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miércoles, 4 de noviembre de 2020

Elecciones en los EUA: las dos caras de una falsa moneda

Por Carlos Flanagan: 

Mañana martes 3 de noviembre tendrán lugar las elecciones presidenciales en los Estados Unidos de América. Luego de un largo proceso de elecciones internas de candidatos, se enfrentarán Donald Trump que con 74 años aspira a su reelección por el Partido Republicano y Joe Biden - por dos veces vicepresidente de Barack Obama - de 78 por el Partido Demócrata. 

Democracia ma non troppo 

Desde hace mucho tiempo, estas elecciones se han convertido en un verdadero show mediático retransmitido “en directo” y hasta el hartazgo en nuestros países por todos los medios masivos de comunicación; especialmente los privados.

Con una originalidad conmovedora, todos los canales de televisión instalan sus unidades móviles en la Embajada de los EUA y destacan a sus avezados periodistas que llegado el momento le preguntan al Embajador o Embajadora según corresponda, “su opinión sobre esta verdadera fiesta de la democracia, ejemplo para el mundo”. Todo un alarde de periodismo de investigación. 

Si de investigación hablamos y hacemos un somero ejercicio de la misma, veremos que “la gran democracia del Norte” no es lo que aparenta ni mucho menos. Veamos algunas de sus “peculiaridades”. 

Se puede comprobar que la elección de presidente y vicepresidente no es de carácter directo; es indirecta. Vale decir que el elector al ejercitar su derecho al sufragio, en realidad está eligiendo a 538 miembros de un Colegio Electoral quien es la autoridad que mediante su votación mayoritaria (bastarán 270 votos) decidirá quién es el presidente del país. 

El Senado está compuesto por 100 miembros. Cada uno de los 50 Estados de la Unión tiene un cupo de 2 Senadores, sin importar el número de su población. Tomando las cifras del último censo del año 2010, el Estado de Wyoming, el de menor población con 493.782 habitantes tiene dos Senadores; al igual que California con 37.253.956 habitantes. Todo un absurdo.  

A su vez, la elección de los Senadores en cada Estado no es proporcional a los votos obtenidos por cada partido. El candidato o candidata presidencial que resulte triunfante en un Estado, así sea por un voto, no sólo se lleva las dos bancas al Senado, sino además la totalidad de los miembros del Colegio Electoral que le correspondan a ese Estado para elegir presidente. 

Con este sistema “democrático”, desde la pasada elección, el Partido Republicano detenta la mayoría en el Senado (53 contra 47) habiendo obtenido 17 millones de votos menos que el Partido Demócrata. 

Pero peor aún: por lo antedicho, en la “gran democracia del Norte” la o el candidato presidencial que obtiene más votos en total no siempre es quien gana.

Hillary Clinton en 2016 recibió casi tres millones de votos más que Donald Trump: 65.844.954 para Clinton frente a 62.979.879 para Trump. Pero “perdió”. Toda una muestra de respeto a la voluntad popular... 

Antecedentes históricos 

Como en muchos otros casos, los antecedentes históricos los encontramos en Inglaterra.

Ya en la Edad Media, existían los llamados “burgos podridos” (rotten boroughs).

Así se llamaba a los burgos que, a pesar de estar prácticamente despoblados, tenían por disposición real (la “Royal Chart”) la potestad de elegir a dos miembros para la Cámara de los Comunes igual a la de otros que tenían mucho más electores. 

Estos pequeños “burgos podridos” eran generalmente dominados por un noble (que por serlo era miembro nato de la Cámara de los Lores) y que por esta vía digitaba a quienes debía elegirse para la Cámara de los Comunes; asegurándose así su influencia en ella. Hubo casos emblemáticos como los burgos de Old Sarum con 3 casas y 7 votantes o el de Dunwich con 44 casas y 32 votantes. 

Este sistema fue abolido en 1832 con la llamada Reform Act. 

En los EUA su nada democrático sistema funciona desde 1791 y no existe voluntad política alguna para reformar la Constitución y modificarlo. 

Pese a todo lo expresado, no nos es indiferente el posible resultado de la elección. Un nuevo período de un individuo filo-fascista y guerrerista como Trump, sería una seria amenaza a la paz mundial con las previsibles nefastas consecuencias para toda la humanidad. 

