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miércoles, 18 de marzo de 2020

La peste trae de regreso la era viral del amigo-enemigo

  
Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

La Colombia del siglo XXI, marcada con el cambio en la constitución, que permitió la reelección del presidente, puso en jaque como un virus la estabilidad del estado de derecho, aceleró la destrucción de la independencia de los poderes públicos, además de contribuir a la fragmentación y polarización de la sociedad y de poner en retroceso garantías a un buen número de derechos humanos. El virus engaña, entra al cuerpo, destruye su estabilidad y hace confluir todas las decisiones en una sola: eliminar al enemigo. Así es también la doctrina de la seguridad aplicada por el poder hegemónico, capaz de servirse del virus para imponer sus decisiones sin siquiera dar lugar a la menor objeción u oposición.


¿Quién puede oponerse a las decisiones y protocolos para combatir el contagio? Nadie. Por eso la peste global, le permitirá al poder reafirmar su autoridad, facultado para silenciar unas cosas, imponer otras y recomponer equilibrios de gobernabilidad y legitimidad perdidas.

Al gobierno, al de aquí y a muchos otros de los cien países en alerta de peste, le quedará fácil y creíble, indicar que la peste es el enemigo principal y sobre él hacer caer todas las culpas desde la caída abrupta del precio del petróleo, la inesperada arremetida del dólar en alza que devalúa el peso hasta sus máximos conocidos, la contracción de las bolsas de valores, la volatilidad de las acciones y la quiebra anunciada de cientos de negocios, empresas y empleos, que dan un preaviso de recesión global. Eso ya es suficiente para orientar la mirada colectiva hacia otro lado, ponerla lejos de la agenda social, que tiene por objeto buscar salida a los problemas que eviten paros, eliminen violencias y creen medidas que reduzcan la desigualdad y eviten las consecuencias previsibles de aceleración del empobrecimiento, perdidas de poder adquisitivo, incremento de la marginación y muerte.

El gobierno tendrá un margen no menor a tres meses, para sacarle réditos a la peste, podrá hacer experimentos de aislamiento, encierro, veto, estigmatizaciones, condena y desconfianza y lo que haga o diga podrá empezarlo o terminarlo anteponiendo datos y creando relaciones con la peste, que promete ser útil para instalar temporalmente una manipulable paranoia, miedo y temor al contagio, que haga olvidar los grandes males de la política como la corrupción, la violación sistemática de derechos humanos y las responsabilidades por los crímenes de estado, por omisión o intervención directa, como lo señaló el informe de la ONU y lo ratificó Human Rigths.

El consenso global alcanzado respecto a que el mundo está ante una pandemia, basta para que la sociedad convulsione y sufra por el evidente regreso a la era viral, que parecía desplazada por la era neuronal, en la que apremian la “depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de la personalidad (TLP) o el síndrome del desgaste ocupacional (SDO)” (Byun-Chul Han, La sociedad del cansancio). Las dos eras, viral y neuronal, se juntan, la una lleva a la otra y las dos concuerdan en el aislamiento como formula letal de destrucción de toda relación colectiva. La peste servirá para reforzar la lógica del  amigo y el enemigo, propia de la guerra fría, y subliminalmente traer de regreso la táctica de atacar y defenderse del extraño, del otro, del que llega, del de afuera, del opositor, del contrario, del vulnerable que queda expuesto a recibir la fuerza de la guerra preventiva que fue presentada para prevenir el terrorismo pero sirvió para ejercerlo, a favor del modelo de acumulación capitalista global que multiplica ganancias cuando sube el dólar, se quiebran empresas o se pierden empleos.

Detrás de la tos, el estornudo o la fiebre sospechosa, puede haber peste, pero también hay discursos sociales negados por discursos biológicos e incitaciones a limitar libertades en nombre de evitar el contagio y perseguir al apestado, que puede meterse en el cuerpo de otro como un intruso que viola, destruye y causa un tenebroso pánico empujado con replicas y repeticiones mediáticas de casos y recomendaciones a suspender, negar, evitar la vida en colectivo.

