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miércoles, 11 de noviembre de 2020

La historia no miente…

 Por Franklin Ledezma Candanedo: 

Fortalecer la lucha progresista sin falsas expectativas por el triunfo Partido Demócrata en EEUU 

Nadie en la Patria Grande y Universal, debe ni puede crearse falsas expectativas, a raíz del dilatado y controversial triunfo del candidato presidencial demócrata y la candidata a vice presidenta escogida, por muy llamativas que sean sus raíces, porque la historia no miente, y son muchos los hechos que deben alertar a todos, para evitar caer en un infundado optimismo. 

Seguros estamos que la bestia (666) genocida imperialista seguirá propinándole zarpazos criminales a gobiernos y pueblos que se niegan a cumplir sus nefastas directrices (Cuba, Venezuela, Nicaragua y la hoy victoriosa Bolivia), que no aceptan el papel denigrante de ser su patio trasero y, menos aún, a sustentar su pretendido rol de un mundo unipolar, con ilegales sanciones fuera de sus fronteras, como las aplicadas a gobiernos que jamás han fabricado guerras con falsas excusas, ni han invadido a nadie, como es el caso de la hermana república de China. 

Veamos lo que nos señala la historia, para que nadie se haga ilusiones con esta victoria del partido demócrata. 

El 7 de febrero de 1962, el entonces presidente de Estados Unidos (EE.UU.), John F. Kennedy (partido Demócrata), declaró el bloqueo unilateral de ese país contra Cuba, mediante la Ley de Ayuda Externa de 1961. 

Previamente, el 3 de febrero, Kennedy firmó la orden presidencial para implantar un bloqueo total contra la Isla, cuyo objetivo era cortar todo tipo de vínculo comercial con Cuba y cercar al país para provocar el derrocamiento del gobierno revolucionario. 

El 3 de enero de 1961, el mandatario estadounidense, Dwight D. Eisenhower, rompió relaciones diplomáticas con Cuba a pocos días de entregar su asiento de la Casa Blanca a su sucesor, quien dio continuidad a sus políticas intervencionistas. 

En marzo de ese mismo año el gobierno estadounidense incluyó en las Regulaciones de Exportación un listado con productos alimenticios y medicinas que requerían de licencia general para poderlos exportar a la Isla. Era de las primeras medidas de la administración de Kennedy, que anunciaban el preludio del más brutal bloqueo económico, comercial y financiero que registra la historia. 

El 6 de febrero de 1962, a solo 24 horas de que entrara en vigor la denunciada como genocida política contra la Isla, el Departamento del Tesoro promulgó las Regulaciones para las Importaciones Cubanas, con la cual se prohibía la importación de toda mercancía de origen cubano en territorio estadounidense. 

Era claro el objetivo: Asfixiar económicamente a la nación caribeña y hacer rendir por hambre al pueblo cubano, carente de recursos prohibidos por la política de Washington hacia el Gobierno cubano. Cerrar, bloquear, impedir, hostigar a Cuba. Esa era la meta y sigue siendo en el presente. 

Siendo vicepresidente de la Administración de Barack Obama, Joe Biden declaró que EE UU no levantaría el embargo a Cuba. En el año 2009 dijo: "Pensamos que los cubanos deberían determinar por sí mismos su propio destino y que deberían poder vivir en libertad y con posibilidades de prosperidad económica”. Concreto intervencionismo en favor del nefasto lobby cubano, tan perverso como el lobby judío. 

Cinco años después, Obama iniciaría un proceso de acercamiento a la Isla con la reanudación de las relaciones diplomáticas entre ambos países. En aquellos días, el entonces presidente declaró que el embargo "no ha servido a los intereses" ni de EE UU ni del pueblo cubano y aseguró que pediría al Congreso ponerle fin, pero la petición nunca se concretó. 

La candidata a la vicepresidencia de EE UU por el Partido Demócrata, Kamala Harris, está en contra del embargo a Cuba. Así lo recuerda el diario Tampa Bay Times, que con motivo de su flamante designación por parte de Joe Biden para integrar la dupleta demócrata, retomó unas declaraciones del año pasado de la senadora por California. 

"La senadora Harris cree que deberíamos poner fin al fallido embargo comercial y tener un enfoque más inteligente que empodere a la sociedad civil cubana y la comunidad cubano-americana para que impulsen el progreso y que determinen libremente su propio futuro", cita el periódico de Florida. 

