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miércoles, 16 de octubre de 2019

China: Nace la Plataforma de Cooperación de Periodistas de alcance mundial



Por Lidia Irma Fagale:
Más de 60 jefes de organizaciones de periodistas de más de 50 países y regiones asistieron al Foro, que fue organizado por la Asociación de Periodistas de Toda China desde el 28 de septiembre al 2 de octubre, en el marco del 70 aniversario de la creación de la República Popular China.

En unas jornadas históricas para los trabajadores y las trabajadoras de prensa de todo el mundo, se materializó la creación de esta nueva organización de alcance mundial: la flamante “Plataforma de Cooperación de Periodistas de la Franja y la Ruta”, (BRJN) por su sigla en inglés.


El propósito de BRJN será promover el espíritu de la Ruta de la Seda de “paz y cooperación, apertura e inclusión, aprendizaje mutuo, beneficio mutuo y resultados beneficiosos para todos”, para profundizar los intercambios y la cooperación con grupos de comunicadores en los países y regiones involucrados, y para facilitar intercambios amigables de persona a persona entre diferentes países. La UTPBA, Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires, integrante de la Federación Latinoamericana de Periodistas, ha sido elegida para ejercer la presidencia de tan importante organización de carácter global. Lidia Fagale, Secretaria General de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires -Argentina- fue designada presidenta de la Plataforma de Cooperación de Periodistas de la Franja y la Ruta, en el encuentro fundacional celebrado en Beijing, del 27 de septiembre al 2 de octubre, al que asistieron representantes de más de 50 países.

En un hecho de gran trascendencia histórica –el nacimiento de una nueva organización internacional de periodistas – la UTPBA, en la persona de la compañera Fagale, preside el presídium constituido por la Asociación Nacional de Periodistas de Toda China, la Unión de Periodistas de Rusia, la Unión de Periodistas de Kazajistán, la Asociación de Periodistas de Indonesia y la Unión de Periodistas de Nigeria.
Además de Lidia Fagale, la UTPBA, UNION DE TRABAJADORES DE PRENSA DE BUENOS AIRES, también estuvo representada en este Foro por la compañera Leticia Amato, Secretaria de Asuntos Profesionales de la entidad.

En su intervención ante al Foro con más de 70 delegados de organizaciones de periodistas de Asía, África y Latinoamérica, Fagale destaco que (…) “A las y los colegas del mundo presentes en este encuentro, nuestro fraternal saludo. Con todas y todos compartimos objetivos comunes como, en este caso, la creación de la Plataforma de Cooperación de Periodistas de la Franja y la Ruta, de la que somos orgullosamente miembros fundadores.

La Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires, organización integrante de la Federación Latinoamericana de Periodistas, tendrá el honor de representar al continente latinoamericano y caribeño integrando la primera presidencia pro tempore.

Se trata, entonces, de una enorme responsabilidad en un momento muy particular del mundo, lo cual nos demanda -como periodistas y organizaciones–definir acertadamente prioridades en materia de capacitación y formación frente a los desafíos del presente, muchos de ellos al mismo tiempo retos del futuro.  

La cooperación, el intercambio, el compromiso por la paz y propender al beneficio mutuo entre nuestras organizaciones habrán de constituirse en pilares de nuestra labor cotidiana; así como será imperioso profundizar y promover las comunicaciones amistosas entre cada uno de nuestros pueblos.

Sabemos que en muchos aspectos nos une un pasado compartido, de la misma manera que sabemos que nuestras responsabilidades en defensa de la humanidad y del planeta nos convocan hoy más que nunca antes a multiplicar los esfuerzos para impedir que prosperen las políticas destructivas de la especie humana y su casa común. 

La paz, lo decimos una vez más, deberá imponerse a las concepciones “guerreristas”, y los consecuentes llamamientos a la integración y la solidaridad entre los seres humanos y países deberán triunfar frente a quienes estimulan la confrontación, el abuso de poder y las violaciones a la autodeterminación de los pueblos.

Por lo tanto, nuestro rol como organización internacional de periodistas deberá estar al servicio de una mejor profesión, preocupada y ocupada en la lucha por una sociedad más justa. Precisamente en un ámbito -el de la comunicación y la cultura, incluida la industria del entretenimiento- donde se libra la colosal batalla por el conocimiento, la construcción de conciencia y la supremacía tecnológica como parte sustantiva de un sistema de dominación planetario.

El SIGLO XXI se caracteriza por un desarrollo tecnológico que opera como soporte logístico de la comunicación mundial, lo que ha ampliado la capacidad de manipulación y de control por parte de distintos factores de poder.

Estos cambios han incidido en la percepción de la realidad de los seres humanos a un punto tal que, como señalan muchos estudiosos sobre la cuestión, se ha modificado la noción de tiempo y espacio, lo que ha producido un límite peligroso en la producción de pensamiento crítico. Pareciera que el tiempo para discernir se ha esfumado.

