierno chino fue recuperar, y ponerla a tono con el siglo actual, los corredores de comercio por vía terrestre y por mar que había varios siglos atrás con el extranjero, de los que uno de los más conocidos era la llamada ruta de la seda.

Esas vías sirvieron para que en 1295 Marco Polo trajera el tallarín a Europa, según la leyenda, pero seguramente la seda, el papel y la pólvora que inventaron los chinos hace siglos también habrán estado en el trasiego.

Como los asiáticos se enorgullecen de sus varios siglos de civilización, recuperaron aquel comercio del pasado para proyectarlo al siglo XXI. Lo viejo reaparece en lo nuevo, o lo nuevo recupera parte de lo viejo que no pasa de moda. Y el proyecto estratégico más importante de China para lo que resta del siglo, salvo que después froten la lámpara y se haga la luz sobre otro superior, es el que lleva el nombre de la seda.

Eso ha motivado reuniones internacionales de importancia, como el Foro realizado en Beijing el 14 y 15 de mayo pasado, con participación de gobiernos de 29 países más el anfitrión, y representantes de más de un centenar de países y entidades internacionales interesadas en conocer e involucrarse.

Además de los discursos, hay acciones concretas que avalan esa marcha, algunas modestas y otras de creciente impacto en el país y donde se realizan las obras correspondientes.

Una, simbólica, fue el 23 de abril pasado. El tren “Viento de Oriente”, que había partido desde Xian, llegó a Budapest, Hungría, luego de 20 días de trayecto, atravesando Kazajistán, Rusia y Bielorrusia, un trayecto de 9.300 kilómetros. Llevaba sus 41 vagones llenos de ropa, juguetes y otros productos chinos. El viaje imitaba una ruta que había florecido hace más de 2.000 años
.
Otro dato concreto, que puede ser una pista sobre los cambios positivos que puede implicar el proyecto para los participantes: trabajadores chinos y de Maldivas, están trabajando hace un año en la construcción de una nueva pista del Aeropuerto Internacional Velana, en Maldivas. “La nueva pista, de 3,4 kilómetros, permitirá el aterrizaje de grandes aviones de pasajeros como el Airbus A380”, le declaró a la agencia Xinhua uno de esos trabajadores del “Grupo de Construcción Urbana de Beijing”, encargada de construir esa pista, un campo de aterrizaje y la terminal de carga. No es el único proyecto pues la misma empresa está empeñada en otros diez países dentro de la iniciativa de la Franja y la Ruta.

A su vez China está formando a trabajadores etíopes para que puedan manejar el primer ferrocarril eléctrico transfronterizo de África, que unirá Addis Abeba en Etiopía con Djibouti,  y que comenzó a operar en octubre pasado. Ese tren redujo el tiempo de viaje entre los dos países de siete días a sólo diez horas.

Proyecto impresionante

Aquellas informaciones son apenas puntas del iceberg que empieza a emerger del plan muy ambicioso al punto que engloba a 60 países, con 4.500 millones de habitantes del planeta y que en conjunto engloban más del 30 por ciento del producto bruto mundial. Fue enunciado por primera vez  en septiembre de 2013, por el presidente chino, cuando visitó Astaná, en Kazajistán.

La idea es abrir más y mejores rutas por donde no sólo circularán mercaderías y productos, sino también información, turistas, cultura, etc, con tres vías terrestres y una ruta marítima. A tal fin se prevé la construcción o ampliación de líneas férreas, caminos, puertos, aeropuertos, gasoductos, oleoductos, etc. Por ejemplo, en materia de trenes, un recorrido será el ya referido por Asia y Europa que llegará a Polonia y de allí a Alemania, con derivaciones al sur, incluso España. Y otra que bajará a Irán, por Turquía y de allí también a Europa.

¿Cómo se financiará semejante proyecto que circunda parte del mundo? Tiene prevista una doble fuente de financiación: por un lado el Fondo Económico de Inversión de la Ruta de la Seda, donde Beijing comprometió ya 50.000 millones de dólares; y por el otro, el Banco Asiático de Inversión e Infraestructura, que aportará misma suma. Esta entidad se creó hace un año y tiene 57 países miembros, con China, India y Rusia como sus mayores accionistas.

