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domingo, 5 de septiembre de 2021

China: hacia la prosperidad común (I)

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

El pasado martes 24 de agosto se realizó en Beijing una reunión del Comité Central del Partido Comunista para Asuntos Financieros y Económicos con el objetivo de debatir acerca de la “prosperidad común”, es decir cómo producir crecimiento con equidad. El centro de la discusión estuvo puesto en la necesidad de generar bienestar para todos los ciudadanos en la ruta dirigida a alcanzar el objetivo de que, en 2049, cuando se conmemore el centenario de la fundación de la República Popular China, el país cuente con una sociedad socialista moderna.

Durante el evento, las discusiones más candentes estuvieron dadas por el llamado del presidente Xi Jinping a aplicar medidas drásticas sin precedentes en varios sectores de la economía como la tecnología, la educación en línea y el sector inmobiliario, que habían crecido de forma exorbitante y sin control, aupando una creciente desigualdad de ingresos, aumento de los niveles de deuda y ralentización del consumo.

Xi opinó que una vez que el país ha sacado a todos los ciudadanos de la pobreza, debía orientarse hacia un sistema que se preocupe mucho más de los sectores que aún no alcanzan óptimas condiciones de vida. Esto es lo que llamó “prosperidad común”, que se definió como la posibilidad de que todos puedan compartir la riqueza, para lo cual se necesita una economía fuerte que permita una mejor distribución de la misma.

Aunque la idea no mencionó que el gobierno se propondría reducir los ingresos de los más ricos para entregárselo a los más pobres, sí abogó por una “mejor gobernanza y un mayor equilibrio en la economía”, centrándose en el consumo de base como multiplicador económico clave en lugar de las inversiones intensivas en capital que fueron la base de la economía de los últimos años.

En palabras del presidente: “Podemos permitir que algunos se enriquezcan primero y luego guiar y ayudar a otros a enriquecerse juntos”. A continuación quiso ser más explícito al afirmar que: “Podemos apoyar a los empresarios ricos que trabajan duro, operan legalmente y han asumido riesgos para crear empresas… pero también debemos hacer todo lo posible para establecer un sistema de políticas públicas ´científico` que permita una distribución más justa de los ingresos“, para finalizar agregando que el gobierno debe preocuparse por la protección y el mejoramiento de los medios de subsistencia que se proponen un desarrollo económico saludable que apunte a una perspectiva enfocada en fortalecer un sistema de seguridad universal e inclusivo.

Este debate que estuvo precedido de medidas jamás vistas con anterioridad y se había hecho muy tangencialmente en el pasado, ahora se produjo con toda la crudeza que la situación del país reclama. Entre las medidas planteadas para lograr los objetivos propuestos se destacan cambios en las políticas impositivas y los pagos a la seguridad social para las rentas medias. Así mismo, acciones orientadas al aumento de los beneficios financieros para los grupos de bajos ingresos y recias medidas contra la corrupción y la burocracia. De la misma manera, se expuso la necesidad de resguardar los derechos de propiedad y en particular de propiedad intelectual.

En su discurso, Xi alertó en el sentido de que la prosperidad común no sólo se debía aplicar a los mercados financieros, sino también a la vida espiritual y cultural de la sociedad y extenderse a las zonas rurales y urbanas, en particular, el gobierno tiene que abocarse a mejorar las infraestructuras y las condiciones de vida en el campo.

Esta magna tarea involucrará a todos los niveles de gobierno alineados en torno a la elaboración de planes que apunten al objetivo de lograr la prosperidad común. Intentando sistematizar la iniciativa, la prosperidad común se definió como un medio para “tratar adecuadamente la relación entre eficiencia y equidad”, lo cual pasa por una mayor y mejor supervisión financiera. En estos términos, el sistema planteado se propone estimular lo que se ha denominado como la "tercera distribución”, es decir, la creación de oportunidades para que los grupos y las empresas de altos ingresos devuelvan algo a la sociedad, entre otras cosas, mediante donaciones voluntarias y benéficas. También podría significar recortes de impuestos sobre la renta de las personas físicas y aumento de los tributos a los más ricos, “incluidos los impuestos sobre la propiedad, la herencia y las ganancias de capital, o introducir más políticas preferenciales para los fideicomisos de caridad y las donaciones de bienestar público” de acuerdo a la opinión de Xiong Yuan, analista jefe de macroeconomía de Guosheng Securities, una empresa china de servicios financieros ubicada en Shenzhen, citado por los periodistas Orange Wang y Su-Lin Tan del periódico South China Morning Post de Hong Kong.

La reacción de los analistas occidentales a estas medidas no se hizo esperar, de inmediato se expuso la preocupación por las posibles afectaciones que estas medidas pudieran significar para los dueños del capital, aunque se reconoce que al lograr un mayor reparto de los salarios, eso redundará en ayuda a las familias. Estas opiniones exponen la incapacidad de comprender el modelo chino de economía, recayendo -una vez más- en la idea de considerar su validez bajo el tamiz de las leyes del mercado diseñadas en Occidente, que se pretenden vender como verdades universales. Los analistas occidentales critican que China pretenda a través de estas medidas, que el Estado ejerza fuertes regulaciones en la economía a fin de equilibrar el crecimiento económico y prevenir riesgos financieros.

No obstante que estas medidas han tomado cuerpo en este momento de la historia, es menester recordar que en las propias bases de la política de reforma y apertura y en varios discursos de Deng Xiaoping quedó de manifiesto que la aparición de ricos y millonarios era necesario para que a través de su enriquecimiento personal se acelerara el crecimiento del país. De alguna manera, Deng expuso que en la etapa iniciada en 1978, los ricos eran un mal necesario que en algún momento del desarrollo se ajustaría a través de la aplicación de políticas y leyes, asumiendo que el logro de la prosperidad común sería una “tarea larga, ardua y complicada”.

Desde entonces, ningún presidente chino ha puesto la búsqueda de la prosperidad al margen de su quehacer político, pero nunca antes como ahora se ha hecho tanto énfasis en su concreción, hay que decir que tampoco nunca antes hubo condiciones como ahora para poder emprender la tarea con éxito. El propio Xi reconoció que el ex presidente Hu Jintao y el ex primer ministro Wen Jiabao encararon la necesidad de solucionar el contraste entre las ricas provincias del este y las más atrasadas del oeste, así como la discrepancia entre los sectores agrícola e industrial.

