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miércoles, 15 de abril de 2020

El Coronavirus, la crisis del trabajo y la necesidad de una reforma agraria



Por Jorge Zárate:
El principal colapso de la pandemia se da en el mundo del trabajo. Los despidos y la falta de actividad golpean a millones de obreros, principalmente a los trabajadores informales, esa marea que batalla contra el desempleo.

En el Paraguay son 1,6 millones de personas que ven su vida en jaque, los que no pueden cumplir la máxima de los gobiernos que hablan para las clases medias: “Quédate en casa”.
En el país hay un déficit habitacional admitido oficialmente de al menos 300 mil viviendas. Los asentamientos precarios se multiplican en la Gran Asunción año a año a causa de la expulsión que genera la expansión del agronegocio criminal.

No existe una ley de alquileres que le garantice a los cientos de miles de personas que viven bajo este régimen que seguirán viviendo en el mismo lugar al menos por 1 año. Todo está al arbitrio de propietarios que pueden expulsarte cuando quieran o subir los precios ante cualquier insinuación inflacionaria, esa que ocurre siempre, fuera de las ridículas mediciones del Banco Central que siempre dan cero comas algo mientras se ve la máquina remarca dora hacer estragos en los supermercados.

Por eso la gente volvió a las calles el 31/3 y será difícil de aquí en adelante sin una fuerte intervención estatal hacer cumplir una cuarentena que podría extenderse más allá del 12/4 que es la fecha que fijó el gobierno por ahora.

Es indispensable que el gobierno garantice la universalidad del programa Ñangareko (Cuidado, en guaraní) y los 500 mil guaraníes por un mes que se establecieron, lleguen al menos a los que se inscribieron, que según fuentes oficiales ya superaron el millón de personas.

Sin embargo, al 2/4, la Secretaría de Emergencia (SEN) había informado que llegó a poco más de 5 mil familias y que se logró depurar mediante los cruzamientos de datos y las validaciones, 312 mil personas de todos los inscriptos.

Existe sin embargo la promesa de que serán asistidos con unos 300 millones de dólares que se aprobaron con la Ley de Emergencia Sanitaria aprobada para enfrentar los embates de la pandemia del Coronavirus.
Cómo, de qué manera, insistían en preguntar los habitantes de los cientos de asentamientos de Sin Techos que apenas acceden a la mínima formalidad de un teléfono celular con la mínima carga para tener habilitado el servicio del WhatsApp. “Me inscribí, pero todavía no hay novedad. Le pregunté a mi vecina y tampoco, demasiado necesitamos ya”, cuenta una madre soltera del asentamiento Niño Jesús y Virgen del Carmen del barrio San José, en el kilómetro 21de Capiatá.
Hagan el cálculo.

Dura realidad
“Situación económica de los cuentapropistas en Paraguay” se titula el estudio de la consultora MF Economía realizado en marzo del 2020 que nos da una pequeña muestra del problema. Según cuenta el diario La Nación, la firma encuestó a 355 personas de distintos sectores económicos. El 63% de ellos no sabe de qué otra forma trabajar y admite que la forma de trabajo les permite tener apenas ingresos para subsistir mes a mes.

El 85% de los gastronómicos tienen cuentas que pagar en bancos y financie-ras, casas de crédito y usure¬ros. La mayoría gana en un 39% por comisión sobre las ventas y o clientes, 33% por día y 22% por mes, mientras que el 6% gana por semana trabajada.

El 93% de las empleadas domésticas tiene cuentas que pagar en un 15% en usuras, 23% en casas de créditos y cooperativas, mientras que solo el 23% está en bancos y financieras. La encuesta señala que el 84% de las empleadas entrevistadas no tiene ninguna estrategia para enfrentar la parálisis determinada por la cuarentena.

Entre tanto la presión empresaria sobre los trabajadores es brutal, el ministerio de Trabajo (Mtess) registró un listado de 1.400 bajas y entre 500 y 700 despidos injustificados, que fueron condenados por los sindicatos que conforman la Unidad Sindical, liderados por la Confederación de la Clase Trabajadora (CCT).

