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viernes, 6 de noviembre de 2020

Las hazañas de los pueblos y sus enseñanzas

Por Carlos Flanagan:  

En estos últimos días hemos vivido emocionados, dos episodios heroicos llevados a cabo en nuestro continente, por los pueblos hermanos de Bolivia y Chile. 

El domingo 18 en ocasión de las elecciones generales, el pueblo boliviano se pronunció en forma inequívoca. El triunfo del MAS-IPSP sobre sus oponentes fue aplastante: un 55,1% de los 6.483.688 votos emitidos, dejando a Carlos Mesa (Comunidad Ciudadana) en un lejano segundo lugar con 28,23% y al dirigente cívico de Santa Cruz Fernando Camacho (activo partícipe del golpe de Estado del 10/11/19) tercero con un 14,00%. 

Decíamos en nuestro artículo escrito al día siguiente  que esta elección fue en el fondo un plebiscito entre dos modelos de país: el neoliberal impuesto nuevamente mediante el golpe de Estado de noviembre pasado o el del proceso de cambios iniciado a partir del año 2000 con las protestas multitudinarias, denominadas la “guerra del agua” (de enero a abril en Cochabamba) y tres años después la “guerra del gas”, conocida también como la masacre de octubre, que ocurrió el día 13 en El Alto cuando el ejército disparó contra la población civil, con un saldo de 65 muertos. 

Afirmábamos: “En definitiva estas elecciones eran un plebiscito entre dos modelos de país. El histórico de la república frustrada, en beneficio de la oligarquía usufructuaria de las enormes riquezas minerales del país y del agronegocio. O el verdaderamente nacional, popular y democrático. El plurinacional de los pueblos originarios por centurias explotados y segregados; hoy con la frente alta y protagonistas por fin de su destino. El del crecimiento económico soberano con mejor distribución de la riqueza mediante políticas sociales acordes.” 

El pasado domingo 25, esta vez el pueblo chileno escribió una página heroica que será un hito en la historia de sus luchas por la democracia. 

Como consecuencia de las multitudinarias manifestaciones antineoliberales iniciadas hace un año, el gobierno de Sebastián Piñera no tuvo más remedio que convocar a un plebiscito que formulaba dos consultas simultáneas: 1) apruebo o no una nueva Constitución y 2) con qué tipo de Convención Constitucional: si mixta con igual número de parlamentarios y de constituyentes electos en forma directa o una Convención de 155 miembros con distribución paritaria de género y electos en forma directa. 

El triunfo tanto de la opción de aprobar una nueva Constitución como la de elegir a 155 miembros en forma directa, y por vez primera en el mundo con composición paritaria y con representación de los pueblos originarios, fue abrumador: 78,27% y 78.99% respectivamente. 

Este es el gran comienzo de un largo camino de discusiones y elaboraciones que tendrá su segunda etapa en las elecciones de los Convencionales Constituyentes previstas para el 11 de abril próximo. 

Algunas conclusiones y enseñanzas 

Sin dudas estos dos enormes triunfos populares que nos llenan de alegría dan pie y elementos para la inaplazable reflexión y serena autocrítica para rectificar carencias y errores, que debemos transitar en la izquierda de cada país en todo el continente sin excepciones. 

El proceso de cambios en Bolivia pasó por tres etapas (claramente analizadas por Hugo Moldiz en su libro “Golpe de Estado en Bolivia. La soledad de Evo Morales”) 

Una que denomina “momento heroico” que va desde las movilizaciones del año 2000 e incluye al primer período de gobierno de Evo Morales hasta el año 2009. 

Una segunda “de ralentización” entre el año 2010 y 2015. 

Y una tercera de ocaso y golpe de Estado desde 2016 al 2019. 

Si bien los procesos de cambios en nuestros países en estos años tienen características propias, deberíamos analizar si en mayor o menor medida no se dieron períodos de similares contenidos. 

Un segundo elemento que jugó en contra de la acumulación de fuerzas en el campo popular fue la insistencia de Evo Morales de hacer el plebiscito de reforma constitucional - que le permitiera presentarse para un tercer período consecutivo - en febrero de 2016 cuando no estaban dadas las condiciones políticas para ello. Y luego, a pesar del resultado negativo del mismo - mediante una interpretación legal muy discutible – volver a presentarse como candidato incidió negativamente en muchos sectores del pueblo afines al MAS. 

