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viernes, 31 de julio de 2020

El gobierno argentino se arrimó muchísimo a sus demandas

Por Sergio Ortiz:

Los fondos, cada vez más buitres, siguen exigiendo más

El gobierno de Fernández se estiró al máximo y ofreció 53,5 centavos por dólar. Los tres grupos de bonistas acreedores, insaciables, exigieron 56,3. Parece poco, pero es mucho.
El 6 de julio el gobierno argentino formalizó ante la SEC estadounidense su cuarta oferta de pago a los fondos acreedores de la deuda externa por 64.800 millones de dólares.
El 22 de abril, cuando formalizó la primera propuesta, se mostraba dispuesto a pagar 38 centavos de dólar, que fueron en aumento en mayo y otro tanto en junio. En ese cuarto intento Martín Guzmán -siguiendo órdenes de Alberto Fernández – llegó a ofrecerles 53,5 centavos.


Como en las oportunidades anteriores, sabiendo de las mayores exigencias de la contraparte liderada por BlackRock, el gobierno reiteró que era la “última oferta”. Los acreedores debían entender que más no podía pagarles pues se pondría en riesgo la sustentabilidad de la deuda y la seguridad de los pagos.
Como esas advertencias se dieron en abril -en rigor antes -, es difícil creer que esta cuarta propuesta sea la definitiva. Debería serlo porque los 53,5 por dólar ya era una gravísima hipoteca que pesará sobre generaciones de argentinos. ¿Será la última?

Con esos antecedentes de retrocesos, queda un margen de duda para determinar si esta oferta será o no la última. En su diálogo virtual con los representantes del capital financiero internacional agrupados en el Consejo de las Américas, Fernández les dijo el martes 21: “Pueden acusarnos de muchas cosas, pero no de no haber sostenido el diálogo y de no haber hecho un esfuerzo enorme para encontrar una solución. Y no tengan ninguna duda de que haremos todo el esfuerzo que podamos, pero créanme también que esto es lo que podemos, no podemos más que esto, no es un capricho, es sensatez”.

Su expresión de que “no tengan dudas de que haremos todo el esfuerzo que podamos” podría interpretarse de dos maneras: que cumplirá con su propuesta de pago de 53,5 centavos, o que podría estirarse a pagar algún dólar más. En el curso de agosto, quizás antes del 4, habría un resultado final de la negociación que hoy no pinta como halagüeña.

Para atrás
Las cuatro ofertas sucesivas del gobierno fueron aumentando los millones de dólares a pagar en esta reestructuración de la deuda. Entre el 22 de abril y el 6 de julio lo propuesto por Fernández-Guzmán supuso un beneficio extra a los acreedores de entre 13.800 y 15.000 millones de dólares extras.
Pese a la enormidad de esas sumas, sólo pudo seducir a un par de acreedores como Fintech y Gramercy que participaban de uno de los tres grupos conformados, el ACC (Argentina Creditor Committee).

Los otros dos fondos, Ad Hoc Group (BlackRock) y Exchange Bondholders Group (Monarch), venían reclamando más y más. Habían rechazado las ofertas argentinas de abril, mayo y junio, y reiteraron su oposición a la formulada el 6 de julio. La negativa de estos usureros primermundistas fue fundamentada por partida triple: querían 56 centavos de dólar, como mínimo; reclamaban condiciones contractuales más favorables para demandar a Argentina y embargar bienes en casos de incumplimiento, y acusaron a Guzmán (y por elevación al presidente) de no haber negociado de buena fe durante estos meses.
Las exigencias de los fondos, cada vez más buitres, fueron difundidas y defendidas por los amigos argentinos del capital concentrado, la derecha política y los medios monopólicos de incomunicación.

El 20 de julio los tres fondos de acreedores difundieron por todos esos canales amigos su respuesta negativa a la última oferta gubernamental. El agravante fue que el ACC, que en principio había manifestado su acuerdo con lo propuesto por Guzmán, también suscribió ese rechazo. Fintech y Gramercy, los más amigables, quedaron en minoría y abandonaron ACC, que orgánicamente se alineó con los otros dos más intransigentes y liderados por BlackRock.

De ese comunicado tripartito lo más preocupante para Fernández y Guzmán es que, además de reiterar sus demandas máximas disfrazadas de mínimas, es que les mostró sus músculos al aclarar que ellos tres tienen el 30 por ciento de los bonos que se están negociando. Con eso le dijeron al gobierno que su cuarta oferta no podrá lograr el 66 ni el 85 por ciento de aceptación de los acreedores (según corresponda a unos y otros títulos) como para poder obligar a todos los bonistas a aceptar la propuesta del Estado argentino.

Primero, auditoría
Cada una de las partes embellece su programa.
Según el gobierno argentino su propuesta de pago es muy exigente, pero resultaría compatible con pagar y volver a crecer, algo muy dudoso.

