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miércoles, 14 de agosto de 2019

Chile y el trabajo esclavo



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
La clase política chilena discurrió discutir ahora sobre una eventual disminución de la jornada de trabajo. Lo que se persigue es que las personas y las familias puedan contar con más tiempo para su convivencia, cuando se asume que es demasiado el que dedican los trabajadores a sus ocupaciones y a movilizarse hacia y desde sus fuentes laborales. Hay quienes sostienen que rebajar la jornada de 45 horas semanales a 40 o 41 podría, incluso, incrementar la productividad, la que en Chile manifiesta cifras precarias en relación a la de otros países.


Sin mayores estudios que avalen el impacto de una reforma en tal sentido, tanto el Gobierno como la oposición se muestran favorables a esta idea y el Congreso Nacional se dispone a legislar al respecto, ya sea acogiendo la iniciativa de La Moneda o apoyando la posición de algunos parlamentarios comunistas que también tienen su propia propuesta. Como ocurre a menudo en nuestro país, se discute sin consultar todavía el parecer de los trabajadores, de sus sindicatos y referentes gremiales. Pero ya en la víspera de nuevos procesos eleccionarios, el oficialismo y sus detractores buscan cosechar dividendos electorales con una propuesta que seguramente puede alcanzar gran arraigo popular. Aunque sea bien poco probable que pueda concretarse en ley próximamente, cuando ya se insinúan los reparos que pondrá el gran empresariado, siempre renuente a elevar las contrataciones o los sueldos de sus empleados.

A la luz de cualquier observación mínimamente rigurosa se puede concluir que los trabajadores que pudiesen acortar su jornada de trabajo no son más que los que pertenecen a la administración pública y en aquellas empresas reguladas que están al día con sus obligaciones salariales y previsionales. Que se hará muy difícil que una ley pueda ser acogida por los cientos de miles de trabajadores independientes e informales que tanto abundan en nuestro mercado laboral, así como aquellos que se desempeñan en el agro, la minería y otras actividades en que es prácticamente imposible imponer una rígida jornada de trabajo.

Al respecto, es pavorosa y sobrecogedora la reacción que se produce cuando los medios de comunicación, especialmente las radios, deciden consultar la voz de la población, para constatar que hay millones de trabajadores que exceden con creces sus 45 horas de trabajo semanal,  forzados a trabajar hasta 16 o 17 horas al día para poder recaudar ingresos mínima o medianamente dignos, como ocurre con tantos transportistas, comerciantes y esos miles de dependientes de las grandes, medianas y pequeñas tiendas. Incluso con los llamados “coleros”, por ejemplo, constituidos por esos numerosos vendedores ambulantes que se suman a las ferias libres para vender ropa usada y todo tipo de enseres de segunda mano, a fin de lograr un salario muy variable pero corrientemente muy por debajo del mínimo establecido por la Ley.

Sin desconocer los buenos propósitos de una nueva legislación laboral, llama atención que esta idea se plantee cuando estamos en medio de un nuevo incremento del desempleo, cuando se sabe también del aumento explosivo de los trabajadores sin seguridad social alguna. Y cuando nada o muy poco han logrado las acciones contra la delincuencia común que justamente se intensifica cuando la población no abriga expectativas laborales justamente remuneradas. Sobre todo, en un país sindicado como uno de los más desiguales del planeta, pese a su enorme producto interno bruto que, por sobre todo, favorece a la extrema riqueza, a los sectores más pudientes.

Una discusión es estimulada por los medios de comunicación abyectos al sistema económico, que poco dan cuenta, por ejemplo, de las decenas de periodistas y funcionarios que son despedidos cotidianamente, especialmente de los faranduleros canales de televisión. O cuando se reconoce que muchos de los inmigrantes llegados al país son explotados inicuamente en labores pésimamente remuneradas, con jornadas de trabajo agobiantes y riesgosas que igualmente exceden las horas de la jornada legal actual. Cuando se cuentan ya por decenas de miles los haitianos, colombianos, ecuatorianos y otros condenados a un trabajo prácticamente esclavo que es bien aprovechado por algunos inescrupulosos contratistas agrícolas, de la construcción y de los servicios, que pagan salarios a sus dependientes que apenas les cubren los arriendos de sus viviendas hacinadas como su precaria alimentación. Realidad que cualquiera puede observar en las ciudades y pueblos de norte a sur del país.

