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miércoles, 2 de mayo de 2018

Revolución de Rojava la igualdad y la fraternidad como meta


Por Leandro Albani:
Cuando en 2012 los kurdos y las kurdas del norte de Siria (Rojava) declararon la autonomía de ese extenso territorio, que comparte una frontera de 900 kilómetros con el sur de Turquía, nadie prestó mucha atención a lo que significaba esa decisión. Por ese tiempo, Siria, la república gobernada desde hacía décadas por el partido Baas, era un volcán en erupción que parecía resquebrajarse cada día más. El resto de Medio Oriente y el norte de África no eran ajenos a este proceso. Cuando estallaron las masivas protestas en varios países de la región, que Occidente se apresuró a catalogar como “Primavera Árabe”, el pueblo kurdo de Rojava se sumó a las manifestaciones, pero también se colocó en una posición de expectativa. En Rojava, pese a los retrocesos sufridos años atrás, la presencia durante 20 años del líder kurdo Abdullah Öcalan y de buena parte de la comandancia del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) había dejado una siembra ideológica y política que en 2012 comenzó a ver la luz. 


La región kurda de Siria es rica en hidrocarburos y sus tierras fértiles la convirtieron en el “granero” del país; aunque las riquezas naturales están a la vista, los kurdos y las kurdas de Rojava siempre sufrieron el atraso económico y, como en las otras tres partes de Kurdistán, el Estado los intentó asimilar, negó sus derechos y, en muchas ocasiones, aplicó una represión feroz para silenciar sus protestas.

Pero en 2012 eso cambió. Bajo el paradigma del Confederalismo Democrático y en medio de una guerra que ya había dejado atrás las masivas manifestaciones civiles, en Rojava, por primera vez en la historia reciente de Kurdistán, un territorio era liberado y su proceso autonómico avanzaría hasta estos días. Con las mujeres como vanguardia y sujeto revolucionario principal, creando cooperativas en medio de la escasez impuesta por Turquía e Irak –que cerraron sus fronteras con Rojava-, acechados por Al Qaeda y luego por el Estado Islámico (ISIS), y con un nulo apoyo de las potencias internacionales y regionales, el pueblo kurdo del norte de Siria rápidamente movió los músculos de la auto organización y puso en funcionamiento cientos de asambleas barriales e inició la creación de órganos administrativos y de gobierno en paralelo a las estructuras estatales. Al mismo tiempo, se discutió y aprobó un Contrato Social, que funciona como Constitución, en donde se despliegan los lineamientos organizativos, éticos y morales, en el cual se deja en claro que el sistema de Rojava es profundamente inclusivo y democrático, y respeta la unidad territorial siria (1). Siguiendo los planteamientos del Confederalismo Democrático, también se conformaron fuerzas militares de autodefensa, conocidas como las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) y las Unidades de Protección de las Mujeres (YPJ).

El proceso revolucionario de Rojava pone en cuestión al sistema estatal que rige no solo en Siria sino en buena parte de Medio Oriente y que fue implantado en el siglo XX por Gran Bretaña y Francia. Los estados-nación, que en los casos de Siria e Irak fueron controlados por los partidos Baas que, con sus profundas diferencias, bregaron por el nacionalismo árabe, llegaron al siglo XXI en medio de una profunda decadencia, ya sea por errores propios pero también por ataques externos. El sistema que crece en Rojava pone en cuestión esa concepción estatal y apunta que esos modelos siempre fueron excluyentes y negaron a las minorías étnicas y religiosas, al mismo tiempo que dejaban de lado a las mujeres como fuerza fundamental del cambio social.

La consolidación del proceso de Rojava se concretó cuando las YPG/YPJ derrotaron a ISIS en la ciudad de Kobanê en 2015. Durante más de 150 días, los milicianos y las milicianas de Rojava combatieron a los terroristas que habían conquistado la principal ciudad del norte de Siria. En esa batalla, que los kurdos consideran su propio Stalingrado, se demostró la fortaleza moral y militar de los kurdos y las kurdas para derrotar a un grupo que todavía hoy mantiene en vilo a Medio Oriente y el norte de África.

A su vez que la guerra avanzaba, en Rojava se construyeron instituciones y organismos de gobierno, todos dirigidos por una mujer y un hombre; se crearon las casas de la mujer, como espacios de inclusión, discusión y resolución de conflictos; se incluyeron en todos los ámbitos a las tribus árabes y a minorías como los yezidíes, armenios, asirios y turcomanos; se estableció el Kongra Star (Congreso Estrella), la principal organización de mujeres del norte de Siria, con poder de decisión al mismo nivel que el TEV-DEM, uno de los principales órganos de autogobierno; y sobre todo se propuso una solución política y democrática para resolver la crisis siria.

El proyecto de Rojava, sintetizado en la constitución de la FDNS, es al mismo tiempo codiciado y negados por los poderes regionales e internacionales. Las potencias que se disputan el territorio sirio (Rusia, Estados Unidos, Irán, Turquía, Israel, Arabia Saudí y el propio Estado sirio) saben que los dos millones de kurdos que viven en Siria son fundamentales para inclinar la balanza a su favor. Pero también tienen en claro que la propuesta de la FDNS va en contra de sus intereses capitalistas, de explotación de los recursos naturales, de mantener el status quo (como desea Moscú) o destruir al Estado para convertir a Siria en Libia (como intentan Estados Unidos y sus aliados).

Luego de siete años de guerra en Siria, los pueblos del norte de Siria continúan su camino de liberación. Ni los actuales bombardeos de Turquía contra Afrin, ni el aislamiento al que son arrastrados los pueblos de Rojava por las grandes potencias, parecen detener un cambio social inédito en Medio Oriente. El futuro de Rojava depende de la capacidad de resistencia de sus pueblos y de la profunda solidad internacional que nace como un huracán en la conciencia y corazones de los condenados de la tierra.