Por el lado de los fondos, aseguran que cobrarían 56,3 centavos, pero de todos modos el país pagaría 35.000 millones de dólares menos. Guzmán en cambio advirtió que “aceptar lo que ellos piden significa más desempleo, tener que, por ejemplo, ajustar jubilaciones”.

Todos esos números son ominosos por los graves sacrificios que implicarán para los argentines. Los 64.800 de dólares que se vienen negociando (más intereses devengados, 66.000 millones), implicarían en la oferta de Guzmán abonar 91.700 millones de dólares por capital e intereses hasta el año 2041. Los bonistas exigen 7.000 millones de dólares más que ese planteo gubernamental, o sea casi 99.000 millones.

Estos buitres alegan, mentirosos, que entre esos 99.000 millones que quieren cobrar y la deuda actual que se renegocia, 64.800 millones, ellos estarían “beneficiando” a Argentina en 35.000 millones de dólares menos. A esta falacia la difunden como verdad mediante Clarinete y Desinfobae.

Pagar hasta 2041 los 91.700 millones que ofertaron Fernández y Guzmán, o abonar en ese lapso 98.700 millones como quieren BlackRock, Monarch y demás buitres, no es lo mismo pero muy parecido. Del fondo del mar, 8.000 metros, quedaríamos mil metros más arriba, pero lejos de la superficie. Ahogados.
Y lo peor es que se acepta pagar este tramo (falta la deuda en dólares de tenedores locales, el fugado crédito macrista con el FMI, la deuda con el Club de París, etc) sin haber hecho una auditoría previa, para discernir qué es legal y qué no lo es.

Pagar a ciegas una factura en gran parte ilegítima es un acto de grave irresponsabilidad política. Lejos de desendeudamiento, esto implicará mayor deuda y pagos, con el agravante de reanudar esos giros en 2021 cuando la economía vaciada por Mauricio Macri y luego afectada por el COVID-19 (el PBI caería este año 12,5 por ciento) estará, en el mejor de los casos, como un débil enfermo en sala de terapia intermedia.

Fernández persiste en ese grave error. Y peor aún, busca aliados dentro del país, como los monopolios del G-6. Y en EE UU, a la administración Trump, el FMI, el Council of America, Chevron, General Motors, Pfizer y las mineras. ¡A buen monte vas por leña!

ortizserg@gmail.com

miércoles, 3 de junio de 2020

Si se afloja más a los bonistas buitres va a ser peor

Por Sergio Ortiz:


Hubo acercamiento entre las posiciones del gobierno argentino y los bonistas, por mediación del FMI y la Casa Blanca. Un acuerdo de ese tipo por la deuda impondrá muchos sacrificios a los argentinos.

En abril el ministro Martín Guzmán presentó su propuesta de renegociación de una parte de la deuda externa, unos 68.000 millones de dólares, a los tres grupos de bonistas acreedores.
Las condiciones ofertadas eran un recorte del 62 por ciento en los intereses, del 5,4 en el capital y una tasa de interés del 2.5 por ciento. «De ahí no nos movemos», planteó el gobierno, porque eso es lo que el país puede pagar. Si en ese ámbito confiaron en reunir una cantidad suficiente de consentimientos, el resultado fue decepcionante pues menos del 20 por ciento dio su okey.


A partir del 22 de mayo, como tampoco hubo aceptación de los bonistas, el país ingresó en default o cesación de pagos. Lo hizo en forma mitigada porque ambas partes se dieron un plazo hasta el 2 de junio para limar las diferencias. Ahora ya se advierte que, ante las dificultades, puede extenderse otros diez días hasta el final-final.

Conscientes de que están agotándose los plazos, ambas partes, pero especialmente el gobierno argentino, han modificado sus propuestas originales. La situación es dramática, pero al cronista le viene a la memoria un tema cree de Les Luthiers donde Marcos Mundstock ponía en boca de un personaje la frase «de acá no me moveré» y reanudaba el relato diciendo «30 kilómetros al sur…».
La oferta inicial de Guzmán era reconocer a los bonos un valor de 38 centavos de dólar. Los bonistas reclamaban 55 o más y el fondo más buitre, BlackRock, 62.
Esas diferencias recorrían toda la arquitectura financiera-política: en vez de tres años de gracia, el fondo mencionado decía cero gracias: a garpar ahora.

La nueva propuesta de Economía, presentada el jueves 28 a la noche, baja a dos los años de gracia, aumenta la tasa de interés y hace otras concesiones, por lo que, de conjunto, les reconoce unos 48 o 50 centavos de dólar. En esa mejoría se incluye como «endulzante» (veneno, según se mire) un pago extra como cupón adicional. No estará ligado al PBI como en la renegociación de 2005 por la sencilla razón de que ahora no habrá crecimiento del mismo.