Son francamente absurdas o cínicas las referencias que se hacen a la realidad laboral de Alemania, los países escandinavos y otras naciones europeas en que los derechos de los trabajadores están resguardados debidamente y la población activa cuenta con instrumentos sindicales y políticos que defienden realmente sus intereses. Cuando también existe en ellas una clase patronal mucho más justa y democrática que la nuestra tan acostumbrada aquí no solo a vulnerar la legislación y los tratados internacionales, sino experta en coludirse incesantemente para violar las leyes de la libre competencia y los derechos de los consumidores. Como ha ocurrido con los propietarios y empleadores de los laboratorios médicos, las farmacias, las grandes tiendas y de los servicios públicos en Chile completamente privatizados y extranjerizados.

Suscribiendo totalmente la necesidad de que los chilenos puedan dedicar más horas del día a sus hogares, a la cultura y el esparcimiento, el Gobierno y los parlamentarios chilenos debieran, primero, procurarnos leyes y ejercer supervisión a fin de que se remunere decentemente a los trabajadores, se les paguen sus horas extraordinarias, se cumpla con sus cotizaciones previsionales y puedan desempeñarse en condiciones de trabajo decentes. Mucho más urgente que rebajar las horas de trabajo o flexibilizarlas (término muy críptico y ambiguo) sería corregir los sistemas de seguridad en el trabajo y acceso a la salud y otros derechos humanos. En un país en que anualmente, como se reconoce, mueren entre seis y siete mil personas en las listas de espera hospitalarias en la esperanza de recibir cirugías y tratamientos médicos. Cuando, además, centenares de niños pierden sus vidas anualmente en las calles al estar obligados a trabajar o delinquir para su subsistencia.

No vaya a ocurrir que al final los únicos favorecidos con una rebaja en las horas de trabajo sean los propios legisladores y altos funcionarios de la administración pública. Y decimos “altos” porque también se sabe que en la propia administración del Estado existe un elevado número de empleados a honorarios y contrata, sin estabilidad laboral y, por supuesto, con sueldos muy inferiores a los de sus jefes, especialmente si éstos son de la confianza de los gobiernos de turno. Es decir, de los que administran el botín fiscal.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

sábado, 2 de marzo de 2019

Cuba y Chile donde la democracia real


Por Eduardo Contreras:

Para los sectores más desinformados de la opinión pública, local o extranjera, Chile sería un país democrático, una nación que tras soportar una de las más terribles dictaduras y más allá de las naturales diferencias ideológicas, avanzaría hoy por los caminos de la legalidad y la democracia. Es la visión que los sectores más reaccionarios – y desde luego los actuales gobernantes - intentan que sea asumida por la mayoría dentro y fuera de nuestro país.

A la par, esos mismos sectores, empeñados hoy en agredir al gobierno constitucional de Venezuela que encabeza el presidente Nicolás Maduro, se permiten hablar de “libertad, democracia y derechos humanos” en circunstancias que son los mismos que formaron parte o apoyaron la dictadura de Pinochet o al menos pactaron con ella. Mienten a sabiendas, pero qué diablos, no les queda otra porque actúan conforme al libreto de la CIA, el Pentágono y la Casa Blanca.
Son los mismos que cuando se habla de estos temas no pierden ocasión para agredir a Cuba, la “dictadura”, como llaman al primer país socialista del continente.

Pero, ¿cuál es la realidad concreta?
Desde luego recordemos que un país que considere que vive una verdadera Democracia supone la conformación de un Estado con la definición de sus órganos y sus respectivas funciones y responsabilidades, así como normas que garanticen la efectiva participación del pueblo en la gestión pública y los derechos y deberes de las ciudadanas y ciudadanos así como las atribuciones y obligaciones del Estado para con los ciudadanos.

