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viernes, 26 de octubre de 2018

Ni un dictador, en el esplendor de su tiranía hubiera dicho lo que dijo y en la forma que lo dijo Bolsonaro


Redacción RED-GES/El Satélite:
Un terrible discurso de Bolsonaro disparó las alarmas al inicio de esta semana en Brasil a seis días de la elección presidencial que lo tiene al frente de las encuestas con una intención de voto popular casi que imposible de remontar. En un discurso transmitido en directo en la Avenida Paulista, en la tarde de ayer domingo, Jair Bolsonaro desplegó todo su ímpetu dictatorial y sentenció a la oposición a una de dos: “la cadena o el exilio”.

El candidato de ultraderecha, visiblemente envalentonado por el furor de una multitud que le aclamaba sin cesar, arremetió contra su oponente, Fernando Haddad y el senador Lindberg Farías del Partido de los Trabajadores; y le sobró arrestos para atacar también a los medios de prensa que le tachan de xenófobo, misógino, racista y machista lo que, evidentemente, por sus dichos y hechos, es.

Bolsonaro arengó a sus masas diciendo…
“Somos la mayoría. Nosotros somos el Brasil de verdad. Juntos construiremos una nueva nación”. Al referirse con nombre propio a Haddad y el senador Farías, agregó: “Perdieron ayer, perdieron en 2016 y van a perder la semana que viene de nuevo. Y, en tono amenazante agregó:
“Esta clase, si quiere que quedarse aquí, va a tener que ponerse bajo la ley de todos nosotros. O salen del país. Estas manchas rojas, que tienen la bandera roja y la cabeza lavada ((en alusión al PT), serán desterradas de nuestra patria.
Aparte especial de su incendiario discurso se lo dedicó al expresidente Lula, preso bajo sindicaciones de corrupción:

“Y Lula da Silva, si estabas esperando que Haddad fuera presidente para firmar el decreto de indulto, yo te voy a decir una cosa: te vas a pudrir en la cárcel. En breve tendrás Lindbergh Faria para jugar dominó en el ajedrez. Espera. El Haddad llegará allí también. Pero no será para visitarte, no. Será para quedarse unos años a tu lado. Ya que se aman tanto, se van a pudrir en la cárcel. Porque el lugar del bandido que roba al pueblo, está detrás de las rejas.
periodicoelsatelitehoy@gmail.com

martes, 16 de octubre de 2018

¿Cómo se engendró el monstruo Bolsonaro?


Por Gerardo Szalkowicz*:
Algo cambió el domingo en la política latinoamericana. La foto asusta: casi 50 millones de brasileños y brasileñas votaron por un proyecto abiertamente fascista. El 46% del electorado del país más grande de la región (y el quinto del mundo) eligió a un candidato que reivindica la tortura y hace apología de la dictadura, que despliega una retórica de odio, machista, racista y homofóbica descomunal y que promete armar a la población y privatizar las empresas estatales. De yapa, su hijo se convirtió en el diputado más votado de la historia brasileña.


El refortalecimiento de la derecha pura y dura ya se venía acentuando con los Macri, Piñera, el propio Temer, Mario Abdo, Iván Duque y varios más. Pero la irrupción de una ultraderecha troglodita que logra conquistar una enorme base social -un experimento que se instaló en EEUU con Trump y que se extiende en Europa- es un emergente novedoso en América Latina que nos alborota los diagnósticos. Y enciende todas las alarmas.
Brasil quedó al borde del abismo. Y más allá de las urgencias de cara a la segunda vuelta, toca desentrañar la película completa ante el retorno del oscurantismo. ¿Cómo se gestó este fenómeno político, sociológico y hasta religioso llamado Jair Mesías Bolsonaro?

