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domingo, 5 de septiembre de 2021

Crece la necesidad de Trabajo, Tierra, Techo, Salud y Educación

  Por Sergio Ortiz: 

Bajan los contagios y muertes por covid. 

MEJOR DOS DOSIS

No todas son pálidas en la Argentina golpeada por la pandemia y antes y durante esa crisis sanitaria por las políticas del imperio y los monopolios, en particular en los cuatro años de sus representantes políticos en el gobierno (2015-2019). Los datos del último sábado, donde los contagios fueron 3.725 casos y las muertes 54, consolidaron una caída apreciable en esa estadística de la que la gente está tan pendiente como de la inflación mensual.  

Es alentadora aquella baja (no ésta, que sigue en el 3 por ciento mensual). El mejoramiento de la situación sanitaria tampoco fue magia. Es el resultado del cuidado de la gran mayoría de la población, que no festejó cumpleaños en los tramos más duros del 2020. 

Y también es fruto de la campaña de vacunación, porque hay 30 por ciento de población vacunada con las dos dosis. Si bien no se cumplió exactamente el plan del ministerio de Salud de Carla Vizzotti, de que el mes de los vientos sería el de la segunda dosis, sí se ha avanzado. Las demoras no fueron responsabilidad del gobierno nacional ni de los provinciales, en lo esencial, sino de los laboratorios, de un cumplimiento laxo de los contratos firmados y en buena medida pagados. 

No hay que relajarse ni bajar la guardia frente a la variante Delta, si bien hasta ahora ha tenido poca circulación. Además no hay mucho para festejar, porque los 5.171.458 argentinos y argentinas contagiadas y el recuerdo de los 11.324 fallecidos nos lo reprocharían, con toda razón. 

Además de seguir cuidándose y vacunándose a mayor velocidad, hay tres conclusiones políticas sobre esta batalla sanitaria y para que otras pandemias nos encuentren en mejor situación. 

La primera es que nunca más se debe admitir un ajuste neoliberal en Salud, su ministerio, sus planteles y salarios de médicos y personal de Salud, hospitales e insumos, etc. Sería muy estúpido tropezar dos veces con la misma piedra macrista. 

La segunda es que el país debe tener sus vacunas, nacionales y producidas por el Estado, no por monopolios privados asociados a multinacionales (caso de Insud subordinado a AstraZeneca). Vacunas pensadas, probadas y fabricadas por los investigadores del Conicet, Hemoderivados, Universidades nacionales y un laboratorio estatal a crearse urgente. Hubo y hay proyectos en marcha con científicos del Conicet, pero el Estado y el gobierno del FdT no les dieron suficiente apoyo ni presupuesto, con la antelación suficiente. 

La tercera necesidad es un nuevo sistema integrado de Salud, donde el sector público sea hegemónico y no las prepagas dirigidas por Swiss Medical. Podrá haber un segmento privado y obras sociales, pero éstas no como colectoras de dinero de las privadas y de las cúpulas cegetistas. 

¿Un proyecto así es viable? Por supuesto que sí, pero no está en los planes albertistas, tibios y claudicantes en su ADN. 

TRABAJO, QUIERO TRABAJO

Así cantaba Atahualpa Yupanqui: “Trabajo, quiero trabajo. Las entrañas de la tierra, Va el minero a revolver, Saca tesoros ajenos Y muere de hambre después”. 

Esa canción pinta el contraste entre la riqueza patronal, de la minería, y la pobreza de esos trabajadores. El tema de don Ata no figura en los medios hegemónicos de la oposición ni en los oficialistas. Al contrario, en las visitas electorales del presidente a San Juan y Catamarca se reiteraron sus panegíricos de la minería y el proyecto extractivista que tiene a Chubut como el Messi de la categoría. Eso va en contra del grueso de la población que vive allí y sufre en la salud propia las consecuencias de esos negocios. 

Las estadísticas son relativas: si un pollo fue comido por una persona en una mesa de cuatro, dirán que cada uno masticó el 25 por ciento. Y así el gobierno en campaña agita números de una recuperación económica seudo vigorosa. 