Al mismo tiempo han de estar fijadas las obligaciones y atribuciones de los funcionarios públicos y de las autoridades sean éstas judiciales, parlamentarias o del gobierno central, del mismo modo que ha de contarse con normas claras y sustantivas respecto de la propiedad de los medios de producción y la organización y funcionamiento de la Economía en función de beneficiar a las ciudadanas y ciudadanos. Desde luego y en primer término ha de garantizarse Educación, Salud, Vivienda, Trabajo, Previsión, para todos.

Además, ha de establecerse la obligación de las autoridades de elección popular de rendir cuenta periódica de su desempeño a sus electores y debe consignarse la facultad de éstos para remover a sus representantes conforme las causales que se establezca en las normas jurídicas superiores.
Todo lo cual dice relación obviamente con la Ley superior del Estado que es su Constitución Política. Ella es quien define la naturaleza democrática, o no, de la sociedad concreta de que se trate. Y llega entonces el momento de mirarnos y de mirar hacia Cuba, sobre todo en estos días en que el país caribeño ha vivido de nuevo una jornada histórica.

En efecto el pueblo revolucionario cubano acaba de darnos ahora recién, el 24 de febrero, una muestra más del profundo sentido democrático de su proceso revolucionario y de su grandeza humana. Ese día alrededor de 7 millones de cubanos llegaron a las urnas, custodiadas por niños escolares, pioneros, y no por militares como en Chile y votaron para aprobar su Nueva Constitución Cubana.

Decimos “nueva” puesto que la primera Constitución Política de Cuba tras su Revolución  de 1959 fue la aprobada el 24 de enero de 1976, tras un largo proceso de debates. Barrio por barrio, sindicato por sindicato, escuela por escuela, universidad por universidad, en cada centro de trabajo, en cada hogar, millones de cubanas y cubanos discutieron durante muchos meses, artículo por artículo la propuesta de texto constitucional.

Exiliado en Cuba, trabajando en el ámbito del Derecho, tuvimos el privilegio de participar en ese proceso democrático ejemplar integrando un equipo de juristas latinoamericanos que desde la Dirección Jurídica del Ministerio de Justicia, asesoramos el desarrollo del proceso, junto a mis colegas chilenos Héctor Behm, Alejandro Pérez y Emilio Contardo. Somos pues testigos directos de la seriedad y fuerza con la que se discutió, del carácter profundamente democrático de ese proceso, del debate real, artículo por artículo, y de la amplia participación del pueblo.

La Nueva Constitución de hoy pone al país a tono con la nueva realidad nacional e internacional, especialmente en el terreno de los fenómenos económicos y temas como la propiedad privada y propiedad colectiva. El voto favorable de casi 7 millones de cubanas y cubanos es una expresión concreta del nivel de participación y de adhesión al proceso de establecimiento de las reglas superiores que norman a la sociedad cubana de hoy.

Mientras en Chile seguimos con la antidemocrática Constitución de Pinochet, elaborada a puertas cerradas por un pequeño grupo de funcionarios de la cruel dictadura, el pueblo cubano acaba de darnos otra lección de democracia real y la inmensa mayoría de los votantes, bordeando los 7 millones de personas, ratificaron la voluntad de avanzar por los caminos del Socialismo, considerando al mismo tiempo la realidad concreta que les corresponde vivir. El proceso de discusión en la base se inició en agosto del pasado año y durante ese tiempo el pueblo introdujo sus observaciones y cambios a la propuesta original. En breve se cumplirá los trámites establecidos y se procederá a la publicación del texto que desde entonces regirá la vida de cubanas y cubanos
En nuestro país en cambio no hay indicios de retomar el camino de discusión abierta y masiva de cara al cambio constitucional iniciado en el segundo gobierno de la presidenta Bachelet

A todo lo dicho debe agregarse que Cuba es el país con mejor salud de toda la América Latina y que supera los niveles del propio EEUU. El más reciente Informe Bloomberg establece que entre 169 naciones del mundo Cuba ocupa el puesto número 30 del ranking de países con la mejor salud pública. En tanto que EEUU se ubicó 5 lugares más abajo con el número 35. Subrayemos que entre las variables de esta medición se considera nada menos que la esperanza de vida. Y debe recordarse además que Cuba ocupa también primeros lugares en materia de Salud y Educación Públicas, así como en desarrollo científico y técnico.

