Mostrando entradas con la etiqueta Frente Sandinista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Frente Sandinista. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de julio de 2019

A 40 años, la revolución sandinista emerge nítida y más firme que nunca



Por Omar Aguilar M:

La Revolución Popular Sandinista cumple 40 años este 19 julio, durante los cuales ha pasado por múltiples pruebas, retos, desavenencias, guerras, acosos políticos, bloqueos económicos, injerencia extranjera y contradicciones internas; pero siempre ha salido avante y sigue construyendo páginas gloriosas e imborrables en la historia revolucionaria mundial.

40 años es solo un instante en la historia de la humanidad, pero para quienes viven la historia, para quienes la escriben; viene apareada de momentos de alegría y sufrimiento a veces con secuelas físicas y psicológicas, con momentos de heroísmo, de hazañas, de miedo o de incertidumbre. Sin duda alguna, la historia marca las vidas y deja huellas profundas en el alma de sus actores; sobre todo en circunstancias difíciles como las que le ha tocado vivir al sandinismo.


En su andar, las revoluciones y los revolucionarios a veces pasamos por momentos en los que la incertidumbre nos invade, el temor nos aprisiona y las dudas nos asaltan; lo cual es un signo de que somos seres analíticos y profundamente sensibles. Pero no podemos dejarnos vencer y debemos emprender un camino de reinvención y transformación, para desprendernos de todo aquello que nos inmoviliza, que nos enlentece y nos hace vulnerables. 

En estos 40 años de historia, han coexistido héroes y antihéroes, valores y antivalores, patriotas y vendepatria, buenos y malos, los que hablan con la verdad y los que mienten con descaro, los que construyen puentes y los que levantan muros, los que derrochan amor y paz, y los que derraman sangre y desparraman odio.

Primera etapa: una etapa de cambios, difícil, a prueba de fuego y odio, de dolor y sangre; pero de afianzamiento ideológico.

Los primeros 10 años de revolución, fueron sin duda extremadamente difíciles, complejos, con pasajes de alegría, y euforia, pero también con momentos de tristeza y dolor. Las primeras decisiones de la revolución, fueron estratégicas y reivindicativas: La Gran Cruzada Nacional de Alfabetización, el Programa de Educación de Adultos, el establecimiento de la gratuidad de la salud y la educación, los programas de atención a madres y niños, la reforma Agraria (que permitió  la distribución equitativa de la tierra y la reducción del latifundismo improductivo), el fortalecimiento del cooperativismo como modelo asociativo, el impulso a la pequeña y mediana industria, la creación de un Sistema de Seguridad Social incluyente, el programa de viviendas populares, la creación de empresas del estado para prestación de servicios claves como agua y energía, el mejoramiento del transporte urbano- rural, la ampliación de la red vial, el fortalecimiento del deporte y la cultura como un derecho, la ley de autonomía de los pueblos caribeños, el reconocimiento de los derechos de la mujer como sujeto social, el fortalecimiento del sindicalismo como ente reivindicativo de los derechos de los y las trabajadoras, y la creación de un fuerzas armadas y de orden público verdaderamente defensoras del pueblo.

Todos estos programas, medidas y estrategias, significaron un gran avance para las clases pobres del país, las que por primera vez en la historia nacional eran tenidas en cuenta y se convirtieron en el sujeto principal y en el centro de la Revolución Popular Sandinista. La solidaridad internacional fue un pilar fundamental y contribuyó al desarrollo de todos estos programas y medidas de carácter social, económico y político.

Pero como ya era de esperar, lo que beneficia a los pobres, molesta a los ricos; lo que visibiliza al proletariado, es piedra en el zapato de los burgueses; lo que acrecienta el nacionalismo, exacerba los ánimos de los vendepatria; lo que reivindica los derechos sociales, es sinónimo de comunismo y enfurece al capitalismo. El sandinismo se convirtió en un anatema para los líderes políticos y religiosos, en un incordio para en imperialismo norteamericano y en “mal ejemplo” para la periferia. La agresión imperialista llegó con la mayor inmediatez imaginable y se sirvió de los vendepatria locales y de los reductos del somocismo genocida para emprender una guerra fratricida, cruel y contrarrevolucionaria. 

Como toda joven revolución que triunfa por las armas, con un liderazgo inexperto (con más preparación militar y político-ideológica que, en economía, macro y micro-planificación, organización del estado, multilateralismo, relacionamiento internacional, etc.), cometió errores y tomó decisiones a veces desacertadas que de alguna u otra manera contribuyeron al desgaste del proyecto revolucionario. Las altas inversiones en el campo militar y otras áreas sensibles, sumadas al bloqueo económico, a un liderazgo vertical y centralizado, a abusos de poder de algunos cuadros directivos (debido al desorden y descontrol propio de un estado en guerra); provocaron enormes desajustes en el campo económico, escasez de alimentos, carencias en servicios esenciales, afectó a los sectores más vulnerables y generó descontento. No obstante, es difícil encontrar en la historia mundial, un estado que, estando asediado por una guerra se desarrolle con normalidad, mantenga sus estándares de vida, no padezca de escasez y presente indicadores económicos y sociales positivos.

La cruel guerra impuesta por el imperialismo a través de la contrarrevolución armada y la contrarrevolución política, económica y mediática; dejó una amplia secuela de muertes, dolor, rencor y odio. Se escribieron páginas de heroísmo en todo el territorio nacional, pero de igual manera páginas de sufrimiento y dolor, como el de las madres que perdieron a sus hijos en la defensa de la patria, el dolor de los lisiados de guerra, la psicosis de los que vieron a la muerte directamente a los ojos, la soledad de los huérfanos de guerra, la profunda crisis económica, las carencias de alimentos y servicios básicos. Todo esto representaba un enorme costo humano, moral, económico y político.

