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miércoles, 29 de agosto de 2018

El jefe del Pentágono vino a ultimar los detalles de la intervención militar en Venezuela


Por Carlos E. Lippo

“Vengo en paz. No traje artillería. Pero con lágrimas en los ojos, les digo esto: si me fastidian,
 los mataré a todos”.
James “perro rabioso” Mattis en una reunión con iraquíes, durante la invasión de 2003.

No tengo duda alguna en relación a que de toda la caterva de sociópatas a los cuales Trump ha entregado la dirección del área de seguridad de su grotesca administración, el más “impresentable” es James Mattis, el actual secretario de defensa. Y ello a pesar de que en dicho equipo se ha asignado papeles protagónicos a personajes de la calaña de: John Bolton (asesor de seguridad nacional), uno de los principales forjadores del “falso positivo” sobre la existencia de armas de destrucción masiva en el Irak del 2002 que sirvió de pretexto para la invasión del año 2003, que aún se mantiene vigente; Mike Pompeo (secretario de estado y exdirector de la CIA), defensor a ultranza de los métodos de interrogatorio basados en torturas así como también de sus ejecutantes, de los cuales ha llegado a decir con el mayor desparpajo: "… estos hombres y mujeres no son torturadores, son patriotas"; y Gina Haspel (directora de la CIA), una experta del espionaje y de las misiones encubiertas, con más de 30 años de experiencia en esa agencia y con severos señalamientos que la vinculan con las operaciones de tortura de prisioneros, dentro y fuera del territorio de los Estados Unidos.

Intentando una breve semblanza de este actual jefe del Pentágono, designado en 2017 en violación de una ley que prohíbe la designación para ese cargo de quienes hayan prestado servicio en las fuerzas armadas estadounidenses durante los siete años anteriores, ya que se retiró del servicio activo en el 2013, habremos de decir que se trata de un laureado oficial del “Cuerpo de Marines” con muy destacada actuación en la “Guerra del Golfo” (1991) y con altísimas posiciones de comando tanto en la invasión a Afganistán (2002) como en la de Irak (2003). La mediática gringa, tan dada a endilgarle apodos a todo el mundo, tanto amigos como enemigos, le ha bautizado con el de “perro rabioso” (mad dog), apodo que consideramos que está más que justificado en este caso si se toman en consideración muchos de sus cínicos y petulantes señalamientos como aquel de: “Sé cortés, sé profesional, pero ten un plan para matar a todos los que conozcas”, pronunciado durante la ocupación de Irak en el 2003, al igual que el otro irrepetible señalamiento que da inicio a estas notas (1).

Es a este guerrerista, mezcla de sociópata con sicópata, a quien Donald Trump ha confiado la tarea de consolidar bajo la amenaza de las armas el “patio trasero” suramericano, una vez que haya atado todos los cabos sueltos dejados en los primeros meses de este 2018 por sus anteriores enviados a la región (Rex Tillerson, Mike Pence y Mike Pompeo), quienes privilegiaron la aplicación de presiones de naturaleza económica y diplomática para el logro de los fines que les fueron encomendados.

Como es sabido por todos la gira suramericana del jefe del Pentágono tuvo lugar entre los días 12 y 17 de agosto, contemplando reuniones con los ministros de defensa d
e los dos “pesos pesados” suramericanos (Brasil y Argentina), y siendo recibido además por los presidentes de los más arrastrados cipayos o “socios confiables”, como ellos prefieren ser llamados (Chile y Colombia); siendo precedida por la visita a los mismos países del almirante John Richardson, jefe de operaciones navales de la armada estadounidense, y por la visita a Colombia de Nikki Haley, embajadora gringa en la ONU.

Dejando de lado todo eufemismo, el almirante Richardson fue enfático en señalar en todos los países visitados que las fuerzas armadas estadounidenses, y en particular la marina, querían asegurarse de que el país angloamericano fuese el "principal socio en materia de seguridad” de Latinoamérica; reconociendo que en esa materia, algunos funcionarios locales decían estar listos para la cooperación militar interamericana, desde misiones humanitarias, hasta misiones en ciberseguridad (2). Así mismo, en declaraciones a la Voz de América (VOA), señaló: “ queremos ser ese equipo estable, constante y comprometido que no deja de prestar su apoyo a la hora de la verdad”. Y todos sabemos lo que significa para los gringos “la hora de la verdad”, así como el hecho de que el equipo estable constante y comprometido del que está hablando es con toda seguridad la fuerza multiestatal invasora de nuestro país.