¿Alguien puede creer que la vice presidenta electa, igual que el nuevo titular de la casa blanca, respetará la autodeterminación de los pueblos, o sólo actuarán en función de los oscuros intereses imperialistas, para recuperar pérdidas económicas-financieras, con sacrificio, en una presunta nueva (viaja) normalidad post pandemia, de la humanidad de la casa común, del ambiente y de todas las especies? Ojalá sean los menos los que crean esta farsa y se fortalezca la lucha progresista solidaria. Lo que está en juego es la existencia misma del planeta. Fraternal saludo y adelante, siempre adelante (indoame08 – 07/11/20). 

Periodista, Escritor y Poeta) 

indoame08@gmail.com

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Elecciones en los EUA: las dos caras de una falsa moneda

Por Carlos Flanagan: 

Mañana martes 3 de noviembre tendrán lugar las elecciones presidenciales en los Estados Unidos de América. Luego de un largo proceso de elecciones internas de candidatos, se enfrentarán Donald Trump que con 74 años aspira a su reelección por el Partido Republicano y Joe Biden - por dos veces vicepresidente de Barack Obama - de 78 por el Partido Demócrata. 

Democracia ma non troppo 

Desde hace mucho tiempo, estas elecciones se han convertido en un verdadero show mediático retransmitido “en directo” y hasta el hartazgo en nuestros países por todos los medios masivos de comunicación; especialmente los privados.

Con una originalidad conmovedora, todos los canales de televisión instalan sus unidades móviles en la Embajada de los EUA y destacan a sus avezados periodistas que llegado el momento le preguntan al Embajador o Embajadora según corresponda, “su opinión sobre esta verdadera fiesta de la democracia, ejemplo para el mundo”. Todo un alarde de periodismo de investigación. 

Si de investigación hablamos y hacemos un somero ejercicio de la misma, veremos que “la gran democracia del Norte” no es lo que aparenta ni mucho menos. Veamos algunas de sus “peculiaridades”. 

Se puede comprobar que la elección de presidente y vicepresidente no es de carácter directo; es indirecta. Vale decir que el elector al ejercitar su derecho al sufragio, en realidad está eligiendo a 538 miembros de un Colegio Electoral quien es la autoridad que mediante su votación mayoritaria (bastarán 270 votos) decidirá quién es el presidente del país. 

El Senado está compuesto por 100 miembros. Cada uno de los 50 Estados de la Unión tiene un cupo de 2 Senadores, sin importar el número de su población. Tomando las cifras del último censo del año 2010, el Estado de Wyoming, el de menor población con 493.782 habitantes tiene dos Senadores; al igual que California con 37.253.956 habitantes. Todo un absurdo.  

A su vez, la elección de los Senadores en cada Estado no es proporcional a los votos obtenidos por cada partido. El candidato o candidata presidencial que resulte triunfante en un Estado, así sea por un voto, no sólo se lleva las dos bancas al Senado, sino además la totalidad de los miembros del Colegio Electoral que le correspondan a ese Estado para elegir presidente. 

Con este sistema “democrático”, desde la pasada elección, el Partido Republicano detenta la mayoría en el Senado (53 contra 47) habiendo obtenido 17 millones de votos menos que el Partido Demócrata. 

Pero peor aún: por lo antedicho, en la “gran democracia del Norte” la o el candidato presidencial que obtiene más votos en total no siempre es quien gana.

Hillary Clinton en 2016 recibió casi tres millones de votos más que Donald Trump: 65.844.954 para Clinton frente a 62.979.879 para Trump. Pero “perdió”. Toda una muestra de respeto a la voluntad popular... 

Antecedentes históricos 

Como en muchos otros casos, los antecedentes históricos los encontramos en Inglaterra.

Ya en la Edad Media, existían los llamados “burgos podridos” (rotten boroughs).

Así se llamaba a los burgos que, a pesar de estar prácticamente despoblados, tenían por disposición real (la “Royal Chart”) la potestad de elegir a dos miembros para la Cámara de los Comunes igual a la de otros que tenían mucho más electores. 