Notas:
(1) El Contrato Social original fue modificado cuando los pueblos de Rojava declararon la creación de la Federación Democrática del Norte de Siria (FDNS). Para leer el texto: https://rojavaazadimadrid.wordpress.com/2018/04/04/contrato-social-de-la-federacion-democratica-del-norte-de-siria/
leandroalbani@gmail.com

miércoles, 7 de marzo de 2018

La Venezuela Heroica del Ayer y de Hoy


Por Omar Hassaan:

Los últimos dos años han sido muy difíciles para Venezuela, sin duda alguna. El hecho de que la sociedad venezolana no ha colapsado hasta los momentos, es un auténtico milagro, y ese milagro pertenece al heroico pueblo venezolano. Es ese pueblo el que ha resistido una embestida tras otra, y aún su sociedad sigue funcionando. A penas funciona, quizás dirían unos, pero el hecho de que aún se mantiene intacta es, por sí mismo, una extraordinaria obra de paciencia y resiliencia, demostrando que el noble pueblo de Bolívar posee un umbral de dolor bastante elevado, al par de pueblos como el de Stalingrado durante los terribles años de 1942 a 1943, o el de la Franja de Gaza, desde el hurto de sus tierras en 1967, y hasta los momentos.



El pueblo venezolano sigue resistiendo, sigue demostrando la paciencia del propio Job (invito a mis hermanos cristianos a leer del Libro de Job, en el Antiguo Testamento), resistiendo una opresiva prueba tras otra, mientras el venezolano sigue exhibiendo orgullosamente su fidelidad a su país, su nación y su propia sociedad. La prueba misma es si el venezolano abandona la vida en sociedad y decide destruir la misma, o lucha por lo suyo y no permite que se derrumbe su hogar y su patria. Con cada día que no se materializa el anhelado estallido social, el venezolano pasa la prueba de adversidad impuesta por sus enemigos, sean quien sean los mismos. Con cada día que la gente sigue funcionando en sociedad, se gana la batalla por la destrucción o salvación de Venezuela, y así de simple es la ecuación.

Pero esta resistencia y capacidad de sostener los golpes de los enemigos y el destino, no es nada nuevo para Venezuela. Todos hemos leído sobre el gran sufrimiento que marcó el nacimiento de esta gran nación, entre los años 1810 y 1821, cuando su libertad e independencia se lograron con la sangre de una generación completa de venezolanos, y lo que sobrevivió de esa tremenda embestida de más de una década de guerras y caos, fue una nación recién concebida, devastada, agotada y con pocas posibilidades de poder defenderse de las depredaciones de las potencias agresoras de esos momentos. De las cenizas de las guerras independentistas, surgió la Venezuela del Siglo XIX, y entre el sectarismo y el caudillismo desde adentro, y las agresiones imperiales desde afuera, logró sobrevivir una calamidad tras otra.

Si tenemos que buscar un ejemplo de la capacidad del venezolano para aguantar las tragedias, la pérdida y la desesperación, tenemos el mejor de estos en la triste y dolorosa Emigración a Oriente, realizada en el terrible año de 1814. Durante esa pesadilla que duró más de un año, Venezuela fue sumergida en su propia sangre, y quizás sufrió más en ese año que durante cualquier otro de su vida republicana. El primer caudillo en toda la historia de Venezuela, y quien efectivamente logró someter a todo el territorio nacional por primera vez – Tomás Boves – fue una anatema para los patriotas, pero también para los realistas, pues todos temían el Urogallo, Taita Boves. Boves fue la personificación del terror para todos, no solamente por su brutalidad y su crueldad, sino también por lo tan efectivo que fue en su corta y exitosa carrera militar. Nadie logró derrotarlo decisivamente, aunque en realidad, sus victorias se deben al uso magistral de su ejército popular y llanero, el mismo ejército que luego Bolívar y Sucre utilizarían para derrotar a los españoles en Boyacá, Carabobo, Junín y Ayacucho.  

La catastrófica derrota de los republicanos en la Primera Batalla de la Puerta – en la cual Boves capturó el valle de Aragua – fue el preámbulo del tortuoso asedio de Valencia. Durante ese terrible periodo de esa heroica cuidad, los valencianos tuvieron que alimentarse de los caballos, mulas, gatos y perros que tenían dentro de la ciudad para poder sostener el asedio de Boves, de la misma manera que los rusos de Leningrado tuvieron que hacer para poder sobrevivir el cruel asedio nazi, entre los años 1941-44. Los valencianos, finalmente obligados a rendirse, fueron masacrados como tantos otros de nuestro país, durante las campañas de Boves.

Esto nos hace recordar de la narrativa romántica (es decir, no tanto histórica como literaria) de Eduardo Blanco, en su obra magistral “Venezuela Heroica”, la cual deseo compartir con ustedes, durante estos difíciles tiempos para la Patria Bolivariana:

Nube de polvo, enrojecida por el reflejo de lejanos incendios, se extiende cual fatídico manto sobre la rica vegetación de nuestros campos. Poblaciones enteras abandonan sus hogares. Desiertas y silenciosas se exhiben las villas y aldeas por donde pasa, con la impetuosidad del huracán, la selvática falange, en pos de aquel demonio que le ofrece hasta la hartura el botín y la sangre, y a quien ella sigue en infernal tumulto cual séquito de furias al dios del exterminio.

Es la invasión de la llanura sobre la montaña: el desbordamiento de la barbarie sobre la República naciente. Conflictiva de suyo la situación de los republicanos, se agrava con la aproximación inesperada del poderoso ejército de Boves.