Por su parte la “glamorosa” señora Haley, a la usanza de las giras efectuadas en sus momentos por la secretaria de estado Clinton a países invadidos, como Afganistán, Libia e Irak, se hizo presente el 09 de agosto (tres días antes del inicio de la gira de Mattis) en el primer consejo de seguridad del presidente Duque celebrado en el Tibú, a escasa distancia de nuestra frontera, visitando luego la zona como si se tratase de los suburbios de alguna ciudad invadida de Siria o Somalia. En dicha reunión que muchos consideramos como la preparación político-diplomática de la gira del jefe del Pentágono, no se limitó sólo a solicitar a la comunidad internacional la acción de “aislar” al presidente Maduro, quien a su juicio debe “pagar un precio” por lo que ella considera es la “crisis humanitaria en la frontera” (3), sino que llegó al extremo de ungir como líder del movimiento regional en contra de Venezuela y a nombre de su gobierno, al recién estrenado presidente colombiano, al señalar de manera enfática y sin recurrir a sus frecuentes eufemismos: “… Estados Unidos apoya que el presidente Iván Duque lidere un movimiento regional contra el Gobierno de Venezuela” (4).

Entrando de lleno en los detalles de la gira es necesario decir que el jefe del Pentágono visitó en seis días cinco ciudades suramericanas en cuatro países: Brasil, Argentina, Chile y Colombia, en cada uno de los cuales al reunirse con sus ministros de defensa y/o presidentes, trató diferentes temas  (autorización de uso de bases militares, préstamos para adquisición de armamento, firma de convenios de cooperación militar, coordinaciones varias, etc.), destinados todos a incrementar la dependencia militar del imperio de dichos países. El único tema tratado de manera recurrente en todos los países fue el de Venezuela, ya que países que durante años recibieron nuestra solidaria ayuda humanitaria al haberle dado asilo a una cantidad importante de sus nacionales desplazados por sus conflictos internos (guerras civiles o cruentas dictaduras militares), se quejan ahora amargamente de que se hayan invertido temporalmente los flujos migratorios a causa de la guerra de cuarta generación que nos viene aplicando el imperio desde hace ya años; al mismo tiempo que con ello buscan impúdicamente congraciarse con el imperio que desde hace años ha venido planteando que sólo intervendría militarmente en Venezuela si fuese necesario para solventar una “crisis humanitaria”.

Es evidencia de lo anteriormente dicho el siguiente señalamiento emitido en Bogotá, el día viernes 17, por Sergio de la Peña, subsecretario adjunto de defensa de EE.UU. para asuntos del hemisferio occidental: "El caso de Venezuela es preocupante para toda la región, porque el flujo de refugiados fuera de Venezuela es significativo" (5); señalamiento que deliberadamente oculta que al menos en el caso de Colombia, más del 70 % de esos supuestos refugiados son ciudadanos colombianos o de nacionalidad venezolana-colombiana, representando una pequeña parte de los más de 6 millones que han vivido entre nosotros desde que comenzaron a llegar a mediados de los años sesenta, desplazados a causa de su terrible conflicto interno.

A una semana de finalizada la gira de este nefasto halcón debo decir responsablemente que estimo que ya ha sido acordada la integración de las fuerzas armadas de los países visitados a la fuerza multilateral que buscaba conformar el imperio para intervenir militarmente en Venezuela invocando supuestas razones de carácter humanitario, tal como lo hicieron en la Yugoeslavia de Milosevic en 1999; digo esto, basándome en los siguientes razones:

             Resulta muy poco verosímil que el jefe del Pentágono haya accedido a realizar una tarea en la cual previamente habían fracasado estrepitosamente el vicepresidente Pence y dos secretarios de estado (Tillerson y Pompeo), sin que antes se subiese logrado al menos un preacuerdo a ese respecto.

