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sábado, 28 de marzo de 2020

La alimentación en los pueblos originarios



Por Víctor Manuel Barceló R.:

El ser humano lleva un largo proceso de evolución, en que se realizan diversos cambios y circunstancias que van dando sentido más preciso a la vida gremial, fortaleciendo la identidad. Primero la recolección, caza y pesca fueron los mecanismos utilizados para conseguir la alimentación. Largo tiempo esos agrupamientos dedicaron a la búsqueda de animales susceptibles de ser dominados para que sirvieran de alimento, así como de plantas suculentas que los paladares de aquellos momentos aceptarán en su ingesta.



Cuando el hombre descubrió el fuego, encontró las metodologías para plantar y cosechar alimentos vegetales, localizar y domesticar animales, aliñarlos para alimentarse, el salto tecnológico fue sustantivo. Unos antes que otros, empezaron a crear fórmulas, de elaboración de sus alimentos. Al principio se tiraban al fuego y se comían, sin otros ingredientes. Las verduras apenas si se lavaban con las aguas de los cristalinos ríos y lagunas impolutas, libres aún de la acción descocada de la civilización moderna que infecta ríos, destruye lagunas, las azolva para desviar la corriente, construir una casa, un puente, a veces innecesario, terminando con belleza y uso de fuentes de agua dulce, que cada vez. escasean más en el Planeta.

Larga es la evolución humana en el tema de la alimentación. Conforme se constituían en organizaciones mayores las sociedades -tribus en su mayoría- mayor sofisticación se alcanzaba en la preparación de los alimentos. Influenciaron en ellos: el hábitat en que se desarrollaban, los criterios antropológicos, ideológicos, religiosos, políticos, las condiciones políticas y sociales en general.

Mientras en las fastuosas comelitonas que caracterizaron a los imperios de la antigüedad, se comían manjares simples: carnes de venado, pato, cisne, codorniz, alondra y cualquier otro animal de caza, preparados a las brasas y listos para comerse, generalmente acompañados con vino, cerveza y otras bebidas desarrolladas en la antigua Europa y las tierras aledañas de Asia. Pero en todas las regiones todavía no "descubiertas" por la civilización occidental ocurría algo similar.

En América el fondo de la alimentación se caracterizó por una fuerte religiosidad -en los pueblos originarios- con alimentos populares que imitaban los ofrendados a los dioses e ingeridos por los sacerdotes. Así, al amaranto se le coloreaba con achiote u otras plantas que lo teñían de rojo, como si fuera sangre. Ese era uno de los alimentos más considerados en Mesoamérica, que tras la invasión-conquista del imperio español, fue prohibido. no sólo su ingesta, sino también su siembra y recolección, con lo que afectaron considerablemente el nivel alimentario de los pueblos y comunidades.

Empero los pueblos continuaron sembrando este alimento, de manera oculta y utilizándolo en sus ofrendas a los dioses, dado que la religiosidad se mantuvo activa en dichas poblaciones, muy a pesar de la yuxtaposición cultural y religiosa llevada a cabo durante los trescientos años de vida colonial. En Sudamérica ocurrió algo parecido, pero las culturas nativas continuaron con sus costumbres, que aún ahora son parte de la riqueza cultural de Mesoamérica, la región incaica y todo el Continente.

La Colonia española trajo a la Nueva España y todas sus posiciones logradas a sangre y fuego en el Continente americano, sus animales domésticos y algunas frutas y legumbres, llevándose de nuestro entorno una cantidad creciente de frutas y verduras que reprodujo en aquellos lugares. Sobresale la papa con su importante valor nutricio y mucho otros que solo se reproducen por acá como la piña, el mango, el banano o plátano y otros, junto a hortalizas y verduras propias de nuestro medio, que nunca lograron el tamaño, color y sabor nativos, por lo que siguieron siendo llevados hacia la península ibérica y otros rumbos, por los puertos de Cartagena, Veracruz y Acapulco.

