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martes, 28 de agosto de 2018

Destruir al progresismo y a sus líderes


Por Ilka Oliva Corado: 
Destruirlos para destruir al pueblo latinoamericano

Que no quede huella alguna de la Latinoamérica progresista, ninguna huella del Niño Arañero, de Néstor, de Lula, de Dilma, ninguna huella de Evo, de Correa, de Maduro, ninguna huella de Mujica, de Lugo, de Manuel Zelaya. Y por supuesto, ninguna huella de Cristina.  Y que no quepa duda alguna que también intentarán destruir a López Obrador. Destruir a los líderes para destruir al pueblo. Destruir la Memoria Histórica porque destruyendo la raíz no hay retoño alguno y los pueblos yermos se vuelven marionetas y masa amorfa manejable para los criminales de la oligarquía latinoamericana y  mundial.


Para destruir a los líderes hay que exponerlos como corruptos, ladrones, como traidores,  hay que inventarles cuentas bancarias millonarias en el extranjero, falsificar sus firmas,  manipular fotografías y videos y hacerlos parecer culpables de estafas millonarias.  Hay que pagar fuertes sumas de dinero a los medios de prensa corporativos  y sobornar  periodistas  para que creen un ambiente de desinformación y confundan a la población, para que minen el terreno  y bombardearla día y noche, segundo a segundo hasta hacerla creer y repetir lo que las bandas criminales desean: odiar y atacar a los líderes que hicieron posible el cambio de 15 años  de progresismo y derechos en la región.

No, ninguno se iba ir en blanco, quienes viven de la explotación y vieron en peligro sus mafias durante estos 15 años, ya se sabía que se irían con todo el poder de la impunidad contra ellos: acosándolos, atacándolos y violentándolos en sus derechos  para que esa semilla en la que se convirtieron no floreciera.

Sin líderes, sin Memoria Histórica, sin información y conocimiento, sin herramientas de desarrollo  los pueblos son masas amorfas. Ríos de aguas mansas, un pueblo que no sabe en dónde está parado es un pueblo en el limbo, que no sabe  hacia dónde va, incapaz de defender sus derechos y exigir justicia. En eso están tratando de convertir a los pueblos que se vieron beneficiados con las políticas de inclusión de estos gobiernos. El poder de la impunidad es monumental pero el poder del pueblo es mayúsculo, es por esa razón que éste debe tener la conciencia y el análisis, debe crear el caos que provoque acción que haga temblar los bastiones del  neoliberalismo que intenta aplacar toda dignidad y toda lucha; y debe por consiguiente defender la honra de los líderes que los dignificaron.

No pueden, nunca han podido con la fuerza, la indignación, la identidad y la rebelión de un pueblo que lucha por su soberanía. Es la soberanía la que intentan arrebatar, porque un pueblo dependiente, esclavizado en la ignorancia es tierra fértil para las oligarquías criminales.

Mucho han dado los líderes del progresismo por el pueblo latinoamericano que tal afrenta al poder del capital no se los perdonará.  Sean los pueblos, agradecidos y rebeles los que luchen contra toda imposición que intente arrebatarles lo logrado. Para eso nos debemos a la responsabilidad individual y colectiva de informar, cuestionar, investigar, analizar y movilizar: todos desde nuestros espacios y posibilidades. Todos los aportes son necesarios. El poder está en resistir.

Seamos los pueblos los que hagamos florecer la semilla de los líderes del progresismo. Seamos los pueblos los que defendamos sus derechos que también son los nuestros. Seamos los pueblos los que demostremos que en la Latinoamérica progresista jamás volverá la burla, el abuso, la exclusión y la desmemoria. Seamos los pueblos los que en un mismo grito de rebeldía defendamos la dignidad que nos devolvieron los líderes del progresismo. Y seamos los pueblos los que con todo el peso de la ley les hagamos pagar la traición y el abuso a quienes han intentado deshonrarnos.

ilka@cronicasdeunainquilina.com

martes, 31 de octubre de 2017

El encanto del Che

Por Ilka Oliva Corado:

Estados Unidos es un país con una diversidad de culturas, impresionante. En la parada de un semáforo, esperando cruzar la avenida, puede haber cincuenta personas y todas son de distinto país y todas tienen una historia, un pasado, una raíz. La cantidad de religiones y pensamiento político es también así de variada. En una reunión social, en un restaurante, en un simple supermercado o en el parque se puede encontrar una variedad de culturas e idiomas que es imposible identificar.



