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miércoles, 24 de febrero de 2021

Interés nacional vs. ideología. ¿Qué mueve al mundo?

 Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

A lo largo de la historia de las relaciones internacionales, el interés nacional ha sido el principal mecanismo sobre el cual se construyen los fundamentos de la política exterior. Aquellos que han logrado darle razón de Estado a esos componentes –elevándose por encima de los vaivenes que suponen los cambios de la contingencia política generada por intereses de partidos o grupos- han podido perseverar en el logro de sus objetivos estratégicos.

Sin embargo, durante un pequeño período de la historia esto no ocurrió así. Fue durante la etapa que inició la revolución de octubre en 1917 en Rusia y que duró hasta la penúltima década del siglo pasado cuando el elemento ideológico se convirtió en el eje sobre el cual giraban las relaciones internacionales en el planeta. Sobre todo, después de la segunda guerra mundial, el mundo se organizó a partir de la dicotomía socialismo-capitalismo. Una vez fenecida la URSS tras su colapso y desaparición, el interés nacional volvió a tener el papel relevante que siempre tuvo hasta que los bolcheviques llegaron al poder. Hablo de interés nacional, por supuesto entendiendo que la nación es la posesión más preciada de las oligarquías, por lo cual en torno ella se han agrupado los objetivos superlativos a lograr para el control de la sociedad, siendo más fuerte que cualquier beneficio, incluyendo el familiar, religioso, étnico u otro cualquiera. En el fondo, al referir el interés nacional, se está hablando del interés de la clase que ostenta la nación. Esa etapa es la que estamos atravesando ahora.

En el pasado, se debe recordar que cuando los independentistas hispanoamericanos recurrieron a Gran Bretaña en pos de ayuda para sacudirse del dogal colonialista español, Londres se negó en un primer momento a concederles cualquier tipo de apoyo. Inglaterra y España eran aliados en la lucha contra Napoleón cuya derrota era un objetivo de superior importancia para el imperio británico, incluso arriesgándose a quedar fuera de la repartición de los nuevos mercados que se abrirían en América tras la independencia. Pero, derrotado el Gran Corso, Londres se vio liberado de su compromiso con España y accedió a dar algún apoyo a los irredentos luchadores por la libertad de la América española a pesar de la queja ibérica por tal decisión.

La política británica fue resumida en la “magistral” frase de Lord Palmerstone primer ministro y ministro de relaciones exteriores de su majestad quien afirmó que: “No tenemos aliados eternos, y no tenemos enemigos perpetuos. Nuestros intereses son eternos y perpetuos, y nuestra obligación es vigilarlos”, lo cual en pocas palabras significa que los amigos y los enemigos son transitorios y dependen de las circunstancias. Dicha frase ha tenido permanente vigencia en la política exterior, incluso recientemente Gran Bretaña la utilizó para explicar el Brexit. 

En tal medida, hay categorías que no pueden ni deben ser entendidas con la lógica del pasado. Por ejemplo, hoy Vietnam busca aliarse con Estados Unidos en contra de China para defender su posición en el diferendo que ambos países socialistas asiáticos tienen en el mar de la china Meridional. Incluso. han discutido la posibilidad de que Hanói le alquile a Washington las bases militares que tuvo hasta 1975 en el sur del país. Algo incomprensible para un observador rígido que utiliza los cánones de la guerra fría para analizar la situación actual.

Otro ejemplo, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), organización de origen marxista leninista que lucha por el socialismo, antes debe crear un Estado que no posee, mientras su pueblo se encuentra diseminado entre Siria, Turquía, Irán e Irak, se ha aliado con Estados Unidos para enfrentar a Turquía, su principal enemigo, lo cual resulta difícil de entender cuando se observa cómo Washington utiliza a los kurdos para lograr sus detestables objetivos en el Asia Occidental.

De la misma manera puede explicarse el fiasco del famoso conflicto “árabe-israelí” que si existió, fue en los primeros años de la ocupación sionista de Palestina, muriendo oficialmente cuando Estados Unidos reunió en Camp David a los supuestos enemigos para ponerlos a trabajar unidos bajo subordinación a Washington. Tal alianza orientada en primera instancia contra el pueblo palestino cobró especial vigencia después de la revolución islámica en 1979, cuando todas las armas israelíes o árabes se reorientaron en dirección a Teherán. El “interés nacional” israelí los ha llevado a aliarse con las monarquías árabes bajo tutela imperial, llegando hasta a dar apoyo logístico, financiero y militar a los “odiados árabes” de la organización terrorista Estado Islámico

Sin embargo, durante la guerra fría esta lógica tuvo una excepción relevante cuando China y Estados Unidos establecieron una asociación que apuntó en contra de la Unión Soviética, a la que ambos consideraban su principal enemigo. Esto produjo el deshielo tras 23 años de no tener ningún tipo de contacto y 29 en los que no hubo relaciones diplomáticas entre Beijing y Washington. En este caso, más allá que la URSS y China postulaban un futuro socialista, primó el interés nacional de cada uno

En el proceso de las luchas independentistas de los pueblos africanos libradas en la segunda mitad del siglo pasado, a menudo chinos y soviéticos se encontraban enfrentados apoyando fuerzas antagónicas. En la platea, Estados Unidos se solazaba viendo como se profundizaban diferencias que coadyuvaban a debilitar a su enemigo principal. Inclusive, en los años 80 del siglo pasado, China atacó a Vietnam con el argumento de que era un “satélite soviético” al que se le debía dar una lección. Esto, después que Vietnam -a su vez- invadió Camboya para desalojar del poder al tenebroso Jemer rojo que había cometido uno de los peores genocidios del siglo XX contra su pueblo. El Jemer Rojo era aliado de China. Era la segunda vez que el Ejército Popular de Liberación de China salía de su territorio para librar una batalla en el extranjero. La primera, paradójicamente en 1950 para enfrentar a Estados unidos en Corea impidiendo de esa manera que la guerra se extendiera al territorio chino como era la idea del general estadounidense Douglas MacArthur, jefe de las tropas norteamericanas invasoras en Corea.