Pero ese intercambio de animales domésticos, frutas y verduras, que enriquecieron en ambos lados las posibilidades de una alimentación rica y saludable, resulta en toda la Región, con énfasis en Colombia, Ecuador, Perú, México y Centroamérica, un elemento sustantivo de su rica y variada gastronomía, apreciada ampliamente en Latinoamérica, conocida y aceptada en muchos rumbos más de la madre-Tierra.

El empeño de muchos años lleva a contar con restaurantes que ofrecen comida colombiana, mexicana o peruana, cada vez más cercana a los sabores y olores que inundan los restaurantes que en el territorio regional existen y que cada vez hay más en líos países hermanos del el Caribe. Aún en los que existen alimentos con influencia nativa de origen europeo -Uruguay y Argentina- esta comida atrae por sus delicadas o intensas emanaciones, su sabor excepcional, incluso su picor, que bien medido, es un alentador de mayor ingesta, mejor sabor y creciente digestibilidad.

Mucho se escribe, desde hace tiempo, acerca de la gastronomía Latinoamericana. No sólo nativos del solar patrio han lanzado sus dardos deliciosos para postular la genialidad de varios platillos de la Región, fuertemente influenciada de la cocina asiática y de otros orígenes como: el ajiaco con pollo colombiano, tamales con molidos, el mondongo y otros; el ceviche peruano, el cuy, el rocoto relleno y el ají de gallina; los mixiotes de pollo, los moles mexicanos que son la delicia culinaria del centro y sur del país, el pozole, de diversos colores como el mole, que se jerarquiza como un alimento completo, que ofrece proteínas, carbohidratos y grasas en las proporciones adecuadas para una palatividad de sabores y digestión saludable. Allí van, en una mixtura excepcional: verduras, frutas, semillas, aves (pollo, guajolote o pavo) y cerdo y muchos platillos más que se degustan desde el más modesto restaurante, paradero o fonda hasta restaurantes de alta culinaria regional e internacional.

Empero hay un alimento que cubre muchos recovecos de la necesaria alimentación cotidiana, mismo que puede encontrarse en México tanto en sus restaurantes sofisticados o populares, como en carretas y puestos por doquier. Allí los trabajadores, empleados, funcionarios, políticos y todo tipo de personas, degustan el taco, los tacos, en que se amalgama una serie de ingredientes que les hace un bocado excepcional.

El taco es el resumen de la alimentación popular. Se presenta con una tortilla de maíz redonda y caliente, en que se van incorporando, como en un rito, sus ingredientes: una embarrada de frijol refrito, a lo mejor aguacate en tiras, carne (res, cerdo, pollo) o pescado. Una salsa bien condimentada viene a darle lo profundo del sabor y habrá de comerse sobre un plato un papel o servilleta, mediante una reverencia que a la vez que le consagra, evita la caída de ingredientes en manos, camisa, pantalón o demás prendas. Es una ricura imposible de olvidar.

v_barcelo@hotmail.com

sábado, 17 de agosto de 2019

Los nuevos escenarios del conflicto de Estados Unidos contra China.



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Desde hace varios meses se percibe que el sistema internacional se mueve en un proceso de transformación que ha venido a acelerarse desde la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Junto a él, han accedido al poder algunos de los personajes más conservadores y retrógrados de la historia de ese país. En el ámbito planetario, al evaluar su perversidad, el actual gobierno estadounidense pareciera no tener parangón en el pasado, llegando incluso a ser comparado por algunos analistas con la Alemania hitleriana de la primera mitad del siglo XX.  


La dinámica introducida por Trump a su política exterior viene produciendo mutaciones trascendentales en las relaciones internacionales que son imposibles de obviar si se considera que se está hablando de la primera potencia mundial. Trump, en su afán de regresar a los orígenes de una nación que se sustentó en el proteccionismo en lo económico y el aislacionismo en lo político, intenta repetir el largo período de crecimiento económico que llevó a Estados Unidos a convertirse en primera potencia mundial en la penúltima década del siglo XIX, para lo cual no ha escatimado esfuerzos de ningún tipo.