A la vista se tiene esta etapa de transición al socialismo cuyo objetivo es el desarrollo de las fuerzas productivas y la creación de una base material, económica, y tecnológica que permita que en la primera etapa, una mayor cantidad de ciudadanos puedan acceder a los beneficios materiales y culturales que la sociedad va logrando.

Continuará

sergioro07@hotmail.com

miércoles, 29 de abril de 2020

Beijing no se quedará de brazos cruzados.



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Casi al finalizar el año pasado escribí un artículo que titulé: “2019: primer año de la confrontación estratégica entre Estados Unidos y China”. Algunos lo catalogaron de alarmista y me escribieron (incluso un colega chino), para decirme que era exagerado. Eso fue el 19 de diciembre, solo unos días después, el último del año, China notificó a la OMS y al mundo el surgimiento del brote de un virus desconocido hasta ese momento.


El alba del año 2020 no presagiaba el alcance que habría de tener este hecho para la humanidad, su posterior irradiación a todo el planeta llevó a que el 11 de marzo, la OMS decretara al ya conocido como coronavirus COVID-19 como pandemia. Las implicaciones subsecuentes aún están en curso. Variadas conjeturas –desde las más apocalípticas hasta las más optimistas- están emergiendo como visiones de futuro del mundo que habrá de sobrevenir.

Por mi parte, por muchos esfuerzos que hago, todavía no alcanzo a visualizar el curso de los acontecimientos en toda su dimensión. Cuando arribo a ciertas conclusiones, nuevas variables se cruzan en el razonamiento, haciendo interminable el análisis de la perspectiva y las consecuencias que se podrían avizorar.
Por supuesto, el contexto de las relaciones internacionales no está ajeno a este raciocinio. En el ámbito estratégico de la disciplina quedará por ver cómo evolucionan las relaciones entre China y Estados Unidos, que a mi juicio es el factor determinante para concluir alguna hipótesis respecto del mundo del futuro.

En el artículo antes mencionado –repito- sin que apareciera aún el COVID-19 en el horizonte, aseveraba que el conflicto entre las dos mayores potencias mundiales era mucho más que una “guerra comercial” como profusamente se aseguraba en espacios académicos, mediáticos, políticos y diplomáticos. Afirmaba también, que este trance “…se enfoca en discrepancias de tipo político e ideológico de carácter antagónico y estructural que no tienen solución…”. Así mismo, alertaba en el sentido de que había que tener cuidado porque “…en política la no comprensión y la confusión entre las dimensiones estratégica y táctica suelen conducir a errores de extrema gravedad, y consecuencias que dejan improbables secuelas” y que los acuerdos alcanzados en la disputa comercial entre los dos países eran “…solo una pausa que [debía] ser entendida en esa dimensión…”

Ya en octubre del año pasado, el presidente Trump creó la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos con un presupuesto de 60.000 millones de dólares (tres veces mayor que en de la agencia antecesora) a fin de conceder préstamos, garantías de préstamos y seguros a empresas dispuestas a hacer negocios en naciones en vías de desarrollo Con el claro objetivo de contrarrestar la influencia geopolítica de China, el presidente estadounidense se propuso confrontar la iniciativa de “Un cinturón y una ruta”, incluso contraviniendo su propuesta de campaña que apuntaba a reducir y eliminar en algunos casos, la ayuda internacional.

Este vuelco de política exterior -contrario a lo que se pudiera suponer- no obedece a un repentino cambio de opinión del atribulado Trump, sino a su desesperada necesidad de intentar bloquear los efectos de la expansión de la cooperación internacional de China que se expresa en el financiamiento de grandes proyectos en Asia, Europa del Este, América Latina y el Caribe y África.

Lamentablemente, la pausa acordada en enero fue rota antes de tiempo, el COVID-19 fue su causante. Cuando el ambiente negociador y de distensión que llevó a tal tregua a mediados del primer mes del año, podría haber sido un buen preludio para desarrollar la cooperación en medio de la pandemia, pudo más la confrontación estratégica de carácter ideológico que el interés de atreverse a actuar de forma articulada para dar respuesta al peor peligro que ha desafiado a la humanidad durante este siglo y desde el fin de la segunda guerra mundial.

En el orden táctico, ningún análisis puede obviar que los dos partidos del sistema político de Estados Unidos están incapacitados para desprenderse de la campaña electoral de cara a los comicios de noviembre, lo cual los motivó a usar la pandemia como instrumento de propaganda. En este sentido, la hasta febrero, segura victoria de Trump ha comenzado a ponerse en entredicho tras su deplorable manejo de la pandemia durante los últimos dos meses.

En el lado demócrata, como era de esperarse Bernie Sanders se rindió temprano ante la avalancha de recursos financieros de sus oponentes con los que no pudo competir por lo que tristemente llamó a apoyar a Joe Biden firmando de esa manera su acta de defunción política. Aunque Biden no se diferencia mucho de Trump, el mayor problema es que está entrando en una natural etapa de demencia senil como informa ABC Internacional, lo que hace que no se acuerde de sus dichos, llegando incluso a olvidar lo que tiene que exponer en sus discursos, muchas veces desvariando sobre hechos, cifras y nombres. Así, en noviembre, Estados Unidos se debatirá entre un sicópata y un demente, complicando aún más el porvenir de la humanidad.

En este sentido, la cancillería china expresó el pasado 27 de abril “su enérgica oposición a ser involucrada en la política electoral de Estados Unidos”, en respuesta a un memorándum de 57 páginas exhibido por el medio periodístico Político  en el que se exhorta a los candidatos republicanos a resolver la crisis de la COVID-19 atacando agresivamente a China a través de tres enfoques principales que deben ser acometidos: 1. “China causó el virus al ´ocultarlo, 2. Los demócratas son ´suaves con China, y 3. Los republicanos ´impulsarán sanciones contra China por su papel en la propagación de esta pandemia`.

En este contexto, Trump ha optado por el ataque contra China para desatar un nacionalismo populista que en el corto plazo lo lleve a ganar las elecciones y más tarde, continuar el esfuerzo iniciado hace dos años para apartar a China de su línea de desarrollo que –si bien limitada por la pandemia- ha cobrado nuevos ímpetus tras enfrentarla exitosamente para, con posterioridad, colaborar con la OMS y más de 80 países del mundo con el mismo objetivo.

La opción de Estados Unidos por la confrontación ha tenido un repunte sobre todo en este último mes cuando pareciera que el COVID-19 se ha salido de las manos de Trump y su gobierno. Ya el primer día de abril, funcionarios estadounidenses y de otros países occidentales trataron de de culpar a China por la pandemia, acusándola de encubrir la cifra real de infectados y desinformar sobre el COVID-19. También afirmaron que le reclamarán a China después que la pandemia pase.

