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miércoles, 29 de agosto de 2018

El jefe del Pentágono vino a ultimar los detalles de la intervención militar en Venezuela


Por Carlos E. Lippo

“Vengo en paz. No traje artillería. Pero con lágrimas en los ojos, les digo esto: si me fastidian,
 los mataré a todos”.
James “perro rabioso” Mattis en una reunión con iraquíes, durante la invasión de 2003.

No tengo duda alguna en relación a que de toda la caterva de sociópatas a los cuales Trump ha entregado la dirección del área de seguridad de su grotesca administración, el más “impresentable” es James Mattis, el actual secretario de defensa. Y ello a pesar de que en dicho equipo se ha asignado papeles protagónicos a personajes de la calaña de: John Bolton (asesor de seguridad nacional), uno de los principales forjadores del “falso positivo” sobre la existencia de armas de destrucción masiva en el Irak del 2002 que sirvió de pretexto para la invasión del año 2003, que aún se mantiene vigente; Mike Pompeo (secretario de estado y exdirector de la CIA), defensor a ultranza de los métodos de interrogatorio basados en torturas así como también de sus ejecutantes, de los cuales ha llegado a decir con el mayor desparpajo: "… estos hombres y mujeres no son torturadores, son patriotas"; y Gina Haspel (directora de la CIA), una experta del espionaje y de las misiones encubiertas, con más de 30 años de experiencia en esa agencia y con severos señalamientos que la vinculan con las operaciones de tortura de prisioneros, dentro y fuera del territorio de los Estados Unidos.

Intentando una breve semblanza de este actual jefe del Pentágono, designado en 2017 en violación de una ley que prohíbe la designación para ese cargo de quienes hayan prestado servicio en las fuerzas armadas estadounidenses durante los siete años anteriores, ya que se retiró del servicio activo en el 2013, habremos de decir que se trata de un laureado oficial del “Cuerpo de Marines” con muy destacada actuación en la “Guerra del Golfo” (1991) y con altísimas posiciones de comando tanto en la invasión a Afganistán (2002) como en la de Irak (2003). La mediática gringa, tan dada a endilgarle apodos a todo el mundo, tanto amigos como enemigos, le ha bautizado con el de “perro rabioso” (mad dog), apodo que consideramos que está más que justificado en este caso si se toman en consideración muchos de sus cínicos y petulantes señalamientos como aquel de: “Sé cortés, sé profesional, pero ten un plan para matar a todos los que conozcas”, pronunciado durante la ocupación de Irak en el 2003, al igual que el otro irrepetible señalamiento que da inicio a estas notas (1).

Es a este guerrerista, mezcla de sociópata con sicópata, a quien Donald Trump ha confiado la tarea de consolidar bajo la amenaza de las armas el “patio trasero” suramericano, una vez que haya atado todos los cabos sueltos dejados en los primeros meses de este 2018 por sus anteriores enviados a la región (Rex Tillerson, Mike Pence y Mike Pompeo), quienes privilegiaron la aplicación de presiones de naturaleza económica y diplomática para el logro de los fines que les fueron encomendados.

Como es sabido por todos la gira suramericana del jefe del Pentágono tuvo lugar entre los días 12 y 17 de agosto, contemplando reuniones con los ministros de defensa d
e los dos “pesos pesados” suramericanos (Brasil y Argentina), y siendo recibido además por los presidentes de los más arrastrados cipayos o “socios confiables”, como ellos prefieren ser llamados (Chile y Colombia); siendo precedida por la visita a los mismos países del almirante John Richardson, jefe de operaciones navales de la armada estadounidense, y por la visita a Colombia de Nikki Haley, embajadora gringa en la ONU.