             Unas declaraciones del almirante John Richardson, jefe de operaciones navales de la armada estadounidense ofrecidas a la “Voz de América” (VOA), el servicio de radio y televisión internacional del gobierno de los Estados Unidos, poco antes de la llegada de Mattis, según las cuales algunos funcionarios locales de los países visitados decían estar listos para la cooperación militar interamericana, en especial para ejecutar operaciones “humanitarias” conjuntas.

             La suscripción con el gobierno de Colombia de un acuerdo que contempla el envío de un buque hospital de la marina estadounidense a la costa colombiana para apoyar y asistir a los llamados "refugiados" venezolanos que se encuentran en ese país. Una medida que resulta cuando menos redundante si se toma en consideración que para el mismo propósito ya se encuentran actuando los “Cascos Blancos” argentinos (6) y (7). Siendo oportuno señalar además que mientras una inmensa cantidad de medios internacionales han señalado que este hecho representaría la primera incursión militar estadounidense en la crisis de Venezuela, el jefe del Pentágono insiste ladinamente en señalar que: “Es absolutamente una misión humanitaria. No enviaremos soldados, enviaremos médicos (...). Están desbordando la frontera" (8). Inquietantes frases en boca de quien acostumbra incurrir en violentos excesos verbales sin preocuparse en modo alguno por las consecuencias de los mismos, ya que a diferencia de lo que dice el viejo refrán, este “perro” ladra, pero además muerde.
            
Ahondando un poco en el tema del buque hospital es necesario decir que el Comfort, que es el buque al que nos estamos refiriendo, es un auténtico centro clínico flotante que puede ser equipado para transportar a unos 1.215 efectivos médicos militares; tiene capacidad para realizar 12 cirugías simultáneas; cuenta con 1.000 camas clínicas; y está dotado de helicópteros artillados para el transporte de las bajas (9) (¿!). Como partiría del puerto de Norfolk, en la costa este norteamericana es bastante obvio que habría de ser fondeado en alguno de los puertos del Caribe colombiano pues sería ilógico que lo hiciesen pasar por el Canal de Panamá para fondearlo en alguno de los puertos del Pacífico. También se ha hablado de enviar el barco hospital Mercy, de similares características que el Norfolk cuyo puerto de origen se encuentra en San Diego, California, sobre el Pacífico norteamericano. No se precisa tener grandes conocimientos de la geografía colombiana para abordar a la conclusión de que ambos buques, siendo absolutamente inútiles para atender a unos supuestos refugiados venezolanos que tendrían que ser transportados centenares de kilómetros para poder ser atendidos, ni serán fondeados en los sitios que han dicho, ni serán tripulados exclusivamente por personal médico, sino que serán con  toda seguridad la vanguardia encubierta del dispositivo militar invasor. Recordemos que no sería la primera vez que tanto los Estados Unidos como Colombia utilizan el camuflaje de la Cruz Roja para sus acciones militares encubiertas.

Tal como titulásemos estas notas el jefe del Pentágono vino a ultimar los detalles de la intervención militar en Venezuela y efectivamente lo hizo; la fecha más probable de ocurrencia de este infausto evento que en caso de darse comportaría el riesgo de convertir a nuestro país y a toda la región en un gigantesco Vietnam, será en el lapso comprendido entre el 30 de agosto y el 12 de septiembre, coincidiendo como tantas veces hemos dicho, con la ejecución de las Maniobras Navales UNITAS LIX, en las costas del Caribe colombiano.

Aún no han acordado la forma de justificar tamaño exabrupto, ya que la justificación por vía de la existencia de una supuesta crisis humanitaria se les hace y se les seguirá haciendo cada vez más  cuesta arriba, sobre todo después de la entrada en vigor de las medidas de carácter económico, financiero, monetario y cambiario puestas en vigencia por el gobierno revolucionario durante los últimos días.