En particular, en la campaña anti china ha destacado Peter Navarro, asesor comercial del presidente, quien se ha transformado en uno de los más insaciables enemigos de China en la Casa Blanca, acusando al país asiático de “un encubrimiento que retrasó seis semanas la respuesta mundial”. En una entrevista, Navarro llegó a decir que “China sabía desde mediados de diciembre, que tenía casos de transmisión de coronavirus de persona a persona”.

La respuesta de Beijing fue contundente, Hua Chunying vocera de la cancillería expresó que: “Las mentiras contadas por este político estadounidense no valen la pena refutarlas. Me di cuenta de que durante esa entrevista, incluso el periodista lo interrumpió varias veces y señaló que estaba [haciendo perder] el tiempo de todos”, calificando además sus comentarios como “desvergonzados” al culpar sin pruebas a China por el coronavirus, asegurando de la misma manera que Estados Unidos “debería dejar de politizar un problema de salud y centrarse en la seguridad de su pueblo”.

Por su parte, en otra entrevista, el día 16 el Secretario de Defensa de Estados Unidos, Mark Esper, continuó la línea de ataque al afirmar que China fue “engañosa” y “no transparente” al informar sobre la epidemia. China respondió diciendo que esta falacia es exactamente la misma que la de algunos otros políticos de Estados Unidos y que esta excusa de culpar a otro no era nada nuevo.

En este marco, un grupo de abogados estadounidenses lanzó una acción legal histórica para demandar a China por billones de dólares, acusando a sus líderes de negligencia por permitir que estallara el brote de coronavirus, y luego encubrirlo. La demanda colectiva que involucra a miles de demandantes de 40 países, se presentó en Florida el mes pasado. El estratega jefe de la acusación, Jeremy Alters, aseguró que "los líderes de China deben rendir cuentas por sus acciones".

Todo esto fue echado por la borda por el propio doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos quien en rueda de prensa el 17 de abril desde la propia Casa Blanca rechazó la teoría conspirativa de que el nuevo coronavirus fue creado y escapó de un laboratorio chino, según informó Business Insider.

En la continuación de la ofensiva anti china el 22 de abril, un grupo de 16 senadores republicanos pidió al presidente Donald Trump que obligue a los países solicitantes de reestructuración de deuda o ayuda económica a dar cuenta a Washington de sus compromisos con Beijing. Asimismo, Mac Thornberry, jefe del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes presentó un proyecto de ley en el Congreso con el apoyo de republicanos y demócratas con miras a crear un fondo de 6.000 millones de dólares para reforzar el potencial disuasorio contra China.

Ante similares acusaciones por parte del secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, China se vio obligada a dar una respuesta al margen de su tradicional práctica diplomática. En un artículo publicado en el Diario del Pueblo, órgano del partido comunista de China, escrito por Zhu Feng, decano del prestigioso Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Nanjing se esboza una muy dura réplica a Estados Unidos en la figura de Pompeo que es expresión de un nuevo lenguaje para las relaciones internacionales de China.

Después de catalogar al ex jefe de la CIA y actual secretario de Estado como “el oficial más arrogante de la administración de Donald Trump a la hora de atacar a China”, Zhu expone que: “La identidad política de la derecha republicana, la arrogancia de la élite estadounidense y las ambiciones políticas personales constituyen el ´gen político` anti-chino del secretario de Estado” .

Agregó que “…el ataque de Pompeo contra China es típico de la postura hegemónica de los políticos de derecha estadounidenses que se caracteriza porque primero, “Estados Unidos siempre tiene la razón y es el ´dueño de la verdad`, lo que permite la distorsión y la manipulación de los hechos. Segundo, Estados Unidos es el poder más grande del mundo y puede obligar a las organizaciones y al derecho internacional a someterse a las cogniciones e interpretaciones estadounidenses. […] tiene derecho a abandonar las convenciones, pero otros países ´tienen` que respetar el derecho internacional y permitir que Estados Unidos anule las organizaciones internacionales y otros países soberanos”.

 La caracterización que se hace de Pompeo y de otros políticos por su condición política de “derecha”, hace referencia a un aspecto ideológico no habitual en las relaciones internacionales de China, ni siquiera en el ámbito académico, que toma nota de contradicciones que van mucho más allá de lo estrictamente comercial o incluso -en este caso- de la contradictoria visión en el manejo de la pandemia. Así, se incursiona en un plano que ha sido conscientemente obviado desde Beijing incluso ante el ostensible involucramiento de Estados Unidos en el apoyo a la desestabilización de Hong Kong y en su intervención como soporte de la administración de Taiwán en clara violación de los propios acuerdos bilaterales en materia de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y China.

No se sabe aún cuál será el devenir del mundo tras el fin de la pandemia, tampoco se puede prever con certeza el rumbo que tomará una inminente restructuración de las relaciones internacionales, pero lo que sí parece seguro es que, en su desesperación por la pérdida de la hegemonía global, Estados Unidos escalará sus ataques contra China. A diferencia del pasado, pareciera que esta vez, Beijing no se quedará de brazos cruzados.

sergioro07@hotmail.com

miércoles, 11 de marzo de 2020

Las afectaciones económicas del covid-19



Por Hedelberto López Blanch:

En un mundo globalizado donde los mercados y el intercambio comercial se encuentran abiertos, cualquier situación que ocurra en una nación poderosamente económica, afecta a otros países del mundo. Este es el caso del coronavirus que apareció en China y sus dañinos efectos se expanden por el orbe.

El brote que surgió en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei, ha causado grandes pérdidas a la economía del gigante asiático que para contrarrestarlo ha desplegado un enorme trabajo científico, económico y humano que ha sido reconocido por las principales organizaciones mundiales y numerosos gobiernos.



Hasta el 4 de marzo, más de 3 100 personas habían fallecido, 100 500 contagiados (la mayoría en China), alrededor de 60 200 personas fueron dadas de alta tras su recuperación, mientras en 84 países se reportaban nuevos casos.

Wei Jianguo, del grupo de expertos económicos de china, afirmó que pese a los daños por el covid-19, el país podría alcanzar al cierre del primer trimestre de 2020, el 5 % de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB).

