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miércoles, 15 de agosto de 2018

Tres genocidios en busca de responsables


Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:
La Justicia Especial de Paz (JEP), construida como herramienta para entender la degradación humana padecida, es un instrumento de esperanza en la justicia, que por estar construida con múltiples voces, historias y verdades, podrá esclarecer el relato del horror vivido, para que la sociedad toda, pueda entender las consecuencias que la espiral de violencia ha producido. Sus conclusiones servirán de base para insistir en que todos deben saber de la crueldad vivida, para que de tanto oírla cobre sentido y al fin el país comprenda la destrucción de tal degradación moral y ética y haga causa común por la defensa de la vida con dignidad y la búsqueda de verdad y castigo.


Pero a la vez tiene legitimidad para enjuiciar a los responsables de determinar el horror, cuyo mayor triunfo, como en el nazismo, ha sido saber borrar las huellas, lograr que la sociedad no perciba la totalidad y profundidad de lo ocurrido, que por su crueldad desafía la imaginación y ofende la inteligencia y la misma idea de ser humano. La táctica de la negación del exterminio, ha consistido en presentar cada hecho en solitario, aparte, fragmentado, aislado y contado por épocas, regiones o pequeños grupos, en una lógica de poder que impide comprender la magnitud del horror y desatar la fuerza de la indignación. 

Al ponerle historia y memoria colectiva a las cifras, emerge la posibilidad, no solo hipotética, si no real, de calificar parte de lo ocurrido como genocidio (que es el crimen más grave entre todos los crímenes de lesa humanidad) al menos sobre tres grupos sociales. Ha habido sistematicidad, intencionalidad y cálculo para destruir y afectar parcialmente sus modos de existencia y cultura. Sobre los tres grupos hay innumerables hechos de barbarie, que permiten trazar una línea de conducta brutal del poder, planeada y ejecutada con actos dirigidos a eliminarlos, impedir su preservación y desarrollo y destruir las características esenciales de sus modos de vida, cosmovisión e identidad. Los agresores se justifican con el rechazo mismo a su existencia histórica como Indígenas, Afro, Campesinos. La JEP por su composición, función y capacidad, podrá entrar en este terreno de tipificación, hasta ahora negado por la falta de herramientas adecuadas o a veces producidas por los mismos agresores.

I. Con la constitución de 1991 el país volvió a saber de la existencia de los blos indígenas, con la voz del Taita Lorenzo Muelas, quien en el Congreso de la Republica, con identidad y cultura propia, con palabras cortas pero honestas, simples y profundas, empezó a contar otra vez la historia olvidada. Tres décadas después se volvió a saber de ellos por las mingas que caminan la palabra y por los insistentes bombardeos sobre ellas, ordenados por terratenientes a veces disfrazados de funcionarios y gobernantes. Aunque el estado anuncie reconocerlos los niega como pueblo. Ahora vienen a la JEP a contarle que 39 de los 102 pueblos indígenas están en vía de extinción física y cultural (Según Corte Constitucional), que han sufrido 123 masacres y que 2954 lideres han sido asesinados, aparte de los miles de agresiones para aislarlos, engañarlos, separarlos, dividirlos, tenerlos bajo amenaza, impedir su vida en calma. Son pruebas de un plan sistemático de exterminio, con una intencionalidad clara y un modus operandi para asesinarlos y usurpar sus territorios, eliminar su lengua y su cultura y borrar la memoria de esos pueblos. Esos rasgos definen un genocidio, que los tribunales de justicia ordinaria, difícilmente podrán determinar, porque los principales responsables y agresores de la tragedia, lo impiden, controlan el poder y la riqueza e imponen la ley desigual, de que defender territorio y cultura basta para ser asesinados. Ese genocidio esta presente en el cuerpo mutilado de cada colombiano, al que se le impide recuperar su memoria de luchas y olvidos.

II. Con la misma sistematicidad e intencionalidad ocurre otro genocidio contra las comunidades afro, cuyas realidades ponen al descubierto que 32 de cada 100 personas fueron víctimas del conflicto armado, que 813.000 negros, raizales y palenqueros han padecido el rigor de esa barbarie (RUV) que sigue vigente, y que han sido asesinados mas de 34000 afros. En los límites entre la mar y la tierra exuberante de riqueza, la violencia genocida se mueve como una ola de sangre que va y viene, alimentando la crueldad. Es otro genocidio, evidente, sistemático, intencional, con ánimo de destrucción y convertido en parte del juego morboso, discriminatorio y excluyente de las palabras de odio de las mismas elites que se niegan a entender que las conquistas de resistencia hace tiempo derrotaron a la institución de la esclavitud y se resisten a perder su condición de amos y raza superior.