Dejando de lado todo eufemismo, el almirante Richardson fue enfático en señalar en todos los países visitados que las fuerzas armadas estadounidenses, y en particular la marina, querían asegurarse de que el país angloamericano fuese el "principal socio en materia de seguridad” de Latinoamérica; reconociendo que en esa materia, algunos funcionarios locales decían estar listos para la cooperación militar interamericana, desde misiones humanitarias, hasta misiones en ciberseguridad (2). Así mismo, en declaraciones a la Voz de América (VOA), señaló: “ queremos ser ese equipo estable, constante y comprometido que no deja de prestar su apoyo a la hora de la verdad”. Y todos sabemos lo que significa para los gringos “la hora de la verdad”, así como el hecho de que el equipo estable constante y comprometido del que está hablando es con toda seguridad la fuerza multiestatal invasora de nuestro país.

Por su parte la “glamorosa” señora Haley, a la usanza de las giras efectuadas en sus momentos por la secretaria de estado Clinton a países invadidos, como Afganistán, Libia e Irak, se hizo presente el 09 de agosto (tres días antes del inicio de la gira de Mattis) en el primer consejo de seguridad del presidente Duque celebrado en el Tibú, a escasa distancia de nuestra frontera, visitando luego la zona como si se tratase de los suburbios de alguna ciudad invadida de Siria o Somalia. En dicha reunión que muchos consideramos como la preparación político-diplomática de la gira del jefe del Pentágono, no se limitó sólo a solicitar a la comunidad internacional la acción de “aislar” al presidente Maduro, quien a su juicio debe “pagar un precio” por lo que ella considera es la “crisis humanitaria en la frontera” (3), sino que llegó al extremo de ungir como líder del movimiento regional en contra de Venezuela y a nombre de su gobierno, al recién estrenado presidente colombiano, al señalar de manera enfática y sin recurrir a sus frecuentes eufemismos: “… Estados Unidos apoya que el presidente Iván Duque lidere un movimiento regional contra el Gobierno de Venezuela” (4).

Entrando de lleno en los detalles de la gira es necesario decir que el jefe del Pentágono visitó en seis días cinco ciudades suramericanas en cuatro países: Brasil, Argentina, Chile y Colombia, en cada uno de los cuales al reunirse con sus ministros de defensa y/o presidentes, trató diferentes temas  (autorización de uso de bases militares, préstamos para adquisición de armamento, firma de convenios de cooperación militar, coordinaciones varias, etc.), destinados todos a incrementar la dependencia militar del imperio de dichos países. El único tema tratado de manera recurrente en todos los países fue el de Venezuela, ya que países que durante años recibieron nuestra solidaria ayuda humanitaria al haberle dado asilo a una cantidad importante de sus nacionales desplazados por sus conflictos internos (guerras civiles o cruentas dictaduras militares), se quejan ahora amargamente de que se hayan invertido temporalmente los flujos migratorios a causa de la guerra de cuarta generación que nos viene aplicando el imperio desde hace ya años; al mismo tiempo que con ello buscan impúdicamente congraciarse con el imperio que desde hace años ha venido planteando que sólo intervendría militarmente en Venezuela si fuese necesario para solventar una “crisis humanitaria”.

Es evidencia de lo anteriormente dicho el siguiente señalamiento emitido en Bogotá, el día viernes 17, por Sergio de la Peña, subsecretario adjunto de defensa de EE.UU. para asuntos del hemisferio occidental: "El caso de Venezuela es preocupante para toda la región, porque el flujo de refugiados fuera de Venezuela es significativo" (5); señalamiento que deliberadamente oculta que al menos en el caso de Colombia, más del 70 % de esos supuestos refugiados son ciudadanos colombianos o de nacionalidad venezolana-colombiana, representando una pequeña parte de los más de 6 millones que han vivido entre nosotros desde que comenzaron a llegar a mediados de los años sesenta, desplazados a causa de su terrible conflicto interno.