Como un efecto bumerán, la enfermedad respiratoria afecta a muchas economías del orbe porque detienen producciones, intercambios mercantiles, traslados de mercancías y vuelos comerciales y turísticos, entre otros efectos. 
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha elevado la alerta a “nivel muy alto” en todo el mundo tras los casos de brote que se han detectado en países como Italia, Estados Unidos, México o Irán. Hasta ahora, fuera de China se han identificado 11 450 casos, con primeros contagios en Nigeria, Dinamarca, Estonia, Lituania, Países Bajos e Islandia.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom, anunció en rueda de prensa en Ginebra que han aumentado “la evaluación de propagación y los riesgos de impacto de Covid-19 a un nivel muy alto para el mundo”.

Mientras, los mercados bursátiles han experimentado una gran baja a medida que se extiende la epidemia del nuevo coronavirus. Los índices de Estados Unidos, la Unión Europea y Asia han sufrido la mayor caída de los últimos años, puesto que la situación empeoró bruscamente fuera de China.

Las autoridades de Beijing anunciaron que fuera de la provincia de Hubei, donde se encuentra el foco de la epidemia, el número de nuevos casos ha estado disminuyendo durante más de 20 días consecutivos, lo que indica una tendencia positiva en la lucha contra el virus dentro del país.

Pero el problema es que la epidemia se ha expandido drásticamente fuera del gigante asiático con gran rapidez pues en Italia en pocos días los infectados subieron de cinco a cerca de 1 200; en Corea del Sur ya hay más de 2 100 casos; en Irán alrededor de 2 800 y en Japón 1 050.

De los continentes asiático y europeo, el covid-19 ha saltado a América con casos registrados en Estados Unidos, Brasil, México, Ecuador, Paraguay, Argentina y también al África con incidencia en Nigeria y amenaza a otros.  

El experto del Instituto de Ciencias Sociales de Shandong, Liu Xiaoning declaró que al parecer los inversores creen seriamente que el coronavirus se está convirtiendo en un problema global y que incluso, las dificultades dentro de China no pueden dejar de afectar al resto del mundo debido al lugar que ocupa el gigante asiático en la cadena de suministro mundial.

Por ejemplo, explicó Xiaoning, si los proveedores chinos no cumplen a tiempo sus obligaciones por causas de fuerza mayor, esto afectará además a otras empresas que utilizan sus productos, aunque puntualizó que hasta ahora el impacto en la economía mundial es limitado.

Si continúa la expansión, muchos países pobres no podrán contrarrestarla como esta haciendo China y sus economías caerían estrepitosamente. Por eso el llamado de la OMS es la de tomar todas las medidas necesarias antes de que se propague con más fuerza por el mundo.

Por el momento ya se notan los efectos en algunos rubros pues se desplomaron los precios de materias primas, incluido el petróleo que cayó cercano a los 50 dólares por barril.

En Estados Unidos, el rendimiento de los bonos del Tesoro a diez años disminuyó cuando los inversores empezaron a buscar un refugio más seguro para sus recursos financieros, mientras el oro, un activo tradicional de la crisis, subió de precio a 1 650 por onza troy.

Tras la confirmación en México del primer caso de coronavirus el peso se depreció 1,6 %, cotizándose alrededor de 19,81 por dólar, y así tocar un máximo de 19,89 pesos, nivel no visto desde septiembre del 2019. De detectarse nuevos infectados, se estima que superará la barrera psicológica de 20 pesos por billete verde.

Los analistas aseguran la probabilidad de que Italia y Japón sufran una recesión, pues sus economías ya mostraban un desempeño negativo al cierre del 2019.

De todos estos problemas se desprende la importancia de colaborar mundialmente con China y otras naciones para controlar y eliminar la epidemia que podría afectar aun más la delicada situación económica del orbe que antes del covid-19 los especialistas pronosticaban una posible crisis parecida o superior a la de 2008.

hedelbertol@gmail.com

miércoles, 16 de octubre de 2019

China: Nace la Plataforma de Cooperación de Periodistas de alcance mundial



Por Lidia Irma Fagale:
Más de 60 jefes de organizaciones de periodistas de más de 50 países y regiones asistieron al Foro, que fue organizado por la Asociación de Periodistas de Toda China desde el 28 de septiembre al 2 de octubre, en el marco del 70 aniversario de la creación de la República Popular China.

En unas jornadas históricas para los trabajadores y las trabajadoras de prensa de todo el mundo, se materializó la creación de esta nueva organización de alcance mundial: la flamante “Plataforma de Cooperación de Periodistas de la Franja y la Ruta”, (BRJN) por su sigla en inglés.


El propósito de BRJN será promover el espíritu de la Ruta de la Seda de “paz y cooperación, apertura e inclusión, aprendizaje mutuo, beneficio mutuo y resultados beneficiosos para todos”, para profundizar los intercambios y la cooperación con grupos de comunicadores en los países y regiones involucrados, y para facilitar intercambios amigables de persona a persona entre diferentes países. La UTPBA, Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires, integrante de la Federación Latinoamericana de Periodistas, ha sido elegida para ejercer la presidencia de tan importante organización de carácter global. Lidia Fagale, Secretaria General de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires -Argentina- fue designada presidenta de la Plataforma de Cooperación de Periodistas de la Franja y la Ruta, en el encuentro fundacional celebrado en Beijing, del 27 de septiembre al 2 de octubre, al que asistieron representantes de más de 50 países.

En un hecho de gran trascendencia histórica –el nacimiento de una nueva organización internacional de periodistas – la UTPBA, en la persona de la compañera Fagale, preside el presídium constituido por la Asociación Nacional de Periodistas de Toda China, la Unión de Periodistas de Rusia, la Unión de Periodistas de Kazajistán, la Asociación de Periodistas de Indonesia y la Unión de Periodistas de Nigeria.
Además de Lidia Fagale, la UTPBA, UNION DE TRABAJADORES DE PRENSA DE BUENOS AIRES, también estuvo representada en este Foro por la compañera Leticia Amato, Secretaria de Asuntos Profesionales de la entidad.

En su intervención ante al Foro con más de 70 delegados de organizaciones de periodistas de Asía, África y Latinoamérica, Fagale destaco que (…) “A las y los colegas del mundo presentes en este encuentro, nuestro fraternal saludo. Con todas y todos compartimos objetivos comunes como, en este caso, la creación de la Plataforma de Cooperación de Periodistas de la Franja y la Ruta, de la que somos orgullosamente miembros fundadores.

La Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires, organización integrante de la Federación Latinoamericana de Periodistas, tendrá el honor de representar al continente latinoamericano y caribeño integrando la primera presidencia pro tempore.

