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sábado, 27 de abril de 2019

Imperialismo, subversión e integración en África




Por Ernesto Wong Maestre:

El imperialismo sigue impulsando, principalmente desde su polo estadounidense y el anglo-franco-alemán, ahora mediante la “guerra híbrida”, la desestructuración político-administrativa de todo el hemisferio norte de África.  Tras los sucesos actuales, ocurridos en Argelia, Sudán del Norte y Libia, se evidencia con más claridad que el plan estratégico estadounidense ha entrado a una nueva etapa, después de haberse implementado pacientemente desde 2009 con el ascenso al poder del afroamericano Barack Obama y la anglosajona Hillary Clinton, y el derrocamiento de tres gobiernos con costas al Mediterráneo, y de otros enclavados en el gran desierto del Sahara, como es el caso de Mali y de Gambia, todos en conflictos con EE.UU o con otro centro imperial.



La acumulación de fuerzas, previo a este nuevo tipo de guerra, parece haberse cumplido y ahora esas fuerzas (violentas, financieras y mediáticas), bien articuladas están en pleno desarrollo, siendo controladas y ejecutadas desde los centros de mando, quizás del Africom (Comando del Ejército de EE.UU para África) o desde las propias embajadas estadounidenses enclavadas en los países. 

Es necesario precisar que ese gobierno del “hijo de África”, como le llamaron algunos gobernantes de la región a Obama, con imagen favorable para los africanos en general, logró propiciar el derrocamiento, antes de finalizar el año 2011, del gobierno de Hosni Mubarack en Egipto, el de Zine El Abidine Ben Alí de Túnez y el de Muhamar al Gadaffi en Libia, tres de los países más estables y prósperos de toda África pero “posicionados” en la opinión pública  por los grandes medios de comunicación al servicio imperial como “autoritarios” y “corruptos”. Por ello, según el guión imperial, sus pueblos se habían “cansado”, “hastiados”, e iniciado revueltas populares opositoras, denominadas, para un marketing más efectivo, “La Primavera Árabe”.

Ello se logró con un gran despliegue mediático por todo el mundo, a través de las redes sociales y medios de comunicación intervenidos desde el exterior y también con operaciones diplomáticas, de inteligencia, subversivas y con el respaldo de la OTAN pues ante la resistencia del gobierno de Gadaffi, el aparato imperial acudió al uso de la mayor organización militar del planeta para someter al líder libio, detenerlo, permitir su cruel asesinato y luego hasta festejarlo por la  jefa de la diplomacia estadounidense quien se alejó de toda ética y respeto humano por quien había logrado el más alto desarrollo social en un país de África y se aprestaba a dotar al continente de mayor nivel de independencia financiera y económica. ¿Será que esos logros fueron motivos de los gobernantes estadounidenses para llevar a cabo una acción tan vil contra un Jefe de Estado con quien EE.UU sostenía relaciones diplomáticas?.

Lo cierto también en todo esto es que la OTAN, con larga hoja criminal de asesinatos masivos a causa de bombardeos sobre ciudades, tal como ya había ocurrido en la cercana Panamá (1989) o en Yugoslavia entre 1991 y 2000, había cumplido así su nueva doctrina militar anunciada en 2010 que incluía, por primera vez en su historia,  “al sector civil” en sus planes militares, lo cual se cumplió cabalmente, en el caso norafricano, con el apoyo de la Secretaria de Estado Clinton quien viajó por el norte africano en varias ocasiones en 2009 articulando financiamiento para grupos de jóvenes  emprendedores quienes en el momento oportuno desempeñaron funciones asignadas u obligados a involucrarse en las acciones preparatorias iniciadas por el gobierno estadounidense para luego poder lograr la aprobación del Consejo de Seguridad de una “zona de exclusión aérea” sobre Libia y más tarde la OTAN concluyera la tarea con el aniquilamiento de las diezmadas fuerzas gadafistas y propiciando el caos en todo el país, que aún hoy, ocho años después “justifica” una nueva intervención externa ante la opinión pública mundial.

La última conversación telefónica del presidente Donald Trump a fines de abril con el mariscal Jalifa Haftar, el jefe militar libio-estadounidense, alzado en armas en Libia contra el gobierno reconocido por la ONU, es muy sintomática porque encaja perfectamente en la doctrina ultraconservadora y pentagonista del “cambio de régimen”, así como en la “ingeniería social” que implica intromisión e injerencia en los asuntos internos de otro país y el uso de mercenarios nativos o vecinos para derrocar gobiernos y luego instalar otros dóciles a Washington. 

Aunque la aspiración de EE.UU es desestructurar todo el continente para volver a apropiarse en mayor grado de las riquezas africanas y así poder bloquear la política exterior de la República Popular China de intercambio en beneficio mutuo con los gobiernos de la región (la que está produciendo significativas transformaciones de África, tal y como lo han reconocido más del 80% de los mandatarios africanos) la gran potencia estadounidense ha preferido primero consolidar más su poderío en la parte septentrional del continente, pues la parte meridional africana, desde la Cuenca Congolesa hasta Suráfrica, está siendo integrada, y por ello reforzada, con acierto económico, comercial, político y militar por la Comunidad de Estados del África Meridional (SADC siglas en inglés).

