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viernes, 4 de septiembre de 2020

Entre ovejas te veas…



Por Carolina Vásquez Araya:

Nuestros gobiernos hablan de inmunidad de rebaño y nos envían al matadero. 
Entre los términos científicos para explicar los diferentes aspectos de la pandemia que nos tiene encerrados y temerosos, se ha comenzado a difundir el concepto de inmunidad de rebaño (o inmunidad de grupo) como una posible solución para detener la expansión del contagio con el virus SARS-CoV-2, nombre técnico del coronavirus responsable de la pandemia. Es la estrategia de emergencia ante la imposibilidad de realizar una campaña masiva de vacunación, dado que esa vacuna aún está lejos en el horizonte, o por lo menos inalcanzable para miles de millones de seres humanos en el planeta.


La inmunidad de rebaño, de acuerdo con un artículo publicado por los doctores Esperanza Gómez-Lucía y José Antonio Ruiz-Santa-Quitería, ambos investigadores del departamento de Sanidad Animal de la Universidad Complutense de Madrid, “se da cuando un número suficiente de individuos están protegidos frente a una determinada infección y actúan como cortafuegos impidiendo que el agente alcance a los que no están protegidos.”. Es decir, para que la estrategia funcione sin la aplicación de una vacuna –lo cual sería ideal- deben haberse contagiado de la enfermedad suficientes personas. Para más claridad, la mayoría de la población. Esto tendría el efecto de desarrollar una barrera inmunológica capaz de proteger a los más vulnerables; sin embargo para que esto suceda también debe haber transcurrido un largo tiempo, sobre todo en países que han aplicado y mantenido severas medidas de restricción.

Otra de las condiciones indispensables para garantizar el éxito de esta aparente solución de carácter colectivo, es poseer una infraestructura sanitaria sólida y eficiente capaz de atender los numerosos casos que se van a producir a partir de la apertura de las restricciones impuestas desde el inicio de la pandemia. Es decir, cuando todo el mundo comience a recuperar la dinámica normal de escuelas abiertas, restaurantes, bares, cines, centros de trabajo y demás, los contagios se multiplicarán de manera exponencial bajo la consigna de la inmunidad de rebaño, llegando con especial dureza a los segmentos de población susceptibles a sufrir la enfermedad con todos sus devastadores efectos: niñez desnutrida (alrededor del 50 por ciento de la población infantil en algunos países centroamericanos), adultos mayores con enfermedades crónicas, personas carentes de seguridad social y de medios para costear la atención hospitalaria.

En países cuya infraestructura y servicio sanitario han sufrido los embates de sistemas políticos y económicos opuestos a satisfacer las necesidades de la población con el objetivo de privilegiar a sectores empresariales de enorme poder, se carece de los recursos mínimos para aplicar una estrategia de tan elevado riesgo para las mayorías. De acuerdo con el documento mencionado, en el caso del Covid19, la inmunidad de rebaño se alcanza cuando el 70 por ciento de la población está protegida y, como indican sus autores, “la inmunidad de grupo, para ser eficaz, necesita que haya un único hospedador (en este caso las personas), que la infección se transmita de persona a persona (sin intermediación de vectores) y que la transmisión o vacunación induzca una inmunidad sólida. En el caso de SARS-CoV-2 no hay suficientes datos como para entender aún la epidemiología de la infección, y además el grado de inmunidad adquirido tras la infección está por determinar.”

En países como los nuestros, con gobernantes opuestos a apoyarse en la ciencia, no se puede hablar de “inmunidad de rebaño” sino de algo mucho más real y específico: el “sálvese quien pueda” de los incapaces.