El FMI, la Casa Blanca y el Departamento de Estado han oficiado de amables componedores. Y lo han logrado, porque las partes están más cerca. Eso no significa que antes del 2 de junio o del 12, se vaya a anunciar el acuerdo con bombos y platillos. Hay varios miles de millones de dólares de diferencia, que están en juego; algunos bonistas están dispuestos a esperar y ligar en Nueva York para cobrar el precio nominal de sus títulos, más los intereses, comisiones y honorarios. Así lo lograron en 2015 con la llegada al gobierno de su aliado Mauricio Macri.

Lo que se pierde.
Alberto Fernández ha reiterado instrucciones a Guzmán para que parta las diferencias y firme un acuerdo con los acreedores, aún consciente del precio a pagar. En la misma sintonía, Cristina Fernández de Kirchner, habría desmentido que ella impulsara a Guzmán en dirección a un default, como eran las acusaciones de la prensa monopólica.
El sentido común indica que si los dos socios principales del gobierno, AF y CFK, están contestes en acordar y pagar, y si Kristalina Georgieva y Wall Street empujan en esa misma dirección, lo más probable es que al final habría un humo blanco de «haremos acuerdo».

Eso no se puede asegurar hoy.
En primer lugar porque hay bonistas con diferentes posiciones y algunos no están dispuestos a perder más dinero (en rigor ganar un poco menos).

Y segundo término, porque aunque el presidente quiera pagar un alto precio y lo aplaudan miembros de su administración muy afines a Washington, como el influyente Gustavo Béliz, el canciller Felipe Solá y el titular de YPF, Guillermo Nielsen, entre otros, pueden surgir voces en contra, incluso de gente de su mismo palo.
Un ejemplo tomado de las explicaciones oficiales da cuenta de lo injusto de ese pago. Según Fernández y Guzmán, uno de los argumentos que usan para rechazar las mayores demandas de los fondos es que con el FMI tienen acordado un tope de pago de la deuda equivalente a 3 puntos del PBI. Como el PBI argentino es de 350.000 millones de dólares, 3 puntos equivalen a 10.500 millones de dólares a pagar cada año.
¿El gobierno aceptará abonar semejante cantidad de dinero por una deuda odiosa e ilegítima, incluso ilegal en varios de sus tramos y bonos?

No son pocos los argentinos que antes de sellar un compromiso de ese tipo plantean que se debe analizar sus vicios, sobre todo acumulados en los cuatro años del macrismo, de unos 150.000 millones de dólares.
Las dudas sobre aquella legalidad se acrecentaron luego del informe del Banco Central sobre la fuga de capitales, publicado el 14 de mayo. Allí se plantea que esa «formación de activos en el exterior» (sic) alcanzó la friolera de 86.200 millones de dólares. Y el gobierno no puede desconocer de quiénes se trata, porque el titular del Central tiene toda esa data, aunque se ha cuidado de darla a publicidad.
De todas maneras, en El Cohete a la Luna y LA ARENA del 17 y 24 de mayo Horacio Verbitsky publicó que los mayores fugadores de divisas fueron Paolo Rocca, Héctor Magnetto, Marcelo Midlin, Luis Pagani, Miguel Acevedo y otros monopolistas.

Las dudas son varias. ¿Hay que pagar o auditar primero? En caso de pagar, no solamente se deben discutir los montos y fechas sino también de dónde deben salir los fondos para esas erogaciones. ¿Es muy alocado y patriótico sugerir que los fugadores de divisas aporten de sus peculios para ese pago?

Vivir con lo nuestro.
Rocca y el clan de los miserables no quieren poner plata para el aporte extraordinario del impuesto a la riqueza, proyecto que sigue navegando entre las nubes de Úbeda, diría Vicente Saadi. Tampoco para pagar los salarios de su propio personal. Es vergonzoso que el Estado haya aportado el 50 por ciento para eso a Techint, Clarín, Vicentín, Arcor y otros fugadores de capital, en el marco del programa de asistencia ATP que iba a beneficiar a Pymes y empresas de hasta 800 empleados y luego no tuvo topes.
No pagan los salarios de su personal, no quieren hacer el aporte excepcional a las grandes fortunas y menos abonar de su bolsillo la deuda del país que ellos endeudaron y vaciaron sobre todo en los años de Macri, pero también antes y después.

Si los bancos recibieron del Central el importe de sus inversiones en Leliq por miles de millones de pesos y fueron a comprar dólares a 60 pesos que hoy cotizan al doble, y no hicieron ningún aporte. Si los exportadores están aguantando en los silos en espera de la devaluación para cobrar sus ventas a un dólar de 120 pesos. Si los ricachones no quieren pagar el impuesto a la extraordinaria riqueza. Si los monopolios se hacen pagar el sueldo de sus empleados y jerarcas. Si no se avanza sobre las 950 cuentas de argentinos con millones de dólares no declarados en el exterior, etcétera.