A una semana de finalizada la gira de este nefasto halcón debo decir responsablemente que estimo que ya ha sido acordada la integración de las fuerzas armadas de los países visitados a la fuerza multilateral que buscaba conformar el imperio para intervenir militarmente en Venezuela invocando supuestas razones de carácter humanitario, tal como lo hicieron en la Yugoeslavia de Milosevic en 1999; digo esto, basándome en los siguientes razones:

             Resulta muy poco verosímil que el jefe del Pentágono haya accedido a realizar una tarea en la cual previamente habían fracasado estrepitosamente el vicepresidente Pence y dos secretarios de estado (Tillerson y Pompeo), sin que antes se subiese logrado al menos un preacuerdo a ese respecto.

             Unas declaraciones del almirante John Richardson, jefe de operaciones navales de la armada estadounidense ofrecidas a la “Voz de América” (VOA), el servicio de radio y televisión internacional del gobierno de los Estados Unidos, poco antes de la llegada de Mattis, según las cuales algunos funcionarios locales de los países visitados decían estar listos para la cooperación militar interamericana, en especial para ejecutar operaciones “humanitarias” conjuntas.

             La suscripción con el gobierno de Colombia de un acuerdo que contempla el envío de un buque hospital de la marina estadounidense a la costa colombiana para apoyar y asistir a los llamados "refugiados" venezolanos que se encuentran en ese país. Una medida que resulta cuando menos redundante si se toma en consideración que para el mismo propósito ya se encuentran actuando los “Cascos Blancos” argentinos (6) y (7). Siendo oportuno señalar además que mientras una inmensa cantidad de medios internacionales han señalado que este hecho representaría la primera incursión militar estadounidense en la crisis de Venezuela, el jefe del Pentágono insiste ladinamente en señalar que: “Es absolutamente una misión humanitaria. No enviaremos soldados, enviaremos médicos (...). Están desbordando la frontera" (8). Inquietantes frases en boca de quien acostumbra incurrir en violentos excesos verbales sin preocuparse en modo alguno por las consecuencias de los mismos, ya que a diferencia de lo que dice el viejo refrán, este “perro” ladra, pero además muerde.
            
Ahondando un poco en el tema del buque hospital es necesario decir que el Comfort, que es el buque al que nos estamos refiriendo, es un auténtico centro clínico flotante que puede ser equipado para transportar a unos 1.215 efectivos médicos militares; tiene capacidad para realizar 12 cirugías simultáneas; cuenta con 1.000 camas clínicas; y está dotado de helicópteros artillados para el transporte de las bajas (9) (¿!). Como partiría del puerto de Norfolk, en la costa este norteamericana es bastante obvio que habría de ser fondeado en alguno de los puertos del Caribe colombiano pues sería ilógico que lo hiciesen pasar por el Canal de Panamá para fondearlo en alguno de los puertos del Pacífico. También se ha hablado de enviar el barco hospital Mercy, de similares características que el Norfolk cuyo puerto de origen se encuentra en San Diego, California, sobre el Pacífico norteamericano. No se precisa tener grandes conocimientos de la geografía colombiana para abordar a la conclusión de que ambos buques, siendo absolutamente inútiles para atender a unos supuestos refugiados venezolanos que tendrían que ser transportados centenares de kilómetros para poder ser atendidos, ni serán fondeados en los sitios que han dicho, ni serán tripulados exclusivamente por personal médico, sino que serán con  toda seguridad la vanguardia encubierta del dispositivo militar invasor. Recordemos que no sería la primera vez que tanto los Estados Unidos como Colombia utilizan el camuflaje de la Cruz Roja para sus acciones militares encubiertas.

Tal como titulásemos estas notas el jefe del Pentágono vino a ultimar los detalles de la intervención militar en Venezuela y efectivamente lo hizo; la fecha más probable de ocurrencia de este infausto evento que en caso de darse comportaría el riesgo de convertir a nuestro país y a toda la región en un gigantesco Vietnam, será en el lapso comprendido entre el 30 de agosto y el 12 de septiembre, coincidiendo como tantas veces hemos dicho, con la ejecución de las Maniobras Navales UNITAS LIX, en las costas del Caribe colombiano.

