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miércoles, 3 de junio de 2020

El Mañana es hoy.



Por Víctor Manuel Barceló R.

Señalamos en la 1ª parte de esta reflexión, que gestionar un Nuevo Orden al servicio de las mayorías de la humanidad será una meta formidable, urgente.

La pandemia está alterando nuestro presente y nos incita a definir estrategias para el futuro, que no nos lleven a “más de lo mismo”, porque entonces no estaremos aprovechando adecuadamente lo que estamos observando en la vida toda de la naturaleza, con todos sus hijos incluidos.



Aún desde el encierro en el hogar o cualesquiera otros sitios de preservación familiar o personal, podemos apreciar hechos que diferencian el ambiente actual del que veníamos viviendo. Ahora se nota limpio, con un sol esplendoroso, cielo azul no visto en décadas, nubes que descargan su agua sin afectarnos -salvo en donde se manifiestan en huracanes o tifones- pájaros, reptiles y otros animales, algunos no vistos en mucho tiempo, que se apoderan de calles, avenidas, parques en que difícilmente transitan personas, vehículos y otros medios de transporte.

¿Qué nueva normalidad buscamos? Recuperaremos nuestros entornos ya existentes, pero los animales y las plantas que avanzaron sobre esos territorios, también tienen derecho a la vida, una vida sana, sin afectar sus ríos, lagos, mares, océanos, que con buen trato seguirán siendo utilizables para los humanos.

Tenemos que volver a apropiarnos de lo construido, pero sin alterar su existencia, sin trastocar su hábitat, que lo es también para muchos pueblos y comunidades originarias y sus descendientes, que alguna vez realizaron sus tareas sin tanta complejidad, dolor y muerte. Habrá que construir estrategias que nos permitan avanzar -apoyados en la ciencia y la tecnología de punta- hacia un mundo sustentable, que envuelva a todos sus seres vivos.

 Analistas de diversas tendencias aducen que las rutas de progreso planteadas para el futuro, no se entienden de otra manera que, como una gran incertidumbre, dado que “nos descubrimos frágiles”. Su parecer los lleva a entender que…”la sensación de pérdida de control sobre nuestras vidas convirtió las imágenes del mundo que viene en una clara amenaza”. Ver: https://nuso.org/podcast/que-pasa-con-el-futuro/ 

El miedo al impulso de un virus que no puede ser frenado sin controles de sana distancia y situaciones de encierro en casa, adquiere ímpetu, tras experiencias previas que acercaron a la humanidad a posibles derrumbes de sus formas de vida. Pero sería muy grave que tal situación signara nuestro futuro. Ello sustenta la necesidad de un Estado fuerte, capaz de responsabilizarse del bien vivir, afrontando con éxito los problemas sociales que se presenten. Sería ideal si asegurásemos que volveríamos con menos egoísmo, mayor solidaridad social. En una frase: más humanos.

La ruta a seguir habrá que estructurarla -respondiendo a la idiosincrasia de cada pueblo o comunidad- sobre tres poderosos pilares: Un Sistema educativo que forme integralmente para una vida sostenible, que partiendo de lo local piense y actúe planetariamente; un Sistema económico y social cuyas normas de actuación permitan gobernar obedeciendo a los designios de la población organizada y consciente y, un Sistema de relaciones internacionales que se soporte en aquellos acuerdos que llevaron a crear organismos multilaterales que abarcan a todos los países existentes, en forma global o regional y cuyos acuerdos ya plantean perspectivas de atención seria a las afectaciones al hábitat y a la construcción de formas de vida que desechen las confrontaciones entre naciones y dentro de ellas, que no sean aquellas que se rijan por normas de libertad, soberanía, respeto a las determinaciones de los pueblos y solución pacífica de las controversias.

 v_barcelo@hotmail.com


sábado, 21 de marzo de 2020

Tiempos difíciles


Por Carolina Vásquez Araya:

Se ha trazado una línea entre el antes y el después; ese cruce definirá el futuro

El mundo ha enfrentado pandemias a todo lo largo de su historia, pero nunca con tal abundancia de información –falsa o real- y en condiciones tan precarias para millones de seres humanos. Los escenarios varían de manera dramática entre países desarrollados y vastas regiones en donde reinan la desigualdad y la más absoluta miseria. Para los países de nuestro continente, la dura prueba podría derivar en una toma de conciencia sobre la urgente necesidad de dar un golpe de timón en las políticas públicas, especialmente en el ámbito de la salud, educación, vivienda y alimentación; en caso contrario, las consecuencias podrían desembocar en una mayor profundización de las condiciones de pobreza y falta de oportunidades para las grandes mayorías, peores aún que las actuales.


Entre los segmentos más sensibles a este desafío sanitario están los grupos históricamente vulnerables: población indígena-campesina; migrantes; cinturones urbanos de asentamientos precarios privados de servicios públicos (agua, manejo de desechos, carencia de atención sanitaria, violencia); comunidades en extrema pobreza; mujeres y un fuerte porcentaje de la niñez en condiciones de desnutrición crónica y/o aguda. La atención prioritaria a estos grupos, sin embargo, depende de decisiones dictadas por sectores de interés económico, ampliamente conocidos por su posición antagónica con respecto a las políticas de beneficio social.

Si existe algo positivo en la actual pandemia provocada por el nuevo virus, es la inevitable certeza de que ante ese peligro somos todos igualmente vulnerables y esos rangos intocables de estatus social y económico se difuminan frente a una amenaza que golpea sin excepciones. Los sistemas políticos diseñados en función del empoderamiento de pequeños círculos de poder son, por lo tanto, una de las torres del tablero que recibirán los golpes más contundentes. Esto, porque de no iniciarse una transformación de fondo hacia sistemas más justos, con Estados más fuertes y con mejoras significativas en los servicios públicos, será imposible remontar hacia la recuperación económica, ya duramente golpeada por medidas extremas que tienen al mundo prácticamente paralizado.

En este receso obligado, es de enorme importancia actuar con responsabilidad frente a sí mismos, a la familia y a la comunidad. Tomar en serio y acatar las disposiciones decretadas por las autoridades sanitarias no solo garantiza la seguridad personal, sino trasciende hacia quienes nos rodean. El impacto provocado por la paralización de actividades normales tendrá repercusiones imprevistas en la interacción entre personas y es una oportunidad valiosa para revisar actitudes y reparar relaciones. Entre estas acciones debería ser imperativa una reflexión sobre la necesidad de establecer parámetros más estrictos en la protección integral de la niñez, uno de los grupos más sensibles a cualquier crisis.

En países con profundas desigualdades, como sucede en la mayoría de naciones latinoamericanas, hoy se mostrarán con crudeza todas las debilidades endémicas presentes en los marcos políticos instaurados para beneficio de unos pocos. Por lo tanto, la revisión de estos sistemas no deberá posponerse porque, de hacerlo, se pondrá en riesgo la supervivencia de millones de habitantes. Dadas las circunstancias, las autoridades deben enfocarse en el estudio de políticas públicas adecuadas para enfrentar un escenario cargado de amenazas y transformarlas en vehículos propicios para generar cambios y, por ende, nuevas oportunidades de desarrollo para toda la población.

La cuarentena es un tiempo para reflexionar sobre nuestras decisiones.

elquintopatio@gmail.com