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sábado, 7 de julio de 2018

Más allá de las palabras


Por Carolina Vásquez Araya:

Los libros son pequeños universos en donde a veces nos perdemos.

Algunos de los recuerdos más poderosos de mi infancia tienen que ver con libros. Nací en una casa en donde abundaban y de padres cuyas preocupaciones, muy alejadas del contenido de las lecturas de sus hijas, nos daban total libertad; por eso, quizá, pude encontrarme con autores como Dostoievski a una edad ridículamente corta. Por eso también me adentré en un mundo fantástico en donde –aun sin comprenderlo- tuve contacto íntimo con las infinitas rutas del lenguaje, una aventura capaz de marcar mi vida para siempre.


Los libros me han acompañado desde entonces y tengo algunos tan antiguos como para deshacerse entre mis manos; pero son tesoros capaces de cambiar no solo un estado de ánimo, sino también una perspectiva de la vida y eso los convierte en un recurso valioso para comprender y afrontar los desafíos de nuestro entorno. ¿Cómo, entonces, vivir sin ellos? Sin embargo, millones de niñas, niños y adolescentes apenas tienen contacto con algún texto escolar de mínima calidad y habitan en aldeas y pueblos en donde una biblioteca es un lujo desconocido.

En el transcurso de mi vida he comprendido que aprender a leer y escribir nunca es suficiente, es apenas el inicio de un ejercicio de comunicación vital para el desarrollo humano. Por ello, privar de educación y de lecturas de calidad a la infancia es un pecado político muy caro, porque aquellas naciones en donde la niñez carece de oportunidades y de acceso a la lectura sufren las consecuencias en un marcado retraso de las posibilidades de desarrollo de sus nuevas generaciones. Guatemala es uno de esos países en donde la lectura está vedada para las grandes mayorías, no solo por el alto costo de los libros sino por el establecimiento –de muy antigua data- de estrategias puntuales para mantener a la población alejada de toda fuente de ejercicio intelectual y, por tanto, del desarrollo de sus capacidades ciudadanas en un marco de conocimiento del mundo que le rodea.

En este escenario, entonces, la celebración de la Feria Internacional del Libro en Guatemala, Filgua, representa un respiro importante; una ventana amplia e inclusiva para oxigenar las ideas y renovar el compromiso de compartirlas. Allí, en un ambiente festivo y dinámico de conferencias y lecturas, se produce ese encuentro entre las mentes jóvenes y ávidas de saber con quienes han hecho de la literatura su forma de vida. Lectores y autores en una plataforma de intercambio, cuyo resultado ideal es una cosecha de consumidores de buenos libros y, por ende, de obras que probablemente dejarán una huella profunda en sus vidas.

Filgua es la celebración del libro en un país de poetas, es la fiesta de las letras y las palabras, las ideas y los sueños para compartir. Durante muchos año acudí y algunas veces también participé de esa vorágine de actividades en entrevistas y presentaciones de obras literarias. Tuve el enorme privilegio de disfrutar la compañía y la amistad de autores nacionales y extranjeros de enorme valía y de editores que no han bajado la guardia para continuar luchando por la promoción de la lectura, aun contra los obstáculos de un entorno oficial hostil hacia la educación, la cultura y el arte.

Este año, la XIV Feria Internacional del Libro en Guatemala tendrá como invitado de honor a Francia y estará dedicada a celebrar “El Mundo de Asturias” para conmemorar el cincuentenario del Premio Nobel al escritor guatemalteco. A partir del 13 de julio, Filgua abrirá sus puertas y comenzará su ciclo de actividades. Te invito a disfrutar de esa fiesta literaria.

Cada libro abre tu mente hacia un universo lleno de nuevas ideas.

elquintopatio@gmail.com

sábado, 8 de julio de 2017

Otro libro, otra ventana

 Por Carolina Vásquez Araya
Un libro puede abrirte el universo y darte una plataforma para elevar el vuelo.

Cada vez que abro un nuevo libro siento esa emoción tan particular que precede a lo desconocido. Conozco la sensación desde niña, cuando tomaba un volumen de la colección Zigzag y me iba a refugiar bajo el hueco de la escalera para leer sin que nadie me estorbara. Ahí desfilaban los grandes maestros de las letras y aunque yo no entendía las complejas divagaciones de esos increíbles escritores rusos, alemanes, latinoamericanos o de lugares remotos que ya no recuerdo, caía bajo el influjo inevitable de ese desfile de seres imaginarios en escenarios fantásticos.



Libros, muchos libros han enmarcado mis espacios desde entonces. Están en todos lados como un acompañante indispensable siempre dispuesto a abrir sus páginas para retomar su vida y compartirla conmigo. Por eso comprendo los esfuerzos de los editores guatemaltecos por afianzar desde hace ya 17 años uno de las pocos escenarios de convergencia para quienes escriben, producen, leen y creen en la literatura como fuente de saber, de crecimiento y desarrollo para las sociedades. La Feria Internacional del Libro en Guatemala es un sitio de encuentro fundamental y merece todo el apoyo de la ciudadanía porque solo una sociedad informada, educada y abierta al saber, es capaz de transcender y evolucionar.

Filgua ha dedicado sus programas de actividades a toda clase de público. Sin embargo, ha cargado su acento en la niñez guatemalteca, uno de los sectores más abandonados no solo en cuanto al goce de sus derechos, al acceso a la educación y a una niñez protegida, sino también a la diversión sana y constructiva. Cada año, esta Feria brinda amplios espacios para intercambio con escritores de distintos países del mundo y una agenda diversa gracias a la cual es posible tener acceso a un mundo literario rico en novedades y pródigo en ofertas.

En su presentación, los organizadores afirman que “desde su origen, Filgua ha sido un espacio en el que se combinan la exhibición y venta de libros con un extenso y amplio programa de actividades culturales dedicadas al esparcimiento, la educación, la capacitación continua de profesionales del mundo del libro y la promoción de la lectura.” Y así ha sido. Por los salones de la feria desfilan la curiosidad, el interés y el saber en proporciones iguales. Y al final, cuando cierra sus puertas y se despide hasta el año próximo, queda el eco de muchas voces y la satisfacción de la labor cumplida.

Guatemala necesita desesperadamente afianzar estas actividades cuyo objetivo es echar raíces culturales en una sociedad carente de espacios propicios para ello.

Filgua es una oportunidad para crecer y divertirse en familia. El jueves 13 de julio abrirá sus puertas y durante 10 días la población tendrá este refugio de amistad y convivencia para todas las edades. Esta Feria es organizada por la Gremial de Editores y la Asociación Gremial de Editores de Guatemala, más un aporte financiero del Estado por medio del ministerio de Cultura y Deportes. El trabajo y esfuerzo de estas organizaciones ha mostrado cada año mejores resultados y un creciente interés de la población por aprovechar su oferta cultural.

Esto se ha traducido en mayores demandas de espacios para exhibición y venta de libros con ofertas cada vez más tentadoras para el público. Entre las novedades para esta edición 2017 de Filgua, habrá eventos de homenaje a Miguel Ángel Asturias, por el cincuentenario de su Premio Nóbel y otras muchas actividades cuyo centro esencial es la promoción de la lectura y del intercambio productivo de experiencias entre los principales protagonistas de la ocasión: los autores y sus lectores. Filgua te espera. 

ROMPETEXTO: Cada vez que tomas un libro y comienzas a leer, una ventana se abre para poner a volar tu imaginación.

elquintopatio@gmail.com