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miércoles, 21 de agosto de 2019

La inmoralidad de la Burguesía y el capitalismo

Por Diego Olivera Evia:

El neo fascismo destruye la sociedad y al planeta

En varios análisis hemos planteado los avances del fascismo, sustentado en la violencia étnica, el fenómeno del crecimiento de los modelos de ultraderecha, en Europa y ahora se han sustentado nuevas tendencias en América del Sur, siendo el modelo fascista del presidente de Brasil Bolsonaro, un capitán militar golpista, ha logrado unir a sectores del populismo, creando una crisis moral y ética.


Siendo el racismo la base de los ataques a las favelas, como el desplazamiento de los pueblos autóctonos, en el habita del Amazonas, han sido desplazado y asesinados por los empresarios y los grupos de asesinos, el intento de destruir los arboles para crear la deforestación,  para las papeleras y otros usos, en ese sentido le mismo Bolsonaro, ha manifestado que los pueblos autóctonos no son brasileños, no hablan portugués y son salvajes, son sucios, lo que muestra claramente la xenofobia de los militares, que se han dejado arrastrar hacia un Brasil, sin perspectiva de desarrollo, la mismas acciones de este modelo,  es poner en los colegios esvásticas como parte de la educación fascista, negando los derechos de los padres a no concebir una educación laica.

De la misma manera el gobierno de Chile ha mantenido, una constitución fascista impulsada por los militares y por Pinochet, creando una sociedad de desiguales, siendo los pueblos mapuches hostigados por los empresarios, también los sectores sociales y los estudiantes buscando reivindicaciones, son reprimidos por los carabineros fuerza policial de choque y abuso con las mujeres, en esta realidad la sociedad chilena, que no vive en democracia, sino en un modelo fascista con un mandatario empresario, pinochetista,  mostrando un modelo de derecha, apoyado por la que se dice socialista y realmente apoya el modelo de EEUU y ataca a los países progresistas, demostrando una vez más la hipocresía de los políticos chilenos.

Como parte de estos países de la ultra derecha, se unen los gobiernos de derecha, como son Perú, el modelos de violencia y muerte contra los movimientos sociales, contra los amnistiados de la Farc, siendo el presidente de Colombia Duque un títere del terrorista y expresidente Álvaro Uribe, el mayor terrorista de esta nación, apoyando a los paramilitares, como los carteles de la droga, siendo Duque el inmoral al decir que la droga y los narcos, son las principales fuete de ingresos de Colombia, los otros miembros de esta mentiras de derecha y el principal ladrón Macri, completa los ladrones y vende patria, dejan la realidad de un modelo de ultraderechas, a la vez usan los paraísos fiscales  para esconder sus robos al estado, de esa manera América Latina sufre las consecuencias, de presidentes y funcionarios públicos al servicio de esta delincuencia internacional.

La inmoralidad de la Burguesía y el capitalismo
En este sentido nos parece importante mostrar un análisis del fascismo desde el ángulo de la retórica humana y social Leonardo Boff, ex presbítero y luchador social.

 Donde plantea en un parte de un trabajo que el fascismo nació y nace dentro de un determinado contexto de anomia, desorden social y crisis generalizada. Desaparecen las seguridades y las órdenes establecidas se debilitan. La sociedad y los individuos tienen dificultades para vivir en tal situación. Científicos sociales e historiadores como Eric Vögelin (Orden e Historia, 1950, reedición en 2001; L. Götz, Entstehung der Ordnung 1954, Peter Berger, Rumor de Ángeles: La sociedad moderna y el redescubrimiento de lo sobrenatural, 1973), mostraron que los seres humanos poseen una tendencia natural hacia el orden. Allí donde llegan crean pronto un orden y su hábitat. Cuando desaparece se usa comúnmente la violencia para imponer cierto orden sin el cual no se forma la cohesión social de la convivencia.

El nicho del fascismo encuentra su nacimiento en este desorden. Así al finalizar la Primera Guerra Mundial se generó un caos social, especialmente en Alemania e Italia. La salida fue la instauración de un sistema autoritario, de dominación, que monopolizó la representación política, mediante un único partido de masas, jerárquicamente organizado, enmarcando todas las instancias, la política, la economía y la cultura en una única dirección. Esto sólo fue posible mediante un jefe (el Fürher en Alemania, el Duce, en Italia) que organizó un Estado corporativista autoritario y de terror.

Como legitimación simbólica se cultivaban los mitos nacionales, los héroes del pasado y antiguas tradiciones, generalmente en un marco de grandes liturgias políticas, inculcando la idea de una regeneración nacional. Especialmente en Alemania los seguidores de Hitler se llenaron de la convicción de que la raza alemana blanca era “superior” a las demás, con el derecho de someter e incluso de eliminar a las inferiores.