El triunfo de la “anti política”, o la política del odio
Para comprender este tsunami político es necesaria una mirada retrospectiva de largo aliento. O al menos de mediano. Un país cuya independencia fue proclamada por un príncipe portugués, que no vivió procesos revolucionarios, cuya última dictadura duró 21 años y tuvo una salida bastante consensuada, parió una sociedad históricamente despolitizada. Pero este sentimiento “anti política” se repotenció en los últimos años, estimulado por la operación Lava Jato y los grandes medios. Tras el golpe institucional que destituyó a Dilma en 2016 y la paupérrima gestión de Michel Temer, quedó en evidencia la putrefacción del sistema político y se impuso un sentido común de rechazo a la clase dirigente. De hecho, los grandes castigados de la elección del domingo fueron los dos principales partidos del establishment: el PSDB, cuyo candidato Geraldo Alckmin no llegó al 5%, y el MDB de Temer que postuló a Henrique Meirelles y obtuvo un magro 1,2%.
Pero este proceso tuvo como condimento central una fuerte campaña de satanización mediática y judicial contra el PT, que permitió asociar la epidemia de corrupción unilateralmente a esa fuerza política y justificar socialmente la irregular prisión y proscripción de Lula.

En ese marco emerge este ignoto ex militar desbocado que logra capitalizar la implosión de los partidos de derecha y centro-derecha, la consolidación de ese fuerte sentimiento anti-PT y la aguda crisis económica que potenció el hastío. Como la política aborrece el vacío, Bolsonaro aparece como el candidato antisistema –pese a que hace 28 años ejerce como diputado- que promete resolver esta crisis multidimensional a fuerza de mano dura y prédica mesiánica. Y de ser un legislador marginal, que ganó fama cuando juró por el militar que torturó a Dilma, se convirtió en el efecto más siniestro de esta democracia agonizante.

El fundamentalismo religioso
No se pueden entender esos 50 millones de votos sin la militancia activa que desplegó la poderosa Iglesia Universal del Reino de Dios. La fuerza evangélica neopentecostal -que juega cada vez más en el terreno político en toda la región- ataca en tres frentes simultáneos: en el Congreso, donde “la bancada de la Biblia” controla la quinta parte de la Cámara de Diputados; en la prensa masiva con su multimedio Record, el segundo del país achicándole distancias a la Rede Globo; y en las barriadas populares, donde tiene una penetración territorial que no logra ningún partido.
Quizá parte del ascenso abrupto de Bolsonaro se explique por el despliegue de miles de pastores haciendo campaña furiosa por el ex militar en los días previos a la votación.

Las otras tres patas de la mesa
Otro factor clave en la construcción de consenso alrededor de Bolsonaro fueron los grandes medios, que terminaron aceptando al mal menor ante la irreversible polarización con el PT y el fracaso de los candidatos del orden. Las fake news antipetistas se multiplicaron en las últimas semanas e hicieron estragos en las redes sociales. Algo similar pasó con el poder empresarial y financiero, que también cerró filas con Bolsonaro. No es para menos: su gurú económico es Paulo Guedes, un Chicago boy que asegura un rumbo ultra liberal.
Por último, el creciente poderío del llamado “Partido Militar”, que este domingo cuadruplicó su presencia al ritmo de la debacle de la política tradicional. Además de Bolsonaro y su compañero de fórmula, el inefable general Hamilton Mourão, al menos 70 candidatos militares fueron electos y tres disputarán gobernaciones estadales en segunda vuelta.

Los límites del progresismo
También el PT se merece reflexionar sobre su responsabilidad en el proceso de despolitización de la sociedad brasileña y en la creación del Frankenstein Bolsonaro. Durante 12 años faltó audacia para avanzar en transformaciones raizales, como hubiera sido la tan reclamada reforma política o una ley que limitara la concentración mediática. Y sobre todo, no se profundizó en el empoderamiento popular y la formación político-ideológica, facilitando el terreno para la diseminación de valores retrógrados y autoritarios.

Y una vez fuera del Palacio de Planalto, el progresismo brasileño se conformó con dar la pelea casi exclusivamente dentro de los márgenes del andamiaje institucional. Salvo la gimnasia de movilización permanente de los movimientos populares, la estrategia petista quedó atrapada en la telaraña de un sistema democrático controlado por el golpista entramado mediático, religioso, militar y financiero.
Tal vez en la respuesta callejera de las mujeres brasileñas y su poderosa consigna #EleNão se puedan encontrar algunas pistas de cómo enfrentar a los profetas del odio y su monstruo Bolsonaro.

