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viernes, 27 de abril de 2018

Un pueblo informado es poder colosal


Por Ilka Oliva Corado:

Los medios corporativos tienen el dinero y el poder para manipular cualquier tipo de información,  porque corresponden a intereses oligárquicos: que son los de las bandas de criminales que hacen del sistema la cadena que esclaviza a los pueblos  y enriquece a los lacayos. Estos medios corporativos tienen infinidad de rostros, apariencias y personalidades, una caja de resonancia que muchas veces aparenta ser la melodía dulce de la fantasía, que mantiene a gran parte de la sociedad dentro de una burbuja de comodidad e ignorancia. Porque un pueblo desinformado es un festín para el hambre de los lacayos.



Medios que distribuyen masivamente y meticulosamente, desinformación con apariencia de verdades y realidades que, esconden la crueldad de los gobiernos que se han postrado a los pies del amo, para recibir sobras a cambio de la opresión de sus pueblos.

Estos medios corporativos podrán tener el dinero y el poder, los tentáculos suficientes para maniobrar a su gusto en el imaginario colectivo: tanto en televisión, prensa y radio  y mucho más aún en la plataforma de las redes sociales. Pero no tienen la voz,  el corazón y la dignidad  de los pueblos enardecidos que buscan su libertad y; un pueblo informado es  el arma más poderosa del mundo, por esa razón la inversión en la desinformación es millonaria.

Los pueblos deben estar atentos y despiertos ante este tipo de adormecimiento amnésico, que busca mantenerlos sedados y ajenos a las realidades, esto como estrategias de dominación masiva.

Los ciudadanos tienen la obligación individual y colectiva  de cuestionar, investigar,  leer, divulgar y  compartir información una y otra vez por vertientes distintas, para que no se logre borrar de un plumazo la Memoria Histórica y sean la memoria  individual y colectiva los ejes centrales de la resistencia de los pueblos que se niegan a dejarse engañar y pisotear.

Es un mínimo de esfuerzo, es amor propio, es solidaridad, es consecuencia política y humana, es una estrategia de resistencia, es un empoderamiento colectivo, es pasar la estafeta, es no resignarse, es no bajar los brazos, es seguir caminando. 

Es sembrar en tierra fértil aunque los medios corporativos nos digan que son baldíos, el páramo más seco es capaz de florecer; los pueblos del mundo aún no están vencidos, nos quieren hacer creer que lo estamos pero no es así, aún no han logrado apagar el fuego de nuestras almas que mantienen el rescoldo de la dignidad de nuestras raíces ancestrales y los sueños de nuestros  mayores.

Es un mínimo de esfuerzo, es confiar en la capacidad de comprensión lectora y formular el análisis propio, que siendo diferente representa una oportunidad de resistencia, de las tantas que un pueblo es capaz de crear con su ingenio, su amor, su cultura, su lealtad y su raíz milenaria.

Es un esfuerzo mínimo mantenernos despiertos,  para salir a encontrar la alborada, porque siempre llega, aunque nos quieran hacer creer que la noche y su densa oscuridad  es una oda a la impunidad, pero tan solo es  la fuerza que nos nutre para enfrentar la luz del nuevo día.

 ilka@cronicasdeunainquilina.com

martes, 21 de noviembre de 2017

No es Venezuela, es el resto de Latinoamérica

Por lka Oliva Corado:

Mientras a nosotros, los informativos corporativos nos bombardean con noticias sobre Venezuela: que la hambruna, que la dictadura de Maduro…, en el resto del continente se vive la embestida del neoliberalismo.

Mientras nosotros, “no queremos ser como Venezuela” en nuestros países se llevan a cabo desfalcos millonarios, mueren cientos de niños por desnutrición, se llevan a cabo limpiezas sociales, nos mantienen atemorizados con la violencia común que en realidad es violencia institucionaliza, se realizan robos de tierras por parte de los gobiernos y las oligarquías; con esto oprimiendo a las comunidades que las habitan y si es necesario haciéndolas desaparecer. 



Los ecocidios abundan, pero nosotros urbanos, capitalinos, no nos damos cuenta o más bien, volteamos para otro lado porque es más cómodo: tenemos los ojos puestos en Venezuela, porque no queremos ser como ellos, nos han dicho que allá se vive un infierno de dictadura para que no nos demos cuenta que la dictadura en realidad la estamos viviendo nosotros: eso es el éxito del capitalismo y del modelo neoliberal que nos han impuesto post dictaduras en América Latina: somos esa masa amorfa que no piensa, no analiza, no cuestiona, no actúa y sobre todo solapa el abuso con su doble moral, su fe y su machismo. Porque sepan lindas flores, sin afán de marchitarles los pétalos, el capitalismo y el neoliberalismo son machistas, misóginos y sobre todo patriarcales.