La información oficial del gobierno no fue desmentida por los otros participantes aseguró que “desde 2013, China ha invertido más de 50.000 millones de dólares en países de la Franja y la Ruta. Un total de 56 zonas de cooperación económica y comercial ya fueron construidas por empresas chinas allí, lo que ha generado cerca de 1.100 millones de dólares en ingresos fiscales y creado 180.000 empleos locales”. Añadió: “el comercio entre China y los países a lo largo de la Franja y la Ruta totalizó 913.000 millones de dólares en 2016”. Esta cifra se va a incrementar a medida que avancen las obras previstas y esa infraestructura pueda utilizarse a pleno.
Por eso el ministro chino de Relaciones Exteriores, Wang Yi, dijo que “la Franja y la Ruta se ha convertido en el bien público más importante que China ha brindado al mundo. Fue propuesta por primera vez por China, pero ahora es para que la disfruten todos los países”.

Los chinos no están en esto como una obra filantrópica, pero recalcan que su filosofía es el de “ganar-ganar” o sea ganen las dos partes. En el Foro internacional del mes pasado, el presidente Xi insistió en que el programa reduciría la pobreza en los países receptores de esas inversiones. También prometió que China lanzará 100 proyectos contra la pobreza y dijo que la propuesta es de “una globalización económica abierta, inclusiva, equilibrada y beneficiosa para todos”.

Es evidente que además de beneficios económicos y comerciales para el medio centenar de países que ya han firmado convenios, está de por medio un objetivo político chino. ¿Cuál es? Procurar crecer económicamente y en alianzas políticas frente a la administración Trump, que tuvo inicialmente varias expresiones políticas contrarias a China. Beijing aprovecha el mal paso que dio Estados Unidos al salirse del Tratado Transpacífico por el mal entendido proteccionismo de “América Primero”. Buena parte de los países desairados, menos Japón, son parte ahora del armado chino de la Franja y la Ruta de la seda.

Acción y reacción

China venía accionando con su iniciativa desde 2013. EE UU le oponía el TPP en tiempos de Barack Obama y su oponente avanzó con la ruta de la Seda en 2015. Trump triunfante se salió de aquel tratado, como igualmente hizo con los convenios sobre el Cambio Climático. Beijing contragolpeó con el Foro Internacional por la ruta de la Seda. Trump sólo mandó a un asesor suyo de Seguridad Nacional dedicado al Asia, como para ver de qué se trata. Su hostilidad hacia el socialismo asiático se mantiene, como se trasunta en varios artículos periodísticos donde se criticó la reunión internacional presidida por Xi. The New York Times, el 15 de mayo, reproducido en Buenos Aires por “La Nación”, ninguneó a Xi con este título: “Rodeado de líderes no occidentales, se mostró como una alternativa a Trump”. Allí se leía: “Rodeado de líderes autoritarios de Rusia y Asia Central en una cumbre en Pekín, Xi les prometió a los bancos de desarrollo chinos más de 100.000 millones de dólares que servirían como punta de lanza de un ingente gasto en infraestructura a través de toda Asia, Europa y África. Lo más notable era la ausencia casi total de líderes de democracias occidentales en el encuentro”.

El magnate neoyorquino, como antes Obama, pega en los flancos chinos no tanto con periódicos sino creando problemas políticos y sin descartar los incidentes bélicos. Por caso generando inestabilidad y roces entre China y países ribereños de mares adyacentes. Eso, más el poderío naval y militar de la superpotencia decadente, siguen siendo sus cartas. Por eso los norteamericanos acentúan los conflictos por esas aguas, con Japón, Corea, Filipinas, incluso Vietnam.
Y por eso mismo también se entiende que lo primero que hizo el gobierno chino fue  precisar esta semana criterios respecto a la ruta marítima, con un extenso documento y lineamientos pacifistas, conciliadoras, buscando consenso para preservar el mar, compartir la investigación científica, etc.

El documento gubernamental informa: “China ha firmado documentos intergubernamentales de índole marítima en forma de acuerdos de cooperación, memorandos de cooperación y declaraciones conjuntas con Tailandia, Malasia, Camboya, India, Pakistán, Maldivas, Sudáfrica, etc., y ha llevado a cabo la conexión estratégica con muchos de los países a lo largo de la Ruta, estableciendo así una amplia asociación cooperativa referente al mar”.
Queda claro cuál es la parte que atiza los conflictos marítimos y cuál procura llegar a buen puerto, en son de paz. 

ortizserg@gmail.com