El “sálvese quien pueda”, la consigna de los corruptos.
elquintopatio@gmail.com

viernes, 5 de junio de 2020

Y los pobres seguirán esperando…



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Según declaraciones del representante regional de la FAO, el mexicano Julio Berdegué, con la actual pandemia la cifra de latinoamericanos con hambre se va a elevar al menos en unos 20 millones. Se trata solo de una estimación temprana porque, de no controlarse durante este año la epidemia del Covid 19, las cifras podrían ser más críticas y alcanzar los ochenta o cien millones de habitantes. Es archiconocido que la letalidad de este nuevo virus es mucho menor que las de otras enfermedades o infecciones todavía siguen sin mitigación, porque en México y Centroamérica las diarreas matan todos los años a cientos de miles de niños, mientras el dengue, la fiebre amarilla y otras suman otro alto número de fallecidos en Brasil, Colombia y los países amazónicos en particular.


En Chile mismo, los desahuciados cada año por el virus sincicial o la influenza provocan más estragos que este virus de moda y que tanto le ha servido a las autoridades del país para imponer el estado de emergencia o catástrofe, confinar a la gente en sus casas y frenar, aunque sea por un tiempo, el descontento social que estaba a punto de tumbar al gobierno de Piñera, y poner en jaque a todo un sistema de escandalosa concentración económica, abusos contra la población y el evidente incremento de la corrupción, el narcotráfico y la delincuencia.

Vaya que sería bueno que el Gobierno y los medios de comunicación adictos al régimen, junto con alarmarnos a diario con las cifras de la pandemia, nos señalaran cuántos enfermos de cáncer fallecen todos los días y qué número de pacientes de otras enfermedades pierden fatalmente sus vidas por falta de atención hospitalaria y cirugías. Cuando ya eran alarmantes las estadísticas hasta el fin del año pasado.

La Moneda se ha propuesto convencernos de que el Coronavirus no distingue entre pobres y ricos y tampoco demasiado entre la edad de quienes ataca. Lo que es completamente falso puesto que no hay duda de que el virus se propaga mejor donde impera la pobreza y el hacinamiento, así cuando las condiciones del invierno se hacen más duras. Era de prever que donde vive una o varias familias en solo cuarenta o cincuenta metros cuadrados no hay mascarilla que pueda atajar la propagación del virus, salvo que el Ejecutivo aspire a que, además de los confinamientos, los pobres guarden silencio y dejen de comer. Medidas que no serían tan extrañas cuando ya a los mayores de 75 años se les ha prohibido salir de sus viviendas, una decisión que ha escandalizado en Europa, por ejemplo, donde los derechos humanos y sociales son mucho más considerados que en Chile.

De hecho, es cosa de sintonizar la propia televisión del país para encontrarse con testimonios que se les filtran a los obsecuentes reporteros, en la voz de quienes llevan varios días sin alimentarse, carecen de agua potable o solo cuentan con un baño para diez, quince o más personas. Por más que se les estén repartiendo cajas con algunas provisiones y enseres de aseo, antes que las forzadas cuarentenas estallen, como ya ocurre en algunas poblaciones donde el desempleo y la furia social se está propagando más que este endemoniado virus.

No pecamos de mal pensados en nuestra sospecha que los confinamientos decretados en las comunas más marginales de Santiago tuvieron por sobre todo la intención de impedir que los pobres concurran a los barrios pudientes de la Capital, ya sea para buscar trabajo o implorar asistencia alimenticia.  Levantados los confinamientos en donde viven los más ricos, las autoridades alcanzaron a jactarse de los buenos resultados obtenidos, hasta que se dieron cuenta de que las buenas cifras se revertían rápidamente con el retorno de las servidumbres y los dependientes de supermercados y tiendas, los que cotidianamente deben trasladarse de desde los barrios periféricos.

Pensamos que uno de los efectos positivos de la pandemia es habernos exhibido muy claro los vergonzosos niveles de nuestra desigualdad social, el verdadero rostro de la pobreza y de la miseria. Algo que era ignorado u ocultado por la clase política y los grandes medios informativos. En efecto, hasta a los faranduleros astros y estrellas de la Televisión los hemos observado conmovidos y derramando lágrimas ante las dramáticas imágenes de las poblaciones.