…La onda invasora se adelanta rugiendo: nada le resiste, todo lo aniquila. Detrás de aquel tropel de indómitos corceles, bajo cuyas pisadas parece sudar sangre la tierra, los campos quedan yermos, las villas incendiadas sin pan el rico, sin amparo el indigente: y el pavor, como ave fatídica, cerniéndose sobre familias abandonadas y grupos despavoridos y hambrientos que recorren las selvas como tribus errantes. ¡El nombre de Boves resuena en los oídos americanos como la trompeta apocalíptica!

Bolívar, decisivamente derrotado, no tuvo otra opción que retirarse, junto a 20.000 caraqueños, al oriente del país, en donde esperaba unirse a los patriotas orientales para seguir la lucha. Blanco nos dice en su obra recién citada:

Cunde el terror en todos los corazones; mina de desconfianza el entusiasmo del soldado; Caracas se estremece de espanto, como si ya golpearan a sus puertas las huestes del feroz asturiano; decae la fe en los más alentados, y una parálisis violenta, producida por el terror, amenaza anonadar al patriotismo. Cual, si uno de los gigantes de la andina cordillera hubiese vomitado de improviso gran tempestad de lavas y escorias capaz de soterrar el continente americano, todo tiembla y toda se derrumba…Los que habían podido huir a las montañas se inclinaban abatidos en el recinto del hogar, buscaban la oscuridad para ocultarse en ella como en los pliegues de un manto impenetrable, y a cada instante, sobrecogidos de pavor, creían oír ruidos siniestros, precursores de la catástrofe que los amenazaba, ruidos que no deseaban escuchar, pero que el terror sabía fingirles, haciéndoles más larga y palpitante la zozobra.

Irónicamente, el Libertador decidió no defender a Caracas, por no poder confiar en los esclavos que residían en esa ciudad, y quienes muy probablemente se hubieran rebelado contra los patriotas y hubieran apoyado a uno de los pocos líderes de la Provincia de Venezuela que les otorgó liderazgo y consideración: Boves. A pesar del gran dolor que sufrió Bolívar en 1814, ese año fue cuando el Libertador descubrió la única fórmula exitosa para derrocar al Imperio Español en toda Sur América: el ejército del pueblo, hecho de mulatos, pardos, indios, mestizos, pobres, negros, esclavos y todo lo que la sociedad colonial había marginalizado durante siglos, es decir, el mismo ejército de Boves, fue el que luego sería el de Bolívar y Páez.  

La emigración a Barcelona fue uno de los episodios más oscuros de la historia de Venezuela, tanto de la provincia como de la república. Quienes se quedaron en Caracas, sufrieron todo tipo de persecuciones, torturas y saqueos, y quienes se fugaron, sufrieron aún más.  Es posible que más de doce mil personas perdieron sus vidas durante la emigración, ya sea por animales salvajes (serpientes, entre otros), el hambre, todo tipo de enfermedades, los ataques de los llaneros, y otros factores. Francisco Tomás Morales persiguió a los caraqueños durante esta marcha de la muerte, una marcha no menos terrible que la de los amerindios choctaw en 1831 y los cheroquis en 1838, en el oeste norteamericano, conocida como el “Sendero de Lágrimas”.

Boves y sus tropas masacraron tanta gente en su trayectoria hacia el Oriente, persiguiendo a los refugiados, con la macabra finalidad de mascararlos a ellos también. Al caer Barcelona en las manos de los realistas, los patriotas huyeron a Cumaná, y finalmente a la Isla de Margarita, como último refugio antes de escapar por completo del país, hacia Cartagena de Indias. Para añadir a la amargura de los venezolanos, el corsario Giovanni Bianchi se quedó con las posesiones personales de los refugiados, al igual que los tesoros de las iglesias caraqueñas, tomados por los patriotas para negarle esos recursos al enemigo.  

El historiador Francisco Antonio Encina considera que de los 12.000 peninsulares y canarios y 220.000 criollos que vivían en Venezuela al inicio del proceso independentista, 7.400 de los primeros habían muerto en combate o fueron masacrados por los patriotas entre julio de 1813 y abril de 1814, y 200.000 criollos habían sido masacrados antes de llegar Morillo por ser las víctimas preferidas de Boves, Morales y Yáñez. Durante los constantes combates, masacres y devastación que asolaron dicha tierra, murieron entre 100.000 y 150.000 personas. El historiador Arturo Uslar Pietri escribe muy correctamente en su obra “Historia de la Rebelión Popular de 1814”, la siguiente frase, resumiendo la verdadera miseria y terror que vivió el pueblo venezolano durante ese terrible año: “…en Venezuela se derramó más sangre en aquel año que en toda la Revolución Francesa. Ningún pueblo ha conocido una lucha de clase de esa magnitud.”

Todo esto fue meramente un episodio entre tantos de la historia de Venezuela, aunque uno de los más notorios y dolorosos. No obstante, no fue el único. Apenas 38 años de consolidar la independencia en la Batalla de Carabobo, en 1859, inició la Guerra Federal, una guerra civil en la cual se repitió la devastación de las guerras de la independencia. La guerra federal devastó la población rural del país, justo en las regiones occidentales dedicadas a producir una gran parte de la riqueza (y la comida) del mismo, por lo cual la despoblación y las emigraciones forzadas del campesinado arrastraron el país hacia más miseria, más pobreza e interminables hambrunas. El efecto agregado de las guerras independentistas y la guerra federal sobre la población venezolana es imposible de concebir, apreciar o exagerar, en toda su devastación, dolor y sufrimiento, para el pueblo heroico de la Patria Bolivariana.

