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sábado, 13 de junio de 2020

Las desapariciones forzadas en "10 segundos" y el regreso del fascismo



Por Rolando Prudencio Briancon: 

Es una verdad a gritos que el fascismo está de vuelta en el mundo, como ocurriera antes de la mitad del siglo pasado, y que se puede comprobar hoy tomando en cuenta un hecho que tiene una explícita explicación, a partir de la elección de quien no deja de representar a uno del imperio que ha dominado al resto de los países, como ningún otro hasta ahora, y que fue el ideal del fascismo durante el tercer Reich.



La llegada de Trump al poder ha representado el relanzamiento del fascismo; como de algún modo también se traduce en un quiebre a la validez misma de Democracia como sistema político predominantemente valido; con todas las imperfecciones y limitaciones que pueda tener.

Así es como se ha constatado en muchos países en los que el fascismo está en una fase de resurgimiento. En los EE.UU., como señalaba, con la llegada del neofascista de Trump y toda su corte de supremacistas, quien pese a perder frente a los demócratas llegó a la Casa Blanca; precisamente por esas imperfecciones de la Democracia que si misma tiene. En Brasil con Bolsonaro. En Colombia con Duque. En Chile con Piñera.

En Europa con igual o mayor contundencia se constata este avance del fascismo, como en España con VOX. O el caso de Mateo Salvinni en Italia, o Viktor Orban en la presidencia de Hungría con el partido Jobbik. O el surgimiento de Marie Le Pan en Francia por el Frente Nacional Francés. O en Grecia con el movimiento Amanecer Dorado. O el crecimiento de AfD (Nationaldemokratische), o Alternativa Nacionalista Alemana en Alemania. Todas estas extremistas expresiones fascistas reivindican un discurso islamófobo y anti inmigrantes.

Pero esta recuperación del fascismo no sólo se ha dado en base a un avance democrático por sí mismo, sino a través de métodos antidemocráticos; que sí guardan correspondencia con su concepción como el que ha sucedido en Bolivia con el GOLPE de Estado.

El GOLPE en Bolivia es el ejemplo más claro de un racismo de raíz violenta y homicida, ha ocurrido con el derrocamiento del gobierno demócrata de Evo Morales, que día que pasa va quedando claro que fue a través; no sólo de un método antidemocrático; sino genocida, como fue la matanza de 37 personas en Sacaba y Senkata.

Hoy esta fascista faceta en Bolivia ha quedado también demostrada en la violencia también simbólica, como la transmitida recientemente por el ministro de defensa de Bolivia Fernando López Julio, en una reciente amenaza lanzada contra un poblador de San Ramón, a quien al más puro estilo de las amenazas fascistas de los gobiernos del Plan Cóndor que recurría a las recetas de la desaparición de los opositores, advirtiéndole que el militar que oficiaba de esbirro: "podía hacerlo desaparecer en 10 segundos", tal como ocurriera en la década de los 70 en: Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay y Uruguay, con la desaparición forzada de los izquierdistas.

Son estas expresiones exaltadas como la del ministro de defensa de "hacer desaparecer en 10 segundos", lo que va dado la señal de que ha vuelto a reaparecer es el neofascismo, y que esa si es una abyecta amenaza para hacer "desaparecer" la democracia.

prudenprusiano@gmail.com

El gran hermano y su alter ego



Por Carolina Vásquez Araya;

La vigilancia contra los ciudadanos ha sido una de las grandes amenazas de nuestro tiempo.

George Orwell, gran novelista y ensayista inglés, dio vida a uno de los personajes más perturbadores de la novelística del siglo pasado en su novela 1984. En ella, el Gran Hermano (The Big Brother) –presencia ominosa e invisible- representa a los mecanismos de vigilancia ciudadana creados con el propósito de controlar hasta el más insignificante brote de rebeldía y, de ese modo, anticiparse con todo el aparataje institucional a cualquier amenaza contra el centro del poder. En esos años, finales de la década de los 50 y no muy lejos del fin de la II Guerra Mundial, la sola idea de un sistema tan sofisticado de espionaje estaba íntimamente vinculada a las estrategias del Tercer Reich instauradas por el régimen nazi en Alemania, cuya aplicación dio como resultado la abolición de cualquier forma de rebeldía contra el gobierno hitleriano y la infiltración de su ideología fascista.