La palabra fascismo fue usada por primera vez por Benito Mussolini en 1915 al crear el grupo “Fasci d’Azione Revolucionaria”. Fascismo se deriva de un haz (fasci) de varas, fuertemente amarradas, con un hacha al lado. Una vara puede ser quebrada, un haz, difícilmente. En 1922/23 fundó el Partido Nacional Fascista que perduró hasta su derrocamiento en 1945. En Alemania se estableció en 1933 con Adolfo Hitler, que al ser nombrado canciller creó el Nacionalsocialismo, el partido nazi que impuso al país una dura disciplina, vigilancia total y el terror de Estado.

El fascismo se presentó como anticomunista, anticapitalista, como una corporación que supera las clases y crea una totalidad social cerrada. La vigilancia, la violencia directa, el terror y el exterminio de los opositores son características del fascismo histórico de Mussolini y de Hitler, y en el neofascismo la violencia también está presente.

El fascismo no ha desaparecido totalmente nunca, pues siempre hay grupos que, movidos por un arquetipo fundamental, buscan el orden de cualquier forma. Es el neofascismo actual. Hoy en Brasil hay una figura más hilarante que ideológica que propone el fascismo, y en nombre del cual justifica la violencia, la defensa de la tortura y de los torturadores, de la homofobia y otras desviaciones sociales. Siempre, en nombre de un orden a ser forjado, contra el actual desorden vigente, usando violencia.

El fascismo siempre ha sido criminal. Creó la Shoa (eliminación de millones de judíos). Utilizó la violencia como forma de relacionarse con la sociedad, por lo que nunca pudo ni podrá consolidarse por largo tiempo. Es la perversión mayor de la sociabilidad humana. En Brasil no será diferente. Pero aquí no tendrá posibilidades de imponerse Fin.

Esta nota muestra la realidad del fascismo en el modelo de Mussolini y el de Hitler, enfermos por el poder crearon el dominio en Europa, África y parte de Asia, asesinando a millones de judíos y pueblos de Europa, pero lo llamativo y tenebroso es el papel de Hoy de el Estado Israel, dominados por el sionismo una variable semítica atacando y masacrado a los palestinos  y en mayoría a los niños, como las declaración de una diputada Sionista, el asesinato en masa de las madres palestinas.

Lo que muestra una vez más que el sionismo es un brazo del fascismo, siendo estas acciones una guerra contra Siria, contra el Líbano, impulsar acciones contra Irán, para apoderase EEUU y el sionismo del estrecho de Ormus, todos estos hechos son parte de un mundo, dividido un capitalismo terrorista, donde las trasnacionales y EEUU son los mayores terroristas contra la humanidad y sociedad humana.

Periodista, Analista Geopolítico
diegojolivera@gmail.com

domingo, 3 de febrero de 2019

En toda guerra hay muertos, los suyos y los nuestros




Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

El gobierno comete un error frente a la sociedad al pretender que esta valide sin objeción el ejercicio de la violencia que el produce y ejerce, pero que condene, sin ninguna reflexión, como hecho de terror cualquier otra violencia similar. Toda violencia es condenable, la del estado y la de los terceros. El resultado de validar solo un tipo de violencia es contrario al DIH y a la aplicación de los derechos humanos. En Colombia, a pesar del anhelo de paz nacional, aún tiene actores armados, a los que no se puede convertir por disposición normativa o voluntad de poder poner a secas en la condición de grupos armados delincuenciales. El afán por validar el ejercicio de la violencia del estado, está arrastrando al poder hegemónico a tratar de conquistar al precio que sea, voces, grupos, personas, personalidades y pueblo, que hagan eco de que la razón de estado es la fuerza y que está autorizado para usarla a su antojo y sin límite.



Usar la fuerza para sostener el poder y concentrarlo más, pero a la vez profundizar el modelo de despojo de la riqueza nacional y tapar escándalos de corrupción, ya dejo a su paso una estela de horror, más fracasos que éxitos y mas sangre y sufrimiento que cohesión social, y degradó la capacidad de los derechos humanos como limite al poder, porque terminó persiguiendo a los derechos y a sus defensores y metiendo a la sociedad en la inhumana disyuntiva entre seguridad o derechos, que reemplazaba la disyuntiva real que era entre muerte o vida.