Otro aspecto importante a señalar es la virtud de la fórmula presidencial del MAS de conjugar a dos figuras claves que se mantuvieron a lo largo de casi todos los años de gobierno: Luis Arce como Ministro de Economía, responsable del mayor crecimiento económico del país en su historia y David Choquehuanca, Ministro de Relaciones Exteriores y dirigente destacado de las comunidades de pueblos originarios. 

Ellos jugaron un papel fundamental en la recomposición de la unidad de los sectores populares y de comunidades campesinas y de pueblos originarios en apoyo del MAS.

Por ende, no fue un “triunfo de Evo” como dijeron algunos analistas, sino del MAS como tal.

Esto nos reafirma en valorar la importancia de algunos factores: 

1)            que los dirigentes siempre “tengan el oído pegado al piso” para escuchar y estar atentos a las inquietudes y opiniones de las bases (autocrítica que ya formulara Arce luego del triunfo).

2)            Que, procediendo según lo antedicho, los dirigentes no caigan en el error de considerarse imprescindibles, por encima de las estructuras de los movimientos o partidos a los que pertenezcan y estén abiertos a los recambios que sean necesarios a fin de fortalecer esas estructuras. 

Con respecto al triunfo popular del plebiscito en Chile, podemos decir que fue el corolario político de las enormes movilizaciones del pasado año, que desafiaron la represión de los carabineros al servicio del gobierno neoliberal de Piñera; con un terrible saldo de más de 30 muertos, centenares de heridos (muchos de los cuales perdieron la vista a causa de los disparos) y millares de detenidos. 

Debemos resaltar la importancia de la participación juvenil en todo este proceso. 

Una juventud sin perspectiva alguna de futuro, salvo la de ser explotada en las empresas propiedad de la élite derechista usufructuaria de la dictadura pinochetista e intocada en sus intereses por los gobiernos posteriores. De ahí la desconfianza hacia los partidos políticos; incluidos los de izquierda que integraron los gobiernos de Michelle Bachelet. 

No es casual entonces el rotundo rechazo en el plebiscito a la propuesta de una Constituyente conformada en un 50% por parlamentarios.

Todo un toque de atención para el que lo quiera oír. 

Otro fenómeno que nos deja enseñanzas es la característica de la convocatoria social en contra de la modelo neoliberal expresada en la amplitud y profundidad de los reclamos que aglutinaron a trabajadores, capas medias, mujeres y jóvenes en todo el país. Nucleados en las más variadas organizaciones sociales, por cientos de miles salieron a las calles a cuestionar las nefastas políticas en materia de vivienda, seguridad social, educación, salud, medio ambiente y un largo etcétera. 

Por último, en base al papel desempeñado por la OEA y su Secretario General Luis Almagro en el golpe de Estado en Bolivia, sería bueno que la izquierda de nuestra región incorporara a su análisis y debate autocrítico la caracterización de la esencia de esta organización y qué actitud asumir frente a ella. 

No está de más recordar que la misma (establecida en Bogotá en 1948 en plena “guerra fría”) es la continuadora de la Unión Internacional de las Repúblicas Americanas, creada en 1890 en el seno de la Primera Conferencia Internacional Panamericana realizada a instancias de los EUA en Washington, en el marco de la aplicación de la llamada “Doctrina Monroe” explicitada en 1823 de “América para los (norte) americanos”. 

Bien definida en su momento por Raúl Roa - Ministro de Relaciones Exteriores de la Revolución Cubana - como “el Ministerio de Colonias de Washington”, hasta ahora ha sido un dócil instrumento de la política de injerencia neocolonial estadounidense en nuestra región. 

Su largo silencio cómplice, cuando no apoyo indirecto, a todos los golpes de Estado propiciados por los EUA desde el de 1954 contra Jacobo Arbenz en Guatemala hasta el de Bolivia el pasado año; sin olvidarnos de la guerra de las Malvinas en 1982 o la invasión a Granada en 1983, es fehaciente prueba de ello. 

Se trata entonces de tomar en cuenta en nuestros análisis éstas y otras enseñanzas surgidas de las gestas de los pueblos hermanos. 

En Uruguay, el Frente Amplio mediante un documento base dirigido a su militancia para su discusión titulado “Balance, evaluación crítica, autocrítica y perspectivas”, inicia un proceso de balance autocrítico de sus 15 años de gobierno (01.03.2005 – 28.02.2020).

Su sola existencia y función de disparador y ordenador de la discusión en los organismos, ya es un mérito, más allá de sus contenidos específicos. 