Con el transcurrir de los años, este sistema ubicuo y solapado se fue instalando por medio de los más refinados mecanismos de vigilancia personal en distintos países, y no solamente en aquellos con regímenes dictatoriales, en donde resultaron de gran utilidad para medir situaciones relativas a la vida ciudadana, tales como sus intereses intelectuales, tendencias políticas, hábitos de consumo y muchas otras líneas de investigación capaces de insuflar información a los aparatos que controlan la política, el comercio y las finanzas. Sin embargo, la sofisticación de las nuevas herramientas tecnológicas ha llevado al Gran Hermano a territorios mucho más invasivos.

Los gobiernos que poseen y controlan esos recursos tan avanzados han podido permear nuestros hábitos, actitudes y hasta nuestros más recónditos pensamientos haciendo uso de procesos de datos y vigilancia estrecha de nuestro entorno.

Lo que no entraba en sus planes, es que también la ciudadanía puede contraponer a su propio Gran Hermano y vigilar con extrema agudeza y cercanía a todos y cada uno de los movimientos originados desde los centros de poder. Esto demuestra, sin lugar a dudas, la fuerza de una tecnología convertida en uno de los instrumentos más democratizadores de las últimas décadas. Teléfonos inteligentes, acceso a la nube, comunicación instantánea y la capacidad de trastocar el mundo unidireccional de los más poderosos en uno mucho más accesible, desde donde es posible contrarrestar la fuerza de esos poderes que hasta no hace mucho gozaban de un fuerte blindaje. 

El mejor ejemplo de la potencia de este alter ego del Gran Hermano es la capacidad de las sociedades para ejercer una vigilancia directa y documentada de las acciones y también los abusos de poder de sus gobernantes y de sus instituciones, tal como se ha observado en las evidencias videográficas de asesinatos, tortura, detenciones arbitrarias y delitos contra la ciudadanía cometidos por las fuerzas del orden en distintos países del mundo. En Estados Unidos, desde hace apenas un par de semanas, la reacción inmediata de la ciudadanía por el asesinato de un ciudadano afroamericano ha desatado el nudo del silencio invadiendo las calles de sus principales ciudades con manifestaciones masivas y la expresión más contundente del rechazo de sus pobladores a las prácticas racistas en ese país.

Aun cuando este símil imperfecto e incipiente del Big Brother carece todavía del poder para llegar al extremo de equilibrar las fuerzas entre los pueblos y sus gobiernos, es un avance significativo hacia un ambiente político y social capaz de reflejar de mejor manera las aspiraciones ciudadanas de justicia y transparencia.

La tecnología es una poderosa aliada en la búsqueda de la justicia.

elquintopatio@gmail.com

jueves, 17 de mayo de 2018

A pesar de Trump, Palestina sobrevive.


Por Homar Garcés;
La decisión de Donald Trump de establecer la embajada de Estados Unidos en Jerusalén, reconociéndola como capital del Estado de Israel, suscitó la protesta legítima del pueblo árabe de Palestina, en lo que muchos analistas estiman el inicio de una escalada de enfrentamientos que terminarán por envolver a toda la región de Oriente Medio. Según reseñan algunos medios informativos, el ejército israelí ha matado una cantidad elevada de palestinos en Gaza durante las grandes protestas no violentas en contra del traslado de la embajada estadounidense. Pero todo esto parece no motivar mucha solidaridad entre las naciones occidentales, cuyos gobiernos -contrario a ello- se manifiestan a favor de lo hecho por Trump y se preparan a secundarlo no sólo en cuanto a la instalación de sus respectivas embajadas en Jerusalén sino también en la guerra que estaría desencadenándose, con la cual se perseguiría acabar con el régimen teocrático de Irán, al mismo tiempo que asegurar el control geopolítico de Siria y los yacimientos petroleros de todo este amplio territorio, en lo que ya muchos califican de neocolonialismo.     



La tragedia de más de medio siglo que sufre el pueblo de Palestina podría hacernos concluir que son seres humanos sin dolor de nadie. La pregunta lógica es: ¿por qué no se apoya decididamente el derecho a la autodeterminación de Palestina y se zanja definitivamente el conflicto árabe-israelí, creado y fomentado hace más de cien años atrás por las potencias de Occidente?