LA SADC EN ACCIÓN

La tarea subversiva del imperialismo dirigida al “cambio de régimen” en los países incómodos para Washington en esta subregión del sur es mucho más difícil de lograr, aunque no lo deje de intentar en algunos de esos países que integran la SADC.  Podría pensarse que para blindarse ante esa apetencia imperial, los gobernantes de esa agrupación integracionista han reconocido la necesidad de una mayor actuación de defensa conjunta y de promover gobiernos consensuados entre ellos sobre la base de la mayor aceptación popular.  Los recientes e intensos cambios de gobiernos, en los que intervino la acción concertada previsible de la SADC, principalmente en Zimbabwe, Suráfrica, República Democrática del Congo, Angola, Madagascar y Zambia, fueron acontecimientos que de cierta forma contrarrestaron los intentos imperialistas de provocar “cambios de régimen” según esos intereses de dominación y hegemonía.

Al proyecto supremacista que impone el gobierno de EE.UU al resto de sus polos imperialistas, le basta -a corto y mediano plazo-  controlar el extenso y rico territorio del Sahara (donde es probable que haya más petróleo que en Arabia Saudita o Venezuela)  y su entorno cercano (zonas cultivables y costas al norte, este, sur y oeste) que es más del cincuenta por ciento de todo el territorio de África, lo que posibilitaría poder contrarrestar el extenso poderío sinoafricano acumulado en la última década, ahora más concentrado, debido a lo ocurrido en el norte, hacia la parte oeste y sobre todo meridional, precisamente donde actúa el poder colectivo de la SADC.

LA PERSPECTIVA GEOPOLITICA

Respecto al norte de África, los laboratorios de guerra del Pentágono lo han definido como “el portaviones de EE.UU para la futura guerra nuclear contra China”, lo que colinda también con la doctrina neoconservadora y la “estrategia de contrafuerza” y de “guerra preventiva” a la que hacen mención los ideólogos y promotores del terrorismo de Estado de la Casa Blanca como John Bolton, Elliot Abram, Mike Pence, Mike Pompeo, Gina Cheri Halep, entre otros operadores del Complejo Militar-Financiero-Comunicacional de EE.UU.  Y esa visión concuerda casi totalmente con la que aun predomina en la OTAN, aún cuando al interior de esa organización se están desarrollando contradicciones de tal magnitud que a algunos analistas las consideran que harán colapsar la estructura político-militar atlántica.

El pragmatismo político-militar estadounidense también trasciende al planeamiento estratégico revelado desde el primer quinquenio de este siglo por algunos expertos del Pentágono y por el que se comenzó a guiar la geoestrategia imperial al transformar desde 2010 el panorama político en ese continente. Tales cambios ocurridos en Túnez, Egipto, Libia, Mali, República Centroafricana, Gambia, Chad, Niger, e intentados en Argelia, los Sudanes, Somalia, Nigeria, Kenya, Etiopía, Ghana, Burkina Faso, entre otros, fueron impulsados por el imperialismo desde sus centros en Norteamérica y Europa con el fin de imponer el poder de sus megacorporaciones pero también guiados por los intereses y objetivos geopolíticos tanto de carácter físicos (recursos), como de carácter espacial fronterizo y poblacional.
 
En tal sentido, lo que viene ocurriendo en Argelia y Sudán, insisto, son dos procesos generados por la geopolítica injerencista y expansionista del imperialismo que se aprovechan de “estructuras políticas en crisis” y de los movimientos juveniles antiautoritarios para llevar a cabo su acción injerencista del “cambio de régimen” y de los “enjambres sociales” y provocar escaladas caóticas de revueltas hasta producir los cambios deseados.

Tanto Argelia como Sudán siempre fueron objetivos de quienes promovieron las “revoluciones de colores” y “la primavera árabe” pero eran dos objetivos menos inmediatos que los objetivos a alcanzar en Libia, Túnez y Egipto donde lograron someter o derrocar a sus gobiernos, aunque este último no se haya dejado dominar totalmente y por ello siga siendo un objetivo diferido para otra ocasión.

No es nada casual que el gobierno militar de Egipto esté haciendo el esfuerzo, basado en el actual apoyo económico-financiero logrado de China, por tomar parte y ser tenido en cuenta en los cambios de Libia, Sudán, Palestina y Siria y así evitar estar totalmente rodeado por aliados potenciales de EEUU e Israel que lo quieren engullir debido a su alto valor geopolítico y geoestratégico valorado por todos los actores globales, sean agrupados o no, desde la potencia norteamericana y la sino rusa hasta la brasileña y la saudita. Para reforzar esa visión de los actores que están invirtiendo en el país de los faraones, el actual mandatario Abdelfatah Al Sisi promovió y ganó abrumadoramente el Referendo que le permite extender su mandato a otros posibles seis años más. Ello da muestras fehacientes del poder popular que respalda a los gobernantes egipcios que no se pliegan totalmente a Occidente, algo decisivo ante un conflicto bélico en que se vea involucrado ese gobierno.

El caso de Argelia es también más complejo que los antes mencionados, tanto para el estudio de sus perspectivas políticas, como para quienes desean provocar allí el “cambio de régimen”, debido a la historia de lucha independentista por las generaciones de mayor edad vinculada al Frente de Liberación Nacional que aún poseen alto prestigio ante toda la restante población, lo que se ha evidenciado en la forma pacífica aunque intensa con que se han manifestado los sectores inconformes con el gobierno de Abdelazis Bouteflika, aun cuando en esas manifestaciones haya fuerzas que responden tanto a intereses del gobierno francés como al de EE.UU o al de la monarquía vecina de Marruecos.  

