viernes, 19 de octubre de 2018

La clave de esta época de cambio: el discurso electoral


Por Ernesto Wong Maestre:

En esta “época de cambio” es ya común apreciar en Nuestra América lo cerrado que resultan las elecciones entre los candidatos del estatus capitalista y los emancipadores enfocados a un “mundo mejor” o al otro “mundo posible”. Esta mayor paridad en la correlación de fuerzas políticas y sociales tiene un enorme significado para las estrategias electorales, en primer lugar porque estas deben ser sostenidas durante todo el año y en segundo lugar porque las fuerzas emancipadoras y sus líderes deben abandonar las visiones restringidas del partidismo clandestino que irradian los métodos y vías de lucha en detrimento de la visión de pueblo constructor y bloque histórico que de sustento a la conformación de la masa crítica necesaria para cada etapa del proceso emancipador, como bien lo visualizó Hugo Chávez, lo refirió en varias ocasiones, y lo aplicó hasta su último minuto de vida política, en particular cuando optó -ante un posible fatal desenlace-  por proponer a la Nación, de forma pública por televisión y muy magistralmente argumentado, “votar por Nicolás Maduro”.


Fue tan sólida la argumentación del Comandante Supremo que meses después su candidato salió victorioso, ante una aparente imposibilidad de continuar por el camino revolucionario sin el líder que lo fundó, lo condujo y lo consolidó con obras sociales y poderío internacional para integrar y establecer alianzas orgánicas.  Pero lo cambios de la conciencia social no ocurren al mismo ritmo que el de las medidas políticas tomadas por un gobierno enfocado a la emancipación social, y tampoco en todos los sectores las medidas causan el mismo significado debido a una variedad de causales. De ahí lo cerrado que están resultando las votaciones en elecciones presidenciales. He aquí uno o quizás el mayor de los grandes problemas que el líder con su discurso emancipador debe sopesar muy casuísticamente en cada acto político durante todo el año y en particular durante la campaña electoral.

Componentes a considerar

En el proceso comunicativo de una campaña electoral, sobre todo presidencial, intervienen varios componentes muy significativos respecto al éxito o el fracaso de una o un candidato, en particular los elementos disponibles para poder comunicarse con el pueblo elector, es decir, para persuadir a quienes tengan opiniones diferentes a las de él o poder lograr identificarse y lo reconozcan pertinente para el cargo con los que comparten sus mismas opiniones acerca de los ingentes problemas que aquejan a la sociedad, sea en una donde predominan las ideas capitalistas (individualismo expresado en egoísmos, ambiciones, avaricias, desinterés por la problemática social, negligencia administrativa en el sector público) o en una sociedad enfocada a las transformaciones sociales porque disponen de un gobierno que ha logrado junto a una parte de ella construir la hegemonía transformadora, aún cuando coexista el individualismo atroz, heredado del capitalismo, en pleno choque con el ideal comunitario, en  proceso de surgimiento.

En ambos tipos de sociedades no solo hay problemas ingentes a identificar por lo votantes sino también la necesidad de reconocer en el candidato o candidata a apoyar, sus estrategias de políticas públicas válidas para afrontar y solucionar esos problemas.  En tal reconocimiento el discurso es clave y decisivo, por lo que es insustituible en esta época de cambio y de resistencias de diverso signo.

Cinco dimensiones y el eje orgánico articulador

Siempre, en todo los casos, los sectores sociales que han tenido un peso significativo en las elecciones son los que en torno a ellos se construyen, o debieran construirse, las decisiones de la campaña electoral de cada candidato o candidata, en particular acerca de cinco dimensiones, cada una con pesos significativos diferentes en las decisiones de los electores: 1) qué módulos informativos se disponen acerca del pensamiento (expectativas, necesidades naturales y superiores, esperanzas, gustos y sus prioridades) de los electores; 2) qué composición estratégica y técnicas argumentales utilizar comunicativamente para cada segmento; 3) qué tecnologías de comunicación usar para cada sector y subsector; 4) qué medios de comunicación emplear en cada caso anterior; y 5) qué lugares y momentos se deben planear para efectuar la más eficaz y eficiente comunicación con cada uno de los sectores significativos identificados ya que espacio y tiempo son dos aspectos de la realidad inseparables o indisolubles.

En las cinco dimensiones hay un elemento transversal que regularmente no lo tienen en cuenta los asesores de campaña o el propio candidato o candidata y resulta clave para lograr el fin de su campaña: la estructura de sentido del discurso y la adaptación o ajuste del discurso como narrativa y texto que éste logre hacer en cada una de las cuatro dimensiones para poder establecer una comunicación efectiva con los integrantes de cada segmento social al cual se dirige comunicativamente. Si se adopta la definición de comunicación elaborada por Fernando Buen Abad en su magistral obra de filosofía (1) el candidato debe reflexionar sobre lo que es la comunicación y sobre lo que él debe lograr con su discurso para que haya comunicación. Al respecto, en Cuba con Fidel Castro o en Venezuela con Hugo Chávez se tienen dos legados discursivos de trascendental significado para sus procesos emancipatorios (2).  