Sin embargo, parece muy difícil que los poderosos empresarios del país y multimillonarios como el propio Jefe de Estado abran sus abultadas billeteras para socorrer a los más necesitados. Salvo aquellas excepciones que reconocemos, pero que en ningún caso sus ayudas han ido más allá que donar donar algunos cientos de respiradores mecánicos o colaborar con determinados productos para las cajas que los alcaldes reparten en las zonas más críticas de sus comunas. En toda una faena, por lo demás, onerosa, compleja y lenta, cuando lo más apropiado era que las personas recibieran un subsidio que les permitiera adquirir directamente los productos más esenciales. Evitando que la limosna se haya convertido en la política oficial.

La sola idea de aprobar un impuesto patrimonial de solo un uno por ciento a las personas más ricas causó escozor en algunos parlamentarios, tanto como los irritara reducir sus millonarias dietas. En este sentido, debemos lamentar sin tapujos el mal gusto de la ex mandataria Bachelet que desde su encumbradísimo y bien remunerado cargo de las Naciones Unidas se permitió dar consejos al gobierno de Piñera, arriesgándose a que una destacada alcaldesa de derecha le recordara los dos enjundiosos sueldos que recibe por su cargo internacional como por haberse desempeñado como presidenta de la nación.

No nos sorprende que las declaraciones de la ex mandataria inmediatamente despertaran el apoyo de aquellos más fieles incondicionales que formaron parte de la desaparecida Nueva Mayoría. Tal vez en la esperanza que doña Michelle decida postularse por tercera vez a La Moneda, cuando no se aprecia en todos éstos ningún candidato presidencial que asome como posible y con alguna raigambre popular.

Lo mismo que también ocurre dentro del oficialismo cuando los más abyectos y oportunistas colaboradores de Piñera le profieren constantes y majaderas loas cada vez que se ufanan frente a cámaras y micrófonos. Después de que, en octubre pasado, con el Estallido Social, alcanzaron a darle las espaldas a fin de no ser arrastrados por él al descrédito popular. Resulta que este presidente empresario que hizo su fortuna atracando a un banco, y convirtiéndose en prófugo de la justicia, hoy, a propósito de la pandemia, pudiera ser que recuperara algunos puntos en su deteriorada imagen y salvara al centro derecha de deslizarse por el precipicio electoral.

Ni Pinochet, en los años más fieros de su dictadura fue capaz de concitar a tamaños rastreros en su entorno. Consta que entonces incluso varios de sus ministros y asesores, conscientes de su impopularidad, le desaconsejaron realizar el plebiscito que en definitiva le dio un contundente NO a su voluntad de permanecer en el poder.

Es posible que algunos piensen que el incremento de los pobres y el inevitable frenazo de nuestras economías podrían estimular las pretensiones de la autodenominada centro izquierda por retornar a La Moneda y retener una digna representación en el Parlamento y los municipios. Por el contrario, lo que sí nos parece alentador es que el pueblo siga con los ojos bien abiertos y, durante los momentos más críticos de esta pandemia, sea capaz de mantener su repudio al conjunto de la llamada clase política, proponiéndose la promoción de sus propios y legítimos representantes para hacerse cargo de la conducción de nuestro Estado.  Junto con alcanzar una Constitución verdaderamente democrática.

Esta parece ser la única posibilidad para que alguna vez pueda responderse la invocación pontificia en cuanto a que “los pobres no pueden esperar”. Aunque no hay duda de que en todo el mundo los más vulnerables y segregados continuarán muriendo de hambre, por las pestes, las guerras y la inhumanidad de los poderosos. Los mismos que descubren como otra gran oportunidad un virus que exige urgentemente vacuna y fármacos, los que sin duda alimentarían la usura de las entidades más inescrupulosas del planeta. Por ejemplo, los bancos y los grandes laboratorios médicos. Lo que explica que en todo el mundo se sospeche, incluso, que el Covid 19 fue un producto puesto deliberadamente en el mercado. Una poderosa arma de la nueva guerra fría entre las grandes potencias.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 20 de mayo de 2020

El liderazgo de China se consagra en esta coyuntura del coronavirus



Por Rolando Prudencio Briancon:

Se suele afirmar que las crisis son una oportunidad para reordenar las condiciones que generaron la misma. Vale decir que es un momento para poner orden al desorden. Suele suponerse también que las crisis son una oportunidad para la emergencia los liderazgos.