No todos los episodios de sufrimiento y tortura del pueblo venezolano fueron a raíz de las guerras y los caudillos, pues en ciertos casos, fueron los mosquitos quienes “plagaron” a este noble pueblo de inmensas e interminables miserias. La próxima cita fue extraída de un blog denominado “Vivencias Llaneras del Abuelo”
 (http://cuentaelabuelo.blogspot.com/2013/07/la-lucha-contra-el-paludismo-2.html ):

Entre finales del siglo XIX y principios del XX, Venezuela disminuida por las constantes guerras, la pobreza y las enfermedades, mostraba un despoblamiento significativo. Se sumaban a estas desgracias el atraso cultural y aislamiento en que estaba sumida en tiempos de Juan Vicente Gómez, ya que, para entonces la explotación petrolera e introducción de capital extranjero en plena vigencia, hacían que la vida en los medios rurales languideciera en el abandono.

Este panorama favoreció definitivamente la extensión de la enfermedad en todo el país, carente en ese entonces de planes sanitarios para combatirla. Para 1916, se decía que cada dos horas moría un venezolano a causa del paludismo. Para 1936, fallecido Gómez, el área malárica en Venezuela cubría 600.000 Km de la superficie del país estimada en 915.741 km. Las referencias indicaban que, de 3.000.000 habitantes del país, 1.000.000 enfermaba anualmente de malaria.

En los llanos, bien sea por su significativa extensión en el país como por sus particularidades geográficas, la enfermedad y su vector se difundieron de manera muy alarmante diezmando visiblemente la población y ocasionando emigraciones a otras regiones para salvar la vida, que trataba de refugiarse en apenas 1/3 del país en zonas menos afectadas. El líder de la lucha antimalárica en Venezuela, el Dr. Arnoldo Gabaldón, de quien haremos una reseña más adelante, sostenía que: “Nadie se aventuraba irse de Caracas a Ortiz en Guárico, a Ospino en Portuguesa o a Monay en Trujillo, para citar sólo tres lugares tristemente célebres, pues sabían que lo que allí podrían invertir sería tarde o temprano perdido”.

Para estos tiempos, era mayor el número de decesos que el de nacimientos, lo cual representaba una de las principales causas de despoblación en Venezuela. Entre 1910 y 1945, las cifras estimaban una proporción de 300 por 100.000 (MSAS 1974) “La región de los llanos motivado a su topografía y clima presentaba índices vitales negativos como consecuencia de los estragos del paludismo.

Pero acompañado de una larga historia de terror, muerte y sufrimiento, otros aspectos igualmente innegables de nuestra venezolanidad han sido la resistencia, la paciencia y el espíritu de combate. La heroica resistencia venezolana durante los grandes desafíos de 1814, de 1859, durante el largo oscurantismo del período gomecista, o durante la dictadura perezjimenista, tampoco fueron meros episodios aislados y atípicos de la historia venezolana, sino forman parte de la otra cara de la venezolanidad: adversidad y resistencia, calamidad y resiliencia, sufrimiento, por un lado, y lucha y compromiso con la condición humana, por el otro, recordando las palabras del Comandante Che Guevara: La Solidaridad es la ternura de los pueblos.  

El venezolano de hoy debe sentir y vivir el doble orgullo del indomable espíritu de combate de sus ancestros, y el poderoso espíritu de resistencia que demuestra en la actualidad. Durante la gran década independentista (1810-1821), el venezolano pagó con su sangre y su propia población el precio de su libertad y su soberanía. Durante la guerra federal, pagó el mismo precio por la igualdad y contra la marginalización socioeconómica impuesta por los godos y los terratenientes. Hoy en día, ese mismo venezolano repite y reedita las luchas de sus ancestros, al demostrar una infinita paciencia y una admirable fortaleza interna para aguantar las embestidas de sus enemigos, con la noble finalidad de proteger su libertad, su soberanía y su igualdad socioeconómica. Todas las luchas tienen su precio, nada se puede lograr sin sacrificios, dolor y angustia, pero el pueblo venezolano les ha demostrado a sus enemigos que puede aguantar y sostenerse firmemente ante cualquier tipo de agresiones.     

A pesar del sufrimiento y las necesidades que vive actualmente el venezolano, el mismo ha demostrado ser tan resistente como el pueblo ruso de Stalingrado y Leningrado, o el pueblo vietnamita del Sur de Vietnam. Hoy en día, el pueblo de Bolívar, Sucre y Chávez, escribe una nueva epopeya de luchas y sacrificios digna de otra obra como la “Venezuela Heroica”, una que inmortalice sus sacrificios y sus batallas por lo más noble que puede luchar el ser humano: su libertad, su dignidad y su independencia. Gloria al Bravo Pueblo, que el yugo lanzó, y aunque el despotismo efectivamente levantó su voz una vez más en la tierra de Bolívar, el noble pueblo bolivariano y chavista sigue manteniendo el ejemplo que tantas veces Caracas dio. 

khosomoso@yahoo.com

sábado, 3 de febrero de 2018

La Venezuela Heroica del Ayer y de Hoy

Por Omar Hassaan:

Los últimos dos años han sido muy difíciles para Venezuela, sin duda alguna. El hecho de que la sociedad venezolana no ha colapsado hasta los momentos, es un auténtico milagro, y ese milagro pertenece al heroico pueblo venezolano. Es ese pueblo el que ha resistido una embestida tras otra, y aún su sociedad sigue funcionando. A penas funciona, quizás dirían unos, pero el hecho de que aún se mantiene intacta es, por sí mismo, una extraordinaria obra de paciencia y resiliencia, demostrando que el noble pueblo de Bolívar posee un umbral de dolor bastante elevado, al par de pueblos como el de Stalingrado durante los terribles años de 1942 a 1943, o el de la Franja de Gaza, desde el hurto de sus tierras en 1967, y hasta los momentos.



