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miércoles, 26 de septiembre de 2018

Colombia y Guyana Habrán de ser las puntas de lanza de la intervención militar del imperio en Venezuela


Por Carlos E. Lippo:

“Se han oído voces sobre operaciones militares unilaterales. Creemos que debe darse una respuesta colectiva a la crisis (en Venezuela),
pero también creemos, déjenme ser muy claro, que todas las opciones deben considerarse.
Y que el régimen de Maduro deber ser presionado política, económica y estratégicamente en todos los niveles”,
Francisco Santos, actual embajador de Colombia en los Estados Unidos

Desde que el 10 de agosto de 2017 el presidente Trump, motivado por la auténtica neurosis que ha llegado a sentir por Venezuela y su revolución, y estimulado además por una ignorancia supina que le lleva a pensar que invadir a Venezuela sería tan fácil como lo hicieron con Granada (1983) y Panamá (1989), dos pequeños países carentes de ejércitos, plantease de improviso a sus más cercanos colaboradores, en la Oficina Oval de la Casa Blanca, aquella tendenciosa interrogante de ¿por qué Estados Unidos no puede invadir el país sudamericano? (1), no han sido pocos los esfuerzos que han realizado tanto él como sus más elevados funcionarios en materia de seguridad, relaciones exteriores y defensa, para conformar la fuerza militar multinacional que le han recomendado sus altos mandos militares, al no querer asumir en solitario la carga de la invasión.


Tengo la firme convicción de que aunque en esa oportunidad Trump pudiese no haber dado la orden expresa de ejecutar a cierto plazo la invasión, que en lo personal he venido juzgando como inexorable desde que en mayo del 2013 publicase un artículo titulado “De que seremos invadidos, seremos invadidos” (2), si inició de hecho la cuenta regresiva para darla con aquellas muy infelices declaraciones ofrecidas al día siguiente, 11 de agosto de 2017, en presencia de sus principales asesores en política exterior (Tillerson, Mc Master y su embajadora ante la ONU, Nikki Haley), según las cuales, a juicio suyo, “La gente (en Venezuela) está sufriendo y muriendo”, y  que para intentar solucionar tal crisis “…  tenemos muchas opciones, incluyendo  una posible opción militar, en caso de ser necesario”(1).

Abominable frase ésta, que en supremo gesto de lacayismo y en abierta violación de sus deberes y responsabilidades como secretario general de la OEA, hiciese suya Luis Almagro, en un recorrido que realizase por los alrededores la localidad fronteriza de Cúcuta, el pasado 14 de septiembre, durante el cual le dio por desplazarse de forma ampulosa y amenazante, como todo un mariscal de campo presto a pasar revista a sus huestes triunfantes de regreso de la batalla (3), aunque el día siguiente tratase inútil y vergonzantemente de desmentirse debiendo haber olvidado estúpidamente que sus palabras por fuerza tenían que haber sido grabadas por la prensa que había cubierto su recorrido (4).

Es oportuno y necesario apuntar que tamaña atrocidad de quien parece haberse tomado en serio su cargo de “ministro de colonias del imperio”, tuvo la virtud de haber generado el efecto contrario de haber alineado en contra de la invasión imperial a países tan activamente injerencistas y agresivos en contra de Venezuela como los que conforman el llamado “Grupo de Lima”, engendro diplomático creado bajo las  órdenes del departamento de estado de los Estados Unidos en agosto de 2017, con el único propósito de atacar al gobierno bolivariano y promover el intervencionismo en Venezuela.

En efecto, el sábado 15 de septiembre, al día siguiente de las infelices declaraciones de Almagro, el grupo emitió un enérgico comunicado de rechazo a las mismas así como a cualquier "intervención militar" o "uso de la fuerza en Venezuela" (5), suscrito por 11 de los 14 países miembros (Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía), con las vergonzantes abstenciones de Canadá, que para este caso es casi lo mismo que decir los Estados Unidos, y nuestros vecinos Colombia y Guyana, por las razones que habremos de analizar más adelante.