Los habitantes del planeta en 40 días del asedio de la peste se han convertido en pacientes, en enemigos difusos, que en cualquier lugar pueden atacar o ser abatidos, porque la víctima del virus puede ser usted y convertirse en un instante en el enemigo público merecedor de repulsión y odio. De ahí la dificultad de oponerse a o negarse a cumplir la invitación institucional de los gobiernos a acatar el estado de sitio de facto, que hace a cada quien responsable de su cuidado o su tragedia por contagio.

Los virus locales cedieron su lugar a la peste global que nació en la China, se reproduce en Europa y después de su ataque morirá en América, dejando a su paso las huellas absurdas de una Italia con 60 millones de habitantes en cuarentena, convocados a negarse, no mirarse, evitarse, no pararse frente a otro a menos de metro y medio de distancia, no toser, no estornudar, no abrazarse, no besarse; o de una Francia que prohíbe manifestaciones, movilizaciones y reuniones de más de mil de personas, justo allí donde los chalecos amarillos hace dos años se niegan a abandonar las calles esperando la dimisión del gobierno. Esa misma ruta amparada en el temor a la peste la seguirán en Brasil para derrotar las grandes movilizaciones contra el fascismo de Bolsonaro y lo mismo ocurrirá en Chile y Colombia. Otros lugares como Singapur con 8 millones de habitantes y 160 contagiados no se inmuta, no parece importarle la peste y no se ha preocupado por buscar infectados ni emitir prohibiciones.

P.D. Mientras la peste se incuba y se muestra imbatible: El presidente Duque se reunió con el Secretario General de la ONU, acusada de ser fuente de contagio al servicio de la oposición; El “caso Ñeñe” aparece con una cadena de delitos e implicados de alto nivel que podría llevar a la caída del reino del partido de gobierno y del presidente; Un ministro insinuó que la receta para combatir la peste debe ser una reforma laboral; las pruebas piloto para el uso de frackingc ontinúan; se preparan protocolos que permitan por vía del control a la peste inmovilizar la movilización que el Esmad no pudo; y gran alegría por el regreso de Ángela María, al congreso, donde hace tiempo debía estar…..

mrestrepo33@hotmail.com


domingo, 16 de febrero de 2020

Relatos salvajes a la medida del poder



Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

Ocurren en el día a día del poder hegemónico de Colombia, relatos salvajes, como los de la película argentina (Relatos Salvajes: Damián Szifron, 2014), que entre risas y comedia descubre situaciones de máxima tensión, como aquella de un simple y noble ciudadano que termina poniendo una bomba ante el acoso de la autoridad de transito que rompe su tranquila manera de vivir o; el de la fiereza de dos hombres que se matan de la manera más atroz por un inadvertido episodio de carretera, llevado al extremo. Estos relatos de película, son apenas una comedia triste, ante hechos contundentes de horror, que, en la realidad colombiana, están presentes asociados a las actuaciones del poder.



Un primer relato salvaje de la vida nacional, es el tono y lamento del máximo general, despidiendo a un bandido. El relato estremece a las mayorías de la población, cuyo común denominador es la búsqueda y construcción de paz y convivencia sin barbarie. El lamento resulto ser un homenaje de reconocimiento póstumo, hecho por el comandante del ejército, al sicario más letal, cínico y ultraderechista criminal. Aparte de un ultraje es la conclusión de que no hay manzanas podridas, ni hechos aislados en el poder cívico militar.

El cínico defendió su demencia criminal pero también las posiciones políticas del partido en el gobierno, mezclaba trinos, mensajes de YouTube y amenazas acompañadas de locuacidad mediática para resaltar sus crímenes. El bandido como se autocalifico, hablo de haber cometido más de 3000 crímenes y parece que alcanzó a confesar 300 ante la justicia al tiempo que se ufanaba de haber estudiado numerosos cursos y recibidos diplomas, incluidos algunos de derechos humanos, en la cárcel para redimir días.