Estos pequeños “burgos podridos” eran generalmente dominados por un noble (que por serlo era miembro nato de la Cámara de los Lores) y que por esta vía digitaba a quienes debía elegirse para la Cámara de los Comunes; asegurándose así su influencia en ella. Hubo casos emblemáticos como los burgos de Old Sarum con 3 casas y 7 votantes o el de Dunwich con 44 casas y 32 votantes. 

Este sistema fue abolido en 1832 con la llamada Reform Act. 

En los EUA su nada democrático sistema funciona desde 1791 y no existe voluntad política alguna para reformar la Constitución y modificarlo. 

Pese a todo lo expresado, no nos es indiferente el posible resultado de la elección. Un nuevo período de un individuo filo-fascista y guerrerista como Trump, sería una seria amenaza a la paz mundial con las previsibles nefastas consecuencias para toda la humanidad. 

La moneda falseada 

Ahora bien; no desear una victoria de Trump es una cosa y pensar que la política de Biden y el Partido Demócrata hacia América Latina y el Caribe resultará mejor para nuestros pueblos, es otra muy distinta.

La política expansionista y de hegemonía de los EUA hacia nuestra región ha sido y es una política de Estado y como tal llevada adelante por todos sus presidentes sin excepción, sean estos demócratas o republicanos. 

El resultado de una u otra opción es tan tramposo como hacer un sorteo “a cara o cruz” lanzando al aire una moneda falseada que tenga una cara en el anverso y otra en el reverso. 

Fue tan intervencionista la política llamada “del gran garrote” de principios del siglo XX practicada por Theodore Roosevelt, como la del republicano Dwight Eisenhower derrocando a Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954, como el simpático demócrata John F. Kennedy ordenando la invasión a Cuba por Playa Girón en 1959, el también demócrata Lyndon B. Johnson y el golpe de Estado contra Joao Goulart en Brasil en 1964, o los republicanos Richard Nixon y luego Gerald Ford prohijando los golpes de Estado contra Allende en 1973 y luego los demás en el Cono Sur. O finalmente el sonriente Barack Obama del Partido Demócrata - de quien algunos ilusos pensaron que por ser el primer presidente afrodescendiente sería diferente – y por el contrario aumentó el bloqueo a Venezuela redactando en marzo de 2015 una acción ejecutiva que la declaraba “una amenaza para la seguridad nacional”. Toda una perlita. 

Más elocuente aún fue su Secretario de Estado, John Kerry, quien en un discurso ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes en abril de 2013 dijo: “América Latina es nuestro patio trasero(...) tenemos que acercarnos de manera vigorosa”. A confesión de parte... 

Parafraseando al asesor de W. Clinton, James Carville quien acuñó en la campaña electoral de 1992 la conocida frase “es la economía, estúpido”, podríamos decir: “es el imperialismo, estúpido”. - 

carlos.flanagan@gmail.com 

domingo, 25 de noviembre de 2018

¿Ha surgido una fuerza de izquierda en Estados Unidos?

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

El reciente proceso comicial llamado de término medio en Estados Unidos por realizarse exactamente en la fecha intermedia entre una y otra elección presidencial, marcaron un punto de interés jamás visto en el planeta, dado que sus resultados podrían haber impactado de forma trascendente en la dinámica del sistema internacional, sin embargo resulta dudoso suponer que la mitad de la población electoral del país que es la que generalmente participa - aunque en esta ocasión hubo una cantidad superior de votantes- decidiera su opción motivada en hechos acecidos o que pudieran ocurrir fuera de las fronteras. Eso sí, esta vez – posiblemente más que nunca antes en la historia- el evento eleccionario fue considerado un referéndum a la gestión del presidente.


Los resultados han respondido a lo que se avizoraba previamente: los demócratas recuperaron el control de la Cámara de Representantes y algunos gobiernos estadales, al mismo tiempo que los republicanos confirmaron su favoritismo para retener su mayoría en el Senado.

A partir de estos resultados, se ha conjeturado mucho respecto del impacto que los mismos van a tener en el futuro inmediato del país, sobre todo en la capacidad que ha adquirido el partido demócrata para, desde el nuevo espacio conquistado, “torpedear” la administración de Donald Trump a fin de crearle contratiempos que impidan su reelección en 2020.