Solo la voluntad de paz del sandinismo, puso fin a unos de los capítulos más dolorosos de la historia de Nicaragua. Hubo que tomar la difícil decisión de sentarse con el enemigo, con el adversario y buscar una salida negociada. Esta decisión supo a hiel, puesto que las heridas de guerra eran profundas, con más de 150 mil víctimas, incluyendo muertos, discapacitados, viudas y huérfanos y profundas contradicciones y rencores. En aras de estabilizar el país, se convocaron elecciones en el año 1990 y pudo más el temor a una nueva escalada de guerra, a más muertes y dolor, que la euforia revolucionaria que posicionaba a Nicaragua como un ejemplo de patriotismo, resistencia y antiimperialismo. La pérdida de las elecciones tomó por sorpresa al sandinismo y muchos se refugiaron en el ostracismo y la ira contenida. La entrega del poder a un gobierno de derecha pro imperialista, no estaba en la agenda de los que lucharon por derrocar a la tiranía somocista y de los que dieron su vida por el proyecto revolucionario.

Las preguntas obligadas son:

¿Qué hubiera pasado si esta etapa de la revolución se hubiese dado en un clima de paz y estabilidad, sin bloqueo económico y político? 
¿Diez años en guerra y en condiciones adversas, son suficientes para deslegitimar una revolución naciente?
¿Las reivindicaciones y logros de la revolución, acaso no generaron profundos cambios en la sociedad nicaragüense, tanto en el campo ideológico-político, como en la esfera social, económica, cultural y en el amor a la patria?

Segunda etapa: Una etapa de definición, de traición, de retrocesos en el país; pero cimentadora de principios.

Los pseudorevolucionarios y los revolucionarios de ocasión, cuales buitres espantados, salieron en desbandada, renegaron de la revolución, se refugiaron en micro partidos, se aliaron con los nuevos gobernantes y políticos emergentes, y le declararon su amor incondicional al imperialismo; convirtiéndose en detractores a ultranza del sandinismo. Muchos de ellos, que fueron los más radicales durante estos primeros 10 años de revolución, después de la derrota electoral se convirtieron en los mayores críticos de la izquierda, en avispados analistas políticos y se arrimaron a la derecha en busca de limosna, de migajas, y con múltiples lisonjas enamoraron al imperialismo. Pretendieron además confundir a la izquierda mundial, esgrimiéndose como reformadores y salvadores de la ideología y principios del sandinismo; al que creyeron derrotado y quizás acabado.

Los revolucionarios comprometidos de corazón y práctica, los que nunca buscaron prebendas, los que defendieron la revolución con alma, vida y corazón, los verdaderos hijos de Sandino, los que practican los principios de Carlos, del Danto, de Rugama, de Arlen Siú y de tantos hombres y mujeres ejemplares; aguantaron la embestida y retomaron la lucha en un nuevo contexto, con nuevos retos, con nuevas estrategias, pero siempre con la fe de que el sandinismo resurgiría orgulloso, más fuerte y más experimentado.

Durante los siguientes 16 años, al sandinista verdadero, al revolucionario de formación, al líder  humilde y sencillo, al que sobrepone los intereses de los pobres a sus propios intereses, al que sirve a los demás, al que no busca el beneficio propio; le tocó luchar desde abajo, guiados por un líder carismático como el del Cmte. Daniel Ortega, que recorrió toda la geografía nacional, que estuvo al lado de su pueblo en momentos en que el rapaz neoliberalismo de Chamorro, Alemán y Bolaños desbarataba el país, lo sumía en la pobreza, el analfabetismo, la falta de energía, el comercio de la salud y la educación; generando condiciones para el enriquecimiento de los oligarcas, en una espiral de corrupción, robo del erario público y el entreguismo más vulgar; disfrazados de demócratas y arcángeles de la paz.

Esos 16 años de adversidad, de lucha en el campo político, sin más recursos que la moral, los principios inquebrantables y la fe en el liderazgo histórico; sirvieron para sacar lecciones, aprender de los errores y delinear nuevas estrategias de lucha para retomar el poder por la vía de las urnas. En esta etapa hubo que tomar decisiones a veces confusas o difíciles de entender, pero que a la postre, dieron la razón a nuestros líderes. Llegar a acuerdos con la derecha gobernante, supuso un desgaste político al frente sandinista, le granjeó innumerables críticas de propios y ajenos. Pero solo así se ganaron espacios importantes y se lograron suavizar las medidas neoliberales, la aprobación de leyes favorables, el respeto a reivindicaciones claves alcanzadas por la revolución y el reconocimiento del FSLN como el principal partido político de oposición.

Estas decisiones, permitieron la sobrevivencia de un partido sandinista seriamente acosado por los gobiernos de turno y por el imperialismo norteamericano. Solo así, el FSLN pudo mantener viva su participación en  poderes del estado y su influencia en entidades claves y estratégicas como los sindicatos de las instituciones públicas y principales empresas, y además evitó el desmantelamiento del ejército y la policía (pretendido por el neoliberalismo y el imperialismo yanqui); instituciones emblemáticas creadas por la revolución.

Tercera Etapa: Una etapa de relanzamiento del sandinismo, de reivindicaciones, de renovadas victorias; pero asediada por nuevas formas de guerra.

La retoma del poder fue además de la reafirmación de la fuerza del sandinismo, una declaración de que la semilla de la revolución estaba viva y ávida de rebrotar, de crecer y convertirse en un árbol gigante. Los años en oposición sirvieron al sandinismo para madurar, para reinventarse, para convertirse en un partido político moderno, para prepararse en aquellos temas que en la primera fase fueron asumidos por dirigentes políticos o líderes guerrilleros sin experiencia, sin conocimientos técnicos especializados. De ahí que en esta segunda fase, el gobierno revolucionario ha dado un salto de calidad en el diseño de programas y proyectos sociales y económicos; planes de inversión de corto, mediano y largo plazo en el ámbito energético, infraestructura vial, telecomunicaciones, electrificación etc.; lo que le ha posicionado como una de los gobiernos más exitosos de América Latina. 