El fin de la Unión Soviética y el exitoso desarrollo económico, social, científico, tecnológico de china que la comenzó a proyectar a comienzos del siglo XXI como una gran potencia planetaria, hizo ver a Estados Unidos que la luna de miel iniciada por Henri Kissinger y Richard Nixon en 1972 debía concluir. Total, ya la Unión Soviética no existía y China “se estaba aprovechando de sus relaciones para transformarse en un rival peligroso que amenazaba su hegemonía”.

De la mano de Condoleezza Rice, el presidente George Bush comenzó el viraje de la política de amistad y coexistencia pacífica con China. Bajo el influjo de la Doctrina de Dominación Permanente (DDP) enunciada en 1992 cuando la Unión Soviética ya había desaparecido y Estados Unidos emprendía el proceso para dominar el mundo a su antojo.

Así mismo esta doctrina se proponía prevenir el resurgimiento de un nuevo enemigo estratégico de Estados Unidos que apuntara hacia la obtención de poder global o que le significara una competencia desmedida. En alianza con Donald Rumsfeld, el secretario de Defensa, Rice ideó el fin de los días en que Estados Unidos y China cooperaron en la lucha contra el terrorismo tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. En ese contexto planeó imponer la “Teoría del Caos Constructivo” para sembrar su hegemonía.

Fue el inicio de la confrontación que tuvo seguimiento con Obama y su doctrina de “Reaseguramiento Estratégico” que con Trump adquirió características de una “guerra comercial” bajo la que se esconde una verdadera batalla política e ideológica entre sistemas que a todas luces tendrá continuidad con Biden porque no habrá presidente de Estados Unidos que la pueda cambiar. A su interés nacional se seguirá subordinando cualquier decisión de política exterior, sin importar de qué partido sea el presidente, tampoco si se aplica o no en los términos de la democracia y el Estado de derecho.

La humanidad deberá irse acostumbrando a ello, porque vivimos un tiempo de declive de la hegemonía de una potencia y el ascenso de otra que, paradójicamente no aspira a ella. En cualquier caso, hay que tener siempre presente que no existen amigos ni enemigos, sólo intereses. 

miércoles, 15 de abril de 2020

Las inmunodeficiencias del capitalismo



Por Mariano Ciafardini:
Como se dice en ciencias sociales irónicamente, un hecho social es mucho más fácil de predecir cuando ya se ha producido. La pandemia del coronavirus es un hecho que en realidad se está produciendo y podríamos decir casi, teniendo en cuenta la potencialidad de esparcimiento del virus, que recién empieza a producirse. ¿Qué se puede predecir entonces al respecto?


En principio nos hallamos faltos de herramientas empíricas y conceptuales frente a un tipo de epidemia que tiene un baja dosis de mortandad en relación a la cantidad de infectados pero esa cantidad de infectados, si no se contiene la expansión a tiempo y correctamente, puede llegar en algunos casos al 90 por ciento de la población de un país,   con lo que  aunque la ratio  de mortandad sea baja, la cantidad de muertos,  en si  misma, puede llegar a ser muy alta y elevarse más aún por el colapso del sistema de salud de que se trate . Por ejemplo, en un país como la India, si no se tomaran medidas como las que adoptó China, los muertos podrán contarse en cientos de miles, y los infectados en decenas de millones o más, lo que, para los más de mil millones de habitantes de dicho país, será un bajo promedio, pero como impacto sanitario es brutal.

Se dice habitualmente, también en forma irónica, respecto de las estadísticas, que al que le toca sufrir el hecho poco le importa ser parte del cero coma x por ciento de probabilidad, ya que eso no impide que se muera igual

Pero si hay algún elemento “empírico” que en este caso ayuda bastante a hacer pronósticos, sino sanitarios, si económicos, sociales y políticos sobre la cuestión, son los “mercados”, es decir el comportamiento del capital financiero accionario, especulador, que es la forma paradigmática del capital en nuestros días.
Los famosos mercados están totalmente alterados, con un clara y sostenida tendencia a la baja ¿Y eso qué quiere decir?, ¿que el capital teme a una hecatombe sanitaria? ¿que está preocupado por la salud de la humanidad? ¿qué le preocupa el dolor y el sufrimiento humanos?  Los muertos por este o por cualquier otro virus no afectan en nada al capital, es más, hasta en lo que concierne al capital farmacéutico o cierta industria química, puede transformarse en una oportunidad de grandes ganancias. No, al capital no le importan los muertos ni el hecho en sí que haya muchos infectados. Al capital lo que le afectan son las propias medidas político sociales que imponen los protocolos sanitarios en estas ocasiones. Y que China cumplió al pie de la letra y ahora muchos otros países, aunque algunos algo tarde, parecen estar también cumpliendo.

Porque independientemente de que mueran más o menos personas, lo que por otra parte no influirá para nada en el hiper crecimiento de la población mundial en el que estamos inmersos, las estrategias necesarias para enfrentar el virus en cada país, lo que producen, entre otras cosas, es un descenso tremendo de la demanda de mercancías. Y ¿qué es un capitalismo sin demanda (particularmente sin demanda agregada) de mercancías?