Algunos ejemplos que expone, y que amplifica Página/12, dan risa. Por ejemplo que la cadena de pizzerías estadounidense Sbarro va a abrir varias sucursales de acá a 2025. Primero, que ese es un largo plazo y en él “estaremos todos muertos”, como dijo John Maynard Keynes. Segundo que ahora abrió una pizzería y tomó 45 empleados con una módica inversión de 15 millones de pesos. Tercero, las pizzerías grandes que cerraron en esta pandemia fueron más y hubo miles de emprendimientos familiares que florecieron, no tanto por el amor a la muzzarella sino por necesidades. Y eso es más importante que la cadena norteamericana que llega como si fuera salvadora del empleo. Por último, los argentinos saben hacer y comer una gran variedad de pizzas; Sbarro no aportará ninguna tecnología de punta. 

Otro caso polémico de patrones que emplean más gente es el de Mercado Libre, que tomaría 1.200 empleados. Se omite lo denunciado por Juan Grabois en 2019: Marcos Galperín engorda sus ganancias al no pagar impuestos por actividades que calificaban como financieras y bancarias. Ahora el súper millonario luce como un patriota. Según Forbes es el más rico de acá, con 6.100 millones de dólares, en el puesto 440 del ranking mundial. 

Hasta el ministro Matías Kulfas admite que la recuperación económica, que él infla mucho, va por delante de la recuperación del empleo. Según el INDEC (24 de junio pasado), la economía creció el 2,5 por ciento en el primer trimestre de 2021. Y la tasa de desempleo sólo disminuyó 2 centésimas, al bajar en ese mismo lapso del 10,4 al 10,2 por ciento. En la industria se habían perdido 160.000 empleos en los últimos años y según Kulfas se recuperaron 25.000. Nada que festejar. 

A partir de allí se abrió un debate, incluso al interior del oficialismo, con el proyecto de diputados de origen sindical, como Hugo Yasky y el precandidato de los bancarios, Sergio Palazzo, de reducir las horas de trabajo sin achicar salarios, para ofrecer más puestos y paliar el desempleo. 

Kulfas, Martín Guzmán y líderes del FdT como Sergio Massa, le bajaron el pulgar, cediendo ante la resistencia de la Unión Industrial “Argentina” de Daniel Funes de Rioja. El proyecto quedará “para más adelante”. O sea, otro asunto vital reservado al largo plazo, con el riesgo de que estemos todos desocupados sino muertos. Y el tema de Atahualpa no sonará completo en Radio Mitre ni siquiera de breve cortina en TN. 

NO SÓLO DE PAN VIVE EL HOMBRE

Este debate sobre cómo aumentar el empleo es un asunto de vida o muerte, sin olvidar que la realidad es mucho peor que las cifras meneadas por el INDEC pues se ciñen a los trabajadores registrados. Quienes se desempeñan en la economía informal, hacen changas o cobran el Potenciar Trabajo de 12.636 pesos, están mucho más sumergidos en la pobreza. Y eso explica los 2.400 piquetes habidos entre enero y julio de este año; para ese vasto universo la recuperación es brisa o burla. 

Bajar las horas de trabajo con igual sueldo es una buena iniciativa, aunque sin viabilidad por la resistencia de las grandes patronales y la cobardía gubernamental. 

Y aún si prosperara, ojalá, sería un paliativo. Los laburantes que trabajen menos horas seguirán cobrando en promedio 40.000 pesos cuando la canasta básica total es de 67.000. Y los nuevos trabajadores percibirán aún menos y en condiciones de precariedad, que podrían acentuarse si prosperan proyectos de reforma laboral. Una ya cuenta con el visto bueno del ministro Juan Zabaleta, de Desarrollo Social: productores agropecuarios tomarán a empleados del Potenciar Trabajo y pagarán sólo una parte del salario pues el Estado seguirá con lo suyo. 

Florencio Randazzo ha propuesto algo igual para las Pymes: que el fisco siga pagando esos planes sociales y los empresarios tomen a esos laburantes y les saquen toda la plusvalía, con el extra de aquel salario afrontado por el Estado. 

Una grandísima pena que estos asuntos tan importantes no sean debatidos en la campaña a las PASO, salvo por algunos candidatos trotskistas minoritarios o por kirchneristas que en este punto no se subordinan al discurso de AF y los silencios de Cristina. 

Bajar las horas trabajadas sería positivo, a condición que la economía que surja no sea la misma de hoy, dominada por los monopolios. Ese futuro no sería tal si Galperín, Magnetto, Rocca, Toyota, Molinos, Carrefour, Arcor, Edenor, Aceitera General Deheza, Macro, Santander y otros pulpos siguen dominando la escena. Seguiría la tragedia, sólo que ellos tendrían más empleados y ganancias que hoy. Las penas seguirían siendo nuestras y las vaquitas, las minas, las fábricas y los bancos, ajenos. 

