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sábado, 11 de mayo de 2019

Torrentes de cambio para remover la conciencia social y política


Por Mario Sierra:
Vicisitudes humanas sociales y políticas

En los umbrales de un nuevo siglo, después de un pasado de indiferencias y de tantas otras vicisitudes humanas resuenan en el eco de un mundo incierto la sapiencia de abuelos, padres y de aquellos maestros del talante humano, la teoría, la práctica y el ejemplo de la civilidad preñadas con el apoyo de la cultura griega y del viejo mundo que dieron honor al comportar del hombre.


Las enseñanzas de un Carreño y de otros ilustres maestros del civismo, del contrato social  y del arte de gobernar que no volverán, fueron la base para edificar una sociedad llena de valores que hoy han quedado en el olvido de las bibliotecas y en los andenes de las librerías de nuestras ciudades porque el don de leer se circunscribe a páginas de violencia, de pornografía, de maquillaje de la información y la basura que producen mentes que la mediocridad les hizo perder la razón, para realzar la irracionalidad.

. Aprender  los modales en el hogar, la escuela, la iglesia y tantos  otros lugares del compartir diario, aprender a respetar a la mujer, al niño, al anciano, al diferente, al hombre por su dignidad, edad y gobierno, a la naturaleza, a  cumplir  al orden personal, a cumplir los  compromisos adquiridos, al  comportarnos según los lugares, a respetar los signos patrios, al saber dar gracias, al compartir, al saber conducirnos públicamente cuando se reclama un derecho, a amar a Dios y al prójimo….En fin  tantas normas de civilidad, fundamentos de paz y respeto que hoy reclamamos con ahínco  pues se salieron también de los pensul académicos que hoy luchamos por recuperar que un estado no tiene la capacidad de establecer pues allá la contaminación  y la pérdida de valores  y ética reboza. Hay que acabar el divorcio estado y comunidad.

No podemos olvidar que el hombre vive en relación al mundo en comunidad y colaboración con los demás hombres y la naturaleza. La vida humana es de con-vivencia y la tarea del hombre es de transformación. Es el trabajo y la interrelación de los hombres la fuerza que convoque a la convivencia como dimensión plegada a la relación con el mundo. La convivencia, la civilidad no es un mero accidente, es la apertura para que los hombres lleven a cabo la cultura del civismo, la cultura ciudadana. Lenguaje, comunicación y símbolos se entrelazan para que los hombres unan sus identidades personales en mutuo entendimiento para que todo valor permanezca en la existencia humana y no en los laberintos de la inconciencia sin límites.

 Y que queda de la perdida de la civilidad, de la cultura ciudadana, ¿de la convivencia armónica’? intolerancia, violencia, incultura, irrespeto, inseguridad, desunión, pérdida de valores. La cultura del hogar, de la ciudad, del campo, la cultura social y política, de pensamiento, de ideología, del querer comunitario crea justicia social fundando lazos de solidaridad hacia ideales comunes representando la identidad de los hombres circunscrita en la constitución.

En la convivencia cada ser encuentra razones para el bien común en medio de toda diferencia humana. Estamos en épocas donde se han provocado nuevas corrientes sociales, estamos viviendo cambios de valores, pero no obstante no se pueden relevar aquellas normativas sociales que han dado preponderancia a las relaciones entre los hombres, a la preservación del medio y todo lo que tiene que ver con el hombre como ser social.

Estamos viviendo la nueva era de la comunicación donde lo digital aflora en medio de redes sociales distorsionantes de la verdad con sus confusas expresiones que desencadenan en transgresiones humanas y a esta era se suma el estado con la distorsión de la verdad y se basa en la forma como no se socializan muchas gestiones públicas, muchos planes de desarrollo y muchos actos que debe ser del conocimiento de la sociedad, que se vienen a conocer gota a gota.