Se trata, entonces, de una enorme responsabilidad en un momento muy particular del mundo, lo cual nos demanda -como periodistas y organizaciones–definir acertadamente prioridades en materia de capacitación y formación frente a los desafíos del presente, muchos de ellos al mismo tiempo retos del futuro.  

La cooperación, el intercambio, el compromiso por la paz y propender al beneficio mutuo entre nuestras organizaciones habrán de constituirse en pilares de nuestra labor cotidiana; así como será imperioso profundizar y promover las comunicaciones amistosas entre cada uno de nuestros pueblos.

Sabemos que en muchos aspectos nos une un pasado compartido, de la misma manera que sabemos que nuestras responsabilidades en defensa de la humanidad y del planeta nos convocan hoy más que nunca antes a multiplicar los esfuerzos para impedir que prosperen las políticas destructivas de la especie humana y su casa común. 

La paz, lo decimos una vez más, deberá imponerse a las concepciones “guerreristas”, y los consecuentes llamamientos a la integración y la solidaridad entre los seres humanos y países deberán triunfar frente a quienes estimulan la confrontación, el abuso de poder y las violaciones a la autodeterminación de los pueblos.

Por lo tanto, nuestro rol como organización internacional de periodistas deberá estar al servicio de una mejor profesión, preocupada y ocupada en la lucha por una sociedad más justa. Precisamente en un ámbito -el de la comunicación y la cultura, incluida la industria del entretenimiento- donde se libra la colosal batalla por el conocimiento, la construcción de conciencia y la supremacía tecnológica como parte sustantiva de un sistema de dominación planetario.

El SIGLO XXI se caracteriza por un desarrollo tecnológico que opera como soporte logístico de la comunicación mundial, lo que ha ampliado la capacidad de manipulación y de control por parte de distintos factores de poder.

Estos cambios han incidido en la percepción de la realidad de los seres humanos a un punto tal que, como señalan muchos estudiosos sobre la cuestión, se ha modificado la noción de tiempo y espacio, lo que ha producido un límite peligroso en la producción de pensamiento crítico. Pareciera que el tiempo para discernir se ha esfumado.

El capitalismo mercantilista transita aceleradamente hacia el capitalismo cognitivo (basado en la información y el conocimiento), pero sigue siendo la acumulación económica-financiera del capital la que dicta las reglas del juego, donde el recurso clave para la extracción son los datos.

Hoy la multilateralidad de las relaciones, los intercambios y la cooperación entre países y sus pueblos, es y debe ser un horizonte compartido, pero no debemos perder de vista este escenario mundial comunicacional y cultural si pretendemos llevar adelante nuestros objetivos. Preguntarse en qué mundo creemos que vivimos, como nos auto-percibimos, como percibimos a otras culturas, a otros pueblos, en un momento donde la realidad vivida territorialmente parece haber cedido espacio a la realidad virtual.

Este estado de cosas complejiza nuestra tarea de periodistas-comunicadores y, a la vez, nos obliga a elevarnos de manera sostenida en el campo del conocimiento, que al cabo es lo que nos proponemos al constituirnos en organización internacional en el marco de la Franja y la Ruta.

La Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires, honrada con tan alta distinción propuesta por las y los colegas de China a formar parte de un futuro compartido, les solicita, por favor, a todos los presentes, un fuerte aplauso en homenaje a los setenta aniversarios de la República Popular China (…)
lidiafagale@gmail.com

miércoles, 9 de octubre de 2019

La revolución china cumplió 70 años, pum para arriba

Por Sergio Ortiz:


En Beijing se festejó el 70 aniversario de la revolución china, con desfile de militares y civiles, y mostrando armamento moderno. El «gigante enfermo de Asia», despertó.

El presidente Xi Jinping había estado en actividades políticas, militares y culturales en la capital y otras ciudades para festejos de los 70 años de la revolución china. El martes 1 fue el acto central en Beijing con centenares de miles de civiles y algunos miles de militares. Las autoridades rindieron homenaje a los mártires revolucionarios y visitaron, en señal de reconocimiento, el mausoleo que guarda los restos de Mao Tsé tung en la plaza Tiananmen.


En Xinyang, ciudad de la provincia de Henan, en septiembre pasado, el presidente honró a sus 130.000 mártires y expresó: «esta tierra roja se ganó con una lucha encarnizada y se pagó con la sangre de decenas de millones de nuestros antepasados revolucionarios; siempre debemos tener presentes los orígenes del poder rojo y atesorar la memoria de nuestros mártires revolucionarios».

Este punto de vista comunista, de reivindicar el pasado revolucionario, es una de las vacunas que ayudan al socialismo de nuestros días, tan próspero y con tasas de aumento económico del PBI promedio de 14,5 por ciento anual, para que no se aburguese ni implosione como le ocurrió a la URSS en 1991.

El presidente dijo a la multitud y al mundo, que «ninguna fuerza puede impedir que el pueblo y la nación chinos avancen». Era un mensaje a Donald Trump, como diciéndole que sus sanciones de aumentar 15 por ciento los aranceles sobre productos chinos por 112.000 millones de dólares y otro aumento en diciembre sobre 300.000 millones, no van a doblegar a la nación asiática.

Como el imperialismo norteamericano no suele entender las exhortaciones, los chinos mostraron parte de su nuevo armamento, como para ayudar al entendimiento de Washington de que no debería profundizar la agresión.

La agencia Xinhua del 1/10, detallaba: «el desfile constituyó la primera aparición integral en público de las fuerzas armadas del país después de una masiva campaña de reforma en los últimos años. Todo el armamento exhibido el martes es de fabricación nacional. El 40 por ciento de los equipos, incluidos el misil nuclear estratégico intercontinental Dongfeng-41, el misil convencional Dongfeng-17, los bombarderos estratégicos de largo alcance H-6N, los cazas furtivos J-20 y los drones de combate de nuevo tipo, fueron exhibidos por primera vez. En el desfile, alrededor de 15.000 oficiales y soldados, más de 160 aviones y 580 juegos de equipos, pasaron frente a la tribuna de Tiananmen en 15 formaciones a pie, 32 formaciones de armamento y 12 escuadrones aéreos».

Los círculos más agresivos de la administración Trump, que agreden a Cuba, Venezuela, Irán, Siria y Corea del Norte entre muchos otros países, y tienen planes similares contra China, dirán que esa demostración de armas en la avenida Changan confirmaría la peligrosidad mundial de Beijing.