El capitalismo mercantilista transita aceleradamente hacia el capitalismo cognitivo (basado en la información y el conocimiento), pero sigue siendo la acumulación económica-financiera del capital la que dicta las reglas del juego, donde el recurso clave para la extracción son los datos.

Hoy la multilateralidad de las relaciones, los intercambios y la cooperación entre países y sus pueblos, es y debe ser un horizonte compartido, pero no debemos perder de vista este escenario mundial comunicacional y cultural si pretendemos llevar adelante nuestros objetivos. Preguntarse en qué mundo creemos que vivimos, como nos auto-percibimos, como percibimos a otras culturas, a otros pueblos, en un momento donde la realidad vivida territorialmente parece haber cedido espacio a la realidad virtual.

Este estado de cosas complejiza nuestra tarea de periodistas-comunicadores y, a la vez, nos obliga a elevarnos de manera sostenida en el campo del conocimiento, que al cabo es lo que nos proponemos al constituirnos en organización internacional en el marco de la Franja y la Ruta.

La Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires, honrada con tan alta distinción propuesta por las y los colegas de China a formar parte de un futuro compartido, les solicita, por favor, a todos los presentes, un fuerte aplauso en homenaje a los setenta aniversarios de la República Popular China (…)
lidiafagale@gmail.com

domingo, 21 de enero de 2018

Foro China-CELAC: una oportunidad para América Latina y el Caribe

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

Las convenciones han permitido organizar el tiempo a partir de los períodos de duración de los fenómenos naturales: el día y la noche, las estaciones y el tiempo de traslación de la tierra alrededor del sol, así como también de conformidades religiosas, así tenemos días, semanas, meses y años. Esto conduce a la equivoca idea de que estas convenciones pueden establecer parámetros de comportamientos sociales o políticos: se dice “este año ocurrirá esto o lo otro”, sin embargo, la realidad es que estos acuerdos modulan ciertas conductas y procedimientos, pero no los determinan ni los deciden. Esta reflexión, viene a cuenta de que siempre que comienza un nuevo año se elucubra respecto de que podría ocurrir durante el mismo, lo cual siendo valedero, no necesariamente señala con certeza lo que habrá de suceder, toda vez que los procesos políticos y sociales son continuos, dialécticos y dependen de las condiciones objetivas y subjetivas en que transcurren, no de plazos creados artificialmente.



Es así que el mapa político mundial no necesariamente se modifica en ciclos anuales, en esa medida genera muchas mayores certezas estudiar cuáles son las tendencias en la situación internacional, en ese sentido veo difícil que se produzcan cambios trascendentes en 2018 en comparación con 2017, si se considera que las directrices del poder global no sufrirán grandes variaciones durante el año que comienza.

La dicotomía principal seguirá siendo aquella que existe entre la guerra y la paz. Las acciones de política exterior de Estados Unidos que se orientan a favor del conflicto y la guerra, se han acentuado desde la llegada al poder de Donald Trump: incremento de su actividad agresiva en la península coreana, reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, amenazas de revertir el acuerdo nuclear con Irán, apoyo irrestricto y ciego a Arabia Saudita en el desarrollo de su guerra genocida en Yemen, incremento del gasto militar, fortalecimiento de la OTAN, intimidaciones a Cuba y Venezuela, escalamiento de la tensión con Rusia y aumento de la presencia militar en el mar Meridional de China,  al mismo tiempo que incentiva los conflictos en esa región. El mapa político de 2018 se dibujará dependiendo en gran medida de la capacidad que tengan las fuerzas favorables a la paz, de impedir los designios bélicos, terroristas e intervencionistas de Estados Unidos.

Por su parte, la situación de América Latina y el Caribe está marcada desde hace algunos años, por una transformación de la correlación de fuerzas a favor de una regresión conservadora que está revirtiendo todos los avances que se habían logrado en materia social durante los primeros quince años del siglo, poniendo en entredicho la democracia electoral como modelo de gobierno, sobre todo cuando se pudo destituir ilegalmente a la presidenta Dilma Rousseff en Brasil y al presidente Fernando Lugo en Paraguay, organizar un golpe de Estado de Honduras en 2009 y que ahora ha visto como se impone un monstruoso fraude electoral o, la posibilidad que personas que han delinquido, -paradójicamente protegidos por la justicia- como Michael Temer, Mauricio Macri, Juan Manuel Santos, Enrique Peña Nieto y Sebastián Piñera accedan a la presidencia de sus países, todo ello influido y condicionado por esta situación de enaltecimiento del conflicto que permea al globo. De manera tal que la situación mundial está afectando negativamente a América Latina en un año 2018 en que definitivamente los eventos electorales pondrán a prueba la credibilidad en los sistemas democráticos electorales.