Como caso sui generis africano es necesario recordar que la dominación marroquí sobre el pueblo saharaui constituye el único caso de colonialismo en el continente. Más tarde o temprano esa nación tendrá que alcanzar su independencia y recuperar los ricos territorios saharauis, principalmente en fosfatos, hoy explotados por la minería marroquí apoyada a sangre y fuego por el ejército del monarca Mohamed VI. La República Árabe Saharahui Democrática está reconocida por la Unión Africana y su población tiene amplios lazos de amistad con la población argelina que le ha brindado su apoyo para alcanzar la independencia. Por ello, ante cualquier situación compleja en Argelia en su desenlace no debe obviarse esta relación estrecha entre ambos pueblos combativos y resistentes.

En cuanto a las expectativas de lo que ocurrirá a corto plazo en el hemisferio norte de África donde hay cerca de cuarenta de las cincuenta y cinco naciones africanas, estas tendrán más relevancia según el desarrollo de los acontecimientos en los casos de Argelia y Egipto por ser dos de las potencias africanas de alta significación en las relaciones con China y en las decisiones de la Unión Africana, e incluso muy tomadas en cuenta por la SADC, debido a sus poderes económicos y significado geopolítico (extensión territorial, grandes recursos energéticos y minerales, ubicación geográfica estratégica, amplia población islámica, prestigio histórico antimperialista y del socialismo árabe) que se articulan más fluidamente con los intereses y objetivos de los gobiernos de las potencias medias que hegemonizan la SADC, formada por quince naciones que incrementan sus vínculos y relaciones con los países que conforman la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), en especial China, India y Rusia, y en menor escala Kazajistán, Bielorrusia, Pakistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán.

Teniendo esto último en cuenta, y que en el norteafricano el imperialismo estadounidense y su otra aliada no han podido dominarlo totalmente, es de prever una creciente interacción entre los países africanos que integran la SADC y los países fronterizos, pero también con los tres países (Uganda, Ruanda y Burundi) vinculados al Lago Victoria y al naciente rio Nilo, y los del litoral oriental norteño como Kenya, Somalia, Eritrea, Etiopía, Sudán del Sur, Sudan del Norte y Egipto. Esos veintidós países, más Argelia, Ghana, Burkina Faso, Guinea Ecuatorial, entre otros enrumbados a lograr mayor nivel de independencia, configuran la “masa crítica” para que África pueda proponer y desarrollar aún más proyectos oportunos, viables, sostenibles, integrales y que contribuyan con la estabilidad política de esos países. El recién creado mercado continental de libre comercio, firmado por casi cincuenta naciones africanas es una clara evidencia de las buenas perspectivas económicas que vienen construyendo los países africanos y China mediante el intercambio de beneficio mutuo, y próximamente siendo copartícipes en el proyecto global de la Franja y la Ruta, dirigido por la R.P.China.

wongmaestre@gmail.com

miércoles, 13 de marzo de 2019

La operación genocida del Cybercom de EE. UU contra el pueblo de Venezuela



Por Ernesto Wong Maestre:

Luego de las reiteradas amenazas y confesiones de varios gobernantes de EE.UU, de un congresista del lobby contrarrevolucionario y de su protegido diputado autoproclamado presidente, no hay duda alguna de la autoría estadounidense de la operación de sabotaje contra el cerebro cibernético del Sistema Automatizado de Control (ARDA) del Guri en el Estado Bolívar que controla el funcionamiento de la generación eléctrica para el sistema nacional de electricidad de Venezuela y que ha afectado a toda la población en su conjunto. Es una operación calificada por el derecho internacional público de genocida porque está dirigida a dañar la vida de toda una sociedad y de injerencista porque está realizada para favorecer una parcialidad política, precisamente la minoritaria del autoproclamado, tratando de crear condiciones políticas y sociales para lograr instaurarlo en el poder con apoyo de tropas mercenarias y de grupos nativos violentos, lo que desencadenaría un conflicto armado masivo y así justificar una intervención armada del ejercito de EE.UU presentada al mundo como una “intervención humanitaria”. 


Si las confesiones y las pruebas de ellas son evidentes, por lo pública que fueron hechas y mostradas al mundo entero, con las innegables intenciones de socavar la paz reinante en Venezuela, de imponer al mundo su imagen de supremacía y de promover otro golpe de Estado contra el Presidente Constitucional, Nicolás Maduro Moros (quien fue reelecto el pasado 20 de mayo por una abrumadora mayoría del 68% de votantes y juramentado ante el Tribunal Supremo de Justicia el recién pasado 10 de enero), entonces tampoco debe haber duda alguna que fue una operación militar de EE.UU, específicamente del Cibercomando, especializado en operaciones cibernéticas defensivas y agresivas como estructura militar y “comando unificado” creado por el gobierno de Barack Obama el 23 de junio de 2009 y que dirige el General Paul M. Nakasone, desde 2016, también director de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA por sus siglas en inglés) desde 2018.