La civilidad conecta al hombre consigo mismo, con su ambiente, con sus formas de vida, con su cultura propia para ejercitar convivencia que le permita una vida agradable, sana integralmente y llena de sentimientos de paz. La civilidad es una forma social y política para que entre toda la comunidad se integren soluciones a los problemas propios de una ciudad que un estado no cumple con el mandato de hacer respetar la vida, honra y bienes de sus ciudadanos, Eso es una violación al estado de derecho que implica el ejercicio de sanciones penales y administrativas.

En esta época globalizante importadora de culturas urge que la civilidad sea   una esencia viva para resistir la importación de lo que no se adecue a nuestra sociedad. Quien lo creyera, pero la civilidad es un componente de la paz pues hace que las relaciones estén alimentadas por el respeto que une en medio de las diferencias humanas, en medio del neoliberalismo toxico y otras formas desobligantes que atacan la comunidad en especial la más débil.

La civilidad como principio, como formación cultural y conquista debe ser una obligación para un obrar orientado a hacer un mundo mejor, de mayor entendimiento entre los hombres. La convivencia social no tiene nada que ver con la actitud primaria que ejercen personas que reaccionan con violencia, que reaccionan con aires de imponencia por sus dotes económicos, por sus posiciones sociales o profesionales, o por sus rangos, o porque unas viven un sentir de menosprecio o inferioridad.  En todos estos estilos humanos se descuida el alma de la convivencia social, el alma del trato humano, el alma de la hidalguía de ser persona, el alma de interrelacionar socialmente el alma de la igualdad que nos da la creación y se extiende ante los hombres por aquello de la democracia y las leyes-

La civilidad es un remover la conciencia para que se revivan los principios de integración consolidando comportamientos de urbanidad social que va desde tener una ciudad limpia. Calles aseadas, uso respetuoso y ordenado de los ser vicios públicos, atención en las normas de tránsito, respeto por las filas para hacer diligencias, mantenimiento del medio ambiente natural, conservación de los parques comunales, conservación de avisos públicos, no obstaculizar andenes y vías, conservar los frentes de las residencias y jardines comunales, no botar basuras en ningún espacio público salvo los destinados para ello. Una frase del precursor Antonio Nariño dice que “Hay que entender saber la atención y la urbanidad inclusive a los enemigos” esto no es otra cosa que decir que la civilidad no tiene límites ni preferencias, es universal, libera de toda limitación, donde haya espacios de orientación del mundo que vivimos

No puede existir civilidad si se pierde las riendas del valor humano, del valor patrio, del valor religioso, del valor cultural, del valor de las costumbres.  La paz empieza cuando el hombre se respeta a sí mismo, a los demás   y sus culturas, esa paz empieza en el interior de cada ser. Cualquier mal proceder desarticula cualquier proceso social a lo cual le sobreviene un total malestar social.  No habrá civilidad cuando exista un estado al frente de un poder irracional. Hoy la civilidad se mueve entre pobreza absoluta, entre desempleo, entre desigualdades, entre el engaño y la mentira como ocurre con las funciones del estado.

Es en estos casos donde la comunidad debe alzar sus voces, de imponer su rebeldía para rechazar el oprobio democrático- A la sociedad la enferma la actitud hostil de una política pública, donde existen los excesos de gobierno y la escases de justicia social. No es la represión el sentir estatal, que lo refleja cuando viola la libertad de expresión, cuando reprime la protesta legal, cuando reprime los derechos con los cuales una sociedad exige se respete sus derechos.
 Nuestras comunidades viven diversas guerras sociales y todo por la falta de unidad comunitaria, de civismo social en barrios. Veredas, municipios., donde los jóvenes carecen de ese principio comunitario siendo esta comunidad de jóvenes poseedoras de grandes capacidades cuyo aporte será invaluable, pero en esencia falta voluntad política, falta identidad, falta sentir la vida.