Si eso es así, y la realidad indica que lo es, entonces el gobierno, que a su vez ha visto disminuida su recaudación en más del 35 por ciento, seguirá afrontando los mayores gastos sociales dándole duro a la maquinita de imprimir billetes. Y eso significa un grave peligro inflacionario a un plazo no largo sino corto o a lo sumo mediano.

Hoy se supo que en abril de 2020 se perdieron 91.237 empleos en relación al mes anterior, marzo, cuando empezó la cuarentena. Si la comparación se extiende hasta abril de 2019, la disminución de empleos llega a 254.244 puestos, un 40 por ciento correspondientes a la construcción.

Si tanta gente perdió el empleo y hoy no puede hacer changas o lo hace en mínimo grado por la caída de la actividad y la cuarentena, entonces es posible que la pobreza no afecte al 35 por ciento de la población, sino que puede rondar el 50 por ciento, como en la peor crisis del 2001.

En estas condiciones económico-sociales es muy equivocado que el gobierno nacional proponga a los bonistas el mencionado plan de pago. Aun suponiendo que le aceptaran el inicio de pagos en dos años, en 2022, eso será una locura, por lo siguiente: la economía argentina caerá 9 puntos en 2020 y se supone que con mucha suerte puede crecer 9 puntos en 2021. O sea que, en 2022, cuando se debería comenzar a pagar esos 3 puntos del PBI (10.500 millones de dólares anuales), la economía estaría en el mismo nivel de 2019 (menos 9 en 2020 y más 9 en 2021). ¿Cómo pagar en 2022 semejante cantidad de dólares de una deuda no investigada con la misma y debilitada economía de 2019, que venía de dos años seguidos de caídas?

No es sólo que las cuentas no dan. No es justo que los sacrificios vuelvan a reclamarse de hecho a los trabajadores, jubilados, cooperativas, Pymes y demás sectores populares. Esta vez habría que desobedecer y patear el tablero de los fondos buitres (hay que llamarlos por su verdadero nombre). Y entonces pasar a «Vivir con lo nuestro», diría el gran Aldo Ferrer.

Cuando aún no pagaron nada, esos monopolios por medio de intelectuales orgánicos de decadentes neuronas mienten con que este gobierno es una «infecta dura» y que «la democracia está en peligro». Aunque usen barbijos, aquellas patronales y estos tipos contaminan…
ortizserg@gmail.com

martes, 3 de septiembre de 2019

Se profundiza el proceso de desintegración regional en el Mercosur



Por Lic. Roberto Chiazzaro:

Desde el momento en que se hicieron públicos los resultados de las PASO (elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias), en la República Argentina, Jair Bolsonaro y dos ministros de su Gabinete, los de Hacienda y RR. II, manifestaron públicamente, que, de resultar electo, en la República Argentina, el candidato Alberto Fernández, la República Federativa del Brasil, abandonaría el Mercosur.
El argumento esgrimido para lanzar tamaño exabrupto, que sorprendentemente no fue cuestionado por la Cancillería argentina, fue que las políticas aplicadas, oportunamente, por los gobiernos kirchneristas, entorpecieron la celebración del Acuerdo con la UE, el cual recientemente ha sido negociado. Por otra parte, durante la campaña electoral, Alberto Fernández, en más de una oportunidad, manifestó, que si resultaba electo presidente de la República Argentina, revisaría los contenidos del mismo.


El Acuerdo aún no está firmado, falta que se proceda a la revisión legal del texto y que se efectúen las traducciones correspondientes, para que los Cancilleres estén en condiciones de firmar los textos del Acuerdo y remitirlos a sus respectivos Parlamentos, para su aprobación. Resulta evidente que estos eventos se llevarán a cabo cuando asuma el próximo Gobierno argentino, el cual será, de neto perfil kirchnerista.

El Acuerdo Mercosur UE consta de tres pilares, el económico, el político y el de cooperación; los pilares políticos y de cooperación, por sus características y contenidos, son de naturaleza intergubernamental, por lo cual, requieren que cada uno de los miembros de la UE deban aprobarlos en forma individual, lo cual implica un proceso sumamente lento y engorroso.  Por el contrario, el pilar económico – comercial es supranacional, por lo cual entra en vigor luego de la revisión jurídica y la aprobación por parte de la Comisión Europea y del Parlamento Europeo (ambos organismos supranacionales de la UE). Este pilar es el más relevante para los integrantes del Acuerdo, y su aprobación implica un trámite más simplificado. 
De acuerdo a información proporcionada, se entiende que si un país decide no firmar el Acuerdo, que ya está negociado, los demás pueden decidir seguir adelante, o sea se podría obviar la supuesta oposición de la Argentina

 La única limitación que existiría es la Res 32/00 del Consejo Mercado Común , la cual  en su Art 1 dice que los miembros del Mercosur reafirman el compromiso de” negociar en forma conjunta los Acuerdos de Naturaleza Comercial con terceros países o agrupaciones de países extrazona en los cuales se otorguen preferencias arancelarias” Dado que, si bien es cierto que el Acuerdo no ha sido firmado, pero si negociado, cada uno de los miembros del Mercosur puede firmar y ratificar, individualmente el mismo.

