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martes, 15 de mayo de 2018

Maduro el Protector


Por Ernesto Wong Maestre: 
A pocas horas de realizarse el séptimo proceso electoral en torno a la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela en el marco de las más de veinte elecciones realizadas desde 1998, resulta necesario repasar sucintamente lo que ha provocado en la mayoría de la población venezolana la profunda reflexión sobre: la satisfacción de sus necesidades, los problemas confrontados y las expectativas futuras. Son las tres claves en que se centrará la evaluación individual de cada elector que condiciona su comportamiento electoral. Cualquiera de los tipos de  decisiones posibles estará vinculada a alguna o a las tres motivaciones objeto del análisis y la síntesis de cada quien, y en ellas tendrá alta significación las políticas públicas y la formación ideológica, geopolítica y geoestratégica  llevadas a cabo por el líder de la Revolución Bolivariana, Nicolás Maduro Moros hacia los diferentes segmentos y grupos sociales del país.


 Al mismo tiempo, la decisión expresará el grado mayor o menor en que se encuentra el nivel de conciencia ciudadana o conciencia social, y más que el grado, expresará la calidad o sentido de sociabilidad y de visión de Estado que posee el pueblo, lo cual será a sí mismo un elemento muy significativo para la evaluación de lo que está ocurriendo en las subjetividades encargadas de llevar a cabo todos los procesos venezolanos de transformaciones sociales, en pleno desarrollo y en el contexto del mundo globalizado aún hegemonizado por el ideal capitalista. Todo ello condicionante de las motivaciones, necesidades, problemas y expectativas de las cuales surgirá la decisión de cada ciudadano o ciudadana.
 
En efecto, el elector puede decidir por participar o abstenerse de asistir a votar a su colegio electoral. Ya ahí hay una primera gran decisión que en la gran mayoría de los electores se fue construyendo desde que el Presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, llamó públicamente a la sociedad a realizar elecciones presidenciales y el Consejo Nacional Electoral (CNE) aprobó la fecha de las mismas. En el segmento social restante, hay una porción cada vez más minoritaria, que corresponde al tradicional abstencionista que ni siquiera se ha registrado en el CNE o que aún estando registrado nunca ha asistido a votar, sea por cualquiera de las causas posibles.

Por ello, de lo que aquí se trata es de precisar qué sentido final dará esa gran mayoría decidida a participar en todo el proceso de construcción individual-social de su decisión para elegir su Presidente. No resulta necesario argumentar lo que es tan evidente en la Venezuela Bolivariana: hay una población adulta electoral mayoritaria que desde hace más de diez a quince años ha optado por alguno de los dos caminos o vías de conducir al país: la de rechazar las propuestas del gobierno bolivariano o la de apoyar el proceso de transformaciones sociales iniciado formalmente desde las elecciones presidenciales de 1998 donde la mayoría optó por dar su apoyo al candidato y líder del Movimiento V República, Comandante Hugo Chávez. Para esas dos grandes poblaciones que abarcan más del 65% de la población apta para votar la decisión actual de asistir a las urnas estará influida hacia una u otra dirección por la posición que asuman ante las amenazas proferidas desde la Casa Blanca hacia Venezuela o ante las expectativas que les han creado los candidatos opuestos al líder bolivariano Nicolás Maduro.  Para quienes consideren la Patria primero, el deseo a participar se acrecentará mientras que para las personas: a) comprometidas con su origen de clase pudiente, b) leales a sus patrones o c) interesadas o ilusionadas con llegar a ser de esa clase pudiente, la decisión tomará dos rumbos. Para una mayoría de ella el deseo a participar encaminará su decisión final hacia uno de los candidatos opositores pero para la minoría, quienes su visión está fuertemente influida por las expectativas o ilusiones del modo de vida estadounidense difundido en películas, comics, novelas, webpages o por otra vía, el ideal de Patria soberana e independiente está lejano o ausente total, y en tales casos optarán por aceptar el llamado de Washington y se abstendrán de votar.