Pero, él o sus asesores se equivocan. El siglo XIX estuvo marcado por una ”exitosa” expansión territorial a costa del exterminio de millones de seres humanos de los pueblos originarios que habitaban los espacios que estaban siendo fruto de tal propagación. Eso es imposible hacerlo ahora sin que haya resistencias en buena parte de las áreas ambicionadas por Estados Unidos en el planeta.

Por otra parte, tal proceso se hizo en el marco de una confrontación entre el feudalismo obsoleto y un capitalismo naciente que era expresión de una revolucionaria mutación de la economía y la sociedad. Estados Unidos llegó incluso a una guerra en la que el capitalismo imperante en el norte derrotó a las fuerzas feudales del sur, iniciando una era de desarrollo sin igual en una forma de capitalismo productivo igualmente basado en la explotación del hombre por el hombre, pero distanciado de las formas atrasadas en que este se manifestaba en los tiempos feudales caracterizados por expresiones mucho más oprobiosas de apropiación del trabajo y de la vida de los seres humanos.

En esa medida, podría decirse que el capitalismo de esa época fue un avance respecto del pasado, pero ahora, cuando impera un modelo de capitalismo financiero que se sustenta en la especulación y en la riqueza basada en una producción inexistente, a Trump se le hace imposible rescatar la economía de su país para conducirla a una senda positiva, salvo si esto se calculara por las extremas ganancias que obtiene un número cada vez más reducido de millonarios.
Eso es lo que da la medida de que el plan Trump “…Hacer a Estados Unidos grande de nuevo” –como lo dijera en el discurso inaugural de su mandato el 20 de enero de 2017- al aceptar con ello que había dejado de serlo, no tiene ninguna posibilidad de realización, salvo a través de la amenaza, el chantaje, la presión y la guerra.

En ese marco se propuso torpedear el sistema internacional, destruyendo su estructura, en primer lugar a la Organización de Naciones Unidas a partir de la política de “o aceptas lo que te ordeno, o te destruyo”, camino en el cual se encuentra empeñado y en el que ha dado un nuevo paso al amenazar con retira a Estados Unidos de la Organización Mundial de Comercio (OMC), ante el estupor de la comunidad mundial, en particular de aquellos que antes eran sus aliados y hoy se asumen como subordinados temerosos de que su furia se vuelva contra ellos. Por supuesto, me refiero a Europa y otros de sus adláteres como Australia y Canadá, países ayer orgullosos de su independencia y autonomía, hoy abandonadas.

En la otra parte de esta ecuación se encuentra China, que parece comenzar a despertar de un prolongado letargo en el que suponían que podían llevar adelante su proyecto de crecimiento y desarrollo económico, lucha contra la pobreza y materialización de una sociedad avanzada sin tropezar con la resistencia de Estados Unidos. La alianza estratégica iniciada por los dos países a finales de los años 70 del siglo pasado creada con el objetivo de destruir al común enemigo soviético está llegando a su fin. A pesar que la Unión Soviética desapareció hace casi 30 años los dos países mantuvieron un importante flujo de comercio que beneficiaba a ambas partes y que se mantuvo incólume a pesar de las fuertes tensiones generadas por el apoyo de Estados Unidos al separatismo en el Tíbet así como al gobierno de Taiwán que China considera parte inalienable de su soberanía.

Todo eso parece estar terminando y China ha empezado a comprender que los instrumentos tradicionales de su diplomacia no bastan para confrontar la brutal embestida estadounidense que ha logrado éxitos en Europa, Canadá y México, a quienes han logrado imponer sus políticas, pero ha fracasado al no lograr vía coacción, resolver sus diferendos con Irán, Rusia, la República Popular Democrática de Corea, Venezuela y sobre todo China.
El año pasado, el gobierno chino todavía conjeturaba que el camino de la negociación iba a ser relativamente corto en la búsqueda de una solución a las diferencias que se han expresado en mayor medida en el plano económico, comercial, financiero y tecnológico y en que ambas partes se han esforzado por ocultar sus componentes políticos, militares e ideológicos.