Es muy difícil responder en términos plurales a la pregunta de ¿qué se debe hacer para lograr una mayor presencia de América Latina y el Caribe en el escenario global?, porque su única posibilidad de participar con cierto protagonismo en el escenario global es a través de su concurrencia integrada. Ningún país de la región, ni siquiera Brasil por si solo, tiene capacidad de conseguir un espacio importante en el mundo. Lula compendió eso y llevó a Brasil a los BRICS y a utilizar la potencia de su economía para fomentar la integración regional y subregional. Eso fue favorecido por el impulso que le dio el comandante Hugo Chávez a este proceso, así como los gobiernos progresistas que estuvieron en el poder durante los primeros tres lustros de este siglo.

Las tendencias retrógradas que se han ido imponiendo en la región se han dedicado a torpedear este proceso, las oligarquías en el poder tienen un punto de vista más nacionalista -que les conduce a optar por la maximización de ganancias en una relación subordinada a Estados Unidos- que una tendencia integracionista apuntando a construir un polo de poder mundial. La potencia norteamericana ha conseguido aliados latinoamericanos para torpedear la integración de la región, que ha sido un objetivo de política exterior permanente de Estados Unidos desde hace casi 200 años.

En esa medida, América Latina y el Caribe como región no tiene ninguna posibilidad de tener “un puesto más importante en la administración global y el mapa político mundial”. Individualmente, los únicos países que podrían hacerlo: Brasil y México, no están en condiciones, uno por la profunda crisis económica que atraviesa y la carencia de credibilidad política de un gobierno que sólo tiene el apoyo de 5% de la población y que se puede sostener sólo por las triquiñuelas propias de la democracia electoral y el otro, México, entrampado en una relación de subordinación casi absoluta a Estados Unidos, que lo desprecia y humilla contantemente, sin capacidad para responder, también por la abrumadora falta de credibilidad en un sistema político corrupto y desprestigiado. La región tendrá todavía que transitar algunos años en los que debiera mostrar capacidad de revertir estas tendencias dañinas para sus sociedades antes de pensar en tener alguna participación protagónica en el ámbito global.

Para la región, la agenda política de integración de este año, comienza en Santiago de Chile con la realización entre el 19 y el 21 de enero de la II Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores del Foro CELAC-China con el tema “CELAC-China: Trabajando por más desarrollo, innovación y cooperación para nuestros pueblos”. América Latina como región no tiene una mirada similar respecto de su relación con China y en esa medida, no configura una opinión única sobre el tema, sin embargo esta instancia es una excelente oportunidad de incrementar los vínculos con una potencia que en sus lazos con la región no manifiesta actitudes hegemónicas, ni prácticas intervencionistas. 
Para algunos países de América Latina y el Caribe, China es un país amigo, otros, interesadamente dicen que lo es, mientras de forma velada la desprecian, sobre todo cuando necesitan exponer su lacayuna actitud de subordinación a Estados Unidos; para la mayoría, no es más que el socio comercial más importante, en algunos casos el único salvavidas para sus maltrechas economías. La contrariedad es que la mirada desde China es distinta, basada en su filosofía, su historia y sus preceptos de política exterior, todos los países con los que tienen relaciones son considerados “amigos”, independientemente de la opinión de la contraparte, su régimen político, orientación ideológica y tamaño de su economía.

Ninguna persona con mínimos conocimientos políticos podría concebir que Mauricio Macri haya felicitado a Xi Jinping por su reelección como secretario general del Partido Comunista de China durante el XIX Congreso de esa organización celebrado en octubre pasado, a través de una curiosa misiva escrita en primera persona, en la que trata al presidente chino como “amigo” y lo felicita en su nombre y el de su esposa (súper sic como diría Alfredo Jalife-Rahme). Pocas veces se había visto una expresión de oportunismo y cálculo político tan escandaloso en las relaciones internacionales. Esta carta es un “monumento” a la hipocresía y la doble cara de un sujeto que desprecia a los comunistas y a la democracia, pero no puede abstenerse de aceptar el papel y la importancia creciente de la República Popular China en el escenario global y su potencial económico en ascenso. Los gobiernos de derecha que repudian el curso político de China se han visto obligados a aceptar esa realidad a regañadientes, por la sencilla razón de que no tienen otra opción, dada la profundidad de la crisis económica mundial.

Por el contrario, los países amigos de China, valoran altamente el papel constructivo que está jugando en el sostenimiento de la paz mundial, la cooperación mutuamente ventajosa, basada en la ecuación ganar-ganar y su posición irrestricta de defensa de la justicia y el derecho internacional. Se aprecia la gran valía que tiene que China establezca relaciones amistosas de cooperación económica sin imposiciones de carácter político, económico o militar y tienen la esperanza de que juegue un papel más activo y protagónico en la gobernanza mundial y en la administración global, utilizando todo su potencial político y económico para evitar imposiciones de otras potencias a los países pequeños, ejerciendo sus fortalezas no solo en favor de su pueblo, también en favor de los pueblos del mundo.
sergioro07@hotmail.com