Por Eduardo Contreras
A poco de asumir como
embajador de Chile en Uruguay, a mediados de 2014, conocí al entonces Ministro
de Relaciones Exteriores de ese país,
Luis Almagro. Aun cuando provenía de un
partido político de derecha, él se
mostraba como alguien cercano a los gobiernos más avanzados del continente y,
por ejemplo, se expresaba del mejor modo
de Cuba, Venezuela, Ecuador, Argentina y veía con simpatía el proceso de
cambios en Chile de la recién formada Nueva Mayoría.
De hecho, a poco tiempo de conocernos, me solicitó ser uno
de los oradores del acto que él organizó para rendir homenaje, en un
aniversario de su fallecimiento, al político cubano Mario García Incháustegui, quien había sido
el embajador de Cuba en Chile al momento del golpe fascista de septiembre de
1973 y que falleciera años más tarde en un accidente aéreo. La actividad que
contó con la presencia de la viuda y los hijos del ex embajador cubano tuvo
lugar precisamente en el salón de actos de la Cancillería y fue presidido por
el propio Almagro, quien además se refirió elogiosamente al homenajeado.
¿Qué ocurrió después con el entonces Canciller uruguayo?
¿Cómo pudo ser tan radical su cambio? Muy sencillo, fue designado Secretario
General de ese desprestigiado organismo internacional llamado Organización de Estados
Americanos, la OEA, aquel viejo instrumento de la política exterior del
gobierno norteamericano. Es la misma OEA que tanto conocemos y que tan
determinantemente fija la conducta de sus secretarios generales. Amarga es
nuestra propia experiencia al respecto.
Es ese transformado Almagro el hoy obsesivo, enfermizo,
persecutor del gobierno venezolano; para él no hay límites y su conducta ha
perdido toda sensatez y cordura. La
tarea que le fue encomendada por
quien manda en la malhadada OEA es lograr la derrota del proceso bolivariano.
La Casa Blanca y el Pentágono necesitan el control del petróleo y encontraron
al hombre preciso ; como han denunciado tanto la central de trabajadores del
país del personaje, el PIT- CNT y las organizaciones sociales más importantes
del Uruguay: “Almagro se ha ensañado contra el proceso venezolano buscando
cualquier excusa para arremeter contra
un gobierno democráticamente electo por su pueblo”.
Lástima grande que a
la campaña de Trump, de Almagro, de la OEA y las transnacionales en contra del
gobierno venezolano se sumen personajes y autoridades que, sin la más mínima
preocupación por enterarse de las normas jurídicas propias de Venezuela, tanto
constitucionales como legales, no han dudado en adherir a la ofensiva golpista
contra el gobierno del presidente Maduro calificando de “golpe de Estado” la
resolución del más alto tribunal de Justicia de ese país que, con estricto
apego al Derecho, hace uso de normas legales explícitas.
Nuestro país no ha sido excepción y estos días hemos visto y
escuchado a los mismos medios de comunicación reaccionarios y a políticos de
partidos de todo el arco de los que empujaron en Chile el golpe del 73, incluidos individuos que se pretenden de
“izquierda” sumándose a la ofensiva golpista de los sectores más reaccionarios
del continente en contra del proceso bolivariano. Confunden, mañosa e
intencionadamente, los conceptos de
democracia, legalidad, institucionalidad, independencia y la relación de
los distintos factores de poder y la soberanía de cada Estado para darse la organización política
que estime. Curiosamente, esa es la norma primera de la Carta de la OEA. ¿Lo
sabrán los críticos de Maduro?
Para información de aquellos recordémosle que la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en su artículo 336.9
otorga facultades a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia
para resolver cualquier situación que se presente entre los Poderes Públicos.
No hay pues tal “autogolpe”. Ya antes se
ha hecho uso de esa facultad por ese
mismo tribunal y nadie dijo nada.
Esta vez se ha tratado simplemente de resolver un problema
específico y concreto a la luz del Derecho venezolano en relación a una normade
la ley venezolana de hidrocarburos que establece que los convenios internacionales
y asociaciones extranjeras deben ser aprobados por la Asamblea Nacional ; como
ella hoy se encuentra en situación de desacato y no es posible paralizar financieramente al país,
el Tribunal Supremo de Justicia decidió que asumía las competencias de la
Asamblea en las que se omitan sus obligaciones, para los efectos de poder
aprobar esos contratos o esas asociaciones en tiempos en que son conocidas las
dificultades financieras del Estado venezolano. La norma constitucional citada
precedentemente autoriza tal decisión claramente. Es absolutamente falso que se
hubiera “disuelto” el órgano legislativo como acusan los golpistas reales ;
agreguemos que por lo demás la facultad de disolución el parlamento existe en
numerosas constituciones de otros países
Es más, ante una observación de la Fiscal el Consejo de
Defensa del Estado venezolano, que preside precisamente el mandatario Nicolás
Maduro solicitó al día siguiente al Tribunal Supremo que precisara su veredicto
en el sentido de dejar claramente establecida la tarea supletoria específica y
puntual que asumía por las razones ya dichas y que no se afectaba la inmunidad
parlamentaria.
Pero hay todavía más. ¿ No es demasiada obvia la maniobra
golpista de los reaccionarios de todo pelaje de este continente si se recuerda
que, en cambio, cuando de modo ilegal el 9 de enero de este mismo año, la
Asamblea Nacional tomó una decisión destituyendo al propio Presidente de la
República, acusándolo falsamente de abandono del cargo, con el voto de todos
los diputados de oposición, excepto la honrosa excepción de tres diputados,
nadie haya dicho nada? Porque eso sí fue un acto sedicioso, golpista, inconstitucional. Pero ni en Chile ni en parte alguna se protestó por ello aunque no hay
norma jurídica venezolana alguna que autorice destituír ilegalmente al
Presidente y a convocar sin fundamentos a elecciones presidenciales en el plazo
de un mes. Eso sí es golpismo puro y duro.
¿ Dijo algo entonces la OEA, o Almagro? ¿Llamaron las
cancillerías a sus embajadores, incluída la nuestra? Tampoco hablaron los
políticos que hoy en Chile se suman a Trump, a Almagro, y que hoy hablan de
golpe en Venezuela. Entre ellos no deja de llamar la atención que se sume un
alto dirigente del llamado Frente Amplio.
Se confirma así la hipocresía y el servilismo que
caracteriza a los enemigos del proceso de cambios en la Venezuela
bolivariana. Su Tribunal Supremo nunca
planteó la disolución ni convocó a nueva elección. Todo sigue en la más
absoluta normalidad institucional. Lo hecho fue asumir – conforme señala la
Constitución - las competencias necesarias para que el país no se paralice
mientras dure la situación de desacato.
No olvidemos que hace muy poco la Comisión de Derechos
Humanos de Naciones Unidas, bastante más
importante, seria e independiente que la OEA, ha emitido un completo informe
absolutamente favorable al gobierno de Nicolás Maduro en que se demuestra su
pleno respeto por el Estado de Derecho y protección de los derechos humanos.
Ante tal Informe y sobre todo ante la realidad concreta, el
reciente documento de 14 países miembros de la OEA, incluído el nuestro, en que
se cuestiona al gobierno venezolano y se le formula indebidas exigencias
constituye en los hechos una ingerencia indebida a la medida de lo que persigue
la contraofensiva reaccionaria bajo la batuta de un personaje tan magro
como……Almagro.
eduardocontreras2@gmail.com
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