Las negociaciones se han prolongado en demasía y ya no sólo afectan a los países contendientes, sino que sus efectos comienzan a sentirse en la totalidad de la economía global. Unido a eso, Estados Unidos ha ensayado la posibilidad de crearle un conflicto interno a China, que este país visualizaba como poco probable hace solo escasos meses. La dinámica de la confrontación ha cambiado y ello ha terminado por alterar la tradicional retórica diplomática china basada en la armonía y la búsqueda de un equilibrio mutuamente ventajoso para todas las partes.
Hoy, cuando se ha hecho público el involucramiento y apoyo de Estados Unidos a la revolución de colores en Hong Kong, el gobierno chino ha comprendido que la potencia norteamericana pretende usar estas acciones como mecanismo de presión de las negociaciones comerciales y financieras.

Las reuniones sostenidas por los más conspicuos líderes opositores de Hong Kong con el jefe del departamento político del Consulado de Estados Unidos primero y posteriormente en Washington con el vicepresidente Mike Pence y la presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi dan cuenta del involucramiento directo del gobierno de Estados Unidos en las revueltas de Hong Kong. Esa visita a la capital imperial significó acuerdos de apoyo financiero, formación política y asesoramiento organizativo que se concretó a través de la National Endowment for Democracy (NED) órgano de fachada de la CIA, la cual desde 2014 ha incrementado los recursos destinados a la desestabilización de China. En este contexto, valdría preguntarse, ¿que haría y cómo reaccionaría el gobierno de Estados Unidos si China se propusiera apoyar las revueltas contra el gobernador de Puerto Rico y el abandono que Estados Unidos ha hecho de su colonia más importante en el Caribe?

No sólo eso ha estado en el tapete de la problemática más reciente entre las dos mayores potencias económicas del planeta, habría que agregar que sumando otro ámbito a su cotidiano discurso soberbio y prepotente, John Bolton ha amenazado a China diciendo que: "Los chinos tienen que mirar con mucho cuidado los pasos que toman porque las personas en Estados Unidos recuerdan la plaza de Tiananmen [...] recuerdan la imagen del hombre parado frente a la línea de tanques", haciendo referencia a la intentona golpista de 1989 en China justo cuando se conmemoran 20 años de esos acontecimientos, que el brillante intelectual italiano Doménico Losurdo catalogó como “la primera revolución de color “ de la historia.

En su intento de intimidar a China, Bolton afirmó que: "Sería un gran error crear un nuevo recuerdo como ese en Hong Kong”. La Cancillería China ha respondido contundente al expresar que en más de una ocasión se le ha hecho saber a Estados Unidos que el tema de Hong Kong “es una cuestión que corresponde exclusivamente a la política interna de China” y han hecho un llamado para que Estados Unidos. deje “de meter la nariz en los asuntos de Hong Kong".

En declaraciones mucho más fuertes, el pasado 13 de agosto, la portavoz de la cancillería china Hua Chunying, dio respuesta a la pregunta de un periodista respecto de las opiniones de Nancy Pelosi, del líder de la mayoría republicana en el Senado Mitch McConnell, el Senador Marcos Rubio y el Congresista Ted Yoho quienes el día anterior afirmaron a través de la red social twitter  que “la policía de Hong Kong reprimió a los manifestantes con violencia y que el gobierno central chino erosionó la democracia y la libertad en Hong Kong”.

