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viernes, 4 de diciembre de 2020

La historia lo creo

 Por: Julio Sergio Alcorta Fernández:

Han transcurrido cuatro largos y hastiados años desde que el  llamado presidente de la nación más poderosa del mundo, Donald Trump, inició su cometido.

Nunca en la historia de ese ahora imperio, había ocupado esa enorme responsabilidad un adefesio como ese millonario, y mira que han pasado por ahí algunos personajes dignos de atención psiquiátrica.

Sobre Donald Trump se ha escrito mucho, casi siempre resaltando su ignorancia, su incultura, su prepotencia, su desfachatez, etc.

Otras veces tratando de adivinar aspectos de su personalidad, para poder entender su posible trayectoria, capaz de reeditar el fascismo, el racismo y la homofobia.

Ahora bien, ¿Cómo fue posible que en los Estados Unidos de América, una nación organizada, con instituciones relevantes, y sobre todo un poder bien dirigido a no aceptar cambios que configuren otra cosa que no sea su prevalente pragmatismo, su elitismo y esencialmente el denominado “CREDO NORTEAMERICANO”, una suerte de consenso básico (o alto nivel de acuerdo), en relación con las formas de organizar  política y económicamente la vida de la nación, haya  emergido una suerte de villano entrometido, que “el solo” haya podido desmantelar esta poderosa y secular institucionalidad conocida como “establishment”.

Es entonces que nos surgen dudas sobre la aparición muy temprana de Donald Trump, en las primarias del Partido Republicano, para escoger la figura que lo representaría en las elecciones de noviembre de 2016, ya que sería importante conocer: ¿Cómo y quiénes decidieron escoger a un personaje que solamente era distinguido por sus éxitos y tretas financieras y fama de multimillonario, y que nunca había pertenecido a la élite política, ni nunca había ejercido cargo alguno de esta índole?

Tan sorpresiva y a la vez inimaginable fue esa determinación, que influyentes sectores de la dirigencia republicana aceptaron a regañadientes a Donald Trump

Una vez se burlaron de él por no asistir al último debate. Su irrupción fue vista al principio como una especie de broma o mal chiste.

Casi toda la cúpula dirigente de ese partido lo tildaban de fanático, racista, misógino, vulgar, grosero y bravucón.

Sin embargo, Donald Trump, pasó de ser “un chiste” a arrasar en las primarias, siendo elegido para discutir la presidencia de esa nación en el 2016.

Algunas emisoras de noticias, como la famosa BBC de Londres, finalizó uno de sus programas expresando drásticamente: “Estados Unidos está parado frente al umbral de la grandeza o ante el precipicio que conduce a la ruina”.

Y finalmente, como todos conocemos, triunfó en las elecciones para presidente, contra Hillary Clinton, candidata por el Partido Demócrata, aunque obtuvo casi 3 millones más de votos populares que Trump.

De inmediato surgieron extensos comentarios, escritos, etc. ofreciendo sus criterios, pero ninguno, pienso yo, lograron desentrañar esta enmarañada novela político-social.

Personalmente, y sin poseer todas las interioridades del caso, pero sí mi convicción de que la HISTORIA juega un papel determinante en esos procesos, considero que ella conoce que existe aún en este siglo XXI, un poderosísimo y peligroso imperio, fecundado al finalizar del siglo XVIII y principios del XIX, y como tal su génesis lo obliga a transitar por sus innegables etapas de: emerger, subsistir y fenecer.

Por lo tanto, considero que la aparición de un espécimen tan desajustado, extraño, absurdo y extravagante como el actual presidente del imperio estadounidense, es la evidencia más contundente que haya podido lograrse de lo que la HISTORIA significa, ya que supo fecundarlo, prepararlo e introducirlo en las entrañas de ese imperio, para facilitar su muy lenta, escabrosa y al fin inexorable desintegración.

(1)          “Los Estados Unidos y la lógica del imperialismo”. Jorge Hernández. Martínez.

jalcorta@nauta.cu

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Rebelión en la Granja.



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
En su afán de destrucción del sistema multilateral Donald Trump no se para ni siquiera en el avasallaje de aquellas instituciones creadas por Estados Unidos para sostener su dominio imperial. Esto es particularmente ostensible en América Latina y el Caribe donde no contento con todos los desmanes que realizan tales instituciones con el aval de la potencia hegemónica, las arma y desarma a su antojo.

 
El caso más palpable fue cuando ante la impotencia y el fracaso de la OEA en su intento por derrocar al gobierno de Venezuela, agrupó a sus súbditos quienes en la capital peruana tomaron el bastón para aspirar a conseguir lo que la OEA no pudo. Al final, todo terminó en una bufonada más a cargo del director de la CIA que funge como secretario de Estado.

