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lunes, 4 de noviembre de 2019

¡Por una Asamblea de la Civilidad!



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
En la hora actual de Chile puede ser útil mirar al pasado. Recordar ese estallido de protestas sociales que provocaron el término de la dictadura de Pinochet, las que fueron horriblemente agredidas por el terrorismo de estado. Toda una agitación que llevó al Tirano a sacar a las calles en una de estas protestas a 18 mil efectivos militares, imponer el Estado de sitio, el toque de queda, la proscripción de los medios disidentes, las detenciones arbitrarias, la tortura y la muerte de centenares de jóvenes, trabajadores y otros múltiples combatientes. Al contrario de lo que muchos temieron, el mismo atentado frustrado contra su vida fue un efectivo acicate al cambio y al posterior Triunfo del NO.


Al igual que ahora, las jornadas de protesta fueron convocadas por la sociedad civil, por los referentes unitarios de estudiantes, sindicatos y pobladores, así como por las organizaciones de DDHH. Movilizaciones que, incluso, fueron entorpecidas por los partidos políticos y su incapacidad de superar sus desavenencias históricas y propósitos hegemónicos. De esta forma es que surgió, entonces, la Asamblea de la Civilidad, una instancia integrada por los más diversos referentes, como los colegios profesionales, las federaciones estudiantiles, los dirigentes del cobre, de los pequeños y medios comerciantes, entre otros múltiples actores. Además de ese amplio mundo de organizaciones culturales, religiosas e intelectuales.

Esa generosa mancomunidad consolidada bajo el común anhelo de derrotar al régimen castrense, promover una nueva Constitución y abrir los cauces democráticos tuvo como efecto la confianza y el respaldo de la población; con multitudinarias protestas y ese arcoíris de expresiones de disidencia y descontento a lo largo de todo el país. Así como la convicción de que sin movilizaciones unitarias y constantes no sería posible derrotar al régimen opresivo.

Ante el éxito de esa Asamblea de la Civilidad es que la Moneda decidió querellarse contra toda la plana mayor de sus dirigentes y voceros, al mismo tiempo que desde los Estados Unidos se le exigió al propio Pinochet y a los partidos políticos opositores converger en un diálogo y una salida negociada, de manera de “evitar un desenlace como el de la Revolución Cubana”, a confesión del Embajador de la Casa Blanca en Chile.

Encarcelados los principales líderes sociales, y sin que los referentes partidistas tuvieran tan alto descrédito popular como el de ahora, les resultó relativamente fácil a estas colectividades opositoras montarse por sobre las organizaciones sociales y ofrecerse como interlocutores ante el Gobierno Militar. En la propia cárcel de Capuchinos pudimos comprobar cómo las directivas políticas concurrieron a este penal a presionar a los más validados líderes sociales a fin de que se subordinaran a los partidos y abandonaran también la idea de una coordinadora política y social unitaria como aquella fugaz iniciativa de la Intransigencia Democrática, o un referente tan sólido como el Grupo de Estudios Constitucionales (o de los 10) que exigía una Asamblea Constituyente para que el país se diera una Carta Fundamental plenamente democrática, como el mismo expresidente Frei Moltalva lo voceara en ese histórico acto realizado en el Teatro Caupolicán, previo al plebiscito y el Triunfo del NO.

Después de tres décadas es curioso observar cómo, otra vez,  las movilizaciones sociales han surgido espontaneas, masivas y radicalizadas nada más que por el enorme descontento de la población, sin mediar liderazgo partidista alguno y en la arraigada idea de la amplia mayoría del pueblo, en cuanto a lo que ahora lo que hay de derribar es la dictadura neoliberal,  su profunda inequidad social, la corrupción del conjunto de la clase política, las groseras colusiones y abusos de los grandes empresarios como, desde luego, la corrupción que envenena el actual régimen institucional, a las Fuerzas Armadas y de Orden,  incluyendo el sistema electoral.

Mucho más que ayer, hoy las grandes movilizaciones no exhiben banderas ni símbolos partidistas, y solo muy pocos de sus dirigentes se atreven a sumarse a las marchas y concentraciones. Es más, lo que se hace evidente, ahora, es que Piñera y su gobierno lo que quieren es dialogar y contemporizar rápidamente con los parlamentarios y partidos opositores. En la desesperada búsqueda de una solución a un conflicto nacional que se les ha escapado de las manos y en que, tal como ayer, ya no le sirven los militares y policías reprimiendo si no es para conseguir una ira y caos mayor, todavía, de lo ya observado. Se recurre muy tardíamente a una batería de iniciativas legales que dormían en el Congreso o en los anaqueles de los ministerios a fin de salvar el desprestigio de la política y distraer nuevamente a la población con cambios cosméticos y promesas que le den aliento a un sistema incapaz de resolver las justas demandas de justicia social, igualdad y genuina democracia.