Si vivimos en un modelo patriarcal los resultados son patriarcales, por eso vemos el genocidio de miles de mujeres alrededor del continente, el ataque constante a la comunidad LGBTI, a los Pueblos Originarios, a los parias. Por eso vemos a las masas exigiendo la pena de muerte, no para genocidas o culpables de crímenes de lesa humanidad, si no para los parias y si pudieran también la pidieran para los Pueblos Originarios, la comunidad LGBTI, las mujeres que quieren abortar, para todo aquel que no calza en un sistema machista, misógino, clasista, cachureco y solapador.

Mientras a nosotros nos lavan el cerebro con informativos de última hora, en los que Maduro aparece como el dictador más feroz del continente, en México, Peña Nieto ha llevado el genocidio de migrantes como su carta de presentación para agradar al hermano país del norte. También atentando contra su propio pueblo en una farsa de lucha contra el narcotráfico. ¿Quieren saber de robos de recursos naturales? Quiten sus ojos de Venezuela y volteen hacia sus propios países. ¿Corrupción? También ahí mismo, en casa, no tienen que ir tan lejos. 

Mientras nosotros despotricamos contra Venezuela, en el triángulo norte de Centroamérica, allá se ha impuesto la copia del Plan Colombia, ni decir de las masacres y las fosas clandestinas en Colombia, la cantidad de asesinatos de líderes comunitarios, de defensores de derechos humanos. Un presidente que habla de paz mientras presta su territorio para que tropas estadounidenses y colombianas traten a acorralar a la Venezuela que le ha dicho no al AlCA. Cuando Suramérica pintaba para ser un jardín florecido en primavera eterna. Fíjese usted, ahí nomás, Colombia tiene el Plan Colombia que es una surte de dictadura espontánea, como el Plan Alianza para la Prosperidad, el Plan México, Plan Frontera Sur, Plan Maya-Chortí…, y así cada país de Latinoamérica conforma un plan con Estados Unidos. Menos Cuba, Venezuela, Bolivia y sabrá el sereno si a estas últimas instancias Ecuador que está en vilo.

Era un lujo vea usted, cuando Brasil formaba parte de los BRICS. Era cuando el alba se llenaba de ese rocío dulce de la mañana, y mientras aclaraba se pensaba en la inclusión de Argentina.

Mientras nosotros decimos que queremos una Venezuela libre, en Brasil se lleva a cabo la implementación de la dictadura de Temer: un retroceso de derechos humanos y laborales y ataque sistemático contra la comunidad LGBTI. En Argentina la gente entendió perfectamente que “la patria es el otro” y no quiso compartirla, como azadones dijeron, todo mío, nada para compartir; los resultados hablan por sí mismos.

En Ecuador está en peligro la Revolución Ciudadana y si el pueblo no despierta a tiempo les pasará las del resto de continente y después llorarán las nostalgias de los tiempos bien habidos.

En el sur, Perú y Chile, en el Caribe una República Dominicana y un Puerto Rico llegando al estado de calamidad de Haití. Haití, que nadie por ella. Allá solita ella y su miseria.

No es a Venezuela a la que tenemos que salvar, tenemos que salvarnos nosotros mismos, saquemos las narices de Venezuela y actuemos en nuestros países. Es en nuestros países donde se han instalado las dictaduras del nuevo modelo: las que llevan las decisiones de los jueces afines al poder del capital. Viene con las decisiones de la Corte Suprema de Justicia, con las legislaciones de congresistas. Con leyes que benefician a las oligarquías y a las clicas criminales pero no a los pueblos.

Ese nuevo modelo de dictadura que nos distrae de lo vital para que andemos atrapando moscas en lo insustancial.

Como en la primaria, hagamos un ejercicio de tiempo-espacio. Tiempo y espacio, es decir: veamos a nuestro alrededor, ubiquémonos, andemos en él, reconozcamos en dónde estamos parados, actuemos sobre las causas que en realidad nos competen, dejemos a Venezuela en paz, que allá sabrán cómo manejar su propio tiempo y espacio. ¿Queremos liberar un país? Bueno, pues que sea el nuestro que está en carne viva y siendo mancillado por los más ruines de sus hijos. Porque no es tanto el gringo que lo compra, es el hijo que lo vende.

ilka@cronicasdeunainquilina.com