Entonces, a la luz de la realidad concreta, ¿alguien podría sostener que en Chile hay más democracia que en Cuba? La verdad es que la Democracia real, gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, es la que existe en Cuba. A la sociedad chilena le falta muchísimo por alcanzar niveles objetivamente democráticos, tanto más cuanto que vivimos bajo el gobierno de un personaje que no respeta las normas jurídicas como acaba de demostrar reconociendo presidentes y embajadoras inexistentes legalmente, falseando crisis humanitarias y, en fin, atropellando claras disposiciones del Derecho Nacional e Internacional.

eduardocontreras2@gmail.com

miércoles, 6 de febrero de 2019

La sociedad vacía tras el humanismo perdido


Por Mariano Sierra:

Se pregunta el hombre como recuperar lo humano. Una sociedad se mueve bajo estamentos sociales muy diversos y en cada uno se destaca la actividad diaria con sus deberes y obligaciones donde hace eco un gran acontecimiento.... El vacío al que le salpica un pensamiento crítico en pos de un compromiso: recuperar la pérdida del sentido de la convivencia común en medio del caos que se vive. El ser humano requiere un entender, un unirse a los demás con sus luchas, con sus retos, con la unidad del amor, amor entendido como el respeto, la convivencia, el compartir en comunidad y de esta manera desalojar el caos y la soledad que vive la sociedad en su interior.


Así como la sociedad vive un estado riesgoso, así podemos decir que se puede rescatar. En la medida que la democracia esta fracturada, la libertad rota, surgen cual ave fénix formas humanas que estructuren oportunidades igualitarias y convivencias sanas. Recuperar la sociedad perdida, recuperar la dignidad pisoteada, recuperar la economía donde no se explote y el capital se socialice entender que la política esta para gobernar no   para corromper ni politizar, entender que la religión esta para orientar no para generar confusión, entender que la naturaleza es vida y no un ser viviente para destruir, entender que la familia es el principio celular de amor, no de odio.

Hoy el hombre convive en la sociedad del vacío que lo ha llevado a la destrucción por el mismo hombre, por la ambición, el poder, la egolatría y la industrialización. El caos destruye el sentido de la vida humana impidiéndole vivir en libertad responsable.  La sociedad del vacío habita dentro de una gran burbuja para no comprometerse pues se ve enfrentada a los mesías falsos, a los mercaderes de la violencia, a los escribas del desprecio, del rechazo, de la exclusión, de la indiferencia, sintiéndose débiles, faltándoles capacidad de lucha, de cambio. La sociedad del vacío vive crucificada por la codicia, por vender su imagen o como se dice vive al frente del espejo para perfeccionar su yo, su personalidad. Pero todo eso es el vacío de la mediocridad que no la puede ocultar ninguna careta.
La dignidad humana es esa categoría que abre caminos para el cambio. El orden social es un vínculo humano que en la sociedad vacía esta ´por superar- Ese vínculo ha perdido toda proporción dando paso al mundo de la nada.  Las mediciones de nuestras vidas vienen experimentadas nefastos cambios ante la tecnología acelerada y el consumismo galopante.

Estos cambios rompen principios y valores que perturban el orden familiar, social, político, el trabajo, la estabilidad, crece el individualismo y las incertidumbres haciendo vulnerable las conductas sociales donde los de menos recursos llevan la peor parte, donde los más frágiles son dominados en sus propósitos vitales.
El capitalismo es destructor, pero el problema no es el capital, sino el hombre que lo dispone como poder para su beneficio. La sociedad vacía está invadida por fuerzas dominantes e indiferentes dejando esos agujeros negros para que perforen la pérdida de valores, la violencia y el miedo, pero sobre todo para que penetre el poder de la economía canalla, el poder de la guerra concentrando todo su dominio sin tener en cuenta al hombre en su individualidad.

