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miércoles, 31 de enero de 2018

Efrîn crónica de una invasión anunciada

Por Leandro Albani El Furgón:

Hoy no es el día para construir talleres textiles, es el día para construir talleres de armas y municiones, para crear el comunismo de guerra y enraizarlo”
(Abdullah Öcalan, desde la isla-prisión de Imrali, sobre la situación en Efrîn, principios de 2016)


Desde hace varios meses, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan viene anunciando lo que por estos días es una realidad: la invasión militar del cantón de Efrîn, ubicado en el noroeste de Siria, un territorio liberado por la Unidades de Protección del Pueblo (YPG/YPJ) luego de duros enfrentamientos contra el Estado Islámico.



Efrîn, que forma parte del Kurdistán sirio (Rojava), es una región rica en agricultura, con un desarrollo económico mayor que el cantón de Kobanê y, con el paso del tiempo, se convirtió en el refugio de miles de desplazados, tanto kurdos como árabes, expulsados de sus territorios por la guerra interna que atraviesa el país desde hace seis años. Además, Efrîn es parte fundamental de la Federación Democrática del Norte de Siria (FDNS), creada hace tres años por los pueblos de esa región, luego de liberarla de los grupos terroristas, y junto a Kobanê y Qamishlo son las ciudades más importantes en el proyecto de Confederalismo Democrático, impulsado por el Movimiento Kurdo de Liberación (MKL) en Siria.

En Efrîn también se puede observar, de forma clara y contundente, las luchas internas y externas que se generaron cuando en 2012 estallaron las protestas contra el gobierno sirio y su posterior devenir, la aparición del Estado Islámico, las intervenciones militares de Rusia, Siria e Irán, y un panorama desgarrador donde los muertos civiles superan los 500 m

Volver al Imperio Otomano
La decisión del gobierno turco de invadir Efrîn, bajo la operación “Rama de Olivo”, se venía gestando hace tiempo. Para Erdogan y sus aliados políticos, la experiencia de la FDNS es una gran traba en su proyecto de convertir a Turquía en un nuevo Imperio Otomano y, al mismo tiempo, es un peligro para el Estado turco, que ve con creciente preocupación el proceso de liberación del pueblo kurdo. Desde el inicio de la Revolución de Rojava, en 2012, Erdogan apuntó toda su artillería con el objetivo de destruir la experiencia política y social de los kurdos de Siria. Para el mandatario, el impulso del movimiento kurdo en Siria es un espaldarazo para los más de veinte millones de kurdos que habitan el sureste de Turquía.

Consultado por este medio, Erol Polat, miembro del Congreso Nacional del Kurdistán (KNK, por sus siglas originales), explica que históricamente, “el Estado turco está en contra de la existencia de los kurdos, en cualquier lado, como también contra otros pueblos y religiones. Así nació el actual sistema que rige en Turquía”. A su vez, puntualiza que Turquía y otros estados de la región, rechazan el Confederalismo Democrático, sistema político y social aplicado en el norte de Siria e impulsado por el Movimiento Kurdo de Liberación. “El Estado turco ataca en nombre de todas las naciones que están en contra de este sistema. Esos estados saben que el Confederalismo Democrático es la única solución para los pueblos de Medio Oriente”, asegura Polat.

Por su parte, el antropólogo kurdo Mehmet Dogan señala que la invasión a Efrîn responde a una estrategia del gobierno turco que lleva mucho tiempo, porque es “parte de su proyecto de recuperación de territorios de la época del Imperio Otomano”. A esto se debe sumar que Erdogan, “utiliza que la frontera no es segura, que los kurdos controlan la zona y avanzan hacia su independencia”, explica Dogan. “Son solamente argumentos falsos para legitimar su intervención y, al mismo tiempo, Erdogan está utilizando el conflicto entre Rusia y Estados Unidos para ocupar Efrîn”.