El capitalismo realmente existente hoy necesita imprescindiblemente que la demanda irracional, artificial  e innecesaria de productos, de  lujo o de moda, o la demanda propagandísticamente  inducida a adquirir artículos (que sin esa inducción artificial nunca hubiéramos comprado) eso es lo que sostiene la ficción  monumental del capitalismo financiero (etapa de la decadencia del capitalismo como sistema que tenemos el privilegio de  padecer) cuya sustentabilidad se basa en el préstamo desmesura para la sobre-adquisición de bienes en “cómodas” cuotas. Este capitalismo de “ruleta” necesita como el oxígeno esa demanda consumista alocada, esos bingos y casinos donde los trabajadores vayan a dejar los últimos centavos de sus magros sueldos, cuando no sus sueldos enteros.

La realidad de una pandemia con las características de la del coronavirus le pega en la línea de flotación al capitalismo de ficción, que, como decimos, se sostiene sobre la ilusión crediticia y consumista imperante, fundamentalmente, en los países del capitalismo desarrollado como EEUU, Europa Occidental y Japón. Los aislamientos prescriptos en los protocolos para hacer frente al coronavirus tienen el efecto, entre otros, de racionalizar al máximo la demanda a los bienes imprescindibles para vivir y poco más. Y esto durante varios meses.
Un espanto para una economía capitalista con crisis de sobreproducción y entrando en recesión. Es cierto que pasada la pandemia  vuelven a regir las condiciones previas a su influjo  pero para entonces  la “explosión de la burbuja” ya se habrá producido, una burbuja enorme, mucho mayor a la del 2008, sin posibilidad ahora de ningún rescate bancario con “quantitative easing” (a riesgo de una debacle monetaria), es decir la quebradura del espinazo del capitalismo financiero mundial y, con él, la de todo capitalismo realmente posible, al menos en las formas en que lo conocemos.

Respecto de China  precisamente no se podría decir lo mismo ya que las autoridades de tal país  es decir el Partido Comunista  y el gobierno chino  han privilegiado la contención inmediata de la epidemia  al costo que fuere necesario en términos económicos,  porque tienen resto económico para hacerlo pero, principalmente, porque  el gobierno chino no está dominado por ningún sector económico social,  llámese burguesía  o aristocracia  propietaria u oligarquía financiera capitalista, o grupos financieros internacionales, sino que es ( y lo ha demostrado claramente precisamente con la reacción a la pandemia del coronavirus) una burocracia estatal y partidaria que tiene como objetivo principal  la defensa de la soberanía de China,  el crecimiento de su economía y , ( lo que la diferencia particularmente del resto de países con economías desarrolladas) el mejoramiento del nivel de vida de los chinos sin exclusiones ( ha sacado de la pobreza a 800 millones de personas en los últimos 30 años) algo que  en el mundo verdaderamente capitalista desarrollado no sólo no  existe sino que no puede existir, ya que sería  una contradicción a sus lógicas de desarrollo. Obviamente hay países capitalistas neoliberales que son una excepción a esta regla y tiene buenos niveles de vida para casi todos y buenos sistemas de salud también para casi todos, pero son países de menores dimensiones geográficas, demográficas y económicas, y son pocos. Las necesarias excepciones que confirman la regla (y que han sido y son las muestras que usa el sistema en la lucha ideológica)
China logrará pasar esta epidemia, como ya parece estar haciéndolo, de forma rotunda eficaz y sobre todo sin sacrificios de ningún sector particular de la población a expensas de otro.

El coronavirus no es un problema precisamente para China, aunque haya sido el lugar donde el virus “apareció”, sino para los países dominados por los grupos financieros del capitalismo actual. Es decir, la casi totalidad del mundo salvo países como Cuba, Vietnam, Corea del Norte o, tal vez, Venezuela y Nicaragua que también tienen gobiernos con un gran consenso popular precisamente porque son gobiernos que no gobiernan para un sector de la población sino para todos, más allá de los aciertos o errores que cometan en sus gestiones y de los logros reales que alcancen en medio de un mundo capitalista que a varios de ellos los rechaza, los aísla y los boicotea.

Habrá que ver qué pasa en Rusia que, si bien no es un país que se declame socialista o en vías de construir el socialismo, viene de una profunda cultura socialista que en no pocas oportunidades se hizo sentir tanto en su política externa como interna, con apoyos prácticamente totales de su población a determinadas políticas del gobierno de Putin. Estos consensos que se dan en los países socialistas o en pos de construcción del socialismo (como se autodefinen los chinos) son en gran parte producto del hecho de que las burocracias integrantes del gobierno y del estado se someten, siempre, sin importar la crisis de que se trate, a las mismas vicisitudes que padece el resto de la población, al menos en términos generales.

Es decir, no se articulan como un grupo privilegiados de gestores de las grandes burguesías comerciales o financieras nacionales e internacionales que buscan salvarse a sí mismos y aquellos a quienes representan, sin importarles el resto. No será esto así en el total de los casos individuales de estos países socialistas, pero lo es en la mayoría, casi absoluta, de sus dirigentes incluso de los más encumbrados. Si esto no fuera así sería inexplicable que se hayan podido mantener con sistema de partido único tanto tiempo, y a lo largo de crisis tan tremendas, como el “período especial” cubano, las grandes hambrunas chinas o la terrible guerra de liberación de Vietnam y sus secuelas, hechos que hubieran barrido de un plumazo a cualquier gobierno de las llamadas “democracias” liberales capitalistas.