No sólo de pan vive el hombre. La cultura y las ideas alimentan el alma y pueden orientar mejor la actuación política. Y eso demanda medios públicos y comunitarios de difusión, con canales, radios, diarios, redes, Internet, cine y libros que no sean dominados por Clarinete y Cía. 

En esto hay un gran retraso e incluso retroceso respecto a gobiernos kirchneristas anteriores, donde se intentó avanzar con la ley de servicios de comunicación audiovisuales, pese a la oposición de la derecha política, mediática y judicial. 

Ahora ni siquiera hay eso. El viernes 27 las radios comunitarias marcharon a la sede de la ENACOM para reclamar licencias, pagos de FOMECA y puesta en práctica de aquella ley mutilada por el macrismo. 

El gobierno está en deuda con esos medios, esa gente y hasta sus propios intereses, porque es uno de los lesionados por la insidiosa y/o mentirosa campaña de esos medios concentrados. Los Fernández ponen la otra mejilla y reciben una piña más, aunque les apuntan al corazón. Esta película ya la vimos. Será cuestión que los espectadores se levanten de sus asientos y salgan a la calle a exigir una solución antiimperialista. Como se decía en la crisis del 2001: apagá la tele y salí a la calle. 

ortizserg@gmail.com

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Unidad nacional es bonita palabra: ¿con quién y para qué?

  Por Sergio Ortiz: 

La crisis sanitaria, económica y política, nacional e internacional, mueve a ideales de unidad. Unidad y democracia son bellas expresiones, pero en su nombre se cometen muchos crímenes. ¿Unidad con quién y para qué?

Ayer se contabilizaban acá 1.16 millón de contagiados de Covid-19 y más de 30.000 muertos. Para seres humanos, esas cifras eran estremecedoras; para políticos que llevan adentro un enano fascista de la altura de lungos de la NBA, fue buena para burlarse de los 30.000 desaparecidos de la dictadura.

La realidad es aún más ominosa, porque esos números -por distraídas miradas políticas y estadísticas demoradas – no son exactos. La Ciudad de Buenos Aires gobernada por el PRO tuvo que sumar 749 fallecidos que no había incorporado y hace poco tiempo Buenos Aires hizo lo mismo con 3.500 fallecidos.

Aunque el rebrote en Europa haya desplazado a Argentina del quinto lugar del podio mundial, ser 6-7-8 tampoco es un halago.

Sobre todo, luego que el gobierno nacional presumiera de sus números como que estaban entre los mejores del globo. Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces…

La estrategia sanitaria de Alberto Fernández ha entrado en crisis y está ultra pendiente de la vacuna, como remedio mágico. La epidemia sigue moviéndose a sus anchas, sin el párate drástico por tres semanas que le propusieron reconocidos médicos como Oscar Atienza.

Por eso se explica el viaje de Carla Vizzotti a Moscú, para ver si los rusos tienen pronto la Sputnik V, una vez que cesaron los fuegos artificiales de que acá iban a fabricarla Astra-Zéneca-Oxford-Fundación Slim-Insud. Pasaron cosas…

La Sputnik V fue la primera en su tipo y el gobierno de Vladimir Putin ya pidió su homologación, superada su etapa 3, pero eso no significa que Argentina la vaya a tener tan pronto. Eso sería en el primer semestre de 2021, no ya. Eso es mediano plazo y en ese lapso no estaremos todos muertos, parafraseando a John Keynes, pero sí habrá varios miles más que los actuales 30.000.

En su conocida última carta, la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner definió que «el problema de la economía monetaria es, sin dudas, el más grave que tiene el país y es de imposible solución sin un acuerdo que abarque al conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales de la República Argentina». 

Éste es el meollo de su misiva pública y no tanto el apoyo que dijo sentir Alberto Fernández ni los palos que recibieron «los funcionarios que no funcionan» o las menciones de CFK a quienes antes la criticaban (AF), escribían libros en su contra (Vilma Ibarra) o le deseaban la cárcel (Sergio Massa). El punto clave de la reflexión gira en torno al problema central de Argentina y la posible solución.

¿Bimonetarismo o monopolios?

Para la expresidenta el problema más grave es el dólar, su precio y presión devaluadora. Sin duda es algo muy serio, como que la semana anterior el blue llegó a los 195 pesos y en la que termina bajó 26, dando un respiro.