(*) Periodista. Editor de Nodal. Colabora en diversos medios como Tiempo Argentino, TeleSUR, Rebelión, ALAI y otros. Conduce el programa radial “Al sur del Río Bravo” por Radionauta FM. Coordinador, junto a Pablo Solana, del libro “América Latina. Huellas y retos del ciclo progresista”.
entoncesque666@gmail.com

miércoles, 10 de octubre de 2018

El fascismo se enquista en la OEA y Brasil


Por Diego Olivera Evia:
Una nueva crisis de valores en América Latina

Nuevamente la historia de Latinoamérica sufre las consecuencias del Fascismo, del Siglo XX  fue parte del Plan Cóndor, aplicado a través de las dictaduras militares, siendo Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Bolivia, la base de la torturas en el Cono Sur, miles de asesinados, muerte y violación a luchadoras sociales, desapariciones forzosas, secuestro de hijos e hijas de guerrilleros y luchadores sociales, mostraron la cara un plan macabro, implantado por EEUU y la CIA, que de manera impune mostraron la guerra sucia.
Parte de esa historia fue armada por Henry Kissinger, secretario de Estado de Estados Unidos durante la presidencia de Richard Nixon, ha sido señalado como el autor e ideólogo del Plan Cóndor.

Un antecedente directo de estas operaciones fue el Decreto Noche y Niebla de Adolf Hitler. Un historiador estadounidense atribuye a un operativo de la CIA como parte defensiva de la Guerra Fría, para impedir la propagación del comunismo en América Latina, la organización de las primeras reuniones entre funcionarios de seguridad uruguayos y argentinos para discutir la vigilancia de los exiliados políticos y también su actuación como intermediaria en las reuniones entre los dirigentes de los escuadrones de la muerte brasileños, "la triple A" de argentinos y uruguayos.

Pero Estados Unidos hizo más que organizar los encuentros. La división de servicios técnicos de la CIA suministró equipos de tortura a brasileños y argentinos (entre otros) y ofreció asesoramiento sobre el grado de shock que el cuerpo humano puede resistir, señala también el mismo autor.

En 2007, la profesora estadounidense Patrice McSherry, de la Long Island University, mediante un documento secreto de la CIA, fechado en junio de 1976, confirma el secuestro y tortura de refugiados chilenos y uruguayos en Buenos Aires. Según ella, dichos planes emanaron en la década de 1960 en la Escuela de las Américas y las Conferencias de Ejércitos Americanos, mediante las cuales Estados Unidos enseñó a los oficiales instruidos en ellas acciones "preventivas" (torturas) en la región. 
Un documento desclasificado de la CIA con fecha 23 de junio de 1976, explica que ya "a principios de 1974, oficiales de seguridad de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia se reunieron en Buenos Aires para preparar acciones coordinadas en contra de blancos subversivos".

La Operación Cóndor fue un pacto criminal que se puso en marcha cuando se contó con una verdadera red de dictaduras en el Cono Sur y en América Latina. El general Alfredo Stroessner llevaba ya una década en el poder en Paraguay, desde 1954. Así como cuando los militares brasileños derrocaron al gobierno democrático y popular de João Goulart, en 1964. Después de una serie de golpes de Estado en Bolivia llegó al poder el general Hugo Bánzer en 1971.

El 11 de septiembre de 1973, el general Augusto Pinochet bombardea el palacio presidencial de La Moneda, derrocando al presidente socialista Salvador Allende. Coincidiendo con el plan general de “ajustar” el Cono Sur, donde crecían movimientos populares de envergadura, también en 1973, se instaló la dictadura cívico-militar en Uruguay. Así mismo, sólo tres años después, el 24 de marzo de 1976, una junta militar, presidida por el general Jorge Rafael Videla, tomó el poder en Argentina, país en el cual había comenzado a actuar la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) desde el 21 de noviembre de 1973, cuando Juan Domingo Perón todavía era presidente.

La Triple A actuó en una coordinación criminal, con la dictadura de Pinochet en Chile. Esto surgirá en las investigaciones sobre la Operación Colombo, un modelo de guerra sucia que se ejecutó en 1975.
El Plan Cóndor fue una operación similar a la estrategia de la tensión utilizada en Italia en los setenta, la cual estaba dirigida por la llamada Operación Gladio, de la que Licio Gelli fue un miembro.