Este Teniente General del Ejército, altamente especializado en cibernética y con posturas antirusas coincidentes con varios neoconservadores belicistas del gobierno, debería ser citado a rendir declaración al Congreso estadounidense por este tipo de operación ilegal, según las leyes de esa Nación y la propia Carta de ONU, aún cuando desde inicios de 2015 el mismo Presidente Obama haya decretado a Venezuela como “amenaza inusual y extraordinaria”, algo inaudito para la opinión pública de la comunidad internacional por el evidente desequilibrio de fuerzas militares entre ambos Estados pero muy articulado con el pensamiento neoconservador reinante en el sistema bipartidista que desde hace más de diez años transita por una crisis estructural de magnitudes insospechables pero con expresiones muy bien definidas, como lo han revelado diversos analistas de tendencias disímiles.

Si a las declaraciones estadounidenses con evidentes intenciones y deseos de obstaculizar al gobierno de Maduro, se le unen las pruebas de sus consumados intereses, expresados en jubilosas exclamaciones de éxito contra el proceso bolivariano, y además el razonamiento doctrinal que condiciona ideológicamente a esa camarilla belicista en torno a Donald Trump, no debe quedar ninguna duda acerca de la autoría estadounidense y de su institución especializada en las operaciones cibernéticas, el denominado Cybercom o Cibercomando del Ejército, el cual agrupa a varias experimentadas dependencias en guerras de agresión dirigidas desde el Pentágono, tales como la Fuerza de Tarea Conjunta de Operaciones de Red Global,  el Comando Conjunto de Componentes Funcionales para la Guerra de red y la Agencia de Defensa de Sistemas de Información, entre otras.

Doctrina neoconservadora y guerra cibernética

Precisamente, el soporte doctrinario de las amenazas y confesiones públicas de Mike Pompeo, Secretario de Estado; de Marco Rubio, senador republicano de la Florida y cabecilla de la mafia cubano-americana; de John Bolton, Consejero de Seguridad Nacional, y de Elliot Abrams, este ultimo junto con Bolton, tradicionales promotores del ideal belicista y supremacista, radica en la ideología reaccionaria neoconservadora. Esta propugna de forma muy articulada: a) el unilateral “cambio de régimen” en aquellos países considerados “amenazas” lo que implica el irrespeto y la constante injerencia en los asuntos internos de otros Estados, la violación de sus soberanías y la negación de la igualdad de los Estados y sus derechos a la libre autodeterminación, y b) usar el poder sin reparar en los principios y normas del derecho internacional público, el cual es considerado obsoleto para los intereses globales de EE.UU, aunque a decir de uno de los ideólogos del neoconservadurismo criminal, el gobierno debe “ser más cauto con él (poder), utilizar el poder blando más que el duro e idear modos más sutiles e indirectos de modelar el mundo (…) nuestro poder a menudo resulta más eficaz cuando no se ve (…) y es más útil cuando es latente” (Fukuyama,194). Actuar en la oscuridad y buscar con apagones inducidos oscurecer la vida de los pueblos soberanos, como lo ejecuta el equipo de Donald Trump recuerda y reafirma aquel perfecto diagnóstico de El Libertador de América: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar a América de miserias en nombre de la libertad” (Bolívar, 1829).

“Todo esto tiene un sentido perfecto, por horrible que sea”, explicaba Eric Walberg, de Global Research, semanas después de dar a conocer Obama el nacimiento legal del Cybercom. “El imperio de EE.UU. está en marcha y el Pentágono aprendió los peligros del servicio militar obligatorio de las masivas protestas públicas que provocó durante la guerra de Vietnam. Ya opera en un campo de batalla electrónico global en el que los combates son cada vez más librados por drones robóticos guiados por sistemas de vigilancia. La idea es minimizar las bajas estadounidenses” (Walberg, 2009). Entonces, la guerra cibernética cumple esas condiciones.

Meses después, el 21 de mayo de 2010, el Cibercomando inició su vida legal. En marzo de 2011 debió tener una participación relevante pero oculta para interceptar y sustituir las emisiones radiales libias e interrumpir los sistemas cibernéticos informativos antiaéreos de Libia cuando esta fue víctima de la operación internacional urdida por el gobierno de Obama-Clinton. No debe soslayarse en este análisis la anterior participación, desde 2008, de las instituciones que conformaron el Cibercomando en crear las condiciones informático-sociales para poder derrocar los gobiernos de Egipto y de Túnez, las dos fronteras más populosas de Libia por las que penetraron las fuerzas terroristas y comandos militares extranjeros articulados por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) mientras EE.UU creaba las condiciones diplomáticas en el Consejo de Seguridad de la ONU para justificar y aprobar la intervención armada, en este caso enmascarada en una denominada zona de exclusión aérea para la aviación libia para facilitar luego los bombardeos de EE.UU, Francia, Gran Bretaña e Italia, entre otros miembros del organismo militar atlantista sobre los territorios defendidos por las fuerzas de Muhamad Al Gadaffi.   

Razón le dieron a Fukuyama los halcones de la guerra cuando este, en 2005, les había sugerido: “si Estados Unidos se tomara en serio el cambio de regímenes y el uso de su ejército para propiciar metas políticas en diversas partes del mundo, necesitaría un ejército muy diferente del que auguró Wohlstetter”(Fukuyama, 49). Aquí, maquiavélicamente, el impulsor de “la línea dura” contra Irak, se refirió a su mentor quien abogó por los dos ataques nucleares seguidos o estrategia de “contrafuerza” y por el uso de la más avanzada tecnología para la guerra nuclear. Y por ello Fukuyama optó por apoyar desde sus investigaciones la idea de que el nuevo ejército debía disponer de unas nuevas armas, otros soldados que no fueran estadounidenses sino mercenarios y una  organización militar adecuada a los fines neoconservadores: desestabilizar políticamente a sus adversarios mediante una cuidadosa “ingeniería social” y propiciar el “cambio de régimen” para establecer un régimen y gobierno que le permita a EE.UU apoderarse de los recursos estratégicos, energéticos y riquezas de sus víctimas, incluida la financiera,  tal y como lo ha llegado a confesar y ejecutar hasta el propio presidente Donald Trump con el saqueo de los activos venezolanos en ese país del norte y el bloqueo financiero, económico y comercial que lleva  cabo esa potencia nuclear contra el pueblo de Venezuela al cual ya le ha ocasionado pérdidas en los últimos dos años- por mucho más de 30 mil millones de dólares. 