Sin embargo es una obviedad que la culpa no es del dólar billete sino de quienes lo atesoran, especulan, fugan y cometen delitos usando de ese poder financiero. El cronista no pone en la mira -como se desprendió de algunas declaraciones y medidas del oficialismo – a los argentinos que compraban el dólar ahorro, 200 por mes. Ni siquiera el foco es contra los arbolitos y delincuentes que habitan en cuevas de la City. Estos últimos son como los flecos del poncho.

Si de dólares se trata el foco hay que ponerlo en los súper millonarios y grandes empresas que fugaron 86.200 millones en los cuatro años de Mauricio Macri, con Alfonso Prat-Gay, Luis Caputo, Nicolás Dujovne, Carlos Melconián y otros exfuncionarios.

Lo que Cristina llamó bimonetarismo no debería reducirse a una cuestión dineraria o financiera. Es un reflejo de algo mucho más profundo: las estructuras económicas y políticas del capitalismo dependiente argentino.

Este sistema injusto pone el poder en manos de los monopolios nacionales y extranjeros, en cuanto a la industria, las finanzas, el comercio exterior, buena parte de la producción agrícola, etc. Esto es así en los negocios de vieja data como en los de las modernas tecnologías. Acindar y Techint en la siderurgia; Banco Río, Santander, Galicia y Macro en las finanzas; Molinos, La Serenísima y Arcor en alimentos; Cargill, Cofco, Bunge, AGD y la delincuencial Vicentín en exportación cerealera; Shell, Total, Tecpetrol, Panamerican y otras multis en petróleo; Pampa Energía y Edesur en electricidad; Ford, Renault, Fiat y Toyota en las automotrices; Wal Mart, Carrefour, Coto y La Anónima en supermercadismo; Grobocopatel y Adecoagro en la producción sojera; Benetton y Lewis entre latifundistas; Clarín en medios, televisión y telecomunicaciones; Mercado No Libre de Galperín en ventas Online, etc.

Parodiando a Bill Clinton y su eslogan de su victoriosa campaña contra Bush padre: «Son los monopolios, estúpido». 

A la luz de sus declaraciones, el presidente Fernández no tiene mucha idea de contra quién hay que lidiar y mucho menos lo guía un modelo de referencia para forjar una Argentina más justa y libre, ni hablar de soberana.

Es que, mucho antes del consejo acuerdista y erróneo de su vicepresidenta, él venía cortejando a los factores de poder, para llamarlos con elegancia a los susodichos monopolios. Se recuerdan sus almuerzos y comparendos con la mesa chica de la Asamblea Empresaria «Argentina», Unión Industrial «Argentina», Mesa de Enlace Rural, Consejo Interamericano de Comercio y Producción. Y últimamente con las principales petroleras y con los monopolios del Coloquio de IDEA.

Allí anida el «Círculo Rojo» del poder económico y financiero. Y con él anduvo anudando acuerdos el ministro Martín Guzmán, sobre todo buscando que estos sectores liquidaran divisas de las exportaciones. Lo dijo un diario oficialista como Página/12 y no en tono de crítica: Guzmán activó sus reuniones con el «Círculo Rojo».

Linda palabra, crímenes en su nombre

Fruto de esa franela, más la venta de bonos y licitaciones por 750 millones de dólares, Economía logró esta semana una baja en el dólar blue. La presión devaluacioncita disminuyó un poco, pero el problema no fue resuelto. Tan es así que la expectativa gubernamental para no devaluar es llegar a marzo de 2021 y que entren más dólares por la cosecha. Eso -como se vio hasta el hartazgo – depende de la voluntad política del lobby sojero y los pulpos agroexportadores.

Como puente para llegar a esa fecha, Fernández y Guzmán quieren abrochar cuanto antes el acuerdo con el FMI e incluso, cosa que antes descartaban, pedir el último tramo del crédito a Macri, no desembolsado.

Con esta obligada síntesis, de cierta superficialidad, el lector tendrá una idea de por qué el gran problema no es tanto el dólar sino las minorías y monopolios que lo detentan y especulan. Tal la diferencia con el diagnóstico cristinita.

Su convocatoria a una «unidad nacional» con empresas, políticos, medios y demás sectores es más de lo mismo que viene haciendo el presidente Fernández desde su asunción.