Una falsedad más y van… La explicación china es que esas nuevas y sofisticadas armas sólo serán utilizadas para salvaguardar la soberanía nacional, la unidad y la integridad territorial y promover la paz, ya que su política de defensa siempre ha sido de naturaleza defensiva. No tienen bases militares en el extranjero. Abrieron en 2017 un centro de apoyo logístico en Yibuti, en el cuerno de África, para apoyar las misiones antipiratería y los rescates en el golfo de Adén y la costa de Somalia.

En cambio EE.UU. tiene 872 bases militares en 132 países, donde están acantonados 200.000 efectivos propios y no precisamente en labores pacíficas, como se comprueba en las agresiones en Siria, Afganistán, Irak, etc.
Economía pujante.
Desde 1978, cuando China comenzó la política de reforma y apertura, hasta 2018, el crecimiento comercial por año fue del 14,5 por ciento. Ninguna otra economía siquiera se acercó a esos registros.

Lo más importante es que ese crecimiento benefició a masas populares. Liberó de la pobreza a 700 millones de personas, que la estadística del Banco Mundial extendió a 850 millones. Un ejemplo para muchos gobiernos en el mundo, como el de Mauricio Macri en Argentina, donde el 35,4 por ciento de la población está bajo ese yugo.

Los avances chinos son espectaculares. En 1952, al comienzo de la revolución, su Producto Bruto Interno era de 30.000 millones de dólares y en 2018 alcanzó los 13,61 billones de dólares: un incremento de 452 veces. Por eso en 2010 la economía china alcanzó el segundo lugar mundial y en breve llegará al tope del podio. Eso explica la agresividad de sucesivos gobiernos norteamericanos y la tirria de Trump contra Huawei.

El analista internacional de Clarín, Marcelo Cantelmi, estuvo en Beijing y escribió: «la robótica es la puerta al otro mundo que pretende cruzar este país que mira a la Luna con un apetito minero difícil de imaginar. Ya han llegado con una sonda a la cara oculta del satélite. Y negocian con Rusia su exploración conjunta, una alianza binacional que ya hoy casi no tiene límites».

El socialismo chino sopló felices 70 velitas. Se prepara para festejar a fines de 2020 la meta de una «sociedad modestamente acomodada». Y allí trazará el objetivo de «un gran país socialista moderno próspero, fuerte, democrático, culturalmente avanzado, armonioso y hermoso».

China es una civilización de 5.000 años, pero sólo en los últimos 70, socialistas, dejó de ser el «gigante dormido de Asia» al que Napoleón aconsejaba no despertar. Despertó con la Larga Marcha de Mao y llegó a Tiananmen en 1949. Esa revolución hizo que el país de campesinos analfabetos llegara en 2008 con Zhai Zhigang a dar una caminata espacial agitando la bandera china y en 2010 al segundo lugar de la economía mundial.

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martes, 27 de junio de 2017

Beijing avanza con su estratégica propuesta de Ruta de la Seda

Por Emilio Marín 
Un proyecto chino de envergadura internacional

Hace cuatro años el presidente chino lanzó la propuesta de la Franja y Ruta de la Seda. Supone obras, inversiones y más comercio con el resto de Asia, Europa, África y el resto del mundo. Ahora viene precisando y avanzando con ese plan.


En 2013 Xi Jinping lanzó sucesivamente las propuestas de crear la Franja de la Seda y la Red marítima de la Seda en el siglo XXI, que daría más conexión terrestre y marítima a su país con 60 países de al menos tres continentes. Aclaró que era una iniciativa abierta a otras naciones del mundo ubicadas en otros continentes, verbigracia América Latina.

La idea del gobierno chino fue recuperar, y ponerla a tono con el siglo actual, los corredores de comercio por vía terrestre y por mar que había varios siglos atrás con el extranjero, de los que uno de los más conocidos era la llamada ruta de la seda.

Esas vías sirvieron para que en 1295 Marco Polo trajera el tallarín a Europa, según la leyenda, pero seguramente la seda, el papel y la pólvora que inventaron los chinos hace siglos también habrán estado en el trasiego.

Como los asiáticos se enorgullecen de sus varios siglos de civilización, recuperaron aquel comercio del pasado para proyectarlo al siglo XXI. Lo viejo reaparece en lo nuevo, o lo nuevo recupera parte de lo viejo que no pasa de moda. Y el proyecto estratégico más importante de China para lo que resta del siglo, salvo que después froten la lámpara y se haga la luz sobre otro superior, es el que lleva el nombre de la seda.

Eso ha motivado reuniones internacionales de importancia, como el Foro realizado en Beijing el 14 y 15 de mayo pasado, con participación de gobiernos de 29 países más el anfitrión, y representantes de más de un centenar de países y entidades internacionales interesadas en conocer e involucrarse.

Además de los discursos, hay acciones concretas que avalan esa marcha, algunas modestas y otras de creciente impacto en el país y donde se realizan las obras correspondientes.

Una, simbólica, fue el 23 de abril pasado. El tren “Viento de Oriente”, que había partido desde Xian, llegó a Budapest, Hungría, luego de 20 días de trayecto, atravesando Kazajistán, Rusia y Bielorrusia, un trayecto de 9.300 kilómetros. Llevaba sus 41 vagones llenos de ropa, juguetes y otros productos chinos. El viaje imitaba una ruta que había florecido hace más de 2.000 años
.
Otro dato concreto, que puede ser una pista sobre los cambios positivos que puede implicar el proyecto para los participantes: trabajadores chinos y de Maldivas, están trabajando hace un año en la construcción de una nueva pista del Aeropuerto Internacional Velana, en Maldivas. “La nueva pista, de 3,4 kilómetros, permitirá el aterrizaje de grandes aviones de pasajeros como el Airbus A380”, le declaró a la agencia Xinhua uno de esos trabajadores del “Grupo de Construcción Urbana de Beijing”, encargada de construir esa pista, un campo de aterrizaje y la terminal de carga. No es el único proyecto pues la misma empresa está empeñada en otros diez países dentro de la iniciativa de la Franja y la Ruta.

A su vez China está formando a trabajadores etíopes para que puedan manejar el primer ferrocarril eléctrico transfronterizo de África, que unirá Addis Abeba en Etiopía con Djibouti,  y que comenzó a operar en octubre pasado. Ese tren redujo el tiempo de viaje entre los dos países de siete días a sólo diez horas.