Lo relevante de esta interpretación de la Res 32/00 del CMC es que, seguramente, las Cancillerías de Uruguay, Paraguay y Brasil, estén de acuerdo con la misma, lo que implica apostar a la flexibilización del Mercosur.  Esta apuesta genera la posibilidad, para los miembros del Acuerdo, de negociar a diferentes velocidades, lo cual, como ya lo hemos dicho, elimina la posibilidad que una Argentina kirchnerista se oponga a la puesta en práctica del Acuerdo Mercosur UE.
    
 El exabrupto de Jair Bolsonaro, al proferir la amenaza de abandono del Mercosur, apunta a concretar un giro de 180° en lo que respecta a las definiciones estratégicas asumidas en la Declaración de Foz de Iguazú firmada el 30 de noviembre de 1985 por los presidentes de Argentina, Raúl Alfonsín y por el presidente de Brasil, José Sarney.  Acuerdo estratégico este, que nacía al unísono del restablecimiento de la Democracia en ambas Naciones, el cual, dejando de lado la hipó tesis bélica, sentó  las bases de un proceso de Integración Regional, que tendrá  su momento culmine cuando se produjo el nacimiento del Mercosur. La Argentina y el Brasil sellaban así una Alianza estratégica que hasta el día de hoy no se ha visto erosionada.

Dos son los motivos que impulsan a Bolsonaro a dar este paso, el primero de ellos es otorgar un respaldo a Macri en su disputa electoral con Alberto Fernández, una victoria de éste, unida a la de AMLO y a las muy probables del Frente Amplio de Uruguay y de Evo Morales en Bolivia, podrían llegar a interpretarse como la continuidad y la vigencia de los Gobiernos Progresistas en América del Sur y una temprana y estrepitosa derrota del macrismo neoliberal.

El segundo motivo amerita llevar a cabo un análisis previo del proceso que llevó a que se generase a nivel mundial un nuevo sistema de producción global, que tiene su origen en la crisis del petróleo acaecida a medidos de los años 70 y que impactó fuertemente en la estructura económica mundial. Las grandes Empresas Transnacionales buscaron los medios para recuperar la rentabilidad perdida, lo cual trajo aparejado el desarrollo de un nuevo sistema de producción global y la paulatina pérdida del “Estado de Bienestar” que se había desarrollado a lo largo de los Años Dorados, en el seno de los países desarrollados, en aquel entonces, como suele suceder, el peso de la crisis lo pagaron los trabajadores.  

 Es así que vamos a asistir al proceso de deslocalización de la producción de los países centrales hacia la periferia, fundamentalmente hacia los países asiáticos en donde hay abundancia de materias primas y mano de obra barata.

En esta llamada Nueva División Internacional del Trabajo, las potencias centrales mantuvieron esencialmente las tareas de innovación, diseño y comercialización, mientras deslocalizaban las tareas más simples de la manufactura. Con el tiempo se comenzaron a deslocalizar tareas cada vez más complejas, no obstante, la lógica central de esta nueva división del trabajo seguía siendo la misma.

Este proceso permitió la acumulación de grandes ganancias a las Transnacionales de los países centrales, pero generó en los mismos la fragmentación de la clase trabajadora. Se dio un proceso por el cual los trabajadores más calificados se especializaron en tareas de innovación y diseño, ganando, por lo tanto, elevados salarios. Los que no tenían estas capacidades, como consecuencia del proceso de deslocalización, perdieron sus puestos de trabajo y tuvieron que emigrar hacia el sector de servicios, percibiendo bajas remuneraciones.

El sector financiero fue otro de los ganadores en este proceso de la deslocalización de la producción, grandes flujos de dinero ingresaban a los EUA producto de la remisión de utilidades e inversiones los cuales proveían crédito para los consumidores, capitales para la inversión directa en corporaciones estadounidenses o alimentaban la adquisición de deuda pública de los EUA.
La caída del Muro de Berlín y la implosión de la Unión Soviética produjo una transformación del mundo bipolar al unipolar, la hegemonía de los EUA, en todos los aspectos, resultaba, en aquel entonces, incuestionable.