Y me he encontrado con personas de países que yo no sabía que existían y que me han tenido que enseñar en el mapa, que al entablar conversación conmigo me preguntan por el Che, Allende, Chávez y Fidel. Como esperando a que yo les cuente historias de esos mitos, que dan por sentado que me sé de memoria. Y ahí están como niños esperando a que les cuenten un cuento.

Y ahí estoy yo frente a ellos, una guatemalteca emigrada, crecida en la época de la desmemoria, sin mucho qué contar porque sé muy poco, uno no se pone al día en tres lecturas de todo lo que le ocultaron toda la vida, en un sistema previamente estructurado para el éxito de la ignorancia colectiva. Y lo preguntan con el asombro por el alcance internacional de estas figuras. Y uno se siente pequeñito, casi una nada, ante esa enorme responsabilidad.

Y sucede algo muy curioso, la gente da por sentado que porque uno es de Latinoamérica se sabe de pe a pa la historia del continente (y deberíamos) entonces preguntan por el Che, como si fuera un amigo de la cuadra, o por Allende como si fuéramos del mismo pueblo, o por Cuba como si allí hubiéramos nacido en la misma parcela que Fidel. ¡Chávez, Chávez!, dicen emocionados como si uno hubiera crecido vendiendo dulces de araña con el niño en Sabaneta de Barinas.

Entonces hablan de Suramérica como si allí quedara a la vuelta del bulevar principal del barrio donde crecí. O dicen México como si quedara a la par de Brasil o dicen Panamá como si colindara con Chile. Y así con la misma emoción esperan que yo conteste y les hable de la cultura, de la política y de la historia del continente.

Y es una enorme responsabilidad el solo hecho de mencionar el nombre de estos mitos. Porque siempre lo he dicho, uno puede admirar a personas revolucionarias que cambiaron la historia del mundo, pero jamás decir que es una de ellas, porque una cosa es admirar y otra hacer. Ahí radica la diferencia porque lo que está de por medio son las agallas y la entereza para pasar del pensamiento a la acción. Estamos a años luz de los verdaderos revolucionarios que descansan en la grandeza de la inmortalidad. No fue poco lo que sacrificaron.

Entonces les cuento lo poco que sé, con la misma emoción de niños jugando rondas en la calle del barrio. Y me encanta poder compartirles a otras personas sobre los mitos mundiales que ha parido la Patria Grande. En lo que les hablo del Che los llevo a México a conocer a las Adelita, y en cuanto les cuento de Fidel, les narro la historia de Pancho Villa y Emiliano Zapata. Juana Azurduy, les digo, como si ahí hubiéramos crecido en la misma manzana de tierra.

Y les pinto colores mostaza y color tierra, verde esperanza y rojo fuego, azul mar bravío y cielo desnudo en día de verano, y ven el verde sierra de Las Minas y el blanco algodonado de los Andes Nevados. La tierra roja de Salamá y el amarillo encendido de las piñas de Misiones. Y van y vienen recorriendo por el río Magdalena, el Amazonas   y la sierra Tarahumara la Latinoamérica milenaria: con sus dolores, su cultura, sus mitos y sus colores.

Y les brillan los ojos cuando les hablo del Che, con solo ver los zapatos que llevaba puestos el día de su captura, uno comprende la grandeza inmortal de un ser humano que fue avanzado a la época que le tocó vivir y, que dejó todo por ir en busca de la libertad de los pueblos, no solo de Latinoamérica, del mundo.