Se ha hecho más evidente que nunca que la política exterior de Estados Unidos no puede obtener logros a través de las vías diplomáticas proclives a la negociación y el diálogo y solo se puede imponer a través del sometimiento, la fuerza, la amenaza y el chantaje. Por supuesto, en América Latina y el Caribe tiene éxito porque las élites de derecha no tienen empacho en someterse, ser sujetos de amenaza y chantaje y aceptar la fuerza sin importar los intereses nacionales ni la soberanía, si de defender sus mezquinos intereses se trata.
Pero ahora el afán imperial ha ido mucho más allá, pasando a subyugar a sus propios adláteres quienes intentan débiles quejidos que son solo expresión del desmoronamiento del sistema panamericano y monroista por acción del propio amo imperial cuando ha podido constatar la inutilidad de estructuras que se proponían sostener el dominio neocolonial haciendo un uso oscuro e interesado del derecho internacional.
Eso ya no les sirve, no han podido doblegar a Cuba, no han logrado derrocar a los gobiernos de Venezuela y Nicaragua, no han podido construir mayorías que avalen el avasallamiento. Entonces, ha entendido que se ha llegado a una situación de obsolescencia de tales estructuras y ha decidido intervenirlas, a pesar de la protesta de algunos que con anterioridad fueron sus súbditos.

Un escenario de esta rebelión de los lacayos se está desarrollando en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el que Trump decidió violentar un acuerdo verbal por el que el presidente de dicho organismo siempre sería un latinoamericano. Así ha sido desde su fundación, lo cual ha permitido al ente financiero mantener un maquillaje como institución autónoma. Sin embargo, el presidente de Estados Unidos ha decidido imponer a un candidato propio. El designado es Mauricio Claver-Carone, pupilo de Marco Rubio quien ya lo había sido colocado en la Casa Blanca como una de las  cuotas de la ultra derecha terrorista cubano-americana en el gobierno de Trump, en este caso para ocupar el puesto de Asistente Especial del Presidente y Director de Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, desde donde se dirige toda la furia anti cubana y anti venezolana del estado norteamericano. A cambio, Rubio debe aportar los votos de la Florida para la reelección de Trump.

La decisión cayó como una bomba en los países subordinados de América Latina y el Caribe. Lo cierto es que Trump no ha violado ninguna ley escrita, solo un acuerdo verbal de hace casi 60 años. Incluso un grupo de ex presidentes latinoamericanos que durante su mandato mantuvieron una perruna subordinación a Estados Unidos, hoy manifiestan que la decisión de Trump es “una gravísima violación del acuerdo político fundamental con el cual nació [el BID].

En una carta hecha pública el pasado 26 de agosto, Fernando Henrique Cardoso, Felipe González, Ricardo Lagos, Julio María Sanguinetti, Juan Manuel Santos y Ernesto Zedillo opinaron que tal hecho “rompe la lógica y la sabiduría de aquel acuerdo político fundacional”. Alegan que ahora no hubo ninguna discusión referida al tema, califican la medida de “ruptura mayor” y solicitan reflexionar “porque esa nominación constituye una grave falta de respeto hacia las reglas de convivencia hemisférica e internacional y ciertamente una seria agresión a la dignidad latinoamericana”.

Los ex presidentes reconocen que Estados Unidos cuenta con los votos de Brasil, Colombia y Guaidó (a quien el BID transformó en país) y que bastaría agregar a “uno o dos países adicionales” para que el candidato de Trump, logre su “reprobable propósito”.

En esta insólita declaración propia de los niños que lloran cuando le quitan el juguete, estos ex mandatarios quienes mientras se mantuvieron en la presidencia de sus países jamás hicieron declaración alguna en defensa del respeto a la dignidad de los pueblos de nuestra región y de rechazo a la permanente agresión de Estados Unidos a América Latina, ahora, que no tienen poder alguno, advierten que:  “Por su forma y fondo, esta sería una imposición arbitraria, que no dudamos acarrearía consecuencias muy negativas para el devenir de la institución y el futuro de la relación entre Estados Unidos y América Latina. El daño para el BID sería irreparable”.

Finalmente aseguraron que la elección del próximo presidente del BID pautada para este mes de septiembre carece de legitimidad y debería considerarse nula por lo que hacen un llamado a los países miembros del BID para que se den cuenta que el nuevo presidente del organismo podría surgir de un “acto carente de legitimidad histórica y política”. El problema es que Claver-Carone dice ya contar con los 15 votos necesarios para su elección incluyendo los de algunos de los países de donde provienen estos ex presidentes. Sus gobernantes actuales han preferido optar por su lealtad al amo imperial en detrimento de la defensa de los intereses nacionales que sus colegas retirados dicen representar.

En otro ámbito, también dentro del sistema panamericano, utilizando esta vez a Almagro, Estados Unidos ha decidido intervenir la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a solicitud de Argentina (durante el mandato de Mauricio Macri), Colombia, Paraguay, Brasil y Chile que no vieron con buenos ojos que el jefe de este organismo extralimitara sus funciones de perseguir a los gobiernos adversados por Estados Unidos para investigar a aquellos que tienen aval imperial para cometer todo tipo de desmanes en materia de derechos humanos. Estos países quieren hacer valer su autonomía como naciones por encima de la de la CIDH, lo cual genera una indeseada insubordinación que Washington no puede aceptar so pena de desmoronamiento del sistema imperial. En paralelo, emerge una contradicción derivada de que estos países son leales apoyos a la política exterior de la potencia norteamericana.

A pesar de haber sido elegido por unanimidad para un nuevo período en la secretaría general de la CIDH, el brasileño Paulo Abrão ha sido destituido por Almagro. La decisión inconsulta e ilegal del secretario general de la OEA se hizo bajo la justificación de que existen denuncias administrativas contra el brasileño, pero como es habitual cuando se posee el resguardo de Washington, no presentó ninguna prueba. Tampoco importó que la CIDH sea autónoma en cuanto al nombramiento de sus dirigentes.