Aún no han acordado la forma de justificar tamaño exabrupto, ya que la justificación por vía de la existencia de una supuesta crisis humanitaria se les hace y se les seguirá haciendo cada vez más  cuesta arriba, sobre todo después de la entrada en vigor de las medidas de carácter económico, financiero, monetario y cambiario puestas en vigencia por el gobierno revolucionario durante los últimos días.

Es claro que evaluarán la utilización de otros motivos para justificar la invasión, entre los cuales habrá de estar el de la generación de un falso positivo militar en la frontera, que serviría para presentarla como una respuesta solidaria conjunta a supuestas violaciones de la seguridad interior de Colombia y el de la espuria solicitud de invasión por parte de un gobierno venezolano paralelo a ser montado en Colombia, donde ya funciona un ilegal tribunal supremo de justicia desde las instalaciones del mismísimo congreso colombiano. Al análisis de estos escenarios dedicaremos nuestro próximo trabajo.
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
(1)    http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/08/19/la-gira-de-mattis-el-perro-guardian-del-hemisferio/
(2)    https://dialogo-americas.com/es/articles/us-wants-remain-partner-choice-south-america
(3)    https://www.laiguana.tv/articulos/314273-fragatas-corbetas-submarinos-venezuela/
(4)    https://celippor.blogspot.com/2018/08/laoligarquia-colombiana-pretende.html
(5)    https://www.efe.com/efe/america/politica/china-y-venezuela-grandes-protagonistas-de-la-gira-mattis-por-suramerica/20000035-3723365#
(6)    http://celippor.blogspot.com/2018/06/quehan-venido-hacer-los-cascos-blancos.html
(7)    http://celippor.blogspot.com/2018/07/alertaa-los-cascos-blancos-argentinos.html
(8)    https://www.efe.com/efe/america/politica/china-y-venezuela-grandes-protagonistas-de-la-gira-mattis-por-suramerica/20000035-3723365#
(9)    https://www.aporrea.org/tiburon/n329979.html

celippor@gmail.com

sábado, 18 de agosto de 2018

¡Alerta! Un perro rabioso anda suelto en la región.


Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
La visita del jefe del Pentágono, a quien me cuesta llamar Secretario de Defensa, James Mattis a América del Sur ha venido a generar todo tipo de debates en torno a los objetivos de dicho periplo, en el que ha hecho escala en cuatro países subordinados a donde se ha dirigió para impartir órdenes imperiales.

La historia ha demostrado que la existencia de una secretaría de defensa (con ese nombre) en el gobierno de Estados Unidos es una total falacia. En sus más de 240 años de vida republicana, el país ha sido atacado tres veces en su territorio y sus defensas “no lo han podido defender”. La primera vez fue en la guerra contra Gran Bretaña entre 1812 y 1814, en la que los ingleses le propinaron una derrota aplastante a la soberbia nación emergente capturaron la capital Washington, incendiándola, incluso quemando la Casa Blanca y el Capitolio. Posteriormente, en la segunda guerra mundial, los japoneses destruyeron la armada estadounidense del Pacífico en Pearl Harbor, Hawái, cuando los radares no vieron (o no quisieron ver) el desplazamiento de la aviación nipona, para así tener la justificación ante su opinión pública que les permitiera entrar oficialmente a la contienda bélica. Finalmente, el 11 de septiembre de 2001, no fueron capaces (o no quisieron) evitar el ataque terrorista en New York y Washington, lo que fue usado para desatar su guerra contra ese flagelo a fin de establecer un sistema unipolar con preeminencia de Estados Unidos. Lo que observamos tras el brutal atentado que costó la vida de miles de ciudadanos inocentes, fue la estúpida mirada perdida de un presidente incapaz de hacer algo de inmediato. Un mes después, dio inicio a una guerra en Afganistán, que hoy, tras 17 años, aun no termina y no tiene visos de hacerlo.