Por lo pronto, la nueva composición del Congreso podría derivar en una situación más de confrontación que de consenso en el funcionamiento del Estado y el gobierno. Trump incluso, ya amenazó con la posibilidad de cierre del gobierno federal si la ahora mayoría demócrata de la Cámara de Representantes no accede a aprobar los recursos para la construcción del controvertido muro en la frontera con México. Además de eso, se han comenzado a manifestar problemas de carácter estructural en la sociedad estadounidense que se profundizarán en el marco de este conflicto en ciernes y que ha producido el despertar de ciertos sectores, sobre todo de mujeres, jóvenes y minorías étnicas.

Aunque es poco probable que para América latina y el Caribe estos resultados puedan tener trascendentes implicaciones directas, es necesario decir que la obligatoriedad de Trump de encarar de otra manera el frente interno, le generará un mayor imperativo en esa área, lo cual podría redundar en la disminución de su atención hacia la región. Los cambios en la correlación de fuerzas en aquellos estados en los que existe una mayor población inmigrante podría ser también un elemento para considerar en este ámbito.

Aunque la diferencia en el voto popular de alrededor de un 7% es similar a la de la elección presidencial de hace dos años, la cifra que marca la tendencia más importante de cara a futuros procesos eleccionarios es aquella que señala que 62% de los que votaron por primera vez, lo hicieron por los demócratas. Muy probablemente, ello se deba a que estos hicieron una campaña basada en los temas que más preocupan a la población del país y que están en el centro del debate y de la gestión, el principal de ellos es el de la salud, pero también se verificó un gran activismo en torno a una agenda que giró en torno a asuntos como migración, seguridad social, represión policial, posibilidad de posesión de armas por parte de la ciudadanía, y las manifestaciones de misoginia, xenofobia y racismo de las que ha hecho gala el gobierno. En el manejo de estos aspectos, los demócratas tienen una indudable ventaja frente a los republicanos.

Algunas cifras son expresión de ciertos cambios que podrían estar verificándose en el escenario electoral estadounidense. Por ejemplo, la elección de una mayor cantidad de mujeres lo cual ha hecho que se llegara a que por primera vez, más 100 féminas accedieran a la Cámara, 105 demócratas y 19 republicanas, aunque esta última cifra es menor respecto de los anteriores comicios. Alrededor del 60% de las mujeres votaron por candidatos o candidatas demócratas y un poco menos de 40% por el partido republicano. 

En el caso de los jóvenes las cifras son todavía más apabullantes: el 67% de los menores de 30 años votó por los demócratas y el 58% de los que tienen entre 31 y 45 años. Estos indicadores, vistos a futuro tienen una proverbial importancia, sobre todo si se considera que el voto fuerte de los republicanos se concentra entre los votantes de más edad: aunque entre los de 50 a 59 años hay casi un empate, los mayores de 65 votan claramente por los republicanos.

La lectura de estas cifras señala algunas tendencias que deben conocerse y estudiarse. Por una parte, un sector importante de los votantes sigue apoyando a Donald Trump, el mismo se concentra en los estados del norte y medio oeste que es definida por los analistas estadounidenses como una zona “de clase trabajadora, blanca y sin estudios universitarios”. En esos estados, Trump ha logrado crear un núcleo incondicional de seguidores que determina el resultado de las elecciones, sobre todo en aquellos lugares donde la apatía sigue generando niveles bajos de participación. El discurso de Trump ha calado hondo en esas zonas donde 25 años de tratados de libre comercio y outsourcing han dejado condados enteros desolados. Sanders tenía un mensaje similar, pero desde una perspectiva diferente, sobre todo si se mira desde la visión de las soluciones propuestas, considerando que en Estados Unidos es difícil debatir sobre temas de política económica desde un punto de vista alternativo, aunque mucha gente que “ya no tiene nada que perder”, está comenzando a escuchar.

Por su parte, en el partido demócrata ha emergido un sector más liberal, entre quienes hay líderes que incluso portan un pensamiento más avanzado. Una de las preguntas que podríamos hacernos es si ¿ha surgido por primera vez un sector de izquierda en Estados Unidos? Algunos lo podrían considerar temerario y otros sencillamente ilusión o deseo, pero lo cierto es que las agrupaciones cercanas al senador Bernie Sanders (quien fue reelegido ampliamente en su distrito del estado de Vermont) han planteado un verdadero desafío al partido demócrata, toda vez que en 2016,fue sacado de competencia de manera ilegal en las internas del partido demócrata para favorecer a Hillary Clinton, cuando todas las encuestas lo daban ganador sobre Donald Trump o cualquier candidato republicano. La mayor parte de los aspirantes apoyados por Sanders en esta elección (alrededor de un 50% de los postulantes) triunfaron en las primarias y en la elección misma, lo cual fortalece la posibilidad de su candidatura de cara al 2020 creando un dilema al interior del partido azul que tendrá que decidir nuevamente a favor de Trump -sabiendo que pueden perder como lo hicieron en 2016- o aceptar a Sanders.