El pueblo venezolano sigue resistiendo, sigue demostrando la paciencia del propio Job (invito a mis hermanos cristianos a leer del Libro de Job, en el Antiguo Testamento), resistiendo una opresiva prueba tras otra, mientras el venezolano sigue exhibiendo orgullosamente su fidelidad a su país, su nación y su propia sociedad. La prueba misma es si el venezolano abandona la vida en sociedad y decide destruir la misma, o lucha por lo suyo y no permite que se derrumbe su hogar y su patria. Con cada día que no se materializa el anhelado estallido social, el venezolano pasa la prueba de adversidad impuesta por sus enemigos, sean quien sean los mismos. Con cada día que la gente sigue funcionando en sociedad, se gana la batalla por la destrucción o salvación de Venezuela, y así de simple es la ecuación.

Pero esta resistencia y capacidad de sostener los golpes de los enemigos y el destino, no es nada nuevo para Venezuela. Todos hemos leído sobre el gran sufrimiento que marcó el nacimiento de esta gran nación, entre los años 1810 y 1821, cuando su libertad e independencia se lograron con la sangre de una generación completa de venezolanos, y lo que sobrevivió de esa tremenda embestida de más de una década de guerras y caos, fue una nación recién concebida, devastada, agotada y con pocas posibilidades de poder defenderse de las depredaciones de las potencias agresoras de esos momentos. De las cenizas de las guerras independentistas, surgió la Venezuela del Siglo XIX, y entre el sectarismo y el caudillismo desde adentro, y las agresiones imperiales desde afuera, logró sobrevivir una calamidad tras otra.

Si tenemos que buscar un ejemplo de la capacidad del venezolano para aguantar las tragedias, la pérdida y la desesperación, tenemos el mejor de estos en la triste y dolorosa Emigración a Oriente, realizada en el terrible año de 1814. Durante esa pesadilla que duró más de un año, Venezuela fue sumergida en su propia sangre, y quizás sufrió más en ese año que durante cualquier otro de su vida republicana. El primer caudillo en toda la historia de Venezuela, y quien efectivamente logró someter a todo el territorio nacional por primera vez – Tomás Boves – fue una anatema para los patriotas, pero también para los realistas, pues todos temían el Urogallo, Taita Boves. Boves fue la personificación del terror para todos, no solamente por su brutalidad y su crueldad, sino también por lo tan efectivo que fue en su corta y exitosa carrera militar. Nadie logró derrotarlo decisivamente, aunque en realidad, sus victorias se deben al uso magistral de su ejército popular y llanero, el mismo ejército que luego Bolívar y Sucre utilizarían para derrotar a los españoles en Boyacá, Carabobo, Junín y Ayacucho.  

La catastrófica derrota de los republicanos en la Primera Batalla de la Puerta – en la cual Boves capturó el valle de Aragua – fue el preámbulo del tortuoso asedio de Valencia. Durante ese terrible periodo de esa heroica cuidad, los valencianos tuvieron que alimentarse de los caballos, mulas, gatos y perros que tenían dentro de la ciudad para poder sostener el asedio de Boves, de la misma manera que los rusos de Leningrado tuvieron que hacer para poder sobrevivir el cruel asedio nazi, entre los años 1941-44. Los valencianos, finalmente obligados a rendirse, fueron masacrados como tantos otros de nuestro país, durante las campañas de Boves.

Esto nos hace recordar de la narrativa romántica (es decir, no tanto histórica como literaria) de Eduardo Blanco, en su obra magistral “Venezuela Heroica”, la cual deseo compartir con ustedes, durante estos difíciles tiempos para la Patria Bolivariana:

Nube de polvo, enrojecida por el reflejo de lejanos incendios, se extiende cual fatídico manto sobre la rica vegetación de nuestros campos. Poblaciones enteras abandonan sus hogares. Desiertas y silenciosas se exhiben las villas y aldeas por donde pasa, con la impetuosidad del huracán, la selvática falange, en pos de aquel demonio que le ofrece hasta la hartura el botín y la sangre, y a quien ella sigue en infernal tumulto cual séquito de furias al dios del exterminio.

Es la invasión de la llanura sobre la montaña: el desbordamiento de la barbarie sobre la República naciente. Conflictiva de suyo la situación de los republicanos, se agrava con la aproximación inesperada del poderoso ejército de Boves.

…La onda invasora se adelanta rugiendo: nada le resiste, todo lo aniquila. Detrás de aquel tropel de indómitos corceles, bajo cuyas pisadas parece sudar sangre la tierra, los campos quedan yermos, las villas incendiadas sin pan el rico, sin amparo el indigente: y el pavor, como ave fatídica, cerniéndose sobre familias abandonadas y grupos despavoridos y hambrientos que recorren las selvas como tribus errantes. ¡El nombre de Boves resuena en los oídos americanos como la trompeta apocalíptica!

Bolívar, decisivamente derrotado, no tuvo otra opción que retirarse, junto a 20.000 caraqueños, al oriente del país, en donde esperaba unirse a los patriotas orientales para seguir la lucha. Blanco nos dice en su obra recién citada:

Cunde el terror en todos los corazones; mina de desconfianza el entusiasmo del soldado; Caracas se estremece de espanto, como si ya golpearan a sus puertas las huestes del feroz asturiano; decae la fe en los más alentados, y una parálisis violenta, producida por el terror, amenaza anonadar al patriotismo. Cual, si uno de los gigantes de la andina cordillera hubiese vomitado de improviso gran tempestad de lavas y escorias capaz de soterrar el continente americano, todo tiembla y toda se derrumba…Los que habían podido huir a las montañas se inclinaban abatidos en el recinto del hogar, buscaban la oscuridad para ocultarse en ella como en los pliegues de un manto impenetrable, y a cada instante, sobrecogidos de pavor, creían oír ruidos siniestros, precursores de la catástrofe que los amenazaba, ruidos que no deseaban escuchar, pero que el terror sabía fingirles, haciéndoles más larga y palpitante la zozobra.