La seguridad alineada con la violencia elimina libertades, fomenta la desigualdad, impide la resolución de conflictos y reinstala en la sociedad el ánimo de guerra y el destierro de los derechos, de lo que el presidente y su equipo de gobierno, hacen alarde con sus reiteradas apariciones mediáticas, a la manera de un tribunal militar, para señalar y emitir anuncios, que copan todos los párrafos con menciones a la necesidad de la fuerza (hacia adentro y hacia fuera) y así lo repiten el partido de gobierno, el presidente del senado, el fiscal, el canciller, los consejeros de paz y derechos y la vicepresidenta, convertidos en expertos para tensionar las relaciones humanas y someter a la gente a la dicotomía guerra-paz, cada vez más influenciada o al menos más visiblemente influenciada por el gobierno de los Estados Unidos, que ya no parece venir a Colombia, si no vivir en Colombia.
 
El estado y el gobierno, con algunas excepciones en las cortes de justicia, al mismo tiempo que invocan a la constitución de la paz y los derechos y reconocen que Colombia es un estado de derecho, posicionan a la violencia institucional como el fundamento de su existencia, desentendiéndose del carácter histórico, que trazo la ruta de que las actuaciones del estado deben basarse en la razón que es capaz de dubitar, meditar, interpretar y entender que toda muerte es un síntoma de fracaso del estado.

El pacto constitucional vigente, obliga al gobierno a privilegiar los derechos de la sociedad ante sus propias pretensiones y con ese serán juzgadas las acciones del poder. Si el gobierno se obstina en no reconocer el poder superior de la sociedad, se radicaliza en hacer prevalecer el monopolio de la fuerza y de usarla a la medida de sus propias intenciones e intereses sin atender limites, en no reconocer la soberanía de la nación como asunto colectivo, ni acatar el respeto a la autodeterminación de otros pueblos como principio universal y se niega a escuchar las voces contra el regreso a la violencia como única respuesta a los problemas del país, el fracaso del gobierno está asegurado.

Usar la violencia es invalidar los clamores de las victimas (cuya cifra supera al conjunto de víctimas de todo el continente), los jóvenes en movilización que dicen no a ninguna guerra, los partidos y movimientos de oposición que igualan al número de electores del presidente y en abierta afrenta propia de un gobierno de facto decide avivar el espíritu de guerra hasta lograr su materialización, el desastre será irreparable y el país que tenía como destino las metas de la OCDE será un país paria.

Los derechos humanos son un real y legal límites al poder y serán los encargados de servir de barrera para tratar de soportar los horrores de nuevas violencias incontenibles o incluso nuevas luchas revolucionarias y alzamientos armados, como ha ocurrido cientos de veces por cuenta de causas similares desde hace doscientos años, que dieron como resultado las luchas de independencia en Francia, Estados Unidos y la gran Colombia. El gobierno parece haber perdido la pista de su mandato respecto a tener en cuenta como principio de poder que “La configuración de los derechos fundamentales como límites al poder o como verdaderas obligaciones del Estado, y su consiguiente inclusión en normas jurídicas, no es una condición natural de las libertades, sino una condición histórica que atiende a una confluencia de circunstancias de índole económica, política y social” (Asunsolo-Morales, México 2015).

La obsesión por alentar la violencia llamando a la sociedad a condenar a los enemigos por hacer las mismas cosas que el gobierno hace, convencido que la violencia institucional es para salvar a la humanidad y la de los otro para destruirla, es absurda. En este afán frustra los anhelos paz y produce desesperanza por su no retorno. Se olvida la alianza en el poder, que, si arranca otra vez la espiral de violencia, esta no tendrá fecha de vencimiento y como en toda guerra los muertos no serán sus muertos, serán nuestros muertos.

Es un cruel mensaje pretender convertir a la sociedad en una prótesis del gobierno, para empoderarse a sí mismo de manera narcisista y cruel, porque rompe el equilibrio sociedad-estado que garantiza los límites y pesos y contrapesos necesarios de cualquier democracia real. La convivencia y la tranquilidad ciudadana se consiguen con la paz como garantía para los demás derechos, nunca con la violencia. Si el gobierno acosa a la sociedad, se instituye en participes por acción u omisión de la intimidación a sus organizaciones, la muerte de sus dirigentes y la negación del justo derecho.

Si el uso de la fuerza letal es la única carta de presentación del gobierno, como indica serlo, estamos ante un espectáculo de burla a la constitución y condenados a vivir con derechos de papel por falta de garantías, que los convierte en “asuntos” a discreción del estado, negándole toda opción de autonomía y soberanía a la sociedad y poniendo al descubierto la impotencia y nula legitimidad de los órganos internacionales, utilizados al antojo de los poderosos, que deciden cual crimen es producto del derecho implícito de unos a matar y de otros a morir sin posibilidad de reclamo y a merced y victimas del incumplimiento de los deberes del estados frente a individuos y pueblos.

mrestrepo33@hotmail.com