De manera que hablar de defensa y de secretaría de defensa en Estados Unidos no deja de ser un eufemismo, en ese mismo período de dos siglos han desatado centenares de guerras en todas los continentes y en todos los rincones del planeta. Valdría tener en cuenta que en la actualidad, según datos entregados por el presidente del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, general Joe Dunford su país tiene 300 mil soldados en más de 800 bases militares en 177 naciones del mundo, una cifra que aumenta constantemente si se considera que en 2016 eran 138 y en 2017, 149 estos países, todo lo cual le cuesta a los contribuyentes más de 716 mil millones de dólares según el presupuesto de guerra recién aprobado para el año 2019 y que sobrepasa el billón de dólares si se consideran los gastos de inteligencia no incluidos en el presupuesto militar. Al respecto, el prestigioso portal informativo Vox, explicó ya en 2015 que este entramado configuraba "un sistema militar masivo que aseguraba la influencia de Estados Unidos en todos los rincones del planeta, y dado el carácter indiscutible de esta estrategia generalizada, no es probable que pronto se produzca algún cambio", como las evidencias posteriores han demostrado.

En América Latina hay 75 bases militares de Estados Unidos en varios países, destacando la presencia de 12 en Panamá, 12 en Puerto Rico, 9 en Colombia, 8 en Perú, 3 en México, 2 en Honduras, 2 en Paraguay, además de tener también fuerzas militares desplegadas bajo diferentes modalidades en Brasil, Guyana, Aruba, Bahamas y El Salvador.

Esto nos lleva a concluir que en realidad esta tal secretaría de defensa más que preocuparse de la protección del país, su encargo real es la guerra. Así, nos podríamos preguntar ¿qué viene a hacer el ministro de la guerra de Trump a América del Sur?

“Perro rabioso” como es conocido el jefe del Pentágono, es el primer militar en 50 años que ocupa ese cargo, para lo cual debió establecerse una “dispensa legislativa “ que permitiera hacer una excepción a fin de que Mattis, que no había cumplido los siete años reglamentarios desde su retiro para optar por este cargo, tuviera la posibilidad de ejercer el mismo. Él uno de los pocos sobrevivientes del gabinete cercano de Trump que ocupa su responsabilidad desde el primer día de gobierno, lo cual es una verdadera hazaña si se considera la característica inestabilidad emocional de su jefe

América Latina, bajo el influjo de la designación de 2018 por Estados Unidos como “año de las Américas” ha visto desfilar en el último tiempo a una cantidad inusitada de personeros de alto nivel del gobierno imperial, pero es la primera vez que Perro Rabioso pasa revista a sus tropas en directo.

Podríamos asegurar que su visita encara dos objetivos: uno estratégico y uno táctico. En febrero de este año, el groseramente defenestrado ex secretario de Estado Rex Tillerson, antes de su viaje a la América meridional, puso en el tapete la necesidad de hacer más efectiva la Doctrina Monroe que ha estado presente como eje de la política estadounidense hacia el continente por casi 200 años, pero a diferencia de la idea del presidente de su país que dio nombre a tal paradigma y que se orientaba a impedir la presencia de Gran Bretaña y la Santa Alianza en la región, esta vez, se trata de utilizar la misma como instrumento de presión y chantaje a las oligarquías vasallas que usufructúan el poder de los países subordinados, para que se  mantengan alejadas de China y Rusia. En el plano táctico, se trata de ofrecerles dádivas y limosnas para que se presten a la tarea imperial de agredir a Venezuela.