La frontera de la que habla Dogan son 900 kilómetros impuestos hace un siglo, cuando Francia y Gran Bretaña acordaron la división de Medio Oriente y al pueblo kurdo se le negó un Estado, quedando fragmentado entre Turquía, Siria, Irak e Irán. Esa frontera todavía es, aunque en mucha menor medida que hace dos años atrás, el camino que utiliza Turquía para traficar armamento que llega a manos de grupos terroristas que operan en Siria. También es un espacio de disputa permanente, ya que los pueblos del norte de Siria buscan la unificación de toda la FDNS, pero Turquía lo impide ocupando las zonas de Jarablus y Al Bab. A este panorama hay que sumar que las tropas turcas ingresaron, con el beneplácito de Estados Unidos y Rusia, hasta Idlib, territorio ubicado al sur de Rojava. La negociación para que el Ejército turco llegara hasta esa zona tuvo como resolución pública el combate contra el terrorismo, pero desde el movimiento kurdo denunciaron que el objetivo real era rodear Efrîn para una futura invasión. Como último punto, el gobierno turco aseguró que luego de tomar Efrin el siguiente paso es trasladarse a Manbij, otra las ciudades que estaban en manos del Estados Islámico y fue liberada por las FDS.

Otra razón que encuentra Polat para la actual invasión, es que “el gobierno turco tiene muchos problemas internos y con el ataque a Efrîn quiere mejorar su posición. El gobierno sabe que la mayoría del pueblo turco es nacionalista y no le gusta los kurdos. Con el ataque a Efrîn, la mayoría de los turcos apoyan al gobierno. Desde nacionalistas hasta algunos socialistas, como los empresarios o sindicatos, todos declararon que apoyaban a su ejército”.

El pragmatismo de Moscú, Washington y Damasco
Mientras los bombardeos llueven sobre Efrîn, hasta ahora costándole la vida a más de 20 civiles, el territorio kurdo de Siria –pero también el país en su conjunto- es un tablero donde Rusia y Estados Unidos se disputan de forma descarnada el control y el poder. Para estas dos naciones, la “cuestión kurda” ha tomado relevancia no porque ambas potencias intenten que los kurdos alcancen su liberación, sino porque la porción de territorio que controlan en Siria, estimado en 35 por ciento, definirá la puja entre Rusia y Washington con respecto a buena parte de Medio Oriente.

Las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), conformadas por las YPG/YPJ y por otras milicias árabes, mantienen un acuerdo táctico con Estados Unidos, como lo definen los propios kurdos. Hasta el momento, la Casa Blanca envía armamento a las FDS y, de una manera tibia, negocia con Turquía para que detenga el avance sobre el territorio. Cuando comenzaron los bombardeos sobre Efrîn, el gobierno de Donald Trump se limitó a pedir “moderación” a Erdogan. La portavoz del Departamento de Estado, Heather Nauert, declaró que la administración Trump urgía “a Turquía a ejercer contención y garantizar que sus operaciones militares sean de alcance y duración limitados y escrupulosas para evitar víctimas entre civiles”.

Aunque en el último tiempo las divergencias entre Washington y Ankara parecen acrecentarse, la importancia de Turquía en Medio Oriente no es ajena a Estados Unidos. Al ser el segundo ejército más poderoso dentro de la OTAN, Turquía quiere forzar a la Casa Blanca para que bloquee su apoyo a las FDS. El gobierno de Erdogan también tiene en claro que para Estados Unidos las fuerzas de autodefensa kurdas asentadas en el sureste de Turquía son simples “terroristas”, opinión compartida por Ankara. La alianza entre Turquía y Estados Unidos se basa, como mínimo, en dos cuestiones: con diferentes “estilos” y modalidades, ambas administraciones quieren que, de una vez por todas, Bashar Al Assad sea derrocado; y tienen al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) como blanco a destruir. Es bueno recordar que desde su conformación, las YPG/YPJ nunca realizaron un ataque fuera de la región que controlan.

Por su parte, Rusia, que mantiene presencia militar en Efrîn y controla su espacio aéreo, encabezó durante los últimos meses las negociaciones diplomáticas con Turquía, Irán y Siria para que los kurdos participen las reuniones en Astaná, Ginebra o Sochi, que buscan encontrar una solución política a la profunda crisis siria.