El fascismo se enquista en  la OEA y Brasil
En la segunda década del Siglo XXI surge una nueva realidad política, que muestra el resurgimiento del fascismo en el Cono Sur, a través de grupos de la burguesía y militares retirados, apoyado por la acciones de EEUU, en el segundo gobierno de Obama y las presiones del presidente Donald Trump, para controlar los recursos económicos de América Latina. Las derrotas en las urnas de la propuestas progresistas, fueron marcando el ascenso de las derechas en Chile, bajo la constitución pinochetistas, siendo el actual presidente Sebastián Piñera, quien era parte del pinochetismo, y ahora acusado en EEUU por Malversación.

El triunfo en las elecciones de Argentina por Mauricio Macri, marca la derrota del populismo y se instala un fascismo con apéndice italiano, ya que la Familia Macri viene de las mafias Calabresa  italiana, aplicando la camorra y de la inmoralidad en juicios corruptos, que han sido parte de sus vínculos con la dictadura Argentina, como los muestran la imágenes con los generales de la muertes. El Brasil de Temer fue la maniobra contra el progresismo de Dilma y Lula, una maniobra institucional por el Congreso de Brasil, con el apoyo de la iglesia Evangélica, con una mayoría de corruptos lograron darle la presidencia al corrupto Temer.

Ahora lo más peligroso es el candidato Jair Bolsonaro que los votos le dieron el 46,21 por ciento, ante un Haddad con el 29.01%, esta diferencia marca un margen peligrosa, para la democracia y la naciones del Continente. El tipo es un ex capitán del Ejército que llegó a la política con un discurso de alabanza a la dictadura militar y diciendo claramente que no cree en la democracia.
Asume que es machista, racista, homofóbico y xenofóbico, haciendo broma de aquello y siempre agregando que “pueden acusarme de lo que sea, pero no pueden negar que soy el único político honesto”. La historia de cómo ese personaje pasó de ser un mero vocero parlamentario, de lo que sobró de la dictadura militar para ser uno de los favoritos de las próximas presidenciales se confunde con la historia de cómo Brasil ha cambiado política e ideológicamente en los últimos años.

Una nueva crisis de valores en América Latina
Estos hechos en Brasil como en la acciones de la OEA, contra Venezuela, Bolivia y Cuba, marcan una peligrosa crisis a nivel de Sudamérica, los anuncios de Bolsonaro de querer derrocar, al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, podría marcar una alianza con Colombia, en una suerte de alianzas criminales, son parte de los planes del mandatario Trump, de poder de instalar una base militar en Brasil, el cual será aprobado si gana el fascista Bonasaro.

La inmoralidad de los países derechistas y la burguesía, no repara en entregar sus riquezas a EEUU y su satélite principal el sionista Israel en el control ahora del Sur de Argentina y sus patrullajes en Argentina, de la misma manera 7 bases militares en Colombia, de la misma manera el Chileno Piñera, arrastrándose quiere que Chile sea una nueva estrella de la bandera de EEUU, en su sumisión a Trump, sin embargo la justicia gringa, lo quiere procesar sobre malversación. También en  el Ecuador  el presidente Lenin Moreno, traiciona a Alianza País y trata de procesar al ex presidente Rafael Correa, sin tener ninguna prueba, Moreno ahora ha vendido el petróleo a las trasnacionales y se ha determinado sus vínculos con la CIA.  
  
 Esta nueva realidad ha demostrado que muchos de los movimientos sociales, como Argentina y Chile ha apoyado a presidentes de  derecha, de la misma manera ahora en Brasil, los movimientos sociales de las favelas, de los trabajadores, han dado la espalda al PT de Lula, marcando una peligrosa grieta social, de un monstruo criminal que no acepta la democracia, que es racista, que desprecia a la mujeres y que cree en el Fascismo de Trump. Esto demuestra lo grave para América Latina, que abrirá las puertas para EEUU, para una nueva conquista de nuestro continente.
diegojolivera@gmail.com