El evangelio del cambio debe estar al servicio de la libertad de conciencia, de la educación liberadora, no de la educación manipulada y protagónica, debe estar al servicio de las practicas cotidianas, de las relaciones que a diario entramos en contacto, del pensamiento libre, de la rebeldía justa.
La sociedad vacía esta esclavizada por el opio de las instituciones dominantes que alienan la conciencia humana. Estamos en la sociedad del vacío porque hemos perdido el sentido común, el
 sentido de comunidad, el sin sentido que se compenetra desde la derecha, desde la izquierda, desde toda posición partidista que no brinda ninguna garantía.  Einstein nos dijo... qué Triste época. . Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio´´ Perder el sentido común es estar integrado en una sociedad vacía, de la nada, del sin sentido donde se da más valor al hedonismo y al consumismo, donde el acompañamiento de la indiferencia evoca a que otros piensen por nosotros.

En la sociedad vacía los hombres viven aislados de cualquier relación intensa. En esta sociedad se vive la dificultad de sentir la vida, pues estamos programados en una guerra de todos contra todos. Puede decirse que quien se rebela a ese apocalipsis puede doblegar las ataduras impuestas.  El que se rebela ejerce el derecho a denunciar los atropellos dantescos que amenazan la dignidad humana cuyo ejecutor es el globalismo como un devastador del pensamiento, de las capacidades, extremando las desigualdades.

La sociedad vacía que navega en la nada tiene el compromiso sine qua non de comprometerse con los hechos sociales, de ahondar en ellos para liberarnos del divide y reinaras. Urge la necesidad de poseer el arte de la resistencia y de replantear la noción de los movimientos sociales aun en situaciones de relativa calma.
Tenemos que ser, siendo, pero siendo como seres de cambio viendo el mundo como es, sin miedo alguno, asociándonos en una sola fuerza.  Lo que esta sucediendo no es una realidad permanente. Es efímera y en cada uno está que sea así para romper las marañas sociales que nos enfrentan unos con otros. Todo caos destruye el sentido de la vida humana, impide vivir en libertad responsable, impide humanizarnos. El estado en esta sociedad carece de principios y voluntad política para llevar a cabos procesos sociales y de desigualdad.  Llamar a la conciencia social es un deber, si queremos corregir los desenfrenos inmersos en el tejido social, los vicios y todo desatino de los poderes.

En una sociedad vacía, correr el velo lleva a conocer los pecados capitales que deforestan los principios humanos. Cada cambio generado en  la sociedad de la nada, es  una desintoxicación de la conciencia para que surja la sociedad  humanista imperio de una  doctrina  social, ética y moral. Es que lo que se vive no es ni siquiera un limbo, es un dantesco infierno donde no tiene asiento ningún valor. Parece que estamos conviviendo en el inframundo social sin persistir una salida.

 A la vida no le podemos poner muros que aíslen la relación social, que separen las personas en comportamientos estancos, pues el ser humano se creó para convivir armónicamente. En la sociedad vacía es frecuente ver a muchos creer en discursos ideológicos, retóricos y en dogmas sin cuestionar, sin buscar respuestas. Nace así la sociedad sin identidad, sin espíritu crítico donde el instinto irracional lleva al hombre con el apoyo de las fuerzas moldeadoras a irrigar formas de vivir.
En una sociedad vacía se hace difícil entender el sentido humano. Ante el poder económico se doblan todos los poderes. El poder económico corrompe todo el tejido social de manera incontrolable, se descubren las pasiones como afrenta a la dignidad. Este acontecer es propio para provocar crisis, que sin embargo permite buscar alternativas de transformación haciendo juicios y denuncias.

 Reflexionar los juicios es un compromiso, es una acción social que libera para crear procesos dentro de un combate de pensamientos libres y de gestión espiritual contra hechos que a diario se desplazan contra el común necesitado. El mundo de la sociedad vacía no es invisible, es real que implica la presencia humana para que esa presencia sea la voz de los que claman justicia.