Siendo innegable que este abrupto viraje favorable de un grupo tan activo en su política injerencista en contra de Venezuela debiese haber alejado las posibilidades de la intervención militar tantas veces anunciada por el emperador Trump y sus más conspicuos representantes, tales como el senador “Narco” Rubio y su pupilo Carlos Trujillo, representante permanente de la OEA, es que llaman poderosamente nuestra atención unas palabras del Presidente Maduro pronunciadas en el acto de Clausura del III Congreso de la Juventud Socialista de Venezuela (JPSUV), celebrado el pasado domingo 16, con las cuales advirtió que: “el gobierno de Estados Unidos ya dio la orden de invadir militarmente a nuestra patria” (6). Es indudable que alguna valiosa información de inteligencia debe poseer el presidente para atreverse a pronunciar tan terribles palabras en medio del ambiente de los últimos días que a nuestro juicio y a simple vista podría ser asumido como de temporal distensión.

En la misma línea de esta advertencia del Presidente Maduro se produjeron a mitad de la semana que hoy termina unas más que inquietantes declaraciones de Ralph Emanuel, exjefe de gabinete de la Casa Blanca de Barack Obama y actual alcalde de Chicago, contenidas en una entrevista concedida al periodista John Harwood de la cadena CNBC (7), multinacional mediática con 19 canales de televisión asociados en Estados Unidos y el resto del mundo.
En la citada entrevista Emanuel fue enfático en advertir que el presidente Donald Trump podría intervenir en Venezuela durante el próximo mes de octubre para desviar la atención de importantes problemas de su administración y obtener beneficios políticos que le garanticen la victoria en las elecciones del congreso que se celebrarán el 6 de noviembre de este año. “Nosotros tenemos una frase en este país: la sorpresa de octubre (…) creo que en estos momentos él (Trump) está buscando hacer cualquier cosa y hará cualquier cosa”, fue una de las frases pronunciadas por Emanuel para denunciar la inminencia de la intervención imperial en Venezuela.

Entrando sin más preámbulos en el tema que nos ocupa es oportuno y conveniente comenzar señalando que Colombia, nuestro vecino de la frontera occidental y Guyana, vecino por el oriente, son dos países que en diferentes épocas han logrado despojarnos de ingentes territorios, con la ayuda del imperio español y el imperio estadounidense, en el caso del primero y con la ayuda del imperio británico y el mismo imperio estadounidense en el caso de Guyana.

El despojo territorial perpetrado por Colombia (8), que estimo es del orden de los 300.000 Km2, fue legalizado con la firma del nefasto acuerdo de límites de 1941, instrumento sobre el cual pesan al menos dos demandas de nulidad introducidas por dos eminentes juristas venezolanos en los años 1970 y 1974, totalmente procedentes a juicio mío, sobre los cuales nuestro Tribunal Supremo de Justicia aún no ha emitido sentencia. El despojo perpetrado por Guyana, consistente en toda nuestra Guayana Esequiba, es del orden de los 160.000 Km2,  le fue legado por el Reino Unido quien es realmente quien lo perpetró con la ayuda del imperio estadounidense y se encuentra aún en reclamación, pendiente del resultado de unos  acuerdos a los que deben llegar las partes, con arreglo al Acuerdo de Ginebra de 1966 (9). Si algo podría reclamársele al Gobierno Revolucionario sobre su actuación durante los 19 años que le ha tocado  gestionar estos potenciales conflictos limítrofes es a mi juicio su extrema generosidad y consideración para con estos vecinos en aras de la promoción de la integración suramericana.

