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lunes, 12 de agosto de 2019

Es una constante en el imperio, pero agudizada con el xenófobo Donald Trump.


Por Sergio Ortiz:
El fin de semana del 3 y 4 de agosto tuvo dos masacres en EE.UU., con al menos 32 muertos.

Es larga la historia de masacres perpetradas en Estados Unidos dentro de escuelas, locales comerciales, bares, boliches bailables, recitales, cuarteles y dependencias municipales. No están asociadas a un color político, demócrata o republicano, aunque últimamente han recrudecido bajo la administración del neonazi Trump.

Ese fue el caso de la producida el 3 de agosto en el interior de un supermercado Walmart, en la ciudad El Paso, Texas, ciudad fronteriza con México. Allí un joven supremacista blanco (eufemismo utilizado por los medios para no decir neonazi) asesinó con un fusil AK-47 a 22 personas e hirió a tres decenas.
El lugar elegido para la matanza, El Paso, tiene 680.0000 habitantes, con 85 de su población hispana, sobre todo de origen mexicana. La ciudad y el Estado de Texas son centro de los ataques políticos y controles policiales y militares del gobierno de Trump contra los inmigrantes.


Según el presidente, por esa frontera ingresa una invasión de delincuentes, narcotraficantes y asesinos, por lo que existen en sus alrededores muchos centros de detención de los inmigrantes. Se los detiene al traspasar la línea fronteriza, incluso les separan a los hijos menores. Más de 2.000 criaturas habían sufrido esa separación en el último año.

En octubre de 2018 Trump había condenado a los inmigrantes latinos que pugnaban por entrar a territorio estadounidense huyendo del hambre y conflictos en sus naciones centroamericanas. «¡Esta es una invasión de nuestro país!», dijo y envió 5.200 soldados a reforzar la frontera.
El autor de la masacre del 3 de agosto en el Walmart de El Paso, Patrick Crusius, antes de empezar a los tiros con su fusil subió a un foro web de xenófobos sus comentarios de por qué estaba a punto de asesinar gente. Su manifiesto destilaba odio hacia los inmigrantes.

Queda a la vista la identificación política e ideológica del criminal con el ocupante del Salón Oval, porque una de las constantes de sus políticas viene siendo la condena a los inmigrantes como delincuentes e invasores. No se crea que solamente calumnia así a los mexicanos de a pie. El 14 de julio les reclamó a cuatro mujeres de la Cámara de Representantes «que se vuelvan a sus países». El úkase fue para Ayanna Pressley, Alexandria Ocasio-Cortez, Rashida Tlaib e Ilham Omar.

Varios factores.
Al día siguiente de El Paso, en Dayton (Ohio), hubo otro tiroteo a manos de otro asesino joven y blanco, Connor Betts, que dejó 10 muertos y muchos heridos. Según la ONG Gun Violence Archive, el número de tiroteos masivos (donde las víctimas son al menos cuatro, sean muertos o heridos) en lo que va del año asciende a 252. Según esa fuente, durante 2019 hubo 32.553 incidentes armados que dejaron 8.577 muertos, 17.016 heridos y 377 víctimas menores de 11 años, entre heridos y fallecidos.

Por supuesto, un fenómeno tan grave como ese no puede tener una sola causa sino que concurren varias.
El diagnóstico más simplista adjudica estas masacres a que hay gente con problemas mentales. Sí, pero las estadísticas arrojan que sólo el 15 por ciento de los involucrados padecía esas enfermedades. Claro que en el imperio hay mucha gente loca, o enloquecida, pero eso no explica el problema.

Otra evidencia, cierta, es que en EE.UU. hay autorización legal para comprar y portar armas, en base a la II Enmienda. Resultado: sobre 321 millones de habitantes hay 290 millones de armas, unas 89 armas cada 100 personas. Incluso se pueden comprar fusiles de asalto en trámites que insumen 15 minutos.
Por ejemplo, Walmart los vende y aseguró que no piensan dejar de ofrecer armas y municiones ni siquiera luego de la masacre de El Paso. Su vocero Randy Hargrove, declaró: «Desde Walmart estamos enfocados en apoyar a nuestros asociados, nuestros clientes y toda la comunidad de El Paso».