Es en ese sentido que las disputas de los liderazgos siempre son traumáticas, pues al ser la hegemonía el elemento que enfrenta a las potencias, no cabe comprender que éste no sea un factor de extrema explosividad, pues éste hecho no se produce nunca en condiciones normales, y menos fraternales, sino de una casi bélica disponibilidad, pues lo que está de por medio es la disputa de la hegemonía, y en este caso a nivel mundial como es lo que presenciamos hoy.



Así es como mientras Trump se entretuvo buscando en la China a un chivo expiatorio para exculparse sobre el origen de las responsabilidades del contagio del coronavirus, el gobierno de XI Jin Ping; más allá de responder velozmente a la emergencia sanitaria del Coronavirus, construyendo un hospital en menos de ¡10 días!, y revirtiendo la pandemia, en Wuan que fue donde comenzó el contagio, ha generado un proceso de acercamiento con todos los países para cooperar en esta pandemia.

En cambio en los EE.UU. el panorama de la pandemia fue pavoroso; no sólo por la cantidad de contagios y decesos a causa de la pandemia, sino porque de acuerdo a la lectura de la leyes dialécticas del materialismo, fue en su seno que se generaron las "contradicciones internas", como ha ocurrido, y aún continúan sobre el levantamiento de la cuarentena, que tiene a Frank Cuomo -alcalde de Nueva York- como el más férreo opositor, frente a Trump que es quien alienta el desconfinamiento irrestricto.

Así hasta ahora transcurría esta coyuntura de compula de la hegemonía a nivel Mundial, hasta que este fin de semana el presidente XI Jing Pin, ha hechos dos grandes anuncios, que como es obvio son un golpe de optimismo y del posicionamiento de su hegemonía. El primer es el anuncio que en el menor tiempo la China pondrá a disposición del planeta de la vacuna contra el Coronavirus como un "Bien Público Global". O sea, que no es sólo el hecho de tener lista la vacuna; sino que la misma será un "Bien Público Global", que ya corresponde a una concepción de un alto contenido comunista.

Pero además que, respondiendo al modelo comunista combinado de la China, el gobierno de Pekín ha anunciado que pondrá a disposición de los países afectados de 2000 millones de dólares apoyar a los países afectados por el coronavirus. Y si faltarán más elementos para entender que la hegemonía de los EE.UU., está en pleno proceso de desplazamiento, es el hecho que el mayor acreedor que tiene es justamente China, adeudado al gigante asiático ¡2 billones de dólares!

Vale decir que incluso este desplazamiento de la hegemonía, como en este caso es la estadounidense, cuenta hasta con sus propias paradojas, que es lo que suele caracterizar a los momentos como los que vive el mundo, y no sólo porque China es su mayor acreedor -lógica netamente capitalista- sino porque el presidente de la mayor potencia que ha tenido el mundo, como es Trump está hoy muy triste.

prudenprusiano@gmail.com

sábado, 21 de marzo de 2020

La infección por el coronavirus y su manejo político-social-económico por las élites y los Gobiernos


Por Rubén Alexis Hernández:
La infección por el coronavirus denominado COVID-19, declarada por la OMS como pandemia, es una lamentable realidad mundial, si bien genera suspicacia debido a su origen, en el contexto del actual panorama geopolítico y económico global, y la feroz guerra, por ahora comercial, entre Estados Unidos y China. En todo caso, haya sido intencional o no el inicio de la infección por el virus en cuestión, lo que sí es cierto es que el desarrollo de la pandemia es un tema de relevancia mediática mundial, y una situación crítica que va siendo aprovechada por los Gobiernos y las élites en pro de sus intereses, y por tanto en perjuicio de las masas.