Pero esto será tema para otros artículos. 

carlos.flanagan@gmail.com

viernes, 30 de octubre de 2020

Las hazañas de los pueblos y sus enseñanzas

Por Carlos Flanagan: 

En estos últimos días hemos vivido emocionados, dos episodios heroicos llevados a cabo en nuestro continente, por los pueblos hermanos de Bolivia y Chile. 

El domingo 18 en ocasión de las elecciones generales, el pueblo boliviano se pronunció en forma inequívoca. El triunfo del MAS-IPSP sobre sus oponentes fue aplastante: un 55,1% de los 6.483.688 votos emitidos, dejando a Carlos Mesa (Comunidad Ciudadana) en un lejano segundo lugar con 28,23% y al dirigente cívico de Santa Cruz Fernando Camacho (activo partícipe del golpe de Estado del 10/11/19) tercero con un 14,00%. 

Decíamos en nuestro artículo escrito al día siguiente  que esta elección fue en el fondo un plebiscito entre dos modelos de país: el neoliberal impuesto nuevamente mediante el golpe de Estado de noviembre pasado o el del proceso de cambios iniciado a partir del año 2000 con las protestas multitudinarias, denominadas la “guerra del agua” (de enero a abril en Cochabamba) y tres años después la “guerra del gas”, conocida también como la masacre de octubre, que ocurrió el día 13 en El Alto cuando el ejército disparó contra la población civil, con un saldo de 65 muertos. 

Afirmábamos: “En definitiva estas elecciones eran un plebiscito entre dos modelos de país. El histórico de la república frustrada, en beneficio de la oligarquía usufructuaria de las enormes riquezas minerales del país y del agronegocio. O el verdaderamente nacional, popular y democrático. El plurinacional de los pueblos originarios por centurias explotados y segregados; hoy con la frente alta y protagonistas por fin de su destino. El del crecimiento económico soberano con mejor distribución de la riqueza mediante políticas sociales acordes.” 

El pasado domingo 25, esta vez el pueblo chileno escribió una página heroica que será un hito en la historia de sus luchas por la democracia. 

Como consecuencia de las multitudinarias manifestaciones antineoliberales iniciadas hace un año, el gobierno de Sebastián Piñera no tuvo más remedio que convocar a un plebiscito que formulaba dos consultas simultáneas: 1) apruebo o no una nueva Constitución y 2) con qué tipo de Convención Constitucional: si mixta con igual número de parlamentarios y de constituyentes electos en forma directa o una Convención de 155 miembros con distribución paritaria de género y electos en forma directa. 

El triunfo tanto de la opción de aprobar una nueva Constitución como la de elegir a 155 miembros en forma directa, y por vez primera en el mundo con composición paritaria y con representación de los pueblos originarios, fue abrumador: 78,27% y 78.99% respectivamente. 

Este es el gran comienzo de un largo camino de discusiones y elaboraciones que tendrá su segunda etapa en las elecciones de los Convencionales Constituyentes previstas para el 11 de abril próximo. 

Algunas conclusiones y enseñanzas 

Sin dudas estos dos enormes triunfos populares que nos llenan de alegría dan pie y elementos para la inaplazable reflexión y serena autocrítica para rectificar carencias y errores, que debemos transitar en la izquierda de cada país en todo el continente sin excepciones. 

El proceso de cambios en Bolivia pasó por tres etapas (claramente analizadas por Hugo Moldiz en su libro “Golpe de Estado en Bolivia. La soledad de Evo Morales”) 

Una que denomina “momento heroico” que va desde las movilizaciones del año 2000 e incluye al primer período de gobierno de Evo Morales hasta el año 2009.

Una segunda “de ralentización” entre el año 2010 y 2015. 

Y una tercera de ocaso y golpe de Estado desde 2016 al 2019. Si bien los procesos de cambios en nuestros países en estos años tienen características propias, deberíamos analizar si en mayor o menor medida no se dieron períodos de similares contenidos. 

Un segundo elemento que jugó en contra de la acumulación de fuerzas en el campo popular fue la insistencia de Evo Morales de hacer el plebiscito de reforma constitucional - que le permitiera presentarse para un tercer período consecutivo - en febrero de 2016 cuando no estaban dadas las condiciones políticas para ello. Y luego, a pesar del resultado negativo del mismo - mediante una interpretación legal muy discutible – volver a presentarse como candidato incidió negativamente en muchos sectores del pueblo afines al MAS. 