Por eso las bolsas accionarias se caen, porque saben esto.  Saben que esta epidemia es una prueba de fuego que va a dejar cada vez más en claro que el capitalismo como sistema ya no sirve más, está agotado, en crisis y en decadencia profunda, que todo el sistema está, como reza un dicho campestre argentino, “atado con alambre” y que va apareciendo una alternativa desde el seno mismo de la economía capitalista que está tomando otro camino, que finalmente aparece como el camino del futuro. La elección de ese camino es lo que enfurece tanto al poder mundial capitalista en los casos de Venezuela y Nicaragua, no por supuesto la aludida (con desenfadada hipocresía) “falta de democracia”, que no les preocupó un ápice en el caso de los golpes de estado en Brasil y Bolivia en los que, es más, ellos fueron los propulsores.

La historia parece jugar con el género humano. Justo cuando los medios de comunicación masiva de los grandes grupos financieros del mundo festejaban el triunfo del capitalismo, el fin de la historia, el último hombre y la muerte de las ideologías, el capitalismo empieza a caer de la manera que menos se lo esperaba. Paradójicamente (o no tanto)  el sistema capitalista que tuvo, en sus inicios, que soportar una de las epidemias más grandes que sufrió la especie humana, como  fue la peste negra del 1300,  la que superó con un costo enorme de vidas,  viene a quebrarse  ahora  con otra pandemia que, al menos en términos de infectados mundialmente, promete no quedar a la saga de aquella y sobre todo augura un “párate” económico fulminante  del sistema, nunca antes visto y en términos de semanas.
Esta es en cierta forma una predicción sin que el hecho se haya producido del todo todavía.  Pero en el terreno de los dichos y refranes “a buen entendedor (observador) pocas palabras”.

Doctor en Ciencia Políticas
Miembro del Instituto Argentino de Geopolítica (IADEG)
jorgecantor867@hotmail.com

viernes, 1 de junio de 2018

EEUU ¿QUE SE ESCONDE DETRAS DE LA GLOBALIZACION?


Por: Dr. Néstor García Iturbe: 
La palabra globalización es un instrumento del imperio para encubrir un nueva forma de expansión, en este caso económica, con la cual fortalece su hegemonía sobre otros países y el régimen de explotación que somete a los mismos, todo eso encubierto bajo un limitado beneficio que reciben estos,  con el “desarrollo” de sus economías, lo cual no deja de ser un desarrollo controlado y ajustado a los intereses económicos de los grandes capitales del imperio y las grandes potencias mundiales. Algunos organismos internacionales, en  su definición sobre la globalización, tratan de presentarla como un fenómeno inexorable, determinado  por la historia como parte del progreso de la humanidad, tendiente a desarrollar una especie de división internacional del trabajo, que se encamina a la integración de la economía mundial, lo cual no es cierto.

 El Fondo Monetario Internacional, uno de los instrumentos creados y utilizados en función de los intereses de los grandes consorcios y de los países donde estos tienen el poder en sus manos, define la globalización de la siguiente forma:

“La "globalización" económica es un proceso histórico, el resultado de la innovación humana y el progreso tecnológico. Se refiere a la creciente integración de las economías de todo el mundo, especialmente a través del comercio y los flujos financieros. En algunos casos este término hace alusión al desplazamiento de personas (mano de obra) y la transferencia de conocimientos (tecnología) a través de las fronteras internacionales. La globalización abarca además aspectos culturales, políticos y ambientales más amplios que no se analizan en esta nota.

En su aspecto más básico la globalización no encierra ningún misterio. El uso de este término se utiliza comúnmente desde los años ochenta, es decir, desde que los adelantos tecnológicos han facilitado y acelerado las transacciones internacionales comerciales y financieras. Se refiere a la prolongación más allá de las fronteras nacionales de las mismas fuerzas del mercado que durante siglos han operado a todos los niveles de la actividad económica humana: en los mercados rurales, las industrias urbanas o los centros financieros.

Los mercados promueven la eficiencia por medio de la competencia y la división del trabajo, es decir, la especialización que permite a las personas y a las economías centrarse en lo que mejor saben hacer. Gracias a la globalización, es posible beneficiarse de mercados cada vez más vastos en todo el mundo y tener mayor acceso a los flujos de capital y a la tecnología, y beneficiarse de importaciones más baratas y mercados de exportación más amplios. Pero los mercados no garantizan necesariamente que la mayor eficiencia beneficiará a todos. Los países deben estar dispuestos a adoptar las políticas necesarias y, en el caso de los países más pobres, posiblemente necesiten el respaldo de la comunidad internacional a tal efecto.”

En esta definición se trata de presentar la globalización como un fenómeno propio de las transacciones  internacionales comerciales y financieras, como si fueran las “fuerzas del mercado” las que originaron el fenómeno, cuando el mismo  es un producto de la política hegemónica y de explotación a otros países que han desarrollado Estados Unido y otras potencias mundiales durante un proceso de inversión  indiscriminada, donde prima el interés del inversionista y no del país donde se realiza la inversión, por lo regular países pobres, que encuentran en estas nuevas fuentes de empleo, al menos un poco de oxígeno que les permite continuar respirando.

Nuevamente se trata de presentar al monstruo como parte de un proceso de integración económica y social, a escala mundial donde se destaca la comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo, cuando en realidad son acciones forzadas y dirigidas por un país que se beneficiará de las mismas y otro al cual se le crea una dependencia planificada y por lo regular permanente, pues su desarrollo queda comprometido con los intereses económicos del inversionista, regularmente una de las  grandes potencias mundiales. Una publicación especializada, “El Portal Estadístico” nos describe la globalización en una forma más comprensible y cercana a la realidad. En este caso la describe  “Como la Inversión Directa Extranjera (FDI), sencillamente el dinero que invierte una empresa en otra empresa, de un país diferente. Estas compañías usualmente poseen una parte de la compañía extranjera en la cual han invertido e influyen en el proceso de producción, la toma de decisiones y todo aquello que se relaciona con el proceso de producción, incluyendo los salarios.