Cambiar la sociedad vacía es mirar la vida con responsabilidad, con identidad social, con dimensión cósmica. La sociedad vacía que se presenta, es un mensaje para unir compromisos con la mediación espiritual y política, con la palabra que representa la verdad. La sociedad vacía no es solo un componente material, es la suma de personas con historia, con realidad donde no se puede claudicar ante los injustos sociales- El compromiso ante la sociedad vacía es eliminar todas las restas que quieren borrar las sumas de la vida suprema.

Por ello no podemos ser simples observadores de unos hechos sociales, políticos, espirituales, culturales y económicos que coartan libertades, que coartan esperanzas que cuestionan la prepotencia de una diversidad de poderes que hunden sus raíces en gobernanzas sin sentir social. A la sociedad del vacío nos ha llevado la indiferencia, la filosofía de la globalización, el cuestionamiento religioso y el a doctrinante sistema capitalista.

En la sociedad del vacío, de la nada, todo lo ilegal parece correcto o mejor no existen normas para los actos por fuera de la ley o estas normas se controlan según a quienes se quieren favorecer. En esta sociedad, decíamos que no hay moral o es decadente y lo ético es un sinsentido, como decir también que la fe carece de obras, por lo tanto, el nuevo testamento es simbólico, perdiendo su esencia. Ese evangelio de la vida es un apocalipsis, es una esperanza liberadora.

En la sociedad del vacío, el hombre vaga en soledad perpetua sujeto a los amos del poder, no hay libertad, sino servidumbre. No obstante, hay que entender que solo la sociedad es la única llamada a controlar y resolver la problemática social generada por el imperio que gobierna. Los actos humanos reflejan lo que hay en el interior del hombre, lo que emana de los sentimientos y de la conciencia.
 Se busca la perfección de los demás, mas no miramos nuestros yerros. Esto nos lleva a decir que nuestra sociedad esta enferma, le falta humanismo, haciéndonos evasivos para pensar, para reflexionar, para opinar. Somos expertos críticos en voz baja, sin adquirir compromisos, esquivando responsabilidades. No es pesimismo, es fuerza que llama para desencadenar la desesperanza con el coraje que proporciona la desesperanza.

La sociedad vacía contradice el sentir de lo que debe ser, una sociedad para el bien social. La sociedad es acción, es transformación, es liberación, es esperanza generadora de justicia y solidaridad, nunca de enfrentamientos, aunque si de confrontaciones respetuosas con quienes no piensen distinto. En una sociedad vacía hay miseria, hay injusticia, no hay democracia así proliferen muchas leyes, procesos constitucionales, disposiciones institucionales. Una sociedad implica orden y gobierno comunitario, no un gazapo. Se requiere crear un humanismo lejos de las estructuras caducas y las conductas cínicas que impiden dinamizar el mundo social.

La sociedad vacía por donde la miremos es una confusión. Muchas cosas o todas vagan sin rumbo. Es aquí donde ese caos social y político necesita disentir para que toda directriz tome nuevos caminos donde manipulación, democracia, corrupción política social, creencias y pensamientos sociales no se confundan. La sociedad vacía es producto del abandono de todos, es el clímax de lo que acontece, donde la corrupción es el imperio que realza el poder de la impunidad. para que todo acto de violencia se disuelva en medio de la actuación compleja y viciada fundiendo la imposibilidad de desarrollo que la vieja sociedad ha negado. 
Ante la magnitud de las relaciones de poder, urge una catarsis socio política que ponga freno a todo proceso que sobrevive con base a las relaciones personales, con base a todo tipo de dadivas como modus operandi de un capitalismo mas que salvaje, destructor pues no avizora ninguna esencia social, pues lo que toca, el sistema lo corroe llegando hasta lo más profundo del alma humana.