Una semana antes de los bombardeos turcos, el comandante general de YPG, Sipan Hemo, viajó a Moscú, donde se reunió con las autoridades de ese país. Desde Rusia, Hemo afirmó que el gobierno de Vladimir Putin “considera a los kurdos como parte fundamental de Siria y que no ve ninguna razón para una crisis o problemas debido a la participación kurda” en las negociaciones de paz. El comandante de las YPG también advirtió que “Turquía está intentando sabotear” la participación kurda en las negociaciones y señaló que durante 2018 la guerra en Siria continuará más allá de los diálogos entre las partes.

Turquía y Rusia mantienen relaciones comerciales y militares profundas, y la alianza entre ambas naciones sobrevivió, debido a sus intereses compartidos, pese a posturas diferentes con respecto a Siria.

Con la invasión turca en pleno desarrollo, Sipan Hemo fue categórico en aseverar que Rusia “traicionó” a las fuerzas del norte de Siria. En declaraciones a la agencia ANF, el comandante de las YPG explicó que “durante dos años, las fuerzas rusas han estado en Efrîn y han afirmado que resolverán ciertos problemas trabajando juntos con los kurdos. Constantemente dijeron que una solución sin los kurdos no es posible”. Hemo señaló que “tuvimos ciertos arreglos con Rusia, pero Rusia de repente ignoró estos acuerdos y nos traicionó. Nos han vendido claramente”. La máxima autoridad militar del norte de Siria expresó que “con las YPG/YPJ y las FDS, una nueva historia está siendo escrita en la lucha de nuestra gente. Llegará un día en que Rusia se disculpará con los kurdos por esta falta de principios”.

Según Erol Polat, Rusia y Estados Unidos son “dos actores en Medio Oriente que tampoco quieren que los kurdos planteen el Confederalismo Democrático, porque va en contra de sus sistemas. Estas dos fuerzas y Europa tienen sus inversiones en Turquía y las quieren perder, por eso dejan hacer al gobierno de Erdogan, al mismo tiempo que quieren controlar a los kurdos”. “Los kurdos tienen que buscar trabajar con estas dos fuerzas, porque así se puede resolver la crisis en Medio Oriente”, asevera el miembro del KNK.

Por su parte, Mehmet Dogan no comparte la postura de una “alianza táctica” con Washington, ya que “como vemos en la intervención de Turquía contra Efrîn, Estados Unidos dijo que tenían razón (de la intervención), que tenían que avanzar rápido y no mucho más. La única solución es encontrar un acuerdo con el gobierno de Siria sin contar con las potencias extranjeras”.
Sin bien el gobierno de Assad rechazó la invasión turca, hasta ahora no intervino de forma concreta para detener los ataques. Aunque los kurdos y la administración siria mantienen algunos acuerdos territoriales, las diferencias de posturas por momentos parecen irreconciliables.

Dogan no ve probable que el gobierno de Assad intervenga en Efrîn para detener a Turquía y agrega que “cuando los turcos entraron en Jarablus, el gobierno sirio cometió un error estratégico”. “Pero Siria puede aprovechar de esta situación para atacar Idlib –explica el antropólogo-. Si Siria ataca Efrîn o utiliza sus Fuerzas Armadas en Efrîn o en alguna zona kurda de Rojava, creo que un acuerdo entre los kurdos y Bashar Al Assad sería importante. Sin un acuerdo entre el gobierno sirio y los kurdos, con las reivindicaciones de los kurdos de modificar la Constitución, transformar a Siria en un Estado confederal y democrático, en este caso Siria podría intervenir”. Par Dogan, “los kurdos deben negociar con Assad para que acepte sus reivindicaciones. Podemos vivir unas negociaciones entre Siria y los kurdos y que lleguen a un acuerdo. Creo que eso sería la solución en beneficio de todos los pueblos de Siria. Sin un acuerdo con el gobierno sirio, los kurdos solos van a seguir estando como un elemento entre potencias mundiales”.

Según Polat, “el Estado sirio da un mensaje y dice que va a apoyar a los kurdos, pero el gobierno de Assad tampoco quiere que los kurdos desarrollen un sistema propio. El gobierno está más fuerte que antes, después de la derrota del Estado Islámico, entonces dice que los kurdos no pueden vivir sin el control del Estado sirio”.