La amenaza como justificación imperial de la ciberguerra

Haber declarado a Venezuela como “una amenaza inusual y extraordinaria” presupone que EE.UU había tenido hasta ese momento solo una “amenaza” usual y ordinaria que no fue otra que el potente socialismo soviético hasta 1991 y ahora la alianza sino-rusa. No obstante, el peligro para Venezuela es inminente pues la calificación asignada desde 2015 de “amenaza” implica en la doctrina neoconservadora el necesario diagnóstico de los “riesgos” y de las “compensaciones” posibles y por ello de la planeación inmediata de acciones bélicas, conducentes a la “guerra preventiva” que podría minimizar los riesgos y maximizar las compensaciones, según razona el pensamiento gerencial estratégico fundado en la filosofía utilitarista y pragmática norteamericana, el cual también reconoce que “es importante ser exactos sobre los modos y el grado en que cambió la amenaza, porque eso influye en la clase de riesgos que Estados Unidos tenía justificado correr en respuesta a ella” (Fukuyama,78) y “es importante separar las dimensiones tecnológica y política de la amenaza, porque eso influye en lo que se considera una respuesta razonable y los riesgos que se está dispuesto a correr para plantarle cara” (Idem,86), todo un razonamiento elaborado sobre el fracaso en Irak pero que de la misma forma sus preceptos, como el de la“anticipación” y el necesario “unilateralismo”, siguen aplicándose por quienes detentan el poder estatal en EE.UU y hoy emplean la ciberguerra en escalada contra el bienestar del pueblo para dar un paso más y lograr condiciones para “el cambio de régimen”, lo que ha sido respondido firmemente por el líder bolivariano:

 "El imperio de los EEUU, una vez más, subestima la conciencia y determinación del pueblo venezolano. Les aseguro, que cada intento de agresión imperial se encontrará con una respuesta contundente de las y los patriotas que amamos y defendemos, con valentía, nuestra Patria" (Maduro, Twitt 9/3/19).

Sin dudas, las ideas de Francis Fukuyama, quien fuera subordinado por varios años del ex vicesecretario de defensa de EE.UU y ex alto funcionario del Departamento de Estado, Paul D.Wolfowitz, funcionario también ligado al capital financiero y de reconocido aporte al neoconservadurismo, son claras evidencias de que fueron relevantes para esa camada de neoconservadores enquistados en el Estado Profundo norteamericano que idearon y diseñaron el Cibercomando a partir también de las experiencias reaganianas con la Iniciativa de Defensa Estratégicas (IDE) más conocida como la “Guerra de las Galaxias” y del fracaso estadounidense –como lo reconoce Zbigniew Brzezinski en “El Tablero  Mundial”-  ante la rectificación del también “estado profundo” ruso que puso fin al gobierno de Boris Yeltsin, evitando así la entrega total de Rusia a EE.UU, y que favoreció a Vladimir Putin para asumir el liderazgo y lograr torcer el rumbo capitalista de su antecesor para encaminarse a la alianza con la República Popular China, muy clara desde 1996 cuando juntos dan inicio al germen de lo que es hoy la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS).

Sobre esos presupuestos podría argumentarse que Venezuela no solo es la amenazada, sino también la agredida y en riesgo de ser sometida a una invasión militar extranjera de nuevo tipo donde el Pentágono use fuerzas mercenarias que busquen con apoyo logístico del Comando Sur controlar un territorio venezolano desde donde puedan dividir al país con perspectivas de que tropas estadounidenses se posicionen con una reducida pérdida de vidas que no vaya a desencadenar una reacción antibélica en las ciudades norteñas que se amalgame con las protestas pro-inmigrantes, pro-salud gratuita y otras latentes, así como estimule las corrientes políticas socialistas que cada día emergen en EE.UU. No es casual que Trump haya proferido su sentencia de “acabar con el socialismo” y con la influencia de Cuba, Venezuela y Nicaragua.  

Terrorismo eléctrico y guerra de exclusión de China

Son muchas otras razones también las que indican lo lógico que es reconocer la operación genocida del Cibercomando de EE.UU contra el pueblo de Venezuela y su servicio eléctrico, sobre todo cuando este ha sido reforzado y ampliado por el Gobierno Bolivariano en su empeño de elevar el bienestar de su sociedad, como lo muestran las miles de obras sociales y nuevos servicios que disfruta la población. Esa operación genocida también sirve al Cybercom para explorar y conocer debilidades y limitaciones que puedan ser explotadas en una operación militar siguiente, de mayor envergadura porque está enmarcada y formando parte significativa de la política de EE.UU y estrategia bélica de naturaleza ultraconservadora, opuesta al derecho internacional, de volver a ejercer la hegemonía en América Latina, perdida a causa de sus propias ambiciones expansionistas, derroche en su sistema político excluyente y de la potencialidad de China y su “socialismo de mercado” como potente aliado de Venezuela, y que fue encontrando los espacios y oportunidades necesarias, muchas de ellas generadas por las contradicciones capitalistas y el declive estadounidense en el mundo y en particular en África y América Latina para convertirse en el primer socio comercial de ambos continentes.