Utilizando un enrevesado método a partir de alegatos presentados por la colombiana Neida Pérez a quien Almagro nombró “defensora del pueblo” a fin de tener otro instrumento para atacar a Venezuela, el secretario general amplió las funciones de mediación de Pérez para adosarle tareas investigativas que no tiene y que son ilegales.

A la vista de la CIDH la actuación de Almagro constituye “un franco desconocimiento de su independencia y autonomía”. Incluso la vicepresidenta de la CIDH, la chilena Antonia Urrejola manifestó que no se trata de una cuestión de reputación ni de defender en particular a Paulo Abrão, sino que es un debate que va mucho más allá y que define la independencia y autonomía de la CIDH.

Por su parte, en una entrevista con la Radio de la Universidad de Chile el comisionado mexicano de la CIDH, Joel Hernández aseguró que la decisión de Almagro deja a la esta institución “sin opciones” y en una situación "que pareciera de no retorno".

La situación de la CIDH es otra expresión de la crisis que afecta al sistema panamericano monroista. La decisión de Almagro genera una gran contradicción porque por una parte desconoce el hecho jurídico que se deriva de la autonomía que ese organismo tiene respecto de la OEA mientras que por la otra, pone en evidencia su subordinación de facto al Departamento de Estado como todos los organismos regionales que nacieron bajo el influjo anti comunista de los años de la bipolaridad posterior a la segunda guerra mundial. Hernández afirma que la decisión de Almagro no tiene precedentes y quebraría una tradición de más de 20 años en la cual “la Comisión elige y la OEA designa”, lo cual no significa nada para Almagro en el deseo de hacer patente su servil talante ante Washington.

Según el laureado periodista colombiano Gonzalo Guillén, en un artículo publicado en el periódico “La Nueva Prensa” de Bogotá el pasado 31 de agosto, la actuación de Almagro se sustenta en su carácter corrupto que lo llevó a pagar un “precio indecoroso” para completar los votos que le faltaban para hacerse reelegir como Secretario General de la OEA. Guillén dice que además de las prebendas que da el cargo de secretario general, Almagro necesita aferrarse a él, porque está muerto políticamente en su país Uruguay, toda vez que la izquierda lo considera un traidor y a la derecha no le brinda confianza.

En este contexto es que -siguiendo el razonamiento de Guillén- Almagro recibió el apoyo de algunos países que le pidieron a cambio la cabeza de Abrão. Así mismo asegura que uno de esos países es Colombia “por medio de su cuestionado embajador ante la OEA, el oscuro ex procurador Alejandro Ordóñez (neonazi, misógino, racista, corrupto y homofóbico)”.

Recordando la novela de George Orwell que le da título a este artículo, pareciera que las medidas implementadas por Trump en su “patio trasero” han ido tan lejos que han generado una “rebelión en la granja” en la que los animales se pelean para obtener lo que creen es un mejor gobierno que no se diferencia mucho del que existe. Como en la obra, la corrupción, los intereses mezquinos y la búsqueda de beneficios de grupos y facciones están concurriendo para la construcción de una nueva forma de poder y dominación que podría ser peor que la que le antecede.

Como en la novela de Orwell, se podría decir que “Napoleón” Trump le está lanzando sus perros a todos los “Snowball” latinoamericanos que se horrorizan ante la perspectiva de tener que huir de la granja. Napoleón, el jefe de los cerdos que tomaron el poder, se está trasformando en líder único, desconociendo a los otros porcinos del Grupo de Lima que le acompañaron hasta ahora y que al igual que los hombres desplazados de la granja pueden ser víctimas de los perros llamados Pompeo, Almagro, Rubio y otros. El miedo de estos cerdos -que cuando estuvieron en el poder, se comportaron igual que Napoleón- es que los hechos están indicando que también podrían ser devorados por los perros que ha lanzado el líder en su persecución. 
sergioro07@hotmail.com

miércoles, 15 de julio de 2020

Las elecciones presidenciales en los Estados Unidos (Parte 2)



Por Julio Sergio Alcorta Fernández:
En el documento anterior del 18 de junio, expuse que; “a Trump y sus asesores, que no tienen nada de tontos” …” tienen definida su estrategia que seguramente se asemeje a la de su elección en noviembre de 2016.

En este sentido, considero provechoso para los que queremos hurgar con más acentuación cómo fue posible que un desconocido político haya podido escalar sorpresivamente a ser presidente del imperio más poderosos que haya existido, internarnos en ese barullo de primarias y nominaciones partidistas acontecidas fundamentalmente en el 2016, año en que se celebraron las elecciones presidenciales el primer martes de noviembre.

En aquel momento fue algo estrafalario y ridículo ver como Donald Trump logró pasar de “ser un chiste” a arrasar en las primarias del Partido Republicano.

Todos sus contrarios: Ted Cruz, Jeb Bush, Marco Rubio y otros más, fueron ampliamente aplastados y eliminados cuando se enfrenaron al mentiroso multimillonario.
Sin embargo, pareciera como un castigo a alguien que consideraban un intruso, que desde muy temprano tuvo que afrontar el empuje de una parte mayoritaria de su Partido.