Colombia que desde siempre ha ambicionado poseer una salida al mar Caribe a través de nuestro Lago de Maracaibo que le permitiese un acceso más competitivo de sus productos, tanto los legales como los ilegales, a los mercados de Europa y Norteamérica, debe además enfrentar a muy corto plazo (2021) un agotamiento total de sus reservas petroleras que, entre otros muchos efectos, habrá de impactar de manera muy negativa la elaboración de la cocaína, de la cual son primer país productor/exportador mundial, por lo que ahora ha pasado a ambicionar además el control sobre nuestras reservas de hidrocarburos en el occidente del país. Es por ello que sus élites gobernantes desde hace algún tiempo vienen acariciando la nefasta idea de destruir el estado-nación venezolano (10).

Por su parte Guyana, que desde su nacimiento como estado independiente en 1966 se ha negado reiteradamente a respetar las estipulaciones del Acuerdo de Ginebra que le prohíben la explotación de recursos mineros y hasta las actividades de exploración en la zona en reclamación (nuestra Guayana Esequiba), ha otorgado concesiones de exploración y explotación  costa afuera, en nuestro mar territorial en reclamación, a las empresas petroleras CGX Energy, Exxon Mobil, Shell y Anadarko, todas ellas rechazadas por Venezuela por medio de los medios diplomáticos establecidos. Un anuncio de la empresa Exxon Mobil, tradicional enemiga de Venezuela (11), relacionado con la existencia de un importante yacimiento en la zona que ilegalmente le fuese dada en concesión es fundamentalmente lo que ha determinado la más injustificada animosidad de los gobiernos guyaneses, en especial el del militar en situación de retiro David Granger, en los últimos años.

En resumen, es por temas de carácter exclusivamente crematístico como los dos anteriormente mencionados, que estos ingratos y desagradecidos vecinos vienen dando apoyo irrestricto a las ejecutorias del imperio en contra nuestra, pudiendo llegar hasta el extremo de servirle de punta de lanza para su ya decidida y cercana intervención militar.

Qué Colombia, socio global de la OTAN desde mediados de año, estaría más que dispuesta a desarrollar este infausto papel para beneficio propio y del imperio, es algo que hemos venido evidenciando en nuestros anteriores trabajos sobre esta materia, pero que queda palmariamente demostrado por planteamientos como el desarrollado por su embajador en Washington, Francisco Santos, que antecede a estas notas (12); y es que ocurre que este redomado cipayo, tras presentar sus cartas credenciales al presidente Trump a comienzos de semana, no tuvo el menor empacho en señalar, llegando mucho más lejos de lo que ya han llegado su presidente (Iván Duque) y su canciller (Carlos Holmes Trujillo), que en el tratamiento de la llamada “crisis venezolana”, ninguna de las opciones estarían descartadas, incluyendo por supuesto la opción de la intervención militar.

Así mismo es evidente que el actual gobierno de Guyana, con su “eterno cuento” de que somos un país grande que los agrede por ser ellos pequeños, no vacilaría en prestarse para cualquier acción en contra nuestra, incluyendo una intervención militar, por mantenerse aún fuertemente influenciado por la antigua metrópoli y por estar acicateado por las transnacionales del petróleo y en especial por la estadounidense Exxon Mobil, empeñada en vengarse por las sucesivas sentencias de diferentes instancias judiciales internacionales que les han sido desfavorables en los casos de sus absurdas demandas en contra de la nación (11).

Habiendo sido desmontada la campaña mediática que buscaba posicionar a Venezuela como una amenaza para la seguridad de todos los países de la región a causa de la avalancha de “refugiados” que estaría lanzando sobre ellos (13), lo más probable es que traten de justificar la invasión como respuesta a un ataque de falsa bandera o “falso positivo”, que sería imputado a las fuerzas armadas de Venezuela y que ameritaría la ayuda militar del imperio al país agredido, ya sea Colombia o Guyana.