Por desgracia la historia nos enseña que cada crisis o catástrofe en el pasado, debida a factores naturales, biológicos, sociales, económicos, o de otra índole, fue utilizada por los poderosos en su propio beneficio, y así seguirá ocurriendo mientras en el planeta haya una minoría dominante con apetencias egoístas. Más aún, para dichos poderosos ha importado un comino el bienestar de los caídos en situación de pobreza y miseria; para muestra un botón, y es que en el marco de la actual pandemia numerosos economistas, empresarios y políticos se han atrevido a señalar que es tan o más importante atender el ámbito económico-capitalista que el sanitario. ¡Vaya espíritu solidario ¡

A continuación, algunos elementos que indican claramente que la pandemia por el coronavirus COVID-19, está siendo utilizada nefastamente por las élites y los Gobiernos en sus propios beneficios:
1.- Si bien las epidemias y pandemias han afectado a individuos de cualquier estrato social-económico, es obvio que los ricos siempre han tenido la posibilidad de afrontar con mayor éxito las crisis sanitarias. En este contexto es indudable que los pobres han sido los más vulnerables, y en consecuencia la mayor cantidad de fallecidos ha correspondido a sectores marginados. En el marco de la pandemia por el COVID-19, las élites ‘matan dos pájaros de un tiro’: por un lado está siendo reducida “naturalmente” la población pobre y de edad avanzada, de poca utilidad a la economía capitalista, y por el otro lado se aprovecha para debilitar y fragmentar aún más el tejido social conformado por la mayoría.
2.- De lo anterior se desprende que crisis sanitarias como la actual son utilizadas por los Gobiernos para ejercer un mayor control y vigilancia social en medio del estado de emergencia, de alarma o de excepción, y aprovechar, por ejemplo, la ejecución de cuarentenas colectivas para desmovilizar y reprimir aún más a los pueblos en lucha contra los poderes globales. A esta hora se lleva a cabo en medio planeta una especie de toque de queda, y necesario o no para evitar una propagación mayor de la infección, lo cierto es que la pandemia está siendo usada con gran provecho por aquellos Gobiernos fuertemente criticados y denunciados por numerosos ciudadanos. Y evidentemente para lograr que la cuarentena sea cumplida con rigurosidad, no dudarán las autoridades en emplear la fuerza policial-militar de ser necesario, avalada por el marco legal.
3.- Con el cierre de fronteras terrestres, aéreas y acuáticas, crecerá a un nivel alarmante la xenofobia, y será bien manejada por los Gobiernos nacionales que han venido aplicando leyes anti inmigratorias estrictas y extremas por diversas razones. Cae como anillo al dedo para algunas administraciones de Europa occidental, América del Sur y para el Gobierno del “loco” de Donald Trump, que incluso ha aprovechado para acusar a China de ser la nación responsable de diseminar la infección por el mundo, y por tanto está utilizando la crisis sanitaria para incitar el odio popular en el hemisferio occidental hacia el gigante asiático y sus aliados (como Rusia e Irán), rivales de Estados Unidos, y a la vez está tomando medidas para intentar mantener la hegemonía norteamericana en el orbe.
4.- La enorme relevancia mediática de la pandemia por el COVID-19, ha logrado captar la atención de centenares de millones de seres humanos, además de hacerlos entrar en pánico y zozobra, logrando con esto las élites y los Gobiernos tener una cortina de humo y una justificación para decretar una serie de medidas, por lo general impopulares. Desde el punto de vista económico se están liberando los precios y haciendo recortes salariales y laborales, por ejemplo. Al fin y al cabo, para los poderosos lo primero es cuidar su economía y luego atender las necesidades de la mayoría.
5.- Ya que se hizo mención del aspecto económico en el párrafo anterior, considérese que la actual crisis ciertamente afecta a la economía capitalista en general, pero pronto se recuperará, según analizan diversos personajes ligados al mundo de los negocios. Por desgracia para lograr tal recuperación se pretende desde los Estados estimular al sector privado, con medidas como la inyección de fondos públicos y la reducción de las tasas de interés. Una vez más las empresas y corporaciones globales se beneficiarán con dinero estatal, y de igual manera seguirán enriqueciéndose a costa de la mano de obra y los consumidores, sin mejorar los salarios ni hacer inversión social. Los capitalistas, como siempre, obtendrán beneficios a mediano y largo plazo tras la crisis, mientras que los pobres cargarán sobre sus hombros con todo el peso de las consecuencias terribles post-crisis.
6.- Siguiendo con lo económico, la banca global será uno de los sectores más beneficiados, tal cual ha ocurrido luego de catástrofes desde siglos atrás. Se continuará enriqueciendo a costa del sufrimiento y la desgracia de la mayoría, y de la necesidad que tendrán los países de buena parte del mundo de refinanciar su deuda para recuperarse económicamente, sin importar el sacrificio a que someterán a su población para pagar esa deuda. Luego de la Segunda Guerra Mundial, con su doloroso saldo de muertos y heridos y devastación material, la banca estadounidense “apoyó” a media Europa mediante el famoso Plan Marshall, obtuvo enormes ganancias con el paso de los años, y de paso tuvo a los eurooccidentales a su merced hasta el día de hoy;  y con la crisis generada por el COVID-19 seguramente Estados Unidos volverá a tratar de beneficiarse y así recuperar de forma parcial su economía, pero también estarán la banca de China y de otras potencias procurando ofrecer sus servicios “desinteresados” para ayudar a las naciones que resulten más afectadas por la catástrofe sanitaria de turno.