La región, donde comenzó a actuar con fuerza desde 2011 la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) a iniciativa de Venezuela y apoyada por el ALBA-TCP, es considerada por el actual gobierno de EE.UU como “espacio vital”, una concepción geopolítica agresiva que se deriva de ese pensamiento supremacista expuesto en publicaciones como The National Interest, The Public Interest,  Commentary, el Proyecto para el Nuevo Siglo Norteamericano, American Interest, la Military Rewieu, entre otras, donde también se alienta el espíritu de la Doctrina Monroe vinculada ahora con el desprecio al multilateralismo, la violación flagrante del DIP y la incesante búsqueda de derrocar gobiernos; también con la loa al mundo unipolar hegemonizado por EE.UU, con el uso de los mercenarios para fines inconfesables, con la utilización de una minoritaria juventud inconforme y antiautoritaria lanzándola a aventuras terroristas, con el empleo de herramientas, equipos digitales y vías de comunicación en tiempo real como las redes sociales para confundir, así como para crear imágenes y estereotipos de apoyo a las políticas imperiales; enriquecida también con una criticada práctica “diplomática” de extorsiones, chantajes y sobornos  para fundir todo en un accionar contrarrevolucionario y muy capitalista, depredador por naturaleza, como predijo Albert Einstein desde 1947 en su artículo “Por qué el socialismo”.

Ambas vertientes de retroceso humano han encontrado en la Venezuela soberana a un adversario revolucionario, firme, formado por un pueblo resistente, independentista y antiimperialista decidido a construir el socialismo con el apoyo de muchos potentes aliados como son los miembros europeos y asiáticos de la OCS, los latinoamericanos y caribeños de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA-TCP) y la mayoría de los pueblos del mundo que ya no viven totalmente desinformados y cada día asumen más protagonismo internacional a pesar de las fake news que engrosan las campañas mediáticas y las políticas y estrategias imperiales de dominación, principalmente aplicadas en los campos de las finanzas, la actividad bélica, el cine, la música, el deporte y la moda que tienden a fomentar el ultra individualismo y por ello a desunir, fragmentar y alentar el egoísmo, la ambición y con ellos la corrupción, la violencia y la drogadicción. Antivalores contra los cuales también batalla el pueblo noble y chavista de Venezuela liderado por su Presidente Constitucional, Nicolás Maduro Moros para vencerlos quien sentenció: "A 4 años del nefasto decreto intervencionista del imperio norteamericano, seguimos en batalla y victoria ante la permanente y brutal agresión contra nuestro pueblo” (Maduro, twitt 9/3/19). Y puntualizó: “Hoy, más que nunca, somos antiimperialistas ¡Jamás nos rendiremos!".


Referencias  
1.      Bolívar, Simón (1829).- Carta de Simón Bolívar al Coronel Patricio Campbell desde Guayaquil, 5 de agosto de 1829. Consultada el 10/3/19 en http://www.biblioteca.org.ar/libros/153489.pdf.
2.      Fukuyama, Francis (2006).- América en la encrucijada. Editorial B, S.A. 2007, Barcelona, España. Título original en inglés: America at the Crossroads.
3.      Maduro, Nicolás (2019).- Twitter @NicolasMaduro.

wongmaestre@gmail.com

martes, 8 de agosto de 2017

Nicolás el audaz

Por Ernesto Wong Maestre
Firme y sorpresivo

El pasado 1ro de mayo estábamos en la Ave. Universidad, como todos los años, celebrando el Día del Trabajo. Eran alrededor de las tres de la tarde. Conversábamos un grupo de colegas del trabajo, la mayoría  muy jóvenes, quienes son los más comunes en la actual administración pública bolivariana y revolucionaria. 



Horas atrás nos habíamos concentrado en las afueras de la Cantv y salíamos a marchar tres horas después  –mal hábito organizativo que debe cambiarse en esta próxima etapa de la Revolución. Ya pasaban las cuatro de la tarde y las calles de Caracas seguían ardíendo bajo un sol radiante. El Presidente Nicolás Maduro llevaba hablando de la coyuntura política nacional un buen rato y algunos del grupo que viven en Valles del Tuy o Guarenas comenzaron a retirarse. Por ello, me dirigí por entre los grupos de bolivarianos chavistas, entre sus autos con equipos de sonido de todo tipo y de música variada, a una sola cuadra que me separaba de la simbólica avenida Bolívar, eje central de concentraciones patrióticas. Me detuve a buscar un mejor sonido del discurso porque presentía que algún anuncio significativo haría el camarada Nicolás. Y así fue. 
Parado frente a la pantalla led situada diagonal con el Museo de los Niños escucho a Maduro comenzar a elevar su tono, el ritmo de palabras, y al ver su rostro sabía que iba a parir una gran idea: “Convoco al Poder Constituyente Originario para lograr la paz”, exclamó con el tono decidido que lo caracteriza, lo que fue respondido con un estruendoso aplauso y gritos de “así, así, así es que se gobierna…así, así, así es que se gobierna…….”, como si hubiera habido un pacto secreto entre el líder y los liderados, y no lo que fue en realidad, todo un mandato surgido de lo más profundo del sentir popular, pues en tiempos de revolución socialista, como decía Chávez, “hay que mandar obedeciendo”. Nicolás está definiéndose como el tipo de líder “alejandrino” que se agigantan ante las adversidades y corta por lo sano el nudo gordiano.