Fue tal la aversión que, desde el inicio, en una revuelta partidista, se sumaron medio centenar de expertos republicanos en política exterior que publicaron una carta conjunta en la que se comprometieron a trabajar enérgicamente en contra de una presidencia a Trump.

Finalmente, no quedó más remedio que importantes sectores de la dirigencia republicana aceptara a regañadientes que Trump no solo era la opción menos mala, sino que eventualmente era imparable en la carrera para ser candidato.

La conclusión que sacaron fue que “pueden vivir con Trump, pero no con Ted Cruz”.
Y, lógicamente, ya en febrero 2016, era el favorito en las encuestas de los republicanos para presidente.
Estando decidido los dos contendientes por ambos partidos, Trump y la Clinton, en el intervalo hasta esa fecha de las elecciones el 3 de noviembre de 2016, el opulento xenófobo y misógino aspirante republicano arremetió desaforada y desvergonzadamente contra su rival, burlándose de las apariencias físicas de ella y de cuantas se atrevieran a enfrentarlo, incluso criticando ferozmente el matrimonio Clinton-Hillary.
Se promocionó en el país como el abanderado de la rabia populista blanca.

Pero, por otro lado, hay que subrayar que los que estuvieron al tanto de todas las incidencias, observaron que, independientemente de estos gazapos del troglodita, mostró que estaba perfectamente aconsejado de cuáles eran los temas primordiales en los que debía acentuar sus esfuerzos.
Y es así como Trump entendió mejor que su rival, que una porción significativa de la sociedad estadounidense estaba temerosa.

Comprendió de alguna manera las preocupaciones de los Estados con menos formación académica y más pobres, de que éstos tenían miedo de que su país estuviera cambiando a su alrededor cada vez más poblado por gente cuyo idioma materno era el español y no el inglés.

Que ganar las elecciones resulta más útil ganar en muchos Estados, aunque sea por un voto de ventaja que ganar en pocos Estados con una abrumadora ventaja de millones de votos.

Tuvo la habilidad de entender que el empresario en su nación, en su mayoría, sienten un profundo y visceral enojo hacia esa cosa amorfa en Washington, que es el “establishment”, la clase dirigente tradicional a la que pertenecen los centenares de congresistas que ocupan un escaño en el capitolio, algunos desde hace décadas.

Hay que recalcar de nuevo que el artífice en la recta final de la campaña, fue Steve Bannon, sujeto que se destaca por ser fanático de impulsar toda suerte de teorías conspirativas, ultra-derechista, racista, sexista y xenófobo.

Han transcurrido casi 4 años de Trump en la presidencia de los Estados Unidos, e independientemente de diversos complejos y gravísimos problemas que están afectando a esa nación, que habría que analizarlos en otra ocasión, nos encontramos de nuevo con el periodo de preselecciones presidenciales en el que ya están definidos sus oponentes: Joe Biden por el Partido Demócrata, y Donald Trump para reelegirse por el Partido Republicano.

Restan solamente un poco más de 3 meses para arribar al primer martes de noviembre, y como nos habíamos imaginado, Trump está enloquecido desplegando sus acostumbrados shows publicitarios y sus amenazas, a pesar de que los datos que nos llegan de los infestados y los fallecidos por la pandemia son espantosos y holocausticos, lo que parece no importarle.

Recientemente pudimos contemplar su visita pre-electoral, con su séquito y con los correspondientes fuegos artificiales, al Monte Rushmore, emblema de la grandeza norteamericana.  Una muestra de que su campaña está priorizando este simbolismo tan descollante en el egocentrismo de ese pueblo y sus dirigentes.

Considero que en estos 90 días que faltan para las elecciones, esta caterva de anormales va a espantar a todos con las acciones más absurdas, increíbles y disparatadas, que irán poniendo en práctica según se vean apresados por las circunstancias.
Es de preocuparse que no se vislumbran los esfuerzos de los demócratas con tal de contrarrestar lo que se presagia con tanta evidencia.

Pareciera que solamente están esperando pacientemente a que sea la pandemia la que los libre de un posible descalabro. Muy pronto lo sabremos.
La Habana, Cuba, 12 de julio de 2020.” Año 62 de la Revolución”.   JSAF
jalcorta@nauta.cu

miércoles, 28 de agosto de 2019

El fascismo avanza en el mundo



Por Diego Olivera Evia:
La crisis social y humana en manos del capitalismo

Los avances del terrorismo de estado en América Latina, muestran la voracidad de un capitalismo sin escrúpulos, la destrucción de los valores y la cultura muestran un retroceso enel planeta, la crisis en el Medio Oriente y los movimientos terroristas de ISIS, son parte de una realidad de destrucción y muerte, son parte de una escalada de EEUU, que bajo la presidencia del psicópata Donal Trump, que amenaza con trasladar a los grupos de ISIS a Europa, para intentar controlar a los gobiernos de la Unión Europea (UE}, ante la imposibilidad de controlar a los gobiernos de Europa.