Es claro que evaluarán la utilización de otros motivos para justificar la invasión, entre los cuales habrá de estar el de la generación de un falso positivo militar en la frontera, que serviría para presentarla como una respuesta solidaria conjunta a supuestas violaciones de la seguridad interior de Colombia y el de la espuria solicitud de invasión por parte de un gobierno venezolano paralelo a ser montado en Colombia, donde ya funciona un ilegal tribunal supremo de justicia desde las instalaciones del mismísimo congreso colombiano. Al análisis de estos escenarios dedicaremos nuestro próximo trabajo.
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
(1)    http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/08/19/la-gira-de-mattis-el-perro-guardian-del-hemisferio/
(2)    https://dialogo-americas.com/es/articles/us-wants-remain-partner-choice-south-america
(3)    https://www.laiguana.tv/articulos/314273-fragatas-corbetas-submarinos-venezuela/
(4)    https://celippor.blogspot.com/2018/08/laoligarquia-colombiana-pretende.html
(5)    https://www.efe.com/efe/america/politica/china-y-venezuela-grandes-protagonistas-de-la-gira-mattis-por-suramerica/20000035-3723365#
(6)    http://celippor.blogspot.com/2018/06/quehan-venido-hacer-los-cascos-blancos.html
(7)    http://celippor.blogspot.com/2018/07/alertaa-los-cascos-blancos-argentinos.html
(8)    https://www.efe.com/efe/america/politica/china-y-venezuela-grandes-protagonistas-de-la-gira-mattis-por-suramerica/20000035-3723365#
(9)    https://www.aporrea.org/tiburon/n329979.html

celippor@gmail.com

martes, 3 de julio de 2018

Avances y límites del progresismo


Por  Julio A. Louis: 
El progresismo en América Latina, ha comprendido a gobiernos diferentes. Los de Bolivia, Ecuador y Venezuela  han intentado transformar las estructuras del sistema capitalista, apuntando a un “socialismo del siglo XXI”. Los  de Argentina, Brasil, Paraguay,  Chile y Uruguay, solo han planteado  reformas en el sistema. En Nicaragua, la revolución degenera y el régimen es combatido por los sandinistas. Sus transformaciones, en general, han servido a sus pueblos. 



Expectativas y realizaciones  
Es compleja una valoración de experiencias tan heterogéneas. Por cierto se está lejos de las aspiraciones de las izquierdas de las décadas del 50 y 60, que  programaban  la reforma agraria, la industrialización, la conversión  de la democracia liberal en otra más directa y verdadera para el pueblo trabajador y la defensa irrestricta de la soberanía nacional. Claro, también estamos lejos de aquel  capitalismo, pues se enfrenta hoy  a otro más poderoso, el  globalizado. 

La reforma agraria, con la redistribución de la propiedad y de la riqueza -salvo  avances en Bolivia y Ecuador- no se ha concretado, y al contrario, ha habido una contrarrevolución agraria (caso de Uruguay) en beneficio de las trasnacionales. La industrialización -salvo excepciones- no se impulsó con las  nacionalizaciones -vedadas por los organismos financieros internacionales- sino importando capitales trasnacionales, los que dictan las pautas a los gobiernos, para que sea una industrialización dependiente. Las constituciones de Venezuela, Ecuador y Bolivia -tendentes a democracias de nuevo tipo, superiores a las liberales, por su  legislación social, protección a los pueblos aborígenes y al medio ambiente- conviven con  “democracias” -después de experiencias progresistas- hijas de golpes de estado (Honduras, Paraguay o Brasil),  que reniegan de sus fundamentos clásicos. Así, el Poder Judicial, se ha convertido en  represor, sustituyendo el clásico rol de las Fuerzas Armadas. Poder Judicial que  ampara a los delincuentes de la “Seguridad Nacional”, o les niega a los pueblos el derecho de elegir a los gobernantes, caso de  Brasil. La soberanía nacional exige enfrentar al imperialismo, lo que no han hecho  todos  los gobiernos progresistas.

Pese a sus limitaciones, nunca Nuestra América avanzó tanto en acuerdos y conciencia de integración. Desde que  Hugo Chávez reflota la idea de José Martí de “Nuestra América” -entendiendo al conjunto de territorios y países (salvo Estados Unidos y  Canadá, naciones de capitalismo desarrollado) con distintas economías, sistemas políticos y culturas, otro  concepto reemplaza a los de América Latina, Íbero América o Hispanoamérica: el  de los pueblos unidos contra el imperialismo. 