Cuando uno observa esta desintegración social surge la acción de la naturaleza que con sus leyes nos enseñan cuanto podemos hacer si nos apropiamos de ese interés colectivo convirtiéndolo en esa masa crítica que todo lo puede con querer y voluntad.  La incivilidad se ha generalizado en el ambiente humano lo que nos lleva a buscar herramientas para combatirla siendo un arma la ética social, la política social propia de las comunidades y las instituciones

Convivir en comunidad es sentir ese espacio de ciudad, de campo.  acogerlo, amarlo, sentirlo, ver su riqueza arquitectónica, ambiental magnificada en sus espacios sencillos, idílicos, culturales, es realzar la calidez humana que transita por sus calles y veredas convirtiéndonos en guías para emblema tizar los entornos para que sean conocidos en toda su magnificencia y calor humano, con sus costumbres de un pasado que añoramos y sus recuerdos llenos de esperanza.

En los inicios del siglo 21 en medio de desaciertos en todos los ámbitos resuena el eco de un mundo con nuevas perspectivas que nos dice que no podemos seguir siendo contaminados por la indiferencia y los conflictos, que los medios cívicos, la cultura y el conocimiento nos conducen a aprender a convivir, a crear estilos de vida comunitarios propios de la existencia humana., establecidos en agrupaciones solidarias, llenas de espíritu que se sientan responsables unas de otras. Así es que crece la sociedad, así es que se fortalecen los sentimientos sociales, políticos o religiosos para un mundo nuevo con unas normas de creación social como es la civilidad o cultura ciudadana para que sean un imperativo social que cumplir como base para fortalecer la paz espiritual, material, la paz social, la paz política.

El deterioro social es de tal magnitud que todos estamos llamados a realizar cambios so pena de sucumbir pues la escalada humana por la depredación no se detiene. La ambición del hombre no tiene otra meta que elevarse como un dios arroyando a su paso todo lo que encuentra. Este viacrucis se vive en medio del síndrome depresivo, la angustia ante tanta decepción. La política y la religión que se suponen están para realzar los valores, crear bien común y unidad social provocan desconfianza que hacen que el miedo se apodere del hombre y la desconfianza prime.

Hoy el hombre es un torrente de deseos y exigencias de sus derechos que a cada minuto ha ido perdiendo. Existe un sometimiento social al cual ha sido difícil zafarse. Los poderes sociales y políticos imperan aun en medio de los contrastes, las bifurcaciones, las brechas, los poderes que tienen en la invasión de la tecnología de consumo un aliado y un distorsionador del pensamiento libre. Un dialogo político dice que el hombre es un juguete de los dioses y de todo poder terrenal.

La convivencia social exige llevar a cabo procesos generadores de cambio político y social que revolucione el ambiente negativo del orden que atenta contra el bien de la comunidad. Con tino de alcance a voces de distintos pensamientos sociales digamos que la libertad no existe como tal mientras las crisis ahondan. La vida para el hombre se ha convertido en supervivencia, donde deambulan en el ambiente tantos muertos de hambre y miseria a merced de unas leyes y unos dogmas confusos, llenos de incomprensión, en un entorno que se asemeja a una gran dictadura teniendo el aval político y religioso y el económico, donde la religión y su culto son un mercado, y lo político es el engaño y la mentira como forma de gobernar.

Las instituciones sociales que deben estar para el beneficio social, son profanadas por la corrupción, el saqueo y el uso para violar derechos. El capitalismo lo somete todo. La persona humana queda sometida a una mercancía al valor del mercado despojándolo de su dignidad.

 Hombre y sociedad viven al asombro del marginamiento, conduciéndose a perder capacidad de pensar, de decidir, de relacionarse, de actuar, aunque el sentir del asombro se ha perdido debido a la existencia de un poder sin límites con rasgos dictatoriales quien omite que sea respetada la vida de sus ciudadanos y que hoy se ve con muerte de tantos líderes sociales.