AF fue a todos esos encuentros con representantes de los monopolios, hizo recibir por Economía y otros ministros a las delegaciones del FMI, planteó a la UIA y CGT un Pacto o Consejo Económico y Social; hizo las paces con Paolo Rocca y Héctor Magnetto, bajó las retenciones a las exportaciones de granos y la minería, prolongó por cuatro años los subsidios a las empresas de biocombustibles, pisó el freno sobre el ex impuesto a las grandes fortunas y la expropiación de Vicentín, redujo al mínimo la llamada «reforma judicial», buscó la amistad con Horacio Rodríguez Larreta y Gerardo Morales, en Diputados Massa postergó la reunión con movimientos de mujeres por ley del aborto, la cancillería votó en contra de Venezuela en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, etcétera. 

Y algo gravísimo sucedió el jueves 29, que podría llamarse el Día de la Oligarquía. En Guernica la policía de Axel Kicillof, comandada por el fascistoide Sergio Berni, desalojó violentamente a muchas familias pobres y sin techo. Y en Entre Ríos una jueza de Paraná ordenó el desalojo policial de «Casa Nueva» en detrimento de Dolores Etchevehere y el proyecto Artigas, y en beneficio de los agrogarcas varones Etchevehere y en general la Suciedad Rural.

El contubernio de jueces, policías y gobernadores no se limitó a violar los derechos humanos, con detenciones y heridos, sino que consolidaron la aludida injusta estructura económico-social monopólica.

Llama la atención que Cristina, que supo lidiar tanto con Clarín por la ley de medios, ahora recomiende un acuerdo con este y otros monopolios. El 12 julio pasado ella elogió la nota de Alfredo Zaiat en Página/12, donde se desnudaba «al mundo empresario concentrado, que desde hace más de 40 años ha intensificado el combate contra el proyecto de desarrollo nacional». ¿Ahora les propone un acuerdo? La unidad con todos no sirve ni contra el Covid-19 pues Macri ya le dijo al presidente que «van a morir todos los que tengan que morirse».

Pedir al establishment que tenga buen corazón es un camino trillado. Su víscera más sensible es el dólar y cuentas offshore. La unidad que vale la pena es nacional, democrática y popular, con los de abajo y del medio.

ortizserg@gmail.com

sábado, 6 de junio de 2020

Política en tiempos pandemia


  
Por Eduardo Contreras: 
La crisis sanitaria que se vive y que afecta al mundo entero tiene obviamente una gran importancia para la vida de todos los pueblos y produce consecuencias en el ámbito de la política.

La insólita situación que por este tiempo se vive nos muestra la similitud de las causas y efectos del fenómeno, pero por otra parte nos enseña la diferencia de sus consecuencias según sea la estructura política, económica y social del país específico de que se trate.



No es la misma la situación en los países de estructura capitalista, como el nuestro, Chile, con un Estado sin recursos ni facultades en las más importantes áreas de la vida social, que en aquellos que optaron por el socialismo o en aquellos en que, a lo menos, mantienen la existencia de un Estado dotado de recursos y facultades amplias, importantes, fuertes, en áreas como la Salud, la Educación, la Economía, el Comercio, la Previsión, el Transporte.

Es decir, aquellas sociedades que son hoy tal como lo era nuestro país, Chile, desde finales de los años 30 del siglo pasado hasta el 11 de septiembre de 1973. Aquel oscuro día en que el gobierno norteamericano, el gran empresariado nacional y los altos mandos de las Fuerzas Armadas pusieron fin a ese tipo de sociedad para instaurar un modelo absolutamente desigual,

Un modelo de acumulación de recursos en favor de unos pocos grupos privilegiados, descartando absolutamente el apoyo estatal a las mayorías nacionales precisamente en las materias esenciales como son la Salud, la Educación, la Previsión, la Economía, etc…Y que sigue siendo hoy el mismo tipo de sociedad en nuestro país. El de los Chicago Boys, el de Pinochet, el de Jaime Guzmán, el del gobierno norteamericano, el de la derecha criolla y de aquellos que, bajo una túnica de aparente progresismo han mantenido ese nefasto modelo hasta hoy.

Nunca debemos olvidar que Pinochet no fue derrocado. Todos sabemos que en momentos en que la lucha popular antifascista alcanzaba importantes niveles de masividad, de combatividad y de fuerza, se produjo el nefasto acuerdo entre la dictadura y los sectores opositores signados por la ideología burguesa. Fue el acuerdo de esas fuerzas el que cambió la dictadura por un régimen formalmente democrático y en consecuencias lo que vino después fue el resultado de ese compromiso político entre los sectores y organizaciones que fueron los golpistas del 73 y aquellos partidos políticos y fuerzas sociales que optaron por negociar ante el riesgo cierto en esos años  de un salida popular, realmente democrática y partidaria de un nuevo modelo de sociedad.