Es dificultoso defender o apoyar la lucha de un pueblo por aspirar a disfrutar de los mismos derechos que tienen y le han sido reconocidos a otros pueblos para afianzar su cultura, su soberanía y su autodeterminación cuando es víctima de prejuicios y de una incesante campaña de desinformación y de manipulación de la realidad como acontece en diversos contextos con Palestina. A tal grado se extiende la influencia de esta campaña que muchas personas terminan por creer, sin discusión alguna, que a los palestinos no les asiste ningún derecho sobre el territorio que vienen ocupando desde hace siglos; tal como sucediera en Europa con los antepasados de quienes lo propician cuando fueran víctimas indefensas de la oprobiosa política racista del Tercer Reich nazi alemán.

Al escribir sobre este tema en La ocultación política y mediática de las causas del atentado contra "Charlie Hebdo", sus consecuencias y retos, Said Bouamama concluye: “el discurso mediático y político de legitimación de este apoyo (por parte de Europa y Estados Unidos) se construye sobre la base de una representación del grupo Hamás palestino, pero también de la resistencia palestina en su conjunto (a través de recurrentes imprecisiones verbales), de la población palestina en su conjunto y de sus apoyos políticos internacionales, como portadores de un peligro «islamista». La lógica del «doble rasero» se impone una vez más a partir de un enfoque islamófobo adoptado por las esferas más altas del Estado y que retoman la gran mayoría de los medios de comunicación y de actores políticos”.

Así, cualquier rasgo de historicidad que puedan exhibir y confirmar los palestinos (como el reconocimiento de la ciudad de Hebrón por parte de la UNESCO), es sistemáticamente por la dirigencia sionista de Israel, de manera que estos carezcan de la identidad y de los argumentos suficientes para contrarrestar sus pretensiones de desarraigarlos por completo de sus hogares ancestrales.

Adicionalmente, la política expansionista, con asentamientos ilegales condenados recurrentemente por la Organización de las Naciones Unidas, viola todo derecho humano, sin que exista una mejor disposición de la comunidad internacional para impedirlo de un modo definitivo. Esto último se obvia en los distintos canales informativos, pasando a ser un elemento accesorio en medio de la situación explosiva existente en el Oriente Medio donde, justamente, se ponen en constante tensión los intereses de las potencias europeas y de Estados Unidos, que -afanados en ejercer un control directo sobre sus respectivos yacimientos petrolíferos- no escatiman recursos de toda clase para ocasionar en esta región una guerra general, similar o mayor a la de los Balcanes. Algo que ha sabido explotar en su beneficio la clase gobernante sionista, la cual, por otra parte, no ha dudado en respaldar sin disimulo al ejército mercenario del Daesh y en vincularse con los regímenes más reaccionarios de esas latitudes (o petromonarquías), como Arabia Saudita. No obstante, el pueblo de Palestina insiste en sobrevivir. A pesar de que el régimen sionista ha convertido el escaso territorio que aún ocupa en la mayor cárcel a cielo abierto existente en la Tierra y somete a toda su población, sin importar la edad ni las condiciones físicas de quienes las padecen, a las más insólitas y crueles prácticas de un terrorismo de Estado.
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mandingarebelde@gmail.com

miércoles, 14 de febrero de 2018

Hoy el blanco es Venezuela pero estratégicamente es China

Por Emilio Marín:


Trump y Tillerson, contra la soberanía de América Latina
En su informe del Estado de la Unión, Donald Trump tuvo expresiones imperiales respecto a Venezuela, China y Rusia. En la misma línea arremetió su canciller unos días después. Están atacando la soberanía de América Latina y el Caribe.

Las declaraciones injerencistas del jefe de la Casa Blanca y su secretario de Estado contra países latinoamericanos y caribeños, y contra las relaciones soberanas que éstos mantienen con China y Rusia, son fruto de la desesperación norteamericana.



Es que antes de esas expresiones tan imperiales, la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe había celebrado en Chile el II Foro Ministerial China-CELAC, en enero pasado. Desde el surgimiento de esa comunidad en 2012, pero también desde antes individualmente o en agrupamientos como el Mercosur, Unasur y el BRICS, Beijing mantiene relaciones estrechas con la región, habiéndose convertido en uno de sus principales socios comerciales. Es el número uno de Brasil a partir de 2009.

