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miércoles, 16 de agosto de 2017

El derecho a la verdad para vivir en paz,

Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez
Colombia exige no mentir, no robar y no engañar

La verdad en Colombia de tanto ser derrotada por las elites en el poder, que imponen su visión del mundo y definen lo que se debe contar, olvidar o recordar, a fuerza de ser derrotada, pasó de ser un imperativo ético personal, útil para construir la sociedad justa, a convertirse en un derecho individual y colectivo, que tendrá que ser defendido en un campo de batalla político-ético-social, para conquistar su real existencia. La verdad compuesta por la armonía del decir, hacer y pensar, hace parte de la caja de herramientas del país que quiere abandonar definitivamente la guerra y sus consecuencias, para. Enfrentar a las elites que se niegan a dejarla pasar, bien porque sus prácticas demuestran que su vida no trascurre gracias a la paz del colectivo, ni tienen interés por buscarla, o porque sus comodidades dependen de los privilegios que obtienen del estado que los protege, cuida e invierte cuantiosas sumas para proveerlos del bienestar personal y la riqueza que usan precisamente para imponer su verdad.


Le corresponde a los sectores históricamente excluidos, a las víctimas y movimientos políticos no tradicionales, entrar a disputar los escenarios de construcción de la verdad, del relato colectivo de país, que será la variable principal posterior al acuerdo de paz ya firmado. La verdad, no puede ser garantizada por el mismo estado, funcionarios y gobernantes corresponsable directos de la tragedia y sus dolorosas consecuencias, hay que tejerla en colectivo, unir experiencias de resistencia y de luchas, para que sea la fuente de reconstrucción del país lisiado de guerra, enfermo, despojado y débil que no sabe lo que sigue, ni todavía logra un consenso sobre lo que no puede volver a ocurrir.

La sociedad muy a pesar de los primeros lugares en el ranking de felicidad, podios deportivos virreinatos de belleza y cifras alentadoras de la economía, atraviesa un momento de incertidumbres que impide leer claramente la realidad de lo que ocurre. La situación es comparable al instante que debieron vivir quienes de repente fueron rescatados de los campos de concentración nazi, donde habían perdido toda esperanza, olvidado lo que significa un ser humano, perdido su capacidad de lucha y permanecían convertidos en despojos humanos condenados a morir lentamente sin que los victimarios les hubieran ahorrado ningún sufrimiento. Salir del terror de cinco décadas de guerra, quizá sea como salir del campo de concentración, sin saber qué decir, ni adónde ir, pero hay que fijarse un horizonte. No es igual, pero hay similitudes, porque en ambos casos la barbarie borró partes esenciales de la idea de ser humano que la sociedad venia forjando y que fue interrumpida.

Recuperar el camino es solo posible desafiando la imaginación, la percepción y la razón, puestas a prueba por la verdad que llama a aprender a oír, escuchar y disponerse a comprender los acontecimientos que traiga la memoria que en todos los casos viene con un componente de dignidad.

En las cinco décadas de incansables odios se perdió la noción del tiempo y se abandonó la construcción de seres humano humanizado, solidario en vez de competitivos, compasivos en vez de rencorosos y vengativos, humildes en vez de arrogantes. Las causas fueron convertidas en consecuencias, los criminales se volvieron señores y algunos señores se hicieron criminales y el miedo a hablar, decir y pensar con la verdad se instaló adentro de cada persona como una cámara de vigilancia que lo paralizaba para actuar con rebeldía. La realidad se repitió día por día con episodios tratados como simples noticias separadas e inconexas, sin contexto, que ocasionalmente permitían saber de gente que salía de su casa y nunca regresaba, de jóvenes caídos en combates que nunca ocurrieron, de escombreras donde se asesinaba a sangre fría y con placer, de asaltos y rehenes, de bombardeos y minas que mutilaban cuerpos, de violaciones y torturas a mujeres y hombres convertidos en trofeos de guerra, de desterrados padeciendo hambre y humillaciones en las calles.
La verdad es un pilar fundamental para apostar por vivir una paz real, que sea mucho más que la suma de adjetivos o la puesta en ejecución de incontables proyectos e iniciativas, significa entender lo que pasó en la guerra, como se llegó a entender lo que paso en el campo de concentración del que hoy se conoce la brutalidad del horror padecido, se tienen testimonios, museos, cine, fotografía, escritos y exposiciones que le han permitido a la siguiente generación vivir con dignidad y al mundo saber lo que no puede volver a repetirse. Promover incontables proyectos e iniciativas antes de comprender la complejidad de lo ocurrido y desconocer a los actores y sujetos de cada territorio, puede entrar en la órbita del oportunismo, la demagogia la manipulación o el engaño.