Desde entonces, nada importante ha cambiado. Buen ejemplo de los tiempos políticos que se vive es el llamado a acuerdos políticos que por estos días hacen juntos José Miguel Insulza, supuestamente “socialista” y Mario Desborbes, líder de la derechista Renovación Nacional. ¿?

No es el objeto de esta breve nota, pero por cierto para conclusiones rigurosas no se debe prescindir del análisis objetivo de lo que fueron los gobiernos de la Concertación. En síntesis, nuestra opinión es que fueron la continuidad del modelo impuesto por la dictadura, pero sin la extrema violencia de entonces.

En un contexto tal, no ha sido casual la magnitud y claridad del llamado “Despertar” socio político iniciado en octubre del año pasado y que no hay duda alguna que continuará. Con razón se dijo entonces “No se trata de 30 pesos sino de 30 años de injusticias”

Es el categórico ¡Basta! a una situación insoportable. Se trata nada más ni nada menos que el firme propósito de poner fin a un modelo ultra reaccionario establecido en favor de los poderosos grupos económicos nacionales y extranjeros y en contra de los legítimos derechos del pueblo trabajador. Por tanto, estos tiempos de pandemia - aun en las difíciles condiciones que se vive y las limitaciones impuestas por los medios de comunicación de los dueños del país – son y deben seguir siendo tiempos para el debate de ideas, para la organización del descontento.

Cada sector ha mostrado su cara real, Ahí están los pseudo “demócratas” que corren a firmar acuerdos con Piñera y su montonera gobernante. Es la búsqueda incesante de la mantención de los privilegios. Es evitar a toda costa que el Estado recupere su función rectora en la Economía nacional.

Han llegado a plantear que se ayude al salvataje de LATAM usando recursos de las AFP, es decir los fondos de los pensionados y pensionadas de este país para sostener y salvar al pequeño grupo de empresarios, nacionales y extranjeros, que se han aprovechado de la privatización, hecha por la Concertación de la que fuera una gran empresa aérea del Estado.

A su turno, aprovechándose también de esta enrarecida situación, varios de los condenados por sus brutales crímenes en dictadura han presentado recursos ante el Juzgado de Garantía de Colina, Piden sustituir las penas privativas de libertad por arresto domiciliario mientras dure la emergencia sanitaria por COVID-19. Entre ellos figuran criminales de la talla de Crisóstomo Ferrada Carrasco, de Pedro Espinoza Bravo de Raúl Iturriaga Neumann. Y si bien esos amparos fueron inicialmente rechazados, los condenados dedujeron recursos ante la Corte de Apelaciones de Santiago

Nada es como en tiempos sin pandemia. Pero en esencia todo es igual en relación a los conflictos de clase, a las contradicciones principales. Lo que se advierte es su agudización y la inminencia del rebrote de descontento y de la lucha popular.

eduardocontreras2@gmail.com

miércoles, 1 de abril de 2020

Covid-19, el neoliberalismo y la destrucción de la salud pública



Por Aram Aharonian: 
El coronavirus ha dejado a la intemperie el drama social producto de años de neoliberalismo. La profunda crisis del sistema ha desempeñado su papel en la salud pública socavada por la política de austeridad que simplemente no puede con la enfermedad siquiera en los países europeos más “civilizados”.
Transitó el mundo occidental años de haber dejado de financiar la salud pública, de aceptar la coexistencia del sector privado -con la consecuente cofinanciación o subvención a las empresas privadas nacionales o trasnacionales- y haber transformado a los hospitales en empresas médicas, y la pandemia muestra los resultados inevitables.


El mundo globalizado de hoy está afectado no solo por el coronavirus sino por numerosas enfermedades de naturaleza económica y social, como las desproporciones desordenadas del “mercado libre”, la pobreza en gran escala, la creciente desigualdad social, el atraso crónico en el desarrollo, las enormes lagunas en la educación e, incluso, los rudimentos del fundamentalismo religioso junto a una corrupción constante.

La Organización Internacional del Trabajo prevé aumento en los índices de pobreza, desempleo y subempleo, como impacto de la pandemia y señala que 25 millones de personas podrían perder sus trabajos, superando las cifras de la crisis financiera del 2008-2009, que significó un incremento de 22% de desempleados. El impacto será devastador para los trabajadores que ya se encuentran o están cerca del umbral de pobreza.