No obstante, en lo específico existen particularidades en cuanto a la misión de Mattis en cada país. En Brasil, Perro Rabioso, fue a llamarle la atención a las fuerzas armadas de ese país que todavía conservan un sector poseedor de un sentimiento nacionalista que sigue teniendo en mente la defensa de la soberanía de su país y que enarbolan las banderas de la integración sudamericana en materia militar por encima de la idea panamericana y monroista de de entrega del país, que propicia Temer y el sector fascista del componente militar. A este sector no le ha agradado los exitosos esfuerzos de Estados Unidos, avalado por los gobiernos de la región, incluyendo el suyo propio de desactivar Unasur, y con ello el Consejo de Defensa Sudamericano y el Colegio Sudamericano de Defensa, que consideran una obra propia y emanada de su doctrina, como oposición a la doctrina panamericana que se enseña en la Universidad de Defensa (ex escuela de las Américas) ubicada en el estado e Georgia en el sureste de Estados Unidos y que demostró su ineficiencia durante la Guerra de las Malvinas.

Todo ello, es percibido en Estados Unidos como un impedimento para hacerse de la poderosa industria militar de Brasil, y de sus más preciados tesoros: la Amazonía en tierra y los gigantescos recursos energéticos del presal en el océano, los que están siendo entregado por Temer a las empresas transnacionales de Estados Unidos. Ni siquiera la dictadura de los años 60 y 70 del siglo pasado logró una subordinación de las fuerzas armadas brasileñas a Estados Unidos de la magnitud de la que ha implementado Temer.

En Argentina, el mensaje de Perro Rabioso fue claro: mostrar su rechazo a la base espacial china de Neuquén, el mandato es preciso: debe ser cerrada. Mauricio Macri, que cultiva la hipocresía como forma de hacer política no tuvo empacho en aceptar las imposiciones de Mattis, mientras, al mismo tiempo, corre desaforado a los brazos del presidente chino Xi Jinping a fin de solicitar los recursos que le permitan salvar su maltrecha economía. Así, lo persigue en cuanto evento multilateral se encuentran, presentando planes y proyectos de inversión para atraer a China a su país,  en el colmo de su desfachatez felicitó a Xi por su reelección como secretario general del Partido Comunista de China en octubre del año pasado.

Después de reunirse con su homónimo rioplantense Oscar Aguad, Perro Loco afirmó que “Argentina es considerada una amiga de Estados Unidos y agregó “La conversación de hoy continúa la relación que comenzó hace más de 200 años atrás“. Se le olvidó, mencionar el pequeño detalle de que en la guerra de las Malvinas en 1982, Estados Unidos estuvo en la trinchera opuesta apoyando al invasor británico. Por supuesto, Aguad no tiene la dignidad suficiente como para recordárselo.

Por su parte, Chile es un país casi insignificante en la agenda del ministro de guerra estadounidense. Tanto, que el escueto comunicado de su visita y encuentro con el presidente de ese país, elaborado por la embajada de Estados Unidos en Chile, no tuvo más de dos párrafos. El tema de la agresión conjunta a Venezuela ocupó la mayor parte del encuentro bilateral.

En el momento de escribir estas líneas, Perro Loco se reunía con el presidente colombiano Iván Duque, no habrá grandes novedades: darán continuidad a las acciones de los ex presidentes Uribe y Santos, en la coordinación de operaciones contra Venezuela, el apoyo al paramilitarismo para prepararlo como ejército de invasión y la utilización de la cocaína que hace de Colombia el primer productor y exportador mundial, como instrumento necesario para justificar la presencia militar de Estados Unidos en la región.

En fin, nada distinto de lo que ya han hecho el vicepresidente Pence, el ex secretario de Estado Tillerson, el ex director de la CIA y actual secretario de Estado Pompeo, el comandante del Comando Sur Kurt Tidd y la embajadora ante la ONU, Nikki Haley: mostrar impaciencia y desesperación por la imposibilidad de competir con China en cuanto a la cooperación, la inversión y el comercio, amenazar y chantajear a los pusilánimes presidentes de la ultra derecha latinoamericana y rumiar su exasperación por la incapacidad de la oposición venezolana para derrocar al gobierno democrático del país. En cualquier caso, hay que tener cuidado: Un perro rabioso anda suelto en la región.

sergioro07@hotmail.com