Aunque el fenómeno saque en gran medida ventaja de los avances tecnológicos del siglo 21, así como también de la flexibilidad cultural de la población en edad laboral de hoy, la inversión directa extranjera tiene una larga historia, remontándose a los imperios coloniales. No sin críticos, el FDI generalmente traer ventajas para la compañía inversionista, como el acceso a los nuevos mercados además de  costos de la mano de obra, los materiales y las instalaciones de producción a un costo disminuido, acorde a la situación del país donde se realiza la inversión.. La economía local puede sacar provecho de una infusión de capital, acceso a las nuevas tecnologías, disminución del desempleo, salarios por encima de la norma nacional, pero la que recibe beneficios extraordinarios es la empresa que realiza la inversión, amparada en el proceso de globalización.”

La inversión de Estados Unidos en el extranjero ha tenido  un crecimiento vertiginoso en los decenios pasados.  Las corporaciones multinacionales estadounidenses, especialmente enfocadas en el incremento de sus beneficios financieros,  han invertido en fábricas en ultramar, que le ofrecen esas ventajas. Sin embargo, una parte grande de estas corporaciones enfocan la producción  no sólo a suministrar el mercado de Estados Unidos, sino también la demanda local de los productos que fabrican y  competir en el mercado internacional.

En el año 2016, la inversión acumulada total de Estados Unidos en otros países, representó 5, 33 trillones de dólares.

De acurdo con la información obtenida en “El Portal Estadístico” las inversiones estadounidenses en algunos países desde el año 2000 al 2016 acumulan los siguientes totales.( En Billones de dólares)

ASIA PACIFICO         846,68
AUSTRALIA               165,35
JAPON                       114,64
ALEMANIA                107,71
CHINA                          92,48
MEXICO                       87, 64 
AFRICA                         57,47
ORIENTE MEDIO         45,93
INDIA                           32,94
ITALIA                          24,69


Este ritmo de inversión estadounidense en otros países pudiera calificarse como “resultado de la globalización”, sin embargo está dirigido, en su mayoría,  hacia países donde el dólar está altamente cotizado cuando se compara con la moneda del país, lugares donde  el realizar una inversión tiene un costo muchísimo más barato que si se realizara en Estados Unidos, donde se pagarán salarios muchísimo más bajos que los que podría recibir un obrero estadounidense realizando la misma labor, donde debido a la nueva inversión regularmente el país receptor otorga varios años de exención de impuestos a la empresa inversionista y le permite extraer  una alta proporción de sus utilidades, que regularmente van a parar a los paraísos fiscales, para que el gobierno estadounidense no pueda imponerles impuestos por las mismas.

En este caso estamos analizando el proceso inversionista de un país, Estados Unidos, lanzado contra los recursos del mundo para obtener las mayores ganancias posibles.

Podemos también analizar el caso de un país, receptor de inversiones foráneas, que estimula las mismas ofreciendo sus recursos naturales, su mano de obra barata, exenciones de impuesto y otra ventajas para que el capitalista encuentre el mayor beneficio posible invirtiendo en el mismo. Tomemos la República Popular China como ejemplo en este análisis. Para este ejercicio hemos seleccionado los diez países que han realizado las mayores inversiones en el misma, lo que evidentemente ha resultado en un desarrollo de su economía debido a la Inversión Extranjera Directa, que está sujeta a problemas de los mercados, internos y externos, el adelanto tecnológico de la inversión realizada, las relaciones diplomáticas y la política comercial entre China y el país inversionista.

Estados Unidos: 92,480 millones hasta el 2016.
Anualmente se invierten cerca de 2,000 millones.  La presencia de compañías estadounidenses se extiende a casi todos los sectores manufactureros o de servicios pero, según diversos analistas de las relaciones bilaterales, la desaceleración económica china, una regulación más estricta de los mercados y un aumento de los costos laborales han llevado a un repliegue de la inversión estadounidense en los últimos años.
Corea del Sur, cerca de 3,000 millones anuales.

Sus inversiones se concentran en los sectores automotriz e informático-
Singapur: 12,000 millones hasta el 2016.
Anualmente realiza inversiones  cercanas a los 2,500 millones  de dólares. China es su principal destino de inversiones en Asia. Tiene presencia en las empresas Pvilion Energy Pte, dedicada a los problemas energéticos y Jurong Consultants.

Taiwán: Invierte cerca de 2,500 millones anuales.

A pesar de las diferencias políticas, está entre los primeros inversores en China. Sus inversiones están presentes en el campo de la minería, el sector electrónico y los textiles.  Sus empresas de mas peso son la Foxconn y Want Want China Holding ltd.

Alemania: Se registra una inversión promedio de 2,000 millones de dólares anuales
La inversión germana en China, que dio un salto entre 2009 y 2013, la cual s ha dirigido  la industria automotriz, teniendo presencia de  Audi, BMW, Mercedes and Jaguar Land Rover. La  inversión directa alemana también se ha concentrado en la  manufactura  de maquinaria y equipamiento, en particular el sector de alta tecnología.