La ruta de desarrollo que lleva el país en 12 años de gobierno sandinista, lo posicionan como uno de los gobiernos más exitosos en su lucha contra la pobreza, en el crecimiento económico y como uno de los países con mayor seguridad a nivel latinoamericano y mundial. Durante estos años de gobierno sandinista, ha habido cambios significativos en indicadores sociales de pobreza, salud y educación, infraestructura. Datos del INIDE, reflejan que la pobreza general pasó de 48.3% en el 2005 a 24.9% en el 2016, es decir que se redujo en un 23.4%. La pobreza extrema en esos mismos años, pasó de 17.2% a 6.9%; con una reducción de un 10.3%. Se han construido 2,500 km de carretera y la cobertura eléctrica se ha ampliado en un 42.5%, pasando de 54% en 2005 a 96.5 % en 2018. En materia social, se restituyó la gratuidad de la educación y la salud, se han construido 18 nuevos hospitales y una enorme cantidad de escuelas; lo que constituye un hito para países en vías de desarrollo.

La estrategia del gobierno revolucionario en las áreas económica y productiva, ha generado una mayor distribución de la riqueza y del capital productivo para desarrollar una economía popular autosuficiente. Nicaragua ha impulsado con fuerza la agricultura familiar, logrando alcanzar la autosuficiencia en términos alimentarios, ya que produce entre el 80 y 90% de los alimentos que consume la población; muy por encima de la mayor parte de los países del área centroamericana.

A pesar de los enormes avances en el ámbito económico y social, del clima de estabilidad y paz, de la concertación permanente con los sectores productivos, del diálogo y consenso con la empresa privada, y de la declaración abierta de un modelo cristiano, socialista y solidario; en abril del 2018, se gestó un intento de golpe de estado, el cual fue repelido por las fuerzas sandinistas. La casuística intrínseca, nos lleva a la conclusión que el gobierno sandinista fue víctima de su propio éxito, de sus avances y victorias. Es obvio que, para los adversarios del sandinismo, todos estos avances no son para nada halagüeños; sobre todo porque posiciona al sandinismo y lo convierte en una fuerza invencible y monolítica.  Las victorias y logros del sandinismo, han relegado a la derecha a un lejano segundo plano, la han fraccionado y la han llevado hasta su casi auto-extinción.

Las enormes ansias de poder y su egoísmo, han llevado a la oligarquía a peleas internas, divisiones y contradicciones insuperables.  En este escenario de profundas contradicciones, la retoma del poder por medios democráticos, es decir a través de elecciones, se vuelve un camino cuesta arriba y sin doble tracción. La única manera de frenar los avances del sandinismo, es desestabilizando el país, destruyéndolo y desprestigiando al gobierno en el ámbito internacional. Llevar al país a un caos y culpar al gobierno, justifica un cambio brusco de gobierno, disfrazando de “lucha democrática” lo que en realidad fue un intento de golpe de estado a ultranza.

La violencia desproporcionada, la irracionalidad, el vandalismo, los crímenes aberrantes y el derramamiento de sangre inocente; han sido algunos de los efectos más perversos, que para los aplicadores del golpe y sus aliados; son “efectos colaterales o necesarios”. Los medios de comunicación de ultraderecha, con el apoyo de medios internacionales reaccionarios, montaron las más burdas mentiras, crímenes atroces (que luego fueron achacados al sandinismo), escenas de terror y tortura, en el marco de una gigantesca trama destinada a aislar al gobierno sandinista y crear corrientes de opinión en su contra.

A través de una compleja red de actores, instituciones, medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales y organismos internacionales (todos comprados, preparados y financiados por el imperialismo yanqui); se pretendió forzar un cambio de gobierno, utilizando grupos delincuenciales, pandilleros, mareros y falsos patriotas, para destruir el país y crear un clima de guerra civil. Todo esto contó con la venia y el apoyo directo las clases elitista y de cúpula de la Iglesia Católica, y expuso a Nicaragua al escrutinio permanente, al escarnio de gobiernos títeres de la derecha latinoamericana y a acusaciones infundadas de falsos defensores de derechos humanos. La aplicación de medidas económicas y políticas, fue y sigue siendo usada como mecanismos de presión en el afán de lograr una dimisión anticipada del presidente Ortega y el desmantelamiento del sandinismo.

La intentona de golpe nos agarró en una zona de confort, confiados de que los avances del proceso revolucionario y el éxito de los programas y proyectos económicos y sociales; eran garantía suficiente de estabilidad, paz y concordia. Nos emborrachamos de triunfalismo, nos henchimos de victorias y nos agarraron como diríamos en buen nicaragüense: jugando trompo en la cuadra, chupando paleta en el parque o bebiendo cacao en una mecedora.

La enorme conciencia revolucionaria, sumada a un liderazgo estratégico, experimentado y a una estructura organizacional consolidada y disciplinada; logró sacar a flote al gobierno revolucionario y desmontó la intentona de golpe. La vieja guardia del sandinismo fue sin duda clave en el desmontaje del golpe (a pesar de haber sido relegada en estos años a un segundo plano); dando una lección de humildad y gallardía, que merece quizás un análisis aparte.

La intentona de golpe sirvió para despertar al sandinismo de su hibernación, para entender que el imperialismo no duerme, que la oligarquía vendepatria afila sus garras en la oscuridad de la noche y que debemos estar alertas, activos, en permanente preparación y movilización; si queremos preservar nuestra revolución, nuestras conquistas. El desmontaje de la intentona de golpe, no significa un jaque mate ni el final de los esfuerzos de los detractores del sandinismo; hay que estar atentos a sus sucias estrategias desestabilizadoras, a sus movimientos perversos y a las mentiras que seguramente seguirán lanzando a los cuatro vientos.

Las lecciones aprendidas y la transformación del águila

Se cumplen ya 40 años y debemos continuar haciendo transformaciones si queremos sobrevivir y crecer, deponiendo aquellas actitudes, estilos de liderazgo, formas de actuación, vicios y costumbres que nos impiden acelerar los cambios, que nos atan al pasado, que enlentecen nuestro avance, que detienen nuestra marcha, y que desvirtúan nuestra razón de ser y de vivir. Estas transformaciones, son extensivas al ámbito político, laboral, comunitario, familiar y existencial.

