sábado, 2 de septiembre de 2017

La carencia ética y la cínica imprudencia Gringa

Por Jesús Arenas Hernández:

Sin duda alguna, la ética ha sido la lección que jamás ha aprendido el imperialismo yanqui. Según Aristóteles, ésta conlleva la prudencia como virtud esencial y la responsabilidad en los actos de ejecución. Esto, porque en el campo moral para que funcionen las ideas es necesario revestirlas de racionalidad, lógica y justicia. El desfile de gobernantes gringos ha desengañado a este filósofo griego. La ética es un terreno minado para el imperialismo. Desacostumbrado a arrodillarse, es hora buena para tratar de llevarlo al reclinatorio y enseñarlo a predicar la bondad social. Gran problema. Es demasiado para Trump. Exigirle una agenda racional donde predomine la templanza y la generosidad, es tratar de enseñarle a parir ángeles.


A través de su historia, el pueblo norteamericano ha demostrado acciones de nobleza. Nobleza pisoteada por sobrevenidos gobiernos, con ligeras excepciones, déspotas racistas y sectaristas, que solo han servido para empañar el legado de sus héroes. Ninguna gloria han conquistado sus soldados enseñados a la droga y la matanza de naciones inocentes y débiles. Grandes en su dignidad, han sido los pueblos bravos de Vietnam y  la Corea de antaño, que han tenido que desgarrar en dos toletes para dominarlas. El irrespeto y la violación a todas las normas internacionales, morales, sociales, económicas y culturales ha sido el prisma cotidiano imperial. En cónclaves secretos se fraguan las invasiones, los asesinatos y las conspiraciones permanentes.

Todos sus gobiernos hacen la cola hacia el infierno. Hábitos de conquistas inclementes son las agendas prepagadas en sus elecciones fundamentadas en un sistema electoral tramposo y sistemático. Quizás más democracia demuestra el Vaticano porque por lo menos deja asomar el humo blanco. Los elegidos gringos son como ciertos personajillos criollos quienes prenden candela a sus libros y actas para evitar ser descubiertos. La torta se quemó completa con Trump. No solo es prepotente y soberbio sino incoherente en sus decisiones. Suerte que no merecía el pueblo norteamericano. Sabemos que el ejercicio  de buenos modales y un trato justo para las naciones menos favorecidas, requiere un esfuerzo que permita desarrollar confianza y aprecio en cada uno de sus actos. Mucho pedir.

Pero no es así. La economía agiotista y la política generada basada en el desplante es su fuerte. El caos es la orden dictada, la agresión y el acoso, son formas de penetración reiteradas. Acosar y chantajear a Venezuela con amenazas constantes no solo es una grosera intervención sino un desconocimiento de aquella lealtad arrodillada con que anteriores gobiernos nuestros rindieron en el pasado, para mal de nuestro pueblo. Ni eso lo reconoce el Tío Sam. Las cosas cambiaron para sus apetencias y esto los ensombrece e irrita. Buscan por todos los medios recuperar el dominio absoluto del poder en Venezuela. Pero lo hacen con el estandarte de la antiética y la inmoralidad.

Escudados en una supuesta “democracia universal” y bajo el amparo de “personajes ocultos” insisten en dominar a capa y espada el planeta. EL propósito y el objetivo planeado por sus amistades foráneas, no es difícil alcanzarlo pero con una acción más justa y bondadosa y no con esas muecas fingidas. Si en realidad proyectan viajar, háganlo dejando buenas impresiones en los pueblos de la tierra. Esa imprudencia obstaculiza la evolución de las demás naciones y causa sufrimiento colectivo. Pero no deseo salirme del tema específico. Será otro tema futuro. “Por ahora” Venezuela resistirá y vencerá. Ignoran que este es un país privilegiado y destinado.

El problema vital del gobierno yanqui es que ha seleccionado mal los medios, cuando cuenta con un sinfín de ellos, menos díscolos y más convenientes, para coordinar libertad y progreso de todas las naciones. Ese lenguaje lo podemos entender, dentro del respeto mutuo, la reciprocidad y la independencia. Venezuela es y ha sido un país de dialogo y abundante libertad. Pero si insisten en la violencia y la irracionalidad para sus conquistas se encontrará con un pueblo decidido, alimentado por aquel espíritu revolucionario de Bolívar, Miranda, Guaicaipuro y toda esa pléyade de hombres libertarios. Por otra parte, estimo que Suramérica no està dispuesta a ceder su independencia por más dólares que regale a sus títeres.

Es la sangre indígena que aun corre por las venas de sus pueblos. A propósito sería bueno que Trump se diera un tiempo para leer aquel libro que una vez  donó  Chávez a uno de sus gobernantes. Para concluir, el mundo actual es complejo. Si es cuestión de terminología: la injerencia sería aceptable para mejorar, avanzar y ayudarnos a construir un mundo justo y ético, pero jamás la aceptaremos para continuar el saqueo, la destrucción y la injusticia. Afinar el paso para la convivencia debe ser la misión del imperio si desea sobrevivir, aunque creo que tanto daño causado, hace tardía esta propuesta. Chávez vive, la lucha sigue.

 fundapoder@hotmail.com

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