De manera que entre los componentes que dispone un candidato o una candidata para lograr su fin de ganar electoralmente y sus objetivos correspondientes están presentes, de una u otra forma o con una u otra magnitud, todos esos elementos de cada una de las cinco dimensiones y todos mediados por la capacidad y competencia del discurso del candidato o candidata para ganar nuevos adeptos o fortalecer las disímiles tipos de lealtades hacia su candidatura. En los países con sistemas capitalistas, el candidato o la candidata de las fuerzas emancipatorias debe evaluar en su estrategia discursiva el alto nivel de incremento del individualismo logrado por las políticas neoliberales en todas las esferas de la vida, desde la economía con que se reproduce la población hasta la educación con que se forma la conciencia o el propio mundo de la vida (cultura, subjetividad y mundo social) de cada quien, con el que actúa en la vida cotidiana, en este caso para aceptar o comprender las propuestas en el discurso de un candidato o de una candidata.

El individualismo es el eje orgánico, por su acción ideológica transversalizadora en el sistema de dominación, y articulador con alto significado político. A los amplios segmentos sociales que no les interesa o no les produce ningún significado que un proyecto político reduzca la pobreza o que a sectores desprotegidos se les facilite salud o educación gratuita, lo que en ellos o ellas está incidiendo con fuerza determinante es el individualismo orgánico articulador (IOA) arraigado en ellos y ellas del “sálvese quien pueda” o el que postula “allá tu con tus problemas” o “ese no es mi problema” ya que son frases contribuyentes a la reproducción del sistema capitalista por su connotación para la vida social contraria al ideal comunitario.

Para la mayoría de los sectores sociales, el líder del discurso emancipador debe poner el principal acento 1) en aquellos problemas que afectan a la familia y al ser individual y que no se contrapongan o invisibilicen el ideal emancipador, y 2) en sus estrategias para reducir la burocracia, eliminar la ineficiencia administrativa o combatir la corrupción, siempre desde una perspectiva genético-política, es decir, abordando los orígenes, sus desarrollos y las estrategias concretas de solución viable y oportuna de manera que se haga comprensible para que ese ciudadano o ciudadana impregnada de individualismo le crean y le apoyen. En una intervención televisiva para todo el país, el discurso emancipador debe equilibrar las referencias a los problemas coyunturales y estructurales, entre los problemas de impacto individual como son los problemas de los servicios públicos y los problemas estructurales de compleja solución, y derrotar con potentes argumentos las estrategias adversarias del oligarca si este las expone o cuestionar la ausencia de ellas o las contradicciones inmanentes que deben develarse. Y todo empleando un lenguaje cotidiano, del habla popular, y cuando se tenga necesidad de usar un concepto abstracto como “neoliberalismo” o “fascismo” se debe proceder a definirlo con claridad y precisión porque de lo contrario se crean obstáculos a la comunicación al no haber entendimiento y comprensión.   

El desequilibrio debe contrarrestarse con sólidos argumentos

Por ello, en los proceso electorales actuales, en particular en los que vienen realizándose en países capitalistas de América Latina, la disparidad o desequilibrio de poder en las cinco dimensiones de este análisis entre las fuerzas políticas insertas en las contiendas electorales para lograr sus fines en el marco de la democracia representativa, viene favoreciendo a las candidaturas de aquellas personalidades que se ganan el apoyo de los gobiernos de EE.UU y por tanto de su red de agencias e instituciones orgánicamente articuladas que forman el complejo militar-financiero-comunicacional (CMFC).

Desde ese complejo de dominación se viene investigando, tanto el decursar del proceso revolucionario de Venezuela como los procesos electorales que cambiaron desde 2003 el panorama político latinoamericano y caribeño (principalmente de Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, Uruguay, Honduras, Perú y El Salvador), así como los realizados en aquellos países donde pudieron fortalecer su hegemonía como son los casos de Colombia y Chile. De todos extrajeron experiencias y nuevos conocimientos de cómo preparar candidatos o candidatas pro estadounidenses o pro imperiales para ganar nuevas elecciones o  de cómo derrocar los gobiernos “incómodos” y “cambiar el régimen”, tal y como ocurrió en 2009 en Honduras, en 2011 en Paraguay o en 2016 en Brasil, y seguir intentando hacer lo mismo en Venezuela que hicieron contra el entonces presidente Hugo Chávez Frías entre 2000 y 2012, y luego contra el mandatario electo popularmente, Nicolás Maduro Moros, desde 2013 hasta el día de hoy.

Dinámica de la correlación de fuerzas emancipadoras y conservadoras

Las diferencias de lo que en definitiva ha ocurrido entre Venezuela y los otros casos es que el proceso revolucionario cuenta con condiciones propias que le favorecen, entre ellas a) la voluntad política emancipadora del liderazgo y de la masa crítica popular que se ha ido formando y la hace realizable;  b) la unidad cívico-militar fundada en una concepción de seguridad y defensa integral de todo el pueblo, y c) las propias riquezas naturales de Venezuela que si bien causan ambiciones imperiales permiten crear la base económica para la realización de la voluntad y el sustento defensivo antimperialista y anti oligárquico.