Ello no quiere decir que los factores recién mencionados no actúan también sobre las personas que han decidido apoyar a alguno de los candidatos de la oposición, sino que en ellos prima precisamente la idea de que alguno de esos candidatos les haría más rápidamente realidad su ilusión de ascenso individualista a través del mejor relacionamiento con EE.UU y algunas de sus instituciones financieras que históricamente han beneficiado a las exclusivistas minorías pero amparadas en campañas mediáticas para ilusionar a las mayorías.       

Por otro lado, y es donde está la clave de esta elecciones presidenciales hay una población adulta tradicionalmente abstencionista de conciencia o por exclusión, o incluso movida por resortes materiales y que han sido votantes por los candidatos opositores que su decisión a participar –en los últimos cinco años- se ha ido tomando gradualmente y por pequeños o amplios segmentos, unos más comunicados que otros con las propuestas gubernamentales, según estos fueron relacionándose a uno u otro proyecto o procesos de transformaciones sociales impulsados desde el Gobierno, llámese Misión, Gran Misión, proyecto comunitario, cooperativista o incluso proyecto individual de vida no dependiente del poder privado globalizado.

Es a esta población la que más ha motivado incorporarse al padrón electoral, sea joven, joven adulto, de la tercera edad en sus dos grandes segmentos (antes y después de los 75) debido al mayor índice de esperanza de vida actual logrado por las bondades sociales del proceso revolucionario bolivariano. No es entonces nada casual que de casi 19 millones de inscritos en el padrón electoral de 2013 se haya ampliado en 2018 a casi 21 millones pues sin haber concluido el registro se informó por “la directora de la Oficina Nacional del Registro Electoral (RE), Amelia Alter” que hasta el 20 de febrero ya se habían “contabilizados 20.374.829 venezolanos en el país y 107.284 residenciados en el extranjero” (Telesur, 26/2/18).

En la influencia del aumento del padrón electoral en los resultados electorales debido al arribo de cientos de miles de jóvenes y adultos a estas elecciones presidenciales, debe tenerse muy en cuenta, y evaluarse profundamente el impacto sociopolítico que tendrá esa explosión demográfica que viene sucediendo desde el año 2000, unida a la elevada  inmigración colombiana que se ha residenciado en el país y, sobre todo, las transformaciones realizadas en todo el sistema educativo, nunca suficientes pero si necesarias y que han tenido un significado muy positivo en la elevación de la autoestima y el auto reconocimiento de los hoy ciudadanos o ciudadanas de la Nación, dos rasgos de la personalidad que inciden en el trabajo diario para lograr la reproducción de la vida social, en toda la vida política y en las llamadas “capacidades de acción colectiva” para la defensa integral y seguridad de la Nación, sobre todo ante las amenazas externas.

Si esto no fuera cierto la compleja coyuntura sociopolítica de 2017 no hubiera derivado en una Asamblea Nacional Constituyente, ni el momento actual, a pocas horas de las elecciones, sería de paz en todo el país, a pesar de las constantes campañas mediáticas injerencistas lanzadas desde el Comando Sur del Ejército de EEUU, su decena de bases militares en Colombia y desde los propios medios de comunicación privados que hábilmente se articulan y complementan entre todos esos actores externos.

Esa irrupción de la juventud venezolana en todos los ámbitos de la vida nacional con una visión e imaginario propio y las diversas misiones con las cuales se ha identificado, tendrán en estas elecciones un peso decisivo. De ahí que el Presidente Maduro haya puesto tanta atención y depositado en la juventud patriota, que es la inmensa mayoría, tantas esperanzas y le haya motivado y encauzado hacia tantas tareas de proyección social con un sentimiento protector, precisamente del mismo sentido del deseo y aspiración que fue formándose –a través de la educación, la familia protegida por la Revolución y las organizaciones sociales del entorno-  en la juventud de proteger a la Patria, en lo cual está posicionado como líder, “Nico”, como popularmente llama la juventud a Maduro. ¡Vamos Nico! grita la juventud en los actos masivos, junto al tradicional lema “El Pueblo Unido Jamás será Vencido” que tiende a emplear la población bolivariana más adulta en esos momentos de pasión patria.