La moneda falseada 

Ahora bien; no desear una victoria de Trump es una cosa y pensar que la política de Biden y el Partido Demócrata hacia América Latina y el Caribe resultará mejor para nuestros pueblos, es otra muy distinta.

La política expansionista y de hegemonía de los EUA hacia nuestra región ha sido y es una política de Estado y como tal llevada adelante por todos sus presidentes sin excepción, sean estos demócratas o republicanos. 

El resultado de una u otra opción es tan tramposo como hacer un sorteo “a cara o cruz” lanzando al aire una moneda falseada que tenga una cara en el anverso y otra en el reverso. 

Fue tan intervencionista la política llamada “del gran garrote” de principios del siglo XX practicada por Theodore Roosevelt, como la del republicano Dwight Eisenhower derrocando a Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954, como el simpático demócrata John F. Kennedy ordenando la invasión a Cuba por Playa Girón en 1959, el también demócrata Lyndon B. Johnson y el golpe de Estado contra Joao Goulart en Brasil en 1964, o los republicanos Richard Nixon y luego Gerald Ford prohijando los golpes de Estado contra Allende en 1973 y luego los demás en el Cono Sur. O finalmente el sonriente Barack Obama del Partido Demócrata - de quien algunos ilusos pensaron que por ser el primer presidente afrodescendiente sería diferente – y por el contrario aumentó el bloqueo a Venezuela redactando en marzo de 2015 una acción ejecutiva que la declaraba “una amenaza para la seguridad nacional”. Toda una perlita. 

Más elocuente aún fue su Secretario de Estado, John Kerry, quien en un discurso ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes en abril de 2013 dijo: “América Latina es nuestro patio trasero(...) tenemos que acercarnos de manera vigorosa”. A confesión de parte... 

Parafraseando al asesor de W. Clinton, James Carville quien acuñó en la campaña electoral de 1992 la conocida frase “es la economía, estúpido”, podríamos decir: “es el imperialismo, estúpido”. - 

carlos.flanagan@gmail.com 

martes, 7 de mayo de 2019

Convenía el éxito del “golpe” en Venezuela



Por Jesús A. Rondón:
Mientras las redes sociales ardían en mañana del último día de abril, Venezuela se encontraba en calma. Resalto en calma. Un  vídeo del diputado Guaidó en las inmediaciones de la Base Aérea La Carlota, ubicada en la zona  rica de Caracas; acompañado del hoy prófugo de la justicia Leopoldo López y  no más treinta militares fue la causa del revuelo. Según Guaido las Fuerzas Armadas Nacionales desconocían a Maduro, se ajustaban a su extraña interpretación del  Estado de Derecho y convocaba a las calles para lograr el "cese definitivo de la usurpación".
Los voceros de oposición se sumaron rápidamente a la convocatoria de  acciones de calle y en algunas ciudades se desarrollaron concentraciones, que eventualmente se tornaron violentas lo que ameritó la intervención de la fuerza pública.


Durante la jornada se escucharon las declaraciones de los actores del chavismo, así como de los representantes de los poderes públicos  y el alto mando militar denunciando un golpe de estado en desarrollo, anunciando acciones de la justicia y ratificando la defensa y el mantenimiento del hilo constitucional.

Las principales empresas de noticias globales colocaron en su franja principal el asunto Venezuela. Fundamentalmente se reflejo  la postura de la oposición al chavismo y  de sus aliados políticos bajo la subordinación de la política del gobierno de los Estados Unidos de América. Un número menor de fuentes de información  presento una alternativa a la tendencia.

No es el objeto de esta nota reproducir la lógica de presentar la tragedia  venezolana que vende más lecturas y exposición a publicidad. Me oriento a proponer algunos aspectos para comprender un poco más los hechos recientes en Venezuela  y los razonamientos que  los impulsan.

En primera instancia considero que calificar el evento de “intento de golpe de Estado” es sobredimensionar los hechos, lo que discursivamente le conviene a la dirigencia chavista. No es razonable que un escuálido  grupo, que por un lado ni siquiera entro a las instalaciones militares y que el mismo Maduro declara que fueron engañados; tenga la capacidad de influencia para lograr objetivos tan ambiciosos y que además sea trasmitido en vivo. Después de las lecciones del golpe de abril de 2002, una de las cosas que seguro implementaran quienes tienen intenciones serias es cortar cualquier tipo de comunicación en el país, para evitar que el chavismo se movilice.