La mayor lucha se libra hoy en el campo de las ideas y debemos estar listos para ella, debemos fortalecer nuestros ideales, confiar en nuestro liderazgo y no dejarnos amedrentar. Lo más difícil no es luchar contra nuestros detractores, sino contra nuestros propios temores y dudas. Debemos rescatar el ideario de Sandino, las enseñanzas de Carlos, la firmeza de Tomás, la sencillez de Pomares. Debemos revisar nuestras actuaciones para entender nuestras debilidades, errores, deficiencias y desde una profunda, humilde y constructiva autocrítica; desarrollar nuestros valores, fortalecer nuestros principios y renovar nuestro liderazgo.

En nuestras organizaciones, ministerios, centros de trabajo, sindicatos, no podemos permitir o dejar pasar errores que desprestigien nuestro proyecto revolucionario; no podemos aceptar liderazgos autocráticos y verticales que avasallen a nuestros compañeros; no podemos callar si vemos despilfarro de los recursos del pueblo nicaragüense, no podemos aprobar que se use el poder para obtener prebendas o para escalar puestos inmerecidos; no podemos aceptar la arrogancia como práctica ni el maltrato como mecanismo de poder; debemos desprendernos de cualquier delirio de grandeza y actuar con la humildad que caracteriza al revolucionario.

En nuestros barrios y comunidades debemos fortalecer nuestra organización, nuestros grupos de discusión, socializar la información; aclarando la realidad que se vive en el país y desenmascarando cualquier nueva intentona del golpismo. De igual manera debemos estar atentos a que se usen los proyectos y programas de inversión social de forma adecuada y eficiente; que se beneficie a los más desfavorecidos. No podemos permitir que a través de los proyectos se obtengan cuotas de poder, que se compren voluntades, que se obtengan prebendas o que se cree un falso liderazgo. Debemos estar prestos a canalizar las demandas sociales, de forma adecuada, entendiendo el contexto, las capacidades de nuestro gobierno local y nacional. Debemos actuar con firmeza en la defensa de la propiedad pública, en el respeto a nuestros monumentos históricos, en el cuido de nuestros centros de recreación, en la limpieza de nuestras localidades. Debemos estar vigilantes y no permitir que en nuestras asambleas se cuelen falsos militantes que distorsiones nuestro trabajo, que puedan ser informantes del golpismo o que sean palomas en el día y vampiros por la noche.

Con nuestras familias, debemos cerrar filas, debemos estar en permanente discusión, estudio, análisis de lo que sucede a nuestro alrededor. Debemos inculcar a nuestros hijos y nietos, principios revolucionarios de humildad, sencillez, entrega por los demás y compromiso social; prepararlos como lo que son, nuestro relevo inmediato.

En lo general, debemos revisar nuestra forma de organización, debemos establecer parámetros mínimos que definan a un militante del Frente Sandinista, entregar el carnet de militante como un premio al esfuerzo, a la perseverancia, al ejemplo, a la madurez político-ideológica. Solo así, la militancia se convierte en un reto, en una meta y en un verdadero compromiso con el pueblo. La afiliación y membresía son importantes, pero la militancia es estratégica y clave para la madurez organizacional. En nuestras filas, debemos garantizar que no haya cabida oportunistas que se visten con ropa de revolucionarios cuando las peras están maduras y que retoman sus viejos hábitos cuando las peras están duras. En este sentido, las decisiones se vuelven transcendentales, ya que eliminan la carga innecesaria, los vicios, los errores y abusos de aquellos que hablan en nombre de la revolución, con la guatusa escondida en los bolsillos.

Para preservar nuestras conquistas y consolidar el gobierno revolucionario, debemos continuar abrazando el pensamiento de Sandino como base de nuestra ideología, el socialismo como filosofía y los principios cristianos y solidarios como parte de nuestra actitud ante la vida. El trabajo de hormiga en nuestras familias, en nuestros barrios y comunidades, en nuestras instituciones; debe partir de mejores estrategias de formación y educación política, del rescate de la experiencia de los viejos cuadros revolucionarios para que apoyen al liderazgo naciente, del uso de la autocrítica como práctica para el crecimiento y de la humildad revolucionaria como una actitud y forma de actuación.

A 40 años de revolución, el sandinismo resurge con mayor fuerza, con un liderazgo firme y estratégico, con un movimiento de masas tan diverso como aglutinador; en el que se entrelazan diversas generaciones de hombres y mujeres, que aman su revolución con alma, vida y corazón. Nicaragua está sufriendo una transformación vital y con un brillo más intenso y un dinamismo impregnado por el espíritu revolucionario; despliega sus alas y alza su vuelo hacia la historia.

#Julio40SiempreVictoriosos
#Nicaragua40Revolución
#SandinoSiempre

oaguimar28@yahoo.com

sábado, 20 de julio de 2019

Nicaragua, los costos de la guerra cuarenta años después de la revolución




Por Geraldina Colotti:
Los costos. Ya no somos capaces de asumir los costos: especialmente en las izquierdas de los países capitalistas, donde te enseñan a aceptar el mecanismo, desde que lanzas el primer grito como "ciudadano consumidor". Nos referimos a los costos de los cambios verdaderos, los que, desde Espartaco a Lenin, han permitido a los oprimidos estrangular a los opresores apretando sus cadenas alrededor de sus cuellos. "No importa si no comemos durante un mes, porque no hemos comido en 44 años", gritaban los nicaragüenses mientras luchaban por liberarse de las garras de la dictadura somozista, la más antigua del continente.


 En el año anterior a la victoria del Frente Sandinista, que tuvo lugar el 19 de julio de 1979, mientras avanza el levantamiento popular, las fuerzas imperialistas están haciendo todo lo posible para obtener el rendimiento de la población: además de alimentos, no hay luz, no hay agua. Las escuelas están cerradas. Los estudiantes usaron los bancos para construir barricadas, intercambiaron libros con armas de cualquier tipo: bombas de artesanía, pistolas, piedras ... Unos meses antes, el dictador Somoza recibió en préstamo de los Estados Unidos 20.160.000 dólares para la compra de armas con las cuales prometió liquidar a "los insurgentes, los subversivos". El entonces presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, le envió una carta de felicitación por los avances logrados en el campo de ... los derechos humanos. 