“Sin embargo los hechos parecen demostrar que esa hegemonía estaba, muy lejos de ser eterna, más allá de la capacidad de los medios de comunicación para elaborar una “pos verdad”, en la actualidad, nociones como el éxito del capitalismo, la invencibilidad de los EUA, su superioridad científica y tecnológica, las óptimas condiciones de vida de su sociedad, su hegemonía militar, etc. resultan ser absolutamente cuestionables. Es que, el orden mundial, una vez más, ha sufrido una mutación, el mundo unipolar se ha transformado en un mundo multipolar, manifestándose en una cierta superioridad, económica, científica, tecnológica y militar de China y Rusia, en múltiples aspectos, siendo este el eje principal de la conflictividad global actual.”

El declive de la potencia hegemónica, lleva a esta a modificar su estrategia en materia de política exterior, extremando su agresividad, y provocando una alteración en la estabilidad del sistema internacional. Se generan multiples tensiones, fundamentalmente con China y Rusia, pero también con sus aliados de la UE, con Canadá, México, Turquía, Irán, Siria, Cuba y muy especialmente con Venezuela.

Esta estrategia desarrollada por los EUA, explica la llegada de un Donald Trump, a la presidencia, debido a la necesidad de enfrentar los nuevos desafíos a la que se encuentra sometida la hegemonía estadounidense.
Desata una Guerra Comercial con China, bloquea económicamente a Rusia e Irán, y desembarca una vez más en su “Patio Trasero”, nuestra América Latina, desempolvando la vieja doctrina Monroe, “América para los americanos” del norte agrego yo, intentando desplazar a China y Rusia de la misma.

Esta tarea se ha visto favorecida por el acceso de las derechas sudamericanas a los gobiernos y que apuntan a dejar de lado el tipo de integración regional que avanza más allá de lo meramente comercial, estando en un todo de acuerdo con la estrategia esbozada por Donald Trump, quien ha señalado expresamente, que los EUA privilegian la negociación bilateral y asimétrica.

Desplazar la presencia de China y Rusia de la Región no será por cierto una tarea fácil, China es el primer cliente comercial de prácticamente todos los países de la región y es la mayor consumidora de las commodities que producen en la misma. Es también, actualmente, el mayor proveedor de Inversión Extranjera Directa, de insumos de bienes de capital y de consumo, desplazando en la Región la presencia norteamericana en casi todos estos escenarios.

 Como bien lo señala Diego Hernández Nilson surge en la Región un Nuevo Panamericanismo que no solo reacciona contra el “giro a la izquierda” y al “regionalismo pos hegemónico latinoamericano” liderados por Brasil, la Argentina de Macri, Chile y Colombia, buscando un realineamiento continental tras los EUA, cuyas expresiones más ostensibles han sido la propuesta de Prosur o el aval interamericano a los atropellos al Estado de derecho en Paraguay, Honduras y Guatemala.

Regenera además, este nuevo Panamericanismo, el antiguo bloque continental hegemónico en el que convergía la oligarquía terrateniente, los intermediarios financieros, las elites políticas y los ejércitos de la doctrina de la seguridad nacional; en su nueva versión donde se agrega un nuevo sector financiero ligado al lavado de activos y las iglesias evangélicas.

Este realineamiento panamericano adquiere un significado mayor a la luz de las transformaciones recientes del sistema internacional: se abandona el multipolarismo esbozado en la última década (un mundo de regiones), para pasar a una nueva estructura bipolar que divide al mundo entre los renovados bloques occidentales y euroasiáticos (guerra comercial incluida).La tensión mundial hace que para Estados Unidos sea fundamental contar con el alineamiento continental, como sucedió en otras coyunturas similares.
En la actual disputa hegemónica mundial, el bloque occidental abandona el liberalismo político, asumiendo un discurso occidentalista, asociado a la aparición de la nueva derecha conservadora y autoritaria (Trump, Brexit, Vox, Orbán y el propio Bolsonaro), que no solo rechaza al socialismo y a la social democracia, sino también al liberalismo y el institucionalismo. De esta forma, además del alineamiento geopolítico de países, los aspectos ideológicos asumen una renovada importancia. Hay una derecha conservadora que tensa la posición de occidente en la disputa.

Brasil y su oligarquía conservadora son un jugador activo e importante en la actual disputa. Como bien decía Henry Kissinger: Hacia donde vaya Brasil, irá América Latina” y en tal sentido resulta sumamente significativa la declaración llevada a cabo por el Ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes:” Oficialmente estamos en negociaciones con Estados Unidos para un Acuerdo de Libre Comercio”, y queda claro entonces cual fue el segundo motivo para anunciar el posible abandono del Mercosur. Si la Argentina kirchnerista pone trabas a la celebración de un TLC con los EUA, Brasil abandona el Mercosur y lo negocia, como Trump prefiere, bilateralmente.