Otro aspecto importante a señalar es la virtud de la fórmula presidencial del MAS de conjugar a dos figuras claves que se mantuvieron a lo largo de casi todos los años de gobierno: Luis Arce como Ministro de Economía, responsable del mayor crecimiento económico del país en su historia y David Choquehuanca, Ministro de Relaciones Exteriores y dirigente destacado de las comunidades de pueblos originarios. 

Ellos jugaron un papel fundamental en la recomposición de la unidad de los sectores populares y de comunidades campesinas y de pueblos originarios en apoyo del MAS. 

Por ende, no fue un “triunfo de Evo” como dijeron algunos analistas, sino del MAS como tal. 

Esto nos reafirma en valorar la importancia de algunos factores: 

1)            que los dirigentes siempre “tengan el oído pegado al piso” para escuchar y estar atentos a las inquietudes y opiniones de las bases (autocrítica que ya formulara Arce luego del triunfo).

2)            Que, procediendo según lo antedicho, los dirigentes no caigan en el error de considerarse imprescindibles, por encima de las estructuras de los movimientos o partidos a los que pertenezcan y estén abiertos a los recambios que sean necesarios a fin de fortalecer esas estructuras. 

Con respecto al triunfo popular del plebiscito en Chile, podemos decir que fue el corolario político de las enormes movilizaciones del pasado año, que desafiaron la represión de los carabineros al servicio del gobierno neoliberal de Piñera; con un terrible saldo de más de 30 muertos, centenares de heridos (muchos de los cuales perdieron la vista a causa de los disparos) y millares de detenidos.

Debemos resaltar la importancia de la participación juvenil en todo este proceso.

Una juventud sin perspectiva alguna de futuro, salvo la de ser explotada en las empresas propiedad de la élite derechista usufructuaria de la dictadura pinochetista e intocada en sus intereses por los gobiernos posteriores. De ahí la desconfianza hacia los partidos políticos; incluidos los de izquierda que integraron los gobiernos de Michelle Bachelet. 

No es casual entonces el rotundo rechazo en el plebiscito a la propuesta de una Constituyente conformada en un 50% por parlamentarios. Todo un toque de atención para el que lo quiera oír. 

Otro fenómeno que nos deja enseñanzas es la característica de la convocatoria social en contra de la modelo neoliberal expresada en la amplitud y profundidad de los reclamos que aglutinaron a trabajadores, capas medias, mujeres y jóvenes en todo el país. Nucleados en las más variadas organizaciones sociales, por cientos de miles salieron a las calles a cuestionar las nefastas políticas en materia de vivienda, seguridad social, educación, salud, medio ambiente y un largo etcétera. 

Por último, en base al papel desempeñado por la OEA y su Secretario General Luis Almagro en el golpe de Estado en Bolivia, sería bueno que la izquierda de nuestra región incorporara a su análisis y debate autocrítico la caracterización de la esencia de esta organización y qué actitud asumir frente a ella. 

No está de más recordar que la misma (establecida en Bogotá en 1948 en plena “guerra fría”) es la continuadora de la Unión Internacional de las Repúblicas Americanas, creada en 1890 en el seno de la Primera Conferencia Internacional Panamericana realizada a instancias de los EUA en Washington, en el marco de la aplicación de la llamada “Doctrina Monroe” explicitada en 1823 de “América para los (norte) americanos”. 

Bien definida en su momento por Raúl Roa - Ministro de Relaciones Exteriores de la Revolución Cubana - como “el Ministerio de Colonias de Washington”, hasta ahora ha sido un dócil instrumento de la política de injerencia neocolonial estadounidense en nuestra región. 

Su largo silencio cómplice, cuando no apoyo indirecto, a todos los golpes de Estado propiciados por los EUA desde el de 1954 contra Jacobo Árbenz en Guatemala hasta el de Bolivia el pasado año; sin olvidarnos de  la guerra de las Malvinas en 1982 o la invasión a Granada en 1983, es fehaciente prueba de ello. 

Se trata entonces de tomar en cuenta en nuestros análisis éstas y otras enseñanzas surgidas de las gestas de los pueblos hermanos. 

En Uruguay, el Frente Amplio mediante un documento base dirigido a su militancia para su discusión titulado “Balance, evaluación crítica, autocrítica y perspectivas”, inicia un proceso de balance autocrítico de sus 15 años de gobierno (01.03.2005 – 28.02.2020).