Líder estratégico y humanista
El primer Presidente obrero de la historia venezolana que por algo fue el propuesto por el Comandante Chávez para darle continuidad a la Revolución es, no sólo el primer presidente chavista elegido por el pueblo, sino que se consagró como líder estratégico y el primero que ante las amenazas de la potencia nuclear más sanguinaria de la historia y de sus lacayos internos y de las amenazas de gobiernos fronterizos, convoca al Poder Originario, o Potentia como le llama Enrique Dussell, para afrontar y vencer el conflicto iniciado por la oligarquía contra el proyecto popular bolivariano y con viles acciones que ya han venido rebasando los marcos legales. La opción propuesta por Maduro era la más lógica dentro del marco institucional pacífico, aún cuando la defensa armada ante las agresiones armadas de los terroristas de la oposición es también una opción legítima y legal. En esencia, es el primer presidente venezolano que convocó al pueblo a debatir y construir una constitución socialista y seguir profundizando las transformaciones  sociales mediante el mecanismo de la democracia participativa y protagónica. El pueblo podrá avanzar mucho más su conciencia social porque está plenamente protagonizando el proceso y seguirá con atención los debates de la ANC. Es deber del SIBCI, los constituyentistas y de los liderazgos del 4x4 garantizar las mejores condiciones promocionales y de concertación para que la sociedad, y sobre todo los quince millones con Carnet de la Patria, comprendan cabalmente cada una de las nuevas normas que se vayan consensuando y aprobando en la ANC. Solo así la próxima victoria estará garantizada. 

Nicolás, con la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) prefirió evitar a toda costa –ante la escalada de terrorismo de la derecha opositora- el derramamiento de sangre y por ello merece un Premio de la Paz. Las familias de la burguesía deberían rendir tributo de agradecimiento al Presidente Maduro por haber evitado éste, con sus instrucciones adecuadas, que sus jóvenes hijos se hubieran involucrado en una guerra civil, y deberían darle excusas honorables a la Guardia Nacional Bolivariana por haber evitado con sus barreras que sus hijos hayan sobrepasado las líneas limítrofes colocadas por ese cuerpo encargado de la seguridad ciudadana para evitar la confrontación física con las fuerzas chavistas que por su número y disposición combativa son muy superiores a los “hijos de papa” acostumbrados a la “dolce vita” o los juegos de tenis o el “jaibol” en el Country o en unos de esos clubes del Este donde se prohíbe entrar o se discrimina en el trato a los venezolanos o venezolanas de origen africano.

Esa clase ex dominante y sus integrantes, más ciertos grupos de personas de clases populares que le rinden lealtad, es a los que siempre el pueblo enardecido les dice “No Volverán”, “No Volverán”. Ellas permanecen desde hace varios años en un estado mental cada vez más disociado psicóticamente, con cambios sustanciales de sus personalidades pues sus unidades psíquicas estructurales relativas a la cognición y meta cognición no producen significación, y parecieran estar deformadas y aplastadas por las unidades afectivas debido a la carga negativa de significados y sentidos producidos por los medios privados de comunicación, por las transnacionales de la información y sus redes sociales, y por los discursos de guerra de los pseudodirigentes de la oposición violenta que se han impuesto con amenazas y terror al resto de los caudillos opositores.

Pacífico a pesar del adversario terrorista
Con un mínimo de razonamiento y de humanidad  -propiedades cada vez más lejanas de la psiquis de la oligarquía venezolana-  esa fuerza política hubiera evitado que sus adeptos asesinaran a más de cien seres humanos y llenaran de luto al ciento de familias. Además, hubiera conservado un mínimo de credibilidad pues el Presidente Maduro desde 2013, en uno de sus primeros discursos en la Plaza Diego Ibarra de Caracas, ya se había referido a la pacificación del país y a la necesidad de cerrar filas en torno a esa propuesta por parte de todos los sectores y fuerzas políticas. Maduro esa noche llamó e insistió a los jóvenes delincuentes a abandonar sus acciones ilegales, al tiempo que anunció y echó a andar días después programas de inserción social. La derecha ignoró el llamado y comenzó la guerra económica con acaparamientos para inducir la inflación, especulaciones para elevar artificialmente la paridad cambiaria y negociaciones antipatriotas con el imperio para que este elevara el nivel de amenazas en la política exterior bilateral agresiva. 