Las debilidades de estas experiencias

¿Cómo explicar las falencias, que han dado pie al retroceso conservador? Hay que hurgar en esas experiencias  para hallar sus deficiencias, y  comprender la conducta de los enemigos de las clases populares.

Nuestros países carecen de una clase trabajadora movilizada, con conciencia de clase sólida para enfrentar al sistema, capaz de conducir al conglomerado aliado. Así, en  Argentina, el mejunje peronista no ha pasado de actitudes anti imperialistas aisladas; en Brasil, donde el Partido de los Trabajadores opta para llegar al gobierno - que no es el poder- por aliarse con sapos y culebras que terminan envenenándolo; o en Chile y Uruguay, donde los trabajadores han quedado relegados por sectores burgueses medios, que han retocado el neoliberalismo, lo que en una coyuntura económica favorable les ha permitido avances sin enfrentar al sistema. 

Estos logros han sido limitados, por factores internos y externos.

Los agrupamientos políticos del bloque popular han surgido de disímiles procesos. Unos, son fruto de una larga historia de acción común: la Concertación chilena o el Frente Amplio uruguayo. En Brasil, la dispersión de los partidos de izquierda, no impidió al Partido de los Trabajadores dirigir el proceso reformista. Kirchner aprovecha una coyuntura de crisis del peronismo, para modificar la orientación política y reunir a vastos sectores. Chávez, con su liderazgo, aglutina a una heterogénea coalición. Evo, surgido del sindicalismo, lidera a grupos fuertes, en buena medida representativos de las etnias aborígenes. Pero, con anterioridad,  las izquierdas han sido duramente golpeadas por sus derrotas y desaciertos -guerrillas mal concebidas, estalinismo, etc.- en el siglo pasado,lo que provoca  la escasez de cuadros calificados. Los militantes de diversas corrientes tenían asimilado la idea de “primero el pueblo, último yo”. Con tal ética,  afrontaron situaciones inhumanas  como el exilio, el inxilio, la cárcel, la tortura, la muerte. Si a alguien se le ocurría sacar provecho individual, era separado y repudiado por los demás. Sin embargo, lo padecido durante las Dictaduras de la Seguridad Nacional, más la posibilidad de acceder a cargos de gobierno y a la consideración ciudadana- han ablandado  a muchos, que valoran en demasía  las posibilidades que brindan estas democracias,  tuteladas por las Fuerzas Armadas y ahora vigiladas por el Poder Judicial. La ética revolucionaria, la ética de clase, ha cedido terreno y la corrupción, el engreimiento, el individualismo consumista, ha multiplicado adeptos perdiendo legitimidad los partidos. Sobran los ejemplos negativos, sobre los cuales machaca con inteligencia la reacción. Y así, abordar la adecuada estrategia (para ganar la guerra) y las tácticas (para ganar las batallas de esa guerra) son impensables.  

Los factores externos son más fáciles de apreciar.

El  frenazo al ALCA (2005) en Mar del Plata,  inicia un proceso inconcluso de integración, y al Mercosur reformulado se sumarán el ALBA-TCP (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos), la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas) y la CELAC (Comunidad de Estados Latino Americanos y Caribeños).  

Contra el proceso de integración, Estados Unidos y las oligarquías han aplicado la   “guerra irrestricta”. Cuando los chinos Qiao Liang y Wang Xiangsui escriben la obra con ese título (1999), observan que mientras se veía una reducción relativa de la violencia militar, crecía la violencia política, económica y tecnológica. Y  ellas se manifestaban por la des información inducida (conocida como pos verdad), la militarización de la vida civil y política, el dominio de espacios estratégicos de países con bases militares yanquis, el control de recursos básicos (como el petróleo) y la negación de la soberanía nacional.  Solo que -casi dos décadas después de “La guerra irrestricta”- también aumenta la violencia militar; caso típico del Medio Oriente, la que se propaga en Nuestra América. Gene Sharp ha teorizado  los “golpes blandos”, que implican la agresión económica, social, militar, comunicacional, etc. Y el accionar reaccionario se ahonda en Colombia, Perú, Chile, Paraguay, y ahora Brasil, con atentados criminales contra dirigentes sindicales y políticos populares, los pobres y los marginales, golpeados con rencor y por venganza. (1)

Mientras las bases norteamericanas se extienden por el continente, aplastando las soberanías nacionales,  los medios masivos de comunicación centran sus noticias en la represión de Maduro, como si el gobierno de ese país, asediado desde el exterior y el interior, pudiera hacer otra cosa que defenderse, aún a sabiendas que  las fuerzas revolucionarias no están exentas de cometer  acciones represivas innecesarias. Contra  Venezuela se emplea el concepto de “estado fallido”,  empleado previamente a las invasiones de Afgnistán, Irak y Libia.           