Por estos días, en las cuatro regiones de Kurdistán, pero también en América Latina, Europa y Estados Unidos, las movilizaciones en contra de los bombardeos a Efrin se multiplican. Desde el Movimiento Kurdo de Liberación la respuesta a los ataques es la resistencia, no sólo desde el plano militar, sino que, en el caso del norte de Siria, también es en sostener la continuidad de un proyecto político y económico novedoso, en el cual las mujeres son el sujeto revolucionario y de cambio social, las comunas la principal forma de organización y las cooperativas el motor que lentamente comienza a funcionar en medio de una guerra que parece no tener fin.
leandroalbani@gmail.com


miércoles, 6 de septiembre de 2017

La danza como ritual de resistencia identitaria

Por Leandro Albani:

La editorial Sudestada acaba de publicar “Mujeres de Kurdistán. La revolución de las hijas del sol”, un libro compilado por Roma Vaquero Diaz y Leandro Albani. En El Furgón publicamos como adelanto el artículo “La danza como ritual de resistencia identitaria”, de Roma Vaquero Díaz.



En enero de 2015, milicianos y milicianas kurdas de las YPG/YPJ celebran la victoria en Kobanê danzando sobre los escombros de la ciudad. Tomados y tomadas de las manos sonríen y festejan mientras cantan. ¿Por qué eligen esta manera de celebrar? ¿Por qué la música y la danza se encuentran presentes en cada uno de los momentos de la vida del pueblo kurdo?

El Kurdistán es un pueblo que se ha establecido durante miles de años en la parte septentrional de Medio Oriente, entre los ríos Tigris y Éufrates, y en las alturas de las montañas de Anatolia y los montes Zagros. Después de la Primera Guerra Mundial este territorio se repartió entre Turquía, Siria, Irán e Irak, naciones que desde ese entonces intentaron e intentan separar y desaparecer al pueblo kurdo.

Las expresiones culturales kurdas se han prohibido infinitamente, pero el pueblo las retoma y resiste a través de ellas. La música y danza kurda no existen una sin la otra. Ambas son la expresión del sentir, de la lucha y de la historia del pueblo kurdo. Ambas son una facultad de resistencia para proteger la identidad de su sociedad. Ante todo intento de prohibición y de destrucción contra su cultura, el arte es la herramienta constituida a través de la herencia. Los pueblos de Kurdistán bailan y cantan porque el arte y la cultura son la transferencia testimonial de su historia y de su identidad.

Cuando en los hogares la música y la lengua kurda estaban prohibidas, las mujeres les cantaban a sus hijos para transmitirle sus raíces. Históricamente, las mujeres han sido quienes mantuvieron vivo el arte, transmitiéndolo de generación en generación.

Para el pueblo kurdo la expresión cultural es un arma de autodefensa, por este motivo en Rojava se crearon centros culturales donde se coordinan talleres –que estaban prohibidos antes de la revolución– de música, danza, dibujo, poesía, teatro y escultura. En cada centro cultural se creó una coordinación de mujeres y una academia por y para la cultura y el arte de las mujeres, ya que estas, más allá de haber sido las transmisoras históricas, se enfrentan a formas de represión patriarcales y capitalistas que subestiman sus haceres.

Existen diferentes estilos de danzas kurdas en las cuatro regiones del Kurdistán: algunas tratan acerca del amor, de la belleza de la naturaleza, de las escenas de la comunidad; de tareas cotidianas como preparar el pan, el ordeñe de las vacas, la relación con los animales y el trabajo en el campo. Cada una de las danzas representa los elementos propios de la cultura y en sí mismas son la historia viva del pueblo. Aquí nos interesa adentrarnos en las Govend, para entender cómo estas danzas funcionan no sólo como poder identitario sino también como construcción política y colectiva.

Espirales colectivas y fraternas
Todos los 21 de marzo, con el equinoccio de primavera, se celebra el Newroz que indica el año nuevo para los pueblos de la Mesopotamia. En este festejo, los y las participantes danzan alrededor del fuego como símbolo de vida y de resistencia.