Lo que vemos, como hace treinta años, es una clase política que perdió la convocatoria y el control de la sociedad civil. Proceso que se empezó a evidenciar con la llamada apatía social, los altos índices de abstención electoral y la deserción masiva de los militantes de los partidos. Con senadores y diputados que en su ensimismamiento, nunca percibieron los niveles de descontento y frustración ciudadana, encantados de derecha a izquierda con el modelo económico y las cifras, por ejemplo, de nuestro alto ingreso per cápita que, a final de cuentas, lo único que ha representado es la profunda y grosera brecha en la calidad de vida de los chilenos. Es decir, entre el puñado que más gana y la angustiosa realidad de la inmensa mayoría de trabajadores condenados al ingreso mínimo, a una jubilación bochornosa, así como sometidos a financiar el alto costo de los servicios más básicos en manos de empresas privadas y extranjeras.

Para colmo, cómo no constatar que los estipendios de gobernantes y legisladores compiten con los de los países más ricos de la Tierra, tanto así que de ellos mismos ha surgido rápidamente, ahora, la iniciativa de rebajárselos. Al constatar, además, que tenemos el sistema de locomoción colectiva más caro de América, cuya alza en los pasajes el Metro gatillara la protesta más multitudinaria de nuestra Historia, con más de tres millones de chilenos movilizados en Santiago y regiones. Y en la voluntad de concurrir cotidianamente a las calles hasta que no se perciba un cambio fundamental en los sistemas de previsión, salud, en las políticas salariales y los accesos a todos los derechos fundamentales conculcados por el capitalismo más salvaje implementado en el mundo.

Por eso es que la rápida e indignada reacción a un alza de 30 pesos en el pasaje del Metro fuera alentado, además, por la soberbia de un mandatario que se creyó con derecho a ningunear y darle recetas a nuestros países vecinos y buscar afanosamente un liderazgo mundial cuando desde hace tanto tiempo era evidente que nuestro exitismo económico estaba sentado sobre un verdadero polvorín social.

Qué duda cabe que las manifestaciones sociales han apuntado al régimen que nos rige y al conjunto de sus administradores en La Moneda, el Parlamento, los tribunales y el conjunto de los organismos fiscales. Pero también a aquellas instancias patronales, sindicales y otras que se han hecho cómplices de la desigualdad y los privilegios más irritantes. Entre ellos, el dispendio y la malversación de los presupuestos castrenses. Millonarios recursos administrados con toda impunidad por los cancerberos del sistema.

Pensamos que, como ayer, debieran confluir en una organización unitaria entidades tales como NO+AFP, los gremios fiscales, lo colegios profesionales e integrantes del ancho mundo de la salud, la cultura, la educación y de las vindicaciones medioambientales, como de los que luchan por la dignidad de nuestros pueblos originarios, la igualdad de género y los derechos de los consumidores. Consolidar rápidamente una nueva Asamblea de la Civilidad que ya no pueda ser manipulada por los partidos y los falsos representantes de la sociedad chilena, juramentados a respetar la Constitución de 1980, a la que rinden pleitesía al momento de apoltronarse en sus curules legislativos, edilicios y gubernamentales.

Necesitamos un referente supra social que sume como objetivo, además, recuperar el papel rector del Estado, recobrar nuestras riquezas básicas y soberanía nacional, en un país que de cordillera al mar se enseñorean las empresas transnacionales. Una asociación ciudadana que exija, como condición de paz, una Asamblea Constituyente, promesa burlada por todos los gobiernos y parlamentos de la postdictadura.

Una Asamblea de la Civilidad que obligue a los actuales moradores de La Moneda a definir una salida política con ésta y con la definición de una batería de soluciones económico sociales para terminar efectivamente con los sueldos de hambre, las pensiones indignas y los costos oprobiosos de la movilización pública, del agua potable, el gas y la electricidad. Y que, por supuesto, condone las deudas asumidas obligadamente por los jóvenes y sus familias por el derecho a educarse. Junto con ponerle freno a la usura bancaria y, especialmente, de los abusivos créditos habitacionales.

