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sábado, 6 de octubre de 2018

Venezuela y la relección de Trump


Por Ángel Guerra Cabrera:
Hablar de agredir militarmente a la República Bolivariana de Venezuela se ha convertido en lo más natural en los medios hegemónicos de comunicación. Nada vale para ellos el derecho de los pueblos a su soberanía, a la no intervención, la solución pacífica de las controversias y la no amenaza y no uso de la fuerza, principios que aún forman parte de la Carta de la ONU y de muchas  constituciones, incluida la de México. Principios que no pueden ser condicionados por ningún otro, como los derechos humanos, invocados hipócrita y descaradamente por los neoliberales.

Pues, qué otro patrón de acumulación que no sea el neoliberal, pisotea y viola con más ferocidad y alevosía todos los derechos humanos. Para esos medios tampoco existe la sistemática guerra a que ha sido sometida Venezuela desde hace 16 años.

Estados Unidos es el autor principal en la imposición de este estereotipo a las audiencias de su gigantesca maquinaria mediática, pero también ha contribuido mucho a ello el ahora alicaído Grupo de Lima, cuyos gobiernos fundadores gozan de los más altos grados de impopularidad y repudio en nuestra región. Aunque ahora digan lo contrario, también, por acción u omisión, han llevado mucha agua al molino de la acción militar contra la patria de Bolívar.

Es este contexto, Donald Trump, presidente de la potencia del norte, cargó implacablemente contra Venezuela por enésima vez la semana pasada, ahora en la Asamblea General (AG) de la ONU y luego reiteró a periodistas que todas las opciones están sobre la mesa, todas. Las fuertes y las menos fuertes. En tono amenazante añadió: ya saben lo que quiero decir con fuertes.

Sin embargo, ese mismo día el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, argumentó muy sólidamente ante la AG el mapa de la sistemática agresión de Estados Unidos contra Venezuela en todos los órdenes, particularmente la guerra económica y el daño que ha hecho al pueblo. Venezolano. Maduro denunció el montaje mediático de la supuesta crisis humanitaria y migratoria, así como la actividad para aislar y acosar a Venezuela desarrollada por Washington y sus aliados en el seno de distintas instancias y agencias del organismo internacional.

Puso en evidencia de manera descarnada la activa participación de las autoridades y la oligarquía colombiana en el recientemente frustrado atentado con drones contra su persona y en el entrenamiento durante meses en ese país de los ejecutores.

El mandatario también subrayó que el mismo había sido preparado, planeado y financiado desde Estados Unidos y puntualizó que por vía diplomática Caracas envió a Washington las pruebas y nombre de los detenidos durante la  investigación sobre el intento magnicida. Más aún, solicitó al secretario general de la ONU la designación de un delegado especial del organismo internacional que se ocupe de encabezar una investigación independiente sobre los hechos y  expresó su esperanza de que la FBI acceda a participar junto a las autoridades venezolanas en su esclarecimiento.

Maduro también reiteró su apertura a conversar con Trump. Yo estaría dispuesto –dijo– a estrechar la mano del presidente de Estados Unidos a sentarme a dialogar sobre las diferencias bilaterales y los asuntos de la región, que así sean considerados. A nadie enterado escapa que, por ahora, el más probable curso de acción militar contra Venezuela no es la intervención estadunidense directa.
Caracas es un hueso militarmente duro de roer con su unidad cívico-militar y su armamento, por lo que no debe descartarse una aventura de varios ejércitos de
Sudamérica.

En todo caso, Trump acusó recibo positivamente al ofrecimiento del líder venezolano y se llegó a especular por algunos medios sobre un encuentro bilateral pero nada ocurrió y después el tema ha decaído informativamente. Existen fuertes rumores que achacan la frustración de la eventual reunión a acciones del ex presidente de Colombia Álvaro Uribe y su amigo y aliado el senador Marco Rubio, que habrían animado a la jauría mediática a rasgarse las vestiduras ante la mera posibilidad de la cita. De lo que no cabe duda es que son los legisladores cubano estadunidenses, mejor conocidos como mafia de Miami, y Uribe, los más interesados en promover el ataque a Venezuela en la modalidad que sea posible.

El ex jefe de personal de Obama en la Casa Blanca y alcalde de Chicago, Rahm Emanuel, declaró hace unos días que Trump podría estar pensando en un ataque a Venezuela antes de las elecciones de noviembre para desviar la atención de los innumerables escándalos y acusaciones que lo acosan. Y es que el inquilino de la Casa Blanca necesita la victoria del Partido Republicano en noviembre para evitar el impeachment y satisfacer su obsesión de ser relecto en 2020.

martes, 5 de junio de 2018

Prepara Putin una sorpresa a EEUU en el Caribe


 Por German Gorraiz López:
El cese del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, exigido por vigésimo sexto año consecutivo en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas y aprobado de forma abrumadora por 191 votos a favor y 2 votos en contra (EEUU e Israel), reafirma la libertad de comercio y navegación ante un bloqueo anacrónico instaurado por Kennedy en 1.962 y que habría supuesto para la Isla unas pérdidas directas e indirectas estimadas en 110.000 millones $ según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y más de un Billón $ según el Gobierno cubano. Así, según Prensa Latina, entre mayo de 2012 y abril de 2013, las pérdidas causadas por el bloqueo a la salud pública cubana serían de 39 millones $ debido a la imperiosa necesidad de adquirir medicamentos e instrumental en mercados lejanos.
Las medidas cosméticas tomadas por la Administración Obama en su Primer Mandato Presidencial siguiendo la estela de la Administración Clinton (relajación de las comunicaciones y el aumento del envío de remesas a la isla así como el inicio de una ronda de conversaciones sobre temas de inmigración), dejaban intacto al bloqueo y no cambian sustancialmente la política de Washington, aunque reflejaban el consenso de amplios sectores del pueblo norteamericano a favor de un cambio de política hacia la Isla auspiciado por la decisión del régimen cubano de terminar con el paternalismo estatal y permitir la libre iniciativa y el trabajo por cuenta propia.