En efecto, los caudillos opositores respondieron a Maduro también con acciones agresivas y con estrategias de captar a esos delincuentes para sus planes futuros. Sus empresas de entretenimiento intensificaron la difusión por internet – cumpliendo encargos del imperio-  de los video-juegos de guerra para los niños y jóvenes, entre ellos el “Bombardeo de Caracas” o el Rambo anticomunista que fue “víctima” del “vietcong”.
Esos lucíferos del terrorismo contrarrevolucionario interiorizaron tanto el papel de Rambo que ahora en el 2017, como no pueden usar ni el “agente naranja” ni el napalm desde aviones como sí los usó EEUU para incinerar aldeas completas de seres humanos en Vietnam, y ni pueden usar abiertamente asociaciones tipo Ku Klux Klan, entonces incendian, a la luz del día pero encapuchados, a jóvenes de tez morena identificados como chavistas,  para tratar de aterrorizar a la mayoría de la población que es patriota y gran parte de ella chavista, como quedó claramente expresado en los casi 8,5 millones de votantes en la elección de los candidatos a la ANC este 30 de julio que pudo haber llegado a los 11 millones si los terroristas y la burguesía no hubieran amenazado de despido a sus trabajadores que votarían el 30J, o los terroristas no hubieran bloqueado salidas de urbanizaciones o municipios, protegidos por los alcaldes de la oposición y no hubieran amenazado a cientos de miles de residentes de atentar contra su integridad física si salían de sus casas o edificios a realizar ese domingo la votación por la ANC.

Proyectado por el mundo haciendo historia
Frente a ese panorama  -por suerte de la vida y logros de la Revolución- en menos del 10% del territorio nacional ha proliferado la violencia. El talento y la audacia del liderazgo del Presidente Maduro lo han proyectado hacia la historia y hacia la realidad mundial de otros pueblos que con empeño y confianza siguen el ejemplo o paradigma chavista de lograr crear un mundo diferente y un imaginario de emancipación que ni el mismísimo Lucifer podrá borrar o trastocar. Maduro advirtió al gobierno de EEUU que de darse una agresión armada a Venezuela el pueblo podría volver a reeditar la epopeya independentista y acudir a liberar a los otros pueblos del continente que padecen verdaderas tiranías neoliberales, más dañinas que las dictaduras de los años sesenta.

Entre los tres últimos presidentes de EEUU, Bush, Obama y Trump, y sus compinches de partidos, crearon condiciones contradictorias, objetivas y subjetivas, con sus políticas agresivas y neocolonialistas contra Venezuela, al igual que les ocurrió con Cuba. Hoy la proyección mundial de la Revolución Bolivariana hasta los últimos confines del mundo llevan el sello de la solidaridad antitrump y antimperialista, sobre todo en esta época en que las redes sociales van globalizando más al planeta y ese “monstruo” no puede ya seguir siendo el hegemónico, ni el monopolista de las comunicaciones. Hoy los pueblos ya están aprendiendo a defenderse en los planos y niveles comunicacionales y organizacionales que durante el siglo XX les era imposible.
Ya “la ciencia y la tecnología como ideología” no es del monopolio capitalista con que la oligarquía contaba en el llamado “capitalismo tardío” al que hizo referencia la Escuela de Frankfurt. Los pueblos enfocados al socialismo funden política, ciencia y tecnología, también en la ideología emancipadora o de la liberación, como “representaciones sociales compartidas” para guiar sus proyectos políticos, a decir del semiólogo socio cognitivsta Teun van Dijk.

Ya más de la mitad de la población mundial se comunica bajo otras condiciones, e incluso, por vía telefónica, con el intercambio de mensajes, sea twitter, Facebook, WhatsApp o telegram, u otra red social. Una noticia de Venezuela llega más rápido a ser leída por un ruso, un sueco, un tailandés o incluso un esquimal, que por los periodistas -dedicados al sensacionalismo y los temas impuestos por el imperio- de una sala de redacción de los grandes medios de comunicación transnacional. Es decir, estamos en una época que antes que llegue la malsana y manipulada noticia a ser leída por la población, como reveló en los 70 Mattelart y Dorfman, antes llega la verdad a millones de ciudadanos y ciudadanas de cualquier parte del mundo, y los prepara para aclarar a los demás y para no dejarse confundir. Por supuesto, el individualismo como filosofía impuesta por las oligarquías reduce los niveles de colectivismo o comunitarios propio de los seres humanos. Ambas condiciones deben considerarse en las estrategias comunicativas.

Audacia con sentido del momento histórico
Lo que ha ocurrido en la sociedad venezolana este 30J es una clara evidencia de que el imperio ha sido derrotado en su intención de confundir a las grandes mayorías del pueblo. Por esa y otras razones, este viernes 4 de agosto quedó instalada la Asamblea Nacional Constituyente Bolivariana, a las 72 hrs transcurridas después de la votación del 30J y del 2A, gracias al liderazgo del chavismo que siempre acude al legado del Comandante Supremo Hugo Chávez como referencia y a las directrices de Nicolás Maduro como líder estratégico de las transformaciones socialistas (realizadas en medio de una compleja coyuntura política) luego de ser asimiladas, aprobadas o consensuadas con el pueblo chavista a todos los niveles.

De manera que a pesar de toda la campaña de mentiras, falsedades y descripciones limitadas de acontecimientos sobre Venezuela, desatada con odio por las oligarquías y apoyada en los multimillonarios proyectos del imperio, es innegable que el liderazgo regional y mundial de naturaleza popular del camarada Maduro ha crecido potencialmente. Sobre todo porque fue audaz, tal y como lo recomendaba el gran revolucionario francés G.J. Danton quien apelaba en la revolución francesa a la “audacia, audacia y más audacia”. Pero más significativo fue porque Nicolás, con claro “sentido del momento histórico”, actúo apegado a los principios de la revolución social de nuestra época, acudiendo al Pueblo, como le enseñó Chávez, su padre político y con ello confirmó lo que siempre dijo Fidel: “El poder del pueblo, ese sí es poder”. 
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