La oferte de compra de Trump fue rechazada por Dinamarca y las autoridades de Groenlandia, razón por la cual el presidente estadunidense canceló una visita a Copenhague prevista para septiembre.
 En 1985, Groenlandia dejó la Comunidad Europea (CE), a diferencia de Dinamarca que sigue perteneciendo a ella. La CE, a la que se unió más tarde la Unión Europea (UE), tras la ampliación de competencias de la organización aprobadas en 1992. Groenlandia mantiene algunos lazos con la UE gracias a Dinamarca. No obstante, la ley de la UE en gran parte no aplica a Groenlandia excepto en el área del comercio.

Estos hechos expansionistas del presidente Trump, marcan una era de violencia política y económica, los avances del fascismo en Europa, son parte de la estrategia de intentar controlar los mercados del mundo, son parte de una geopolítica del modelo de la supremacía blanca, aplicado en las elecciones para el triunfo de un payaso, capaz de agredir a los el senado y la cámara de diputados, por ser de origen afro estadounidense y contra diputadas musulmanas y no permitir su presencia en Israel, aplicando un mecanismo anti democrático, estos hechos muestran la farsa de un personaje misógino.

El uso de la violencia de Trump en el Medio Oriente, ha intentado destruir al Estado Islámico de Irán, acusándolo del tener armas atómicas, sin embargo este tipo de energía se usa para el crecimiento de su industrias, en avances tecnológicos y de auto defensa ante la prepotencia imperial, los intentos de controlar el estrecho de Ormuz, ha determinado que los militares Iraníes, han detenido a barcos de EEUU y las maniobras de los Marines, para intentar crear un cerco a esta nación, al estilo de las campañas de Trump, pero los marines fueron detenidos y los barcos controlados, a la vez los barcos de Irán, han podido vender su petróleo a Asia, evadiendo estos intentos de un cerco militar y económico.

La crisis social y humana en manos del capitalismo
La postura internacional contra la ANC de EEUU y la Comunidad Europea, ha ampliado los caminos de la violencia y una guerra, atacando la legalidad de la democracia venezolana, ellos mismos buscan desconocer el acto mayoritario, de más 8 millones de venezolanos, solo apuestan a una salida guerreristas impulsada por la Central de Inteligencia América (CIA), como lo ha manifestado el director de esta agencia, al reunirse con los gobiernos de México y Colombia, para crear una intervención armada. Un hecho llamativo que muestra la presencia gringa en Venezuela, es que, en una camioneta robada del cuartel en Maracay, se encontraron banderín y estandarte de la CIA, demostrando quien desarrolla los actos terroristas, además dejaron los terroristas varios pertrechos militares, y se llevaron las armas largas robadas de esta unidad militar.

La postura de EEUU del presidente bipolar Donald Trump, de querer sacar al mandatario venezolano de su cargo, para intentar crear un vacío de poder, como lo aplicaron en golpe de estado de 2002, al presidente Hugo Chávez, pero esta acción fue derrotada por la FANB, y se recuperó al presidente Chávez, ante del plan de Estados Unidos de secuestrarlo como al presidente Noriega, destruyendo media ciudad de Panamá y miles de muertos. Esta campaña de mentiras, de una crisis humanitaria de Venezuela, como la marcha de este pasado martes 8 de agosto, llamando a la búsqueda de comida, es una farsa de la derecha y los empresarios como la empresa Polar y otras importadoras capitalistas, que usan un dólar especulativo, sin base real en ningún concepto económico, realizados por el denominado Dólar Today radicados en Miami y Colombia.

EEUU y ahora la CE buscan un mayor intervencionismo, tratando de crear un mito de que la ANC es un proyecto golpista, para darle más poder al presidente Maduro, dejando de lado el carácter popular de esta convocatoria, son decenas de artimañas y campaña mediáticas de la prensa capitalista monopólica, para intentar apoderarse del petróleo venezolano, de los minerales estratégicos, como las reservas de agua.

Es que el imperialismo sigue tratando de acumular las riquezas del planeta, como lo ha realizado en Iraq, Afganistán, Siria, y ahora Yemen con sus pozos de petróleo, estamos ante una crisis mundial de un modelo neoliberal e intervencionista, no repara en millones civiles de asesinados como en Japón, por la bomba atómica lanzada por EEUU, a una nación ya derrota y rendida ante la URSS, vivimos una realidad anti humanista y contra la sociedad humana en su conjunto.

Periodista, Analista Geopolítico
diegojolivera@gmail.com

viernes, 2 de noviembre de 2018

Bolsonaro y las izquierdas


Por Juan Pablo Cárdenas S:
Más allá de su contundente victoria electoral, es evidente que Jair Bolsonaro no representa un proyecto político claramente definido ni  un movimiento o partido de raigambre popular con objetivos políticos o programáticos definidos públicamente. Como su misma campaña lo advirtió, votar por él era hacerlo contra del Partido de los Trabajadores, la corrupción generalizada de las autoridades y los altos e inquietantes índices de criminalidad. Tampoco en lo personal al ahora presidente Electo se le reconoce cualidades de conductor o líder espiritual, cuando el mismo ha dicho que va a invitar a algunos conocidos economistas para que le hagan la tarea que, dice, no sabe hacer.


Quizás por su antepasado militar se sienta seguro de poder afrontar problemas como el de la delincuencia, pero lo más seguro es que se proponga encararla con más represión policial y violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos, cuando alguna vez se lamentara de que las dictaduras militares no hubiesen eliminado a más opositores. Cuando todas las sospechas apunten a que se trata, además,  de un personaje racista, misógino y homofóbico que, de poner en práctica formas de discriminación como las que se temen, en muy poco tiempo perdería su credibilidad y apoyo popular en un país en que los afroamericanos, por ejemplo, son muy numerosos.