7.-La Industria farmacéutica global será otro sector con importantes ingresos durante y después de esta crisis, en especial por la cantidad de medicamentos e insumos vendidos en todo el mundo, buena parte de ellos ineficaces para controlar y tratar la infección, que cede mejor con el reposo y la ingestión de abundantes líquidos. Más aún, las corporaciones globales de algunas potencias están en plena lucha frontal por llegar a tener la exclusividad de fabricar y vender la vacuna contra la infección originada por el COVID-19, y obviamente no podía faltar en este sentido Estados Unidos. En realidad, el ámbito sanitario a escala mundial es visto como un vulgar negocio desde hace mucho tiempo, siendo la farmacéutica una de las más prósperas industrias en el planeta, a la que por supuesto no conviene que la mayoría de la población esté sana.

www.rubenhernandezinternacional.blogspot.com

ruhergeohist@yahoo.com

sábado, 16 de marzo de 2019

El fraude constitucional sobre la aprobación del decreto de estado de alarma de la ANI (Asamblea Nacional Insubordinada).

Por Juan Martorano:

El pasado día lunes 11 de marzo de 2019, la ANI (Asamblea Nacional Insubordinada) dirigida por el doblemente usurpador y cachorro imperial, Juan “White Dog” convocó una sesión donde “aprobó” por propuesta de éste, una de las modalidades de estado de excepción previsto en nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y de la Ley Orgánica sobre estados de excepción, de acuerdo a la Gaceta Oficial ordinaria Nº 37.261 de fecha 15 de agosto de 2001.
Como un primer elemento que hay que señalar en estas líneas, y que hay que recordar, es que en el país desde hace rato, se encuentra vigente un Decreto de estado de excepción y emergencia económica por parte del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros.


Fue el 14 de enero de 2016 que el Primer Mandatario Nacional publicó por primera vez esta medida, y que la misma se adopta en el marco de la Constitución y el ordenamiento jurídico, la cual apareció en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela Extraordinaria Nº 6.214.
De ahí que el mismo ha tenido varias prórrogas, la más reciente, publicada en la Gaceta Oficial extraordinaria Nº 6.424 del decreto 3.736 de fecha 11 de enero de 2019. 

Este decreto de estado de excepción y emergencia económica constituyó la primera línea de defensa implementada por el presidente Nicolás Maduro, ante las incipientes medidas coercitivas unilaterales producto de la Orden Ejecutiva firmada por el entonces presidente de EEUU, Barack Obama, y la labor de destrucción del Estado- Nación y de conspiración en contra del Jefe de Estado venezolano que comenzaría a desempeñar para ese entonces la Asamblea Nacional de mayoría opositora que se instalaba el 5 de enero de 2016.