En todo ese imaginario y praxis política de la nueva ciudadanía o del nuevo republicano que se está formando viene incidiendo significativamente el carácter protector y transformador de la Revolución y en este período de tránsito al socialismo en Venezuela donde el líder es muy significativo, como ha sucedido en la historia de las revoluciones sociales profundas, más no en las abortadas antes de consolidarse, como ha ocurrido en algunos otros países debido a que no han podido ser defendidas con éxito por sus pueblos frente a las clásicas estrategias de desestabilización usadas por la fuerza retardataria y ultraconservadora oligarquía-imperialismo. En nuestro caso, el líder transformador, Chávez primero y ahora Maduro, debieron priorizar la protección del pueblo para poder continuar y profundizar las transformaciones ya que estas dependen de la comprensión y el poder con que pueda actuar la población comprometida con la Patria desde sus diferentes segmentos sociales que integran el Bloque Histórico.

Por ello, el carácter protector del liderazgo revolucionario se expresa en la capacidad de controlar los recursos y riquezas del país para poder redistribuir la renta nacional y poder distribuir más justamente las riquezas, procesos que no siempre son concientizados por la población en general –como bien reconocieron recientemente Dilma Roussef y Rafael Correa-  debido a la dialéctica comunicacional entre las fuerzas en pugna y a los problemas  que generan las estructuras capitalistas, todo lo cual sigue constituyendo la base objetiva-subjetiva sobre la que se desarrolla el ritmo de transformaciones necesarias para consolidar la independencia y construir el socialismo como la única opción hacia la emancipación social.

En ese empeño debe comprenderse el liderazgo de Maduro quien protege a la población con políticas públicas efectivas, más eficaces y más conducentes a desarrollar las capacidades psíquicas de auto reconocimiento y autocontrol que contribuyen tanto a la elevación de la autoestima,  no solo de la juventud y de las mujeres y la familia sino también de las fuerzas sociales dispuestas a defender la Patria de las agresiones imperiales bajo el principio de la unidad cívico-militar. Los elementos meta cognitivos de naturaleza colectivistas en los integrantes del Bloque o Sujeto Histórico han tenido un alto significado para la resistencia popular frente a los procesos afectivos (emocionales, intencionales o pasionales) individualistas estimulados desde las campañas contrarrevolucionarias contra esos integrantes, en donde recae el peso de llevar a cabo las transformaciones o la propia labor de protección ideada y aplicada por el líder.

El carácter protector del liderazgo de Maduro es heredado del legítimo legado emancipador de Hugo Chávez y consecuencia del sentir y aspiraciones del pueblo pero también condicionado (impactado el ritmo y la profundidad) por la estrategia política del gobierno de EE.UU, decidida desde mediados de la pasada década y puesta en ejecución con mayor fuerza “blanda” e “inteligente” por el entonces presidente estadounidense Barack Obama quien aplicó –a diferencia de los dos anteriores-  la estrategia del enfrentamiento tridimensional (violento, financiero y comunicacional) directo contra el pueblo venezolano y su Revolución Bolivariana y lo ha continuado el actual presidente Donald Trump con su peculiar estilo empresarial-hollywoodense-gansteril, aunque en una coyuntura económico, social y política nacional de EE.UU e internacional mucho más crítica como superpotencia y con las mismas ínfulas de gendarme mundial, pero con los alcances muy contrarrestados por el poderío del socialismo chino y el potente nacionalismo ruso e indio que hacen el contrapeso mundial a EEUU.