Mientras tanto, un ex veterano de Vietnam publica abiertamente un llamado en los periódicos estadounidenses para reclutar mercenarios para ser utilizados contra los sandinistas. Más de 1.000 responden con la misma franqueza, sin que intervenga ninguna autoridad para evitarlo. Entonces el mundo todavía está dividido en dos bloques, la lucha contra el comunismo es sin cuartel. De Chile a Brasil, que junto con Argentina, España, Francia e Israel suministran armas y mercenarios a Somoza, se levanta la alarma contra "el castro-comunismo que, gracias a la lucha contra Somoza en Nicaragua, está poniendo pie firme en el continente ”. Los defensores de las democracias de estilo occidental, como lo es el presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, están pidiendo la intervención de la OEA para poner fin a la "guerra civil". Desde el exilio, el poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal, que apoya a los sandinistas, responde: "En Nicaragua no hay una guerra civil, sino un levantamiento popular contra la tiranía". Una tiranía bien apoyada por las grandes multinacionales, de las cuales Somoza es socio, además de contar con amigos poderosos en Washington por haber estudiado en la academia militar de West Point, donde se forma la élite de los Estados Unidos. Sus padrinos de América del Norte están convencidos de que, si él cae, incluso las dictaduras centroamericanas que apoyan no tendrán una larga vida, ya que se verán afectadas por la resistencia popular y por la guerra de guerrillas: desde Salvador, desde Honduras hasta Guatemala. En América Central, las masacres se suceden unas a otras, pero uno no piensa en llorar o ser víctima, en lugar de denunciar y organizarse. En el libro "Nicaragua 1978", del periodista brasileño Paulo Cannabrava Filho (que hoy en día ya no apoya al gobierno de Ortega), se encuentran algunas entrevistas con los guerrilleros y guerrilleras de la época. 

Voces que aún servirían para refrescar ideas a aquellos que, sobre todo en Europa, se refugian en una visión del mundo basada en una moral de un solo sentido y no en la historia como una necesidad y un choque de intereses opuestos. Presentamos aquí el fragmento de la entrevista con Dora Maria Téllez, nombre de batalla "Comandante Dos", hoy alineada contra el FSLN y integrante del MRS. Cannabrava pregunta: "¿Cuándo participaste en tu primera acción de guerrilla?" Téllez responde: "En octubre del año pasado". "¿Qué tipo de acción fue? ¿Es posible saberlo? "" Organizamos una gran emboscada en San Fabián, contra la Guardia Nacional. Murieron 18 guardias y hubo varios heridos ". "¿Y vosotros?" "Sin pérdida". "¿Fue un ataque a un cuartel o qué?" "Fue una emboscada. Íbamos al cuartel de Ocatal, pero teníamos que luchar primero ". "¿Qué papel tuvo usted?" "Manejé una ametralladora", "¿Qué tipo de ametralladora? "Una ametralladora de 30 mm". "Es más grande que usted, ¿no?" "Es más grande y más pesada que yo". "¿Cómo se sintió?" "Tranquila..." En la fase final de la ofensiva contra Somoza, el campo de los que quieren liberarse de la dictadura se amplía, favoreciendo la acción del Frente Sandinista, que tiene una visión marxista y tiene la intención de empujar el reloj de la historia hacia el socialismo. Sacerdotes, monjas, obispos, pequeños burgueses y sectores empresariales se están uniendo, ahora incómodos con la dictadura. Incluso la creación de alianzas implica un costo, y la factura puede aparecer después... Muchos van a Nicaragua de todo el continente. En este sentido, el ensayo de Cristian Pérez, "Compañeros, a las armas: combatientes chilenos en Centroamérica (1979-1989)" describe la historia de los hombres y mujeres chilenos que se graduaron como oficiales en las escuelas militares de Cuba y otros estados socialistas, que lucharon en la revolución nicaragüense, en la guerrilla salvadoreña y luego regresaron a Chile para luchar contra Pinochet. Los internacionalistas también vienen de Europa, especialmente después de la victoria del sandinismo y cuando el viento de la revolución comienza a desvanecerse en sus propios paises. A finales de los años setenta, en Italia habia lucha y guerrilla. El deber de todo internacionalista de cambiar las cosas a fondo en el país en el que vive continuaba siendo un imperativo categórico. Pero cuando la hipótesis revolucionaria se aleja en la Italia de las grandes reestructuraciones económicas, el Sandinismo victorioso en Nicaragua constituirá un atractivo para más de uno: hasta el cambio de marcha que devolverá la derecha al comando y la crisis dejará huérfanos y decepcionados de cualquier tipo. El libro de Ines Arciuolo, "A casa no volveré", ofrece un pequeño ejemplo. Arciuolo se encuentra entre los 61 obreros despedidos por Fiat en octubre de 1979 como parte de la "lucha contra el terrorismo". Otros 23.000 serán expulsados el año siguiente, con el respaldo de las confederaciones sindicales y el entonces Partido Comunista. 

Después de ser expulsada de la fábrica, Arciuolo se mudará a Nicaragua por cinco años y volverá decepcionada. Muchos periodistas e intelectuales que habían ido "en el camino de Sandino", seguirán las contorsiones de esos 31 diputados, en los 39 elegidos por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que abandonan el partido para dar vida a un nuevo sujeto político, el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), que nació el 18 de mayo de 1995. Dirigido por el ex vicepresidente de la República, Sergio Ramírez, el MRS reúne nombres famosos como el ex sacerdote y ex ministro de Cultura Ernesto Cardenal y algunos ex comandantes como Doria Maria Téllez quien, al lanzar toda la cruz de la crisis del FSLN sobre Daniel Ortega y Rosario Murillo, prometen volver al sandinismo original. Su práctica, comenzando con la alianza en la Convergencia Nacional, será de un signo diferente. Dos indicadores esenciales permiten medir los términos de una acción política, incluso en los períodos más oscuros: la cuestión social y la antiimperialista. 