El diario vivir tiene grandes enemigos... Las guerras comerciales, las guerras institucionales, ambientales, las guerras políticas., guerras del narcotráfico. En estas   guerras hay apéndices cuyos efectos recaen sobre la comunidad como el caso de la salud, la educación donde tantos vividores se están enriqueciendo a costa de la vida de una nación. Hoy vivimos la irracionalidad para vivir -

Dostoievski quien retrato el alma humana señalo que…Cada uno de nosotros es culpable de todo, ante todos, y yo más que nada.... Como seres de masa no podemos excluirnos ni social ni políticamente y menos tratarnos como medios pues perdemos identidad de persona. Civilidad implica contacto con el otro, nuestro prójimo, visible. La vida comunitaria es de lucha por todo lo que hace posible la existencia- Toda sociedad es posible, siendo crítica de la realidad con un llamado ético para defender los derechos con el espíritu de la revolución humanista de la esperanza. 

marsblawyer@gmail.com

sábado, 6 de mayo de 2017

Se perdieron el rumbo y la empatía

Por Carolina Vásquez Araya

La pérdida de valores y de sensibilidad humana es el mayor de los problemas

Cuando a la solidaridad y la empatía se anteponen el interés personal, la preeminencia de un sistema de creencias políticas o religiosas y la búsqueda del éxito -expresado fundamentalmente en términos materiales- resulta indefectible la pérdida de sensibilidad humana ante los otros, dado que la energía se enfoca en la consecución del bienestar individual por encima de todo. Esto no es algo propio de uno u otro territorio, sino un fenómeno presente en toda comunidad humana y en distintos grados, dependiendo de sus niveles culturales y educativos.

Es usual creer que quienes menos poseen presentan actitudes más agresivas y crueles que quienes han tenido el privilegio de gozar de bienestar económico y acceso a la educación en sus distintos niveles. Eso no es así, por lo general las comunidades más pobres suelen ser también las más solidarias. A ellas las une su proximidad cotidiana, sus necesidades compartidas y una visión más real de sus carencias. Pero también de ellas surgen los mayores desafíos, por medio de generaciones de jóvenes privados de oportunidades de todo tipo y ávidos de encontrar un camino hacia su desarrollo. Entre esos caminos, sin embargo, se encuentran algunas de las rutas más peligrosas para la estabilidad de una nación.

Es evidente que la violencia presente en el mundo actual ha transformado a las relaciones humanas.  El contexto global, aun cuando parece lejano y ajeno, influye de manera cada vez más importante sobre las naciones más débiles. La creciente tensión mundial y los conflictos en países de la región inciden en un pesimismo colectivo y en una visión superficial de los motivos de las crisis internas, como si estas pudieran resolverse con fórmulas importadas.

Pero es importante entender que los sistemas sociales, diseñados para controlar a los pueblos y someterlos a un marco valórico definido por los centros de poder político y económico, no solo se expresan en términos legales sino también en una estratificación rígida de la sociedad a partir de la privación de derechos de los sectores más vulnerables y, por ende, de menor incidencia en las decisiones. Esta manera de crear divisiones es una marca de identidad en los países menos desarrollados y muy particularmente en aquellos cuyo fuerte porcentaje de población indígena, campesina, joven y pobre permite a sus centros de poder una mayor hegemonía, de manera muy puntual en la criminalización de la pobreza y sus demandas, así como en la marginación de sus nuevas generaciones y la eliminación de sus líderes.

Guatemala no es la excepción. Los muros elevados por las clases política y económica para impedir el acceso a la educación a grandes sectores de la ciudadanía han tenido, entre otras de sus variadas consecuencias, una migración de la juventud marginada hacia actividades delictivas, la huida de miles de jóvenes hacia otros países en busca de oportunidades y, sobre todo, una creciente ruptura del tejido social. Esto último, expresado en el discurso de odio y racismo cuyo impacto se percibe a través de distintos medios con una fuerza descomunal. Los incidentes de agresiones, asesinatos y enfrentamientos entre grupos muestran la peligrosa decadencia de una sociedad intolerante e incapaz de ver a sus semejantes como semejantes. Es decir, una absoluta pérdida de empatía y solidaridad, provocada por lacras estructurales impresas en un sistema de valores caduco e inhumano cuya principal característica es el desprecio por la vida y la incapacidad de ir más allá de lo evidente para analizar, con toda la honestidad posible, los orígenes de sus carencias. 

ROMPETEXTO: Se ha destruido la visión humanista y hemos perdido toda noción de comunidad.


Elquintopatio@gmail.com