Maduro hoy está más obligado a proteger y al mismo tiempo a transformar, lo que es la garantía más viable y pertinente para poder proteger masivamente de forma más oportuna y sostenible. He aquí la razón clave para haber usado las tecnologías comunicacionales de punta como es el Carnet de la Patria o el criptoactivo Petro, así como el internet con toda la plataforma digital necesaria con la cual es posible el uso exitoso de ambas herramientas. Todo ello, quien mejor y más rápido lo interpreta, es la juventud patriota, aunque también muchos sectores juveniles otrora apáticos que ya han empezado a involucrarse y por ello a ser más protegidos por los proyectos lanzados por Maduro como líder de un gobierno imbuido por el ideal revolucionario y con mucha presencia de jóvenes en los altos cargos. Con ellos Maduro protege el salario contra las campañas de especulación e inflación inducida por la burguesía, y por tal razón el Presidente está dedicada a proteger también a la empresa pública, la cual no debe descapitalizarse o arruinarse ante la incruenta competencia de precios.

En medio de todo ese macro proceso, Maduro protege el rendimiento de los deportistas, la salud de las embarazadas, el ingreso integral de las familias, los hogares vulnerables y la mejor vida de las personas con alguna discapacidad. Mencionar cómo lo hace, de todos es conocido, sólo falta darle la significación y el sentido más justo en el momento histórico que se vive, deber de cada ciudadano y ciudadana antes de ir a votar. Eso lo hará la mayoría que el 20M va a las urnas, y frente por frente al rostro de su líder dirá ¡Vamos Nico! ¡Vamos contigo al futuro!. 

Sin todos esos recursos físicos debidamente concatenados en un proyecto emancipador y el talento humano desencadenado, la protección de Maduro hubiera transitado por caminos tortuosos y no exitosos como los que lo han animado y motivado a seguir profundizando las transformaciones. Él ha tenido la inteligencia, las virtudes y el valor que requirió el Libertador Simón Bolívar para poder proteger estratégicamente al pueblo y este comprenda mejor los problemas, el por qué del alcance de la satisfacción de sus necesidades y de sus expectativas de manera que éste pueda más conscientemente proteger a la Patria.

He aquí la fórmula de la protección dialéctica que marca el rumbo de la vía venezolana al socialismo liderada por Maduro, el audaz y el protector de la vida de todos y de todas, sin excepción, porque mantener al país en paz y en una perspectiva de desarrollo sostenible, como bien lo han reconocido hasta los industriales y agroindustriales privados, es una aspiración de más del noventa por ciento de la población.

wongmaestre@gmail.com

sábado, 10 de septiembre de 2016

Derecha venezolana intento la toma de Caracas

 Oposición a Maduro quería golpe de nock out y no lo consiguió
La Mesa de Unidad Democrática lanzó su plan desestabilizador con la “Toma de Caracas”. Supuestamente iba a poner allí un millón de personas. Quedó abajo de ese número. Y sobre todo, no pudo asestar un golpe de nock out al presidente.

Por Emilio Marín
La excusa de la movida opositora venezolana era presionar al Consejo Nacional Electoral (CNE) para que apure el plebiscito que podría revocar el mandato de Nicolás Maduro. En el fondo, lo que se jugaba la MUD este jueves era asestar un golpe mortífero a aquél y forzar su renuncia o más directamente poner en colapso a su gobierno para que caiga. Si de relleno se podían apurar los tiempos del revocatorio, tanto mejor. Y a primera vista, los resultados no han sido los mejores para ese conglomerado variopinto. 


Allí conviven elementos de derecha como el gobernador de Miranda y dos veces derrotado candidato presidencial, Henrique Capriles, junto con otros ubicados más a su derecha, como el socialdemócrata Henry Ramos Allup, titular de la Asamblea Nacional desde el 5 de enero pasado; Jesús “Chuo” Torralba, secretario ejecutivo de la MUD, y los más violentos, algunos presos con causas judiciales, como Leopoldo López, de Voluntad Popular y el ex alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, de Bravo Pueblo.