La ministra de Trabajo, Carla Bacigalupo, se tomó fotos repartiendo kits de alimentos a un grupo de obreros despedidos y dijo que intentarían llegar a todos. Anticipó también que se trabajará en una línea con el Instituto de Previsión Social (IPS) para que la entidad pague el 50% de los salarios de los trabajadores de Mipymes que están inscriptos, unas 260 mil personas, buscando de esta manera que puedan conservar el empleo.

También dio a conocer que hay unas 50 empresas que pidieron la suspensión de su personal.
Urgente y necesaria
Ante el desamparo general la solidaridad popular viene sosteniendo la alimentación de buena parte de la población, ollas populares florecen en todo el territorio paraguayo para ayudar a las familias que no pueden salir a trabajar. Destacan allí los donativos de los asentamientos campesinos que se midieron por toneladas de alimentos en las últimas dos semanas, cuestión que lleva a reflexionar sobre el modelo productivo y la necesidad de la soberanía alimentaria.

Todo parece indicar que la Agricultura Familiar Campesina (AFC) será la que resistirá este embate.
Las largas filas de vehículos de habitantes de la capital y la Gran Asunción que se desplazan hacia el interior para hacer la cuarentena con las familias troncales, parecen tener en lo alimentario una de las razones de su ocurrencia.
En esta instancia es importantísimo recordar que sólo el 6% de las tierras cultivables están en poder de la AFC y allí se produce el 60% de las frutas, verduras y hortalizas que el país consume.

En ese otro brutal 94% se hace la soja que alimenta, entre otros, a los chanchos de la China, cuya producción industrializada parece ser el origen del Coronavirus según los últimos estudios científicos.

También habrá que tener en cuenta que los campesinos endeudados están al límite y que en el marco de la cuarentena habrá que abrir una ventana al pedido de la Coordinadora Nacional Intersectorial (CNI) de implementar un plan de asistencia a 55 mil familias en 13 departamentos y la aplicación de la ley de “Defensa, restauración y promoción de la agricultura familiar” sancionada en diciembre de 2019 pero jamás reglamentada e implementada.

Con sus reiterados campamentos anuales la CNI consiguió que el estado a través del Banco Nacional de Fomento acceda a refinanciar las deudas de unos 18 mil campesinos propietarios de menos de 30 hectáreas que tienen obligaciones contraídas de hasta 2 mil dólares estadounidenses.

Sin embargo, se estima que todavía se necesitan al menos unos 50 millones de dólares para blanquear obligaciones y reactivar al sector que produce los alimentos del país.

Tierra y empleo van de la mano. Así lo resumió Marcial Gómez, secretario general adjunto de la Federación Nacional Campesina (FNC): “Cien mil hectáreas de cultivo en rama de algodón necesitamos para producir y satisfacer el mercado interno de productos derivados de textil, eso significa más de 70 millones de dólares de plata para que quede en nuestro país y más de veinte mil fuentes de trabajo en el sector industrial”.

Esto sin dejar de mencionar la propuesta de la organización de realizar una planificación de la producción frutihortícola con semillas, insumos, asistencia técnica e infraestructura. La idea de producir todo el año para satisfacer el mercado interno no es una cuestión utópica si existe la inversión y el acompañamiento técnico adecuado. Así lo reiteran a quién los quiera escuchar desde hace 27 años en cada Marcha del Campesinado Pobre, cita que este año fue suspendida a causa de la cuarentena.

El cálculo de la FBC es sencillo: Invirtiendo aproximadamente el 4,5 % del Producto Bruto Interno (PBI) durante 10 años se puede hacer una reforma agraria que dote de tierras para el cultivo a las cerca de 300.000 familias campesinas que carecen de ella.

Difícil, se sabe, más cuando todos los planes gubernamentales buscan vincular la producción con los grandes supermercados, que en general, serían responsables de las oleadas importadoras, ya por cuenta propia, ya utilizando el ejército de contrabandistas hormigas que se moviliza desde las fronteras argentinas y brasileñas para proveerles.