El comandante del ejército, al que el presidente le encomendó la tarea de producir mejores cifras, mejores indicadores y mejores sentimientos ciudadanos y que ya tiene más de 50 condecoraciones de guerra, dijo que lamentaba la muerte del bandido, sin rubor de patria, ni lealtad o aprecio por las víctimas del horror vivido, entre los que se cuentan en su corto periodo de comandancia los continuos asesinados líderes sociales y defensores de derechos humanos. Y como en un relato salvaje, el comandante remató su discurso dolorido por la partida del bandido, pidiéndole con ansiedad a sus tropas que despierten, que muestren resultados (de sangre), quizá queriendo decir (ríos de sangre, no charcos), cifras, solo cifras, como ya lo había indicado otro comandante, que fue anterior al anterior del ultimo que estuvo acusado de ejecuciones extrajudiciales. En este relato no hay lapsus, equivocaciones o frases sueltas, hay conciencia, plan.

Otro relato es el de la “bodeguita uribista”, creada por altos cargos del gobierno, para concertar censuras, ataques, hostigamientos, intimidaciones, falsas denuncias y tratar de convencer al país que los malos son los adversarios y convertirlos en enemigos públicos fáciles de eliminar. La bodeguita, según lo publicado, es un espacio real con cubrimiento virtual, un centro de experimentación y ejecución del manual de goobels, que dentro del partido nazi supo monopolizar el aparato mediático del estado y trazar la ruta del desprecio a quien no estuviera del lado del furher. En la bodeguita, como lugar de almacenamiento no de vinos, si no de odios y manipulaciones, se organizan con sistematicidad y plena conciencia colectiva del partido ejecutor, campañas y maneras de réplica de relatos de desprestigio, censura y acoso contra los adversarios del partido en el poder. 

En Alcalá hace pocos años fue descubierta una “bodega: meca nazi”, un santuario del skin, que era el lugar de reunión de neonazis que “salían de caza” y diversión en sus noches de horror. Antes de esta última bodeguita, uribista hubo una “Andrómeda” asistida por militares y funcionarios que realizaban tareas de “caza de información”, de espionaje contra los mismos adversarios y periodistas hoy revictimizados. No es casual, ni inconsciente, no es un lapsus, es persecución política contra opositores, personas y personalidades que no comparten la voz, decisiones, análisis y actuaciones del partido en el poder.

Y para cerrar otro relato tan salvaje como los anteriores, es la búsqueda de consolidación de una política negacioncita del gobierno respecto al conflicto armado, la barbarie padecida, los responsables del horror y la existencia de una estrategia criminal de exterminio. El relato da cuenta de la avanzada de destrucción de la gran obra llamada Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), creado para producir un relato colectivo de nación como pieza fundamental para conocer, entender, comprender y encontrar salidas para dignificar la vida y aborrecer la muerte. Destruir conceptual, metodológica y materialmente el centro de memoria es equivalente a borrar el cerebro de la nación, que entre sus grandes obras organizó cientos de documentos, libros, investigaciones, experiencias de campo y referencias irrefutables para pensar el país, como el libro “basta ya”, que dio cuenta de los hechos, responsables y significado de la barbarie.

El nuevo director con intolerancia y fundamentos ideologizados manipula la historia y las emociones del país dividido, para poner el centro a disposición del partido en el poder con la pretensión de negar el holocausto vivido, invalidar los alcances de la paz firmada y aumentar el desequilibrio mental colectivo, para que ojala nos sigamos matando de manera atroz y demencial, como ocurrió con los dos conductores que en carretera dieron lugar al relato salvaje y sin sentido pero con tan aberrante crueldad que terminó por producir risa.

mrestrepo33@hotmail.com