Irónicamente, el Libertador decidió no defender a Caracas, por no poder confiar en los esclavos que residían en esa ciudad, y quienes muy probablemente se hubieran rebelado contra los patriotas y hubieran apoyado a uno de los pocos líderes de la Provincia de Venezuela que les otorgó liderazgo y consideración: Boves. A pesar del gran dolor que sufrió Bolívar en 1814, ese año fue cuando el Libertador descubrió la única fórmula exitosa para derrocar al Imperio Español en toda Sur América: el ejército del pueblo, hecho de mulatos, pardos, indios, mestizos, pobres, negros, esclavos y todo lo que la sociedad colonial había marginalizado durante siglos, es decir, el mismo ejército de Boves, fue el que luego sería el de Bolívar y Páez.  

La emigración a Barcelona fue uno de los episodios más oscuros de la historia de Venezuela, tanto de la provincia como de la república. Quienes se quedaron en Caracas, sufrieron todo tipo de persecuciones, torturas y saqueos, y quienes se fugaron, sufrieron aún más.  Es posible que más de doce mil personas perdieron sus vidas durante la emigración, ya sea por animales salvajes (serpientes, entre otros), el hambre, todo tipo de enfermedades, los ataques de los llaneros, y otros factores. Francisco Tomás Morales persiguió a los caraqueños durante esta marcha de la muerte, una marcha no menos terrible que la de los amerindios choctaw en 1831 y los cheroquis en 1838, en el oeste norteamericano, conocida como el “Sendero de Lágrimas”.

Boves y sus tropas masacraron tanta gente en su trayectoria hacia el Oriente, persiguiendo a los refugiados, con la macabra finalidad de mascararlos a ellos también. Al caer Barcelona en las manos de los realistas, los patriotas huyeron a Cumaná, y finalmente a la Isla de Margarita, como último refugio antes de escapar por completo del país, hacia Cartagena de Indias. Para añadir a la amargura de los venezolanos, el corsario Giovanni Bianchi se quedó con las posesiones personales de los refugiados, al igual que los tesoros de las iglesias caraqueñas, tomados por los patriotas para negarle esos recursos al enemigo.  

El historiador Francisco Antonio Encina considera que de los 12.000 peninsulares y canarios y 220.000 criollos que vivían en Venezuela al inicio del proceso independentista, 7.400 de los primeros habían muerto en combate o fueron masacrados por los patriotas entre julio de 1813 y abril de 1814, y 200.000 criollos habían sido masacrados antes de llegar Morillo por ser las víctimas preferidas de Boves, Morales y Yáñez. Durante los constantes combates, masacres y devastación que asolaron dicha tierra, murieron entre 100.000 y 150.000 personas. El historiador Arturo Uslar Pietri escribe muy correctamente en su obra “Historia de la Rebelión Popular de 1814”, la siguiente frase, resumiendo la verdadera miseria y terror que vivió el pueblo venezolano durante ese terrible año: “…en Venezuela se derramó más sangre en aquel año que en toda la Revolución Francesa. Ningún pueblo ha conocido una lucha de clase de esa magnitud.”

Todo esto fue meramente un episodio entre tantos de la historia de Venezuela, aunque uno de los más notorios y dolorosos. No obstante, no fue el único. Apenas 38 años de consolidar la independencia en la Batalla de Carabobo, en 1859, inició la Guerra Federal, una guerra civil en la cual se repitió la devastación de las guerras de la independencia. La guerra federal devastó la población rural del país, justo en las regiones occidentales dedicadas a producir una gran parte de la riqueza (y la comida) del mismo, por lo cual la despoblación y las emigraciones forzadas del campesinado arrastraron el país hacia más miseria, más pobreza e interminables hambrunas. El efecto agregado de las guerras independentistas y la guerra federal sobre la población venezolana es imposible de concebir, apreciar o exagerar, en toda su devastación, dolor y sufrimiento, para el pueblo heroico de la Patria Bolivariana.

No todos los episodios de sufrimiento y tortura del pueblo venezolano fueron a raíz de las guerras y los caudillos, pues en ciertos casos, fueron los mosquitos quienes “plagaron” a este noble pueblo de inmensas e interminables miserias. La próxima cita fue extraída de un blog denominado “Vivencias Llaneras del Abuelo”
 (http://cuentaelabuelo.blogspot.com/2013/07/la-lucha-contra-el-paludismo-2.html ):

Entre finales del siglo XIX y principios del XX, Venezuela disminuida por las constantes guerras, la pobreza y las enfermedades, mostraba un despoblamiento significativo. Se sumaban a estas desgracias el atraso cultural y aislamiento en que estaba sumida en tiempos de Juan Vicente Gómez, ya que, para entonces la explotación petrolera e introducción de capital extranjero en plena vigencia, hacían que la vida en los medios rurales languideciera en el abandono.

Este panorama favoreció definitivamente la extensión de la enfermedad en todo el país, carente en ese entonces de planes sanitarios para combatirla. Para 1916, se decía que cada dos horas moría un venezolano a causa del paludismo. Para 1936, fallecido Gómez, el área malárica en Venezuela cubría 600.000 Km de la superficie del país estimada en 915.741 km. Las referencias indicaban que, de 3.000.000 habitantes del país, 1.000.000 enfermaba anualmente de malaria.

En los llanos, bien sea por su significativa extensión en el país como por sus particularidades geográficas, la enfermedad y su vector se difundieron de manera muy alarmante diezmando visiblemente la población y ocasionando emigraciones a otras regiones para salvar la vida, que trataba de refugiarse en apenas 1/3 del país en zonas menos afectadas. El líder de la lucha antimalárica en Venezuela, el Dr. Arnoldo Gabaldón, de quien haremos una reseña más adelante, sostenía que: “Nadie se aventuraba irse de Caracas a Ortiz en Guárico, a Ospino en Portuguesa o a Monay en Trujillo, para citar sólo tres lugares tristemente célebres, pues sabían que lo que allí podrían invertir sería tarde o temprano perdido”.