Los EUA priorizan un TLC bilateral con Brasil, el país con mayor territorio y población de América del Sur, con un importante mercado interno y una enorme reserva de recursos energéticos y naturales.
Sin dudas Trump desea recuperar Brasil de la influencia china, no fue casual la visita del Secretario de Comercio de los EUA Wilbur Ross, proponiendo, ante la implosión de Oderbrecht, cuantiosas inversiones en infraestructura, y ante la liberalización de las reservas de hidrocarburos del Pre-Sal, debido a la desarticulación de Petrobras, manifestó el interés de las grandes petroleras norteamericanos de participar en la explotación de las mismas.

La competencia que están llevando a cabo los EUA en Brasil, buscando desplazar la presencia de China implica reforzar los vínculos militares entre ambas naciones,
En ese sentido han sido múltiples los ejercicios militares llevados a cabo entre los ejércitos de ambas naciones y finalmente Brasil ha accedido a la firma de un acuerdo por el que liberará el uso de la Base de Alcántara por los EUA. De eta forma la Nación del Norte obtiene una base de lanzamiento de satélites que permite un acceso privilegiado a la órbita geoestacionaria.

Los EUA han logrado la sumisión de Brasil, el Gobierno de Bolsonaro le ha permitido lograr el mayor éxito geoestratégico de las últimas décadas. Lejos están aquellas iniciativas de Brasil para crear un bloque sólido en América del Sur con tendencias hacia un progresismo de izquierda. En lugar de ello todo indica que vamos camino a la celebración de múltiples Acuerdos Bilaterales con la potencia hegemónica, van quedando sepultados los sueños de una integración regional profunda y las aspiraciones de construcción de una Patria Grande, libre y soberana.

Documentos de consulta:
Política Exterior del Uruguay en el actual contexto Regional e Internacional
Roberto Chiazzaro
El Brasil de Jair Bolsonaro
Diego Hernández Nilson
América Latina en la Reconfiguración de la Economía Mundial
Sergio Martin Carrillo y Pablo Quiñonez Riofrio.
chiazzaroberto@gmail.com


sábado, 3 de noviembre de 2018

La Dictadura de los Privilegios en las Falsas Repúblicas


Por Norma E Ferreyra: 
Voy a referirme a mi país, porque es el que más conozco, aunque no voy a hablar exclusivamente, del actual gobierno argentino, sino de todos los anteriores, que instauraron o toleraron en la Constitución Nacional, un sistema que podía vulnerar y autodestruir los derechos que decía proteger, cuando en realidad, los único que se protegían fueron los derechos de los ricos y  sus privilegios, con el beneplácito del propio pueblo, que culto o inculto, fue inoculado desde los claustros universitarios, con conceptos erróneos, que hoy ven caer sobre sus cabezas, con asombro, hasta los más expertos “intelectuales” salidos de estas “Universidades del Poder Mundial” que no sólo nos invadieron el territorio, sino lo que es peor, nuestras mentes. Y lo hago extensivo a todos los países del mundo que no son libres. A la vez, aprovecho para hacer un “mea culpa”, porque también me dejé engañar en esas aulas universitarias, en un momento ingenuo de mi vida.

Los ideólogos de la Revolución Francesa. en su afán de destruir la Monarquía, que era un sólido escollo para dividir al pueblo, a quien el Rey representaba para oponer su peso a los nobles, es decir a la oligarquía. Los Revolucionarios  traían entre las manos la trampa del “divide y reinarás” que fue el verdadero motivo planificado de la destrucción monárquica. El rey, vestía ropas lujosas, muy pesadas e incómodas y  a su palacio podía entrar el pueblo y permanecer allí para verlo.

Cuenta Carlos Puyuelo Salinas, en su magnífico libro” La Monarquía y la República” dijo,  que cuando María Antonieta dio a luz, tuvieron que romper una ventana de su cuarto, porque se asfixiaba, por la cantidad de gente que presenciaba el parto. Señaló que los palacios eran malolientes, debido a la gran afluencia de gente que siempre había, de lo que deducimos que ser el Rey no era algo muy agradable, si comparamos con la vida de los nobles. Por otra parte, dice que dichos reyes, no se defendieron de los revolucionarios, por no levantar el ejército en contra el pueblo, al que debían defender, cuya consecuencia fue que fueran decapitados. Por otra parte, todos sabemos lo que fue la tiranía dictatorial de Robespiere, que los sucedió, bajo la patraña de la igualdad, libertad, fraternidad y cuanta mentira fue sucediendo en el tiempo. Lo cierto  fue que el “dividir para reinar” era la causa para apoderarse del mundo  y eso,  fue efectivo hasta hoy. Y más aún, cuando inventaron el balotaje, ya que entre dos, todo es más manipulable, teniendo en cuenta que el hombre se vende por el oro y por monedas, según su precio.