Reino Unido: Inversiones por aproximadamente 800 millones anuales.
La inversión directa br4itánica se ha centrado principalmente ene le sector farmacéutico
Francia: Inversiones cerca de los 500 millones de dólares anuales
Concentrada en el sector manufacturero, productos químicos, automotriz, alimentos, maquinaria y en el energético. La Renault tiene fuerte presencia en el país. Además de la Electricite de France, Suez, Telecom, Total Oil, Carrefour, Danone y Loreal.Hong Kong

Hong Kong .-
Esta ciudad ha sido el puente de entrada de la mayor cantidad e inversiones en China, en algunos casos para empresas y capitales que no desean aparecer directamente como inversionistas. Se crea una empresa en Hong Kong, algo relativamente fácil y por medio de la misma se invierte en China.  Por esta vía pudiera llegar dinero proveniente de las drogas y otras actividades criminales.
Se han registrado cuantiosas inversiones como las de los primeros mese del 2016 ascendente a 33,000 millones de dólares, estas se registraron principalmente en los sectores electrónico y textil
Japón.-

El proceso inversionista japonés presenta algunas dificultades y ha disminuido, primero por la disputa sobre las islas Senkaku. Adicionalmente el costo manufacturero chino ha aumentado, por lo que muchas de las inversiones japonesas se han desviado hacia Vietnam, Cambodia, Indonesia y Filipinas.
El sector automotriz, junto al electrónico, han sido los más importantes ejes de la inversión nipona en China.
 Holanda. Operan en China cerca de 600 empresas holandesas.  En su mayoría son pequeñas y medianas que no tiene más de 50 empleados. La presencia holandesa eta presente en el  sector de la agroindustria hasta servicios. Un buen número se dedican al comercio electrónico.

Después de analizar las dos situaciones presentadas, las inversiones de Estados Unidos en el Exterior y el proceso inversionista que durante años se ha desarrollado en China, no podemos pensar en una “división internacional del trabajo”, tampoco en el desarrollo normal de un país, en mi criterio ambos procesos están impulsados por el afán de lucro, la explotación de la mano de obra barata donde esta se presente y en casos como el de China, sujeto a  que otros países no ofrezcan mejores ventajas a los  inversionistas, incluyendo la propia mano de obra, como ha sucedido en el caso de Japón y el desvío de sus inversiones.

Un país con pocos recursos económicos requiere de la inversión extranjera para su desarrollo económico, nadie lo duda, sin embargo el proceso inversionista puede crear dependencias y vulnerabilidades, económicas y políticas, que deben medirse adecuadamente y estar preparados para ellas.

Algunos teóricos de la globalización la presentan como un proceso, además de económico y tecnológico, (que se relaciona directamente con el proceso inversionista) como político, social y cultural, lo cual adicionan para mostrar como el proceso se humaniza, ya que no solamente se dedica a la explotación de los países de poco desarrollo por parte de las potencias mundiales, sino que además se preocupa por el aspecto social y cultural de los desposeídos.

La globalización, si fuera un fenómeno para beneficiar a la población mundial y no solamente a una pequeña parte de esta, los inversionistas, tendría que agregar en sus propósitos la utilización de las ganancias para resolver los problemas de hambruna, la carencia de atención médica, los problemas de la educación que se ponen de manifiesto, principalmente en los países situados en el  Sur del globo terráqueo.

Al hablar de la globalización no se hace referencia la globalización militar, algo que ya existe y que pone en peligro la paz mundial. En el caso de Estados Unidos, que se auto otorgó el papel de gendarme mundial, para defender los intereses económicos de su clase dominante, tiene perfectamente organizada la globalización militar, por medio de los Comandos establecidos, los cuales cubren totalmente el globo terrestre.  Pudiéramos decir que esa es una perfecta globalización.
 sarahnes@cubarte.cult.cu

miércoles, 2 de mayo de 2018

Corea Kim y Moon en la encrucijada


Por Ernesto Wong Maestre (*): 
Centenares de noticias han viajado globalmente a través de internet y millones de minutos ha consumido la humanidad observando desde cualquier punto del orbe el estrechón de manos y los pasos dados sobre la línea de demarcación fronteriza, hacia el sur y hacia el norte, por Kim Jong-un y Moo Jae-in. Toda una simbología que aprovecha Donald Trump para atribuirse un logro que solo pertenece a los líderes coreanos y a la heroica etnia coreana que luego de setenta años parece haber encontrado las vías para reiniciar el escabroso camino hacia la total independencia, como una única Nación soberana.



El acontecimiento hacia la unidad de las dos Corea que se está presenciando hoy es una aspiración de la inmensa mayoría de los ochenta y dos millones de coreanos y coreanas que habitan este planeta, casi la totalidad en la península de Corea, pues se identifican como pertenecientes a una de las etnias asiáticas de mayor arraigo y homogeneidad cultural, pero también como una víctima de las políticas expansionistas de imperios vecinos que trataron hasta 1945 de colonizarla o de imperios más globales, como el encabezado por EE.UU que invadió la península en 1950 y sigue empeñado en someterla; ahora mediante la estrategia de mantenerla dividida, como también lo hizo con Vietnam en la cercana península de Indochina entre 1954 y 1975.

Lo ocurrido el pasado 7 de abril es también consecuencia de varios procesos globales que se entrecruzan en ese lado del planeta y donde las principales potencias mundiales se enfrascan en una batalla que a todas luces la está liderando la República Popular China y la va perdiendo la principal potencia armamentista, los EE.UU, debido a la crisis interna y la imposibilidad de salir de ella por estar inserta en la desestructuración del sistema imperialista y en la propia crisis estructural del depredador capitalismo.