Hua contestó de manera categórica diciendo que Estados Unidos “negó en repetidas ocasiones su participación en los incidentes violentos ocurridos en Hong Kong. Sin embargo, los comentarios de esos miembros del Congreso de los Estados Unidos han proporcionado al mundo pruebas nuevas y contundentes. Al descuidar y distorsionar la verdad, blanquearon crímenes violentos como una lucha por los derechos humanos y la libertad, y malinterpretaron deliberadamente el trabajo de la policía de Hong Kong como represión violenta cuando la policía solo hacía cumplir la ley, luchaba contra los crímenes y defendía el orden social. Ellos incluso incitaron a los residentes de Hong Kong a enfrentarse con el gobierno de la Región Administrativa Especial de Hong Kong y el gobierno central de China. ¡Qué ansiosos están de querer ver el mundo sumergido en el caos!” y finalizó diciendo que: “En los Estados Unidos, los miembros del Congreso también se llaman legisladores. No puedo sino preguntar a los congresistas de los Estados Unidos: ¿Son ustedes legisladores o infractores de la ley? Les recordamos solemnemente esta simple verdad: los asuntos de Hong Kong son totalmente asuntos internos de China, y ustedes no tienen derecho ni están calificados para comentar sin sentido sobre ellos. Que cuiden sus propios asuntos y se mantengan alejados de los asuntos de Hong Kong”.

Al llegar a este plano de la confrontación, es evidente que las negociaciones comerciales entrarán en un espacio mucho más complejo de resolución. Estados Unidos supuso que con China podía actuar de la misma manera que con Canadá o México. Los hechos han demostrado lo contrario. Debería recordar que para China los tiempos son infinitos, mientras que para Estados Unidos están acotados a la cotidianidad: en lo inmediato la navidad que obligó a Trump a posponer los nuevos aranceles a los productos chinos tras las presiones de los importadores estadounidenses que no podrán conseguir mercancías similares para las celebraciones de fin de año de la misma calidad y a los mismos precios en un plazo tan corto, En el plazo mediato, a Trump se le va acercando la fecha de las elecciones en la que aspira a dar continuidad a su mandato sin poder resolver el diferendo con China que amenaza  que Estados Unidos se sumerja en una espiral de inflación e incluso con una probable recesión, no aconsejables para un año electoral.
sergioro07@hotmail.com

viernes, 19 de octubre de 2018

EEUU ¿Que necesita Trump para noviembre?


Por Néstor García Iturbe:
En los primeros días del mes de noviembre se efectuaran las elecciones de medio término en Estados Unidos.  En esta oportunidad, esas elecciones tienen una singular importancia para la persona que ocupa la presidencia de la nación, Donald Trump. Uno de los principales aspectos que Trump debe asegurar es mantener la mayoría republicana en ambas cámaras del Congreso y no solamente la mayoría republicana, sino que además, esta mayoría coincida con  sus criterios políticos, económicos e ideológicos.

En fin, eliminar a los “disidentes “ de su partido,  que conjuntamente con los demócratas puedan frenar algunas de las leyes y propuestas que deba aprobar el Congreso, como ha sucedido en algunas oportunidades durante sus primeros dos años de gobierno.

Un  Congreso con esa composición, le asegura que no se podrá presentar un “impeachment” contra su persona aunque algunos legisladores traten de hacerlo. Un obstáculo menos a sus aspiraciones reeleccionistas en el 2020.

¿En qué asuntos ha estado trabajando Trump para tratar de lograr esto?

1.- Mantener el desempleo en un por ciento bajo. Los últimos anuncios sobre desempleo que emitió la Secretaría del Trabajo planteaban que al finalizar Septiembre el por ciento de desempleo era el 3.7 por ciento, el más bajo desde 1969.

2.- Creación de nuevos empleos. Se han creado más de 134,000 nuevos empleos en las ramas profesionales, negocios, salud, transporte y almacenamiento.

3.- Incremento en el salario real.   En septiembre los salarios reales aumentaron en  un 0.3 por ciento. Cómo en septiembre el índice de precios al consumidor aumentó en el 0.1 por ciento esto indica que el ingreso promedio aumento en toda la nación en un 0.2 por ciento.