Vivir en paz tampoco corresponde a la tarea simple agregar verdades a medias, ni ajustar el vocablo paz a cada cosa sobrante de la guerra y seguir como si nada. Vivir en paz exige conocer la verdad para formular políticas construidas desde abajo, no por expertos, consultores, ni postizos vendedores de liderazgos de oficina, si no por los propios sujetos que en los territorios hacen la historia y han padecido las negaciones. Para vivir tiempos de paz y convivencia, como lo muestran otras experiencias, la sociedad realmente tiene que ponerse de acuerdo en el tipo de ser humano que quiere formar y reconocer como sujeto de derechos y ello exige poner a flote lo que estaba debajo.

Hay que devolverle el sentido y el valor a la verdad y recuperar la esencia de la justicia, llamada a ponerse excepcionalmente por encima de ley heredada de la guerra que basaba su visión  en el enemigo interno a aniquilar, eliminar, sacar del camino. El acuerdo político logrado para salir de la guerra, exige recordarse siempre que fue un pacto entre el estado y una insurgencia con el propósito de modificar los modos de convivencia, que no podrán ser las mismas de la guerra y cuyo cambio empieza por conocer la verdad para que los odios y la venganza no florezcan ni se repitan. Las estructuras del poder en la guerra, estuvieron asociados a  la asignación de crecientes presupuestos (para afianzar la muerte mientras la vida, la salud, la nutrición, la educación y el buen vivir estaban en riesgo); al usufructuó personal obtenido con los cargos del estado (acorazados por poderosas cadenas de clientelismo y corrupción regional y nacional que siguen intactas); y a privilegios asociados a familias y apellidos que actúan como castas cubiertos de privilegios incuestionables.

Pero hasta ahora ninguna de estas desviaciones democráticas y tampoco las instituciones han cambiado, las elites parecen acomodarse a la nueva situación dándole vuelta al aviso colocándolo por donde dice paz. La burocracia sigue pensando y actuando de la misma manera que aprendió a hacerlo en la guerra, es indolente, sirve a lealtades personales y compromisos partidarios con jefes políticos o religiosos, antes que guardar lealtad a la constitución y al pacto social laico, diverso, plural, heterogéneo, suscrito entre gentes declaradas y reconocidas libres e iguales. Las instituciones son las mismas de la guerra, los cargos siguen ocupados como cuotas de poder, los herederos de grandes fortunas no quieren que se sepa del origen de esos bienes, ni los empresarios nacionales y extranjeros quieren que se escudriñen los flujos de su creciente capital que no se afectó durante la guerra.

El enemigo de la verdad histórica es el poder, las elites, que preparan el campo  de batalla, que se niegan a reconocer las consecuencias devastadoras de su incontrolable deseo de poseerlo todo. Las elites y los hombres del sistema formados para seguirlas, obedecerlas y temerlas, con estilo y prácticas autoritarias se creen poseedores de la verdad única que replican con la velocidad de los micrófonos a su servicio; se creen también dueños de la verdad sobre una idea de ser humano subalterno al que califican, clasifican, estigmatizan o absuelven y; se creen dueños del sentido de la historia para colocar sobre ella su propio sentido de justicia que resulta abiertamente injusto y degradante. El buen gobernante, llámese presidente, magistrado, ministro, alcalde, gobernador, rector, decano, gerente o director, tiene el mandato de hablar con la verdad sin cálculo político ni demagogia. No mentir, no robar y no engañar, forma un trípode de base de la verdad que aporte para vivir en paz, con sentido de humanidad y con respeto por el ser humano libre, igual y solidario capaz de vivir en convivencia.

P.D. Más del 80% de congresistas hombres, ocupados en actividades de conspiración y desprecio a unos y de acogida a otros de la hermana república, se negó o no quiso a asistir a la sesión sobre la verdad de la violencia contra las mujeres en Colombia, no se enteraron del horror, la agresión y las prácticas de odio, discriminación, olvido y violencia por su condición de mujeres, ni  del terrible lugar que ocupa Colombia en este tema, tampoco se enteraron que cada año desaparecen a 2500 niños, ni supieron cómo se sobrevive en el olvido.

mrestrepo33@hotmail.com

viernes, 23 de septiembre de 2016

19 años de lucha contra la oposición, la imposición y el imperio

Por Edwin Martínez Espinoza.

Era la época incierta de los últimos años de la nefasta cuarta república, la propaganda imperial había logrado criminalizar al movimiento revolucionario y dividirlo, incluso a infiltrarlo.

Era una época en la que se le rendía culto al FMI y al Banco Mundial, estos organismos eran quienes gobernaban para beneficio de los dueños del capital transnacional.


Era una época donde se inoculó la idea de que la empresa privada era muy eficiente y el estado se ganó la fama de burócrata, corrupto y parásito con el fin de justificar la privatización de bienes y servicios.
Así pensaron y fueron creando condiciones para consumar el asalto a la cosa pública; nuestras fuentes de energía, industrias básicas, materia prima y hasta el agua estaban en la agenda desnacionalizadora.