En uno de los países más ricos de nuestra región, como lo reconoce ahora el conjunto de la clase política y empresarial acorralada por fin por el pueblo y su esperanzador retorno a las “anchas alamedas”.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 1 de mayo de 2019

La probada insolvencia de nuestra “democracia”



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Una reciente encuesta de la Universidad del Desarrollo, difundida por el propio diario El Mercurio (21 de abril), ha dejado al desnudo las debilidades de nuestro sistema institucional. Si por “democracia” se ha entendido el gobierno del pueblo y por el pueblo, lo cierto es que hoy en Chile los ciudadanos prácticamente no reconocen poder alguno sobre las decisiones de la política. De allí, entonces, los altos niveles de abstención electoral y la falta de representatividad popular de quienes son escogidos para integrar el Gobierno, el Parlamento y las municipalidades.


Ante la pregunta sobre cuáles cree usted que son las instituciones que más influencia tienen en las decisiones gubernamentales, un 44 por ciento de los encuestados cree que son las empresas las que más inciden en tal sentido, seguido de quienes le asignan a los medios de comunicación ser también muy decisivos al aspecto. Los mismos partidos oficialistas solo contribuirían un siete por ciento en la toma de decisiones y, después de ello, los sindicatos, las FFAA, las iglesias y la ciudadanía no pasan de ejercer un cuatro por ciento de influjo.

Llama la atención también en este sondeo que más 55 por ciento de los encuestados piense que no tiene ninguna influencia en lo que hacen las autoridades, con lo que se consolida la pobre matriz republicana de nuestro orden político institucional. De allí, además, que en el Chile de hoy exista un 45 por ciento de personas que le interese muy poco o nada la política, en contraste con la cifra del 12 por ciento que todavía le importa mucho.

Las cifras son ciertamente dramáticas si se las compara con otros países en que el ejercicio ciudadano es relevante y la política mantiene el interés de la población, aunque la decepción respecto de sus actores parece ser un fenómeno muy universal y creciente. Lejos hemos quedado de ese fervor ciudadano que se expresaba en los primeros comicios de la pos dictadura. Algo que hoy recién preocupa a las clases dirigentes y desde el Servicio Electoral se gastan recursos para estimular el sufragio en un país en que el derecho a voto es voluntario.

Hay países considerados democráticos en que la concurrencia a las urnas no es muy masiva o suele ser fluctuante entre una y otra elección. Sin embargo, los ciudadanos de todas maneras sienten que están representados por sus gobiernos y parlamentos. Además de asignarle alguna capacidad y dignidad a los diversos partidos y líderes políticos y sociales. En contraste con ello, la misma encuesta que comentamos ratifica aquellos que es ya vox populi: la desconfianza general que existe respecto de la llamada “clase política.

En efecto, apenas un 12 por ciento de nuestra población cree que sus diputados y senadores se esfuerzan por cumplir las promesas que le hicieron al electorado, mientras que más de un 66 por ciento piensa que nuestros legisladores no procuran hacer lo que más le conviene al país. Toda una realidad que en los hechos nos resta autoridad moral para darles lecciones de democracia a los otros países de nuestro entorno regional. La constatación de cifras que se hacen despreciables, además, frente a los estándares democráticos de muchos países del mundo.

Es acertado asegurar también, a la luz de este sondeo, que el gobierno actual parece más de los empresarios que de los trabajadores; digitados mucho más por las instituciones patronales que por los partidos políticos, las agrupaciones laborales y de la vida civil. Una realidad que debe ser de suyo indicativa de los niveles de corrupción que a diario se alcanzan en los más distintos campos, así como de la impunidad que favorece a las colusiones empresariales y políticas.

Si se añaden a los resultados de esta encuesta los múltiples indicadores de la percepción social que existen frente a nuestra pretendida democracia, podrán sacar, por supuesto, el aumento de la inseguridad y el desarrollo de la delincuencia común. El hecho de que la violencia se haya hecho ya el pan de cada día y se instale como el alimento sustancial de los noticiarios de la televisión y radio, como de los titulares de la prensa y de las redes sociales.

La desconfianza que hoy, por añadidura, sabemos que existe respecto de la probidad de nuestros tribunales y de la idoneidad de las mismas instituciones intelectuales y religiosas estimula en las víctimas la necesidad de hacerse justicia por su propia mano, además de evadir o eludir las disposiciones tributarias y hasta las leyes del tránsito, cuando se descubren los más voluminosos fraudes fiscales en las propias policías y los militares. Conmociona en tal sentido que un país que se proclamaba probo, casi incorrupto, hoy iguale o supere a tantos otros en esta lacra. Incluso en lo que toca a los abusos cometidos por sacerdotes y obispos, nos da la impresión que Chile, en relación a su tamaño, es el que ha demostrado una de las peores condiciones.