Por la importancia de la reunión asistió el canciller chino Wang Yi, que luego viajó a Uruguay, para conmemorar los 30 años de relaciones entre los dos países, con eventos culturales muy celebrados.
El vínculo sino-iberoamericano es de larga data y viene progresando de más en más. Incluso cuando es reciente, como con Panamá, de junio del año pasado, el avance es veloz. El 5 de febrero se hizo en Panamá la primera reunión técnica para definir la factibilidad del proyecto ferroviario Panamá-David, en la frontera con Costa Rica. Es parte de los 22 convenios firmados a poco tiempo de establecer relaciones diplomáticas.

El tren está dentro de la Nueva Ruta y la Franja de la Seda ("One Belt, one road", OBOR, “Un cinturón, Una ruta”), el gran proyecto asiático para crear una red de comercio e infraestructuras que lo conecte con el resto de Asia, Europa, África y América Latina.

De allí el odio y la desesperación de la administración Trump, que reacciona con la brutalidad considerar que gente extraña está metiéndose en su “patio trasero”. A la bestia imperial le cuesta entender que América Latina y el Caribe es una región soberana que aspira a ser zona de paz. No es su “patio trasero”.

Groserías por partida doble
Si bien los ataques venían de antes, se puede poner un jalón en el mensaje sobre el Estado de la Unión, brindado por Trump el 30 de enero ante el Congreso y televisado al país. Allí planteó: “enfrentamos a lo largo del mundo regímenes parias, grupos terroristas y rivales como China y Rusia que desafían nuestros intereses, nuestra economía y nuestros valores”.

Además de tirar con munición gruesa contra sus obsesiones (Corea del Norte e Irán, en ese orden, otras veces fue a la inversa), no le mezquinó pólvora a sus blancos favoritos en la región, Venezuela y Cuba, orden que también suele invertirse en las prioridades. “Mi Gobierno también ha impuesto duras sanciones a las dictaduras comunistas y socialistas de Cuba y Venezuela”, bramó el platinado de extrema derecha, tan derechista que al insistir en su muro fronterizo con México parece estar poniendo los cimientos de otro Tercer Reich.

Las cosas son exactamente al revés de como las presentaba el mediocre orador leyendo del Telepromter: la víctima es Venezuela, con 50 sanciones económicas y financieras de Estados Unidos, que quiere estrangularle la yugular petrolera. La supuesta “dictadura” bolivariana ha convocado a elecciones presidenciales para abril próximo y Nicolás Maduro ha aceptado ser candidato. Washington, en vez de alentar a los opositores de la MUD a esa disputa, los insta a boicotear el comicio, hablando de fraude.

Y no sólo eso, sino que las descalificaciones de Trump continuaron con las amenazas que blandió Rex Tillerson contra Caracas en su semana de gira por Latinoamérica.

Ex CEO de Exxon
Tillerson, ex CEO de Exxon Mobil, está completando un periplo iniciado en México y continuado por Argentina, Perú, Colombia y Jamaica. Sus objetivos eran varios. No podían faltar la búsqueda de buenos negocios para sus corporaciones y bancos, de allí su buena onda y elogios a la gestión económica del gobierno de Mauricio Macri, así como búsqueda de acuerdos en materia de seguridad, con lo que implica en política y negocios, ejercicios conjuntos, venta de armas, bases militares, etc.
Esos condimentos nunca faltan en las giras de los enviados imperiales, máxime si son del palo empresarial como este hombre del riñón petrolero. Sin embargo, el dato saliente de su gira no parece haber sido ese aspecto sino la búsqueda de consenso para actuar contra el gobierno de Venezuela. Quiere sumar aliados para un bloqueo petrolero contra PDVSA.

En ese sentido los interlocutores estuvieron bien elegidos. Enrique Peña Nieto, Macri, Pedro Pablo Kuczynski y Juan Manuel Santos son parte destacada de la minoría de la OEA que compone el “Grupo de Lima”, que promueve las sanciones contra Caracas orquestadas por el Departamento de Estado y el secretario de la OEA, el uruguayo Luis Almagro.