Proyecto impresionante

Aquellas informaciones son apenas puntas del iceberg que empieza a emerger del plan muy ambicioso al punto que engloba a 60 países, con 4.500 millones de habitantes del planeta y que en conjunto engloban más del 30 por ciento del producto bruto mundial. Fue enunciado por primera vez  en septiembre de 2013, por el presidente chino, cuando visitó Astaná, en Kazajistán.

La idea es abrir más y mejores rutas por donde no sólo circularán mercaderías y productos, sino también información, turistas, cultura, etc, con tres vías terrestres y una ruta marítima. A tal fin se prevé la construcción o ampliación de líneas férreas, caminos, puertos, aeropuertos, gasoductos, oleoductos, etc. Por ejemplo, en materia de trenes, un recorrido será el ya referido por Asia y Europa que llegará a Polonia y de allí a Alemania, con derivaciones al sur, incluso España. Y otra que bajará a Irán, por Turquía y de allí también a Europa.

¿Cómo se financiará semejante proyecto que circunda parte del mundo? Tiene prevista una doble fuente de financiación: por un lado el Fondo Económico de Inversión de la Ruta de la Seda, donde Beijing comprometió ya 50.000 millones de dólares; y por el otro, el Banco Asiático de Inversión e Infraestructura, que aportará misma suma. Esta entidad se creó hace un año y tiene 57 países miembros, con China, India y Rusia como sus mayores accionistas.

La información oficial del gobierno no fue desmentida por los otros participantes aseguró que “desde 2013, China ha invertido más de 50.000 millones de dólares en países de la Franja y la Ruta. Un total de 56 zonas de cooperación económica y comercial ya fueron construidas por empresas chinas allí, lo que ha generado cerca de 1.100 millones de dólares en ingresos fiscales y creado 180.000 empleos locales”. Añadió: “el comercio entre China y los países a lo largo de la Franja y la Ruta totalizó 913.000 millones de dólares en 2016”. Esta cifra se va a incrementar a medida que avancen las obras previstas y esa infraestructura pueda utilizarse a pleno.
Por eso el ministro chino de Relaciones Exteriores, Wang Yi, dijo que “la Franja y la Ruta se ha convertido en el bien público más importante que China ha brindado al mundo. Fue propuesta por primera vez por China, pero ahora es para que la disfruten todos los países”.

Los chinos no están en esto como una obra filantrópica, pero recalcan que su filosofía es el de “ganar-ganar” o sea ganen las dos partes. En el Foro internacional del mes pasado, el presidente Xi insistió en que el programa reduciría la pobreza en los países receptores de esas inversiones. También prometió que China lanzará 100 proyectos contra la pobreza y dijo que la propuesta es de “una globalización económica abierta, inclusiva, equilibrada y beneficiosa para todos”.

Es evidente que además de beneficios económicos y comerciales para el medio centenar de países que ya han firmado convenios, está de por medio un objetivo político chino. ¿Cuál es? Procurar crecer económicamente y en alianzas políticas frente a la administración Trump, que tuvo inicialmente varias expresiones políticas contrarias a China. Beijing aprovecha el mal paso que dio Estados Unidos al salirse del Tratado Transpacífico por el mal entendido proteccionismo de “América Primero”. Buena parte de los países desairados, menos Japón, son parte ahora del armado chino de la Franja y la Ruta de la seda.

Acción y reacción

China venía accionando con su iniciativa desde 2013. EE UU le oponía el TPP en tiempos de Barack Obama y su oponente avanzó con la ruta de la Seda en 2015. Trump triunfante se salió de aquel tratado, como igualmente hizo con los convenios sobre el Cambio Climático. Beijing contragolpeó con el Foro Internacional por la ruta de la Seda. Trump sólo mandó a un asesor suyo de Seguridad Nacional dedicado al Asia, como para ver de qué se trata. Su hostilidad hacia el socialismo asiático se mantiene, como se trasunta en varios artículos periodísticos donde se criticó la reunión internacional presidida por Xi. The New York Times, el 15 de mayo, reproducido en Buenos Aires por “La Nación”, ninguneó a Xi con este título: “Rodeado de líderes no occidentales, se mostró como una alternativa a Trump”. Allí se leía: “Rodeado de líderes autoritarios de Rusia y Asia Central en una cumbre en Pekín, Xi les prometió a los bancos de desarrollo chinos más de 100.000 millones de dólares que servirían como punta de lanza de un ingente gasto en infraestructura a través de toda Asia, Europa y África. Lo más notable era la ausencia casi total de líderes de democracias occidentales en el encuentro”.

El magnate neoyorquino, como antes Obama, pega en los flancos chinos no tanto con periódicos sino creando problemas políticos y sin descartar los incidentes bélicos. Por caso generando inestabilidad y roces entre China y países ribereños de mares adyacentes. Eso, más el poderío naval y militar de la superpotencia decadente, siguen siendo sus cartas. Por eso los norteamericanos acentúan los conflictos por esas aguas, con Japón, Corea, Filipinas, incluso Vietnam.
Y por eso mismo también se entiende que lo primero que hizo el gobierno chino fue  precisar esta semana criterios respecto a la ruta marítima, con un extenso documento y lineamientos pacifistas, conciliadoras, buscando consenso para preservar el mar, compartir la investigación científica, etc.

El documento gubernamental informa: “China ha firmado documentos intergubernamentales de índole marítima en forma de acuerdos de cooperación, memorandos de cooperación y declaraciones conjuntas con Tailandia, Malasia, Camboya, India, Pakistán, Maldivas, Sudáfrica, etc., y ha llevado a cabo la conexión estratégica con muchos de los países a lo largo de la Ruta, estableciendo así una amplia asociación cooperativa referente al mar”.
Queda claro cuál es la parte que atiza los conflictos marítimos y cuál procura llegar a buen puerto, en son de paz. 

ortizserg@gmail.com

domingo, 14 de mayo de 2017

China: el proyecto estratégico más importante de la historia.

Por Sergio Rodriguez Gelfenstein

El proyecto de China denominado “Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda” es el plan más ambicioso en materia de integración económica y comercial que jamás se haya diseñado en la historia de la humanidad. Aunque el objetivo central es crear un gran espacio que permita la comunicación directa entre Asia y Europa, en el trasfondo se estará construyendo una plataforma que indudablemente propiciará el debilitamiento de la hegemonía estadounidense, por primera vez en más de un siglo.


Esta magna obra, en el imaginario chino, asemeja y se le da la misma dimensión de la Gran Muralla, y el Gran Canal, que muchos siglos después de su construcción siguen siendo expresión del esplendor y la majestuosidad de la civilización y la cultura china.  La misma, comprende el Cinturón económico de la Ruta de la Seda terrestre y la Ruta de la Seda Marítima del siglo XXI, que fueron presentados por primera vez por el Presidente Xi Jinping en septiembre y octubre de 2013 durante visitas de Estado que realizara a Kazajstán e Indonesia.