Recuerdo mi primer Newroz en la ciudad de Buenos Aires: luego de que los kurdos residentes en Argentina pronunciaran palabras de acompañamiento a la lucha de su pueblo y en demanda por la liberación para Abdullah Öcalan, uno de ellos tomó un pañuelo y salió a bailar; espontáneamente, los y las presentes comenzaron a sumarse, y yo decidí hacerlo también: al acercarme al círculo, este se abrió y me brindaron un espacio. Al dar el primer paso, los dedos meñiques se encontraron sujetos y las manos tomadas comenzaron a dibujar círculos en el aire y cerca del pecho. Los pies, por su parte, como si conocieran los pasos de lo colectivo, se dejaron guiar por el flujo del corro. Así, más despierta y presente, percibí cómo mi energía se modificaba y se sentía reflejada en cada una de las sonrisas de este cuerpo comunitario en celebración.
Las danzas Govend, presentes en cada Newroz, afirman el tiempo circular de renovación de la vida y de los lazos sociales, pero sobre todo sostienen la identidad del pueblo.

La manera en que cada pueblo danza con los integrantes de su comunidad, en que aproximan sus cuerpos y se organizan en el espacio, da cuenta de la cosmovisión en la que se encuentran sumergidos en su presente y denota aquellos elementos sobre los cuales pudieron sostenerse a lo largo de la historia como identitarios de su cultura. En las danzas kurdas no existe segregación por sexo ni por edad como si, de alguna manera, en la rítmica ritual de una Govend, ya se encontraran latentes las ideas con las cuales Öcalan pensó el Con federalismo Democrático. El líder del Movimiento de Liberación de Kurdistán sostiene que no puede lograrse una sociedad libre de todas las formas de opresión mediante la continuación de las estructuras existentes del Estado-nación, el patriarcado y el capitalismo; y que la alternativa a estos sistemas existentes es el Con federalismo Democrático. Este modelo basado en la idea de una sociedad construida sobre la democracia, la ecología y la liberación de las mujeres, y una coexistencia pacífica entre todas las etnias y religiones, es evocado a través de las Govend, donde la mirada está puesta en la comunidad y en lo colectivo. Así, unidos y unidas entre sí, a través de la danza, la revolución del pueblo kurdo forma círculos inmensurables que se acrecientan al compás del erbane, pandero percutido principalmente por las mujeres.

Las Govend son danzas comunitarias y grupales donde hombres y mujeres de edades disímiles bailan juntos en círculo, en semicírculo o en línea recta, direccionando el movimiento hacia la derecha; y se unen entre sí tomándose por las manos, en contacto hombro con hombro, entrelazando los dedos meñiques o mediante la colocación de las manos en la espalda. Las y los danzantes se encuentran siempre simbólicamente alrededor del fuego y dan cuenta de la forma de vida de los kurdos y de las kurdas a través de miles de años, ya que, al tomarse de las manos, entre sus dedos circulan siglos de cultura, lucha y resistencia. Al mismo tiempo, personifican la unión de los pueblos a través de la historia. Este tipo de danza se pone en acto para celebraciones especiales, compromisos, bodas, el Newroz y los momentos de victorias. En este tipo de manifestación, no hay diferencia de roles salvo con uno de los partícipes: el Serchopi´, quien se encuentra a la cabeza del círculo y es el encargado de guiar la danza y modificar la dinámica a lo largo de la práctica. En su mano derecha sostiene un objeto alusivo, generalmente un pañuelo donde se encuentran presentes los colores del Kurdistán, amarillo, verde y rojo que simbolizan el sol, la naturaleza y el fuego, respectivamente. Nadie puede ocupar su lugar hasta que haya completado una vuelta al círculo, de manera tal que quien entra a la danza se ubica entre el resto de las y los danzantes, llamados Gawaní.

La danza es la transformación de funciones y expresiones comunes en movimientos fuera de lo habitual para propósitos extraordinarios. Incluso una función básica de locomoción como el caminar se realiza en la danza de una forma mítica, en círculos o en un ritmo concreto y dentro de un contexto especial. Las Govend son cadenciosas, siempre a tempo, y quienes las danzan no sólo acompañan con el canto, sino también con las típicas vocalizaciones “Tilili” que se producen al vibrar las cuerdas vocales y movilizar la lengua rápidamente, dentro de la cavidad bucal, hacia arriba y hacia abajo. Ondulando en marcha acompasada, estas danzas pueden versionarse en Dilan, Sepe o Chapi: en las Dilan, el paso de danza se encuentra más cercano a la tierra y se realiza sincrónicamente, aunque la energía y calidad de movimiento se va modificando según la dinámica rítmica de la música; en las Sepe, los pies derechos acentúan la rítmica y se dirigen hacia el centro del círculo; y en las Chapi, el traslado consiste en dar dos pasos hacia adelante con el pie izquierdo y luego dos pasos hacia atrás con el pie derecho, mientras se mantiene el curso circular.