Todo el potencial del CMFC entra en juego ante cada caso de proceso electoral y el poderío se emplea, por un lado, para hacer que la mayor parte de la sociedad se identifique con su candidato o candidata, sea en Chile, Colombia, Argentina, Paraguay o Brasil que le proporcione mayores ventajas geopolíticas y geoestratégicas dado el enfrentamiento de este CMFC de EE.UU con China y Rusia; y por otro lado, todo el poder violento armado o financiero y mediático se utiliza en función de construir una imagen del gobierno venezolano que sea dañina para tomar como referente político o social por esos grandes segmentos sociales que ya han sido cooptados o atraídos por vía televisiva, radial o digital para reproducir en ellos el individualismo enajenante y orgánico al capitalismo, como eje central de todas las piezas comunicativas lanzadas con potente capacidad tecnológica para determinar su comportamiento electoral.

Por supuesto, como la realidad venezolana es diferente a como se le difunde  por la red de medios subordinada al imperio, hay una parte significativa (millones) de esas sociedades conocedoras de esa realidad, principalmente a través de internet y las redes sociales que no apoya ninguna política exterior de enfrentamiento con Venezuela pero sus posturas son casi invisibilizadas por el gran capital mediático, al mismo tiempo que hay otra parte de signo ideológico contrario al bolivarianismo, también significativa, pero que no apoya -por inviable en el corto plazo para sus intereses- la intencionada idea del gobierno de EE.UU, secundada por sus candidatos o candidatas, de hacerle la guerra armada a Venezuela, aunque sí apoyan seguir presionándola, creándole otras condiciones adversas a la estabilidad y difundiendo intensamente las imágenes anti venezolanas pre construidas por los laboratorios yanquis de guerra, de manera que la menor cantidad posible de la población se identifique con el líder venezolano y con el proceso bolivariano.

Este último objetivo es uno de los que con más ahínco y viabilidad busca lograr el CMFC, también porque en la misma sociedad estadounidense y otras del continente viene incidiendo, cada día más en los procesos electorales, el camino emprendido por Venezuela desde 1999.

Abordar cada una de las cinco dimensiones, diagnosticar las problemáticas y elaborar estrategias políticas o tecnológicas comunicacionales anti oligárquicas para cada caso resulta imposible en este corto espacio por lo que solo se pondrá el acento en el eje mediador de todas: el discurso con que se lograr interaccionar con los segmentos sociales votantes.

Discurso y pensamiento del diverso electorado

En primer lugar, debe reconocerse la estrecha relación entre las/los candidatos y sus equipos asesores de las oligarquías con el CMFC de EE.UU a través de sus embajadas, consulados, misiones ad hoc y corporaciones o megacorporaciones. Esta relación es también tríadica, es decir, en los planos 1) violentos militares-paramilitares-policiales, 2) financiero-comercial y 3) mediático-promocional. Y a través de ella se nutre a sus candidatas o candidatos de apoyo financiero y sobre todo de información que contribuya a formar opiniones según sus intereses para lograr el comportamiento electoral deseado.

Desde el control del denominado Big Data (sobre el pensamiento y sus expresiones mencionadas en la dimensión cuatro) relativo a cada país y a su población, donde se desarrolla el proceso electoral hasta la forma de poner esa información en función de los objetivos discursivos, son capacidades que tienen actualmente las/los candidatos pro imperiales (tipo Piñera, Macri, Duque o Bolsonaro) y que en modo alguno disponen las/los candidatos opuestos al camino neoliberal para solucionar los graves problemas sociales.  Los primeros hacen girar todo o la mayor parte de su discurso sobre los ejes problemáticos multidimensionales (terrorismo, corrupción y burocracia) que más atraen a la ciudadanía de las sociedades capitalistas porque son de impacto multidimensional, multisectorial y de afectación personal y familiar pues así queda de manifiesto en las redes sociales, los correos electrónicos o en las páginas web con espacios de comentarios, siendo estos, junto a los gustos comerciales y las visiones de vida, los principales instrumentos y objetos de control para conformar la Big Data de las poblaciones de cada país. Y sobre ello elaborar las estrategias comunicativas combinándolas con las operaciones encubiertas que den soporte real a lo que difunden los medios y hacer creíble lo que muchas veces es virtual o inducido a la fuerza.

Es una disparidad que debe abordarse –en esta época de cambio- con mucho talento por los candidatos o las candidatas del pueblo emancipador pues ese desequilibrio comunicacional está decidiendo el desenlace final en las elecciones.

Notas
(1) Buen Abad, Fernando (2012). Filosofía de la Comunicación, editorial Vadell y Hnos, Caracas 2012.

wongmaestre@gmail.com

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