No es la derecha, ciertamente, la que ha ganado con él. Es mucho peor: podría ser el fascismo, el desdén por la democracia y su deseo de sumar a las Fuerzas Armadas a la conducción del país. De allí que haya políticos y partidos que, si bien hoy celebran su victoria, lo más probable es que a poco andar se deslinden de éste, para no desbaratar tantos esfuerzos por acreditarse como republicanos especialmente en las naciones que sufrimos largos regímenes dictatoriales.

Lo que pase con Bolsonaro dependerá mucho de la actitud que asuman las izquierdas tanto en Brasil, la región y el mundo. Si el derrotado partido de Lula se propone trabajar solamente para la recuperación del Gobierno, sin hacerse la debida autocrítica, desplazar a los corruptos y cederle espacio a las nuevas generaciones como al mundo social, lo más probable es que Bolsonaro se quede por mucho tiempo en el poder y obtenga las excusas suficientes para concretar sus amenazas o despropósitos.

Los resultados electorales hablan de un país dividido, sobre todo iracundo con la clase política, aunque una amplia mayoría terminara apoyando a un viejo diputado integrante también de la cúpula dirigente, cuyo único acierto fue interpretar “oportunamente” el malestar popular, pero incapaz de ofrecerle un camino. Por lo mismo es que la situación política podría revertirse en un tiempo razonable si la llamada izquierda brasilera demostrara capacidad de reformularse y demostrar un auténtico propósito de enmienda. Conjurando, por supuesto,  el divisionismo, el capillismo y otras malas prácticas que tienen al progresismo latinoamericano tan a maltraer, salvo las pocas excepciones conocidas.

Lamentablemente, los aliados que el vencido Fernando Haddad encontró en  Chile son figuras de suyo desprestigiadas, ávidas nada más de mantener sus relaciones con un gobierno poderoso como el de Brasil y, sobre todo, muy febles ideológicamente, después de haber protagonizado la sacralización en nuestro país el sistema neoliberal, sorteado las demandas más sentidas de la población y, para colmo, ejecutado varios gobiernos bajo la Constitución Política legada por Pinochet.

No vemos cómo una izquierda brasilera podría renacer de las cenizas alentada por los expresidentes de la Concertación y otros políticos que en nuestro propio país son también tan responsables del primer y segundo gobierno de Sebastián Piñera. Provocando los mismos sentimientos de frustración en un electorado que observó cómo sus aspiraciones fueron burladas por los sucesivos gobiernos de la pos dictadura, como para llegar a pensar que de un gobierno de derecha podría demostrar mayor sensibilidad social que los de centro izquierda. Una ilusión que recién empieza a disiparse en Chile con las débiles y demagógicas iniciativas de La Moneda, aunque el izquierdismo criollo siga sumido en su atomización, caudillismos, falta de propuesta y prácticas de corrupción.

Es probable que con la victoria de Bolsonaro, en la derecha chilena se despierte el jolgorio y el ánimo de asociase rápidamente con el nuevo mandatario brasilero. Ya hemos observado el entusiasmo que su campaña produjo en los sectores más ultras del oficialismo, pero es probable que el propio Piñera y su entorno político más cercano actúen con más cautela, salvo que unos y otros también busquen perpetuarse en La Moneda recurriendo al apoyo castrense,  la represión y el aliento personal del presidente de los Estados Unidos, quien día a día manifiesta más desprecio por la voluntad popular y las prácticas democráticas. Al grado de alentar el terrorismo de estado para combatir la inmigración y mantener en el poder a los gobiernos títeres de Arabia Saudita e Israel, cualquiera sean sus despropósitos. Llamando abiertamente, como consta, a derrocar a los gobiernos  de Venezuela y aquellos “países de mierda” que el mismo identificó en Centro América y otras regiones del mundo.

Más razón habría, entonces, para superar el lloriqueo de estos últimos días en la izquierda chilena y latinoamericana impulsando acciones que lleven a la autodisolución de un sinnúmero de referentes que nada aportan a la construcción de una izquierda capaz de ofrecer alternativa ideológica,  consolidar alianza con aquellos movimientos sociales hoy tan distantes de los partidos y levantar líderes nuevos que se impongan frente a los añosos y revenidos dirigentes aún aferrados a sus fantasmales estructuras. Varias de las cuales solo subsisten gracias a los sospechosos aportes de algunos empresarios de derecha, a la par de las contribuciones oblicuas de algunos gobiernos y partidos vanguardistas del continente, entre los que se cuentan los de Lula da Silva y su heredera Dilma Rousseff.

Haciéndose cómplices, con ellos,  de los escándalos que todavía se ventilan en los Tribunales de nuestro país, aunque la impunidad ya se haya impuesto en algunas causas por el expediente de la prescripción legal de los delitos y la lenidad de algunos jueces y fiscales.

