miércoles, 28 de agosto de 2019

Fracasos de Macri en el frente interno y afuera del país


Por Sergio Ortiz: 

Las PASO significaron una dura derrota para Macri y todo sugiere que ocurrirá otro tanto en octubre. Y allende las fronteras sus políticas también fracasan, como sus acuerdos con Bolsonaro. Un proyecto en llamas.

El resultado de las PASO fue “un palazo”, admitió el jueves 22 Mauricio Macri en un amigable reportaje de periodistas de Clarín en el Seminario “Democracia y Desarrollo” en el Malba. Once días después de producido el desastre electoral, el candidato admitía con una dosis de realismo parte de lo ocurrido.
De allí no surgió una estrategia de retirada ordenada, como le habían sugerido los que aconsejaron que se concentrara en su rol presidencial antes que como candidato oficialista. Convengamos que ese desdoblamiento es muy poco factible y que por eso propuestas como la de Jorge Asís tendrían que haberse contemplado: Asamblea Legislativa para adelantar elecciones y un pedido de licencia de Macri para seguir en campaña.


Claro que esa hipótesis era temeraria para el macrismo y el país: ¿Gabriela Michetti jefa de Estado durante casi cuatro meses? Da miedo sólo pensar en esa posibilidad.
Una de dos. O Macri sigue haciendo daño político y económico hasta el 10 de diciembre, o esa Asamblea Legislativa elige un presidente provisional, se adelantan las elecciones y a principios de octubre asume un nuevo gobierno legitimado por las urnas, el de Alberto Fernández y Cristina.

Esta última probabilidad sigue existiendo aun cuando se opongan a la misma, por distintos motivos, tanto Macri como los Fernández. El primero se opone porque cree que puede dar vuelta una diferencia que el escrutinio definitivo aumentó a 16 puntos con los ganadores del 11 de agosto. Y éstos, los Fernández, desean alargar los plazos de su ingreso a la Casa Rosada porque quieren que Macri pague los platos rotos del desastre y pida la renegociación del acuerdo inconcluso con el Fondo Monetario.

Si dos no quieren el adelantamiento, cabe presumir que en principio no lo habrá, y se mantendrán los plazos previstos. Salvo que la crisis se agudice, con más inflación y volatilidad cambiaria y todo amenace con irse al demonio, en cuyo caso echarán mano a recursos de emergencia, como los bomberos.
En ese diálogo con sus amigos de Clarinete, el presidente-candidato ratificó a su gabinete, en particular al vapuleado Marcos Peña. Ligó la suerte de ambos como si fueran una misma figura. Con sólo arrojar por la borda al poco carismático Nicolás Dujovne, alias “baldío acá y dólares offshore”, no mejoran sustancialmente las chances de Macri para octubre.

Él cree que sí, que con algunos paliativos menores para un sector de clase media y con discursos seudo republicanos como el del sábado en Rosario, alcanzaría para revertir el desastre. Se entusiasmó en el balcón, con una Plaza de Mayo menos que a la mitad. Ha recibido un palazo, pero aún no entiende cómo, dónde ni por qué.

Puede ser goleada
Aunque Alberto sea fana del Bicho, el partido en juego tiene parecidos con el que Ríver goleó 6 a 1 a la Academia. Pinta para goleada del Frente de Todos, en parte por algunos aciertos suyos, pero sobre todo por las fallas garrafales del macrismo.

Un ejemplo de éstos es que el gobierno nacional quiere financiar el paquete de subsidios y paliativos con disminuciones al impuesto a las ganancias y el IVA, dos impuestos coparticipables. En consecuencia, esa medida no consultada con las provincias, van a desfinanciarlas en buena medida, por más que el monto exacto sea motivo de polémicas.

De ese modo la coalición oficialista está empujando los peces hacia las aguas profundas, a los gobernadores en bloque, buscando cobijo cerca del Frente de Todos y no sólo a los que son del palo justicialista. Alberto Fernández queda casi como el padre o hermano mayor de todos esos mandatarios cuando más de uno anduvo años comiendo de la mano del gobierno amarillo.

El flamante ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, tuvo que admitir en su primera conferencia de prensa que la inflación de agosto y septiembre será más alta. No se le preguntaron los motivos porque eran obvios: el dólar rozando los 60 pesos se irá trasladando a precios mayoristas y minoristas.
Semejantes golpes al bolsillo de la gente tendrán seguramente efectos sobre la cosecha macrista, en línea con lo sucedido en las PASO.