Para estos tiempos, era mayor el número de decesos que el de nacimientos, lo cual representaba una de las principales causas de despoblación en Venezuela. Entre 1910 y 1945, las cifras estimaban una proporción de 300 por 100.000 (MSAS 1974) “La región de los llanos motivado a su topografía y clima presentaba índices vitales negativos como consecuencia de los estragos del paludismo.

Pero acompañado de una larga historia de terror, muerte y sufrimiento, otros aspectos igualmente innegables de nuestra venezolanidad han sido la resistencia, la paciencia y el espíritu de combate. La heroica resistencia venezolana durante los grandes desafíos de 1814, de 1859, durante el largo oscurantismo del período gomecista, o durante la dictadura perezjimenista, tampoco fueron meros episodios aislados y atípicos de la historia venezolana, sino forman parte de la otra cara de la venezolanidad: adversidad y resistencia, calamidad y resiliencia, sufrimiento, por un lado, y lucha y compromiso con la condición humana, por el otro, recordando las palabras del Comandante Che Guevara: La Solidaridad es la ternura de los pueblos.  

El venezolano de hoy debe sentir y vivir el doble orgullo del indomable espíritu de combate de sus ancestros, y el poderoso espíritu de resistencia que demuestra en la actualidad. Durante la gran década independentista (1810-1821), el venezolano pagó con su sangre y su propia población el precio de su libertad y su soberanía. Durante la guerra federal, pagó el mismo precio por la igualdad y contra la marginalización socioeconómica impuesta por los godos y los terratenientes. Hoy en día, ese mismo venezolano repite y reedita las luchas de sus ancestros, al demostrar una infinita paciencia y una admirable fortaleza interna para aguantar las embestidas de sus enemigos, con la noble finalidad de proteger su libertad, su soberanía y su igualdad socioeconómica. Todas las luchas tienen su precio, nada se puede lograr sin sacrificios, dolor y angustia, pero el pueblo venezolano les ha demostrado a sus enemigos que puede aguantar y sostenerse firmemente ante cualquier tipo de agresiones.     

A pesar del sufrimiento y las necesidades que vive actualmente el venezolano, el mismo ha demostrado ser tan resistente como el pueblo ruso de Stalingrado y Leningrado, o el pueblo vietnamita del Sur de Vietnam. Hoy en día, el pueblo de Bolívar, Sucre y Chávez, escribe una nueva epopeya de luchas y sacrificios digna de otra obra como la “Venezuela Heroica”, una que inmortalice sus sacrificios y sus batallas por lo más noble que puede luchar el ser humano: su libertad, su dignidad y su independencia. Gloria al Bravo Pueblo, que el yugo lanzó, y aunque el despotismo efectivamente levantó su voz una vez más en la tierra de Bolívar, el noble pueblo bolivariano y chavista sigue manteniendo el ejemplo que tantas veces Caracas dio. 

khosomoso@yahoo.com           

sábado, 17 de junio de 2017

Rusia, optimismo justificado en su día nacional

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

El pasado 12 de junio se celebró la fiesta nacional de Rusia o “Día de Rusia” instituido en conmemoración de la Declaración de la Soberanía de la Federación de Rusia en 1990 y aprobado como tal en 1992, tras el proceso de desintegración de la Unión Soviética. Este vigésimo séptimo aniversario enfrenta al país a nuevos retos y compromisos en su disposición -ya lograda- de volver a ser un actor principal del sistema internacional, del que había sido excluido después de la desaparición de la Unión Soviética.



Por primera vez en 25 años, Estados Unidos no saludó a Rusia en esta fecha nacional, al contrario, el senado de ese país aprobó nuevas sanciones como represalia por la perseverancia rusa en defender su soberanía, salvaguardar los intereses de sus pueblos y tomar medidas preventivas ante la agresiva expansión de la OTAN que amenaza peligrosamente con el conflicto y la inestabilidad mundial, al acercar tropas a zonas inmediatas de las fronteras occidentales de Rusia.

La historia del pueblo ruso está plagada de momentos álgidos y heroicos de lucha contra las adversidades, a comienzos del siglo XIX, el hasta ese momento invencible ejército napoleónico, que campeaba a sus anchas en Europa, fue derrotado de manera aplastante en Rusia que desarrolló la Guerra Patriótica, para expulsar a los franceses y sus aliados del territorio nacional, le cupo a este país, jugar el papel decisivo en la derrota definitiva del gran corso en la Batalla de París a finales de marzo de 1814. Por primera vez, Rusia salvó a Europa, casi 130 años después, la historia, terca como siempre, se repetiría, esta vez de la mano de Adolfo Hitler, imbatible hasta ese momento en territorio europeo, solo la resistencia épica de los pueblos de la Unión Soviética, en particular del ruso que vivió entre otras, las epopeyas de Leningrado, Stalingrado y Moscú, revirtieron el curso de los acontecimientos y al costo de 27 millones de ciudadanos, la mayor parte de ellos rusos, derrotaron al nazi-fascismo hasta ocupar victoriosamente el Reichstag alemán el 8 de mayo de 1945. Rusia había salvado a Europa por segunda vez.

La cobarde rendición de Mijaíl Gorbachov y la posterior desaparición de la Unión Soviética supusieron que a cambio de la aceptación de que la Alemania reunificada ingresara a la OTAN, Occidente no iba a expandir esa organización bélica hacia el este, lo cual fue rápida y perversamente violado ante la debilidad extrema de una Rusia inerme y carente de conducción. Ya en 1999 fueron incorporadas Hungría, Polonia y la República Checa a la alianza guerrerista comandada por Estados Unidos, en 2004 se unieron Bulgaria, Rumania, Eslovenia y las tres repúblicas bálticas que habían pertenecido a la Unión Soviética: Estonia, Letonia y Lituania, con lo cual la alianza atlántica se estacionó en las propias fronteras rusas, el proceso ha sido continuo hasta la reciente incorporación de Montenegro, hace solo unos pocos días.