En apoyo a la hipótesis anterior podríamos mencionar dos recientes falsas denuncias hechas por la cancillería, desmentidas oportuna y contundentemente por nuestra cancillería: una consistente en la presunta incursión de 30 efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) a bordo de 2 helicópteros en sector Vetas de Oriente, del municipio Tibú, al Norte de Santander, el domingo 19 de agosto (14); y la otra consistente en señalar que un operativo de la GNB en el que resultaron detenidos cuatro ciudadanos colombianos, efectuado en la isla Mantequero, estado Amazonas, territorio venezolano, el pasado 13 de septiembre, fue realizado en territorio colombiano (15). Juzgo innecesario referirme explícitamente a la caterva de falsas acusaciones sobre incursiones de militares venezolanos en territorio Guyanés formuladas por el presidente Granger desde su ascenso al poder en el 2015.

Que los Estados Unidos accionarían en favor de Colombia en el caso de una supuesta agresión desde Venezuela es algo evidente dada su condición de socio global de la OTAN, pero que además ha sido explicitado en diferentes oportunidades, la última de ellas la semana pasada, por su embajador Kevin Whitaker. La actuación de la OTAN en favor de Guyana es algo que no necesita demostración a partir de su triste condición de cuasiprotectorado anglo-estadounidense.

Ya para concluir quiero señalar que si en definitiva Colombia y Guyana decidiesen actuar en profundidad como los peones del imperio que realmente son invadiendo nuestro territorio, no les arriendo las ganancias, pues  de este lado se encontrarán con un pueblo cívico-militar, plenamente capacitado para la defensa del territorio y dispuesto a entregar hasta su última gota de sangre por entender que si Venezuela cae, habrá de caer toda “Nuestra América” , que tornaría a ser el infamante “patio trasero” del imperio. También porque en el supuesto negado que lograsen una victoria, seguro estoy de que el imperio lejos de entregarles la pretendida recompensa, no hará otra cosa que apretarles el yugo ya que habrá desaparecido uno de los principales bastiones de la resistencia latinoamericana.
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!

(1)    http://celippor.blogspot.com/2018/07/lamuy-peligrosa-neurosis-de-trump-con.html
(2)    https://ensartaos.com.ve/articulo/nacional/de-que-seremos-invadidos-seremos-invadidos
(3)    https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/secretario-de-la-oea-no-descarta-intervencion-militar-en-venezuela-268500
(4)    http://www.lechuguinos.com/almagro-niega-intervencion-militar-venezuela/
(5)    https://www.aporrea.org/tiburon/n331483.html
(6)    https://www.aporrea.org/tiburon/a269327.html
(7)    https://es.panampost.com/orlando-avendano/2018/09/19/sorpresa-de-octubre-trump-venezuela/
(8)    http://celippor.blogspot.com/2017/11/800x600-normal-0-21-false-false-false.html
(9)    https://celippor.blogspot.com/2018/04/de-como-granbretana-nos-despojo-de-la.html
(10)  https://celippor.blogspot.com/2018/08/laoligarquia-colombiana-pretende.html
(11)  http://www.investigaction.net/es/la-inminente-amenaza-que-la-exxon-mobil-representa-para-venezuela/
(12)  http://www.elpais.hn/2018/09/18/embajador-de-colombia-en-eeuu-no-descarta-intervencion-militar-en-venezuela/
(13)  https://celippor.blogspot.com/2018/09/el-curioso-caso-de-unos-refugiados-que.html
(14)  http://mppre.gob.ve/comunicado/venezuela-falso-positivo-incursion-aerea-colombia/
(15)  http://mppre.gob.ve/2018/09/18/venezuela-denuncia-falso-positivo-de-colombia/

celippor@gmail.com

sábado, 28 de octubre de 2017

Nikki Haley y los neoconservadores se preparan para asaltar el poder

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

La corriente retrógrada y más reaccionaria políticamente hablando en Estados Unidos en las últimas cinco o seis décadas es la de los neoconservadores, un movimiento político defensor del  libre mercado, el individualismo y la exacerbación de ideas nacionalistas que a su vez pretenden imponer por la fuerza al exterior de sus fronteras, por lo que promueven la agresión y la intervención en los asuntos internos de otros países, incluyendo la acción militar como instrumento de imposición del modelo de vida estadounidense, desde la consideración de que sus principios y valores configuran criterios universales emanados de la idea de que el pueblo de Estados Unidos fue elegido por Dios para cumplir sus designios en la tierra. Son comúnmente conocidos como neocons.