A pesar de ello, en esta crisis que descubre lo esencial, habrá que ver si el pueblo comprende de una vez por todas la necesidad de una reforma agraria que destruya este sistema gerenciado por capataces.
Por serviles que les hacen la guerra a los campesinos y favorecen al agronegocio y el contrabando de hortalizas como mandato del modelo latifundista y excluyente que rige en el país desde terminada la Guerra de la Triple Alianza.
Es hora de encontrar un remedio a la altura de la historia para dejar a esta tierra sin mal.
La pandemia es la desigualdad.

jdzarate@gimail.com

miércoles, 12 de junio de 2019

Preparémonos pues para la relegitimación de la AN


Por Juan Martorano:

Recientemente, portavoces del gobierno ruso han señalado una nueva ronda de diálogo entre representantes del Gobierno de Nicolás Maduro y representantes de Juan Guaidó, en Oslo, capital de Noruega, en el marco de los diálogos para la firma de un acuerdo de paz política y gobernabilidad.

El diputado Juan Guaidó ha expresado, cual muchacho malcriado, que no habrá ningún diálogo con la representación del gobierno, salvo que se trate de definir “el cese de la usurpación”. Realmente, es decepcionante el supuesto liderazgo que este sujeto dice tener por parte de los sectores de la oposición.


Si algo hay que reconocer, son las palabras del ex senador adeco y militante opositor Carlos Raúl Hernández, un hombre del que discrepó política e ideológicamente, pero que en algún programa le oí decir, y a mi parecer tiene razón: “Que el éxito de la política está no en la cantidad de muertos que puedas generar, sino en la cantidad de acuerdos que puedas alcanzar”. En esto estoy completamente de acuerdo.

Obviamente, los acuerdos que comparto no tendrán jamás que ver con los que históricamente las élites y cúpulas gobernantes de este país llegaron en su momento en detrimento de las clases populares, de los eternamente excluidos. El acuerdo al que me refiero, y que debe llegarse, es el que garantice, además de la convivencia entre venezolanos, independientemente del signo político- ideológico, el que garantice el funcionamiento normal, el acceso a medicamentos, bienes, servicios e insumos, y que permita una sana confrontación de las ideas, de la política, sin que ello implique llegar agredirnos y a matarnos.

Recuerdo cuando estando en las calles de Caracas y de mi querida Puerto Ordaz, en el marco de la convocatoria al proceso popular constituyente por parte del Presidente de la República, Nicolás Maduro, en el año 2017, que parafraseando lo ocurrido en 1999 con Chávez, luego de aprobada mediante referendo la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, fuimos a un proceso de relegitimación total de la institucionalidad venezolana: desde la Presidencia de la República hasta las Cámaras Municipales de aquel entonces, fueron objeto de ese proceso, durante todo ese año 2000, que es importante recordar.

Obviamente, las circunstancias de 1999 comparadas con las de 2019 no son las mismas, y si bien he expresado que estamos en el mismo proceso constituyente de hace 20 años, las circunstancias de tiempo y lugar son las que nos permitirán la ocurrencia de ciertos eventos y circunstancias.

Y en ese sentido, no pondremos en juego ni nos plantearemos un escenario de elecciones generales como lo ocurrido en el año 2000, porque simplemente la vanguardia opositora, la cual en estos momentos representa la extrema derecha fascista supuestamente liderada por Juan Guaidó no se merece que le hagamos el mandado, así de simple. En el año 2000 había aún una oposición democrática (en lo que se refiere a su dirigencia por lo menos) con el que había ciertos niveles de respeto y diálogo, y de ahí la decisión de ir a ese proceso de elecciones generales, o mega elecciones, como se conoció en aquel entonces, y fuimos a ese escenario así planteado. La actual degeneración e intransigencia política de la derecha no permite que se dé y sobre todo acepté tal propuesta, ya que incluso ellos la plantean, con la adicional condición de que el chavismo como fuerza política no participe en dicha contienda. ¿Y entonces? ¿Cuál es el miedo?