Entre sanitaristas y privatistas
La crisis sanitaria actual paradójicamente  ha dado punto final al entrevero histórico  entre sanitaristas y privatistas. La evidencia es la propia realidad: ante una crisis sanitaria de   magnitud como la actual no se puede responder con mecanismos de transacciones de oferta y demanda, sino solo con una enérgica intervención pública.

Desde la década de 1980  el mundo ha vivido en un estado permanente de crisis. “Por ejemplo, la crisis financiera permanente se utiliza para explicar los recortes en las políticas sociales (salud, educación, bienestar social) o el deterioro de las condiciones salariales. Se impide, así, preguntar por las verdaderas causas de la crisis. El objetivo de la crisis permanente es que esta no se resuelva, señala Boaventura de Souza Santos.

Los objetivos – en favor del club de los más poderosos-  son los de legitimar la escandalosa concentración de riqueza e impedir que se tomen medidas eficaces para evitar la inminente catástrofe ecológica. “Así hemos vivido durante los últimos 40 años. Por esta razón, la pandemia solo está empeorando una situación de crisis a la que la población mundial ha estado sometida”, añade.

El  neoliberalismo desde la década del 1970,  centró su penetración ideológica en un discurso simple pero atractivo: la “libertad de elegir”, es decir  una economía de mercado sin restricciones guarda todos los secretos de eficiencia y justicia distributiva.

En forma complementaria el discurso neoliberal refirió otra simplificación explicativa: todos los crecientes problemas de las economías (desocupación, marginación, diferencias, polución,  abismales de ingresos, injusticias, inmovilidad social, sobre endeudamiento, etc.) serían debido a la presencia activa  del Estado en actividades .

Todas las actividades  “podrían ser hechas  mejor y con mejores resultados” por el sector  privado, sin pensar la existencia de contradicción alguna entre su afán de mayor lucro y los resultados sociales injustos o desbalanceados. Una de las áreas en las cuales puso la mira  vehemente pie la inversión privada en los últimos años fue el de la salud.

 El derecho básico universal a la salud pública fue bandera de los europeos y en América Latina, pero no así en EEUU, que no lo tiene siquiera reconocido. Hoy, el coronavirus expone las falencias del sistema de salud estadounidense, donde 30 millones de personas no poseen seguro médico y otros 40 millones sólo acceden a planes deficientes, con copagos y seguros de costos tan elevados que sólo pueden ser utilizados en situaciones extremas.

Dispararon contra la salud pública
La pandemia se expande, así como el miedo a no poder pagar las costosas consultas y tratamientos. La última década dejó los sistemas sanitarios de Europa, otrora orgullosas joyas de la corona del Estado de bienestar en un estado muy precario: se perdieron y cerraron plazas, hospitales camas, médicos, se limitaron recursos, se dejaron pasar oportunidades, disminuyó la investigación y la inversión, aumentó la ganancia de las aseguradoras y los laboratorios trasnacionales.

Según la Organización Mundial de la Salud, las camas para casos agudos y cuidados intensivos en Italia se redujo a la mitad: en los últimos 25 años de políticas neoliberales, de 575 lugares cada 100.000 habitantes a 275 en la actualidad.

 Hoy EEUU no puede soportar una crisis no prevista. Bastante tienen con la gripe de cada año con la gente que satura los hospitales cada temporada de invierno. La UE naufraga ante una crisis no esperada y la impotencia de llevar a cabo una política social común, que  arruinará el poco crédito que le quedaba. Millones de trabajadores autónomos y pequeñas empresas se van a quedar sin nada.

 La campaña sistemática contra el derecho  a acceder a la atención médica garantizada tuvo otra arista siniestra y perversa no casual: la caída constante de los presupuestos de salud y de los ingresos y condiciones de trabajo de los profesionales y auxiliares de la salud, con la intencionalidad también de demostrar que la salud privada era mejor, al menos en apariencia (edificios más similares a hoteles que a hospitales, campañas de publicidad dirigida,  oferta de servicios diferenciados, etc.)  

La crisis sanitaria actual demuestra que es solo a través de la medicina pública que pueden priorizarse y volcarse los máximos  recursos a los que pueda tener alcance la sociedad . Ante un objetivo  tan elemental inmediato  como es el garantizar la salud, el fin y las prioridades no pueden ser el  lucro privado (vendo y compro lo que me conviene)  sino la atención de los enfermos y la superación de la epidemia. No se trata de un  negocio, se trata de la vida.