Otros aspectos a considerar para valorar las intenciones de los actores políticos en este evento son que los hechos se circunscribieron a Chacao y allí se movilizaron fundamentalmente en Caracas. Asimismo, fue accidentada la protección a Leopoldo López, quien paso de la Embajada de Chile a la España sin explicaciones públicas y ahora su posición depende  de una eventual variación de la política exterior del Reino de España con respecto a Venezuela en  función de los resultados de las recientes elecciones y la conformación de un  nuevo  gobierno.

En mi opinión este hecho tuvo como objetivo a corto plazo calentar la calle en la víspera de las movilizaciones del 1 de mayo, cuya convocatoria por parte de la dirigencia opositora ya era débil. Es patente que en Venezuela la credibilidad de Guaido en la oposición ha mermado, puesto que se exacerbaron las expectativas y a la fecha no hay cese de la usurpación, ni elecciones libre y menos gobierno de transición y en consecuencia su capacidad de movilización está condicionada al surgimiento de  eventos extraordinarios.

A nivel global el gobierno de EUA  volvió a calibrar las posiciones en función de una salida por  la fuerza en el país, ahora con una supuesta acción interna, y finalmente se sigue posicionando el asunto Venezuela en la primera plana con la narrativa sesgada y dominante de “lucha por la democracia”.
El comportamiento de la oposición venezolana en estos hechos indica que  sigue enfocada en la estrategia a largo plazo del gobierno de los EUA, que busca  afectar todos los apoyos posibles no solo al gobierno bolivariano, sino a la revolución bolivariana y de esta manera contar no solo con el poder, sino con una correlación de fuerzas que le permita mantenerlo y tener capacidades (entre ellas la fuerza) para implementar un proyecto que se dice alternativo al chavismo. 

La perspectiva es llegar a elecciones, pero con un pueblo en condiciones deplorables y con un rechazo inmenso al imaginario chavista. El principio de una serie de victorias electorales que permita avanzar en el control acelerado del Estado, que culmine con la modificación nuevamente del marco constitucional.

En este sentido conviene que los actores de oposición mantengan las posiciones actuales e  ignoren todas las iniciativas de mediación, incluso aquellas que impulsan entidades que le muestran respaldo, como el grupo contacto de la Unión Europea.

Que no nos extrañe eventos en esta misma línea y seguro que están administrando los recursos en esta línea, en paralelo con la agudización de las medidas unilaterales por parte del gobierno de EUA y sus socios, así como la promoción del cerco diplomático del gobierno bolivariano.
jesusalbertorondon@gmail.com

domingo, 17 de febrero de 2019

Ayuda humanitaria y responsabilidad de proteger

Por Julio Yao Villalaz:


En Libia, el pretexto era que el ‘dictador' Muamar Gadafi violaba los derechos humanos, específicamente, de los de piel oscura.

Se pretende ofrecer ayuda humanitaria a Venezuela para colarle una responsabilidad de proteger. Ambos son conceptos, mas no normas de Derecho Internacional, que motivan debates teóricos. Pero no hay ni tratados ni decisiones del Consejo de Seguridad de la ONU que las avale. La Asamblea General solo recomienda.

La ayuda humanitaria se deriva del derecho humanitario. En cambio, la responsabilidad de proteger se ha aplicado como derecho de intervención, un delito que no puede constituir un derecho o una responsabilidad.

Como expresidente del Servicio Paz y Justicia en Panamá (Serpaj-Panamá), participé hace 16 años en una reunión de la ONU en Costa Rica para examinar dichos conceptos, invitado por la Fundación para la Paz de Oscar Arias. Propuse (y fue aceptado) que Centroamérica rechazara la ‘responsabilidad de proteger', mientras no se aclarara que el Estado receptor de ayuda debía autorizarla para que no fuese una facultad intervencionista.

La ayuda humanitaria y la responsabilidad de proteger' de EUA han ocasionado millones de muertos, heridos y desplazados en Irak, Yugoslavia, Libia, Somalia y Siria, entre otros países. Yugoslavia fue invadida sin aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU. Slobodan Milosevic, presidente constitucional de Serbia, fue acusado de limpieza étnica y genocidio por EUA y la OTAN y encarcelado por el Tribunal Penal Internacional. Diez años (2016) después de su fallecimiento, en extrañas circunstancias, dicho Tribunal lo exoneró de todas las acusaciones.