Está bien que la consultora Radar es de una economista K, pero sus números sobre la merma del empleo industrial no han sido refutados por las agencias gubernamentales y medios amigos. Afirmó que desde 2015 hasta la fecha de 2019 en la industria se han perdido 200.000 puestos de trabajo. Esto no es un “relato kirchnerista”, sino un relevamiento de la realidad del país y tantísimos argentinos pueden dar fe de ello.
Visto en clave electoral esas estadísticas suponen casi un certificado de defunción para Juntos para el Cambio. No son datos de un mes, un semestre y tampoco de un año. Es el balance de lo sucedido en casi cuatro años. ¿Qué elementos válidos hay para siquiera sospechar que, si Macri y Pichetto son elegidos, tal tendencia al crac del país se pueda invertir?

El descrédito de Macri va en línea con el de su aliado Jair Bolsonazi, cuestionado por los incendios del Amazonas.

Un factor que ilustra la posibilidad de goleada es la actitud de periodistas, por llamarlos de algún modo, que durante todo el ciclo tuvieron la camiseta amarilla y ahora, de modo abierto o avieso, se la están sacando. Deslizan críticas al gobierno que nunca antes hicieron. Los panqueques de harina y huevo son riquísimos; los panqueques de Lanata, Majul y Fantino son de muy mal gusto. Sólo tienen de útil que indicar un velorio en el oficialismo, donde muchos se alejan en puntas de pie y sin saludar ni persignarse.

Otro dato similar viene de la cloaca de Inodoro Py, donde algunos fallos trasuntan parecido cambio de camisetas sobre el fin del partido, cuando se vislumbra la goleada. Por ejemplo, se anularon prisiones preventivas contra exfuncionarios K por el soterramiento del Sarmiento y quedó abierta la posibilidad de juicio contra Oscar Aguad en la causa del Curreo.

¿Con Clarín o la verdad?
El candidato presidencial del Frente de Todos viene ganando ampliamente el partido y se entiende su táctica de ganar tiempo, tocar para los costados, desgastar el rival y esperar el silbato.
Pero como esto es política, y no fútbol, en algún momento va a tener que definir determinadas posiciones, sin quedarse a esperar que el mero trascurso de la recesión económica producida por su rival le entregue la copa del poder político.
Puede ser antes o bien a partir del 10 de diciembre, pero AF deberá tomar decisiones, con sus pros y sus contras, porque no se puede estar bien con todos en las cuestiones más importantes.

Por ejemplo, en la ronda de conversaciones convocada por Lacunza envió a Guillermo Nielsen como su representante, excandidato de Roberto Lavagna. Una clara señal de conciliación con el establishment.
Ayer llegó la enésima misión del FMI para revisar el acuerdo firmado con Macri y seguro que le pedirán una reunión a AF o a sus asesores económicos. ¿Les dirá lo mismo que a los periodistas de Clarín en el ciclo del Malba, donde fue el segundo orador? En la ocasión declaró que la deuda externa había que pagarla, que había sido contraída por un gobierno democrático y no tenía lugar pedir una quita de la misma.

Para la mayoría de los compatriotas esas cuestiones de la economía, el trabajo, nivel salarial, tratamiento de la deuda externa, etc, son las más importantes. Según como se encaren darían lugar a un proceso de mayor bienestar e independencia nacional, o por el contrario, a una crisis continuada aún con formas atemperadas, en un país que no rompería las ataduras del imperio.

Pero hay otras materias vinculadas y también decisivas, como la relación con los poderes concentrados a la economía y los medios. En el reportaje de Página/12 fue preguntado: “existe una concentración muy grande de los grandes medios con las telefónicas, ¿se va a revisar?”.

Contestó: “si defiendo el estado de derecho tengo que defender los derechos adquiridos. Lo que sí creo es que ellos tienen que respetar las leyes antimonopólicas: la ley de la Competencia, la ley de Defensa del Consumidor y y si no lo cumplen deberían adecuarse”.
O sea que Clarín no va a ser perturbado en sus 237 servicios de cable (distribuidoras de señales), 16 licencias de radiodifusión abierta (canales de TV y radios) y 9 señales de cable (TN y Metro), a las que se pretendió poner límites razonables con la ley de medios.

El pulpo Cablevisión-Telecom, dominado por Clarín, tuvo ganancias por $6.333 millones en el primer semestre de 2019, justo el de mayores pérdidas para la mayoría de los argentinos.

¿Qué hará el futuro gobierno con el monopolio Clarín? Si es por aquellas palabras y gestos de Alberto Fernández, nada. Sería muy grave. Volviendo al fútbol, sería dejar la pelota picando. Sería admitir un referí comprado. Sería confiar en la mafia de la AFA, Conmebol y FIFA. Sería convalidar que los goles sigan secuestrados cada domingo.

Aunque uno gane hoy por goleada, si convive y pacta con esos monopolios, al final éstos nos mandarán al descenso. El pluralismo no es venganza ni revancha: es justicia.
ortizserg@gmail.com

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