Sin embargo, la renovación automática por parte de EEUU por un año más del embargo comercial a la isla atentarían contra el vigente sistema financiero y político internacional y podrían suponer para Cuba pérdidas estimadas en cerca de 50.000 millones de $, abocando *al régimen de Raúl Castro a la asfixia económica.

Así, Bergoglio habría participado discretamente en la secreta negociación llevada a cabo entre Cuba y EEUU para romper el deshielo entre ambos países mediante el intercambio de Alan Gross y un oficial estadounidense por tres miembros de “Los 5”, seguido de la desaparición de Cuba de la lista estadounidense de Países Terroristas y de la apertura de Embajadas con el objetivo último de instaurar las bases de una nueva doctrina “interpares” en las relaciones bilaterales EEUU-Cuba, siendo “perentorio” el finiquito de un bloqueo que dura ya 53 años y que corre el riesgo de convertirse en endémico, con las perniciosos efectos colaterales que ello podría conllevar.
De otro lado, Petrocaribe fue creado en 2005 por iniciativa de Venezuela con el objetivo de suministrar combustibles a los países miembros en condiciones ventajosas de pago, como créditos blandos y bajas tasas de interés y estaría integrado por 18 países (incluidos Honduras, Guatemala, Cuba, Nicaragua, República Dominicana, Haití, Belice y una decena de islas del Caribe). La nueva estrategia de EEUU sería estrechar lazos comerciales y militares con los países de Petrocaribe ante el peligro de contagio mimético de los ideales revolucionarios chavistas al depender en exclusiva de la venezolana Petrocaribe para su abastecimiento energético, empezando por el presidente dominicano Danilo Medina, no siendo descartable el finiquito del Petrocaribe y la subsiguiente asfixia energética de Cuba.
La miopía geopolítica de Donald Trump

Donald Trump habría adoptado como leit motiv de su Presidencia eliminar todo vestigio del legado obamaniano. Así, tras el intento de finiquitar el Obamacare, el anuncio de revisión del Tratado NAFTA y la retirada de EEUU del Acuerdo de París contra el Cambio Climático, (medidas cosméticas fruto de la paranoia personal de Trump que no verán su plasmación en la legislación estadounidense por la rotunda oposición de amplios sectores de la sociedad civil y de la división de la clase política republicana), el siguiente paso será intentar deshacer los avances diplomáticos y comerciales alcanzados con Cuba bajo el mandato de Barack Obama. Los cambios propuestos por la administración Trump tienen como intención aumentar las regulaciones y la supervisión para dificultar a las empresas estadounidenses rubricar acuerdos con Cuba así como para que los estadounidenses continúen viajando al país y serían fruto de la extenuante presión de los destacados representantes cubano-americanos Marco Rubio y Mario Díaz-Balart, ambos republicanos. Según un estudio realizado por Engage Cuba, la nueva política “le costaría 6.600 millones de dólares a la economía estadounidense y afectaría a 12.295 empleos durante el primer mandato de Trump, que concluirá en enero de 2021 y los estados que serían más golpeados por un cambio de política hacia Cuba serían los más cercanos al país caribeño como Florida, Louisiana, Texas, Alabama, Georgia y Mississippi”.

La base de Lourdes y la jugada geoestratégica de Putin
La Cámara baja del Parlamento ruso instó a la Asamblea General de la ONU a reclamar a Estados Unidos que ponga fin al bloqueo económico de más de medio siglo contra Cuba.

Moscú es actualmente el noveno socio comercial de la Habana con intercambios valorados en 224 millones de dólares en 2011 y como prólogo a su visita, la Duma rusa habría ratificado la condonación de la deuda de Cuba con la URSS estimada en 35.200 millones $ y el resto (3.520 millones $ será abonado por Cuba en diez años y reinvertido por Rusia en la economía cubana. Además, tras el retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría con EEUU, Putin ha empezado a mover las piezas para situarlas estratégicamente en el llamado “patio trasero” de EEUU.

Así, Rusia estaría negociando instalar sus bases militares con Cuba, Venezuela y Nicaragua con el objetivo inequívoco de ampliar el radio militar ruso según lo expuesto a la agencia de noticias rusa Sputnik por el Jefe del Comité de Defensa de la Cámara Alta del Parlamento Ruso, Victor Bóndarev “el establecimiento de una base militar rusa en Cuba en un contexto de aumento de las agresiones de EEUU, respondería a los intereses de seguridad Nacional”.

En consecuencia, dado que Donald Trump mantendrá intacto el anacrónico embargo sobre la Isla, es inevitable que surja en la Habana el desapego afectivo respecto a EEUU, vacío que será aprovechado por el hábil estratega geopolítico Putin para firmar un nuevo tratado de colaboración militar ruso-cubana (rememorando el Pacto Secreto firmado en 1.960 en Moscú entre Raúl Castro y Jruschov) que incluiría la instalación de una base de Radares en la abandonada base militar de Lourdes para escuchar cómodamente los susurros de Washington y la instalación de bases dotadas con misiles Iskander, pudiendo revivirse la Crisis de los Misiles Kennedy-Jruschev (octubre, 1.962) y la posterior firma con Jrushchov del Acuerdo de Suspensión de Pruebas Nucleares (1962).
 alemur47@yahoo.com.ar