Importante es recordar, tal y como lo señala Juan Garay, que un estado de excepción, tal como lo define el artículo 337 de nuestra constitución, puede ser decretado por el Presidente o Presidenta de la República, en Consejo de Ministros, entendido éstos como la ocurrencia de anomalías de orden social, económico, natural, etc., que afecten gravemente la seguridad de la nación, las instituciones y a los ciudadanos y ciudadanas, a cuyo respecto resulten insuficientes las facultades de las cuales se disponen para hacer frente a tales hechos, y que exijan medidas especiales. En tal caso, podrán ser restringidas las garantías constitucionales salvo las referidas al derecho a la vida, y otras que están expuestas al final del artículo.

Evidentemente, el desechable “White Dog”, aprovechando el próximo vencimiento del referido decreto por parte del Presidente Maduro, y dada la ocurrencia del evento terrorista contra el sector eléctrico del pasado jueves 07 de marzo de 2019, quiso “picar adelante” y de ahí la convocatoria a una sesión especial por parte del parlamento en desacato e insubordinado, a fin de imponer las condiciones de la emergencia nacional, pero sobre todo, como requisito previo para la “autorización de una misión militar extranjera en el país”, que no es más que legitimar la invasión del ejército estadounidense sobre territorio venezolano, a través de una interpretación sesgada del artículo 187 numeral 11 del texto constitucional.
Pues bien, volviendo al tema de análisis objeto de este artículo, nos corresponde expresar las razones por las cuales consideramos que el “decreto de estado de alarma” del actual parlamento insubordinado es írrito y no tiene eficacia jurídica.

Importante es de recordar, que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece un sistema de pesos y contrapesos, y de controles entre las diferentes ramas del Poder Público, a nivel nacional, estadal, municipal y hasta el comunal, los cuales garantiza que cada una cumpla con sus atribuciones, y se colaboren entre sí, a fin de lograr los fines del Estado democrático y social, de Derecho y de Justicia, contemplado en el artículo 2 del texto constitucional.

Además de lo obvio, que el referido decreto de estado de alarma aprobado por el parlamento insubordinado no surtirá los efectos jurídicos por encontrarse éste en situación de desacato, además de ello, el mismo proviene de autoridad usurpada, por lo que sus actos son nulos, y sus impulsores e impulsoras incurren en las responsabilidades que están previstas en nuestro ordenamiento jurídico venezolano vigente.

Además de ello, cabe destacar algunos elementos procedimentales del mismo, de acuerdo a la propia Ley Orgánica sobre estados de excepción.
Por ejemplo, el artículo 26 del referido instrumento jurídico, señala que el decreto que declare el estado de excepción será remitido por el Presidente de la República a la Asamblea Nacional, dentro de los ocho días continuos siguientes a aquél en que haya sido dictado, para su consideración y aprobación. En el mismo término, deberán ser sometidos a la Asamblea Nacional los decretos mediante los cuales se solicite la prórroga del estado de excepción o de aumento del número de garantías restringidas.

Si fuere el caso de que el Presidente o Presidenta de la República no diere cumplimiento al mandato establecido en el artículo antes citado y en el lapso previsto, la Asamblea Nacional puede perfectamente pronunciarse de oficio.

El artículo que le sigue, el 27, expresa que el decreto que declare el estado de excepción, la solicitud de prórroga o de aumento del número de garantías restringidas será aprobado por la mayoría absoluta de los diputados y diputadas presentes en la sesión especial que se realizará, sin previa convocatoria, dentro de las 48 horas de haberse hecho público el decreto.
Asimismo, si por caso fortuito o fuerza mayor la Asamblea Nacional no se pronunciare dentro de los ocho días continuos a la recepción del decreto, éste se entenderá aprobado.
La cuestión es: Si el decreto que el “presidente interino” Juan Guaidó se hizo público el lunes 11 de marzo de 2011. ¿Cómo es eso que el parlamento nacional “aprueba” el mismo en la misma fecha? ¿En qué archivo consta   la recepción del referido decreto por parte del parlamento?