No alcanzaron sus mayores objetivos. La multitud que esperaban reunir, superior al millón de personas, no fue tal. No es por menospreciar su capacidad de movilización, que por cierto la tienen, pero la cosecha fue menos de la mitad de aquella cifra. Y no pueden echarle la culpa al gobierno, que por supuesto movilizó a los sectores que lo apoyan e hizo su acto en el centro de la Caracas.

La oposición marchó desde todo el país y entró por tres avenidas a la capital, lógicamente con controles policiales y militares, pero pudo realizar su acto sin represión. Torralba leyó un documento consensuado donde insistieron en el reclamo del plebiscito y aseguraron que volverían a marchar el 7 de setiembre hacia la sede del CNE para exigir celeridad en aquel mecanismo constitucional.

No reunieron todas las voluntades y no pudieron alegar represión gubernamental. Leopoldo López habrá visto lo ocurrido desde el penal de Ramo Verde. Capriles se quedó en Miranda. Ramos Allup se habrá enterado que Maduro prometió denunciarlo penalmente por su campaña en favor de la violencia. Y Torralba tuvo su minuto de fama leyendo la proclama. Si esperaban generar actos de violencia y dar pie a la represión de la Guardia Nacional Bolivariana, con lo cual acumular material para invocar la intervención norteamericana y de otros países, patrocinada por la OEA, no lo consiguieron.

Maduro realizó un acto masivo en el centro de la capital. Denunció las maniobras golpistas y entre otras novedades aportó el desbaratamiento de un grupo de paramilitares colombianos en cercanías del palacio de Miraflores listo para cometer atentados. Reiteró que está haciendo consultas pero tiene listo el decreto para quitar la inmunidad de los legisladores, un derecho que sólo debe existir para su labor política, pero no para atentar contra la Constitución.

Las truchadas

En Argentina se las llama “truchadas”. Es lo que la MUD hizo con las firmas para reclamar el revocatorio. Ese derecho, vale la pena reiterarlo, fue establecido en la Constitución parida por Hugo Chávez y permite que transcurrida la mitad del mandato del presidente se pueda pedir su alejamiento si se reúne determinada cantidad de firmas del padrón. Si se juntan las cantidades estipuladas antes de cumplirse los cuatro años del mandato presidencial, se debe llamar a nuevas elecciones. Y si se logran después de cumplidos esos cuatro años, entonces no hay nuevos comicios sino que el presidente que deja el cargo nomina al vicepresidente para completar mandato.

La oposición siempre fue alentada por la ley que votó contra Venezuela el Senado norteamericano en diciembre de 2014 y validó Barack Obama en marzo de 2015 y otra vez en 2016. Se calificó al gobierno bolivariano como una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de EE UU”. Venezuela era responsable de “la erosión de las garantías de los Derechos Humanos, la persecución de opositores políticos, la restricción de libertades de prensa, el uso de violencia y las violaciones y abusos de derechos humanos en respuesta a manifestaciones antigubernamentales, el arresto y las detenciones arbitrarias de manifestantes antigubernamentales”.

Como podrá apreciarse, las acusaciones son idénticas a las que formulan la MUD, la patronal Fedecámaras y los medios privados desde Caracas, Luis Almagro desde la OEA, Mauricio Macri desde el gobierno argentino, la Sociedad Interamericana de Prensa desde Miami y los diarios afiliados, como Clarín y “La Nación”.

El manejo de la oposición fue fraudulento. La ley les exigía entregar en primer término 195.000 firmas, el 1 por ciento del padrón. Y en junio logró que la CNE le diera por válidas 399.412. Pero el 2 de mayo había entregado 1.959.000 firmas, de lo que se ufanaba. Sin embargo, la CNE le validó en junio 1.350.000 firmas porque detectó que 600.000 eran truchas. A continuación, ese Consejo presidido por Tibisay Lucena habilitó las máquinas busca huellas para comprobar la identidad de los firmantes. Y sólo 399.412 estaban bien. Además de las 600.000 inventadas, habían metido fallecidos, menores, encarcelados y otras personas no válidas.