Fortalecer ese polo anti bolivariano reconoce varias urgencias políticas. Una, como quedó consignado, en abril habrá elecciones en Venezuela y una eventual victoria de Maduro daría al traste, al menos por un cierto tiempo, con las guarimbas e intentos de golpe de Estado. Tillerson alentó abiertamente una solución golpista durante su gira y respondió muy bien Vladimir Padrino López, ministro de Defensa chavista.

La otra urgencia de los neoliberales es que también en abril se realizará en Lima la VIII Cumbre de las Américas y Maduro tiene intención de concurrir. Trump también debería ir, pero por ahora duda para no darle al bolivariano la chance de confrontar política y diplomáticamente. El arsenal estadounidense tiene misiles de todas las potencias pero anda escaso de argumentos políticos.

Tiran contra Beijing
El día antes de iniciar su gira latinoamericana, el canciller estadounidense disertó en la Universidad de Texas, en Austin, y atacó a China. Manifestó: “América Latina no necesita nuevos poderes imperiales que solo buscan beneficiar a su propio pueblo. El modelo de desarrollo de China, liderado por el Estado, es una reminiscencia del pasado. No tiene que ser el futuro de este hemisferio”.
Como si esas críticas no hubieran sido fuertes contra China, escaló el lenguaje y habló de “posibles actores depredadores que ofrecen un camino atractivo para el desarrollo que puede conllevar ganancias de corto plazo a cambio de una dependencia de largo plazo”.
Un psicólogo analizaría los mecanismos de proyección en la mente del petrolero: quienes actúan como depredadores de la región y como poder imperial son los EE UU.

La actuación de los bancos norteamericanos, FMI y grupos más ilegales como los “fondos buitres”; las bicicletas financieras y fugas de capitales a paraísos fiscales yanquis de Delaware, Nevada, Florida, Wyoming, Arizona y Georgia; las contaminaciones que provocan sus empresas mineras y otras ligadas al agrobusiness como la tristemente célebre Monsanto; las 872 bases y misiones militares en todo el mundo, de las cuales 76 están en América Latina y el Caribe; el apoyo a los sangrientos golpes militares-cívicos en la región en los años ‘60 y ‘70 pero continuados en años recientes en Honduras y Paraguay, etc, las torturas e ilegalidades de la cárcel de Guantánamo que usurpa en Cuba, el bloqueo ilegal contra la isla socialista condenado en la ONU desde 1992, etc, son cargos firmes en el prontuario de USA.

Si no fuera trágico causaría risa la andanada de Tillerson contra Rusia, acusada de vender armas y equipos militares a “regímenes hostiles que no comparten ni respetan los valores democráticos como Cuba y Venezuela”.

El cronista cree que en esos dos países hay una democracia superadora a la plutocracia norteamericana, con mejores índices de participación y transparencia. Washington habla de este tema siendo el proveedor de armas y partidas millonarias para regímenes de Israel y Arabia Saudita, tan poco democráticos para con su gente y los pueblos vecinos. EE UU, tan poco pacifista, gastará 1,2 billones de dólares para mejorar su arsenal nuclear y el desarrollo de un nuevo misil nuclear marítimo de crucero.

Ganar-ganar
En el II Foro Ministerial China-CELAC en Santiago de Chile, se constató que China es el principal socio de la región, con datos duros. Entre 2005 y 2006, el banco de Desarrollo de China y el Banco de Exportaciones-Importaciones de China otorgó 141.000 millones de dólares en préstamos a países latinoamericanos y caribeños. Los préstamos de capital chino superaron los préstamos del Banco Mundial y del BID. De los préstamos, 31 fueron destinados a proyectos energéticos y otros a 24 obras de infraestructura. Venezuela recibió los mayores préstamos, seguido por Brasil, Ecuador y Argentina, con 5.000 millones de dólares para las represas en Santa Cruz.

