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martes, 19 de junio de 2018

The New York Times y El capo Uribe Vélez


Por Malcolm Rumbos:
Los documentos, divulgados por el periódico The New York Times, ponen en una posición comprometedora al expresidente a pocas horas de las elecciones presidenciales. Un informe afirma que Álvaro Uribe Vélez era un ‘amigo cercano’ del capo Pablo Emilio Escobar Gaviria.

La reacción del presidente Álvaro Uribe Vélez en contra del periodista Gonzalo Guillén a quien señaló de ser el autor del libro de la ex diva de la televisión Virginia Vallejo ‘Amando a Pablo, odiando a Escobar’ tuvo un eco contraproducente en Estados Unidos. De una parte, The New York Times, el periódico más influyente del mundo y uno de los rotativos más leídos por los estamentos de poder en la vida política de Estados Unidos, recogió el caso en una nota que para contextualizarla vuelve a citar un informe en que el se afirma que Álvaro Uribe Vélez era un ‘amigo cercano’ del capo Pablo Emilio Escobar Gaviria.

Se trata de un informe desclasificado de inteligencia en el que se afirma que a partir de 1991 Uribe era “amigo personal cercano” del “señor Escobar”. Además, asegura que Uribe estaba ligado a negocios no identificados con implicaciones en el tráfico de drogas. Este informe es un material no confirmado que en su momento fue rechazado tanto por el gobierno colombiano como por la justicia de Estados Unidos. Sin embargo, el periódico vuelve a utilizarlo sin darle la debida importancia a semejante dato.

Esto significa que la salida del presidente Uribe a las emisoras –Caracol y RCN– para desvirtuar las afirmaciones de la ex amante del capo del narcotráfico no tuvo el efecto deseado. Por el contrario, si lo que buscaba el Jefe del Estado era hacer claridad sobre este episodio, al menos, en The New York Times se logró todo lo contrario.
De igual manera, en el periódico para el cual es corresponsal el periodista Gonzalo Guillén, El Nuevo Herald, en su caso rechazó con vehemencia las declaraciones del presidente Uribe.
Humberto Castelló, director de El Nuevo Herald, expresó su rechazo y extrañeza por las declaraciones de Uribe.

”No hemos recibido ni una sola queja ni la más mínima solicitud de corrección del Presidente por las publicaciones de nuestro corresponsal'”, afirmó Castelló. “Lamento la ligereza, la injusticia y la irresponsabilidad que ha cometido con ese comentario la persona de más alta investidura en un país en donde se ha visto que los defensores armados del Presidente, al margen de la ley, no corrigen a los periodistas con cartas, sino con balas'”.

El diario de Miami recordó que Guillén se encuentra bajo protección de dos escoltas del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) desde hace tres meses luego de que la redacción de El Nuevo Herald recibió un anónimo revelando un plan para matarlo supuestamente urdido por paramilitares de la zona de San Andresito en Bogotá y oficiales de la Policía Metropolitana.

'”Estos hechos son sumamente graves y nos generan gran preocupación sobre la seguridad y la integridad física del periodista'”, escribió a finales de mayo el director ejecutivo de Human Rights Watch, José Manuel Vivanco, al vicepresidente Francisco Santos, al conocer la situación del periodista.
El periódico dice que como ejemplo de la supuesta calumnia de la que habría sido víctima, Uribe citó un artículo publicado en El Nuevo Herald que no fue escrito por Guillén.

Y aclara que se trata de una nota publicada en mayo de 2006 por el reportero de El Nuevo Herald Gerardo Reyes, sobre un caso en el que Uribe fue ligado a un proceso de contrabando de una avioneta en 1983, episodio del que el mandatario dijo que no recordaba nada.

En su intervención en RCN, Uribe aseguró que en el artículo en mención se afirmó que se trataba de un avión ligado al narcotráfico, pero la nota en ningún punto hizo esa aseveración en forma directa, ni indirecta ni atribuida a una fuente.

En el artículo periodístico se presentaron las explicaciones que dio el Presidente a través del secretario jurídico de su despacho. Tras la publicación del reportaje ni Uribe ni sus funcionarios enviaron corrección o aclaración alguna.
rumbos200@gmail.com

sábado, 27 de mayo de 2017

El último campo de confrontación en Venezuela

Por Homar Garcés

The New York Times publicó recientemente: «Las detenciones arbitrarias por motivos políticos son una constante en Venezuela, país que vive una de las peores crisis de derechos humanos de la región». Al respecto, una persona medianamente inteligente y con criterio propio se preguntaría: ¿Detenciones arbitrarias? ¿No son castigables los delitos de violencia terrorista, la destrucción de bienes públicos, las agresiones a funcionarios militares y policiales, la instigación pública a un golpe de Estado, la invocación de una intervención armada de una potencia extranjera y el asesinato deliberado de personas con propósitos políticos? ¿Son delitos lícitos y permitidos en el territorio de Estados Unidos y Europa sin actuación alguna de sus respectivos gobiernos?


Como se detecta en diferentes medios informativos, la situación interna venezolana es tratada con una evidente parcialidad. Esto salta a la vista en el uso del lenguaje al referirse a las acciones violentas del antichavismo como protestas pacíficas, lo cual es reforzado con la selección de imágenes que exponen a policías y militares como represores que violan sistemáticamente los derechos humanos de todo el pueblo venezolano; sin identificar la fuente del efecto efusivamente reseñado. Se esquiva así, repetidamente, la violencia convocada y legitimada por la dirigencia derechista, dándole un carácter cotidiano, a fin de influir en la percepción que se tenga de todo lo generado en el territorio, de modo que no existan más salidas que las exigidas por los sectores opositores.

En todo este panorama se puede determinar la deficiencia comunicacional del gobierno y del chavismo en general, muchas veces centrados en apagar fuegos, pero sin manejar una estrategia comunicacional que no sólo esté dirigida a informar a la colectividad respecto a la gestión gubernamental cumplida, o a mantener viva la imagen del Comandante Hugo Chávez, transformado en ícono, incluso por encima del Libertador Simón Bolívar; lo cual no ha evitado que la oposición continúe en su empeño por minar la confianza en Nicolás Maduro como presidente y en su capacidad para contribuir realmente al logro de los objetivos primordiales de la Revolución Bolivariana, Socialista y Popular que se busca impulsar y arraigar en Venezuela desde hace más de una década.

No obstante reconocerse este talón de Aquiles, los factores y funcionarios chavistas se empeñan en depender (casi de manera exclusiva) del centimetraje que puedan obtener en diarios y demás medios de información, así dispongan de aquellos que dependen del Estado o sean partidarios de su programa político. De este modo, terminan por aceptar las reglas de juego impuestas por la ideología antagónica de las élites dominantes en vez de producir y consolidar unos medios propios que sean capaces de contrarrestar las matrices de opinión opositoras, evitando que éstos se conviertan en meros instrumentos propagandísticos que, en lugar de aclarar y orientar, oscurezca más la verdad de las cosas. Igual ocurre con el manejo de las diferentes redes virtuales a las que tiene acceso una gran cantidad de personas (mayormente jóvenes) en donde se difunden noticias falsas, en muchas ocasiones recicladas, sin comprobación previa, lacerando la credibilidad del gobierno, así como contribuyendo (quizás inconscientemente) con las metas trazadas por la derecha local y extranjera para acabar con el orden constitucional vigente, configurándose de tal forma en Venezuela el último campo de la confrontación.-

mandingarebelde@gmail.com