Tampoco parece ser muy encomiable que en relación a su actividad laboral el 45 por ciento de los empleados estime que el trabajo es solo una manera de ganar dinero. Que tantos chilenos tengan como incentivo solo obtener plata ejerciendo sus empleos, por lo que debemos desprender que la mayoría trabaja insatisfecha en un país en que el salario es mínimo o muy precario para la amplísima mayoría de los trabajadores. Y que debiéramos felicitarnos de que muchos compatriotas e inmigrantes se asuman como vendedores ambulantes antes de llegar a delinquir para generarse su sustento. Junto con tener que defenderse de la represión policial que los apalea y les confisca sus mercancías, mientras los micro traficantes, por ejemplo, se desenvuelven con mucha más seguridad.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

martes, 30 de octubre de 2018

El estado Bolívar: ¿Otro Esequibo?


Por Juan Martorano:
Inicialmente, había pensado realizar un análisis sobre los resultados de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y regionales en Brasil, pero ya varios compañeros y compañeras me antecedieron en los análisis y apreciaciones sobre el tema (incluso mucho mejores que las opiniones que podía haber dado). Y es por ello, que pudiera tocar tangencialmente el tema, pero con un tema que, a mi juicio, insisto, debe ser tratado como de seguridad de Estado.

Me refiero una vez más al estado Bolívar, y más específicamente a los municipios del sur de dicha entidad federal, que son 7 en total (Angostura, Cedeño, Piar, Roscio, El Callao, Sifontes y Gran Sabana) de los cuales, dos comparten fronteras con países como Guyana y Brasil, cuyos gobiernos hoy en día son hostiles al venezolano, y prestos a los planes que la administración Trump tiene para con Venezuela.

Hemos podido observar, como en menos de dos semanas, se han registrado hechos de particular violencia en el municipio Sifontes, y particularmente en la localidad que sirve de capital a tan estratégico e importante municipio: Tumeremo. Se ha comprobado como los denominados “sindicatos” han tenido fuertes disputas con fuerzas irregulares, bandas criminales, efectivos del Ejército, Guardia Nacional Bolivariana, policía estatal y municipal corruptos con fuerzas de seguridad y orden, por el control territorial de minas y de importantes yacimientos en la zona, que se ha traducido en acciones que en la mayoría de las ocasiones los habitantes de esos sitios prefieren mantener en silencio, son pena de pagar con su vida si cometen declación de lo que allí viene ocurriendo.

Vaya que los dossiers escritos en su momento por este servidor, entregados en las propias manos del Comandante Inolvidable sobre varias alertas que hicimos, sobre uno de los epicentros de la conspiración contra la Revolución Bolivariana se encontraba (y se encuentra) en el estado Bolívar es una triste realidad, la cual estamos obligados a cambiarla.

Como una pequeña digresión, ya pudimos enterarnos que en el municipio Caroní de la referida entidad federal (Puerto Ordaz y San Félix) el que electoralmente tiene la mayor cantidad de votantes, y por ende tiene una importancia político- electoral considerable, la tarifa del pasaje de transporte urbano amaneció en 5 bolívares soberanos. Imagino que situaciones como estas se replican en el resto de la geografía nacional, pero esto será objeto de un artículo aparte para referirnos a tan espinoso tema.

Los sucesos que se vienen registrando en el sur del estado Bolívar son sumamente peligrosos, y evidencian la ausencia tan siquiera del más mínimo estado de Derecho. Debemos entender que ESTA EN RIESGO LA SOBERANÍA del sur de Bolívar, y, por ende, del país. La indiferencia, o la posible COMPLICIDAD en el tráfico del oro por los responsables de hacer justicia, amenazan esa zona y de que pueda convertirse en otro Esequibo (que de hecho lo tienen bien cerca).

Desde que en su momento ciertos actores políticos supuestamente revolucionarios, y que en vida del Comandante Chávez lo traicionaron, entregaron a sus mafias y a sus criminales intereses, en Bolívar se encuentran sumidos en la malsana y hasta mortal falta de derechos, de ahí para adelante, todo ha ido cuesta abajo. Nada ayuda.

La amenaza en el sur del estado Bolívar crece ante la CERO autoridad y la AUSENCIA DE ESTADO. Ahora, con la llegada de la extrema derecha en Brasil, quien se expresa contra Venezuela, prometiendo tomar acciones con insinuaciones CLARAMENTE BÉLICAS.