Y todo comienza con él, cuando digo que soy latinoamericana inmediatamente lo nombran, el Che es el imán y quien en lo político a nivel internacional es la carta de presentación de la América Latina herida pero en resistencia. Che, Che Guevara, me dicen como con sed, como con hambre, como esperando encontrar la sombra de un árbol en el sol abrasador del desierto.

Y soy yo la encargada, en ese instante de alcanzarles un vaso de agua, y les cuento que el Che nació en Argentina y no en Cuba, se les viran los ojos por el asombro, pero les digo que es de todos: que el Che es asiático, africano, europeo, negro, blanco, porque su naturaleza es esencial de los seres que aman la tierra como aman la vida.

Y me siento privilegiada por que él me da la oportunidad de mencionar su nombre y contar su historia, a mí que en total ignorancia trato de conocer la historia de la Patria Grande que él tanto amó. Latinoamérica se ve distinto dentro y fuera de las fronteras, estar del otro lado, siempre trae consigo una responsabilidad que viene de la mano de la Memoria Histórica.

Y aunque parezca todo lo contrario, no soy conocedora en absoluto, apenas hace 3 o 4 años que comencé a despertar de la modorra colectiva, apenas sabía mi nombre, más nada, y sigo asombrándome todos los días, cuando descubro emocionada la raíz de la Latinoamérica ancestral que los mitos han honrado.

¿Y nosotros, simples mortales, para cuándo?

ilka@cronicasdeunainquilina.com 

lunes, 5 de junio de 2017

Resistir, resistir, resistir

Por Ilka Oliva Corado

Hubiera resultado tan fácil que Cristina al siguiente día de terminado su mandato presidencial en Argentina, agarrara sus tiliches y se largara al extranjero; total que había cumplido lo que le correspondía como jefa de gobierno. Lo mismo hubiera hecho Dilma cuando le dieron el golpe de Estado, lo más fácil: largarse y no voltear atrás. Pero se quedaron y no para estar de brazos cruzados, lo mismo que Lula que no ha parado un día.


Ejemplos claros   de convicción y de la responsabilidad histórica como seres políticos en un tiempo en el que la mayoría dobla las manos. Es medular, la conciencia política no se aprende, nace la conciencia del día a día cuando uno se pone en los zapatos del otro. 

El ejemplo de Venezuela, en medio de una crisis política constante, porque esto es de todos los días, desde que llegó Chávez al poder; Maduro en lugar de renunciar y largarse, sorprendió con una Asamblea Nacional Constituyente que a muchos los dejó desculados. Cosa que exigen los pueblos de América Latina a los gobiernos neoliberales que los reprimen. Jamás se verá a un presidente de corte neoliberal, llamar a una Asamblea Nacional Constituyente. Y mucho menos obrera y feminista como lo dijo el mismo Maduro. Palabras poderosas que abren una brecha   en materia de derechos de género.

Un ejemplo vital de resistencia es el pueblo ecuatoriano que votó de nuevo en apoyo a la Revolución Ciudadana, respaldando con esto el proceso iniciado por Rafael. Un ejemplo de lucidez, de agradecimiento y de fuerza colectiva, porque esto lo que dice al mundo es que Ecuador está dispuesto a defender lo que tanto trabajo le ha costado reconstruir. Recordemos que somos pueblos mancillados milenariamente y que hablar de progresismo y llevarlo a la acción es una obra titánica. Más difícil aún es lograr su permanencia. Ecuador con esto nos dictó cátedra.

Bolivia con su presidente indígena sigue afrontando el estigma milenario del racismo y abriendo paso al respeto y admiración por la resistencia de los Pueblos Originarios. Mucho debemos aprender de este triunfo histórico de la identidad sobre la exclusión. Nos han enseñado a avergonzarnos de lo que somos milenariamente y con esto nos han debilitado como latinoamericanos hermanos.

Cada vez que un pueblo elige a un presidente de corte neoliberal, perdemos todos. Perdemos en materia de Derechos Humanos, justicia, educación y salud, perdemos en identidad y progreso. Porque un sistema neoliberal lo único que lleva a los pueblos es la destrucción total y con esto la represión, el hambre y las migraciones forzadas.