La entereza de ese pueblo -sin una clase obrera poderosa-, la dignidad de sus fuerzas armadas, la solidaridad de China y de Rusia, han sido los factores que han impedido hasta el momento la agresión directa. Porque -a Maduro como a Allende- hay que derrocarlo para dominar las riquezas nacionales y para que no prospere el ejemplo de resistencia anti imperialista. Este juicio no implica desconocer  su incapacidad de generar una economía diferente a la basada en la renta petrolera.

Imposibilidades de nuestro tiempo

La construcción del socialismo y/o  de Estados Nacionales plenamente soberanos es irrealizable en escala nacional o aún regional, por el acoso desde el exterior, por lo que los enemigos limitan y desfiguran los procesos, lo que obliga a reconsiderar las estrategias y las tácticas de los pueblos. Ocurrió en otros lugares, en particular, en la Unión Soviética. Con visión, Hugo Chávez intentó la tarea imprescindible de construir una Quinta Internacional.  

El futuro de cada pueblo y  gobierno, dependerá de su resistencia y la de sus vecinos. En América del Sur, con excepción de Bolivia y Venezuela, los progresismos han capitulado. El caso singular es Uruguay - rodeado de  poderosos vecinos con gobiernos reaccionarios- que ha permanecido fuera del Grupo de Lima, y que si bien, ha sido ambiguo frente a los sucesos de Venezuela, se ha negado en solitario en el Cono Sur a avalar el intervencionismo. Por consiguiente, difícil panorama, en tanto vivimos en un mundo constituido por un sistema de Estados, que vuelve absurdo pensar en el destino individual de cada uno sin las conexiones con los restantes. Un sistema de Estados dirigido desde un centro no confesado, el poder de las grandes multinacionales, que limitan las soberanías nacionales, mucho más en naciones débiles. Por ende, robustecer el internacionalismo es de vida o muerte. 

Notas
(1) Leer a Anne Vigna, “Violencia política en Brasil” “Le Monde Diplomatique”. Mayo de 2018. 

jlui@adinet.com.uy

sábado, 30 de septiembre de 2017

Trump, Maduro y la guerra asimétrica

Por Carlos Fazio:

Caracas. Tras la purga del estratega Steve Bannon del entorno ultranacionalista de Donald Trump por la troika de generales que se apoderó de la Casa Blanca: James Perro loco Mattis, secretario de Defensa; H. R. McMaster, consejero de Seguridad Nacional, y John Kelly, jefe de gabinete, la guerra no convencional y asimétrica contra Venezuela, parcialmente declarada por el presidente nominal de Estados Unidos, podría pasar a una nueva fase de escalada bélica.



A ello obedecería el brutal discurso maniqueísta y descarnadamente imperialista de Trump en Naciones Unidas del pasado 20 de septiembre, que tras manipular el concepto de soberanía, y con Irán, Corea del Norte, Cuba y Venezuela como renovado eje del mal, retoma las aristas más agresivas del enfoque militar de guerras múltiples y políticas de cambio de régimen de las administraciones Clinton/Bush/Obama, ahora bajo la doctrina Mattis.

Trump dijo estar preparado para tomar nuevas acciones contra la dictadura socialista de Nicolás Maduro. Washington impuso sanciones financieras contra Venezuela, y en agosto pasado la administración de los generales del títere Trump (como la llama J. Petras) no descartó la opción militar. Esa noche, durante una cena a la carta con sus perritos falderos Michel Temer, Juan Manuel Santos y Juan Carlos Varela -de Brasil, Colombia y Panamá, respectivamente-, y de la vicepresidenta de Argentina, Gabriela Michetti, Trump pudo haber adelantado algunos aspectos de la estrategia militar diseñada por quienes coloquialmente llama mis generales, con eje en una nueva ofensiva desestabilizadora encubierta que facilite una intervención humanitaria.
El gobierno constitucional y legítimo de Nicolás Maduro ha logrado sobrevivir a 120 días (abril/julio de 2017) de la más brutal ofensiva bélica que, en el marco de una guerra irregular o híbrida, utilizó tecnologías de última generación y a una élite de expertos en guerra electrónica, realidad virtual y propaganda democrática.