Si a eso se suman los proyectos de la Nueva Franja y Ruta de la Seda, se verá que con Beijing salen ganando ambas partes, todos los socios. Menuda diferencia con la relación desigual con Washington, que la sufre Argentina, a la que le aumentaron los aranceles para su biodiésel al 73 por ciento, arruinando exportaciones por 1.200 millones de dólares. Ni siquiera los limones argentinos pueden ingresar sin trabas. El imperio trata a sus subordinados como a un limón: exprime, succiona y tira a la basura.

ortizserg@gmail.com

miércoles, 26 de abril de 2017

Trump y Uribe retornan la lengua del Furher

Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez

 El tercer Reich creó una lengua propia [1], acciones, convicciones, hábitos de pensamiento, maneras de gesticular, atacar y eliminar a sus víctimas y presentarlas como únicas responsables de su desgraciada suerte. Obligó a los Judíos a llevar del lado del corazón y al descubierto la estrella que hacia visible la señal del estigma de inferioridad, humillación y sufrimiento. Para un Judío tapar la estrella que lo marcaba implicaba hacerse responsable de su tragedia, ser trasladado a un campo de concentración y al poco tiempo aparecer legalmente muerto según los registros que firmaban los funcionarios dejando como causa alguna supuesta insuficiencia cardiaca o la aplicación de la ley de fugas.



La cruz gamada portada por los nazis, era en cambio una señal de victoria y superioridad, se  llevaba en el brazo y se exhibía con orgullo en edificios, oficinas, vehículos, cuadros y enormes banderas, símbolo de un poder arbitrario, arrogante, cruel. Llevar la cruz gamada concedía patente de impunidad, porque los asesinos se autoproclamaban superiores, defensores del orden, para fijar las reglas e imponer a sus víctimas las conductas, maneras de actuar, mirar, vestir y hasta abotonar sus abrigos y, además gozaban de libertad para someterlos, provocarles dolor, despojarlos de sus bienes, degradarlos y agredirlos sin piedad. La estrella del judío atraía la maldad del enjambre de funcionarios y militares nazis, ávidos de colaborar con el Reich, encontrando en sus víctimas una excusa para mostrarse implacables, en su creencia de raza superior y demostrar con barbarie su lealtad al furher.

La estrella anunciaba el horror que debería caer sobre la víctima, marcada y acusada de haber inventado la guerra (de la que fue su víctima) y de ser la desgracia del mundo, el origen de todos los males. Estas perversas y falsas imputaciones le resultaban suficientes al nazi para descargar su odio y desprecio contra sus debilitadas víctimas. Era natural para el nazi tratar a los marcados como a cerdos, como a plaga, asumirla como una peste para descargar su maldad. La lengua nazi repetía que no era una guerra contra una nación, ni contra  un ejército, sino contra una raza, contra una visión del mundo, contra un tipo de ser humano al que había que atacar donde se presumía que podría estar y si no estaba allí había que inventarlo para mantener viva la semilla del odio y la agresión.

 Trump en su expresión de furher del Reich Americano y Uribe sin trono pero con suficiente poder para enredar la paz firmada, representan cada uno en su escala de intervención geopolítica a obsesionados artífices de la reproducción del odio y del horror. Reinventan la crueldad y la promueven a la sombra de la llamada civilización que palidece y en cambio de repudiar el terror y la muerte balbucea ante el espectáculo (universal o local) ofrecido con sangre ajena, con ejércitos de drones, misiles, virus y alta tecnología, para validar el experimento con las victimas ya marcadas como los nuevos enemigos. Trump hace girar su ruleta, ataca por todas partes, busca el hilo más débil, sabe que al final se detendrá en los inmigrantes escogidos como nueva plaga, nuevo enemigo creado por la política criminal americana, sobre el que provocará sufrimiento donde el mercado indique. Trump requiere inmigrantes para existir, Hitler requirió judíos, Uribe en Colombia requiere farc.

 El enemigo creado para este siglo es difuso, lo que le permite a los gobernantes un margen de maniobra amplio y fuera del alcance del DIH, porque borra diferencias entre civiles y combatientes y configura la perversa idea de daños colaterales, aplicada a males menores para evitar supuestos daños mayores. Al enemigo no lo determina un hecho criminal, sino que es diseñado en laboratorios de expertos (como la solución final del exterminio judío) y presentado públicamente por el Furher que decide quien, qué y porqué debe ser ese el enemigo y declara la guerra contra él (inmigrante, comunista, anticapitalista o cualquiera sea persona natural, grupo, pueblo, estado o nación). Trump desde el gobierno y Uribe desde su estrategia de poder, son claros exponentes del Furher respecto a su opinión de que a las masas hay que mantenerlas en la estupidez y disuadirlas de cualquier reflexión y machacar siempre las mismas teorías simplistas  que no pueden ser refutadas desde ningún lado.