En Libia, el pretexto era que el ‘dictador' Muamar Gadafi violaba los derechos humanos, específicamente, de los de piel oscura. Pero Libia tenía los más altos índices de desarrollo humano y el PIB más alto de África. Es cruel paradoja que la Comisión de Derechos Humanos de la ONU había premiado un año antes a Libia por el progreso obtenido justamente para su población de color. El motivo real era otro: Gadafi intentaba abandonar la zona del dólar e instaurar moneda propia en el continente africano.

Gadafi fue atrozmente asesinado por hordas terroristas que dejaron al país en un caos, repartido entre bandas criminales y sin posibilidades de restaurar institucionalidad alguna. En la piñata que hicieron con Libia, Bélgica le robó billones de dólares a Gadafi. Igualmente, EUA y el Reino Unido le han incautado billones de dólares a Venezuela y destruido su economía, aplicando pérfidamente el binomio de ayuda con intervención.

No puede ayudarse ni protegerse a ningún Estado sin su aprobación. Claro está que EUA no quiere proteger sino destruir a Venezuela, por lo que la presunta ‘ayuda humanitaria' que debe preceder toda ‘responsabilidad de proteger' se desploma como castillo de naipes.
Veamos el caso de Panamá. No había ningún problema con Manuel Antonio Noriega hasta que este rechazó decenas de órdenes de Washington (10 diciembre 1985); en primer lugar, que Panamá encabezase un ataque a Nicaragua sandinista y rompiera con Japón, que intentaba ampliar el Canal. De haberse sometido Noriega, todavía estaríamos contando cadáveres y viendo cómo carajo expulsar a las tropas de EUA.

Las sanciones de enero de 1988 calificaban al —Régimen Noriega-Solís Palma— como ‘extraordinario peligro para la seguridad nacional de EUA' en un decreto que calcaron para guillotinar a Venezuela en 2016. EUA ‘reconoció' a Eric Arturo Delvalle como presidente, designado sin elecciones por una Asamblea que más tarde lo proclamó como ‘traidor'. El marioneta huyó a Washington, que incautó cientos de millones de dólares del pueblo panameño, de los cuales le arrojaron una pitanza a un fantasmagórico ‘Gobierno en el exilio'.

Washington se apropió en Miami de dos aviones de Air Panamá y aplicó sanciones comerciales, económicas, bancarias, monetarias y diplomáticas, además de retener los pagos anuales (en violación del Tratado) que la Comisión del Canal de EUA debía entregar a Panamá.
Con los dineros robados, Washington le donó a la oposición oligárquica diez millones de dólares para que ganaran las elecciones de 1989 (no hubo informe de gastos) intervenidas por agentes de la CIA que el Gobierno de Noriega capturó infraganti.

EUA produjo una ‘crisis humanitaria' (el dólar, moneda circulante, desapareció), y Washington apoyó una Cruzada Civilista para impulsar ‘el fin de la dictadura', porque ‘ponía en peligro el Canal y las vidas de estadounidenses', algo que desmintieron los jefes del Comando Sur y del Estado Mayor Conjunto de la Casa Blanca, que se oponían a la invasión y por eso fueron despedidos.
La DIA (Defensa) y la CIA fracturaron a las Fuerzas de Defensa, les incautaron sus armas, desmantelaron el aparato militar (que no era ejército y carecía de fuerza aérea o naval) y juramentaron en la base militar de EUA en Clayton a un régimen marioneta, algunos de cuyos miembros sí tenían expedientes comprobados en Atlanta y Miami por narcotráfico y lavado de dinero.

Hubo un cambio de régimen con un uso de la fuerza no autorizado por el Congreso, por la OEA o por Naciones Unidas, que condenó la invasión.
¿Y la tan cacareada ‘ayuda humanitaria'? Prohibieron entrar a la prensa nacional y extranjera; encarcelaron a miles en campos de concentración y ametrallaron a la Cruz Roja. La única ayuda humanitaria real que intentó llegar —principalmente de Cuba— fue detenida en la frontera entre Costa Rica y Panamá, en Paso de Canoas.

El libreto, pues, está servido, pero los tiempos han cambiado, y Venezuela no es Panamá.
Internacionalista
opinion@laestrella.com.pa