Quiere decir que los negocios de las empresas fabricantes de armas y las diversas cadenas de comercialización son parte del problema, y no de la solución. Y junto con ese lobby aparece la pata política, ultraderechista, de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), que fogonera la venta y el uso de armas, y tiene un intenso poder político al mover a 4 millones de votantes y unos cuantos millones más de dólares de aportes a los candidatos de uno y otro partido del bipartidismo yanqui.

Nobleza obliga, si bien el problema de las armas y la xenofobia es de ambos, los demócratas han propiciado algunas limitaciones a la venta de armamento, sobre todo luego de algunas masacres.
Las dos últimas también van a originar movidas similares en el Congreso, pero hasta ahora siempre han fracasado.

Por cierto que el número de masacres y de víctimas fatales y heridos (más las heridas psicológicas que quedan en los sobrevivientes y sus familias) podría acotarse parcialmente con una severa limitación de la venta de armas.

Sin embargo el meollo del drama es político y cultural, no legal ni administrativo. EE.UU. es un imperio belicista que naturaliza la invasión y los crímenes en otras naciones, a las que oprime, desprecia y discrimina. Si su gobierno comete esos crímenes en el exterior, ¿qué tiene de extraño que muchos de sus habitantes los copien fronteras adentro?.

Lo cultural tiene mucho que ver. Buena parte de los 321 millones de estadounidenses, a despecho de grandes pensadores como Noam Chomsky, tienen un bajo nivel cultural. Mucho Hollywood, héroes como Charlton Heston, Batman y cow boys; mucho juego, casinos, droga, Wall Street y espionaje, etc.
Pregunta final, que aclara el concepto: ¿por qué tantas masacres en EE.UU. y ninguna en Cuba? Respuesta obvia, en el país socialista hay otros valores y una cultura de gran nivel. Pueden ser pobres de dólares por culpa del bloqueo, pero son muy ricos en cosas que no cotizan en Bolsa.
ortizserg@gmail.com

sábado, 27 de julio de 2019

EE. UU e Inglaterra quieren Volver Hacer Grandes volviendo a la piratería


Por Rolando Prudencio Briancon:

La promesa electoral de Trump de “Volver Hacer Grande América”, si bien es un eslogan muy etéreo e impreciso; a medida que se van llevando a cabo las acciones del gobierno de Trump se empieza a evidenciar que van tomando cuerpo.

Debo admitir que en algún momento creí que era impensable que Trump las ejecutara, como la construcción del Muro, pero en otras, la decisión de volver Hacer Grande América se las está ejecutando de la manera más cínica y sofisticada. Pero además volviendo ejecutar acciones -sanciones eufemísticamente las llaman- que tienen que ver con lo que hace más de 300 años atrás las cometían los piratas de la corona inglesa.



Esa es la razón por la que si bien es verdad que se hace impensable que en pleno siglo 21 se vuelvan a esas prácticas del bandolerismo marítimo, como también se conoce la piratería, y no porque hoy se actúe como lo hacían los piratas en el pasado, interceptando barcos que transportaban tesoros; sino que por lo sofisticados que son de estos tiempos, basta hacerlo desde un ordenador; lógicamente con la complicidad de autoridades de los gobiernos que permiten que se pirateen cuentas de otros países; en especial de Venezuela como son los30 mil millones que han sido “retenidos” -otro embaucador eufemismo por órdenes de Trump.

Y el otro pivote de la piratería de nueva generación se convertido Inglaterra que dentro el escenario natural en el que actuaban sus piratas hace 300 años, ha armado un incidente de falsa bandera en el estrecho de Ormuz en el mar mediterráneo, buscando la reacción del gobierno iraní, que detuvo un barco (Stena Impero), con bandera inglesa por haber invadido el territorio marítimo iraní, violando las reglas marítimas internacionales, como ha aclarado el ministro de relaciones exteriores iraní: Javad Zafir.

Para nadie es un secreto la sociedad de intereses que ingleses y norteamericanos tienen, y han tenido a lo largo de la historia, la más reciente la invasión a Irak el 2003 cuando armaron el caso de las Armas de Destrucción Masiva, que contra la otra nación persa armaron la tramoya para el saqueo de su petróleo, y hoy contra Irán el objetivo es el control del estrecho de Ormuz, que como fue con el canal de Panamá le permita controlar el comercio del petróleo en el Medio Oriente.
Es ya una verdad de Perogrullo que los yanquis y los ingleses no hacen más que robar y luego huir; tal como lo hacía los piratas.

prudenprusiano@gmail.com