III. El campesinado, que corresponde a la otra parte del olvido, es degradado como pueblo por la ambición de las elites por controlar la tierra y también, con los mismos rasgos, de sistematicidad, intencionalidad y animo de destrucción de su cultura y modos de existencia, ha sufrido otro genocidio. La barbarie reconoce al campesino como su objetivo, pero la democracia lo niega como sujeto histórico y al desconocerlo en su condición, ocurre una honda alteración política que impide la realización de su dignidad humana como grupo, siendo esta la mayor señal de violación a derechos humanos. Los campesinos hechos colonos han sido expulsados, despojados y eternamente condenados a sobrevivir como excluidos, salvo para legitimar con votos a las elites que provocan su desgracia. Para despojarlos les han inventado guerras en sus territorios, creado ejércitos depravados que degüellan, descuartizan e invaden hasta sus propios cuerpos.

 Los han desterrado y convertido unas veces en mano de obra barata, otras son raptados de los campos de cultivo y llevados a servir en el ejercito mas poderoso de américa, pero también el que más lisiados, locos, enfermos y mercenarios deja, y otras tantas veces, han sido sometidos a la voluntad criminal de narcotraficantes que los ponen a merced de sus fusiles, como obedientes y silenciados sobrevivientes, sin otro derecho que aprender a morir en medio del terror y la humillación. Solo con el inicio de la seguridad democrática (2001-2002) fueron asesinados 2221 campesinos (Cinep 2011, IDH 2011), como parte del genocidio en marcha, que en su etapa anterior (1948-1958) había dejado 200.000 campesinos muertos, en ambos momentos por la misma causa de desigualdad, que impide la lucha por el derecho a vivir con dignidad, a cuidar de la tierra y cosechar comida, a ser tratados como pueblo, como humanos de primera clase.

¿Qué cosechar entonces cuando la tierra está sembrada con los mismos odios, que han producido tres genocidios a grupos sociales?  Las apuestas del estado y sus instituciones no pueden ser en favor de más odio y campos sembrados de muerte, los campos requieren nuevas siembras, de derechos con garantías de realización, de democracia, de justicia con juicio y castigo a los responsables, de honestidad de los gobernantes y funcionarios, de sustitución de las elites en el control del estado. El poder del estado no puede estar convertido en un fortín de fuerzas oscuras, que, agazapadas entre mayorías decisorias, arrogantes y temerarias, llegan a empujar el genocidio y debilitar aún más la democracia, que es la que sufre daño cada vez que los insensatos y guerreristas triunfan por vitorear la muerte y ofrecer más guerra, mientras los que reclaman por la vida con dignidad son perseguidos y asesinados. Es hora de otras siembras y cosechas de afectos, solidaridades y esperanzas y la JEP junto a la Comisión de la Verdad serán dos efectivos y necesarios instrumentos de Paz.

P.D. Difuso y peligroso lenguaje del sí y el no del poder en ejercicio, porque el presidente dice que sí a la paz (y la condiciona a su medida), a la lucha anticorrupción (a su voluntad), a la reconciliación (a su antojo); y su partido (del No) alienta otra guerra. Hay acuerdo, astucia, estratagema, estrategia, calculo, plan, ¿para que él (presidente) diga sí y su partido (AUV) diga no? ¿Hay una lógica de: ¿confunde, engaña, miente y reinarás?

 mrestrepo33@hotmail.com

martes, 18 de julio de 2017

Colombia Explicada para Turistas

Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez

No debe resultar fácil para un extranjero en plan de negocios, turismo o asuntos de fin de semana, entender la complejidad del entramado socio político de la sociedad colombiana y sus conflictos. Tampoco debe resultar simple llevarse una idea clara sobre qué es eso de la paz territorial, la defensa de los territorios o las mezclas culturales que tejen sentidos de dignidad juntando memorias y olvidos. Cien grupos indígenas victimas del abandono, la tercera parte en riesgo de extinción, comunidades afro, raizales y palenqueras mencionadas en papeles y negadas en la práctica, ciudades de dos caras, una moderna, de oportunidades, calles asfaltadas, edificios inteligentes, pasarelas, boutiques, vitrinas de grandes marcas y oficinas robotizadas y otra de miseria y violencias. Se puede estar presente con solo cruzar una calle en el más avanzado debate sobre economía y en un asesinato por un celular.


¿Cómo entender que un país que desde que llegó la televisión, la industrialización, la creación de grandes ciudades, que cambiaron la relación de 70 por ciento de población en el campo y 30 en la ciudad a exactamente lo contrario, no ha modificado las estructuras de poder de las elites y las familias que gobiernan se rotan los cargos y se mantienen inamovibles?, ¿cómo entender que el país rural, popular y marginado que se levantó en armas, es el mismo que se dedicó a buscar la paz, la agitó, enterró a sus víctimas y ahora cuando ha conseguido firmarla en un pacto de clases entre elites y una insurgencia popular, un influyente grupo de guerreristas se alindere en la ultraderecha, heredera fiel del feudalismo en su apego a la tierra y a la fe, para truncar su implementación?.