Aunque los neoconservadores se han extendido a algunos países de Europa, básicamente han incubado en Estados Unidos. De forma generalizada se les relaciona con el sector más regresivo del Partido Republicano, pero se ubican en distintos sectores de la sociedad, incluyendo el Partido Demócrata. En cualquier caso, son profundamente anticomunistas y aborrecen las ideas socialistas

Su estructura de pensamiento rechaza de forma radical a otras civilizaciones en particular a los musulmanes, pero también a los latinos y asiáticos, en general odian a cualquier minoría nacional en su país, así como a las de carácter sexual y religioso, también repudian a los luchadores por la paz y a los defensores del medio ambiente, pues los consideran poseedores de argumentos anticientíficos, creados con el único objetivo de afectar y perturbar a Estados Unidos.

Están en contra del aborto, la eliminación de la pena de muerte y la eutanasia, no quisieran que la sociedad se modernice, están apegados a la conservación de las normas y están dispuestos a cualquier acción para defenderlas, sin importar terceras personas puedan ser afectados o que haya daños colaterales, para lo cual no escatiman en la acción represiva de la policía u otros órganos de seguridad, incluyendo el ejército, lo cual en el plano internacional significa la apología y la justificación de la guerra como necesidad, por lo cual desprecian la labor de organizaciones internacionales a favor de la paz.

No les interesa la historia ni las costumbres, exponen repulsión por el arte popular y por las expresiones sociales que emanen del sentir y la cultura surgida de manifestaciones de grupos y sectores excluidos de la sociedad.

Defienden a ultranza al Estado capitalista, pero desprecian a la burocracia en pro de una exacerbación de la tecnología como medio de transformación y mejoramiento de la sociedad.
Tras conocer estas características, se puede concluir que el pensamiento neoconservador es lo más cercano del fascismo, el nazismo y el falangismo que inundaron Europa a mediados del siglo pasado, causando la mayor devastación que la humanidad haya conocido jamás. Así mismo, después de escuchar la retórica del presidente Trump y algunos miembros de su equipo de gobierno, se tiene la impresión de que, no obstante, los portadores de estas ideas adquirieron auge durante el gobierno de George W. Bush, ha sido en esta administración donde han trepado a las más altas instancias gubernamentales en Estados Unidos, lo cual expone al planeta a un peligro de gran dimensión.

El repunte neocons en el gobierno de Estados Unidos está llegando a través de la influencia sostenida y la conspicua presencia de la Embajadora en Naciones Unidas, Nikki Haley en las decisiones más importantes de política exterior de la administración Trump.

La influencia de Haley ha llevado al presidente a mantener una posición extrema en el caso de Irán, contrariando las opiniones del propio Departamento de Estado y de los otros cinco países firmantes con Irán del Plan Conjunto de Acción (JCPOA), refutando además las conclusiones de las investigaciones in situ llevadas a cabo por la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA). El rechazo de Trump de continuar certificando el JCPOA fue interpretado por Haley como “un anuncio claro para Pyongyang”, lo cual además hace evidente la perversa mentalidad criminal de la embajadora, al relacionar un hecho con el otro.