Para que el lector advierta la enormidad de la maniobra: de 1.959.000 firmas presentadas en mayo, en junio quedaban, limpias y válidas, algo menos de 400.000. Si eso es transparencia de procedimientos, entonces la MUD puede equiparse con Simón Bolívar.
La oposición pro norteamericana tiene dos carreras contra reloj.

La primera es que necesita que el plebiscito sea convocado y se vote antes del 10 de enero de 2017, cuando se cumplen cuatro años del mandato de Maduro. Si lo consigue antes, tendrá nuevas elecciones. De lo contrario, y suponiendo que consiga el plebiscito y vencer, Maduro no se iría a su casa sin antes nominar a su vicepresidente, Aristóbulo Istúriz.

La MUD tiene que cumplir con el segundo requisito constitucional: el 20 por ciento del padrón, 4 millones de firmas, para que se llame al plebiscito. Entre el 9 y 11 de setiembre quieren habilitar las mesas para reunirlas. Y por eso llaman a una segunda Toma, ahora de Venezuela, para el 7/9, ante la CNE. Esto podría degenerar en violencia como sucedió con sus guarimbas o disturbios en 2014, con un saldo de 43 muertos.

Para terminar con esta historia de números, resta decir que para ganar el plebiscito la oposición necesita 7.587.532 votos, más uno, la cosecha de Maduro en 2013.
La oposición se pone violenta pero es quien provoca las demoras. La CNE le dio por válidas 400.000 firmas iniciales, pero ordenó investigar 1.326 fraudes con firmas y eso demora todo. El gobierno bolivariano y su partido sostén, el PSUV, denunció ese fraude del procedimiento. El alcalde de Caracas y dirigente chavista, Jorge Rodríguez, dijo que el plebiscito está muerto legalmente.

La otra carrera opositora es contra sí misma, pues si hubiera elecciones anticipadas se desatará una durísima pulseada por ver quién es el candidato. No le será fácil a Capriles ser el aspirante por tercera vez. El titular de la Asamblea Nacional, Ramos Allup, querrá estar allí. Y quien se viste con las ropas de “mártir”, López, querrá terciar o al menos colar a su mujer, Lilian Tintori.

Carrera de Maduro

Los medios afines a la SIP difunden encuestas de Delphos donde Maduro sólo tiene el 25 por ciento de popularidad. Dicen que si se votara el plebiscito, él perdería con el 65 por ciento en contra. Son estimaciones a tomarse con pinzas, pero después de la derrota oficialista en diciembre tampoco pueden descartarse a la ligera, con un optimismo cándido, a lo Pangloss.

La situación económica es difícil, por la caída de los precios petroleros, renglón principal de los ingresos del Estado. Lo social está delicado, por la inflación del 500 por ciento anual, que el FMI proyecta hasta el 720 por ciento este año, y por el desabastecimiento que provocan los empresarios.

Maduro ha propiciado remedios que hasta ahora han dado resultados módicos, aunque pueden mejorar, como la Gran Misión Abastecimiento Soberano, en manos del general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa. Busca atacar el desabastecimiento y evitar las colas para adquirir alimentos y otros bienes de primera necesidad, que escasean. Y algunos golpes se vienen dando a empresarios de Fedecámaras, presidida por Lorenzo Mendoza. El dueño de la cadena alimentaria Polar se quejó que en un procedimiento en locales suyos el gobierno le había incautado 14.000 kilos de mercaderías.

El gobierno tiene que curar, y no es nada fácil, el burocratismo que socava sus bases de sustentación. El presidente lo puso como blanco en su discurso del 1 de setiembre. Es un enemigo interno y corrosivo, alimentado por la boli-burguesía, o sea la burguesía que posa de bolivariana pero especula como la que más.

Si no conjura la inflación y la escasez, y si no logra un mejor funcionamiento de su gobierno, Maduro podría sufrir derrotas, electorales o golpes. La ola conservadora en la región muestra combinaciones fatales de recetas que el “gran chef” Washington viene probando con éxito.