Cada vez que los medios de comunicación nos digan que en Venezuela hay dictadura y que Maduro es el opresor, pensemos en México, en Guatemala, El Salvador y Honduras. Palpemos la realidad de Panamá, Chile y Colombia, la tragedia de Perú y Paraguay. Países a los que las dictaduras capitalistas han dejado en los puros huesos, sin moral, identidad y dignidad. Entonces tengamos la capacidad y la responsabilidad de analizar las distintas realidades para tomar nuestro lugar en la historia y lo que nos corresponde políticamente desde nuestros lugares. Cuando nos digan que el progresismo es populista, creámoslo porque lo es, el progresismo es pueblo.

Cuando nos digan que Venezuela necesita inmediatamente ayuda extranjera y que por eso Estados Unidos invadirá para salvar a ese pueblo, pensemos en lo que ha quedado en América Latina de esas invasiones estadounidenses. Venezuela no necesita ser salvada, se vale por sí misma, cosa que no han logrado la mayoría de países latinoamericanos.

Cuando nos bombardeen con noticias falsas sobre Venezuela, olfateemos la urgencia por convencernos de lo que nos venden. ¿Quiénes saldrán beneficiados con una invasión? ¿El pueblo o las oligarquías? No tenemos que ser revolucionarios, ni de izquierda ni ser afines a Maduro para defender la soberanía de Venezuela, solo hay que tener sentido común y dos dedos de frente.

Vayamos un poquito más allá y dejemos la pereza, busquemos en el mapa a Argentina, realidad próxima de lo que es capaz de hacer el neoliberalismo cuando el pueblo vota equivocadamente. Cuando no tiene una ideología política bien definida y cuando es mal agradecido. Ahora busquemos a Brasil y veamos el retroceso de 30 años que Temer ha hecho desde el golpe de Estado a la fecha.

Veámonos ahora frente al espejo, nuestro país, ¿cómo está nuestro país en materia de Derechos Humanos, educación, salud, infraestructura, medio ambiente? ¿Quiénes nos gobiernan?

El progresismo no es la receta perfecta, no existe la receta perfecta. El cambio lo hacemos todos, cuando creamos políticas de inclusión y para eso debemos escoger muy bien a quién colocamos en el gobierno. No esperemos que los presidentes progresistas borren más de 500 años de opresión, desfalcos y genocidios. Ellos son parte de la reconstrucción de lo que nos dejaron, pero no lo pueden hacer todo solo, curar herida llevará décadas y algunas son incurables, forman parte de nuestra Memoria Histórica y colectiva para que no se vuelvan a repetir.

Cosa contraria ofrecen los gobiernos neoliberales, la continuidad de los genocidios, masacres, ecocidios, desapariciones forzadas y pobreza extrema.

La resistencia es todos los días, en todos lados: leyendo, cuestionando, observando, despertando, tomando acción. Porque no hay otra cosa más que resistir, resistir y resistir, hasta que salga el sol.
contacto@cronicasdeunainquilina.com


miércoles, 26 de abril de 2017

La Ingobernable, retrata al Narco estado mexicano y al patriarcado

Por Ilka Oliva Corado

En el 2010, México fue sacudido hasta los cimientos por Las Aparicio, telenovela feminista producida por Argos Comunicación, hasta el momento ninguna televisora mexicana había presentado un material de semejante excelencia tanto en la producción como en la temática. Aquello fue como una revelación. Fue transmita en México por Cadena Tres. En Las Aparicio se visibilizó lo impronunciable en las sociedades patriarcales, machistas, clasistas, racistas y estereotipadas.


Todo gira alrededor del matriarcado y de una familia conformada por 6 mujeres, que todos los días luchan por romper con las normas impuestas por la sociedad, también toca el tema de la homosexualidad, de la ética profesional, de la conciencia colectiva, de la Memoria Histórica. El tema de la inclusión de la mujer como ser humano en una sociedad que limita y mutila a quien rompe con el roll de ama de casa.