Los dos se esfuerzan por crear un lenguaje, unos hábitos, un estigma, una señal y centrar su obsesión en un único enemigo al que prometen combatir hasta su fin, y anuncian cínicamente que son los otros los están en guerra contra ellos y que por honor y lealtad a unos valores, se les debe perseguir y exterminar. Para convencer predicen las catástrofes que podrían causar sus enemigos y repiten que lo peor está por venir si no se destruye al enemigo. Llaman a que cada persona se haga responsable del destino de la patria y del futuro y en consecuencia asuma con fe ciega su tarea de enfrentar al enemigo (lo judicialice, encarcele, difame, destierre, persiga, agreda, violente o mate) y tenga presente que la víctima es la culpable bajo la excusa de que la guerra la inventaron ellos, las propias víctimas.
 
El centro político de Trump son los inmigrantes y el de Uribe las farc, ellos pusieron la marca al enemigo y lo acusan de todas las inmoralidades y llaman a indignarse y a mantener abiertos los ojos para encontrar en cada lugar a ese enemigo del que necesitan para existir. El primitivismo intelectual de Trump y Uribe y su astucia calculadora les permite crear lealtades entre quienes con el mismo primitivismo aceptan ser guiados para repetir el libreto del odio, glorificarlo y tener una razón política para existir. El odio es incubado en una amplia franja del pueblo engañado con triunfos de guerra y patriotismo exacerbado por la doctrina del odio, que entre decepciones y desesperanzas quiere cambios pero al no identificar claramente cuales ni de qué manera, cae en la seductora tentación de seguir al guía a quien atribuyen incluso fuerzas mágicas para alentar la promesa de salvación.

Trump y Uribe, identifican un común denominador inextirpable, similar al de la raza aplicado en el holocausto, que está en el origen (inmigrante, rebelde) del que emana su modelo de sociedad y de estado, empujado desde cargos, representaciones y posiciones sociales por sus seguidores y propagandistas que distribuyen hábitos de pensamiento y modos de actuar contra los enemigos ya focalizados, a los que como a chivos expiatorios deben mantener vigentes para mostrar su poder y su crueldad y probar su experimento de exterminio. Trump con los inmigrantes y Uribe con las Farc aseguran su propia existencia ya que si dejaran de existir invalidarían la excusa para impulsar el odio.

Trump y Uribe mantienen viva su astucia obsesiva y demencial para dar las instrucciones pérfidas y descaradas que diseminan sus propagandistas (siguiendo a Goebbels y JJ Rendón) para hacer realidad la ley suprema del Furher de hacer que sus oyentes no se planteen un pensamiento crítico, porque todo lo dicen de manera simple, con verdades a medias que estimulan a estar listos a atacar al enemigo rebelde, indomable, insumiso. Crear un único enemigo, focalizarlo, centrarlo, repetir mil veces la misma mentira sobre él y englobarlo en una cosmovisión falseada, pero fácil de seguir define la ruta del odio. El Furher así lo hizo al definir al judeo-marxista, judeo-bolchevique, judío capitalista, judío-artista, es decir, el enemigo judío que se podía combinar con cualquier adjetivo, de manera que toda rivalidad de donde quiera que viniera se asociaba a un único enemigo.

El uribismo en su exposición Nacional de Ultraderecha se centra en Farc. Reproduce un único mensaje para todos los temas con la fórmula: Tema mas Farc (T+F=enemigo), los derechos de diversidad y diferencia son reducidos a ideología de género más farc; laicidad, reducida a ateísmo más farc; resistencia y rebelión reducidos a terroristas farc. Lo importante de la lengua propia del Nacional Uribismo es despertar un instinto innato, que no es siquiera un afán de poder en sí mismo, sino un odio que solo pueda desaparecer eliminando a quien se odia, lo que acentúa su necesidad de llamar a que cada uno participe del exterminio al que hay que llegar por todos los medios.
P.D. Ya hay una lengua Nazionale Uribista, el problema está en confluir en unidad para detenerla.....
mrestrepo33@hotmail.com