Su sola existencia y función de disparador y ordenador de la discusión en los organismos, ya es un mérito, más allá de sus contenidos específicos.

Pero esto será tema para otros artículos. 

 carlos.flanagan@gmail.com

sábado, 13 de junio de 2020

256 años del Natalicio de Artigas (19.06.1764) y 92 del Che (14.06.1928).



Por Mario Del Gaudio:
"Pasarán todavía muchos años antes de que el mundo entero, América y el Uruguay, conozcan a Artigas. 

Ningún otro personaje en el país, se le compara. Ningún otro, en todo el ámbito continental. El pasado es él, la respuesta que reclama el presente, está en él; en él, está el futuro. Sobre nuestras tierras pesa, desde hace ciento cincuenta años, su derrota. Pero esa su derrota, es su victoria y será nuestra victoria". Carlos Quijano, Marcha, 19 de junio de 1964.



El gobierno de coalición de fuerzas de derecha del presidente Luis Lacalle Pou es parte de un proceso político que no es independiente o apenas circunstancial en relación a la historia de nuestro país. Carlos Quijano escribía en Marcha, en el bicentenario del Natalicio de José Gervasio Artigas:

“La historia del pasado siglo y medio es, con parciales y/o transitorias rectificaciones, la historia del antiartiguismo".

Podríamos escribir eso hoy al cumplirse un nuevo aniversario del Natalicio del Prócer. El embate es el mismo, de un lado, los herederos de quienes le dieron la espalda a Artigas para cuidar sus ricos intereses de clase y sus latifundios, que primero lo denostaron para después digerirlo haciendo de sus ideas letra muerta y pura retórica de su epopeya. Simple y llanamente porque el pensamiento y la acción del jefe de los Orientales estaban centrados en el propósito que los más infelices fueran los más privilegiados, factor esencial de la república democrática en el contexto de la federación de pueblos hermanos que el artiguismo implantó contra viento y marea, confiscando las tierras de " los malos europeos y peores americanos “y enfrentando la invasión colonialista.

Del otro, quienes trataron por todos los medios y en todas las épocas, expandir en la conciencia del pueblo Oriental el Ideario artiguista, sobre todo, concretarlo, intentando darle continuidad a la Revolución, verdadera,profunda que llevó a cabo el Protector de los Pueblos Libres, traicionada por los Rivera, López y Ramírez aliados del Mariscal Lecor, del Imperio Luso brasilero y de la Junta contrarrevolucionaria Porteña.

Es decir:
 
1) Por una parte, emplazado en el Gobierno está al herrerismo neoliberal, hueco de cualquier atisbo de nacionalismo o de antimperialismo, aliado al riverismo, desde cuyas filas reaparece una exaltación del Héroe, pero despojado de su ideario. Todos lo saben, el riverismo en especial se puso al servicio del Imperio Luso brasilero para destruir el proyecto continental de las Provincias Unidas. Ni el riverismo ni los blancos capitaneados por Lavalleja aceptaron nunca la autonomía de los pueblos indígenas, sabotearon todo lo que pudieron el Reglamento de Tierras e impidieron siempre, a partir del Abrazo del Arroyo Monzón cualquier intento de Reforma Agraria, función básica de la justicia social, razón de ser del artiguismo.

¿Cómo ese riverismo, sin una revisión fraudulenta de la historia podría disfrazarse de artiguista y eso pasar desapercibido cuando primero marcialmente lo traicionó y después fue artífice de todo tipo de guerras internas injustas, desde la Guerra Grande a la última guerra sucia de 1972, prolegómeno de la feroz dictadura cívico-militar que los Orientales padecieron?

El artiguismo eran los indios en la Matanza de Salsipuedes y eran artiguistas Leandro Gómez y Jacinto Párraga, fusilados por el riverista Gral. Venancio Flores. El golpe de Estado de la Cruzada Libertadora que Flores encabezó contra el Presidente Bernardo Berro y la Caída de la Heroica Paysandú no sólo fue un acto criminal, sino que le abrió el paso del rio Uruguay a la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay.

Designado por Venancio Flores, el también riverista coronel León de Palleja estaba al frente de las tropas de invasión de esa guerra infame contra los paraguayos sostenida, a mando de los británicos, por el Imperio Brasilero, representado por el Almirante Tamandaré, cómplice uno de los más acérrimos difamadores de Artigas, el presidente argentino Bartolomé Mitre.