Con el imperio gobernando a través de una clase política corrompida y apátrida, también se hizo creencia colectiva el rechazo hacia los partidos, de esa época dinámica que marcó el inicio del fin de la cuarta y el nacimiento de la quinta, viene el PPT.

Nuestra tradición de lucha es la misma de los primeros indígenas que rechazaron la presencia del imperio español, venimos de la sangre de los libertadores que dieron hasta la vida por nuestra independencia, venimos de las pequeñas y grandes rebeliones que crearon las condiciones objetivas para llegar donde estamos en este momento histórico.

El PPT asume la tesis de Alfredo Maneiro sobre el partido movimiento, somos un partido de cuadros que hace política no convencional como lo es la defensa de la Patria, la Constitución y el Presidente Maduro, como parte del camino que nos dejó el Comandante Invicto Hugo Chávez para la continuación del proceso revolucionario todavía en transición.

Pero Maneiro también nos dejó su visión del ejercicio del pensamiento crítico y nuestro sagrado derecho a equivocarnos, nos dejó la teoría práctica de "la eficacia política y calidad revolucionaria" que sólo se pueden materializar desde el ejercicio de gobierno para fortalecimiento del poder popular rumbo la satisfacción de nuestros derechos históricamente postergados.

Nuestra militancia tiene el origen diverso geográficamente hablando, pero también es diversa en pensamiento y acción, logramos la articulación a través del debate franco y el carácter vinculante de las decisiones tomadas por consenso o en su defecto, por mayoría, como una práctica permanente de la democracia interna que  transmitimos de generación en generación.

Muchas han sido las razones para que de manera mal intencionada se haya intentado sistemáticamente nuestra eliminación como organización política, incluso la ultra izquierda y la ultra derecha se habían disputado el control de nuestra dirección, pero al final la victoria fue de la razón y la fuerza de un pueblo que nos acompaña porque somos hijos del debate y proponemos la construcción de un Socialismo Diverso, Crítico, Ético y Productivo.

Hemos tenido altibajos que asumimos como parte del aprendizaje necesario, pero que también lo asumimos como consecuencia de las decisiones tomadas en un contexto histórico que nos colocó frente a determinado dilema y sin prejuicios ni cálculos de algún interés particular lo hicimos, la historia nos ha juzgado y nos ha absuelto en diversas oportunidades.

Pensar, hablar y actuar es la dinámica del Sistema de Planificación Participativa Territorial que tiene rango Constitucional y legal, en el PPT lo hemos asumido como propuesta bandera para lograr nuestra verdadera independencia de la renta petrolera, ya que el pueblo organizado desde las distintas expresiones de la organización social de base articuladas en los Consejos Locales de Planificación Pública tendrían el Poder para planificar, ejecutar y controlar la construcción del nuevo modelo económico por su impacto directo en la producción, distribución y control a través de los CLAP y la Gran Misión Abastecimiento Seguro.
En el PPT asumimos como mandato de nuestra Asamblea Nacional la necesidad y urgencia de conformar una dirección colectiva del proceso cuya máxima expresión es un Gobierno del GPP porque así lo eligió el pueblo, la mayoría del pueblo cuando ha elegido al compañero Maduro, Gobernadores y Alcaldes no ha elegido el gobierno de una persona o partido sino que ha elegido un gobierno que debería ser expresión de la diversidad revolucionaria y como dijo Marta Harneker "todo el que ayuda a ganar elecciones es porque aspira ayudar a gobernar".

Muchos han sido nuestros aportes en recurso humano y teoría que luego presentan con otros nombres negando nuestra autoría intelectual pero no estamos en el ánimo de discutir por un asunto tan bajo como lo es el protagonismo particular, nosotros reivindicamos el protagonismo colectivo que se hizo letra viva con nuestra Constitución Bolivariana, mal pudiéramos exigirle a las potencias un mundo multipolar, democrático y humanista, mientras aquí practicamos todo lo contrario.

De todas las batallas hemos salido en victoria, muchas veces no nos hemos curado bien las heridas cuando nos toca la siguiente, muchos de los mártires de la revolución fueron Pepetistas asesinados porque en vida fueron cuadros caracterizados y comprometidos con las causas de nuestro pueblo, para ellos y en su memoria, nuestra lucha permanente.

Muchas han sido las hostilidades que hemos superado en los intentos por liquidar nuestro partido fundamentado en la mala interpretación de la "repolarización" por eso el zig zageo para el trámite burocrático de nuestra legalización, solo esperamos que el CNE resuelva las condiciones para cumplir con nuestra parte porque si alguien está influyendo para obligarnos a votar en otro partido, está bien jodido de la cabeza porque yo soy Pepetista hasta la última gota de sangre y hasta la victoria siempre...
Miembro Secretariado PPT Zulia.

@juanparao edwinmartinezespinoza@gmail.com