¿Cómo explicar que el acuerdo de paz entre el estado y la insurgencia de las FARC, representa la mayor victoria política popular de los últimos tiempos, pero que socialmente no parece posible cobrar esa victoria?. ¿Cómo explicar que a pesar del pacto de paz, no es preciso ni responsable hablar de postconflicto, aunque se haya creado un ministerio de posconflicto? ¿Cómo contar que el fin completo del levantamiento armado no ha llegado y que está en curso una negociación política con la insurgencia del ELN?.

¿Cómo indicarle al que está de paso que siguen intactos los grandes conflictos sociales asociados a la inequitativa distribución de la tierra, el trabajo y el capital y a la exclusión de sectores no tradicionales de la política y que los grupos históricamente marginados continúan sin reconocimiento? ¿Cómo explicar que el gobierno está conformado por una coalición de grupos de derecha, pero que la oposición no es de izquierda, si no que la usurpa un partido de ultraderecha que no representa a ningún sector popular y al contrario es corresponsable de la tragedia de la guerra y principal alentador del bloqueo a derechos humanos y garantías democráticas?.

Así es Colombia, compleja, polarizada, sometida a las reglas del capital y diligente para cumplir las órdenes de la política internacional trazada desde el pentágono. Es un amplio territorio verde y colorido, con un poco de todo, criminales disfrazados de excelencias e inocentes señalados de bandidos, elites persiguiendo a su pueblo para engañarlo y su pueblo inmortalizándolas. Y para quienes no están de turistas, ni visitantes, si no de habitantes, dueños de una conciencia colectiva en defensa del país libre y soberano, cómo auto explicarse que es el momento de hacer la política sin armas, para vencer el odio y los valores de la renovada inquisición y su enorme capacidad tecno fascista de manipulación de medios y redes. ¿Cómo entender que es la hora para que otro poder, adentrado, sin centros de mando dirigidos por vanguardias, transversal, territorial y popular, construya el camino de la victoria política de la paz, sin el concurso de las elites, para que los cambios sean posibles y pronto.

¿Cómo auto entender que es en unidad y no con débiles fragmentos y con una plataforma única de lucha desarmada que se puede atender el reto de ser gobierno ahora y a la vez enfrentar la bandada de hienas y aves rapaces del capitalismo salvaje trasnacional que caerán sin contratiempos sobre la enorme riqueza de suelo, subsuelo y biodiversidad, ahora libre de ejércitos rebeldes, pero en proceso de retoma por aparatos armados al servicio de los despojadores.

Para propios y extraños, es complejo y difícil entender el todo, porque no hay un país similar a Colombia entre los 193 que hacen parte de la ONU. Como ningún otro ha firmado la totalidad de declaraciones, convenios, protocolos y acuerdos de derechos humanos y del DIH, ratificado la convención de Viena, que pone las reglas para todos los convenios internacionales, suscrito los pactos globales de desarrollo, los protocolos contra la discriminación, la desaparición forzada, la trata de personas, la esclavitud y el reclutamiento de niños para el trabajo o la guerra.

Pide a otros cumplir al pie de la letra la carta de derechos del hombre de la OEA, para garantizar la democracia, hace rigurosas y costosas elecciones para legitimar niños representantes en el preescolar, elegir presidente de la república y autoridades de juntas de comunales, sindicatos, universidades, partidos y alcaldías. Se presta para realizar elecciones de vecinos contra el gobierno legítimo en abierta injerencia a la libre determinación de su hermana república, como ocurrió el día 16 de julio. Colombia no es un país sui generis, simplemente es así, un país complejo, cuyo gobierno en contra de la mayoría de población firmó y exalta el TLC que lo empobrece, abomina el comunismo y persigue a sus militantes pero envía a sus congresistas a vacacionar en China, un país forzado a entrar a la OCDE, aunque siguen los asesinatos de líderes sociales, los derechos de los trabajadores son vulnerados, la educación en cifras ocupa los últimos lugares y la sanidad pública, las vías, la desnutrición y la violencia son una repetida y trágica noticia cotidiana. Un país que a voluntad de sus elites se niegan a desmontar sus tropas de guerra y hace cola para insertarse en la OTAN e intervenir en las guerras del capital del lado de los invasores o prestarle servicios al ejército americano que comanda Mr. Trump bien sea para asesinar humanos y destruir en Venezuela, Corea o Nicaragua.

mrestrepo33@hotmail.com