¿Acaso el virus nació en China? Según la Organización Mundial de la Salud, el origen del virus aún no se ha determinado. Por lo tanto, es irresponsable que los medios oficiales en Estados Unidos hablen del «virus extranjero» o incluso del «coronavirus chino», sobre todo porque solo en países con buenos sistemas de salud pública (EEUU no es uno de ellos) es posible hacer pruebas gratuitas y determinar con precisión los tipos de gripe que se han dado en los últimos meses.

La forma en la que se construyó inicialmente la narrativa de la pandemia en los medios de comunicación hegemónicos occidentales hizo evidente la intención de demonizar a China, insinuando su primitivismo (malas condiciones higiénicas en los mercados, extraños hábitos alimenticios, usados como muletilla por la prensa occidental). Subliminalmente, la ciudadanía  mundial fue alertada sobre el peligro de que China domine al mundo.

Lo que sabemos con certeza es que, mucho más allá del coronavirus, hay una guerra comercial entre China y Estados Unidos. Desde el punto de vista de éste país, es urgente neutralizar el liderazgo de China en cuatro áreas: la fabricación de teléfonos móviles, las telecomunicaciones de quinta generación (inteligencia artificial), los automóviles eléctricos y las energías renovables.

Cambio drástico de vida
Pero la pandemia ha exigido cambios drásticos, imposibles que como por arte de magia se convierten en realidad: vuelve a ser posible quedarse en casa, tener tiempo para leer un libro o ver una película, pasar más tiempo con la familia, consumir menos y, sobre todo, huir de los centros comerciales en las grandes ciudades.

Se desmorona el imaginario colectivo impuesto por el hípercapitalismo y obliga a discutir alternativas, lo que crea mucha inseguridad en ese 1% de los dueños del mundo. La pandemia, al igual que la crisis ambiental demuestra meridianamente que el neoliberalismo mata.

 Estado de necesidad y deuda
En muchos otros países de la región,  esta enorme emergencia mundial es coincidente  con ahogo financiero. ¿Cómo volcar  mayores recursos públicos  cuando existe la presión  de  un endeudamiento público  altamente cuestionado? La consigna automática podría ser el no pago de la deuda externa.  Pero no surge automáticamente en la población la capacidad de vincular la deuda con la crisis sanitaria. 

El planteo para alcanzar mayor comprensión y adhesión  social  debe ser al revés: a partir de esta emergencia la prioridad absoluta del gasto público debe destinarse a atender la urgencia sanitaria y de garantizar las condiciones de vida de la población y todo otro gasto – incluido por supuesto las vinculados intereses o amortización de la deuda pública – pasa a estar condicionado al cumplimiento de lo primero.
Como ha ocurrido y ocurre en cualquier sociedad que afronta  catástrofes, una propuesta concreta urgente debe  hacer  referencia específica  a los gastos e inversiones  que deben realizarse sin demora: insumos y equipamientos médicos, mayor cantidad de plazas de terapia intensiva en los hospitales,  pago de salarios caídos a quienes no puedan trabajar, contratación de personal sanitario, garantizar el acceso a todos los medicamentos, etc., señala el economista y catedrático Jorge Marchini.

A contramano del manual de austeridad con que el organismo históricamente busca resolver todos los problemas mundiales, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, admitió que “será necesario un estímulo fiscal adicional para evitar daños económicos duraderos”. Pero pareciera que Georgieva solo hablaba de financiar la crisis sanitaria de los países europeos.

Inundados de notas, análisis y recomendaciones de expertos en algo, videos, memes; falsedades y verdades; estamos en estado de emergencia, en periodo quincenal de cuarentena obligatorio. Se cerraron las fronteras y están suspendidos algunos derechos civiles como a la libre circulación y reuniones sociales. Ha sido y es difícil asimilarlo. Con el Covid-19 llegó la hora de revivir los lazos de solidaridad y compromiso social.
Sólo se necesitó una pandemia mundial, como la del coronavirus, para revalidar el rol del Estado como reasignador de recursos. Un dilema clave en relación a los recursos financieros y en divisas que nuestros países precisan urgentemente para afrontar esta crisis sanitaria, sorprendente por lo rápida y virulenta, son los ajustes exigidos por el FMI y los fondos financieros que los han esquilmado… o la salud pública, señala Jorge Marchini.

Hay que elegir.

Aram Aharonian. 
Periodista y comunicólogo uruguayo.