En este tipo de prácticas, la danza y la música van unidas de manera tal que la dinámica de una modifica a la otra. El ritmo binario se refleja en ambas, el pulso es marcado por la entrega de peso del pie derecho y del pie izquierdo alternadamente, mientras que las manos y el torso se unen a la subdivisión rítmica. Las danzas se desarrollan en series continuas y repetitivas de pasos cortos mientras se desplazan en el espacio. Los y las bailarinas discurren en la repetición de movimientos y en la reiteración de las células rítmicas, afirmándose a sí mismos y a sí mismas en su identidad, enfatizando la unidad y la continuidad donde ningún tiempo ni movimiento es más importante que otro, y donde la danza es una totalidad que los comuniona.

Por lo tanto, esta circularidad puesta en común a través de la danza se presenta tanto en el tiempo como en el espacio construyendo una sensación de comunidad, fraternidad e identidad.

Silvia Citro y Adriana Cerletti en Las danzas aborígenes siempre fueron en ronda, sostienen que “danzar colectivamente en círculo, repitiendo simultáneamente los mismos movimientos y unidades musicales, usualmente promueve sentimientos de fraternidad y cercanía entre los performers” (Citro – Cerletti, 2012, pág. 163). Así la acción colectiva se encuentra sobre la individual, idea que se presenta tanto en los haceres cotidianos de la agricultura o el amasado de pan, como en el paradigma del movimiento kurdo que busca una democracia colectiva y comunitaria. Siendo así, el foco de la danza es interno y se encuentra entre quienes danzan y el espacio que los contiene. No es para ser mirados ni miradas, no es para un público, sino que es para ellas y ellos mismos: un cuerpo colectivo para ser vivido y no para ser espectado.

Símbolo de identidad y práctica de resistencia
Las Govend nacieron junto al pueblo kurdo a través de su historia y de su geografía, son danzas que tienen más de 5.000 años de antigüedad. En su serpenteo colectivo y mixto, donde los pies se desplazan y las manos unidas se mueven como manivelas en el aire, se constituye una sensación de unidad y comunidad que aúna al pueblo y lo empodera. A través de este acto intangible y fugaz, los cuerpos se fusionan en desarrollo del respeto mutuo. Mediante el ritual, el pueblo y el territorio se vuelven continuos uno del otro. Esta acción que involucra al cuerpo les permite conectarse con su esencia trascendente y volver una y otra vez al origen de su civilización. Al mismo tiempo, todo ritual cultural permite vincularse con lo sagrado y tomar conciencia del sí mismo colectivo. De esta manera, el espacio cotidiano se torna espacio mítico y de autodefensa, creando un puente entre sociedad y vida, entre pasado y presente, reforzando la pertenencia cultural. Es decir, mito y ritual acompañan los momentos importantes de la vida del pueblo kurdo y ello sostiene su existencia, a la vez que actualiza los relatos propios de su sociedad.

La danza kurda en el contexto de la guerrilla, de la lucha y de las victorias, es un poderoso símbolo de identidad, es una práctica de resistencia y complicidad que da cuenta de lo que el imperialismo cultural no pudo deshacer. Si en la danza se reflejan las características de un pueblo y de su tierra, la regularidad de sus ciclos y la temperatura de sus días; las danzas colectivas kurdas reflejan no sólo el movimiento del sol y la sabiduría de las montañas, sino también el deseo de fraternidad y de libertad, el anhelo de un paradigma basado en la igualdad y el respeto; el saber vivencial, la alegría y la lucha.
Para consultar sobre el libro:
http://www.revistasudestada.com.ar/edicion/316/mujeres-de-kurdistan/
leandroalbani@gmail.com