Fue apenas la última fase de cuatro años de una descomunal guerra de cuarta generación, que, con eje en una estrategia de espectro completo, ha incluido de manera simultánea y continuada la guerra sicológica (inteligencia); económico/financiera (acaparamiento y desabastecimiento por 20 trasnacionales de los rubros alimentario y farmacéutico, manipulación del tipo de cambio de la economía en mercados ilegales y riesgo país como armas de guerra, etcétera); cibernética (a través de plataformas sociales como Facebook, Twitter, WhatsApp, Youtube, Instagram), articuladas con campañas de propaganda blanca, gris y negra hegemonizadas por las siete grandes corporaciones de la comunicación que trabajan sobre una misma ideología global (Time Warner Corporation, General Electric, News Corporation, Sony Pictures, The Walt Disney Company, CBS Corporation y Bertelsmann), mismas que, cartelizadas, controlan más de 70 por ciento de los medios de difusión masiva del mundo (televisoras, radios, medios impresos y las web noticiosas privadas) y actúan como policías de la dictadura del pensamiento único neoliberal (controlando la superestructura cultural), a lo que se suma la guerra política vía la OEA del inefable Luis Almagro y los 12 países del llamado Grupo de Lima, con México como mascarón de proa.

Con José Vicente Rangel, se puede afirmar que Maduro ha sido el mandatario más acosado y ofendido de la historia de Venezuela, y el blanco obsesivo de los ataques de EU, la ultraderecha internacional y la oposición escuálida al proyecto político alternativo bolivariano, que encarna un modelo mixto que combina la democracia representativa con la democracia participativa y protagónica (consejos comunales, asamblea constituyente, etcétera), proceso doctrinario que tiene al pueblo como lugar de la ciudadanía originaria y que después del 30/J está activado en la Asamblea Nacional Constituyente.

Los ataques de la reacción no prosperaron, porque con astucia, coraje y decisión, y una gran habilidad estratégica y táctica y un acertado manejo de la información de inteligencia y de las nuevas tecnologías de la comunicación (la guerra simbólica y tecnológica en redes en el terreno digital y de las telecomunicaciones), Maduro y su equipo gubernamental han logrado abortar varias intentonas golpistas (incluidos golpes blandos y duros), guarimbas, maniobras para socavar la lealtad del alto mando militar, guerra económica y planes desestabilizadores urdidos en laboratorios especializados del Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Pero la derrota en la etapa de EU y sus aliados ha sido posible, también, porque, a diferencia de las instituciones castrenses de los otros países del área (que a excepción de Cuba han sido concebidas como fuerzas para la dominación y/o ejércitos de ocupación interna, cuando no para el ejercicio de la acción su imperialista), Venezuela cuenta con un Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Ceofanb), que desde hace 12 años tiene una estructura y una doctrina antimperialistas, anti oligárquicas, humanistas e integracionistas (latinoamericana).

Derivada del genio y la visión geopolítica del comandante Hugo Chávez, que en 2004 definió una nueva estrategia castrense con base en que Estados Unidos constituía una amenaza cierta para Venezuela, se ha venido construyendo una unión cívico-militar, que tiene como una de sus premisas fundamentales la participación activa del pueblo en las tareas de la defensa integral de la nación, bajo el principio de la corresponsabilidad.

Con ese marco de referencia, y ante las amenazas bélicas de Trump, a finales de agosto 200 mil soldados de la FANB y 700 mil milicianos, reservistas y civiles participaron en el ejercicio militar Soberanía Bolivariana 2017, bajo la concepción de que ante una invasión de EU, la Fuerza Armada se dispersaría –nos haríamos tierra, aire y agua- y conduciría una guerra de resistencia.


solidaridad-venezuela@lists.mayfirst.org