En el plano interno, Rusia debió pasar por la crisis institucional de 1993, tras la aplicación de medidas neoliberales extremas que deterioraron a niveles inéditos la calidad de vida de la población y que pusieron al país cerca de la guerra civil, sin embargo, tal contingencia fue superada, incluso tras una nueva crisis financiera en 1998,  y en 1999 comenzó una tenue recuperación, pero en 2000 accedió Vladimir Putin a la presidencia de la república iniciando un período de restablecimiento de la economía y de restitución de la dignidad rusa en el escenario internacional.

Toda esta historia deja ver a las claras que el pueblo ruso no se va a amilanar fácilmente por mayores o menores sanciones occidentales. Al contrario, hoy se pueden observar evidentes éxitos logrados en condiciones de aplicación de dichas sanciones. Como señalara el Embajador de la Federación Rusa en Venezuela, Vladimir Zaemskiy en el acto en conmemoración del Día de Rusia en Caracas, el país está hoy más fuerte y unido, a pesar que el tiempo transcurrido en estos 27 años han sido muy difíciles, y se ha debido transitar por un camino de “nutridas adversidades e importantes avances y logros, que fortalecieron el sistema político ruso”.

El Embajador Zaemskiy expuso algunas cifras que testimonian los logros del pueblo ruso en la esfera económica en condiciones de una coyuntura adversa en el mercado del petróleo, a pesar de lo cual, tras algunos años de estancamiento la economía ha vuelto a crecer de manera estable. En este sentido, ya a fines del año pasado el periodista ruso Oleg Kuzmin, especialista en economía del periódico Vedomosti, había predicho que este año el país iba a recuperar su crecimiento, teniendo una moneda estable y fijando una mayor disminución de las tasas de interés y una inflación menor.  Según el experto, con los precios del petróleo alrededor de US$ 40 por barril, el país podría crecer un 1% después de dos años de estancamiento, pero si el precio del crudo ascendía hasta US$ 45-50, esa cifra podría llegar hasta un 1,5% anunciando el inicio de una positiva espiral de crecimiento a futuro.

Recojamos las cifras que en este sentido,  aportó el Embajador: “…la agricultura rusa ha crecido 4,4%, alcanzando el volumen de la producción agropecuaria de 90 mil millones de dólares, un record histórico. Además, en 2016 logramos convertirnos en el mayor exportador de granos del mundo. El crecimiento industrial en el año 2016 fue de 1,3%. La inflación fue de 5,4%, la más baja de los últimos 25 años, y el desempleo de 5,4%. Nuestro país cuenta con un potente resguardo en reservas de divisas, que suman casi 400 mil millones de dólares. Se ha logrado imprimir un impulso positivo al ámbito socio-demográfico de Rusia, que tras la disolución de la Unión Soviética sufrió una grave caída, llevando la expectativa de vida a 64 años en 1995. Ahora este índice aumentó 8 años y llegando a 72…”

Es evidente que Rusia ha podido, y ha sabido adaptarse positivamente a la caída de los precios del petróleo y a las sanciones occidentales El ministro ruso de Desarrollo Económico, Alexéi Uliukaev declaró que incluso en caso de aplicarse nuevas sanciones contra Rusia, éstas no afectarán a la economía nacional. Refirió que suponer eso no era más que “una retórica verbal que no tendrá ningún efecto macroeconómico real".

Tal optimismo no remite solo a las autoridades rusas, ya en mayo de 2016 el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) había predicho que se esperaba que en 2017, Rusia registrara un crecimiento moderado. Un estudio al respecto realizado por esta institución, aseguró que el fortalecimiento de la economía rusa se deberá a la recuperación de los precios del petróleo y el crecimiento del consumo privado y las inversiones. Igual opinión manifestó en septiembre del año pasado la Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde quien adelantó que Rusia saldría de la recesión y tendría un crecimiento económico de un 1% por ciento para 2017.

El despertar económico de Rusia y la preocupación de sus autoridades por solventar la difícil coyuntura económica no la ha distraído de su papel protagónico y de su responsabilidad en la salvaguarda de la paz mundial y la estabilidad política en el planeta. Así, ha jugado el papel decisivo en la lucha contra el terrorismo en Siria y en toda la problemática del Medio Oriente, participando simultáneamente y de manera relevante en los escenarios militares, diplomáticos, políticos y económicos. Su alianza con China y el fortalecimiento de la Organización de Cooperación de Shanghái con el reciente ingreso de India y Pakistán son una esperanza para contrarrestar la actitud belicosa y agresiva de la OTAN.

En este ámbito, el Embajador Zaemskiy destacó que “Una de las prioridades de la política exterior de Rusia es desarrollar la cooperación bilateral y multilateral con los Estados miembros de la Comunidad de Estados Independientes.  (…) Estamos interesados en mantener un intenso diálogo con la Unión Europea y construir relaciones mutuamente ventajosas con Estados Unidos. Rusia continúa impulsando sus relaciones con los países de América Latina y el Caribe, tomando en cuenta el creciente rol de la región en los asuntos globales”.

Al conmemorar este nuevo aniversario, resulta evidente que contra cualquier pronóstico hecho a comienzos de siglo, al igual que en 1812 y 1945, el pueblo ruso pudo superar las adversidades sobreponiéndose a las difíciles circunstancias impuestas desde el exterior, para superar los obstáculos y avanzar exitosamente.

sergioro07@hotmail.com