En un caso y en el otro, el MRS ha demostrado que está buscando en otra parte, primero siendo inexistente como oposición parlamentaria, y luego oponiéndose a las nuevas alianzas de solidaridad Sur-Sur que surgieron con la victoria de Chávez en Venezuela. Los que acusaron a Daniel Ortega de haber abandonado el uniforme verde oliva y el marxismo para vestir la ropa del pragmatismo y el cristianismo no han tomado la bandera de Sandino, el "general de los hombres libres", sino la bandera del imperialismo, en una manera abierta o disfrazada, incitando a la violencia desatada en Nicaragua el año pasado en el modelo de "revoluciones de color". Obviamente, nadie puede creer que el FSLN haya surgido de nuevo de las cenizas como el Fénix sin haber perdido algunas piezas en el camino: menos de todos los revolucionarios sandinistas, que saben lo que significa ganar y luego ser derrotados, hundirse en las profundidades del neoliberalismo y volver a ganar en un país inmerso en la globalización capitalista. Sin embargo, a pesar del contexto cambiado, tanto a nivel interno como internacional, el FSL de hoy mantiene un hilo preciso entre las intenciones de ayer y las de hoy, cuando se define a sí mismo como "cristiano, solidario y sandinista". Acusar a un dirigente de todos los males, por carismático y representativo que sea, significa deshacerse de los problemas. Continuemos a leer la entrevista de Cannabrava Filho a Dora Téllez. El periodista brasileño le pregunta: "¿Respetaría un gobierno popular democrático la propiedad privada?", Y ella responde: "Sí. Esto está muy claro en nuestro programa. Vamos a expropiar los bienes de los Somoza, de los somozistas militares y de los somozistas civiles que conocemos y que sabemos que están del lado de los Somoza y de la explotación. 

El treinta por ciento de la tierra cultivada es de Somoza. La Fábrica de Azúcar de Montelimar es de Somoza, Transportes Maritimos MAMENIC, la única línea aérea, LANICA; el puerto es de Somoza; granjas ganaderas, granjas algodoneras, fincas cafetaleras; todo, incluso el Plasmaféris, que trata de la sangre humana. Los capitalistas restantes son las migajas ". El cuestionamiento de las relaciones de propiedad es ciertamente un indicador de la relación entre reforma y revolución, entre el campo de lo posible y el de los ideales. Cuando el capitalismo se siente fuerte y se ve amenazado por sus intereses, incluso el campo de las reformas se cuestiona, como sucedió en Europa, en Brasil y como el Fondo Monetario Internacional hubiera querido que sucediera incluso con la reforma de la Seguridad Social en Nicaragua. Por lo tanto, apoyar los intereses de clase es siempre un buen indicador, un estímulo para hacer avanzar el reloj de la historia hacia el socialismo. 

Pero cuando el foco de las protestas comienza desde las universidades claramente desplegadas en el campo de los poderes fuertes (como el UPOLI de Nicaragua, propiedad de una iglesia protestante en los Estados Unidos); cuando hay un choque de hegemonías entre los Estados Unidos y China con respecto al Canal interoceánico; Cuando Trump pone a Nicaragua en la troica de países que serán demolidos junto con Cuba y Venezuela, no puede haber duda sobre el uso instrumental de contradicciones, debilidades e incluso errores. Volver la mirada de Nicaragua y del continente latinoamericano a Miami sería un error mortal. 

La revolución sandinista, la última del siglo pasado, fue un laboratorio de esperanzas y expectativas, y aún está llena de enseñanzas y preguntas abiertas a la historia, especialmente sobre los costos que deben asumirse si uno decide confiar en los votos o en las armas. Lo vemos, de alguna manera, en Venezuela: desactivar la guerra interna, desatada por las mismas fuerzas que la financiaron en Nicaragua, puede conllevar costos, ya que conlleva asumir la constante dialéctica entre conflicto y consenso cuando se decide no proscribir o reprimir la burguesía. Una puerta estrecha que se propone hoy de nuevo ante la crisis de la democracia burguesa y el cierre de espacios de viabilidad y seguridad para una oposición verdaderamente alternativa al capitalismo. Se ve en Colombia u Honduras, pero también en los Estados Unidos y en Europa. Cuando la memoria histórica no se destruye, dejando espacio o asumiendo el cuento de los vencedores, uno puede aprender de las derrotas. Se puede aprender de la caída de la Unión Soviética, de la resistencia de la revolución cubana, de la caída de Allende y de la Nicaragua sandinista, que ha cerrado un ciclo, pero no la perspectiva.

Revisión del castellano Gabriela Pereira. -
Rubén Suarez Secretaria General de Conaicop
conaicop.uy@gmail.com

viernes, 29 de junio de 2018

Ya todo está bien clarito en Nicaragua


Por Jorge Capelán:
La derecha tiene todos los problemas del mundo. Si siguen de violentos van a quedar como la derecha venezolana pero peor: Van a ser cada vez más poquitos porque la gran mayoría de la gente los ve como enemigos del pueblo, tanto por los daños causados por la violencia como por haberse aliado con enemigos de Nicaragua como la Ros-Lehtinen y los colombianos. Lo único que les queda es dialogar y aceptar hablar de política. No pueden desear que desaparezcan más de dos millones de sandinistas leales a toda prueba que hay en el país. Hace unas semanas decían que al Comandante sólo le quedaba montarse en un avión, pero los que terminaron yéndose al aeropuerto fueron ellos.

El problema de los de la oposición es que si aceptan hablar de política se hacen el harakiri porque a estas alturas todo mundo sabe que solo representan a la élite de los más ricos del país y a intereses económicos enemigos de Nicaragua como los bancos extranjeros. No tienen ninguna propuesta seria ni sobre lo del INSS (seguro social), ni sobre ningún otro tema. Por otro lado, el Frente Sandinista sí tiene propuestas probadas en todos los terrenos, especialmente el económico.

Además, todo mundo sabe que los principales problemas que tenemos hoy han sido causados por la violencia de la derecha que en estos últimos dos meses prácticamente mató a nuestra principal industria que es el turismo. Hasta los mismos golpistas se fregaron porque tuvieron que cerrar proyectos como el Barceló Montelimar. La derecha es el principal enemigo de los empresarios de todo tipo, desde los grandes capitalistas hasta las pequeñas y medianas empresas familiares y asociativas. Eso es así porque está dirigida por banqueros que son lavadores profesionales de plata del narco.