A mi juicio, y pese al complejo y difícil escenario que vive nuestro Estado- Nación, sé que lo que expresaré acá desatará las furias del averno de la más extrema derecha fascista, pero no me importa lo que ellos señalen. Si en este momento fuésemos a un escenario electoral general, poniendo en juego incluso la Presidencia de la República, no me cabe la menor duda que el chavismo ganaría dichos comicios, pero no tanto por el tema de gestión, la cual sin duda ha tenido errores incontrovertibles que nadie niega, pero pese a ello, se trata del modelo de inclusión y del legado y enseñanzas de Hugo Chávez, las cuales además de vigentes, se ha demostrado que funcionan, y es el ejemplo que el imperialismo quiere exterminar.

Además de ello, la dirigencia opositora no se ha cansado de cometer errores políticos y de hacer malos cálculos, además de no interpretar correctamente el verdadero sentir del pueblo. Piensan que decir que si están dialogando con el gobierno, implicaría una cesión a sus principios y el fin de la actual confrontación, y nada más lejos de la verdad.

Y lamentablemente, y es ahí donde se equivocan, producto de su engreimiento y soberbia, se levantarán de la mesa, y dejarán nuevamente sus sillas vacías, a la espera de un acuerdo político, que incluso contribuya a la restitución del necesario Estado de bienestar, el cual también beneficia a la propia base social opositora, que también ha sido golpeada por el accionar de la extrema derecha. Este pequeño dato se los doy y no cobro por ello.

Es entonces, donde el llamado formulado por el Jefe de Estado, que además es en estos momentos el máximo líder de la Revolución Bolivariana, que advirtió al PSUV, pero creo que esto hay que hacerlo extensivo al resto de organizaciones políticas aliadas y movimientos sociales que respaldan a la Revolución Bolivariana, prepararnos para el escenario electoral, que una vez que la extrema derecha pretenda frustrar el acuerdo político para garantizar la paz, motive a que la Asamblea Nacional Constituyente ordene al CNE a la convocatoria a las elecciones parlamentarias, a los fines de restituir la gobernabilidad que el oposicionismo pretende continuar confiscándonos.

Así que, sin descuidar las tareas de gestión que sin duda tenemos, del impulso de los necesarios diálogos y rectificaciones, pero si es bueno ir avizorando los posibles candidatos y candidatas de las fuerzas revolucionarias, a los fines de recuperar la mayoría del parlamento nacional, y recuperar la gobernabilidad pérdida. Ese será un nuevo escenario de batalla, que nos permitirá conquistar la paz.

Además de ello, un triunfo de las fuerzas revolucionarias y chavistas podría convertirse, en el necesario desencadenante histórico para reapertura la nueva oleada revolucionaria en este lado de la Patria Grande, a los fines de recuperar los avances, logros y conquistas logrados durante la década pasada.

El imperialismo no se quedará de brazos cruzados, y hará todo lo posible por incluso participar en dicha contienda, y mantener el control del parlamento para tratar de destruir nuestro Estado- Nación. No los sobreestimemos, pero tampoco los subestimemos.

La apuesta es muy alta, no exenta de riesgos y amenazas, pero creo que Chávez se la hubiese jugado igual. Y creo que eso es lo que hay que hacer.

Ciertamente, inicialmente había expresado que había que esperar el año que viene, que sería cuando ordinariamente el parlamento debía ser renovado, pero ante la amenaza latente y real promovida por una institución que ha decidido plegarse a los intereses hegemónicos, y por vivir un momento no convencional, y además constituyente, pues entonces que se aceleren los tiempos y se proceda a esa convocatoria a elecciones parlamentarias, como parte del nuevo ciclo electoral que está a punto de aperturas.

Espero en próximos artículos ahondar en otras consideraciones a este respecto.

¡Leales Siempre! ¡Traidores Nunca!

¡Independencia y Patria Socialista!

¡Viviremos y Venceremos!

jmartoranoster@gmail.com