Sanders está agrupando en torno suyo a amplios sectores que sostienen un discurso muy avanzado en aquellos temas que preocupan a los ciudadanos, de manera particular en salud, migrantes y gasto social. Esta situación augura una confrontación no solo con los republicanos, sobre todo manifestará una fuerte disputa dentro del partido demócrata que es controlado, manejado y dirigido por un sector conservador, muy cercano al partido republicano con el que tiene muy pocas diferencias, sobre todo en materia de política exterior y de seguridad.

En general, podría decirse que hay un gran movimiento de jóvenes progresistas, sobre todo en las grades ciudades, cada vez más organizado y participativo, entre ellos figuran Justice Democrats, Democratic Socialist of America (DSA) y Movement for a People’s Party, que están respondiendo a las necesidades que plantean estos sectores juveniles.  Estas organizaciones están desarrollando políticas inéditas desde la perspectiva progresista entrando en aquellos lugares que, si bien son socialmente conservadores y tradicionales, están sedientos de que se desarrollen prácticas de justicia económica y políticas económicas y sociales que les interpreten, por ejemplo, en el Medio Oeste y en el cinturón industrial del centro noreste y en las zonas del Atlántico medio desde la costa atlántica al este de Wisconsin. Las ocultadas protestas y paros de sindicatos de profesores y maestros en Oklahoma y Virginia (estados de clara mayoría republicana) han sido un buen ejemplo de lo anterior.
Por otro lado, es importante mencionar el crecimiento que ha tenido entre los ciudadanos la popularidad de propuestas como la de un sistema de salud pública y universal, la legalización y regulación de la marihuana, y el rechazo a las invasiones militares de Estados Unidos en el extranjero, que son propugnados por estas organizaciones.

Sin embargo, a futuro habrá que considerar que la mayor resistencia a este nuevo movimiento progresista será el establishment demócrata, porque mientras los republicanos tienen una clara orientación en defensa de los más ricos, las grandes transnacionales, el Complejo Militar Industrial y Wall Street, el partido demócrata es peligrosamente hipócrita y en los hechos resulta ser “un falso aliado”. Han demonizado a Sanders como radical comunista, utilizando para ellos sus grandes influencias en los medios de comunicación como el New York Times, el Washington Post (cuyo propietario Jeff Bezos, es además CEO de Amazon, y opera en contubernio y bajo contrato con el Departamento de Estado en los temas de política exterior), CNN, MSNBC (MSN y Microsoft) que son los promotores de la narrativa demócrata de la “injerencia rusa”.

También se debe considerar que a largo plazo estos movimientos, deberán transformarse en una nueva organización cuando se le cierren todos los espacios dentro del partido demócrata, cuya maquinaria ha hecho todo lo posible para debilitarlos. La única opción política progresista institucional en este momento es el Partido Verde (Green Party) por lo que, por ahora, DSA y Justice Democrats están apoyando candidatos progresistas (que tengan un programa político que comparta los valores de las organizaciones) y que además no acepten dinero de interés especiales corporativos. Aunque estas condiciones son necesarias, han sido un elemento de controversia, por ejemplo, Andrew Gillum, el candidato a gobernador por el partido demócrata a Florida no tuvo el apoyo de DSA por esta razón, sin embargo, algunos opinaban que frente a la voracidad republicana de ese importante estado, Gillum podía considerarse el “mal menor” y debía ser apoyado.

Mirando el futuro, hay que considerar que esta elección ha sido el punto de entrada de los candidatos progresistas y de izquierda al sistema institucional de Estados Unidos, solo 3 aspirantes nuevos apoyados por estas organizaciones ganaron en las últimas elecciones. Aunque es importante que por primera vez haya varios representantes progresistas, estas organizaciones deberán seguir avanzando para lograr objetivos mayores en el mediano y largo plazo. 
sergioro07@hotmail.com