Es conocido el vínculo de Haley con uno de los “tanques de pensamiento” neocons más acreditados como tal en Estados Unidos, el American Enterprise Institute (AEI) que ha sido desde siempre portador de las ideas más retrógradas de Estados Unidos hacia el Medio Oriente. En esa calidad fue promotor directo de la invasión de Irak en 2003 durante el gobierno de Bush, así mismo ha sido notoria la subordinación de Haley a las políticas sionistas emanadas de su lobby en New York y del propio Estado de Israel. Junto a la senadora Lindsay Graham, otra destacada neoconservadora comparten una irrestricta pasión y entusiasmo por Israel, y una dura retórica anti iraní y anti rusa, de la misma manera, apoyan sin tapujos la política intervencionista de su país en cualquier lugar del mundo, recibiendo para sus acciones, ingentes recursos financieros provenientes de grandes inversionistas ligados a los sectores de ultra derecha del sionismo internacional, que incluso han insinuado desde el año 2013 la necesidad de que Estados Unidos detone un arma nuclear en territorio iraní, si  el país persa no cumple las demandas estadounidenses en materia nuclear, las que por cierto no son compartidas por la comunidad internacional. 

En otro ámbito, la Embajadora arrastró a Trump a sostener su verborrea belicista en contra de la República Popular Democrática de Corea (RPDC), siendo ella misma quien emitiera sendas amenazas contra ese país en el seno de la ONU: en una sesión de ese organismo a comienzos del mes de septiembre llegó a decir que Pyongyang "está rogando por una guerra". Tan solo una semana después en la misma instancia afirmó que ya se habían agotado todas las opciones, por lo cual el Pentágono debía encargarse de este asunto, asegurando  que “Corea del Norte será destruida”.

Otro frente de batalla tomado por Haley como un reto personal, y ante el cual Trump también ha aceptado sus postulados, es el interno de la ONU.  Asumiendo su responsabilidad cual “matón de barrio” o, desde otra perspectiva, como el “niño dueño del juguete”,  su ataque contra la AIEA por el caso Irán, esconde también un interés en debilitar el organismo internacional y a la propia ONU para ponerla a trabajar acorde sus intenciones y puntos de vista, bajo amenaza de retirarse de esta agencia, así como del Consejo de Derechos Humanos, -tal como ya lo hiciera de la UNESCO- si se siguen emitiendo criterios que ponen en evidencia la acción intervencionista  de Estados Unidos y de su aliado Israel.

Esta ofensiva neoconservadora tiene como trasfondo la búsqueda de debilitar a sectores que también pugnan por el poder en Washington.  Como se dijo antes, pareciera que Haley le va ganando la batalla al Departamento de Estado y a Tillerson quien, como representante del sector energético, ha visto cómo va perdiendo espacio en favor de su hoy subordinada. Tillerson ha basado su defensa en una alianza con el sector militar del gobierno, que ve con horror, que se desate una guerra de la que no necesariamente van a tener el control, lo cual derivaría en cambios profundos en la dinámica del poder interno de Estados Unidos. Los rumores cada vez más fuertes en torno a que Trump ya estaría estudiando la destitución de Tillerson en favor de Haley apuntan en esa dirección. Los medios de comunicación más poderosos de manera interesada parecieran estar apoyando tal cambio.

Lo cierto, es que algo se está moviendo en Washington, el punto de inflexión que significó la crisis financiera de 2008, ha seguido su curso, la derrota estratégica de la política de Estados Unidos en Siria, necesariamente tendrá repercusiones en la cueva imperial, en Catar y Turquía, por no decir en Arabia Saudita, han comenzado a producirse cambios y se acercan a Rusia, la política de Trump de avanzar hacia una situación distendida con esta potencia, ha fracasado, los neoconservadores han sido causantes directos de ese hecho para torpedear desde adentro cualquier avance hacia un mundo multipolar o de balanza. Por lo que se ve, en un movimiento de extremo riesgo, Trump ha aceptado su derrota y se ha plegado a las huestes neocons. Imagino que piensa que es mejor estar con ellas que quedarse fuera, en esa medida, habrá que prepararse para lo peor, si los sectores de la ultra derecha ideológica logran su cometido en su cruzada por el poder.    
sergioro07@hotmail.com