Pero sobre todo: ¿Dónde está la firma de Juan Guaidó, y con la de él, la de su Consejo de Ministros, que avalen el referido decreto? Cabe recordar que el artículo 236 de nuestra Carta Magna, referido a las atribuciones del Presidente o Presidenta de la República, en su primer aparte le señala que el Presidente o Presidenta de la República ejercerá en Consejo de Ministros las atribuciones señaladas en los numerales 7, 8 , 9, 10, 12, 13, 14, 18, 20, 21, 22 y las que le atribuya la ley para ser ejercidas por igual forma.

El numeral 7 del artículo 236 constitucional le concede como atribución al Presidente o Presidenta de la República la potestad de declarar los estados de excepción y decretar la restricción de garantías en los casos previstos en la Constitución.
Ciertamente, y este ejercicio de suposiciones, de conformidad con el artículo 236.7 el Presidente o Presidenta de la República está autorizado o autorizada a decretar por su cuenta los estados de excepción y la restricción de garantías contempladas en el artículo 337 al 339 de la Carta Magna, y el mismo presentarse ante la Asamblea Nacional para su aprobación, y a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, para que se pronuncie sobre su constitucionalidad. 

La Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia decidirá sobre la constitucionalidad del decreto de estado de excepción dentro de los diez días continuos contados a partir de la recepción del recibo de la comunicación del Presidente o Presidenta de la República o del Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional, o del vencimiento de los ocho días continuos previstos en el artículo 31 de la Ley Orgánica sobre estados de excepción, siguiendo el procedimiento previsto en el referido instrumento legal.

Si la Sala Constitucional no se pronunciare en el lapso establecido, los magistrados y magistradas que la componen incurrirán en responsabilidad disciplinaria, pudiendo ser removidos y removidas de sus cargos de conformidad con el artículo 265 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Teniendo en cuenta estas consideraciones, cabría señalar lo siguiente:
1.- ¿Dónde está la comunicación dirigida por el actual parlamento nacional dirigida a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia sobre el acuerdo donde se aprueba el decreto de estado de alarma del “White Dog”?
2.- ¿Dónde está la publicación en Gaceta Oficial del acuerdo parlamentario de la ANI (Asamblea Nacional Insubordinada) que le ordena el artículo 30 de la Ley Orgánica sobre estados de excepción, así como su difusión en el más breve plazo, por todos los medios de comunicación social, al día siguiente en que haya sido dictado, si fuere posible?
3.- Pero sobre todo, y por algunas informaciones que manejamos: ¿Habrá tenido dicha sesión especial el quórum requerido para sesionar? ¿Tendrá validez la sesión especial del lunes 11 de marzo de 2019 del parlamento nacional?.

En resumen, y por todas estas consideraciones jurídicas y políticas, la aprobación por parte de la ANI de este decreto de estado de alarma es írrito, nulo de nulidad absoluta, y es más una acción propagandística para justificar un escalamiento en las acciones injerencistas tendientes a incrementar la inestabilidad política, el caos e ingobernabilidad, que actúa como argumento de la narrativa que legitime una acción armada más directa por parte de EEUU sobre territorio venezolano.

Como conclusión a todos estos planteamientos, se busca propiciar una crisis política a través de la utilización de los mecanismos de participación popular y constitucional. Pero afortunadamente, disipando estas dudas, y por el sistema de pesos y contrapesos de nuestra Carta Magna, serán derrotadas tales pretensiones, porque estamos blindados.
Y otra razón más para disolver esta Asamblea Nacional Insubordinada, y dotarnos de un parlamento que esté a la altura de las necesidades del país, y del tiempo histórico que vivimos.
¡Leales siempre! ¡Traidores, nunca!

¡Bolívar y Chávez viven, y sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!

jmartoranoster@gmail.com