En esa encrucijada, Kim y Moon protagonizan ahora el hecho que ya gobernantes anteriores de ambos países habían tratado de llevar a cabo. Por parte de Pyonyang,  Kim Jong-il, padre del actual presidente norcoreano, y del lado sureño, el presidente Roh Moo-hyun, se reunieron en 2007 para firmar la llamada Declaración de Paz y Prosperidad como paso significativo hacia la reunificación. Sin embargo, a los pocos meses todo había quedado en intenciones porque Roh fue víctima de una intensa campaña de descrédito y su gobierno de presiones políticas hasta que culminó su mandato y que le imposibilitaron avanzar con Jong-Il. Meses después Roh “se suicidó” en circunstancias sospechosas que quizás sea necesario volver a investigarlas.

De manera que tanto Kim Jong-un como Moon Jae-in además de sus responsabilidades políticas los vinculan procesos afectivos de alto sentido intersubjetivo porque quien también asesoró a Roh fue Moon quien fungía como su abogado y asistente personal en 2007, y sin duda, conoció en ese acto bilateral al padre de quien ahora le invitó a cruzar la línea fronteriza hacia el norte, territorio donde casualmente nació el padre de Moon. Por ello, no deben ser extrañas las amplias sonrisas, los apretones de mano o las declaraciones de ambos líderes que ayudan a distender el clima guerrerista formado semanas atrás cuando el presidente Donald Trump amenazó con destruir totalmente a Norcorea y Kim respondió con desaparecer con potentes misiles, sitios estratégicos estadounidenses en el Pacífico mientras que mostraba una política paciente, cuidadosa e inteligente de paz hacia Seúl.

Un Jong-un crecido como estadista, ante las amenazas de un Trump belicoso y portador de la filosofía de que otros vayan a la guerra a matarse por EEUU, y un Moon decidido a avanzar en la reunificación desde inicios de su gobierno y en ir tomando distanciamiento nuclear de Washington, unieron sus voluntades para satisfacer lo que a todas luces es un sentir popular a los dos lados de la frontera, el deseo de volver a la tradicional hermandad étnica.

Por supuesto, si todo en la vida política e internacional fuera y quedara en los intereses intra étnicos o interétnicos, el mundo sería de paz y prosperidad como lo afirman siempre en las declaraciones la mayoría de los organismos intergubernamentales en el mundo. La reunificación coreana, como aspiración de ambos pueblos, estará condicionada por la puja de intereses y de operaciones en diversos sectores y de diferentes actores globales, comenzando por el Complejo Militar-Financiero-Comunicacional dirigido desde el dúo Pentágono-CIA, por las megacorporaciones de diversas naciones interesadas en la creciente red económico-comercial-financiera asiática y euroasiática, y terminando por la Organización de Cooperación de Shanghai liderada por China y Rusia, así como por la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Son esos cuatro grupos de actores los que en mayor medida impactarán sobre lo que sucederá entre los dos gobiernos de la Península coreana.

Para cualquiera de esos actores, la República Popular y Democrática de Corea (RPDC) comienza a gozar de una nueva imagen mundial, una legitimidad renovada ante la comunidad regional e internacional de la cual estaba siendo apartada por la política imperial estadounidense, y también disponer de un tiempo mayor, con recursos potenciados al anunciar el detenimiento del ritmo de sus gastos nucleares, para insertarse de lleno y con más bríos en los procesos integracionistas multilaterales y bilaterales, comenzando por aquellos sugeridos por el líder Xi Jinping de su vecina nación, donde una de las cincuenta y seis etnias reconocidas en la Constitución Nacional de China es la coreana, de casi dos millones de integrantes que forman la Prefectura Autónoma de Yanbián y habita en la provincia china de Yilin, territorio de carácter geoestratégico tanto para la RPDC y China como para la fronteriza Rusia y el cercano Japón.

Este último con una larga deuda económica y ético-social con todo el pueblo coreano debido a la historia de agresiones e invasiones armadas a su territorio y que siguen siendo obstáculos para la mejoría de las relaciones coreano-japonesas, sobre todo por el avance de la carrera armamentista del llamado “país del sol naciente” y de su oligarquía liberal gobernante de arraigo imperial. A partir de ello se pudiera comprender mejor el sentido de las últimas declaraciones del decaído políticamente primer ministro japonés Shinzo Abe quien por no mostrarse tan prepotente expresó su confianza, pero sólo en que Kim “cumpla su palabra” respecto a las armas nucleares, más no mencionó nada acerca de las ocasiones anteriores en que los diferentes gobiernos surcoreanos no cumplieron lo prometido a la RPDC en materia de avances para la reunificación.

Por su parte, el recién ofrecimiento de Kim, transmitido a Abe por Moon, de realizar una cumbre norcoreano-japonesa queda a la expectativa y posiblemente no se realice antes del próximo otoño en que Moon visite a su vecino del norte. No obstante, la puja político electoral interna de Japón entre liberales y demócratas podría ser un catalizador que incline la balanza hacia uno u otro lado respecto a las relaciones Tokio-Pyongyang. Recuérdese que después que Jong Il y Roh avanzaron con la Declaración del 2007, en Japón ganó el Partido Democrático (después de varias décadas de derrotas) con su líder Yukio Hatoyama quien desde 2009, tuvo una cierta disposición de apertura hacia China y la RPDC, lo cual pudo haberle ocasionado fuertes presiones provenientes de las fuerzas de ocupación estadounidenses y de sus aliados criollos quienes a la postre volvieron a presidir el gobierno a partir de 2012. Hoy, Abe trata de conciliar intereses con las fuerzas internas que abogan por la mejoría de las relaciones con la pujante vecina China, en lo cual el cambio coreano viene a reforzar más esos intereses.   
         