De ahí que la evaluación que debe hacer el Presidente Nicolás Maduro, como Jefe de Estado y conocedor de la realidad guayanesa (ya que, como Canciller y Vicepresidente Sectorial de Política, varias veces visitó la zona por instrucciones del Comandante Chávez y por su ascendencia sobre varios de los dirigentes obreros y sindicales de la zona)  y del magistrado- presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno, y entender que nada de lo que hagan se resolverá contra las bandas y el crimen organizado que allí operan, si como una de las primeras medidas que se adopten sea el allanamiento e intervención de tribunales, sacudón en las estructuras jurídicas de la zona, y PONGAN PRESOS A MÁS DE UN JUEZ CORRUPTO, CÓMPLICE Y ALCAHUETE.

Insisto en lo que en otras oportunidades he señalado. En buena hora llegó el M/G Justo Noguera Pietri y está realizando un trabajo encomiable en la región. Pero Justo Noguera sólo no puede, y digo más de lo que ya he señalado aún. No solo debe contar con un buen equipo técnico político que lo respalde en su gestión como gobernador y ahora como vicepresidente del PSUV en la región sur; sino contar con un apoyo más fuerte y decidido de la Vicepresidencia Sectorial de Política, Soberanía y Paz, dirigida y de la mano del G/J y actual ministro del Poder Popular para la Defensa, Vladimir Padrino López, del Comandante del Comando Estratégico Operacional (CEO), A/J Remigio Ceballos Ichazo, y del M/G y Ministro del Poder Popular para las Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Néstor Luis Reverol Torres, para hacer un trabajo similar al que realiza el protector del Tàchira, Freddy Bernal, de golpear duramente a las mafias de dicha zona, que al igual que Bolívar, es estado fronterizo, y cuyo gobierno es hostil al nuestro.
¡Bolívar y Chávez viven! ¡Y sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!
jmartoranooster@gmail.com, j_martorano@hotmail.com,  juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar  

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Leyes sin promoción social no se cumplen

Por Germán Saltrón Negretti

Las leyes en general tienen como finalidad ordenar la conducta humana en toda sociedad, para lograrlo realmente, debe ser conocida ampliamente por los ciudadanos y funcionarios del Estado. Esa enseñanza debe continuar en la familia, en todos los centros educativos, en las comunidades, en los sindicatos, en las academias militares y los medios de comunicación. Venezuela tiene una  Constitución de las más avanzada en derechos humanos, pero es necesaria promoverla en todas estas instituciones. Quiero mencionar el artículo 271 Constitucional.



Abro comillas. No prescribirán las acciones judiciales dirigidas a sancionar los delitos contra los derechos humanos, o contra el patrimonio público o el tráfico de estupefacientes. Asimismo, previa decisión judicial, serán confiscados todos los bienes provenientes de las actividades relacionadas con los delitos contra el patrimonio público o con el tráfico de estupefacientes. El procedimiento referente a los delitos mencionados será público, oral y breve, respetándose el debido proceso. Cierro comillas. 

La promoción de los derechos humanos es importante entre los grupos vulnerables y los entes del Estado y organizaciones que trabajan con ellos. Cuando integre la directiva de la Defensoría del Pueblo, propuse que el tema de la Constitución Nacional y los DD.HH  debían incorporarse como  materia obligatoria en el pensum escolar desde secundaria. Asimismo, materia obligatoria para todos los funcionarios públicos, pero desafortunadamente no conseguí el respaldo debido.

Actualmente, que la oposición venezolana tiene una actitud antipatriótica y pretende llevar al país a una guerra civil, para entregarle las mayores reservas de petróleo del mundo a los EE.UU, se hace necesaria una Ley que establezca que la Constitución y la Ley contra el Odio, la Convivencia Pacífica y la Tolerancia sean materias en todos los centros educativos, así como para todas  y todos los funcionarios.

Estos temas sobre Seguridad Nacional deben ser analizados detenidamente por la ANC y redactar todas las normas necesarias para hacerla cumplir. Felicito a los Constituyentitas por la Ley contra el Odio, la Convivencia Pacífica y la Tolerancia que nos permitirá, si la hacemos cumplir fielmente mantener la paz con justicia social en Venezuela y un ejemplo para el mundo. Venezuela se prepara dar una nueva lección de democracia social en las elecciones de alcaldesas y alcaldes el 10 de diciembre, todos a votar. 

germansaltronpersonal@gmail.com