Por otro lado, es preciso que nuestras izquierdas se demuestren impermeables a las ideas y “encantos” de la derecha. A la pretensión tan contradicha por los hechos de que el bienestar social puede fundarse en el capitalismo salvaje o neoliberal que asola a nuestros pueblos y solo ha logrado agudizar la inequidad y la brecha entre ricos y pobres. Dejando cada vez más a la intemperie a nuestros pueblos en materia de salud, vivienda digna, derechos sociales y culturales. Sacudiéndose del infundio de que son los gobiernos de izquierda los que alientan lacras tan severas como la del narcotráfico, la violencia y el crimen organizado, cuando éstas se nutren justamente en la injusticia social, la desigualdad y la codicia de los poderosos, siempre representados por las derechas, los poderosos empresarios y los militares. Y de un tiempo a esta parte, también,  por los socialdemócratas y socialcristianos rendidos al sistema hegemónico mundial. Gobiernos de arenga progresista, incluso, pero que en el poder han sucumbido moral e ideológicamente.

En este sentido, la elección de Bolsonaro, puede ser una gran oportunidad para el resurgimiento de un auténtico progresismo y la esperanza de los pueblos oprimidos .Es cosa de no dejarse abatir por el pesimismo o el mismo oportunismo.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

viernes, 26 de octubre de 2018

Ni un dictador, en el esplendor de su tiranía hubiera dicho lo que dijo y en la forma que lo dijo Bolsonaro


Redacción RED-GES/El Satélite:
Un terrible discurso de Bolsonaro disparó las alarmas al inicio de esta semana en Brasil a seis días de la elección presidencial que lo tiene al frente de las encuestas con una intención de voto popular casi que imposible de remontar. En un discurso transmitido en directo en la Avenida Paulista, en la tarde de ayer domingo, Jair Bolsonaro desplegó todo su ímpetu dictatorial y sentenció a la oposición a una de dos: “la cadena o el exilio”.

El candidato de ultraderecha, visiblemente envalentonado por el furor de una multitud que le aclamaba sin cesar, arremetió contra su oponente, Fernando Haddad y el senador Lindberg Farías del Partido de los Trabajadores; y le sobró arrestos para atacar también a los medios de prensa que le tachan de xenófobo, misógino, racista y machista lo que, evidentemente, por sus dichos y hechos, es.

Bolsonaro arengó a sus masas diciendo…
“Somos la mayoría. Nosotros somos el Brasil de verdad. Juntos construiremos una nueva nación”. Al referirse con nombre propio a Haddad y el senador Farías, agregó: “Perdieron ayer, perdieron en 2016 y van a perder la semana que viene de nuevo. Y, en tono amenazante agregó:
“Esta clase, si quiere que quedarse aquí, va a tener que ponerse bajo la ley de todos nosotros. O salen del país. Estas manchas rojas, que tienen la bandera roja y la cabeza lavada ((en alusión al PT), serán desterradas de nuestra patria.
Aparte especial de su incendiario discurso se lo dedicó al expresidente Lula, preso bajo sindicaciones de corrupción:

“Y Lula da Silva, si estabas esperando que Haddad fuera presidente para firmar el decreto de indulto, yo te voy a decir una cosa: te vas a pudrir en la cárcel. En breve tendrás Lindbergh Faria para jugar dominó en el ajedrez. Espera. El Haddad llegará allí también. Pero no será para visitarte, no. Será para quedarse unos años a tu lado. Ya que se aman tanto, se van a pudrir en la cárcel. Porque el lugar del bandido que roba al pueblo, está detrás de las rejas.
periodicoelsatelitehoy@gmail.com

miércoles, 17 de octubre de 2018

Una profunda derrota de la Izquierda


Por Juan Pablo Cárdenas S.:

Aunque matemáticamente en la segunda vuelta de las elecciones brasileras podría ser derrotado Jair Bolsonaro, todo dice que esta posibilidad es casi imposible, aunque la campaña del petista Fernando Haddad haga hasta lo imposible por desacreditar al adversario y advertirle a los ciudadanos de los peligros que entraña que un ultraderechista, fascista, homofóbico, misógino y racista pueda hacerse del gobierno.

Felizmente, el candidato que se impuso con tanta ventaja en las elecciones no debe su triunfo a estas características, sino al profundo malestar de los brasileros con la corrupción general de la política y en especial con las administraciones del Partido de los Trabajadores (PT). Por algo la presidenta destituida Dilma Roussef ni siquiera reunió votos para asegurarse un escaño en el Senado y con ella fueron muchos los gobernadores y parlamentarios que perdieron de forma contundente frente al fenómeno Bolsonaro y su emergente colectividad. En este sentido, hay que añadir que los votos obtenidos por el sustituto de Lula da Silva no fueron nada de despreciables si se considera su escaso tiempo de campaña electoral. Sin embargo, la distancia entre el 47 por ciento obtenido por Bolsonaro y el 29 de Haddad es prácticamente irremontable, toda vez que los sufragios de los que llegaron más rezagados no son todos endosables a favor del segundo.

La izquierda pierde en Brasil por sus propios pecados más que por los méritos del ganador. La descomposición moral de la clase dirigente siempre le cobra principal precio político a quienes están en el poder. Ciertamente, no es plausible que el pueblo brasilero se haya transformado en derechista y enemigo de la democracia; en capitalista y neoliberal. Solo que se cansó de ser burlado por un partido de izquierda al que le puso muchas fichas en el pasado y hasta le reconoció méritos antes de que sus líderes se corrompieran.