Uno de los pilares del actual gobierno, el Senador Manini, se dice artiguista.  ¿Cómo entender su posición sincera, auténtica y no fruto de una maniobra oportunista si siendo?

Comandante del Ejército al mismo tiempo que escribió el prólogo laudatorio de un libro sobre el mencionado coronel Palleja, una barbaridad histórica, le tributó un  merecido homenaje a Andresito en el Parlamento proponiendo su promoción a general?

¿Cómo mezclar al diablo con el agua bendita, poniendo en el mismo pedestal a lo peor del riverismo, igualándolo, con Andresito y con los indios artiguistas que los Rivera, Flores y Palleja trataron de exterminar?

¿Cómo compatibilizar "el odio eterno a toda clase de tiranía" que Artigas ordenó a los Orientales con la justificación Seguir pidiéndole cuentas al Ejército por lo que pasó hace 40 años [...] es casi lo mismo que pedir cuentas por lo que hicimos en la Guerra del Paraguay"-

Que hizo Manini de la Dictadura y sus crímenes?

¿Cómo descansar con la conciencia tranquila siendo acusado de encubrir al Coronel Gavazzo que le confesó uno de los peores crímenes de los tantos que cometió, el brutal asesinato del joven estudiante de Agronomía Roberto Gomensoro, ?

Quijano amargamente agregaba:

"Alguna vez llamamos a Artigas “el gran traicionado”. Lo es y lo seguirá siendo por muchos años más."

2) En la vereda de enfrente, en la oposición está la gran fuerza popular organizada en el Frente Amplio,  generado a partir de las luchas y las ideas de aquel puñado de artiguistas como Quijano que contó entre sus exponentes a Raúl Bebe Sendic y que luego de enfrentar al protofascismo de Benito Nardone y del Gral. Oscar Aguerrondo consiguieron conformar junto a las valientes generaciones siguientes, esa corriente política que, liderada por el General del Pueblo, el artiguista Líber Seregni, encaró la lucha contra los riveristas Jorge Pacheco Areco y Juan M. Bordaberry,  la Dictadura y los gobiernos continuistas de Julio M. Sanguinetti, Luis Lacalle Herrera y Jorge Batlle, sacó al país de la quiebra del 2002-2003-2004 y fue gobierno durante 15 años.

El Frente Amplio para ser actualmente el mayor partido del país se nutrió siempre del artiguismo, ni más ni menos porque como escribió Carlos Quijano en mayo de 1974,"el artiguismo es un fenómeno único - “cosa extraordinaria y sorprendente”- en nuestra América. Todo está en él: el ayer y el mañana, ese mañana que podemos imaginar o entrever y por el cual debemos trabajar."

En diálogo a distancia con aquel principio del Prócer, "Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana", alcanzar la responsabilidad colectiva de todo el pueblo era para Quijano un desafío imprescindible:

"Los orientales seremos artiguistas de la raíz a la copa, o no seremos nada."

Eso incluye mantener en alto uno de los fundamentos del artiguismo, la unión continental de pueblos hermanos:

"Y Argentina y Paraguay y Bolivia también. La Argentina federal, que está lejos de lograda, viene de Artigas. De él y de los caudillos que a su lado y bajo su inspiración, pelearon..."

Por eso quizás fue designio de la mejor historia de América Latina que en los territorios de aquella Liga Federal constituída por Artigas naciera, en la Ciudad de Rosario, el mismo mes que el Jefe de los Orientales, el 14 de junio de 1928, Ernesto Che Guevara, cuya amistad, correspondencia y coincidencias con Carlos Quijano fueron notorias.

Quijano, en todos sus escritos destacó como la Patria Grande, por la que lucharon Artigas y un siglo y medio después el Che, se perdió por el egoísmo oligárquico, el gran obstáculo de la integración americana:

"La actual Bolivia y Paraguay se perdieron para la gran confederación que Artigas imaginó, por la traición y la miopía de las oligarquías unitarias".

Sin embargo:

"Ahora como ayer, ha de volverse hacia el Artigas auténtico - sangre, nervios, huesos, barro - para reiniciar la marcha y lanzarse al combate, contra los herederos de alma de aquellos que consumaron la gran traición, esa gran traición todavía victoriosa, que recurre a los mismos métodos, las mismas prácticas, los mismos argumentos y los mismos apoyos - cambian sólo las denominaciones - ...".

mrdelgaudio@hotmail.com