En cuanto a las relaciones bilaterales chino-norcoreanas, el cambio ocurrido potencia más a China y también a la RPDC, tanto geopolítica como geoestratégicamente, debido a varios procesos.  En lo militar, teniendo en cuenta el historial bélico de los gobiernos de EE.UU,  si Moon y Trump deciden continuar con las maniobras conjuntas militares ahora sin armas nucleares, Beiging y Pyonyang no tendrían obstáculo para iniciar las propias maniobras militares que fortalecerían los intereses de ambos gobiernos respecto al Mar de China y a cualquier operación militar en general en esa subregión. Con este inicial acuerdo se presupone que al declarar Kim la disposición a cerrar una planta y posponer los planes nucleares, es porque Moon ya se hubo comprometido también a contribuir a desnuclearizar la parte sur de la península coreana, algo con lo que Trump podría estar de acuerdo dados los altos costos que ello conlleva para el presupuesto de Washington que el gobernante estadounidense lo pretende ir orientando hacia otros objetivos, aunque no menos onerosos para el pueblo estadounidense que es quien paga la carrera armamentista de la oligarquía gobernante, como la que se lleva a cabo con el motivo de la “agresiva Rusia”.  En lo económico-comercial-financiero, los acuerdos intercoreanos favorecen el avance en esas esferas de las relaciones chino-norcoreanas, sobre todo si las sanciones de EEUU y del Consejo de Seguridad de ONU impuestas a Pyongyang son eliminadas o disminuidas, pues esas siempre actuarán para uso del gobierno de EE.UU como la “espada de Damocles”  contra el pueblo socialista norcoreano.

Ya en mi artículo del 25 de noviembre de 2010 titulado “La decisión lógica y estratégica de Corea del Norte” preveía que el conflicto armado en la península de Corea tendía a “incrementarse en razón de las continuas provocaciones militaristas que Corea del Sur, con el apoyo de los Estados Unidos, lleva a efectos contra la República Popular Democrática de Corea (RPDC)”. Fue precisamente ese incremento ocurrido entre 2010 y 2017 un elemento incidente y significativo en la decisión del pueblo surcoreano de quitar del poder en marzo del 2017 a la gobernante corrupta anti-unificación, Park Geun-hye y buscar una opción viable  con la candidatura y la victoria de Moo Jae-in, quien ahora ha cumplido el añorado deseo popular de reiniciar el proceso de unificación norte-sur, aunque este no está blindado aún frente a los potentes actores que utilizan las “covert action”, las “operaciones de bandera falsa”, las campañas de “fake news”, las amenazas, chantajes y sobornos dirigidos criminalmente,  para desestabilizar procesos y naciones. 

En función del proceso unificador, Moon y Kim aprobaron una declaración final, de donde se puede extraer el sentido altamente social que tienen los temas centrales acordados entre ellos. En primer lugar, detener las operaciones de hostilidad y avanzar en la desnuclearización total de la península de Corea lo que significa eliminar gradualmente “los arsenales”, la propaganda dañina en las fronteras y no enfrentarse en el llamado “Mar Amarillo”, todo a partir de firmar un “tratado de paz”. En segundo lugar, desarrollar inmediatamente la estrategia de las “conversaciones militares de alto nivel” e ir creando condiciones para mejorar las relaciones bilaterales mientras que se fomenta “un futuro conjunto de prosperidad y reunificación”. En tercer lugar, fomentar las actividades de reunificación familiar y competir conjuntamente en lides internacionales deportivas bajo una misma bandera. Y en cuarto término, iniciar conversaciones de negociación a cuatro bandas (las dos Corea, China y EE.UU).

Esos acuerdos bilaterales presuponen, ante todo, que Moon y su gobierno están decididos a dar pasos concretos y cumplir lo pactado, lo cual no es la garantía total del avance del proceso de reunificación pero sí un paso superior que busca aprovechar la coyuntura crítica por la que atraviesa la otrora dominación hegemónica estadounidense en la región de toda el Asia-Pacífico y también aprovechar el surgimiento del “nuevo poder condicionado colectivo” expresado en la política china de construir una “comunidad de destino compartido” basada en la creciente interconectividad, como la desencadenada por la Franja y la Ruta, pero también soportada en la visión de “un país dos sistemas” o de la gobernanza global de nuevo tipo, apoyada en una búsqueda de la multipolaridad pero que también tiende a la bipolaridad multicéntrica debido a la política exterior imperialmente obcecada de los gobiernos estadounidense de turno que obligan a cerrar filas internacionalmente contra el belicismo guerrerista en bien de la paz y la salvación del planeta.

Tratar de comprender ese proceso de unificación “intercoreano”, profundamente social, y por tanto ideológico y también geopolítico, sin considerar al imaginario real de ambos pueblos, sus aspiraciones de felicidad y sus anhelos históricos, como lo ignoran y pretenden establecer las limitadas teorías neoliberales de las “relaciones internacionales” donde lo social, con sus batallas políticas internas, quedan enmascaradas en una “caja negra” o ignoradas por metodologías neopositivistas o filosofías pseudo analíticas, resulta a todas luces un empeño cognitivo infructuoso y sesgado, y por ello es que así, con esas limitaciones, lo difunden las cadenas transnacionales de noticias que le hacen el juego a las megacorporaciones de la carrera armamentista y ahora tratan de crear la incertidumbre en torno al cumplimiento nuclear de lo prometido por Kim y de comenzar a buscar con qué torpedear la gestión de Moon, quien junto a su par norcoreano, transitan por una histórica encrucijada.

(*) Analista internacional y profesor de las maestrías en Relaciones Internacionales del Instituto de Altos Estudios de Seguridad de la Nación de la UMBV y de la de Derecho Internacional Público de la UBV, así como de la carrera en relaciones internacionales de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV.

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