Las Aparicio no es cualquier telenovela, es única y sobre todo cada capítulo es un aprendizaje. Por eso temblaron las productoras de siempre y tembló la iglesia y tembló también la doble moral que pulula en todos los rincones.

De los mismos productores de Las Aparicio llega La Ingobernable, serie que presenta Netflix. En cualquier proyecto en el que esté el nombre de Argos, de Epigmenio Ibarra y sus hijas Natasha Ibarra- Klor (guionista) y Eréndira Ibarra (actriz) es por demás un producto de calidad comprobada, ahí no hay vuelta de hoja ni medias tintas.

Porque sus producciones golpean la insensibilidad humana, siempre nos presentarán la otra visión, la verdad no contada, lo que esconde la norma religiosa, política y cultural. En La Ingobernable, con la actuación principal de Kate del Castillo como la primera dama de México, nos llevan de la mano por las entrañas de la podrida política mexicana, y dignifican a los 43 de Ayotzinapa, a las Cabronas de Tepito y a Tepito mismo que representa a las alcantarillas de Latinoamérica y el mundo.

Ninguna producción había llegado hasta Tepito para dignificarlo, La Ingobernable es la primera, vaya y de qué manera lo hace, tanto que lo volvió protagonista.

En cada uno de los 15 capítulos (ojalá continúe) nos muestra con santo y seña, cómo funciona el Narco estado mexicano, cómo actúa la policía y el ejército, la oligarquía y la clase política del país. Cómo torturan, cómo secuestran, cómo desaparecen a quienes se atreven a levantar la voz y a denunciar o simplemente a cuestionarse, o a quienes que por ser parias quieren eliminar. Evidencia la médula de las limpiezas sociales. Los pactos con los altos mandos de Estados Unidos. La invención de una guerra contra el narcotráfico que no es más que un Genocidio contra el pueblo mexicano.

También dentro de la misma atmosfera, nos presenta cómo funciona el patriarcado en contra de la mujer, de quién es diferente, de quien ama no como se supone deben amar todos. Y nos presenta el papel de las empleadas domésticas dentro de las familias poderosas de México, con una visión distinta, las nombra como personas y las hace existir. La integridad y profesionalismo de unos cuántos que dentro del sistema de gobierno quieren hacer las cosas bien y quieren cambiar al país.

De cómo pagan con su vida quienes se atreven a decir no. Lo que esconden los medios de comunicación respecto al Estado fallido que vive México, lo presenta La Ingobernable, que no es una serie cualquiera, es un retrato en calco de lo que es México y todos los gobiernos latinoamericanos de carácter neoliberal.

Es una producción de denuncia, y es confiable, porque sus actores y sus productores están involucrados en el tema de trata de personas para fines de explotación sexual, de derechos humanos, del patriarcado. Y lo podemos ver en las redes sociales, en las entrevistas, y no porque estén en La Ingobernable, lo vienen haciendo desde hace tiempo, la Ingobernable solamente los unió para que denunciaran juntos lo que vive México.

Un ejemplo es el #PaseDeLista del 1 al 43, que lleva a cabo todos los días a las 10 de la noche, Epigmenio Ibarra, en Twitter. Es una mención continua de los 43 de Ayotzinapa. Usted no verá a Epigmenio jactándose con reconocimientos, con fotografías con personalidades, sus redes sociales son de denuncia y como lo personal es político, se demuestra al centavo en La Ingobernable y Las Aparicio.

Si usted quiere ser parte del #Pase De Lista puede unirse y recordarle al mundo   y al gobierno mexicano que no hemos olvidado, ni a los de Ayotzinapa ni a los miles de desaparecidos y asesinados en manos del Narco estado mexicano.

Y ya para terminar, por supuesto, queremos ver a una mujer presidenta en México, una que dé la talla de Emilia Urquiza. Vendrá, ese tiempo llegará, para eso tenemos que empujar todos, derrumbar el patriarcado, los estereotipos y las estructuras de poder machista, juntos.

contacto@cronicasdeunainquilina.com