4.- No  despertar entusiasmo en los electores. La participación electoral estadounidense es exigua, y peor aún en los años en que la elección no es presidencial. En 2010, sólo votó el 41,8% del electorado; en 2014, sólo emitió su voto el 36,7% de los votantes habilitados (según datos de United States Elections Project). La participación demócrata es incluso peor, por lo que Trump no debe hacer acción alguna que promueva una participación mayor del electorado y que sigan siendo los republicanos los que más se presentan a votar.

5.- Medios de Prensa. Algunos medios de prensa han  comenzado a hablar bien de Trump, entre ellos la CNN que planteo “Trump ha cumplido todo lo que había prometido en campaña, como acabar con los tratados de comercio, bajar los impuestos y aumentar el empleo en Estados Unidos.” Un poco de propaganda positiva por parte de la prensa es algo que Trump necesita. 

6.- Modificación del TLCAN. Logró modificar el TLCAN con mayores beneficios para Estados Unidos, con la aprobación de México y Canadá.  En especial con México aparentemente hay un serio entendimiento que incluye parte de los problemas migratorios. Las relaciones públicas entre Trump y López Obrador son  muy buenas.

7.- Conversaciones con Corea del Norte.  Se están vendiendo como un gran triunfo de Trump, que evitó un conflicto nuclear donde estadounidenses y algunos de sus más incondicionales aliados seguramente se verían afectados. Trump necesita esta imagen ante los votantes

8.- Guerra Económica. En cuanto a la guerra económica Trump necesita mostrar un éxito concreto que muestre al pueblo estadounidense que la misma está acorde a sus intereses y que esta no provocará un perjuicio económico para la población del país. Especialmente   China ha respondido a las sanciones con sanciones recíprocas y una ofensiva diplomática en distintos continentes que limita los intereses hegemónicos de Estados Unidos.

9.- Sanciones a IRAN y Rusia.  Debe tratar de convencer al electorado de que las sanciones impuestas a Rusia e IRAN, además de estar justificadas, no causaran perjuicio económico a Estados Unidos. La actitud de muchos países que a pesar de las sanciones mantienen buenas relaciones con ambas naciones y además se han interesado en sustituir a Estados Unidos en las transacciones comerciales con dichos países, le auguran a Trump una difícil tarea.

10.- Actividades contra Venezuela.   Los planes estadounidenses han tenido serias dificultades y el gobierno venezolano cada día da muestras de un mayor poder y dominio de la situación. Los países títeres que Estados Unidos esperaba utilizar contra Venezuela no han respondido, solamente le queda a Trump una intervención directa, lo cual pudiera afectar su popularidad y mostrarse como el generador de una nueva guerra, aunque para un grupo de ciudadanos  lo tomarían como una actitud propia de un estadounidense.

11.- Actividades contra Cuba.   La retórica agresiva contra Cuba continuará poniéndose de manifiesto, pues Trump considera que la misma le asegurará la mayoría de  votos en la Florida, un serio error del cual se dará cuenta cuando se publiquen los resultados electorales.  Trump necesita ganar la Florida y no debe sorprendernos todo lo que haga con eses fin, entre otras acciones el show montado en ONU, donde podemos decir que el tiro le salió por la culata.

En las elecciones de medio término tiene un gran poder los políticos locales, porque además en dichas elecciones se definen muchos asuntos que interesan  específicamente a una comunidad, pero no interesan a otra, no es el mismo tipo de campaña que una elección presidencial donde se realiza una campaña nacional por cada aspirante, en estas las campañas son locales.

No obstante todo esto, el poder de influencia del presidente un las elecciones de medio término no puede negarse, Trump está haciendo su trabajo y aspira a ganar las elecciones. Ahora debemos estar atentos a la repercusión de cualquier “sorpresa” proveniente de sus enemigos, como el informe que Meller está preparando y si el tiene con qué contestar dicha “sorpresa”.

sarahnes@cubarte.cult.cu