Es muy posible que a Bolsonaro le suceda lo de Macri o lo de Piñera en unos cuantos años más. Que los argentinos y chilenos comprueben que no es en las políticas de derecha donde pueden alcanzar sus aspiraciones de equidad y crecimiento continuo y sustentable. Que tampoco logre de los gobernantes de derecha un freno efectivo a la delincuencia, cuando se trata de una lacra que más requiere de justicia social, oportunidades de trabajo y salarios dignos, que de represión y de seguir aumentando las fuerzas policiales. De que terminen los flagrantes abusos del gran empresariado si se quiere inhibir la acción de los grupos marginados y pobres, como de la juventud desesperanzada.

Sin duda que es en la injusticia social, pero sobre todo en la impunidad, donde se alimenta el crimen organizado y cada vez más violento en nuestros países. ¿Qué otra cosa puede hacer un desempleado  que delinquir para su mínimo sustento personal y familiar? ¿Por qué hasta los mismos policías tendrían que mantenerse probos ante los asaltos de las Fuerzas Armadas al erario nacional? O, ¿por qué los jueces tendrían que resistir la tentación del cohecho, ante los políticos abiertamente sobornados por las grandes empresas?

Es la izquierdización de la corrupción la que alimenta a los Bolsonaro, los Macri y los Piñera, aun cuando la trayectoria personal de éstos haya sido también repugnante por sus negociados y fraudes. Cuando los tres, de buena forma, deben sus éxitos electorales a su capacidad económica para sojuzgar a los medios de comunicación, financiar sus millonarias campañas electorales y penetrar el mundo de las redes sociales, donde ahora se han instalado las grandes verdades y falsedades que son las más absorbidas por la población ignorante y menos reflexiva.

Y cómo no agregar algo también muy importante: por qué los pueblos tendrían que seguir fieles al ideario progresista cuando las izquierdas en el poder poco o nada hicieron para acabar con los abusos del sistema previsional, la usura de los bancos, el descarado negocio de la salud. Cuando fueron los propios gobiernos de la Concertación en nuestro país los que privatizaron la economía más que los militares y mantuvieron plenamente vigente la Constitución Política de Pinochet. ¿Es que acaso el peronismo, los herederos de la Unidad Popular o el mismo PT hicieron la revolución tan prometida? ¿O la hace Ortega en Nicaragua? ¿No es lícito que nuestros electorados hoy busquen una alternativa aunque sea en las fauces mismas del neofascismo? ¿No se hará necesario que nuestros pueblos comprueben por sí mismos que la solución ciertamente no está en la derecha y se avengan a consolidar nuevas organizaciones y formas de lucha para cambiar las cosas en su favor.

Muchos nos debemos preguntar, además,  por qué algunos “izquierdistas chilenos y latinoamericanos están tan abrumados por el triunfo de Bolsonaro. ¿Es que les preocupa el desencanto popular que pueda sobrevenir a su victoria, más que la posibilidad de perder las ubres que les pusieron los gobiernos del PT a sus partidos, movimientos y alcancías electorales. No son, en nuestro país,  los mismos personajes que todavía son investigados por los tribunales o escaparon de una sentencia gracias a las leyes de la prescripción y no de la justicia. ¿No parece tan extraño, entonces,  que expresidentes  y connotados políticos hayan perdido toda compostura al respecto o se hayan saltado olímpicamente todas las normas diplomáticas. Incluso, las que les señalan la imprudencia de inmiscuirse en los asuntos de los otros países.
¿Es que acaso creen que Bolsonaro podría destapar la olla de los escándalos del PT y de otras colectividades de Chile y América Latina financiadas por las empresas brasileras que hoy, naturalmente, se aprestan para entrar al gobierno del país más poderoso de nuestra Región?

No. Para tranquilidad de todos éstos, creo que podríamos asegurar que la derecha brasilera, como la de todos nuestros países, no va a proponerse este cometido sino, más bien, emular y hacer lo mismo de quienes los antecedieron en el gobierno. Sus tutores del Departamento de Estado y de las transnacionales obviamente no se proponen acabar con los facinerosos sino reemplazarlos y despejarse aún más el camino para definitivamente “hacerse la América” y cumplir el genuino imperativo de la doctrina Monroe de establecer plena soberanía en todo nuestro Continente.

Felizmente respecto de lo que acontece en Brasil, el auténtico progresismo latinoamericano ve con optimismo y esperanza lo que ocurra con Andrés Manuel López Obrador en México, quien también llega al gobierno con la promesa de encarar a la corrupción y conjurar el trágico legado de los gobiernos del PRI y de la derecha. Solo que en su caso viene abrigado por un sólido ideario de reformas para beneficiar a los más pobres y excluidos y, hasta donde sabemos, una intachable trayectoria personal.

Lo que más debemos lamentar es que, con la corrupción y en incumplimiento de lo prometido, nuestros pueblos ya han terminado por decepcionarse de la democracia misma. Según lo arrojan las encuestas de Latino barómetro. Que día a día crezca el número de los que no votan y ya no tienen ningún aliciente para confiar en los partidos políticos o en el mismo sistema institucional. Que se haya impuesto en Brasil un candidato que no presenta programa alguno de gobierno, ni manifiesta interés en debatir con sus adversarios.

 juanpablo.cardenas.s@gmail.com