Pero vayamos a las Constituciones de las Repúblicas, que se  fueron copiando de los EEUU, de Inglaterra, Francia, etc. Nunca de Países vencedores en Revoluciones como México, ni  Cuba, ni Venezuela, en fin, de los que acertaron en asegurarse ciertos derechos, para contrarrestar el poder invasor extranjero de los países dominantes. De modo que la oligarquía quedó asegurada, en lo que se llama, la parte pétrea e inamovible de las constituciones, como la nuestra, donde quedan salvaguardados los derechos de los ricos oligarcas en detrimento de la clase obrera, que genera la riqueza. Así, se le asegura al rico el derecho a heredar sin límites, tanto  propiedades como el dinero sus padres y parientes, su derecho a la propiedad privada, en detrimento de los derechos sociales. Por eso, están envenenando sin control a los argentinos, a causa de las Mineras y Monsanto, con las semillas transgénicas y sus tóxicos, aparte del flúor y cloro en el agua que bebemos y de metales pesados que contiene el aire.

La República nos trajo los partidos políticos, la división de Poderes que teóricamente, deberían  controlarse entre sí, pero que en realidad forman un complot perfecto, donde  se instalan en la Cámara de Senadores y en la  de diputados, pero donde jamás va un pobre.  Todo está tan desnaturalizado, que el ejército de la patria, se usa contra el mismo pueblo que debe defender, para reprimirlo. Los Jueces son prácticamente vitalicios, forman parte de uno de los  Poderes de Gobierno y por supuesto, nunca son justos, pues son dependientes del Poder Político. Un país con justicia inexistente, donde no es gratuita, como debería ser, porque el derecho a la Justicia, es el principal derecho humano, después del derecho a la vida.

La Legislatura tiene dos Cámaras, aunque con una basta porque el pueblo es uno, pero así postergan las leyes y las resoluciones, porque hay un quórum que se maneja a voluntad, donde se puede faltar a todas las reuniones manteniendo el cargo y donde se vota, con voto cantado, para que quien le paga el voto, sepa si votó como le dijo, cuando el voto de ese poder debe ser obligatorio y secreto con los que estén presentes. Y se deberían reemplazar después de 5 faltas.

Un poder Ejecutivo que puede vetar leyes  y  legislar, presentando proyectos,  cuando para eso está la legislatura y el pueblo. El ejecutivo sólo  debe ejecutar lo que el pueblo decida con sus legisladores. Los partidos políticos, son esos entes corruptos que mandan a los legisladores a votar de tal o cual forma.  O sea hay una partidocracia o corruptocracia.

Ni hablemos de la Publicidad de los actos de gobierno, los que deberían ser siempre grabados y emitidos en el acto por la web o por cualquier otro medio público. Hay medios  periodísticos, donde los ciudadanos no participan, sólo escuchan mentiras y más mentiras. Esto está previsto como delito penal para las personas, cuando se comete una estafa o fraude, mediante cualquier ardid o engaño. Diré que existe ese fraude, cuando se usa indebidamente e intencionalmente, un ardid para manejar el resultado final de una votación, mintiendo el resultado. o cuando las promesas electorales,, no se corresponden con las acciones cuando se asume el cargo. O  son contrarias a lo prometido en campaña.  Mucho más, cuando se asegura, como lo hizo Menem, que si decía lo que iba a hacer, no lo hubieran votado. Es terrible tener que admitir que Macri ha realizado el mismo ardid y engaño, para estafar a quien lo votó.

Los poderes de la Nación no tendrían que poder vender tierras a extranjeros. Las tierras agrícolas deberían tener un máximo de extensión para un solo dueño, siempre nacional. Las fumigaciones agrícolas no tendrían que ser realizadas por el agricultor sino por una empresa nacional que controle los tóxicos. Para ello, se debería prohibir su venta directa. Nadie tiene derecho a envenenar a las personas, los suelos y las aguas, cuyos controles que deberán estar en manos del Estado.

Otra pésima costumbre antidemocrática es que el Estado nombre  Ministros que el pueblo no elige  y que en la práctica, son los que realmente gobiernan, sustituyendo al presidente. O permitir que se vendan las empresas nacionales. Entre muchas otras cosas, que debemos modificar es que haya trabajos en empresas estatales, que cuando muere el titular, se ocupan por parientes  del muerto.(derecho sucesorio de injusto privilegio) Igualmente hay profesiones Universitarias (Escribanos) que se ingeniaron para tener un cupo reducido y los que se reciben, no acceden nunca a ejercer su profesión y donde, además, se puede acomodar a un pariente, un injusto privilegio  en detrimento de una profesión, que debería tener libre acceso.
 Esto y mucho más puede verse en una Republiqueta indigna y humillante, como la mayoría de Latinoamérica, donde nadie trata de modificar nada, salvo Venezuela, Cuba, Bolivia, que son un ejemplo en la región..

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