El sustento histórico del proyecto está cimentado en el espíritu de la antigua Ruta de la Seda, que permitió promover "la paz y la cooperación, la apertura y la inclusión, el aprendizaje y beneficios mutuos" para todos los países, por lo que deber ser continuado en el futuro a través de una moderna red transnacional que conecte a China con el mundo, mediante el desarrollo en común de todos los países implicados.

La idea del Cinturón y la Ruta de la Seda incluye cuatro trazados, tres de ellos terrestres y uno marítimo que servirán para conectar la región oriental de China con Asia Central, Asia Occidental, Europa y el sudeste de Asia, este último a través del corredor marítimo. Para ello se utilizará el transporte terrestre a través de carreteras, trenes y el náutico por barcos. Todos ellos comunicarán los puertos y ciudades chinas con alrededor de 60 países de Asia, África y Europa. Según la información que maneja el gobierno chino, el plan incorporará las regiones donde yacen más del 70 de las reservas de petróleo y gas del mundo,  en el que habita el 70% de la población planetaria y  produce el 55% del PIB del globo.

Con el objetivo de comenzar a operativizar esta propuesta, los días 14 y 15 de mayo se celebrará en Beijing, el Foro para la Cooperación Internacional “Un Cinturón, Una Ruta”, con la participación de al menos 20 jefes de Estado y gobierno, alrededor de 50 máximos responsables de organizaciones internacionales, 100 funcionarios de nivel ministerial, 1200 delegados, académicos,  empresarios y representantes de medios de comunicación de más de 110 países a fin de debatir sobre el desarrollo comercial y la construcción de infraestructura a lo largo de casi los 7500 km.  de extensión terrestre y más de 5000 millas náuticas de ruta marítima, procurando crear una armazón de cooperación más abierta, eficiente, fuerte y estrecha y a su vez, impulsar un sistema de gobernanza internacional más justo, razonable y equilibrado, como reza la convocatoria elaborado por el gobierno de la República Popular China.

En el momento de iniciar el Foro, ya más de 100 países y organizaciones internacionales se han unido a esta propuesta, transformándola de esa manera en la más amplia de sus características en la historia,  en tal condición, más de 40 países han firmado acuerdos de cooperación con China, de la misma manera que espacios multilaterales como la Asamblea General de la ONU, el Consejo de Seguridad de la misma organización y el Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC) han debatido positivamente la cooperación que se generará a partir de esta nueva Iniciativa china.

Así mismo, entre los avances que se pueden señalar como antecedentes concretos para la proyección de la Ruta, vale mencionar el puente Padma en Bangladesh, el Corredor China-Pakistán y los trenes rápidos de la empresa de Ferrocarriles de China hacia destinos europeos. También, habría que resaltar que, durante 2016, el comercio entre China y los países ubicados a lo largo del “Cinturón y la Ruta” ascendió a 913 mil millones de dólares, que corresponde a la cuarta parte del volumen comercial total de la segunda economía del mundo. De ese modo, las empresas chinas invirtieron más de 50 mil millones de dólares y han ayudado a construir 56 zonas de cooperaciones económicas y comerciales en 20 países de este nuevo espacio, generando cerca de 1.100 millones de dólares en ingresos fiscales y 180 mil empleos locales. En este ámbito, a partir de ahora, se impulsará la creación de seis corredores económicos: el Nuevo Puente Continental Eurasiático, el corredor China-Asia, el corredor China-Asia Occidental, el corredor China- Península Indochina, el corredor China-Pakistán y el corredor Bangladesh-China-India-Myanmar. Junto a estos corredores, también se organizará una red de comercio y transporte a través de Eurasia, sentando una sólida base para los planes de desarrollo regionales y trans regionales.

Pero tal vez, la mayor incidencia global de esta Iniciativa se manifestará en el área financiera, toda vez que China ha destinado alrededor de 40 mil millones de dólares para el Fondo de sostenimiento de los proyectos del “Cinturón y la Ruta”. En este marco fue creado en 2015, el Banco Asiático de Inversión para Infraestructura (BAII) con el propósito de conceder créditos para mejorar la infraestructura en Asia. Esta gran institución financiera cuenta ya con 70 países y ha prestado más de dos mil millones de dólares. El “Cinturón y la Ruta”, y todo el entramado financiero que les acompaña están siendo utilizado por China para “exportar yuanes” como parte de la estratégica idea de posicionarla como moneda de reserva en el mundo, lo cual le permitirá competir con el dólar, el euro, el yen japonés, la libra esterlina y el dólar canadiense como medio de pago internacional, después que en 2015 fue admitido como moneda de reserva en el FMI. Según los economistas Oscar Ugarteche y José Luis Cal de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), “…los retos chinos para seguir posicionando al yuan como moneda de reserva en el mundo siguen siendo fuertes debido a la tendencia a la depreciación de los dos recientes (sic). El mega proyecto de la Ruta de la Seda promete ser un golpe sobre la mesa para lograr este objetivo. La salida de Estados Unidos del TPP es muy positiva para China y le dará nueva entrada al comercio con estos países más allá de los incluidos en la Ruta de la Seda a través del Regional Comprehensive Economic Partnership, (RCEP) que promueve en su lugar“.

Como signo de los tiempos, China, además de resquebrajar la acendrada práctica proteccionista que pretende desencadenar el nuevo gobierno estadounidense, le ha dado el golpe más contundente que haya recibido Estados Unidos en su historia…y sin disparar un solo tiro, lo cual marca una pauta única en el devenir de la humanidad. La potencia norteamericana lo sabe, y trata de confrontar en el terreno donde sigue conservando mayor poder: el militar y en particular el naval, en el espacio marítimo circundante a China, probablemente, el ámbito más frágil del gigante asiático. Esto es lo que explica la incentivación por parte de Estados Unidos de los conflictos en el mar de la China Meridional, que China y sus vecinos pretenden resolver por vía del diálogo y la negociación pacífica.

Al finalizar el Foro, los países participantes contarán seguramente con un novedoso instrumento de cooperación multilateral y multisectorial que debería servir como basamento sólido para avanzar en el desarrollo económico y la solución de los problemas más acuciantes que enfrenta la humanidad, en un ambiente de paz y sana convivencia internacional.

sergioro07@hotmail.com