El mundo se torna ajeno para la mayoría y propio para quienes sin escrúpulos quieren dominar. Al decir de la filosofía, el mundo somos nosotros, pero lo vemos reducido para habitarlo e inmenso para transformarlo. Cada día es más esencial el humanismo para comprender sin egoísmos, con la dulzura que marca el camino de la convivencia. Cada día llega a nosotros el hombre rebelde que nos invita a ser nosotros para desalojar del vacío los vicios que otros nos han proveído. Esos otros no pueden ganar la guerra. Ese yo que se rebela a todo lo inútil   tiene la resistencia para rechazar la individualidad y toda ideología que pregone sumisión que quiera instaurar desequilibrio.

El hombre rebelde es un principio vitalista del ser que lucha con espiritualidad firme contra lo que le impide pensar, contra la globalización perversa integral, contra la religión dogmática, contra los sistemas sociales que adoctrinan con saña. Hoy el mundo es cual el cristo roto que clama potente para indicarnos una vez mas el camino esperanzador del amor social.  El cristo roto es el mensaje rebelde, mensaje de protesta en un mundo vacío carente de valor humano, de espíritu, de movilidad, de voz de amor comunitario sin ninguna exclusión.

El cristo roto producto de la comercialización vacía, en una compraventa globalizada desbordante de consumismo. El cristo roto lo está, como nuestra sociedad , vacía, que requiere una restauración profunda del interior humano.

marsblawyer@gmail.com

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Economía capitalista ocasiona la desigualdad

Por Germán Saltrón Negretti:

El Representante Permanente de la República Bolivariana de Venezuela ante la Oficina de las Naciones Unidas y otros Organismos Internacionales con sede en Ginebra, embajador Jorge Valero, precisó que “...hoy tenemos una economía mundial global y fragmentada y que ocasiona una volatilidad financiera que contribuye a acentuar más las desigualdades”. Durante la exposición que presidió Venezuela, denominada Deuda por el desarrollo: ¿sigue siendo esta una opción válida en esta época de incertidumbre?, realizado en el contexto de la XI Conferencia sobre la Gestión de la Deuda de la Unctad, indicó que “… a lo largo de la historia la deuda ha sido un instrumento para el crecimiento económico de ciertos países. En otros casos, se ha convertido, más bien, en un obstáculo estructural para el desarrollo”.



Valero citó los conceptos de Juan Pablo Bohoslavsky, quien es experto independiente de la ONU, sobre las consecuencias de la deuda externa y las obligaciones financieros internacionales conexos de los Estados para el pleno goce de todos los derechos humanos. “...Según Bohoslavsky, el 8% más rico de la población del mundo recibe la mitad del ingreso mundial. En 2015, el 1% más rico de la población mundial poseía más del 50% de la riqueza del mundo, cuando en 2010 era del 44%”, precisó. Calificó como “perniciosa” la actividad de entidades comerciales privadas con los llamados “fondos buitres”, los cuales mediante artimañas leguleyas y especulativas obligan a países deudores a desviar recursos financieros, menoscabando la posibilidad de que los gobiernos puedan cumplir con sus compromisos en materia de derechos humanos.

Este escribidor sostiene que los llamados “paraísos fiscales” agravan el problema porque permiten a las empresas y personas naturales esconder sus riquezas eludiendo el pago de impuestos. Esa extraterritorialidad (offshore) oculta todas las actividades económicas de los gigantes corporativos eludiendo todas sus obligaciones fiscales. La revista The Economist calcula que en los paraísos fiscales se encuentran 20 trillones de dólares, ubicándose en plazas financieras que controlan estos recursos en el estadounidense estado de Delaware y en Londres. Las islas sirven así como localización legal y de protección en términos de jurisdicción, fiscalidad e información, pero la gestión es realizada por los grandes bancos.

Esto representa un gigantesco fraude fiscal contra la humanidad y debería ser considerarse como una violación masiva de los derechos humanos y condenados y confiscados por la ONU para con ese dinero combatir la hambruna mundial. germansaltronpersonal@gmail.com Caracas. Publicado en el diario Correo del Orinoco.

germansaltronpersonal@gmail.com