Supuestamente el COSEP, AMCHAM y UPANIC (los gremios de la empresa privada) iban a poner al país de rodillas. Sólo lograron que subiera el queso unas semanas y que hubiera desabastecimiento en lugares asediados como Masaya, pero en general la actividad del país siguió. Más bien lo que lograron fue arrechar a un poco de empresas y empresarios con su vandalismo. El paro de la oligarquía no pasó de ser un paro armado en el que pandilleros profesionales amenazaban a la gente con quemarle sus negocios si abrían sus puertas.

Y es que el COSEP, AMCHAM Y UPANIC son cascarones que no representan intereses empresariales comprometidos con el desarrollo económico del país sino de una pequeña mafia de estafadores. Seamos claros: Los pilares económicos más importantes para el país son: Los sectores populares ("el Mercado Oriental"), la Inversión Extranjera ("las maquilas") y la Inversión Pública (El Estado). Piero Cóen, Michael Healey y Chanito Aguirre ("líderes empresariales") vienen de último.

¿Cómo se explica sino que el único banco incendiado en este fallido intento de golpe fuera el banco cooperativo CARUNA, con 300 mil socios de los sectores populares? ¿Cómo se explica que inmediatamente después de CARUNA los vándalos se fueran a incendiar el MEFFCA? Sólo narcos y especuladores de alto nivel pueden estar de acuerdo en algo así.

Hasta antes del golpe, los empresarios del COSEP, AMCHAM Y UPANIC solo buscaban como beneficiarse de la inversión pública evitando pagar cualquier tipo de impuestos. Por eso el descontento reventó con lo del INSS: Ellos no quisieron aportar a financiar el déficit del sistema.

Por otro lado el gran capital financiero (que por cierto obligó a todos sus empleados a ir a las marchas de la oposición) estaba interesado en mantener un "consenso" según el cual la banca pública como el Banco Produzcamos estuviera obligada a mantener todos sus riales en el BAC, el BANPRO, etcétera. Además de eso a la banca le interesaba privatizar el INSS y mantener el monopolio de las remesas de Western Union (Piero Cóen) que estaban amenazadas por un viejo proyecto que tenía CARUNA de controlar esa fuente tan importante de ingresos para el país.

Ahora, gracias al golpe, los intereses de cada sector en la sociedad están claros como el cristal y el país puede dar un paso decisivo para consolidar un modelo democrático y participativo bajo la hegemonía de los sectores populares. No hace falta siquiera expropiar a esos capitalistas, solo darle a cada quien el peso político que se corresponde con su verdadero peso económico. La gran burguesía hace rato que se divorció de Nicaragua, solo hacía falta que le clavase el puñal por la espalda con el golpe. Ya se sabe lo arrastrados, corruptos y criminales que son una serie de políticos y de profesionales de las ONGs. Lo mismo se puede decir de un poco de curas. Ya se sabe quién defiende esto, quién no lo defiende, quién se raja y quién no.
Sólo es cuestión de plantearle estas cosas al pueblo de manera directa y franca, y la gente sabrá decidir.
Fuente: http://correonicaragua.org/index.php/textos-de-actualidad/111-ya-todo-esta-bien-clarito
gianfelici1@yahoo.it

sábado, 2 de septiembre de 2017

“No me vendo ni me rindo. Yo quiero Patria Libre o Morir”

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein: 

En el marco de la guerra civil en Nicaragua, en enero de 1927, las tropas estadounidenses desembarcan en el país y en una rápida campaña militar ocuparon Managua en el mes de abril. El día 17 de ese mes arribó a la capital nicaragüense Henry Stimson,  enviado especial del presidente estadounidense Calvin Coolidge- quien el 4 de mayo, firmó con el general liberal José María Moncada, el pacto del Espino Negro, a través del cual se consagró la rendición del ejército liberal y la aceptación del mandato del presidente conservador Adolfo Díaz. El 25 de agosto, en clara intromisión en los asuntos internos del país centroamericano, Estados Unidos entregó al gobierno de Díaz un documento mediante el cual le informaba que el Embajador Charles C. Eberhard y otro enviado especial del presidente Coolidge, el General Frank Ross McCoy, elaborarían las cláusulas que habrían de establecer las pautas para la celebración de los comicios presidenciales de noviembre de 1928.


De manera inmediata, al día siguiente 26 de agosto, el general Augusto C. Sandino, que se ubicaba en el campo liberal, a través de una carta de su autoría rechazó la componenda diseñada por la Casa Blanca, señalando que permanecería en armas mientras hubiera un gobierno conservador en el país y sólo las entregaría a uno de corte liberal, aún sin estar de acuerdo con él. Así mismo, informó a sus soldados que de en adelante estarían solos en esa lucha y que el tirano presidente Adolfo Díaz ya no era el enemigo principal, sino que ahora deberían enfrentarse a “los marinos del imperio más poderoso que la historia ha conocido”. Sandino entendió perfectamente que el conflicto dejaba de tener un carácter interno, para transformarse en una guerra en defensa de la soberanía y la integridad territorial de su país.

Como recuerda el historiador Gregorio Selser, con Sandino había veintinueve combatientes, que conformaron el germen que dio nacimiento el 2 de septiembre de 1927 al Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN). El General de Hombres Libres no ocultó a sus soldados la magnitud de la contienda que se avecinaba: “Seremos asesinados villanamente por las bombas que desde el aire nos envíen truculentos aviones; acuchillados con bayonetas extranjeras; tiroteados por ametralladoras modernísimas”, pero no hubo dudas respecto de la misión que debía emprenderse por amor a “nuestra afligida madre Nicaragua”. Ante la traición que significó el Pacto del Espino Negro, Sandino afirmó contundente “No me vendo, ni me rindo. Yo quiero Patria Libre o Morir”.

Ese día, en el cuartel general de El Chipote, ubicado en las cercanías de Quilalí en el Departamento de Nueva Segovia, al norte del país, todos los combatientes firmaron el documento de 14 puntos que marcaba el modelo de organización que seguiría el EDSN. Entre ellos se establecía que podían unirse a él quienes estaban dispuestos a “defender con su sangre la libertad de Nicaragua” y que se reconocía como Jefe Supremo “al patriota general Augusto César Sandino, leal y sincero, quien ha sabido defender con toda abnegación el decoro nacional como legítimo nicaragüense”. Así mismo, se desconocía todo acto del gobierno traidor de Nicaragua y de los invasores extranjeros, pues se entiende “que la política de nuestro país no debe emanar de una nación extraña, sino que debe estar basada en el más alto espíritu nacional”. El documento fijaba certeramente la prohibición de cualquier jefe del EDSN de celebrar pactos secretos con el enemigo ni convenios de ninguna clase so pena de ser juzgado marcialmente en Consejo de Guerra.

El combate sin cuartel del EDSN contra los invasores llegó a su fin en 1933 cuando el ejército estadounidense derrotado, se vio obligado a abandonar Nicaragua. La paz con el gobierno se firmó en febrero de 1933 y un año después, Anastasio Somoza quien había sido designado por Estados Unidos como Jefe de la Guardia Nacional creada cuando era inminente su salida del país, asesinó a Sandino, cuando éste abandonaba el palacio presidencial tras reunirse con el nuevo presidente liberal Juan Bautista Sacasa.

Largos años de lucha sobrevinieron a la muerte de Sandino y en 1961, un grupo de patriotas liderados por Carlos Fonseca Amador y Tomás Borge fundaron el Frente Sandinista de Liberación nacional (FSLN) que se propuso dar continuidad a la lucha de Sandino y del EDSN.

En 1978, el FSLN había avanzado de forma considerable en la conjunción de las acciones de sus fuerzas políticas, militares y diplomáticas de manera que logró colocar a la dictadura, -que se había entronizado en el poder por 44 años- en una situación de verdadera debacle.  En esas condiciones, la idea de reconfigurar las fuerzas guerrilleras, de forma tal, que una vez derrotado el tirano, pudiera fundarse un nuevo ejército que tomando el ideario sandinista, se transformara en defensor de la soberanía y salvaguarda de la paz y la estabilidad del país, volvió a estar en el tapete de las decisiones a tomar por los dirigentes del movimiento libertario nicaragüense. El 23 de octubre de 1978, la Dirección Nacional del FSLN anunció el renacimiento de dicho ejército.

El desarrollo de la insurrección tuvo un primer momento en agosto y septiembre de ese año, pero, fue después de algunos ajustes, -sobre todo una vez que se logró la unidad interna del FSLN- que se retomó la lucha insurreccional con fuerza superior en abril de 1979 tanto en las montañas como en las ciudades, y ya no se detuvo hasta la derrota final de la dictadura el 19 de julio de 1979.

Un día después, el 20 de julio la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN) disolvió la Guardia Nacional Somocista y dio formal vida al nuevo Ejército Nacional. El 22 de agosto  de ese año a través del Decreto N° 53 de la JGRN  se creó el Ejército Popular Sandinista (EPS) que como reconocimiento y homenaje al General Sandino adoptó el 2 de septiembre como Día del Ejército. De esta manera, este año y en esta fecha estamos conmemorando el 90° aniversario de tan gloriosa institución, heredera de las mejores tradiciones de lucha del pueblo nicaragüense.

De inmediato, el ejército guerrillero comenzó su proceso de profesionalización y transformación en la poderosa fuerza armada de Nicaragua que es hoy, no tanto por la cantidad de su armamento como por el alto espíritu de combate, el pundonor de sus generales, oficiales y tropa y la gran experiencia adquirida en la guerra de diez años en contra de la agresión extranjera que armó, financió y entrenó a fuerzas contrarrevolucionarias que pretendieron, bajo asesoría directa de la CIA y el Pentágono, retrotraer el curso de la historia.

Ya a finales de 1979, menos de seis meses después del triunfo revolucionario, se produjeron desde Honduras las primeras manifestaciones de acciones armadas contra el naciente gobierno sandinista, El EPS se fue formando y estructurando en el propio combate, resistiendo la invasión mercenaria a un costo muy alto en vidas de soldados y del propio pueblo que lo alimentaba con sus mejores hijos. Una a una las operaciones diseñadas por el Pentágono y la CIA fueron derrotadas: “Navidad Roja” en diciembre de 1981, “Plan C”  a finales de 1982 e inicios de 1983, “Pino Grande 1” en territorio hondureño para facilitar a las fuerzas contrarrevolucionarias su inserción operativa en el país en febrero de 1983, “Plan Sierra” a finales de 1983, “Ofensiva Generalizada” en 1984, “Operación Rebelión 85” durante ese año, “Operación Limpieza Fronteriza” en 1986, “Plan Ofensiva de Primavera”, “Operativo Salvador Pérez”, “Operación David” y “Operación Olivero” en 1987, hasta que en 1988 con las operaciones ofensivas “Unidad Indestructible”, “Soberanía”, “Unidad Interarmas” y “Danto 88”, el Ejército Popular Sandinista mostró una calidad superior para golpear al enemigo y producir la neutralización de sus unidades operativas más importantes, creando condiciones para la derrota política y militar definitiva de la contrarrevolución, propiciando además una solución definitiva del conflicto a través del diálogo y la negociación.

Como dijo el Comandante Daniel Ortega, presidente de Nicaragua en 2009, hoy, “…la guerra quedó atrás y enterrada para siempre…”. En su 90° aniversario, el Ejército de Nicaragua cumple con eficiencia la misión de garantizar la paz en su país, salvaguardándola de las complicaciones que afectan a los vecinos, en el combate contra la delincuencia organizada, el narcotráfico y los intentos de desestabilización interna del Estado,  elevando al pedestal más alto los ideales y el legado del General de Hombres Libres, Augusto C. Sandino, jefe del primer ejército que en América Latina derrotara militarmente al imperialismo estadounidense, señalando con su ejemplo y con su gesta el camino a emprender por los militares patriotas y los pueblos dignos, que no aceptan amenazas imperiales y se yerguen por sobre la superioridad económica y tecnológica para luchar y vencer, con las armas del decoro y el amor a la patria.

sergioro07@hotmail.com